Entre la luz y la oscuridad (junminjae

Summary

Una historia de amor, ¿realmente crees que eso es posible?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: La Caza del Gato y el ratón Parte 1

El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando el detective Park Junmin se encontraba en su oficina, rodeado de expedientes y fotografías de escenas del crimen. La única luz provenía de su lámpara de escritorio, proyectando sombras inquietantes en las paredes llenas de informes y pistas sin resolver. Su rostro, generalmente serio y concentrado, estaba ahora teñido de una fatiga que iba más allá del cansancio físico. Era una fatiga del alma, un peso que llevaba consigo desde que el nombre de Kin Minjae había entrado en su vida.


Minjae. Incluso pensar en él era suficiente para que un escalofrío recorriera la espalda de Junmin. Cada caso en el que trabajaba lo llevaba inevitablemente a ese mismo punto: la mente oscura y torturada de un hombre que había sembrado el terror en la ciudad. A medida que Junmin revisaba los archivos, no podía evitar sentir una mezcla de fascinación y repulsión hacia el asesino que había jurado capturar.


Aquel hombre no era como otros criminales a los que Junmin había perseguido en su carrera. Minjae era un enigma, un abismo de maldad y dolor del que Junmin no podía apartar la mirada. Cada asesinato era meticulosamente planeado y ejecutado, dejando tras de sí un rastro de horror que parecía desafiar cualquier intento de comprensión. Y sin embargo, cuanto más estudiaba a Minjae, más sentía que había algo más profundo y oscuro que los impulsaba a ambos hacia un inevitable enfrentamiento.


Junmin se pasó una mano por el cabello, despeinándolo aún más, y suspiró. La atracción que sentía hacia Minjae era inexplicable y aterradora. Era como si, en su afán por entender al asesino, estuviera perdiendo parte de su propia humanidad. Se odiaba por ello, por la curiosidad morbosa que lo mantenía despierto a esas horas, por el interés que bordeaba en la obsesión.


La voz de su jefe resonó en la quietud de la oficina, sacándolo de sus pensamientos. "Junmin, necesitas descansar. Llevo diciéndotelo toda la semana", dijo el capitán Lee, un hombre de edad avanzada con un rostro marcado por años de trabajo en la policía.


Junmin levantó la vista, intentando disimular el cansancio en sus ojos. "Lo sé, capitán. Solo un poco más. Creo que estoy cerca de algo."


Lee lo miró con preocupación. "No quiero verte quemado por este caso. Minjae es peligroso. No solo para sus víctimas, sino también para cualquiera que se acerque demasiado a él."


Junmin asintió, pero no pudo evitar pensar que ya estaba demasiado cerca, más de lo que debería estar. Cada nueva pista, cada nueva víctima, lo arrastraba más profundo en la oscuridad de Minjae. Y, a pesar de todo, no podía detenerse. Había algo en Minjae que lo llamaba, una voz silenciosa que resonaba en lo más profundo de su ser, empujándolo a seguir adelante.


"Lo entiendo, capitán. Seré cuidadoso", respondió Junmin, sabiendo que esas palabras eran en gran parte una mentira. No había lugar para la cautela cuando se trataba de Minjae. Cada paso que daba en su investigación era un paso más hacia el borde del abismo, y Junmin sentía que pronto tendría que enfrentarse a la verdad de su propia fascinación por el asesino.


El capitán Lee lo observó por un momento más antes de asentir con resignación. "Solo prométeme que no te perderás en esto, Junmin. Eres uno de los mejores detectives que tenemos. No quiero perderte."


"Lo prometo", dijo Junmin, aunque no estaba seguro de poder cumplir esa promesa. La sombra de Minjae lo envolvía, y cada día que pasaba, la línea entre cazador y presa se volvía más difusa.


Mientras el capitán Lee se alejaba, Junmin volvió a concentrarse en los expedientes. Las fotografías de las escenas del crimen lo miraban desde el papel, cada una contando una historia de dolor y muerte. Junmin trataba de ver más allá de la sangre y el horror, buscando entender la mente que podía crear tal caos. Y, en algún lugar dentro de esa oscuridad, sentía que también estaba buscando una parte de sí mismo.


Las horas pasaron, y Junmin se encontró absorto en su trabajo, trazando conexiones y anotando posibles patrones. La atracción hacia Minjae se hacía más fuerte con cada nuevo descubrimiento, una fuerza imparable que lo empujaba hacia una confrontación que sabía que no podía evitar. Era como si Minjae lo estuviera llamando desde la penumbra, un susurro constante en su mente que no podía ignorar.


Junmin sabía que debía detener a Minjae, no solo por el bien de las posibles futuras víctimas, sino también por su propia cordura. Pero, mientras más se adentraba en el caso, más se daba cuenta de que detener a Minjae significaría enfrentar sus propios demonios. Y eso era algo que no estaba seguro de poder hacer.


Finalmente, al borde del agotamiento, Junmin se recostó en su silla y cerró los ojos. Las imágenes de las víctimas y de Minjae se mezclaban en su mente, creando una tormenta de emociones y pensamientos que no podía apaciguar. Sabía que debía descansar, pero la necesidad de entender y atrapar a Minjae era demasiado fuerte.


En la oscuridad de su oficina, Junmin se quedó dormido, aún rodeado de los vestigios de la caza en la que estaba inmerso. La sombra de Minjae seguía presente, una constante en su mente, incluso en sus sueños. La caza continuaba, y Junmin sabía que el final estaba lejos de ser escrito.


꒰⁠⑅⁠ᵕ⁠༚⁠ᵕ⁠꒱⁠˖⁠♡ Separador


El sol comenzaba a asomar por el horizonte cuando Junmin fue despertado por el sonido de su teléfono vibrando sobre el escritorio. Parpadeó varias veces, tratando de despejar el sueño de sus ojos, antes de contestar. Era su compañera, la detective Yoo Ahra.


"Junmin, hemos encontrado algo. Necesitas venir a la escena del crimen inmediatamente", dijo Ahra con urgencia en su voz. Sin esperar una respuesta, colgó, dejándolo con una sensación de inquietud.


Junmin se levantó rápidamente, sintiendo la rigidez en su cuerpo por haber dormido en una posición incómoda. Tomó su chaqueta y salió de la oficina, su mente ya enfocada en lo que podía haber sucedido. El tráfico matutino era ligero, pero no le importaba. Su atención estaba completamente en Minjae y en la nueva pista que podría llevarlo más cerca de él.


La escena del crimen estaba ubicada en un callejón oscuro en una parte menos transitada de la ciudad. Los vehículos policiales ya rodeaban la zona, y las luces intermitentes daban a todo un aire casi irreal. Junmin se abrió paso entre los oficiales, saludando con una inclinación de cabeza a algunos conocidos.


Ahra lo esperaba cerca del cuerpo, su expresión seria y concentrada. Junmin notó las manchas de sangre que salpicaban las paredes y el suelo del callejón. La víctima, un hombre de mediana edad, yacía en una postura retorcida, sus ojos abiertos en una expresión de terror.


"Lo encontramos esta mañana. El modus operandi coincide con el de Minjae", dijo Ahra, pasando una mano por su cabello en un gesto nervioso. "Pero hay algo más, algo que creo que deberías ver."


Junmin asintió y se agachó junto al cuerpo, observando cada detalle. La brutalidad del asesinato era evidente, pero había algo más, algo que llamó su atención. En el pecho del hombre, escrito con su propia sangre, había un mensaje.


"Para Junmin."


El corazón de Junmin se aceleró al leer esas palabras. Era un mensaje directo de Minjae, una provocación clara y personal. Minjae sabía que Junmin estaba tras él, y ahora estaba jugando con él, llevándolo a un juego de caza cada vez más mortal.


"¿Crees que es una trampa?" preguntó Ahra, su voz baja y cautelosa.


"Definitivamente lo es", respondió Junmin, sin apartar la vista del mensaje. "Minjae está tratando de llevarme al límite, de ver hasta dónde estoy dispuesto a llegar para atraparlo."


Ahra lo miró con preocupación. "Junmin, no puedes dejar que esto te afecte personalmente. Sabemos lo peligroso que es Minjae, y no podemos permitirnos errores."


"Lo sé, Ahra", dijo Junmin, tratando de calmar su mente. "Pero esto... esto es diferente. Minjae no solo está matando, está comunicándose. Quiere que lo encuentre. Quiere que lo entienda."


Junmin se levantó, sus pensamientos revoloteando en su mente como mariposas en una tormenta. La atracción hacia Minjae, la necesidad de comprenderlo, se hacía cada vez más fuerte. Sabía que debía mantenerse objetivo, pero la línea entre cazador y presa se volvía cada vez más borrosa.


"Voy a necesitar todos los informes y análisis forenses lo antes posible", dijo Junmin, dirigiéndose a Ahra y al equipo de CSI que trabajaba en el lugar. "Cada detalle puede ser crucial."


Ahra asintió y se dispuso a coordinar con los forenses, mientras Junmin se alejaba unos pasos, tratando de procesar lo que acababa de descubrir. El mensaje de Minjae no solo era una provocación, sino también una invitación. Una invitación a adentrarse más en la oscuridad, a seguir el rastro de sangre y muerte hasta encontrar la verdad que se escondía detrás de los ojos del asesino.


Mientras observaba la escena del crimen, Junmin sintió que el peso de su tarea se hacía más grande. Cada asesinato, cada pista, lo arrastraba más profundo en un abismo del que no estaba seguro de poder escapar. Y en el centro de ese abismo estaba Minjae, esperando, observando, y quizás, en algún retorcido sentido, deseando ser encontrado.


De repente, su teléfono volvió a vibrar. Esta vez era un mensaje de texto. Lo abrió con cierta aprensión, sabiendo que solo podía ser de una persona.


"¿Te gustó mi regalo, Junmin? Hay muchos más por venir. —M."


Junmin apretó el teléfono con fuerza, sintiendo una mezcla de furia y fascinación. Minjae estaba jugando con él, manipulándolo, y aunque detestaba admitirlo, parte de él quería seguir jugando. Cada mensaje, cada asesinato, era un paso más hacia el enfrentamiento final, un enfrentamiento que sabía que definiría no solo el futuro de Minjae, sino también el suyo propio.


La caza del gato y el ratón continuaba, y Junmin estaba más decidido que nunca a atrapar a Minjae. Pero con cada paso que daba, también se acercaba más a la oscuridad que los rodeaba a ambos, una oscuridad que amenazaba con consumirlo por completo.