Completamente Uno

Summary

En medio de una batalla, Soubi y Ritsuka darán el paso final y decisivo que los unirá por completo y para siempre, convirtiéndolos en uno solo.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Única Parte

Me da mucha nostalgia pues esta historia fue sacada del baúl de los recuerdos, de cuando estaba en el colegio, allá en 2013... 🥺🤧

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—Ritsuka...


—Soubi...


Solo el eco de sus voces se escuchaban, resonando en sus oídos una y otra y otra vez mientras veían como los sujetos frente a ellos se reían a carcajadas, se burlaban de su destino y pronto final si es que no hacían algo que los mantuviera unidos para siempre sin necesidad del nombre, de la casualidad o la coincidencia; algo que indicara que eran el uno para el otro, algo que demostrara el sentimiento tan fuerte que sentían en el pecho cada vez aue observaban al ser mas especial para ellos, aquel ser que los hacía feliz, que con sus palabras llenaban sus sentidos y los embriagaban de una dicha tan grande que hacía su corazón saltar de alegría; algo así como el amor.


*¡Maldición! Debe haber algo que podamos hacer...*


—Ritsuka... —lo llamó en un susurro al mismo tiempo que se acercaba a él y unía sus labios en un dulce e inocente roce que poco a poco se hacía más intenso a la par de sus respiraciones.


El contacto no duró mucho puesto que al estar en un campo de batalla no podían desperdiciar el tiempo y menos sin haber descifrado aún la forma que los uniría para siempre y de por vida.


—Hay algo que podemos hacer para unirnos para siempre. —dijo en voz baja, luego de haberse separado de esa deliciosa boca.


—¿Qué es? ¡Dímelo!—exigió con angustia.


—Lo siento. No puedo decirte de que se trata. Solo te pido que confíes en mí y me digas si aceptas o no.—habló, bajando un poco la mirada, ocultando su consciencia culpable. No deseaba que su amado ángel lo viera y menos en ese estado tan deplorable.


El pequeño temblaba, temeroso de aceptar y descubrir algo desagradable. No sabía que hacer, pero ya estaba harto de que todos siempre se burlaran de ellos porque, a pesar de que "Soubi el pervertido" era fuerte, siempre acababan lastimados y humillados por el maldito motivo de no tener los mismos nombres y, para colmo, no ser "completamente uno"; sin embargo, ahora que había la posibilidad de unirse por completo a ese hombre que le robaba el sueño y que siempre disfrutaba de besarlo por sorpresa, no iba a desaprovecharla. Dudó un poco, pero finalmente aceptó.


Al instante, sintió los fuertes y varoniles brazos del mayor alrededor de su cintura, apegándolo a su cuerpo y dejándole sentir la confortante calidez que desprendía. Sin mucha más demora, se unieron en un profundo y apasionado beso, mismo que involucraba el rice y jugueteo de sus lenguas mientras sentían como pequeñas descargas electricas recorrían sus cuerpos, envolviéndolos en una sensación de placer que empezaba a crecer de a pocos, confíen dejaban de lado la vergüenza y, en caso de Ritsuka, la timidez para dar paso al disfrute de aquellas extrañas pero ricas sensaciones.


Y así, aún protegidos por el fuerte escudo del luchador, continuaron con su ritual de amor y entrega.


Mientras sus enemigos observaban la escena con la boca abierta de incredulidad y una cara de horror, ellos, sin importarles nada, continuaron con aquella maravillosa experiencia.


Soubi besaba, lamía y marcaba con suavidad y devoción el cuello virginal de Ritsuka, mientras esté gemía suavemente, como si se contuviera. Su rostro estaba sonrojado. Parecía un delicioso y apetecible tomate maduro. Sus manos estaban fuertemente cerradas en puños a la vez que su pecho subía y bajaba a causa de la respiración entrecortada.


Su inocente cuerpo aún permanecía con la ropa en su lugar, pero pronto eso cambiaría.


Lentamente, las manos del mayor comenzaron a bajar, desabotonando de a pocos, con calma pero sin perder el tiempo, las vestiduras que se interponían en su camino de poder descubrir aquella piel. Fueron necesarios unos minutos hasta que al fin toda la ropa fue retirada, dejandolo completamente desnudo y vulnerable ante la deseosa y lujuriosa mirada de su amado luchador.


—Ritsuka, ¿estás bien?—preguntó, queriendo cerciorarse del estado del más joven.


—Sí—respondió con sinceridad, con una suave y tímida sonrisa en su rostro.


Siendo así, decidió continuar. Besó de nueva cuenta aquellos tiernos y ahora algo hinchados belfos para posteriormente seguir su camino hacia el sur, pasando por el delgado cuello, bajando después hacia el pecho, tocando tan sutilmente con sus manos que agradables corrientes y escalofríos atacaron el cuerpo bajo el suyo, arrancando jadeos y sutiles gemidos de la garganta ajena.


Ante eso, levantando la vista, el mayor sonrió complacido, mostrando una sonrisa que destilaba cierta coqueta malicia que provocó un sonrojo aún mayor en Ritsuka.


Decidiendo que no era suficiente solo el uso de sus manos, Soubi dirigió su boca hacia los pequeños pezoncitos dónde lamió, chupó y mordió, siempre con la delicadeza que requería la joven edad de su amado.


Esta acción logró arrancarle una serie de fuertes gemidos al menor, debido a lo raro de la sensación que nunca antes había sentido. En un arrebato tal vez de vergüenza, posó sus manos en la cabeza del mayor con la intención de apartarlo pero, sin darse cuenta, casi instintivamente, se vió a sí mismo pegando más y más la cabeza de Soubi a su pecho en busca de que no declinara en su labor.


Dispuesto a continuar, Soubi se apartó de su cuerpo, dejando sus pezoncitos erectos y su ser ardiendo en calentura, con la clara intención de observarlo y desnudarse al mismo tiempo, asegurándose de tener toda su atención.


El sonrojo del pequeño aumentó aún más cuando el cuerpo de su luchador quedó al descubierto por completo, mostrando la perfección que poseía.


—¿Te gusta lo que ves?—oyó que le preguntaron.


—...—No pudo contestar debido a su agitada respiración; además, no había necesidad alguna de plasmar con palabras lo que tanto sus ojos como el gesto de su rostro, mostraban.


—Veo que sí—comentó con una sonrisa tan maliciosa como pervertida, tan tierna como perversa y tan seductora como enamorada.


Retomando lo que hacía, se acomodó entre las piernas del menor, quedando su rostro a la altura del ombligo del pequeño, quien lo miraba desde arriba con inocente curiosidad y expectativa, esperando lo siguiente que haría.


Soubi llevó una de sus manos a acariciar la suave piel de la cintura y el vientre para después rozar apenas el miembro erguido, consiguiendo que el menor se estremeciera y jadeara con fuerza.


Ante aquella sensación mucho más intensa que las anteriores, el pequeño sintió que era demasiado y que no podría resistirlo, por lo que quiso detenerlo y, justo cuando estaba apunto de hacerlo, el mayor le hizo tragarse todas sus palabras al introducir de un solo movimiento su pene en su boca, la que iba y venía, metiendo y sacando aquel trozo de carne hasta lo más profundo de su garganta, chupándolo y, a ratos, lamiéndolo como si del más dulce de los caramelos se tratara.


—Ah... Sou-bi... de-tente...—pedía entre gemidos, más no porque no le gustara, sino porque le asustaba la fuerza de las corrientes placenteras que azotaban su cuerpo y que iban acumulándose en su bajo vientre... Sentía como que algo iba a salir de ese lugar que Soubi metía en su boca, aunque no sabía qué, por lo que quería que el mayor se apartara.


Unos cuantos minutos más tarde, no pudiendo resistir más, su esencia salió disparada y, tras haber fallado en apartar al mayor, este terminó recibiendo todo y, en lugar de disgustarse, se tragó el semen con deleite. Después levantó la vista para apreciarlo, encontrándose con una imagen digna de los dioses: Ritsuka estaba sonrojadísimo, con los ojos dilatados y llorosos, con la boca entreabierta por dónde escurría un fino hilo de saliva que lo hacía ver inocente y sensual a la vez.


Tras ello, se acercó a sus labios, lo besó ligeramente y luego se apartó tan solo para pedirle permiso para continuar, sin necesidad de palabras, únicamente con la mirada, a lo que recibió una ligera inclinación afirmativa con la cabeza.


Emocionado, volvió a bajar, centrando su atención en el cerrado orificio oculto entre las nalgas del menor, las cuales separó con ambas manos, dejando al descubierto la secreta y virginal entrada, misma que procedió a preparar primero con su lengua, buscando dejarla lo suficientemente húmeda para que, posteriormente, sus dedos pudieran ingresar con facilidad a hacer su trabajo de dilatación.


Se tomó su tiempo, preparando lo mejor posible aquel lugar que pronto recibiría su sexo mientras escuchaba la bella serenata que formaban los dulces gemidos y jadeos que salían de la garganta del menor.


Considerando que ya era suficiente tiempo y que tres de sus dedos entraban y salían sin dificultades, Soubi los retiró y procedió a acomodar su miembro, rozando algunas cuantas veces la entrada como buscando provocar a su amado, cosa que consiguió cuando este le dijo con total seguridad "hazlo ahora".


No se hizo de rogar. Ingresó despacio, de a pocos, sintiendo como las estrechas paredes internas de Ritsuka se tensaban al estirarse para adaptarse a su tamaño. Tuvo que contener un grave gruñido cuando se sintió dentro por completo, a la vez que  controlaba férreamente su cuerpo para no mover ni un músculo, dándole tiempo a su amado para acostumbrarse, en vista de que este no pudo evitar derramar lágrimas de dolor.


Con sumo cuidado, lo besó para consolarlo, a la vez que una de sus manos se dirigió a acariciar su miembro, en busca de distraerlo.


Al cabo de unos minutos, el cuerpo del menor se relajó por completo, dando un leve movimiento de cadera para indicarle al otro que ya podía moverse.


Fue así como el vaiven inició. Lento y suave al principio, aumentando la velocidad gradualmente, conforme la necesidad se hacía cada vez más intensa.


El sensible punto de placer del pequeño era atacado una y otra vez por aquel miembro que no le daba descanso desde que logró ubicar el punto correcto.


Como nada dura para siempre, sus cuerpos no resistieron más y se vinieron juntos, desfalleciendo en el proceso, tratando de recuperar el aliento y de controlar el agitado latir de sus corazones.


—Ah—soltó Ritsuka al sentir al otro abandonar su cuerpo. Su canal había quedado tan sensible que cualquier mínimo movimiento le incomodaba un poco.


—Perdóname. ¿Te hice daño?—interrogó con preocupación.


—No, para nada. Al contrario, todo fue maravilloso. Estoy feliz de haberme entregado a ti.


—...—Soubi no contestó, tomó la mano de su amor, lo ayudó a levantarse y, sin importarle estar desnudo, encaró a sus enemigos, protegiendo y ocultando con su cuerpo al menor.


—O-oigan. No-sotros... ¡ya no vamos!—exclamaron antes de salir corriendo, con el rostro sonrojado y cierra parte del cuerpo inflamada de excitación; y es que ver en vivo y en directo a dos chicos haciendo "eso" era como morirse ahí mismo.


—Y a estos, ¿qué le pasa?—preguntó con sarcasmo el pelilargo.


—Ni idea.—fue la simple respuesta que recibió.


Por un momento, ambos conectaron miradas y se observaron fijamente, perdiéndose en la intensidad de sus ojos. Mil y un sentimientos eran reflejados desde sus almas, dejándolos completamente expuestos y vulnerables ante el otro.


—Ritsuka, ¡Te amo!.


—Yo también te amo, Soubi.


No dijeron más. Las palabras eran innecesarias cuando los besos y las caricias hablaban por ellos y los incitaban a ser una vez más "completamente uno".




Fin.