πΆππππ‘π’ππ πππππ
El sonido de las sirenas policiales, el caucho de las ruedas y el aroma a gasolina regada en el suelo por algΓΊn patrulla con alguna pequeΓ±a pΓ©rdida debido a algΓΊn accidente o disparo inundaba el gran parking de la comisarΓa de Los Santos en aquel dΓa cΓ‘lido. Dentro del mismo, se encontraba el alumno Freddy Trucazo hablando por su radio, consultando el estado fΓsico de su compaΓ±ero de patrullaje que habΓa recibido un disparo en una persecuciΓ³n.
El sonido de la sirena del patrulla se detuvo, dejΓ‘ndolo en silencio mientras esperaba una respuesta de algΓΊn mΓ©dico. CerrΓ³ sus ojos y se cruzΓ³ de brazos unos instantes, pensando en sΓ esperar a que Jack saliera del hospital o seguir patrullando solo. El sonido de unos pasos acercandose a Γ©l hizo que abriera sus ojos de nuevo, viendo al superintendente Garcia.
βBuenas.βSaludo animado el menor, era muchos aΓ±os mΓ‘s joven que Γ©l, pero su posiciΓ³n jerarquicamente alta nadie se atrevΓa a cuestionarla, pues se mostraba capacitado para ser el jefe de Los Santos.- ΒΏQuΓ© sucede?ΒΏJack de nuevo comiΓ³ suelo?-Dijo con un tono burlesco al recordar como su anterior compaΓ±ero de binomio siempre solΓa ser abatido antes que Γ©l.β
βChim. βcontestΓ³ mientras asentΓa con un poco de gracia contagiada por el contrario, viendo como del tablero de llaves policiales tomaba las llaves de un Zeta 4 y se dirigΓa a los vehΓculos estacionadosβ
Garcia se detuvo a los pocos pasos de distancia, volteandose por encima de su hombro para ver al azabache.
βΒΏPatrullamos juntos, alumno Trucazo?
Antes de llegar a contestar, el mayor recibiΓ³ finalmente la respuesta del mΓ©dico diciΓ©ndole que Jack estaba fuera de peligro, pero que debΓa quedarse en observaciΓ³n por unas horas a causa del disparo y sobre todo por el latigazo que habΓa recibido al frenar. Por suerte no iban en el mismo patrulla.
βDe acuerdo superintendente.βEl azabache caminΓ³ algunos pasos apresurados hasta su superior, yendo juntos hasta el patrulla.β
Al subir ambos se colocaron los cinturones de seguridad y se pusieron en H-50. El superintendente iba conduciendo mientras el azabache iba marcando alertas y avisando por la radio.
Pasaron varias horas juntos de esa forma, divirtiΓ©ndose al ser un poco traviesos con los ladrones; dejando escapar a los asaltantes menores sΓ³lo porque les caΓan bien, atropellando a los que les caΓan mal, o incluso molestando simplemente a los civiles que se encontraban agrupados en alguna zona como Plaza de Cubos.
Sin darse cuenta, la noche comenzΓ³ a caer, lo que significaba que ambos tenΓan que rotar hacia el Norte donde todavΓa no estaba activa la comisarΓa de los Sheriff's, y que para no liberar la zona, los policΓas iban rotando entre el Grupo A y el Grupo B, sobre todo para no hacer repetitiva la rutina de ambos grupos y que pudieran divertirse, ya que por el Norte habΓa muy poca delincuencia. Poca pero no inexistente.
Durante el viaje al Norte habΓan aprovechado a pasar por la ruta cercana al mar, dejando las ventanas abiertas para que la brisa salada les refrescara los sentidos mientras disfrutaban de la compaΓ±Γa mutua.
Freddy observaba el mar que parecΓa no tener fin, aunque para verlo tenΓa que mirar a su izquierda donde estaba el Superintendente, y sin darse cuenta, terminΓ³ siendo hipnotizado por su superior. Aquellas pestaΓ±as rubias que se agitaban con suavidad por la brisa que inevitablemente se colaba por los costados de sus lentes negros graduados, los ojos apagados de un bonito tono turquesa durante la noche y de dΓa un celeste cristalino, las pequeΓ±as y leves aureolas oscuras en el pΓ‘rpado inferior sΓ³lo hacΓa mΓ‘s notorio el tono de los iris cuando se quitaba las gafas.
Su mirada se dirigiΓ³ a su nariz, parecΓa operada de lo recta y bonita que le parecΓa. Las mejillas parecΓan tersas y tiernas. La oreja visible donde tenΓa varias perforaciones con joyeria combinada de color plateado y negro. Los labios rosados y algo carnosos que se encontraban humectados gracias al bΓ‘lsamo que cada tanto Garcia recordaba ponerse debido a la resequedad que le causaba los cigarrillos. Su mirada se posΓ³ en el cuello contrario, la piel pΓ‘lida donde resultaban algunas venas lilas con tal levedad que debΓa enfocarse en verlas, o como su manzana de AdΓ‘n se movΓa al tragar saliva o aclarar su voz con levedad.
Su mirada bajΓ³ un poco mΓ‘s, estaban en el comienzo del verano, asΓ que las temperaturas ya no eran tan frescas y cada vez se tornaban mΓ‘s calurosas, por lo que ver un poco mΓ‘s de aquella piel tintada con diversos dibujos permanentes gracias a una camisa de color negro arremangada hasta los codos le parecΓa lo ΓΊnico bueno del calor. La ropa del superintendente tampoco era mala, pero parecΓa disfrutar vestirse como cualquier otro agente, sin nada que resaltara su puesto, ya que ese tipo de camisas se las habΓa visto incluso a James. QuizΓ‘s debido a esa humildad y su trato amable era el porquΓ© la malla era tan organizada y respetaba al superior.
Los brazos del blondo estaban estirados hacia el frente con levedad para tomar el volante con sus manos cubiertas por guantes de cuerina negra. PodΓa observar con facilidad los mΓΊsculos algo tensos del superior, quizΓ‘s por el cansancio diario que ya a esa hora lograba sentirse en sus cuerpos.
Su mirada bajΓ³ un poco mΓ‘s, viendo como de costado con facilidad se veΓa mejor la figura contraria, donde la complexiΓ³n delgada pero ejercitada del contrario se apreciaba con facilidad por la zona que el chaleco delgado no ocultaba. Los pantalones de vestir negros tipo skinny que casi parecΓan un cono debido a ensancharse con levedad por los muslos ejercitados que tensaban levemente la tela al sentarse.
Su mirada no llegΓ³ a bajar lo suficiente para ver las zapatillas negras de marca Converse que siempre tenΓa su superior, de las cuales parecΓa tener en toda la gama disponible de colores para combinar con toda ropa que se pusiera, ya que volviΓ³ a subir sus iris negros al sentirse observado, viendo al mayor con la mirada fija en Γ©l mientras esperaba un semΓ‘foro en rojo.
El contraste de la luz roja iluminando el rostro ajeno le permitΓa notar la penetrante mirada ajena sobre Γ©l, seguidamente, vio como sonriΓ³ de forma traviesa para volver a comenzar a conducir una vez la luz se puso verde. Freddy desvΓo su mirada a el bosque a un lado de la carretera, contrario al precioso mar donde las aguas se mesian hipnoticamente.
No muchas veces lograba coincidir en sus turnos con su superior, ya que sus horarios eran diferentes y las pocas veces que coincidian el menor se la pasaba en su despacho por el papeleo o patrullando con el comisario Navarro.
Eso le recordΓ³ dos cosas; la primera, era como el primer dΓa que vio al rubio inevitablemente cayΓ³ en sus preciosas manos. ParecΓa tener un don para hacer que todos sus agentes estuvieran con y para Γ©l. QuizΓ‘s era su carisma, su personalidad ambivertida que le hacΓa coincidir bien con extrovertidos e introvertidos, el humor Γ‘cido que se controlaba dependiendo de la persona o simplemente la amabilidad con la que trataba a la gente, incluso controlando su risa cuando algo gracioso sucedΓa para no hacer sentir mal a la otra parte. Y quizΓ‘s, tanto Γ©l como muchos otros, inevitablemente terminaron teniendo un amor platΓ³nico por el superior.
Y lo segundo; fue una pregunta que tenia hace dΓas. No lograba entender como alguien tan poco capacitado como Navarro fuera comisario. Se la pasaba suspendiendo de empleo y sueldo a cualquiera que no hiciera lo que quisiera, casi como un dictador. Le recordΓ³ la vez que, frente a Γ©l y sin ser chusmerio de la comisarΓa, suspendiΓ³ a Gordon y le dijo que hablarΓa para degradarlo o incluso expulsarlo del cuerpo por elevarle muy levemente el tono, cuando habΓa sido el propio Isidoro el quΓ© lo habΓa provocado a hablarle asΓ al exasperarlo.
Su mente fue despejada por un pequeΓ±o bache en la calle de tierra y arena del Norte. Al notar que, al ser muy altas horas de la madrugada y nada sucedΓa en esa zona, se atreviΓ³ a hablar sobre el segundo pensamiento en su cabeza.
βSuper, una pregunta.
βAdelante Freddy, dime.βDijo GarcΓa tranquilamente mientras su mirada se fijaba al frente, intentando ver en la intensa oscuridad nocturna sin luz lunar a causa de las nubes, intentando no atropellar ni por casualidad algΓΊn inocente animal. Sobre todo gatos salvajes.β
βΒΏQuiΓ©n fue el que ascendiΓ³ a Navarro?βConsultΓ³, ya que sΓ³lo hace apenas unos meses recordaba a Isidoro siendo oficial primero y de golpe pasar a ser comisario luego de patrullar por muchas semanas con el superior, todos habΓan creΓdo que habΓa aprendido mucho al patrullar con el menor, pero no parecΓa en lo absoluto haber aprendido.β
El rubio se mantuvo en silencio un buen rato, pensando que Navarro le habia dicho como eran los ascensos y ahora estaba pidiendole uno. Llevo su mano al espejo retrovisor interior central, acomodandolo para verse en el reflejo mientras se arreglaba las gafas, aunque en realidad, con su dedo Γndice, apagΓ³ las cΓ‘maras del patrulla y el localizador con el pequeΓ±o botΓ³n. Seguidamente, manejΓ³ en silencio hasta una zona descampada, Freddy lo observaba en silencio tambiΓ©n, creyendo que simplemente no iba a contestar su pregunta y quedarΓa en el aire.
Se sorprendiΓ³ un poco al ver que el auto se detenΓa y Garcia colocaba el freno de mano. Una de sus respectivas cejas se arqueo al ver que su superior apagaba la bodycams se ambos. Aclarandose un segundo la garganta antes de hablar.
βΒΏDe verdad quieres saberlo, alumno?βLa voz un poco mΓ‘s grave de lo normal erizΓ³ los vellos de la nuca del azabache.β
β10-4.βRespondiΓ³ el pelinegro con respeto, viendo fijamente a su superior.β
Su mirada se mantuvo fija en Gustabo y en sus acciones, viendo como se desprendΓa el cinturΓ³n de seguridad y se acercaba un poco a Γ©l. Por la contraluz de una ΓΊnica farola lejana, lograba ver como los ojos entrecerrados coquetamente de su superior lo observaba con atenciΓ³n. Su cuerpo inconscientemente retrocediΓ³, hasta chocar contra la puerta del patrulla, quedando acorralado entre la superficie de vidrio y plΓ‘stico, y el cuerpo del superior. El rostro ajeno se instalΓ³ cercano a Γ©l, invadiendo su espacio personal haciendo que las puntas de sus narices se rozaran con levedad.
βAveces, para ascender, hay que hacer algunas cosas Freddy. ΒΏEstΓ‘s curioso porquΓ© quieres un ascenso?βLa voz suave pero Γ‘spera del menor ingresΓ³ en sus sentidos, haciendo que su estΓ³mago cosquillara al sentir el aliento tibio sobre sus labios, casi dejando que saboreara el sabor que tenΓa la cavidad ajena; si pudiera adivinar, el sabor que podΓa saborear en sus labios era a tabaco y monster mango loco, dos cosas a las cuales su superior parecΓa ser adicto.β
βBueno, sΓ³lo es curiosidad de porquΓ© alguien incompetente como Navarro es un alto cargo.βsu voz saliΓ³ baja, chocando directamente con los belfos contrarios. El blondo dio una risita baja mientras su rostro se inclinaba hacΓa un lado, como si fuera a besarlo.β
βΒΏEsa es la forma correcta de dirigirse a su superior, Trucazo?βno pudo evitar dar otra pequeΓ±a risa al ver que los labios contrarios se tensaban en una lΓnea recta, cayendo en cuenta que habΓa faltado el respeto al comisario Navarro.β
βLo lamento, superintendente.
βPuedo dejartela pasar. Y admitirte la forma en la que podrΓas ascender fΓ‘cilmente.βal ver que el contrario no parecΓa negarse, sonriΓ³ levemente mientras seguidamente daba un suave suspiro sobre los labios ajenos. Su voz saliΓ³ mΓ‘s profunda en palabras delicadas y bajas.βDepende del movimiento que decidas hacer, alumno Trucazo. Porque no importa que tan alto te eleves, sino que tan profundo te hundas.
Hubo un silencio durante unos minutos, ambos se miraban fijamente, manteniendo la cercanΓa que permitΓa que sus respiraciones se mezclaran.
βΒΏComprendes a lo que me refiero, Trucazo?
β10-4, superintendente.
βΒΏy quΓ© deseas hacer?ΒΏquieres ascender?βsu mano apoyada sobre el vidrio para acorralar al mayor se deslizΓ³ lentamente por la superficie hasta acabar en el muslo contrario, sΓ³lo apoyandose. Tampoco querΓa recibir un golpe por sobrepasarse tocΓ‘ndole descaradamente.β
El azabache se mantuvo inmΓ³vil en su lugar, observandolo fijamente por detrΓ‘s de sus respectivas gafas negras. El rubio creyΓ³ entender la respuesta y estaba por alejarse, cuando la mano ajena enguantada tomΓ³ su cuello con firmeza pero sin hacer suficiente presiΓ³n para quitarle el aire, pero si la suficiente para hacer que el calor subiera desde el estΓ³mago del superintendente a su rostro, sin sonrojarlo demasiado, sΓ³lo haciendo subir hasta su cerebro una excitante rΓ‘faga de extasis.
Su par de labios se abrieron con levedad, dejando salir un suave jadeo sobre los belfos ajenos. Su mano sobre el muslo contrario presionΓ³ la tela con sus dedos al sentir la hΓΊmeda y caliente lengua sobre su labio inferior, haciendo que su bajo abdomen cosquillara en lujuria.
βNo deberΓas jugar con juego GustabiΓ±o. PodrΓa dejarte una cicatriz que nunca podrΓas olvidar.βAl ver la mirada deseosa ajena mirΓ‘ndolo con fascinaciΓ³n, hizo mΓ‘s presiΓ³n con su cuello, sintiendo los latidos ajenos acelerados en las yemas. Con la mano libre retirΓ³ los lentes de ambos, viendo con mΓ‘s claridad los zafiros con brillos de deseo. MordiΓ³ con suavidad el labio inferior del superior, sintiendo como soltaba un suspiro entrecortado.βVoy a follarte tan bien que vas a tener que darme tu puto puesto.
Y al apenas terminar de pronunciar sus palabras devorΓ³ con hambre y deseo los labios ajenos, siendo correspondido por el mismo deseo mientras la mano del rubio se deslizaba hasta el miembro del contrario, dando suaves apretones por sobre el pantalΓ³n del uniforme policial en su miembro, haciendo al mayor jadear mientras sus labios se chocaban con fuerza y sus lenguas se encontraban en una hΓΊmeda danza placentera donde luchaban por el poder.
Trucazo deslizΓ³ su mano libre hasta el chaleco antibalas del contrario, quitandolo por los abrojos de los lados de las costillas que complementaban a la armadura y arrojandolo a un costado de los asientos, sin importar donde terminaba. Su mano se deslizΓ³ por la espalda del rubio, delineando la espina dorsal hasta llegar a la espalda baja. Uno de sus dedos se deslizΓ³ entre la camisa y el pantalΓ³n, quitando la camisa de por adentro de la ropa y deslizando su mano finalmente por debajo de la delgada tela negra superior, sintiendo como la espalda contraria se curvaba hacΓa abajo ante su tacto.
Su mano hizo mΓ‘s presiΓ³n en el cuello ajeno al sentir la traviesa mano desabrochando su respectivo pantalΓ³n y escabullendose por dentro de su bΓ³xer directamente. Un gemido gutural quiso escaparse entre el salvaje beso al sentir como el dedo Γndice ajeno hacia pequeΓ±os cΓrculos sobre su glande hΓΊmedo, esa sensaciΓ³n de un placer suave le desesperaba y causaba pequeΓ±os espasmos placenteros en su pelvis.
Su mano volviΓ³ a bajar por la espalda contraria, estΓ‘ vez metiΓ©ndose dentro del pantalΓ³n y del brief gris ajeno, con uno de sus dedos contorneo la entrada, sintiendo como estΓ‘ se contraia al sentirlo y de los labios ajenos salΓan respiraciones cada vez mΓ‘s aceleradas y pesadas. Se tomΓ³ un momento y soltΓ³ un poco su mano del cuello ajeno para permitirle respirar con comodidad, pero no la retirΓ³ de ese lugar. Garcia debΓa entender que Γ©l tenΓa el control, era su movimiento, no el movimiento estratΓ©gico del superintendente. Sus labios se separaron y se permitiΓ³ ver el rostro acalorado del superior, con los labios rojizos y mordidos, y esos malditos ojos apagados pero deseosos por Γ©l. Era una obra de arte.
La mano que se encontraba estimulando la entrada contraria saliΓ³ de entre las ropas, la acercΓ³ hasta su respectiva boca y abriΓ³ la misma, dejando caer una pequeΓ±a cantidad de saliva sobre sus dedos. El rubio se acercΓ³ un poco y lo igualo, sacando su lengua para dejar caer una pequeΓ±a cantidad de su saliva. El azabache deseo joder aquella pequeΓ±a boca hasta romper sus labios y dejarle la mandΓbula tan adaptada que sΓ³lo su pene lograra satisfacer al blondo, pero su deseo por joderlo detras era mayor, ya en otro momento dejarΓa al menor con su boca jodida. Si querΓa que se hunda muy profundo, Γ©l iba a hundirse muy profundo en Γ©l.
Con el pulgar y ayuda gran ayuda del menor bajΓ³ el pantalΓ³n negro de vestir y los briefs. Con los dedos ensalivados se dedicΓ³ a lubricar levemente el exterior de su entrada, sintiendo como ahora se contraia mΓ‘s debido a la sensaciΓ³n hΓΊmeda y resbaladiza gracias a sus guantes. Garcia dejΓ³ caer su rostro suavemente sobre el hombro contrario, aspirando el aroma a la colonia con notas de musk mientras sentΓa una de las largas falanges contrarias entrar en su interior, robandole un jadeo. Su mano dentro de la ropa interior contraria se deslizΓ³ hacia abajo, descubriendo la polla ajena para comenzar a masturbarla mientras sentΓa como el dedo ajeno en su cuerpo se movΓa lentamente intentando hacer que su entrada se dilatara.
BesΓ³ y lamiΓ³ con lentitud el cuello del azabache para ahogar sus jadeos, intentando de esa forma distraerse de la incomoda sensaciΓ³n, ahogando sus sentidos con el embriagador aroma de la piel ajena con la colonia. Se sentΓa demasiado extasiado, lo cual sentΓa impropio de Γ©l mismo, ya que se habΓa acostado con muchos de los bajos cargos, desde Isidoro y Filimeno hasta a Jack, pero sΓ³lo habΓa sentido una suave lujuria, el que mejor lo habΓa tomado era Isidoro, y por ello ΓΊnicamente le habΓa dado un puesto alto, pero quizΓ‘s con Freddy podrΓa ser diferente.
Su cuerpo estaba jodidamente caliente por solo sentir el frΓo tacto de la tela sobre su calurosa piel, su estΓ³mago daba un brinco y cosquillaba con sΓ³lo escuchar los graves gemidos guturales ajenos o los pequeΓ±os gruΓ±idos ahogados cuando su dedo pulgar presionaba la uretra de su pene, quizΓ‘s era el aroma de su piel que lo estaba volviendo loco y le daba deseos de volverse posesivo con el mayor. QuizΓ‘s las feromonas si existΓan y por eso se sentΓa como una maldita perra en celo.
Tal como entrΓ³ un dedo entraron dos para finalmente entrar tres sin complicaciones. Para ese punto, el blondo ya estaba desesperado por obtener mΓ‘s contacto fΓsico con el contrario, su boca se habΓa dedicado a morder el cuello de la camisa ajena y de esa forma desquitar su frustraciΓ³n sexual. Finalmente las falanges salieron de su interior y su cuello volviΓ³ a ser sujetado con firmeza, quitandolo del escondite por el bien de ambos, ya que Freddy se estaba volviendo loco por el aroma a limon dulce de la colonia ajena que lograba olfatear debido a la cercanΓa.
Antes de poder continuar Garcia deslizΓ³ su mano hacΓa un costado, bajando el asiento y haciendo que de repente el azabache lo soltara por el susto de estar acostado con el asiento completamente reclinado en posiciΓ³n horizontal. El rubio dio una risita divertida al ver el rostro ajeno con una expresiΓ³n molesta por no haberle avisado, pero su risa no durΓ³ demasiado ya que la mano ajena se deslizΓ³ disimuladamente haciendo caer el asiento del rubio tambiΓ©n hacia atrΓ‘s. Ahora los dos se miraban de forma burlesca y molesta, realmente se complementaban muy bien.
Sin perder el tiempo volvieron a acercarse, besΓ‘ndose de forma necesitada y hambrienta mientras se dedicaban a sacar las prendas de ropa que les quedaba, desparramandolas por casi todo el patrulla. El blondo se acomodΓ³ sobre el azabache, colocando sus piernas a los costados de la cadera ajena mientras la boca contrarΓa se dedicaba a abandonar sus labios, comenzando a lamer y morder su cuello. QuizΓ‘s estaba enloqueciendo, pero habΓa jurado por un momento notar la mirada algo perdida de su inferior, aunque no iba a prestarle atenciΓ³n, no al menos cuando la mano ajena ya habΓa sujetado el miembro que estaba entre sus piernas y lo alineaba con su entrada para penetrarlo.
Una mordida mΓ‘s fuerte lo hizo dar un gemido sonoro de dolor y placer al sentir como el pene ajeno se adentraba en el, expandiendo su interior a su paso. MordiΓ³ con firmeza su labio inferior al sentir como el lado izquierdo de su cuello volvΓa a ser sujetado por la mano ajena, mientras del lado derecho Freddy se dedicaba a morderlo y dejar chupones notorios en su blanquecina piel. Las manos desguantadas del mayor acariciaron su abdomen con las uΓ±as, subiendo hasta su pecho donde uno de sus pezones fue jalado con firmeza. Su espalda se arqueo hacia el frente mientras su cabeza se debilitaba, siendo el ΓΊnico soporte la mano en su cuello. Su cadera temblaba de inquietud, ansiando que el pene contrario se moviera dentro de Γ©l.
Se sentΓa demasiado bien, nada similar a cuando lo habia hecho con otros que sΓ³lo se centraban en complacerlo y lamerle las bolas -aveces literalmente- para ascender. En ese momento sentΓa que realmente era deseado por el azabache, sentΓa que lo estaba tomando como un animal hambriento por su presa, sentΓa que iba a joderlo hasta que Γ©l terminarΓ‘ satisfecho de su deseo, sin sentir que estaba forzandolo de alguna forma a hacerlo. El simple toque recorriendo su piel como si quisiera memorizarla le hacΓa sentir el deseo ajeno por su cuerpo, creando rafagas de deseo.
La mano en su pecho se detuvo a los pocos jalones para finalmente volver a bajar, esta vez, hundiendo un poco mΓ‘s sus uΓ±as para dejar marcas rojizas en las partes sin tatuajes en el abdomen, finalmente deteniendo su recorrido en las caderas ajenas. Las manos del rubio se posicionaron sobre los hombros del pelinegro, preparado para empezar a saltar como siempre tenia que hacer con el resto de su malla, sΓ³lo utilizΓ‘ndolos como un juguete sexual. Pero su postura se desmoronΓ³ sobre el cuerpo ajeno al sentir como el contrario comenzaba a embestirlo con fuerza, clavΓ‘ndose hasta lo mΓ‘s profundo de Γ©l, estimulando de pleno su punto mΓ‘s placentero.
Se sujetΓ³ con firmeza del asiento para mantenerse estable, aunque se estaba deshaciendo de placer sobre el alumno. Su mejilla se pegΓ³ a la ajena, soltando gemidos de placer mientras sus pechos subΓan y bajaban pegados y desordenadamente, ambos estaban excitados, deseosos por fundirse en la piel ajena. O quizΓ‘s eran los cuatro.
La mano de su cadera lo soltΓ³ y se detuvieron las embestidas, haciendo que Gustabo se confundiera un poco, comenzando a pensar de mΓ‘s. QuizΓ‘s el alumno se habΓa dado cuenta de lo malo que era hacer eso con su superior, que era acoso sexual y corrupciΓ³n. Pero no terminΓ³ de sobrepensar cuando una nalgada fuerte en su nalga le hizo reaccionar, junto a la voz mΓ‘s frΓa y algo grave del inferior retumbando en sus oΓdos hasta colarse a sus huesos.
βMuΓ©vete. MuΓ©strame que tanto deseas mi verga.βSu cuello fue sujetado mΓ‘s por la mano ajena, despegando sus rostros para verse finalmente a los ojos. Un escalofrΓo recorriΓ³ su espalda al ver esa mirada. No iba a preguntar, pero reconocΓa a la gente como Γ©l fΓ‘cilmente, despuΓ©s de todo, hablar de alters era difΓcil, no era un tema que se tomara en una conversaciΓ³n como el clima.βEres toda una putiΓ±a ΒΏno es asΓ, Tabito?
El rubio mordiΓ³ su labio inferior, sintiendo su abdomen cosquillear nuevamente de deseo, deseaba ver que tanto podΓa quemarse al jugar, Γ©l y Pogo necesitaban un poco de diversiΓ³n extra.
Se acomodΓ³ mejor con las rodillas sobre el breve espacio que le quedaba, finalmente comenzando a saltar de forma rΓ‘pida y brusca, sintiendo como se le dificultaba gemir por la mano que apretaba su trΓ‘quea. Se sentΓa demasiado bien, demasiado excitado, tanto que ni drogado habΓa conseguido tal extasis con otros. Su cabeza quiso dejarse caer de nuevo, pero la mano ajena le impedΓa hacerlo, lo sujetaba firme en su lugar, impidiendo que sus ojos no estuvieran fijos en los contrarios, sintiΓ©ndose de esa forma los tres unidos por el deseo y fundiΓ©ndose en el calor y placer que el contrario les daba.
Los movimientos del superintendente y del alumno se congelaron al sentir el sonido de la radio pidiendo subir a H-50 por una consulta. Gustabo se inclinΓ³ hacia un costado, tomando la radio de su respectivo chaleco. El pelinegro pensΓ³ que iba a apagarla para continuar, pero el sonido de la radio activa para hablar lo hizo voltear a ver al superior con confusiΓ³n. El blondo al ver que no hablaba, dejΓ³ de presionar el botΓ³n y sonriΓ³, entonces pudo ver aquel brillo travieso, ese que habΓa visto en pocas ocasiones y siempre era para hacer crear un caos en la ciudad, mucha gente rumoreaba acerca de que el superintendente tenΓa TID, pero nadie podΓa confirmarlo.
βContesta, es una orden.βEl rubio sonriΓ³ dejando ver sus dientes, una sonrisa traviesa y casi siniestra se dibujΓ³ mientras la mano del blondo afirmaba mΓ‘s el agarre de su cuello y la otra activaba la radio para que el azabache hablara.β
βDime, Amancio.βEl azabache tuvo que controlar su voz y respiraciΓ³n, ya que apenas abriΓ³ la boca, el superior habΓa vuelto a moverse, haciendo que sus pieles chocaran y sonarΓ‘n debido al impacto de sus nalgas con la pelvis del mayor.β
Freddy dio un bajo gruΓ±ido gutural mientras la mano en el cuello ajeno hacia mΓ‘s presiΓ³n, evitando de esa forma que el rubio pudiera emitir sonidos que se escucharan en la radio, sΓ³lo permitiendole fundirse en silenciosos gemidos mientras sus saltos eran rΓ‘pidos y bruscos. Pero Γ©l lo tendrΓa difΓcil, ya que el interior del menor cada vez se hacΓa mΓ‘s estrechΓ³, quizΓ‘s estaba mΓ‘s excitado por la falta de oxΓgeno y el extasis de saber que podrΓan ser descubiertos por la radio, pero la motivaciΓ³n del rubio definitivamente era hacerlo gemir.
βQuerΓa saber si se puede seguir un vehΓculo con una meri.βFreddy dejΓ³ desahogarse su cuerpo con un gruΓ±ido, el cual parecΓa molesto por la ridΓcula pregunta que le estaban haciendo. Hasta Γ©l siendo alumno sabΓa la respuesta.β O-oh lo entiendo s-seΓ±or, n-no s-s-se preo-cupe, me b-bajo a mi f-frecuencia.
El azabache le arrebatΓ³ la radio al contrario, apagandola y arrojandola a cualquier lugar, soltΓ³ el cuello del contrario para permitirle respirar, viendo como el rubio habΓa tenido un orgasmo en seco sin que se diera cuenta debido al silencio al que lo estaba forzando. El mayor sujetΓ³ los muslos ajenos y con impulso de sus respectivos talones se deslizΓ³ por el asiento hasta llegar a los asientos traseros, donde se colocΓ³ encima del rubio mientras con dureza tomaba sus caderas para no permitirle escapar. Una de sus manos se dirigiΓ³ ahora al rostro ajeno, abofeteandolo midiendo su fuerza.
βΒΏAsΓ que te divierte poder ser descubierto, Tabito?βvolviΓ³ a dar otra bofetada al rostro ajeno, sin necesidad de una respuesta, pues el rostro acalorado y excitado del rubio le era una respuesta positiva, observandolo con brillos en los ojos mientras respiraba de forma irregular.β
Su mano dio una ΓΊltima bofetada antes de pasar sus manos por detrΓ‘s de sus rodillas y sujetar ambos muslos, enterrando sus uΓ±as en la tierna piel mientras volvΓa a clavarse profundamente en el rubio ya que habΓa sacado el largo de su pene pero no el glande, robandole un gemido agudo. Sus caderas comenzaron a moverse, arremetiendo rudamente contra el menor y haciendo que el patrulla -que parecΓa un barco, segΓΊn el superintendente- se mesiera. Las caderas del rubio comenzaron a moverse al compΓ‘s para hacer que se enterrara mΓ‘s profundo en Γ©l, los gemidos agudos y ruidosos le hizo saber que el blondo habΓa hecho switch completamente con quien quiera que fuera ahora. Pero no le importaba, si era como Γ©l con Toro, podrΓan disfrutar los cuatro de ese encuentro.
El menor se aferrΓ³ a los antebrazos que sujetaban sus muslos, clavando sus uΓ±as tambiΓ©n con fuerza al sentir cada vez su orgasmo mΓ‘s inminente. Los mΓΊsculos tensos debajo de sus uΓ±as le hizo saber a Pogo que el sexy azabache tambiΓ©n estaba al lΓmite. No les importaba quien fuera el otro en ese exacto momento, sΓ³lo les importaba como no les importaba el maltrato ajeno en sus pieles y sΓ³lo hacΓa que sus instintos mΓ‘s primitivos florecieran al ser compatibles; normalmente la gente se asustaba, temΓan el dolor y el ardor durante los encuentros, pero ellos solo deseaban enterrar sus uΓ±as y dientes en el cuerpo ajeno hasta sentir el lΓquido carmΓn tocar sus pieles, empapando sus sentidos.
Un gemido escandaloso y un gruΓ±ido placentero escaparon de sus labios al correrse al mismo tiempo, hundiendo sus uΓ±as en la piel ajena provocando daΓ±os que sΓ³lo les habΓa hecho sentir una descarga de adrenalina en sus cuerpos. Pareciendo que tambiΓ©n podrΓan llevarse bien entre ellos.
Se detuvieron un instante para recomponerse, el azabache soltΓ³ los muslos ajenos y se acomodΓ³ encima del cuerpo del rubio, pegando sus abdomenes sin interesarle mancharse de la esencia contraria que yacΓa allΓ, sujetando las caderas con sus manos. El menor sonriΓ³ y tomΓ³ el rostro contrario, lamiendo su labio inferior mientras lo abrazaba con sus piernas y lo apegaba a su cuerpo. El pelinegro lo observΓ³ en silencio mientras regulaba su propia respiraciΓ³n, dando un quejido al sentir los dientes ajenos morder su labio inferior hasta hacerlo sangrar. Un jadeo pesado quedΓ³ ahogado cuando la lengua del menor volviΓ³ a pasar ahora por la herida, disfrutando del sabor metΓ‘lico de la sangre ajena mientras su pecho subΓa y bajaba, sintiΓ©ndose excitado al sentir que el mayor volvΓa a estar duro en su interior aΓΊn lleno de semen.
βMe agradas.βEl rubio delineo con su dedo Γndice la mandΓbula del contrario, sonriendo con las comisuras de sus labios manchados de sangre mientras lo observaba fijamente con sus ojos brillantes y bien abiertos.βΒΏQuiΓ©n eres?
βDeberΓa preguntar lo mismo.βEl azabache lamiΓ³ el labio inferior del contrario al mismo tiempo que daba una brusca embestida, haciendo que el menor abrazara su cuello y hundiera las uΓ±as en su espalda al soltar un gemido agudo.β
El superior se estremeciΓ³ y gimiΓ³ al sentir ahora como su belfo era mordido y lastimado hasta hacer brotar la sangre, el sabor y aroma inundΓ³ sus sentidos, sΓ³lo pudiendo balbucear de forma baja.
βMuΓ©vete, muΓ©vete por favor, lo necesito.
SΓ³lo eso bastΓ³ para que el pelinegro volviera a moverse, esta vez, siendo completamente violento en sus embestidas, sin contenerse ni lo mΓ‘s mΓnimo para calmar la necesidad de violencia de sus sentidos. Ambos se aferraban con fuerza a la piel ajena, sin interesarles lastimarla, fundiΓ©ndose en la pasiΓ³n y extasis que les provocaba poder ser ellos mismos hasta que sus alters tomaran de nuevo el control.
Mordieron y besaron sus labios mientras hundΓan sus uΓ±as en la piel ajena, sin interesarles chocar sus dientes en varias ocasiones. El sonido de los choques de sus pieles y el sonido viscoso en cada embestida era lo ΓΊnico que sonaba junto al ruido del patrulla moviΓ©ndose debido al ajetreo interno. Los cristales comenzaban a empaΓ±arse debido al calor de sus cuerpos, pero poco les interesaba la temperatura, el infierno serΓa mΓ‘s caluroso para ambos, y ahora que se conocian, podrΓan irse juntos y continuar asΓ para la eternidad, porque podrΓan casi jurar con sus manos en el fuego que nadie podrΓa complementarlos tan bien en sus jodidas vidas.
El orgasmo volviΓ³ a invadirlos al mismo tiempo, tensando deliciosamente sus cuerpos con una gran oleada de extasis. Y mientras Toro volvΓa a correrse en el interior del menor dando un gruΓ±ido gutural mientras sus uΓ±as se clavaban con fuerza en la piel ajena rompiendo la piel levemente, Pogo se corrΓa sobre sus abdomenes pegados, su espalda de curvaba debido a la intensa descarga y sΓ³lo soltaba un gemido agudo y escandaloso.
Juntaron sus frentes con suavidad, los jadeos pesados y acalorados se mezclaban, chocando con los belfos maltratados ajenos. Se observaron mientras intentaban regular sus sentidos, viendo como era fΓ‘cil distinguir al alter del contrario, sobre todo por sus tonos de voz y miradas. Pogo volviΓ³ a dar una lamida lenta sobre el labio inferior ajeno, el cual ya casi habΓa parado de sangrar pero del cual podrΓa disfrutar unas gotitas mΓ‘s del liquido carmesΓ.
βΒΏCΓ³mo te llamas?βEl rubio acariciΓ³ con una mano la espalda ajena, sintiendo la piel hΓΊmeda y maltratada por las uΓ±as. Ya no podrΓa distinguir para ese punto si era sangre que el habΓa hecho brotar con sus uΓ±as o sudor, tambien provocado por Γ©l.β
βToro. ΒΏY tu?βLa mano del pelinegro se deslizΓ³ por el muslo ajeno, acariciando lentamente las zonas que habΓa maltratado con su agarre y uΓ±as. Adorando la sensaciΓ³n que provocaba en su mano la carne caliente y sudorosa.β
βPogo.βUna risa traviesa saliΓ³ de sus labios mientras se acomodaba, haciendo que el azabache se acomodara sentado en el asiento trasero pero con las piernas estiradas sobre los asientos delanteros reclinados por la falta de espacio.βPodrΓamos llevarnos bien haciendo esto, Toro. PodrΓa repetirse.
Una nalgada le hizo morderse el labio inferior mientras su abdomen se apegaba al contrario, observandolo con atenciΓ³n y deseo.
βVa a repetirse. Ahora eres mio.βLas manos del azabache se acomodaron sobre las caderas contrarias, haciΓ©ndolo volver a comenzar a saltar sobre su miembro nuevamente erecto.β
El rubio sujetΓ³ los hombros ajenos con firmeza, intentando no desestabilizarse mientras sus sentidos volvΓan a invadirse de placer. Su cabeza se dejΓ³ caer hacΓa atrΓ‘s, dejando salir gemidos y jadeos placenteros mientras sentΓa su pecho ser mordido y lamido por el contrario. El sabor de la nivea piel del rubio con el sudor y el suave dulce aroma a limΓ³n le estaba enloqueciendo, hacΓa que se sintieran ansiosos por mΓ‘s. Sus dientes se clavaron e hicieron suficiente presiΓ³n para dejar una perfecta marca notoria de sus dientes, la cual contorneo con su lengua mientras veΓa al rubio saltar con agilidad y rapidez, en busca de un orgasmo mΓ‘s, sin interesarle el cansancio fΓsico que ya tenΓa por las rondas anteriores, de algo tenΓa que servir tomar tanto Monster hace pocas horas.
Su cuello fue nuevamente atrapado, haciendo que volviera a enderezar su cabeza y lo observarΓ‘ con atenciΓ³n mientras no podΓa parar de saltar, aunque la mano libre ajena le detuvo, haciendo que sΓ³lo hiciera cΓrculos con la cadera encima de su miembro.
βΒΏDe quien eres?βGruΓ±Γ³ con deseo el azabache, dejando con la duda al rubio de quien se trataba, ya que no habΓa sido sencillo saber si era Freddy o era Toro.β
βTuyo.βGimiΓ³ sumisamente el rubio, aprovechando a esta vez Γ©l provocar la duda al azabache sobre quien habΓa hecho esa declaraciΓ³n.βDe ambos, somos de ustedes.βEstΓ‘ vez el azabache tuvo mΓ‘s sencillo adivinar el tono mΓ‘s tranquilo de Gustabo.β
El mayor suavizo su agarre y tomΓ³ la mejilla del rubio, acercandolo a su rostro y besandolo de forma apasionada y lujuriosa mientras le permitΓa volver a saltar. Ambos se apegaron al otro, ahogando sus gemidos y jadeos en los belfos ajenos, sintiΓ©ndose satisfechos y completos en ese momento, como si sus cuerpos hubieran nacido para estar juntos.
Las piernas del superior se debilitaron por completo, haciendo que ahora el mayor tuviera que encargarse de Γ©l mientras lo abrazaba con los brazos por el cuello. El pelinegro comenzΓ³ a mover las caderas mientras clavaba sus talones en el asiento mullido para embestir al rubio, el cual sΓ³lo podΓa gemir placenteramente mientras el orgasmo cada vez avanzaba mΓ‘s y se hacΓa notoria su llegada, debido a la tensiΓ³n en los mΓΊsculos de todo su cuerpo, su abdomen contrayendose, su interior cada vez mΓ‘s estrecho, la espalda curvadose como la de un gato y los gemidos mΓ‘s pesados y extensos.
Esta vez, el primero en correrse fue el menor, aferrΓ‘ndose suavemente al cuerpo maltratado ajeno, sujetandolo con las yemas de los dedos mientras un gran gemido placentero salΓa de sus labios y chocaba directamente con los belfos ajenos. El mayor se dedicΓ³ a besar la mandΓbula inferior marcada del superior cuando el rostro del menor se dejΓ³ caer delicadamente a un costado, sintiendo como daba pequeΓ±os quejidos placenteros debido a la estimulaciΓ³n tan satisfactoria que hacΓa su cuerpo temblar con cada arremetida. El pelinegro sintiΓ³ como su respectivo orgasmo estaba cerca, aquella sensaciΓ³n cosquilleantemente placentera, sus mΓΊsculos cada vez mΓ‘s tensos para moverse y su respiraciΓ³n pesada tambiΓ©n fueron indicadores para el rubio. El cual como ΓΊltimo esfuerzo, volviΓ³ a comenzar a moverse para ayudarlo a conseguirlo, dando saltos duros y bruscos que hacian un sonido similar a palmadas. El orgasmo del mayor sucediΓ³ poco tiempo despuΓ©s.
El pelinegro se liberΓ³ dentro del rubio, dando un gemido ronco y apoyando su cabeza sobre la cabecera del asiento, deteniΓ©ndose completamente mientras con los pulgares acariciaba suavemente su cadera ajena al sentir como el cansancio del orgasmo comenzaba a invadir su cuerpo.
El blondo se acomodΓ³ sobre el contrario, esperando unos largos segundos mientras sus respiraciones se normalizaban juntas. Cuando por fin estaban estables, volvieron a besarse, un beso suave y dulce, donde proporcionaban delicadas caricias al cuerpo contrario. Sus respiraciones eran suaves y calmadas, haciendo que sus pechos pegados se movieran al compΓ‘s y sus corazones latieran de forma aΓΊn algo agitada. De forma suave el mayor saliΓ³ de su interior, el blondo tuvo que intentar contener todo aquel espeso lΓquido caliente en su interior mientras se separaba e iba hasta la guantera por unos paΓ±uelos. Dejando ver al pelinegro la obra de arte que parecΓa haber pintado; con las marcas de sus manos y uΓ±as en su cuerpo, las mordidas en su cuello y parte de su pecho, y los labios mordidos y lastimados por sus propios dientes. Definitivamente estaba a los pies de Gustabo. Lo habΓa marcado, reclamΓ‘ndole de su propiedad, tenΓa su nombre tatuado en todo su cuerpo de una forma mucho mΓ‘s salvaje y apasionada que cualquier trazo de tinta.
El menor se asegurΓ³ de limpiarse lo mejor posible para no ensuciar completamente su ropa y con algunos paΓ±uelos mΓ‘s limpiΓ³ su respectivo abdomen y el abdomen del pelinegro, siendo delicado. Cuando terminΓ³, arrojΓ³ los papeles a una pequeΓ±a papelera que tenΓa en la puerta del auto y de su respectivo pantalΓ³n tomΓ³ la cajetilla de cigarrillos con el encendedor, prendiendo un cigarro mientras se acomodaba sentado justo entre las piernas del mayor, abrazando las caderas contrarias con sus piernas, solamente para aΓΊn mantener la cercanΓa, sintiΓ©ndose a gusto cuando las piernas ajenas se acomodaron como si fuera una especie de nidito para Γ©l, cruzΓ‘ndose justo detrΓ‘s se su trasero y dejandole un huequito.
El blondo dio una calada y le pasΓ³ el cilindro encendido, el cual el azabache aceptΓ³ dando tambiΓ©n una aspirada profunda. Gustabo se alejΓ³ unos instantes y fue de nuevo hasta la guantera, tomando su tableta y colocΓ‘ndose en la misma posicion anterior. EntrΓ³ al apartado "gestiΓ³n de agentes" y buscΓ³ a Trucazo entre toda la malla, entrando en el perfil. Justo antes de lograr dar click para dar el ascenso, su mano fue tomada delicadamente.
βΒΏQuΓ© crees que haces, GustabiΓ±o?βPreguntΓ³ confundido el mayor mientras sus ojos negros se fijaban en el superior.β
βTe doy tu ascenso.βDijo el rubio con obviedad en sus palabras, observandolo.β
βNo quiero un ascenso por tener sexo.βEl mayor se sintiΓ³ algo ofendido, sintiendo que el menor sΓ³lo lo ponΓa al nivel de Isidoro y el resto de gente con la que habΓa estado.β
El rubio lo observΓ³ en silencio unos instantes, seguidamente sonriΓ³ y juntΓ³ sus frentes, observando fijamente los grandes agujeros negros que lo observaban con atenciΓ³n y molestia.
βEl alcalde sΓ³lo permite que los altos rangos patrullen con otros altos rangos.βNuevamente esa sonrisa siniestra se dibujΓ³ en sus labios mientras acariciaba con suavidad la mejilla del contrario.β Aparte, puedes mantenerte estable mientras te cabalgo, tienes la capacidad de hablar a la perfecciΓ³n y no puedo no halagar eso.
Ambos rieron con levedad y seguidamente se besaron con suavidad, disfrutando ahora del sabor a tabaco de la cavidad contraria. El rubio se separΓ³ y dio una calada al cigarro entre los dedos ajenos, soltando el humo al hablar.
βPero para las prΓ³ximas veces consigue tΓΊ los condones, me duele el estΓ³mago por tu culpa.
βΒ‘Gustabo!βGritΓ³ Isidoro alargando la ΓΊltima letra mientras corrΓa por el parking de comisarΓa, acercandose al nombrado.β
Antes de que pudiera abrazarlo, una mano en su pecho se lo impidiΓ³, de la cual el dueΓ±o era Freddy. Isidoro lo observΓ³ incrΓ©dulo durante unos instantes, alzando una ceja.
βΒΏQuΓ© cojones crees que haces?ΒΏquieres que te suspenda de empleo y sueldo, eh?βDijo utilizando "su voz de malandro" mientras sacaba la porra, amenazando con golpearlo con el palo de goma.β
Garcia observΓ³ a Navarro unos segundos, seguidamente hablando de forma autoritaria, cruzΓ‘ndose de brazos.
βΒΏCrees que esa es la forma de tratar a un superior, Navarro?
El nombrado se volteo con confusiΓ³n, observando al rubio, Freddy tuvo que contener su risa.
βΒΏQuΓ© dices, coΓ±ito de fresa?
βLo que oΓste. Alumno Navarro, un respeto hacia el Comisario Trucazo.
Freddy quiso carcajearse al ver el rostro de Isidoro, sintiΓ³ como tuvo que dejar de respirar para contenerla dentro de Γ©l. Isidoro parecΓa no entender al superintendente, como si le hubiera hablado en chino mandarΓn.
βΒΏY no podemos hacer algΓΊn trato para que vuelva a ascenderme?ΒΏun trabajo extra? Hace mucho que no le consiento, Superintendente.βEl tono de Isidoro fue coqueto, despuΓ©s de todo, todo el mundo pensaba que era broma cuando hablaba asΓ. Pero Freddy sabΓa que no lo era, y le molestaba. Les molestaba, a Γ©l y a Toro.β
βNo. Los inspectores se harΓ‘n cargo de ascenderlo o degradarlo, Navarro.
El rubio se dio media vuelta y fue hasta el patrulla, sin interesarle escuchar lo que Isidoro querΓa decirle. Al subir de copiloto se abrocho el cinturΓ³n de seguridad y volteΓ³ a ver al comisario, sonriendo con los labios. HabΓa degradado a todos los alumnos a los que les habia hecho un favor, dejΓ‘ndolos tal y cual estaban antes de ascenderlos. De esa forma tambiΓ©n intentando evitar ser corrupto, y, sobre todo, para que los ΓΊnicos cargos altos en sus horarios fueran Γ©l y su comisario. DespuΓ©s de todo, las noches en el norte eran muy divertidas junto a sus dos novios, y sabΓa que el contrario tambiΓ©n se divertΓa con ellos dos, ya que, despuΓ©s de todo, eran tan compatibles que hasta sus alters tenΓan una quΓmica impresionante.
βFin.








