Destinados (Appleradio)

Summary

“Lucifer descubre que Alastor es un omega, ¿Qué ara ahora?" El olor de hot cakes recién hechos y el de miel de maple invadieron su olfato. Rápidamente desvío su mirada a un punto indefinido, paseando su vista de un lado a otro. Era estúpido el pensar que alguien estuviera cocinando hot cakes a mitad del pasillo, además nadie había usado la cocina recientemente. Entonces no era comida lo que su olfato olía, si no que, ¿era una persona?

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
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18+

¿Alastor es omega?

Siempre intento negar su segundo género, ocultando sus feromonas con aquellos inhibidores; sus vestimentas un poco holgadas para disimular su delgado y esbelto cuerpo, aquellas hombreras exageradamente grandes que utilizaba para aparentar una espalda ancha y fuerte.

El cuello alto de su saco era necesario para ocultar el collar anti-marcas que siempre llevaba puesto. El moño que siempre cargaba, aparte de ser un toque elegante y refinado, le ayudaba en mantener más seguro el que no se notara aquel fastidioso collar.

Él carecía un poco de higiene, no es que no disfrutara el bañarse, pero el asearse no le parecía una prioridad, al día terminaba más de una vez bañado en sangre y viseras de una de sus presas, además, el fuerte olor a sangre ayudaba a disimular más su olor original, así que, ¿qué más da? Un perfume fuerte arreglaba todo.

A ojos de los demás pasaba como un beta de dudosa higiene e inclusive había unos que teorizaban que era un alfa. No por algo era capaz de percibir las feromonas de otras alfas. Un beta con esas características era posible pero eran extremadamente raros, realmente escasos, por ello, muchos se inclinaban a la segunda opción.

Los pecadores al llegar al infierno, no solo su cuerpo físico tenía cambios drásticos, si no que igualmente su aroma se podía llegar a modificar, poco común, pero era posible.El que Alastor haya tenido ese destino era lo más seguro, ¿Por qué no usaba sus feromonas?

Simpe, ¡Él apestaba! El olor tan desagradable a sangre era lo que muchos pecadores creían era el olor a sus feromonas.

Los pocos que se habían atrevido a preguntar, se les contesto con la misma respuesta ambigua:

“puede que sí, puede que no”

Nunca nadie decidió indagar más, unos por temor, otros porque verdaderamente les daba igual.

Alastor había hecho lo imposible para que ningún ser infernal llegara a enterarse de su género, hizo todo lo que estaba en sus manos por mantener esa fachada por años. Todo había sido tan perfecto, tan magnifico, hasta ese día.

……… ………. …….. ………..

Lucifer había tomado la decisión de estar más presente en la vida de su hija, quizás ya no sea una cachorra, pero no podía simplemente dejarla navegar a su suerte. Después de la batalla contra las exorcistas no tenía duda de que el cielo no se quedaría de brazos cruzados.

La noticia de ser un nuevo residente en el hotel fue tomada de buena manera, bueno por casi todos. La cara de disgusto que hizo Alastor había sido todo un poema; su sonrisa desapareció por una milésima de segundo, su ceño se frunció considerablemente y lo que le dio el toque, fue el gruñido de disgustó que no se tomó la molestia en disimular.

Bambi lo odiaba y él lo odiaba, no había duda en ello, y no pensaba darle importancia a algo que no valía la pena.

Llevaba un mes alojándose en el hotel de su hija, un mes haciendo lo mejor como padre e intentando mantenerse al margen las interacciones con el overlord. Entonces sucedió, Charlie le había pedido de favor que fuera hablarle a Nifty.

Habían quedado de acuerdo en que la pelirroja le iba ayudar a preparar unos bocadillos. Charlie no era buena en el área de la cocina, por ello,Alastor se había comprometido a enseñarle lo básico, pero debido a unos asuntos “personales”lo pospusieron. Como no quería que la niña se sintiera mal, ofreció que preparara unos postres y bocadillos con Nifty. Rápidamente Charlie paso de triste a contenta en segundos con aquella idea.

Ahora Lucifer iba por la pequeña secuaz del venado. Su habitación se encontraba inconvenientemente a lado de la de Alastor, esos dos eran muy apegados por eso sus cuartos estaban continuos.

El rey del infierno caminaba de mala gana rumbo a la alcoba que su hija le había señalado, pero a unos metros de llegar, un delicioso olor invadió su nariz. El olor de hot cakes recién hechos y el de miel de maple lo hipnotizaron. Rápidamente desvío su mirada a un punto indefinido, paseando su vista de un lado a otro.

Era estúpido el pensar que alguien estuviera cocinando hot cakes a mitad del pasillo, además nadie había usado la cocina recientemente.

Entonces no era comida lo que su olfato olía, si no que, ¿era una persona?

Dejo que su olfato se agudizara más. El olor era tenue, difícil de distinguir , pero ¡Sí, si era una persona!

Y lo que más le llamo la atención, era un omega. Su alfa interior se estremeció.

Lucifer adoraba los panqueques, desde la primera vez que los probo se convirtieron en su comida favorita y ahora se enteraba que había un omega que desprendía ese olor tan exquisito.

¡Quería conocerlo!

Saber quién era el portador de dichoso olor.¡Definitivamente esto era lo que llamaban destino!

Decidió que su olfato lo guiara y camino rumbo a la fuente donde provenía el olor, pero repentinamente algo obstruyo su cometido, ese asqueroso y repugnante olor de sangre y carne en descomposición.

El cuarto de Alastor se encontraba frente a sus narices. Debía de ser un error, gracias a su hija sabía de antemano que el venado no tenía interés en el sexo o cualquier interacción romántica. Además, dudaba que un omega tan distinguido tuviera interés en alguien como ese lunático.

Como si fuera una señal divina, recordó que el hijo de puta de Alastor era caníbal.

Su alfa interior ardió en colera. Ese malnacido debió de atraer al pobre omega con engaños y ahora planeaba aprovecharse de él.

Con esa idea en mente, el rey no se dignó a tocar, y gracias a sus poderes atravesó la puerta.

Estaba decidido, le daría la paliza de su vida a ese idiota.

Al estar dentro de la alcoba no distinguió a nadie, solo logro ver al venado en estado de descomposición en aquella mesa situada a mitad del pantano artificial. El mal olor era fuerte, pero el dulzor de las feromonas de omega se lograba distinguir. Siguió su paso a donde provenía, el baño.

Nuevamente sin anunciarse entro, no fue difícil distinguir a Alastor. Estaba extremadamente relajado tomando un baño, tenía la guardia tan baja que no se había percatado que tenía compañía.

Un vistazo más y se percató que estaba dormido, mejor para él, primero encontraría al omega y después se encargaría de darle su merecido al pelirrojo.

Lucifer entro en duda, el cuarto estaba inundado en el olor del omega, pero no lograba ver a la fuente del olor, no había nada. Rebusco un poco pero el resultado fue el mismo, nada.

Esto no estaba bien.

-¡Alastor!- Hablo en voz alta, decidido a confrontar al venado. Estaba enojado y el ver la sonrisa del demonio dormido lo irritaba aún más.

-¡ahh!- un inesperado grito salió de los labios del moreno. Realmente lo habían espantado, no se esperaba tremenda intromisión en su cuarto.

El susto fue tal que se hundió momentáneamente en la bañera. Trago un poco de agua lo que ocasiono que una terrible tos lo invadiera.-¡¿Qué… cof.. cof.. diablos?!- Hablo entre tosidos.

Estaba realmente enojado.

-¿Dónde está?- Exigió el rubio. Le daba igual la molesta mirada que le lanzaba el pelirrojo.

-¿Dónde está quién?- Contesto con rapidez, la furia que en ese momento sentía le había nublado la mente. No se puso a pensar que hacía Lucifer en su cuarto y mucho menos le dio tiempo de pensar que estaba desnudo frente al rey.

Paso su mano sobre su frente despejando los mechones húmedos que se pegaban en su rostro. Lo que había sido un baño relajante se transformó en una experiencia desagradable.

-¿Quién más? ¡El omega!- bramo mientras liberaba sus propias feromonas en señal de advertencia.

-¿omega?- Pregunto confundido. Fue cuando olfateo un poco el ambiente y cayó en cuenta que el cuarto olía a él. Se había relajado tanto que había liberado su propio olor.

-no, no, no- Se repetía en voz baja para sí mismo. Tal vez había liberado un poco de feromonas, pero como era posible que el enano lo había olido. Afuera había dejado a propósito su desayuno para confundir a los residentes.

Lucifer no había desviado la mirada del pelirrojo, estaba esperando una respuesta. Logro escuchar sus murmullos, pero nada que le aclarara la pregunta que le había hecho. Estaba listo para una vez más exigirle una respuesta, pero entonces noto un cambio del olor del cuarto. El rico olor de hot cakes se agrio, pareciera que el omega tenía una combinación de enojo y preocupación.

Alastor sintió la insistente mirada del rubio molestando aún más.

-¡¿Qué tanto me vez imbécil?!- Grito mientras se ponía en pie, estaba harto de la presencia del rey en su baño, y estaba listo para echarlo a patadas si era necesario.

Lucifer lo sintió, nuevamente el olor cambio. El enojo era la emoción que reinaba en el omega. Cuando Alastor expresaba sus emociones el olor que tanto le atraía cambiaba y estaba seguro de que no era una coincidencia. El dueño del olor que lo cautivo era de Alastor.

Al descubrir al pelirrojo fue en el mismo momento que este se decidió poner en pie. En ese instante fue cuando el más alto le había regalado un vistazo de su cuerpo completamente desnudo al rubio.

Lucifer pudo ver a detalle el cuerpo ajeno. Sí, definitivamente ese era el cuerpo de un omega, ¡y que omega!

Alastor se dio cuenta que el chaparrito lo estaba ignorando. Se percató que estaba en otro mundo, embobado, ¡sabrá dios con que!

Cuando Lucifer se ruborizo fue que decidió seguir su mirada. Ese preciso momento que deseo que todo fuera una broma, que realmente esto fuera un mal sueño.

-¡Maldito enano pervertido!- Grito a todo pulmón mientras sus manos intentaban cubrir su entrepierna expuesta.

Sintiéndose exhibido y con la brisa recordándole su desnudez decidió regresar a sumergirse en la bañera.

-¡perdón, perdón!- Se apresuro a disculparse el rubio. El sonrojo que antes era mínimo ahora se extendía en todo su rostro hasta llegar a la punta de sus orejas.

Nunca se imaginó encontrarse en una situación como esta, se reprochaba el a ver entrado sin permiso. Bueno no del todo, a pesar de ser Alastor quien era dueño de esas feromonas, para su sorpresa no se había desilusionado, mucho menos ahora que había tenido la oportunidad de ver el cuerpo de bambi de esa manera.

-N-no… sabía que eras omega- Pronuncio con dificultad.

-¡¿Es enserio?!- Cuestiono con enojo. A pesar de estar furioso su sonrisa se mantenía intacta. -¿Acaso no sabes leer la situación?-Pregunto mientras su voz se distorsionaba y la estática invadía no solo su hablar si no que de igual manera se hacía presente aun cuando había guardado silencio.

Lucifer no se inmuto, sabía que el demonio de la radio era fuerte pero no tonto, él no era rival para el rey del infierno y dudaba que realmente intentara hacerle algún daño, ¿Verdad?

-A-a… si… claro- Hablo entre tartamudeos mientras daba media vuelta para ya no mirar la desnudez del pelirrojo.

-¡Definitivamente eres estúpido!- Hablo con irritación, se esperaba que el rubio entendiera la directa y saliera del cuarto, no que simplemente se volteara y fingiera que estaban cómodamente tomando té mientras hablaban tranquilamente una tarde soleada.

-perdón- Por cuarta vez en el día se había disculpado con el venado.

Lucifer estaba aturdido, una parte de él quería actuar como normalmente lo hacía con Alastor; contestarle, renegarle e insultarle, pero otra parte estaba en contra, sabía que estaba actuando mal, él era el que había violado la privacidad del demonio de la radio. No quería admitirlo, pero esta vez Alastor tenía derecho de actuar de esa manera.

Además, una parte de él quería actúa diferente con el pelirrojo, desde que olio su aroma empezaba a tener otra visión del demonio de la radio que creía nunca pasaría.

-Simplemente sal- El disgusto todavía se podía escuchar en su exigencia, pero ya no había levantado la voz, lo menciono con tal tranquilidad que pareciera que toda su energía se había agotado. No era para menos, el idiota más grande del infierno había descubierto el secreto mejor guardado que había tenido en toda su existencia tras su muerte.

-¡Sí!- Afirmo rápidamente lucifer mientras habría un portal al pasillo. No quería contradecir a Alastor, tenía muchas dudas, pero no creía que fuera buena idea molestar al omega.

Al salir por fin de la alcoba del pelirrojo sintió como nuevamente la sangre se le subía a la cabeza, ¡por satán! ¡¿Qué diablos había sido eso?!

¿Alastor era omega?

¡ALASTOR ERA OMEGA!

¿Cómo era eso posible?

El pelirrojo era un grandísimo idiota narcisista que no tenía corazón. Siempre creyéndose el mejor. Un hablador de primera que se sentía superior a los demás pero que al final simplemente era un perdedor, su pelea con Adán lo demostró, solo era un vendedor de humo.

Bueno ahora que lo pensaba bien, había sido la pelea de una simple alma humana, un pequeño omega contra un alfa con cientos de años de experiencia en pelea, si lo viera de esa manera si le parecía un poco injusto. El pelirrojo sí que lo había dado todo en la pelea.

Aun así, nunca se imaginó tal escenario, como alguien como Alastor podía ser un omega, no solamente era lindo si no que su aroma era tan exquisito. Si le quitara la sonrisa espeluznante que siempre lo acompañaba y la actitud de mierda que se cargaba podía ser un omega perfecto, el omega de sus sueños.

¡¿ El omega de sus sueños?!

De tan solo pensar aquella estupidez su alfa interior se emocionó. Definitivamente esto no pintaba bien, no le gustaba el rumbo que estaba tomando las cosas.