Nuestro Amigo Mutuo
Las trompetas resonaban por todo el lugar, las parejas lucían felices en sus atuendos esplendorosos. La música se adueñaba de todo el lugar esperando ser el centro, y por ahora, parecía cumplir su cometido. El cielo ocre ensueño llamaba a los demás a aligerarse de ropa para irse ya a sus casas, las botellas se escondían de a poco en torno a una alarma fiable ya de la policía. Las personas hacían caso con cautela aguantando sus risas, la banda ahora tocaba una melodía suave despidiendo a la acaudalada visita.
Las calles se vaciaban de a poco, al igual que nuestra perspectiva de aquel bar prohibido. La aterciopelada voz se acercaba junto con los pasos de un joven castaño que caminaba por aquellas calles que yacían ahora oscuras, una puerta de fierro deslumbraba una pequeña, pero llamativa ventanilla de la cual se dejaron ver unos ojos caídos y cansados, estos observaron con detención para dar con aquel joven de mirada perspicaz. La ventanilla se cerró con fuerza, para luego poder ver el interior de aquel escondido lugar.
- He tenido demasiados problemas desde que la policía descubrió ese restaurante de enfrente -sus pasos parecían adormilados, sus pies solo se arrastraban por el suelo mientras arreglaba su cabellera - Los idiotas nunca saben guardar la compostura
- Buenas noches, mi amigo - el más alto paso el brazo por el hombro de su contrario - Pareces más cansado de lo habitual. Dormir 12 horas al día no te hará despertar mejor, no eres un gato - el castaño rió con entusiasmo.
El contrario parecía no prestar atención a sus palabras, ya estaban acostumbrado a sus disparates y a su falta de control sobre los demás, tomó una de las copas de vino picadas para luego verter el vino de todas las noches sobre esta, su mano sostenía con cuidado la copa tratando de no hacer notar la picadura en aquel cristal. El joven frente a él la tomó observando el liquido a contra luz notando este pequeño desperfecto, sintiendo como su sonrisa se ampliaba, bebió aquel vino oscuro para luego pasar a llevar sus labios contra el cristal roto sintiendo como la sangre ahora se mezclaba con el vino.
- Tus vinos cada día saben mejor - el cantinero frente a él miró con repudio mientras dejaba la botella junto a él - Como se nota tu depresiva apariencia cuando los jugadores constante de póker no vienen para aposar descaradamente
- Tus labios - entregó un pañuelo al castaño quien lo observó intrigado para luego reír
- Oh no, no desperdiciaría este elixir en un pañuelo, pero se agradece la intención
Ambos permanecían en un silencio perpetuo mientras escuchaban la radio sonar por el interior de la sala. Poco duraría esta paz al sentir como la puerta era golpeada tres veces en intervalos de corto tiempo. Ambos miraron hacia la puerta, esta había sido golpeada para quedar en pleno silencio, quien yacía detrás de la barra observaba extrañado, tomó uno de los fierros y lo puso junto a su espalda como si alguien pudiera observar a través de la metálica puerta que protegía una delicada puerta adornada con vitrales.
- Qué agresivo, Husk ¿Qué acaso no pueden ser uno de tus compañeros de juergas?
- Tú cállate ¿Quieres? - se acercó al contrario quien sonreía entretenido - Y límpiate, que si es un cliente no quiero que lo espantes con tu extrañeza
Husk abrió la ventanilla dejando al castaño con la intriga
- ¿Se te ofrece algo? - permaneció en silencio unos segundos para luego dejar el fierro en el suelo.
Se separó de la puerta cerrando la ventanilla lentamente para abrir ahora la pesada puerta, unos zapatos azules con detalles blancos se asomaron, acompañado de una vestimenta elegante, un traje semiformal azul marino con líneas delicadas blancas acompañado de un chaquetilla del mismo tono con botones semi brillantes, de sus hombros se distinguían entre sus cabellos castaños unos broches dorados que dejaban unas tiras cortas caer mezclándose con aquella cabellera.
- Buenas noches - la castaña asintió y dio paso adentro de la sala observando con detenimiento su al rededor
- ¿Qué te sirvo esta noche? - Husk se escondió detrás de la barra para mirar a quien yacía frente a él, ella había tomado una posición lejana a Alastor quien se concentraba en la música
- Vino, solo eso. El más liviano que tenga por favor - parecía educada, pero sus movimientos eran toscos. Husk tomó una de las copas buenas que tenía, era la primera vez que la veía allí y necesitaba mantener clientes, Alastor era su cliente más fiel, pero extrañamente no el mejor atendido. La copa llegó a las manos de ella, sin siquiera observar la densidad del vino lo vertió en sus labios sintiendo el dulzor - Muchas gracias
La música resonaba por toda la sala inundando con la melodiosa voz de una mujer contando tristes historias de amor. Ahora no era solo la música lo que inundaba el salón, sino que el olor a cigarrillo, Alastor abrió los ojos con lentitud para mirar a su lado por fin dando con la origen de aquel olor, ahora solo observaba a la mujer quien se encontraba sentada bebiendo vino y dando largas caladas a sus cigarrillos, ella miraba hacia las luces de arriba para luego inclinar su cabeza levemente dando con la figura del castaño quien la observaba, ella sonrió de forma ladeada. Su cuello era sutilmente largo, sus ojos eran caídos acompañados de un delineado muy sutil y su cabellera caía por sus hombros. Alastor quien ahora había observado parte de su forma intentaba no ceder ante sus impulsos agresivos, sintió que aquel cuello estaba hecho para ser estrangulado ¿Cómo sabrá? se preguntó a sí mismo pensativo. Husk pudo notar esta lenta transición en que la mujer volvía a ignorar la persona de su lado
- Oye ¿Puedes ser más su... - sus palabras fueron interrumpidas por las acciones de Alastor quien se encaminó hacía ella
- ¿Podría robarte uno? y tal vez si me lo permites mañana te lo devuelva - la castaña rió sorprendida
- No hay problema - extendió uno de los cigarros hacía él - _____, ese es mi nombre
- Alastor - sonrió y se sentó más cerca de ella sintiendo el perfume que emanaba - Y ¿Qué haces aquí? Dicen que en frente hay mucha más clase - la sonrisa de ella se desvaneció por un segundo
- Podría preguntar lo mismo. Sin embargo, no quiero ir a un lugar tan saturado, prefiero la tranquilidad
- Es una lastima, me hubiera gustado invitarla a bailar
- No me malinterprete, sería un placer - se levantó de su asiento dejando el dinero bajo la copa que ella misma había ocupado - Solo que hoy no
- Entonces la esperaré otro día, querida - su sonrisa se amplió dejando una mirada complacida en ella, antes de retirarse por la misma pesada puerta
- Buenas noches, señores - exclamó antes de retirarse hacía la oscuridad de la noche
- Mi buen amigo, Husk. Creo que tengo cosas que hacer, así que no...
La mano de Husk apretó con fuerza el cuello de la camisa de Alastor quien sonrió esperando aquella respuesta
- Si vas a matar a alguien, no quiero que sea alguien que acaba de salir de mi bar - parecía más molesto que de costumbre - Este negocio esta bastante muerto para que vengas tú y literal lo aniquiles. Tienes miles de personas para matar, escoge a cualquier idiota que salga de ese restaurante, espéralo lo suficientemente lejos o no sé
- Oye, el asesino soy yo - Husk se quejó por lo bajo soltando el agarre - Me has dejado una difícil tarea, pero cumpliré con tu único pedido - Alastor tomaba su postura para jurar frente a él mientras sus dedos por detrás se cruzaban con una maliciosa idea
- Quisiera creer, eres simplemente insufrible - su compañero se giró para mirar las botellas que adornaban la vitrina, suspiró con pesar - No me interesa que lo jures quiero que lo hagas - su voz se fue apagando a medida que veía como la puerta del local se cerraba lentamente indicando la salida de aquel locutor de radio - ¡Mierda! - exclamó golpeando la mesa haciendo que las copas tiritaran por un segundo
Pov Alastor
Las calles habían oscurecido lo suficiente, las luces parecían más tenues que ayer, la música del restaurante de enfrente resonaba con fuerza lo cual era una excelente señal si quería cumplir con su cometido. Desde la lejanía vio la figura de aquella mujer junto con el sonido constante de sus tacones.
“Mala noche para usar esos zapatos querida”
Apresuró el paso con gracia y sutileza para llegar lo más cerca a su espalda y poder golpearla con fuerza para aturdirla, cada vez se sentía más cerca de aquel cuello escondido detrás de aquella cabellera, sentía como su salivar aumentaba y la sensación de éxtasis venia con ello.