Prólogo
Desde tiempos remotos todo ser vivo siempre se ha sentido atraído por aquello que no está al alcance de su mano. Parece como si lo prohibido se revistiera de un halo de atracción irresistible para nosotros. En el fondo es una manifestación, digamos casi natural, que tenemos las personas por matar la curiosidad y por conquistar la libertad.
Desde el momento en el que nacemos, se nos van imponiendo límites morales, éticos y sociales. Desde niños, nos van enseñando lo que podemos y lo que no podemos hacer. Son los padres, quienes primero marcan ese camino y van delimitando esas líneas rojas, que no podemos traspasar. Después la sociedad sigue sumando límites en esa lista de prohibiciones.
Nuestra propia condición como seres vivos es la que nos empuja a experimentar aquello que se nos niega porque necesitamos conocer lo desconocido y valorar sus consecuencias. Transgredimos las normas para sentir “en primera persona” sus consecuencias. Es el único modo que tenemos de repetir o renunciar por voluntad propia a actividades prohibidas, si éstas resultan o no realmente dañinas para nosotros.

—Bien chicos... —cierra el libro—. Retomaremos esto en la siguiente clase.
—¡Si profesora! —todos los alumnos responden.
—Pero... —su voz se puso seria, llamando la atención de sus alumnos.
Todos los chicos se detienen en seco. A tan solo pocos centímetros de la puerta donde serian libres, listos para disfrutar su fin de semana.
—Los dejare una pequeña actividad, chicos —les sonríe a sus alumnos.
—¿¡Qué!? —al unisonó gritaron.
—Vamos. Es sencillo —toma un gis de la pizarra y empieza a escribir en el pizarrón.
¡¡Diviértanse al máximo!!
—Esa sería su actividad, mis queridos alumnos —la profesora solo sonreía—. Se han esforzado bastante, así que no habrá tarea.
—¡¡Muchas gracias!! ¡¡Profesora Vermillion!! —decían las chicas.
—¡¡Es un ángel!! —gritaban los chicos.
Los estudiantes se reiteran del aula. Y por la ventana observa como ellos salen de la universidad llenos de emoción, pues era evidente, fin de semana, sin tareas o actividades. Escenario o momento de divertirse sin asuntos académicos.
Recoge sus para irse del salón e ir a casa, pero alguien la detiene en la entrada.
—¿Cómo estuvo tu clase de hoy? —pregunta una mujer de cabello plateado.
—Tranquilo. No me quejo —empieza a caminar con aquella mujer—, son buenos estudiantes. No hacen ningún alboroto, Noelle.
—Te envidio, Mimosa —suspira pesadamente.
Este acto hace reír a la peli naranja, y después a la peli plateada.
—Te cuesta mantenerlos a raya ¿verdad? —pregunta Mimosa.
—Si, pero hay la llevo —sonríe—. Tome esta carrera y puesto para ayudar en crear personas que formen una cadena de ayuda mediante la psicología.
—Es muy generoso de tu parte, Doctora Noelle Silva —contenta ante el comentario de su amiga.
—¿Y tú? ¿Por qué elegiste la filosofía, Mimosa?
—Porque la filosofía crea vínculos y fomenta el dialogo intercultural como el arte, religión, historia y cultura —suspira al ver unas pinturas entre los pasillos de la universidad—. Ayuda a aprender y a estar cerca de nosotros mismos y del mundo.
—Suena... Algo complejo ¿No lo crees, Doctora Mimosa Vermillion? — comenta con gracia.
—Puede ser... Pero es un mundo increíble.
—Comprendo —la toma de sus hombros—. Cambiando de tema. Como es fin de semana ¿Quieres venir con nosotras a tomar algo esta noche?
—No lo sé —indecisa estaba.
—Vamos, Mimosa —animándola—. Trabajas mucho, y no está mal, pero debes de darte un respiro.
Mimosa se puso pensativa. Tal vez si deba ir a divertirse, se pasa las noches en casa. De vez en cuando sale, pero de esas veces la mayor parte son por el trabajo.
—Tienes razón —reflexiono—. De acuerdo, Noelle. Noches de chicas será—. Aceptando finalmente.
—Excelente —abraza a Mimosa—. Además, puede que alguien se fije en ti.
—Lo dudo mucho —un poco incomoda.
—¿Quién sabe?... Todo puede pasar.
Llegaron al estacionamiento. Cada una se sube a su auto, pero Noelle antes de partir, le dice dónde y a qué hora se verán. Si más, se despiden para irse preparando para su“Noche de Chicas”.
Mimosa conducía de lo más tranquila. Por la ventana de su auto ve la ciudad o lo que podía ver ella, ya que la lluvia llego. Las calles invadidas por las gotas de agua. La gente corría en busca de un lugar para cubrirse. Otros solo sacaban sus paraguas.
Ver la lluvia para la peli naranja era relajante. Su expresión mostraba una nostalgia...
Se encontraba ya en las afueras de la ciudad. Seguía conduciendo directo al bosque. Se desvió de la autopista, tomo otro rumbo que la lleva a las profundidades del bosque donde se visualizaba una casa.
—Hogar... Dulce hogar —sonríe al estacionarse enfrente de la entrada—. No hay nada mejor que estar en el bosque. Tranquilidad, sin contaminación.
Sale de su auto rápido debido a que aún sigue lloviendo. Una vez dentro. Se quito sus zapatos y los dejo cerca de la puerta.
—Mike... Miné... ¡Ya llegué!
Unos pasos se escuchan, provenía de las escaleras, y ella ve a sus dos perros, que corrieron hacia su dueña.
—Mis niños —los acaricia—. Mami igual los extraño. Vengan les daré de comer.
La noche llego, la peli naranja estaba en su curto arreglándose el cabello. Minutos después, ya estaba preparada. Dejo de llover hace unas horas, pero decide llevarse un abrigo y su paraguas por si las dudas.
—Mine. Mike —llama a sus mascotas y ellos corren hacia ella—. Les deje ya su comida. Pórtense bien. Mami se ira por un rato. Bye.
Sus perros ladran, a lo que ella lo toma como“Si, mamá“.Se despide dándoles una sonrisa. Toma sus llaves y va a su auto.
Tardo media hora en llegar al punto de encuentro que Noelle le indico. Y efectivamente, ve a su amiga plateada junto con otra de sus amigas que también, la vieron a ella en su auto. Mimosa baja para ir con ellas que están cerca de la entrada de un bar.
—Hola chicas. Una disculpa por la demora —un poco apenada—. Tenía que dejar unas cosas antes de salir.
—No te preocupes, Mimosa —hablo una peli negra de cabello corto azul oscuro—. Igual apenas llegamos.
—Comprendo —sonríe para as dos.
—Igual digo lo mismo —comenta Noelle—. Tuve que ver un asunto en mi casa antes de venir aquí. – Un poquito nerviosa estaba.
—¿Estás bien? —pregunta la peli negra—. Te pusiste algo nerviosa.
—Ha de ser tu imaginación, Secre —responde un poco sonrojada—. Mejor vayamos a divertimos. La noche es joven.
Las tres entran al bar. Al dar el primer pie del establecimiento los hombres de ahí con o sin pareja voltearon a velas a ellas tres. Aquellas mujeres con sus acompañantes se enfadaron y otras les dieron un golpe por estar viendo al grupo de amigas en vez de ellas.
En cambio, los hombres solitarios que estaban en la barra o en mesas con sus bebidas solo las miraban de pies a cabeza. Eran como leones que acechaban a sus presas para poder complacerse en su apetito abundante del deseo íntimo. Sin embargo, al ver que dicha presa se va, escapa de sus garras, ven a otra mucho mejor, jugosa, grande, etc.
“¿Cómo se llaman?”
“La de cabello naranja tiene buen par.”
“Esa chica de cabellera plateada es una diosa.”
“La de ojos rojos... No esta tan mal... Le falta más carne de arriba, pero es bella.”
Uno de tantos pensamientos de aquellos hombres al ver al grupo de amigas tan hermosas que están en la barra conversando en lo que esperan sus tragos.
—Hace mucho no me reía así —decía Noelle entre risas con su trago en mano.
—De vez en cuando no está mal en darnos el lujo de salir, tomar —comenta Secre.
—Sin duda alguna... —tomando de su cerveza Mimosa—. Fin de semana, entre amigas y beber con libertad... ¡¡Es lo mejor!!
Aquellos tragos, hicieron que las mejillas se tornaran de color rosa. Risas y risas de parte de ellas era lo que se escuchaba del trio de amigas. Sin embargo, un hombre que estaba cerca de ellas se levanta de su asiento con su trago en mano.
—Hola señoritas —les habla amablemente—. Sus voces y risas captaron la atención de muchos, al igual que la mía.
—¿De verdad? —pregunta Secre.
—De verdad, hermosa —acercándose a las tres—. No solo por sus risas me cautivaron, sino también por su gran belleza. Honestamente me encantaría pasar la noche con ustedes ¿Qué dicen, preciosas? —propuso el tipo.
—Que tierno... Nos alagas —hablo Noelle—, pero...
—Es nuestra noche... Es noche de amigas... Noche de chicas —explico la peli naranja—. Así que rechazamos tu propuesta. Se buen caballero y déjanos en paz, por favor.
—Vamos encanto —tomando la mano de Mimosa—. No te vas a arrepentir... Las tres no se van a arrepentir —les hace un guiño—. Nos vamos a divertir mucho... Felices los cuatro.
Justo cuando Noelle y Secre iban a intervenir. Mimosa cerro su puño para darle un golpe en el abdomen haciendo que el hombre se doble del dolor, pero la peli naranja no se detuvo. Le dio una patada en la entre pierna a lo que este cayo del dolor.
—Si una mujer dice que no —vuelve a su asiento—. Es un no definitivo, idiota ¡Hmp!
—¡¡Eso Mamona!! —sus amigas le gritan con emoción por lo que hizo.
Las mujeres del establecimiento se sorprenden de lo que hizo nuestra querida peli naranja. Unas empezaron a aplaudir. En cambio, a los hombres que se les quedaron viendo y con intenciones de pasar la noche, sintieron escalofríos. Se les fueron las ganas de ir con ellas.
Tras tal suceso, el grupo de amigas se marchan del bar. Se van al parque está cerca.
—Necesitaba un poco de aire fresco —comenta Mimosa.
—Y que lo digas —suspira profundamente Noelle—. Al principio se puso divertido, pero...
—Los hombres de ese lugar nos devoraban con la mirada —un poco molesta agrega Secre—. Y apuesto que había uno que otro divorciado o infiel.
—Los hombres de ahora solo nos ven como presas... Al acecho para saciar su deseo sexual; caes con palabras dulces, unos tragos, vamos a su casa, otros tragos y al final a la cama —agrega Noelle.
—Ya no hay hombres buenos —Mimosa habla—. Y no sean mal pensadas —viendo cómo se ríen un poco—. Me refiero a que solo ven el exterior... No ven más allá de lo físico.
—Como dije, para los hombres, solo somos presas... Unas muñecas para sus jueguitos sexuales —reitera Secre.
—¿Alguna de ustedes se topó con un buen hombre? Que sea todo lo contrario —con intriga cuestiona Mimosa a sus amigas.
—No —inmediato responde la peli negra—. Hasta ahora no me he topado con alguien que no sea calenturiento y machista.
—Igual —suspira pesadamente la peli plateada—. No hay un día que salga de mi casa sea por el trabajo, por ir al mercado o cualquier otro sitio.
—¿Qué me dices tú, Mimosa? —pregunta Secre.
Ella se quedó viendo el cielo estrellado por unos instantes. Suspira profundamente.
—Si... —contesta mientras ve la Luna—. Conocí a alguien realmente increíble. Para ser sincera, ese hombre fue el primero y hasta ahora el único en que experimentara lo que es el amor.
—¿Qué sucedió entonces?... —curiosa pregunta Noelle—. Si te hacía sentir realmente cómoda que...
—Es algo que no me gusta hablar —aclara Mimosa—. Solo puedo decir que el dejo una huella en mi corazón.
Esto último lo dijo con una sonrisa, pero no cualquier sonrisa, sino una sonrisa nostálgica.
—El primer amor nunca se olvida —comenta Secre viendo de frente el camino.
—Escucha Mimosa —coloca su mano en el hombro de su amiga—. Hay amores que duelen, que cambian y hacer que deseemos o no volver a enamorarnos.
Dichas palabras conmovieron, animaron a la peli naranja. Sonríe. Agradece el tenerlas como amigas... Mejores amigas.
—Gracias chicas —las abraza a las dos—. Las amo... Las amo tanto... Son las mejores.
Tras ese momento, Noelle se retira. Mimosa la detuvo ya que, de las tres, ella fue que tomo un poco más, a lo que la peli plateada dijo que estaba bien. Al final ella la dejo ir, no sin antes que le mande mensaje cuando este en casa, así estaría tranquila.
En cuanto Secre, pide un Uber. Mimosa espero con ella a que llegara. Diez minutos se tardó. Ella se subió y partió a su hogar. Mimosa se quedó sola bajo la noche, en el parque. Regreso donde dejo su auto.
Subió y empezó a conducir a su casa. Desde que se quedó sola, regreso su auto, y en estos momentos, hay algo en su cabeza que está presente con lo dicho de sus amigas.
“Hay amores que duelen, que cambian y hacer que deseemos o no volver a enamorarnos.”
Sin duda alguna, el amor es un sentimiento puro, poderoso, pero a la vez misterioso. Nos impulsa... Nos motiva... Nos cambia la vida. Es inevitable no caer antes sus efectos.
—“¿Por qué pienso esto ahora?”
Froto sus ojos suavemente. Se sentía cansada. Los parpados les pesaban ya, y aun no estaba cerca de su hogar.
—No debí tomar esa última cerveza —se quejaba—. Tengo sueño...
Bosteza. Poco a poco empezaba caer ante el suelo. Trataba de pelear contra el sueño ya que está conduciendo.
Por todo el esfuerzo que daba, se rindió. Su cara se puso en el claxon. El auto se desvió hacia el sentido contrario de la carretera donde un auto con su claxon le advertía.
En el último minuto, Mimosa despierta. Reacciona y gira el volante para evitar el choque. En cambio, al otro conductor igual se desvió, pero este choco con un árbol. Esto lo visualizo la peli naranja en su retrovisor.
—No puede ser —baja del auto y corre hacia donde choco el otro.
En cuanto llego lo saca del auto con dificultad y lo recuesta sobre el suelo. Recupero un poco el aliento, ve el rostro de la persona herida. Abrió grande los ojos...
—E-es... Im-imposible...
Ve el rostro de esa persona la dejo en shock. Sus manos empezaron a temblar. Sus ojos empezaron a cristalizarse... Un nudo en la garganta sentía...
Voltea a su alrededor. No había nadie, ni autos acercándose. Coloco sus manos sobre su pecho.
—Benedictio Matris Terrae—en voz alta dijo esa frase extraña.
Las manos de Mimosa desprendieron una luz verde en el pecho del hombre herido. Se esparció por todo su cuerpo, cubriéndolo en su totalidad.
Aquel herido empezaba a despertar. Se sentía cálido esa sensación en la parte de su pecho. No. En todo su cuerpo. El dolor que sentía desaparecía. Sobre todo, que podía oler un aroma... Como su estuviese cerca de un campo de flores.
Abre poco a poco los ojos. Ve borroso, pero notaba que había una figura que al parecer tenía ¿Alas?
—Tranquilo —quita sus manos del pecho del hombre para después sacar su teléfono.
—“El dolor desapareció, pero...” —trataba de levantarse el peli negro—. “Me siento débil...”
—Ya viene la ambulancia, no te preocupes —guarda su teléfono y se agacha para estar cerca del peli negro.
—¿Quién... e-eres? —cuestiona que empezaba a recuperar la vista.
Mimosa escucho la sirena de la ambulancia que se aproximaba. A lo que esta puso su palma en la cabeza del peli negro.
—N-no soy nadie —toca con su frente. –Somnus
Este cierra los ojos, pero antes de eso, vio unos cabellos naranjas que rozaron cerca de su nariz y era ese aroma a flores... La peli naranja se levantó y se dirige a su auto donde se topó con los de la ambulancia. Ella les indico que está ahí cerca de un árbol inconsciente. Se apresuran en ir por el herido.
Mimosa se va en su carro antes de que hagan cuestiones. Por su retrovisor ve como ese peli negro lo llevaban en la camilla y subido a la ambulancia.