Capítulo 1
— Len pov —
Cubrí mis oídos con fuerza, pero el estrepitoso sonido de mi maldito celular no paraba, me maldecía por no verificar que lo había silenciado correctamente la noche anterior; incluso la tonta vibración lo hacía más difícil de ignorar. ¿Por qué active el sonido solo para huir de esa loca? Ugh, ahora es cuando odiaba todo.
Que molesto era.
Volteé a ver el reloj, que estaba sobre la mesita de noche, y me di cuenta que apenas eran las cuatro de la mañana. ¿Qué idiota llama a las cuatro de la mañana? ¿Acaso es tan egoísta en no pensar en el descanso de alguien más?
Sonreí cuando el celular dejó de sonar, suspiré con tranquilidad y volví a acomodarme para dormir, pero esa persona era tan egoísta al volver a llamar. Gruñí de rabia por su estúpida insistencia y mi rencor creció aún más cuando el cuerpo de mi lado comenzó a moverse, se tapó la cabeza con las sabanas para ahuyentar inútilmente el ruido.
Bufé. No tuve otra opción que levantarme para no arruinar el momento. Agarré el tonto aparato y colgué la llamada mientras buscaba mi ropa. Me puse mi pantalón y corrí hacia el pasillo cuando volvió a sonar el celular.
— ¿Hola? — Contesté ocultando mi molestia. Me apoyé en la pared del pasillo y observé la puerta asegurándome de que ella no saliera por curiosidad.
— ¿Len? — Menciona sorprendida cuando me escucha, como si esperara que alguien más lo hiciera. —¡Len! — balbucea con firmeza para enfrentarme. — ¿Dónde estás ahora mismo?
— ¿Pasó algo? — Fingí preocupación al poner los ojos en blanco. Saqué la lengua de asco por esa actuación. — Vi las llamadas perdidas hace unos segundos. Estoy en casa junto con mi hermana, ¿por qué?
— Ah, ¿en serio? — preguntó fingiendo terriblemente la sorpresa. — Que raro. Llamé a Rin hace unos minutos y me dijo que tú no llegaste a tu casa en todo el...
— ¿Llamaste a mi casa? — La interrumpí sin ocultar mi enojo en mi voz. — ¿Me puedes decir quién te dio el número de mi casa, Momo? Qué raro, ¿acaso olvidé que te di el número o tú eres una horrible persona que me espía? Porque yo no recuerdo aceptar salir con una loca obsesionada.
Se calló por varios segundos, mi enojo aumentó.
— Eres una egoísta. No quiero que te acerques a Rin, ni a mis amigos, ni a mí. A nadie.
— Lo siento, Len. Es sólo que Rin me la entregó, y...
— Felicidades, Momo. — Volví a interrumpirla con un tono de alegría. Ignoré completamente sus ruegos. — Eres soltera de nuevo. Dime, ¿qué harás al ser soltera por no confiar en las personas?
— No dudé de ti, sólo...— Dice intentando controlar su voz.
— No te vuelvas a acercar a mi hermana. — Colgué la llamada antes de bloquear ese número.
¿Por qué todas las chicas con las que salía tenían que recurrir a Rin? Qué asco daban.
Suspiré. Diablos, ese tonto tenía razón, debí terminar con Momo la semana pasada, pero era tan linda. Me encantaba su cuerpo, sus curvas, sus gemidos, su manera de... Sacudí mi cabeza al pensar en esos momentos. ¿Por qué tenía que cometer ese error? Ay, Momo.
— Len. — Me llamó ella desde su habitación. Sonreí al tener otra compañía.
Abrí la puerta lentamente y la vi recostada en la cama mientras ella intentaba arreglar su castaño pelo despeinado en una inútil cola de caballo de lado. Me acerqué a ella mientras sus ojos miel me seguían. Estiró su mano hacia mi cara y me acercó para que la besara. Sonreí en mi interior por ese gesto.
— Rin me llamó por una estupidez. — Dije mientras se aferraba a mi cuello con sus brazos.
— Eres un mentiroso, era otra persona. Te escuché.
— Era mi exnovia. — Me besó con fuerza. Correspondí felizmente a ello. Me acomodé cuando sus piernas intentaron aferrarse a mi cuerpo. — La sabana, Sasara...
Alzó la sabana como una invitación para que entrara a su lado y acepté gustoso para continuar. Peiné su pelo hacia atrás fingiendo admirar la punta de su pelo color rosa y la besé interrumpiendo sus palabras de: “Te quiero”.
— Yo también. — Le murmuré al estar encima de ella. — Me vuelves tan loco.
Ni siquiera presté atención a lo que me respondió. Solo me concentré en ese sentimiento de tranquilidad y dispersión. Era tan satisfactorio sentir... El control. No me importaba lo que dijera, mientras sea mi distracción, seré feliz.
Puedes disfrazarme de lo que más te guste.
— Tn pov —
—Claro, panquecito. Será un gusto recibirte para comerte completito. —Dije casi gritando de la emoción al verlo rodeado de chispas de chocolate.
—____ es hora...
— Tienes razón, panquecito.— Interrumpí su voz grave como un guerrero. Asentí con la cabeza aceptando el inevitable destino. Sonreí. —¡Ya es hora de comerte!
En cuanto vio los cubiertos que tenía en la mano, el gran postre salió corriendo espantado hacia el bosque de caramelo dejando un rostro de polvo detrás. Miré mis manos sorprendida de tener unos cubiertos de repente. Bueno... ¡No iba a quejarme de esta ayuda del dios muffin! ¡Muchas gracias!
Corrí para cumplir con el gran destino que me fue otorgado. Vi cómo el panquecito se ocultó detrás de un arbusto de dulce amarillos y gomitas de oso.
—¿Dónde estará?— Fingí acercándome sigilosamente al arbusto, —Oh, panquecito, ven a mi panquecito, mientras más chocolate contengas, más deliciosa será la masa.
Sonreí al ver su elegante cubierta de chocolate. Tragué con fuerza y me preparé para comerlo.
—No, ___...— Susurra apenado. —Es hora de ¡DESPERTAR!
Se volteó hacia mí con la boca abierta para comerme. Grité con todas mis fuerzas al ver como su boca se estiraba como el de una... ¡Serpiente! ¡Intenté correr de esa oscuridad, pero la oscuridad me envolvió! ¡Ayuda!
Abrí mis ojos al dar un sobresalto. Lo primero que sentí fue mi corazón latiendo con pánico esperando que mi alma regresara a mi cuerpo. Es normal... ¿Que panquecito tenga el estómago como una habitación? ¡Oh, no! ¡Seguramente soy una prisionera y panquecito aprovechó todo para dominar el mundo!
Seguro me torturará por querer comer su delicioso glaseado. ¡Debo escapar! Me senté sobre la cama y miré la ventana. ¿Era de chocolate blanco? No importa, dientes no me fallen ahora.
—___, te dije que despertaras. — Escuché detrás de mí.
Me paralicé.
—¿Ba... Banqueshito, ebes tú?— Pregunté con miedo. ¡Me va a comer viva!, ¡ni siquiera me he enamorado de un chico!, ¡ni siquiera he tenido la oportunidad de luchar por un postre! ¡Auxilio!
¡Oh Santa María de la Papaya!, ¡debo correr! No, espera, primero de elaborar un plan. ¡No! ¡Primero debo correr! En las películas siempre corren y después piensan. Bien, lo golpearé con... eh... miré todo mi alrededor. Con el lápiz que estaba usando para mis prácticas de matemáticas. Si, un lápiz, no hay arma más temeraria.
— Pero, ¿qué dices? — Espera, yo conozco esa voz. Volteé a verla y la encontré con una toalla sobre los hombros mientras reía. Sentí como mis mejillas se calentaban de la vergüenza. — Vamos levántate, esa almohada no es el desayuno que te preparé. — Me señala y se va llamándome con la mano.
¿Almohada? ¿Desay... Cuando lo noté, escupí la almohada de panquecito que tenía en la boca, al igual que las pelusas que tenía en la lengua. ¡Ah, tiré a panquecito! Alcé mi querida almohada y la dejé sobre mi cama.
— No fue mi intención lastimarte, es que no cené anoche porque pensé que mi tía llegaría temprano.
— ¡___! — Gritó mi tía desde la sala. — ¡Vámonos!
Mi consciencia me regañó mientras preparaba mi ropa para tomar una ducha, agarré esa bola de ropa y la arrojé en el suelo en tanto me desvestía para entrar a la regadera. Cuando sentí el agua caliente sobre mi cuerpo, sonreí por esa tranquilidad y agarré el cepillo de dientes para distraerme unos minutos.
—Es un honor para mí, crear al primer panquecito viviente del mundo. —Hablé como su el cepillo fuera un micrófono. — Pueden comerlo ya que es de dulce, pero no creo que nadie lo haga, eso sería horrible. No creo que sean caníbales... Aunque algunos animales comen a su especie... Pero no somos animales, pero somos mamíferos. — susurré fingiendo mirar a un público de miles de personas. Carraspeé la voz. — Creo que debemos apreciar cada vida de este mundo sea artificial o natural. — mencioné con una gran sonrisa. — Gracias, gracias, sigan admirando la belleza de mi panquecito por favor. Gracias. — hice reverencias al escuchar aplausos imaginarios.
Gracias por darme el lujo de comer el desayuno de mi tía Meiko, murmuré en mi mente al adorar los huevos revueltos sobre la mesa. Me senté en mi lugar de la mesa e intenté recordar este como uno de los gestos que tenía mi tía conmigo. Aunque ella no tenía tiempo para todo, ella hacia lo posible para no dejarme sola.
Nadie podía quitarme a mi tía Meiko.
— ¿Lista para empezar el día, ___? — Dijo mi tía al caminar y tomar su taza de café.
— Claro, Meikochan.— Mencioné animada alzando un puño hacia arriba y ella me sonrió. Quería hacerle una broma por la venganza de mi cena. ¡Por eso tuve la pesadilla!
— Adoro cuando me llamas así. — Gritó con una voz empalagosa desde su habitación. Ambas reímos por su voz de abuelita.
Alcé el tenedor para comenzar a comer lo que mi estomago tanto ansiaba, pero di un salto en mi lugar cuando Meiko salió corriendo de su habitación mientras gritaba y se ponía los tacones para su trabajo.
— ¡Ya es hora! ¡Vámonos, ___! ¡Vámonos! — Gritó mientras metía todos los papeles dentro de su maletín. Agarró mi mano y me jaló sin darme tiempo para revisar mi mochila y mis trabajos. — ¡Nos van a matar!
Corrimos hacia el ascensor y apretamos varias veces el botón para que el tiempo se parara. Meiko me miró y reímos de nuevo por vernos tan despeinadas y tan mal vestidas a estas horas del día. Entramos al ascensor con calma y mi tía, fingiendo tranquilidad, apretó una y otra vez el botón de la planta baja. Suspiró cuando el ascensor comenzó a moverse.
—Siento, que desde que te vi.— Empezó a cantar mientras me acomodaba en un moño de estilo japones la corbata naranja. Era la única que lo llevaba de esa manera y me encantaba lo bonito que era. —Renació la ilusión en mí. ¿Cómo debo llamarlo yo? Solo percibo tu calor
— Es una canción triste, tía Meiko.
— ¿En serio? — Mencionó sorprendida, pareció pensarlo por unos segundos. — Pero la letra es tan bonita. — Negué con la cabeza. — Oh, está bien, entonces:Pin pon es un muñeco, muy guapo y de cartón.— volvió a cantar alegre. Yo la acompañe con una guitarra imaginaria, —Se lava la carita con agua y con jabón.— Me arrodille como si hiciera un solo de guitarra, como los guitarristas profesionales de los grupos de rock.
Se abrieron las puertas del ascensor y unos señores con unos trajes muy elegantes nos miraron desconcertados, tenían las bocas abiertas, como si hubieran visto al mismísimo pato Lucas en carne y hueso junto con nosotras.
— Buenos días señores. — Saludamos como si no hubieran visto nada. Después de salir del edificio nos echamos a reír.
— Len pov —
Miré con recelo a Sasara, por cómo parecía dormir sin problema alguno. ¡Maldición! Apreté los puños debajo de las sábanas al tener los ojos cansados. No me sorprendería verlos rojos por sólo dormir treinta minutos. Hubiera sido más minutos, sí Sasara no hubiera recordado toda la historia de su vida.
¿No es lindo escuchar eso en la madrugada?
Me levanté de la cama, cuidando de no despertarla, agarré mi uniforme y me vestí con sigilo. Lo último que quería era volver a escuchar su chillona voz. La próxima vez, ni siquiera consideraré que escuchar sea una buena opción, no me interesa su historia, inventaría alguna excusa. Volví a mirarla el momento que levanté mi celular y no pude ocultar mi sonrisa de superioridad.
¿O por qué aguantaría ese sacrificio cuando puedo conseguir a alguien más? Claro. Puedo hacerlo cuando yo quiera.
Cuando se acomodó sobre su almohada, me fije en su corto pelo rubi... No. Su pelo no era rubio ni corto. Antes de poder controlarlo, una persona vino a mi mente sin invitación. Una persona tan indefensa y... estúpida.
Un sentimiento de ira me invadió de solo recordar ese momento.
Antes de reaccionar, salí de la habitación dejando la puerta media abierta para no despertarla, intenté escuchar algún sonido de las habitaciones vecinas para no causarle problemas con sus padres. Al no escuchar nada, salí de su casa mordiéndome la lengua.
— Es que Rin... Porque Rin...Y Rin. Rin, Rin, Rin.
Me molestaba que su nombre fuera un dolor de cabeza constantemente. Suspiré e intenté ignorar cada pensamiento sobre ella. Me cubrí el rostro con las manos y solté un fastidioso suspiro antes de volver a caminar hacia la preparatoria. Si llegaba temprano podría tomar una pequeña siesta en algún salón vacío.
Tal vez podría sobornar al portero para que me dejara entrar a estas horas y podría dormir más. Solo necesitaba encontrar una tienda para comprar... No, primero, debería tomar un bus para quedarme en una tienda que vea en el camino.
—¡Len! — Escuché con una voz aguda a lo lejano. Volteé a ver en esa dirección y entrecerré los ojos ante los rayos del sol. — ¡Len! — Pude notar que alguien se acercaba, pero no podía ver su rostro.
Una parte de mí, quería ignorarla para llegar más rápido a la secundaria, pero...
—¿Estás bien? — Me pregunta al pararse frente a mí y reconozco su voz. Luna. — Parece que te torturaron con aburrimiento extremo. — Bromea mirando mi rostro entre sus manos.
Lo primero que noté fue su pelo rubio atado en dos moños como una niña o un conejo y, luego, noté el maquillaje que llevaba.
—Me torturaron con una historia. —Respondí sonriendo y fingí limpiar una lagrima de mi rostro. — Pero, ahora que te encontré, mi día puede mejorar. — Mencioné cerca de sus carnosos labios.
Me empujó rápidamente e intentó ocultar su nerviosismo y por el tono carmín que invadió su rostro. Me esforcé por no reír por esa reacción. Miró sus manos para evitar mirar mis ojos. Bingo.
— No puedo, Len. — Habló nerviosa sin mirarme. — Tengo que ir a... Clases. — señaló a una calle con el dedo. — Pe-pero, m-me invitaron a-a u-una fiesta hoy en la noche, y-y.... y quería que acompañaras. Claro, s-si no te molesta... — Sus manos, que jugueteaban con un mechón de cabello, temblaban como la gelatina. Lo había dicho con toda su valentía.
Que linda reacción. Me agrada.
Miré a un lado ignorando ese pensamiento. Una fiesta, ¿por qué no? Después de todo, no tengo nada que hacer hoy. Además, si la fiesta no me divertía lo suficiente, sabía que después lo haría. Me esperaba una divertida noche. Sonreí internamente.
— Claro cariño, — le respondí con un entusiasmo falso. — Nos vemos en la noche.
— ¡Cola-claro! Nos vemos en la noche.
Me despedí de ella con la mano y volví a mi camino original: Conseguir una cama en la preparatoria. ¿Qué excusa debía inventar ahora? Podría fingir un resfriado, pero la enferma no era estúpida. Cuando el semáforo se puso en rojo, junto con las otras personas, caminé hacia el otro lado deseando que me atropellaran para tener una excusa para descansar.
Diablos, solo quería dormir.
— Tn pov —
— Hoy llegaré tarde. — Habló al pararse en un semáforo rojo. — No vayas a esperarme como lo hiciste anoche. — me miró con sus manos en el volante.
— ¿No fuiste tú la que me despertó a las dos de la mañana y me dijo que el tacón te estaba devorando el pie? — La miré con una sonrisa burlona mientras cerraba mi mochila al revisar mis cosas. Reí por lo bajo.
— Espero que panquecito no domine el mundo con sus soldados de dulce. — Me respondió como una probada cruel de la venganza llamada karma.
Pestañeé varias veces procesando sus palabras. Espera... ¿Hable dormida? Grité internamente en pánico. ¡Madre mía, ___!
— ¡O-Oye! — Grité de vergüenza con las mejillas rojas. — Y-Yo sueño con panquecitos vivientes, digo, no sueño, bueno sí sueño, pero no con panquecitos, yo sueño con... ¡con cebollas! — Me miró con la ceja levantada, ni yo me creía eso. Suspiré por la derrota. No era buena defendiéndome a mí misma, debía practicar eso. — Ten cuidado al volver a casa.
— Esta bien mamá. — dijo con una voz de niña, o más bien, de abuelita al acelerar ante el semáforo verde. Reí por lo bajo.
Disfrutaba estar con mi tía.