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Fue Mejor

Summary

Decimos “Hasta que la muerte nos separe”, como si la muerte fuera el único obstáculo que impidiera a dos personas estar juntas. No siempre funciona de esa manera. No siempre la muerte es la culpable. La vida también puede volverse un obstáculo, y los humanos también. Al final, todo se resume en eso: humanos que toman decisiones; humanos que se equivocan, humanos que hieren, e incluso, monstruos disfrazados de humanos que se enamoran.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Fue mejor. Parte 1.

Hasta donde llegue mi ceguera, llegará mi amor por ti...

1.

—¿Y? ¿Qué tal van las cosas con Naruto? —Aquella pregunta detuvo el alboroto de risas entre ambas. La pregunta volvió a divagar por su mente. Uno, dos, tres segundos más.

¿Qué tal van las cosas con Naruto?

No respondió enseguida. No podía. En su lugar, Sakura Uzumaki dejó transcurrir el tiempo suficiente para evadir lo que parecía ser una simple e inocente pregunta.

Continuó bebiendo un poco del vino que se balanceaba sobre la copa sostenida entre sus dedos; cada que su boca daba un sorbo, giraba el contenido levemente. El sabor no cambió, ni se modificó. Solo siguió siendo el mismo: un sabor amargo.

—Creo que está engañándome… —sonrió con aflicción ante el desconcierto y sorpresa de Ino.

Aquello no explicaba nada, pero quizá era mejor así.

Cuando se detuvo a mirar en el contenido de la botella frente a ella, se sorprendió al ver que solo quedaba menos de la mitad. ¿En qué momento había bebido tantísimo? Lo que es peor… Ni con medio vino viajando por su cuerpo, parecía presentar signos de embriaguez. Aunque, bueno, el motivo más obvio era la experiencia que la acompañaba. En términos concretos, actualmente era necesaria más que una botella de vino para lograr eliminar cualquier rastro de su falsa seguridad. Y al parecer, eso no estaba lejos de cumplirse.

—Muy bueno, Sakura —se rió entredientes—. Ahora, hablemos en serio… —continuó ella, como quien ha dejado pasar una mala broma.

Ni siquiera le sorprendió saber que su mejor amiga no le creyera. Parecía ser así siempre. Nadie se atrevía a pensar mal del “perfecto Naruto”, del chico con quien había decidido casarse, tener hijos en un futuro, y todo eso que las parejas enamoradas deciden experimentar una vez que logran encontrar a la “persona correcta”.

—Estoy hablando muy en serio… —insistió está vez Sakura, mirando directamente a sus ojos azules. Esos que de pronto le recordaron a Naruto durante un breve instante…

—¿El “dulce y encantador” Naruto Uzumaki está engañándote? —Ino parpadeó con cierta incredulidad tras preguntar aquello; enfatizando en las dos palabras que cualquiera que lo conociera bien, hubiera usado para describir al esposo de su mejor amiga. Al ver que la expresión de Sakura no parecía cambiar, Ino se dejó caer en el respaldo de su silla—. Pero… ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¡¿Con quién?! —Resultó difícil esconder la conmoción tras preguntar por los detalles de la situación en cuestión. Ino sabía que aquello no iba a pasar desapercibido para su amiga. Sin embargo, también sabía que no se le podía culpar por eso. Es que aquello era simplemente descabellado. Era irreal. ¡Era cruel! Porque, vamos… Hablábamos de Naruto. El amor de su vida. Aquel capaz de hacer cualquier cosa por ella, y nada más que ella. Lo había presenciado. Había estado en medio de todo; de sus logros personales y de pareja, de su noviazgo, del día de su boda, incluso de sus malas rachas como matrimonio contadas por boca de su mejor amiga, y de la manera en la que, al final, ambos siempre lograban resolver sus diferencias. ¿Qué es lo que había salido mal entonces? —. Dios, Sakura… yo… —Ino no supo qué decir.

—Lo sé. Difícil de creer, ¿no? —pareció darle la razón por un momento. Sobre todo porque, si lo expresaba con sinceridad, a ella también le estaba costando montones hacerse a la idea de que su matrimonio estaba pasando por dificultades más allá de lo que cualquiera determinaría como “normales”.

—¿Naruto sabe de esto? ¿Sabe que ya te enteraste?

—No.

—¡¿Por qué?! —quiso saber.

Sakura esperó a que Ino dedujera lo obvio, pero aquello no pasó. Ella no tenía pruebas, solo la sensación constante de la supuesta “infidelidad” escondida detrás del cambio tan repentino en las acciones de su marido. Nadie cambiaba de la noche a la mañana de forma abrupta, y sin ninguna razón. Mucho menos alguien como Naruto a quien, estaba segura, conocía como la palma de su mano. El amor que le tenía le había llevado a conocer cada mínimo detalle de su persona, desde lo que le gustaba, o lo que no, sus gustos, sus gestos, o incluso sobre los hábitos que ambos habían adoptado luego de casarse. Naruto nunca se había ido al trabajo sin despedirse de ella, sin antes desearle que tuviera un “lindo día”, tampoco podía pasar desapercibida su personalidad vivaz y detallista; la manera que tenía de compartir un pedacito de él con los demás; la bondad de su corazón que le hizo enamorarse de él en primer lugar. Y, sin embargo, ahora todo eso parecía estar quedándose en el olvido. Principalmente porque en estos últimos meses, Naruto y ella apenas y se veían. De hecho, no fue hasta el funeral de Namikaze Minato que Sakura se enteró de dos cosas importantes: la primera, que Naruto no era huérfano como tanto lo había creído, y la segunda, que su verdadera familia —la misma que lo mantuvo alejado durante tanto tiempo— aparentemente estaba muy bien posicionada económicamente. Por situaciones que ella desconocía, su esposo había tenido que pasar gran parte de su vida lejos de sus padres, teniendo como único soporte al que seguía siendo, hasta el momento, su tutor legal, el señor Hiruzen, y tras el fallecimiento de Minato, Naruto no había tenido más remedio que asumir el cargo como director general de la compañía de su familia de la noche a la mañana; pasando de ser un simple trabajador, a cargar con el futuro de miles de personas. Algo como eso volvería loco a cualquiera. Lo sabía. Es por eso que no se molestó en preguntar la primera noche que él no durmió en casa; tampoco quiso cuestionarlo cuando comenzó a despedirse de ella con un simple “adiós”, ni mucho menos por dejarla plantada en sus citas cotidianas con la excusa de “tener cosas más urgentes que atender”.

—Lo siento, Sakura. Hoy no puedo… Quizás otro día, ¿está bien?

Durante estos últimos meses, Sakura dejó que su esposo enfrentará su duelo y su realidad a su manera; queriendo no incomodar, queriendo no volverse una esposa incapaz de confiar en la persona con la que, se supone, había decidido compartir el resto de sus días juntos. Por el contrario, lo único que buscaba era que Naruto se percatara de que su silencio no era más que la forma en la que ella trataba de decirle: estamos juntos en esto. Pero contrario a sus deseos, nada estaba saliendo de acuerdo a sus planes. Le aterraba pensar que sus más oscuros pensamientos se estuvieran haciendo realidad si decidía enfrentar sus sospechas.

—No hay pruebas. No las tengo… —admitió por fin.

O tal vez es porque no sabría qué hacer si las encuentro.

—¡Pero tiene que haber algo! —sugirió, ansiosa—. ¿Él tiene amigas? ¿Conocidas? ¡Solo alguien que pueda estar en medio de todo esto! —Sakura captó la indirecta detrás de los cuestionamientos de Ino pero no dijo nada. Giró su rostro, observando a los demás comensales en el restaurante, buscando no responder a eso—. Sakura… —volvió a llamarla.

Se quedó así, a la espera de que se le pasara la irritación, la angustia, y las ganas tremendas que tenía de soltarse a llorar. Sobre todo porque reconocía que no tenía que pensarlo demasiado. Ni indagar. Ni contratar a un detective para que diera con la “posible culpable”.

—Su secretaria —pronunció, al mismo tiempo que casi pudo ver su imagen reflejada sobre la puerta del restaurante. Solo que no era ella de verdad. Era una ilusión—. Hinata Hyuga.

Se hizo el silencio, y durante un breve momento, el semblante de Ino se endureció, dándole a entender que sabía perfectamente de a quién se estaba refiriendo.

—Joder, Sakura… —Ino pareció entenderlo entonces. Hinata. La chica “de buen corazón”. La misma a la que había visto repartir café a los demás empleados por la mañana como una muestra de “reciprocidad”; la misma a la que Sai, su esposo, había catalogado como un ser “puro” y “sin maldad”, y la misma que, con un toque de ironía, era la que actualmente pasaba más tiempo con Naruto en su oficina. Hinata Hyuga había escalonado tanto, logrando convertirse así en la mano derecha del Director General de SocialSEO Uzumaki. ¿De verdad Naruto había podido ser tan idiota como para caer en las redes de una mujerzuela?—. ¿Cómo fue que…? —preguntó, buscando alterar su voz lo menos posible.

El cuerpo de Sakura hizo una pausa mientras intentaba recuperar el hilo de su propia historia.

¿Cómo fue que te enteraste?

Quiso justificarse con “eso” que divide a hombres y mujeres de ser uno mismo, con lo que la iglesia y la gente mencionan como un talento o un superpoder que Dios decidió otorgarles a las de su mismo sexo: la intuición. Pero más que la intuición, Sakura sabía que en el transcurso de su vida, más específicamente en sus cortos años de carrera como abogada y docente de la facultad de derecho, el tratar con un sin fin de personas, tanto en lo personal —mérito de los “amigos” o contactos de su marido— como en lo profesional, le habían permitido identificar un patrón de conducta recurrente en las personas. La gran mayoría mentía. La gran mayoría fingían algo que no eran frente a otros, y Hinata, pese a que no se podía dar méritos por conocerla lo suficiente, había descubierto que la manera en la que la chica se comportaba con los demás, entre ellos, más específicamente con su esposo, parecía ser el resultado de un montaje muy bien actuado, que de su verdadera personalidad; siempre tan callada, sumisa, diciendo justo lo que otros deseaban escuchar. Nada de eso podía resultar sincero de verdad. E incluso, pese a que los celos le nublaron el entendimiento en un inicio tras unir el raro comportamiento de su esposo, con el de su secretaria, y de cómo la relación de ambos parecía ir creciendo cada vez más, a Sakura le bastó con ver a Hinata una sola vez para que sus miedos e inseguridades se fusionaran en uno solo.

—He visto como lo mira, Ino. No soy idiota. Hinata se ha vuelto para Naruto como lo que tú y yo tenemos pero sin sexo —explicó, queriendo dar a entender que Hinata se había vuelto el soporte o el pañuelo de lagrimas de Naruto dada la realidad de la que ahora formaba parte, y de la que, estaba segura, aún no se terminaba por acostumbrar.

Dicho esto, sintió un retorcijón en el estómago cuando volvió a aterrizar en el significado de sus palabras. La ansiedad comenzó a marearla. Sakura alargó el brazo hasta su bolsa de mano, sacando de ella una caja de cigarrillos. Tomó uno, para después depositarlo entre sus labios temblorosos—. Mierda, ¿tienes encendedor? —Ino se acercó, colocando la pequeña llama a escasos centímetros de su rostro. Tras la primera inhalada, el humo inundó el lugar momentáneamente.

El evidente nerviosismo de Sakura no pasó desapercibido para Ino. Fue entonces que lo comprendió. La situación era tan evidente que lamentaba no haberse dado cuenta antes. Tal parece que el matrimonio de Sakura había resultado ser el matrimonio que cualquier mujer “soltera” aspiraría poder tener. Y no hacía falta especificar tampoco en la pequeña posibilidad que existía de que Naruto, al ser un chico con posibles carencias y heridas de la infancia, se estuviera dejando llevar por la tentación y las oportunidades que el dinero, el poder y su posición traen consigo.

—Ok, gracias por comparar nuestra linda amistad con la posible infidelidad de tu marido. Eso fue tan romántico —bromeó, queriendo apaciguar un poco su ansiedad—. ¿Cuánto tiempo llevan esos dos trabajando juntos? —Aquello lo preguntó con demasiada curiosidad.

—Casi seis meses, creo…

—Pufff —En seis meses pueden pasar muchas cosas… pensó, sin decirlo abiertamente—. ¿En qué diablos estaba pensando Naruto cuando decidió tenerla como su secretaria? ¡Los hombres en serio son idiotas! —replicó molesta, dando un manotazo sobre la mesa.

—Según su versión, la contrató porque quería ayudarle con su “experiencia laboral” —explicó tras recordar una breve conversación que había tenido con su esposo respecto a Hinata—. Es una recién egresada.

—¿Y crees que él mintió?

—No, bueno, no sé. Naruto es una persona muy…

—¿Amable? ¿Ingenuo? —diría que ambas. Pero no fue necesario decirlo—. Sí, estoy de acuerdo —concordó—. Sakura, sé que todo esto es difícil para ti. Sigo procesándolo. De verdad. Pero, si aún no estás segura, si aún no existen pruebas que te lo confirmen, pienso que deberías hablar con él. Quiero decir, Naruto es tu esposo, llevan cinco años juntos, y a menos que tu deseo sea seguir con él, pienso que deberías darle el beneficio de la duda.

—¿Y qué es lo que debería decirle? “Oye, Naruto, resulta que estoy un noventa y nueve por ciento segura de que te estás cogiendo a tu secretaria, ¿es verdad?” —con la última inhalada, el cigarrillo se terminó.

—Pues si eso te hace sentir más tranquila, entonces sí —pero Sakura negó mientras sacudía la cabeza, como si luchara contra esa idea absurda.

—Aun no me crees, ¿verdad? —le dijo sin pensar. La rubia abrió los ojos de la impresión para luego tomar la mano de su amiga sobre la suya.

—¡Claro que te creo! —quiso sonar convincente—. Es solo que, conozco a Naruto tanto como te conozco a ti. De todas las cosas que me pudiste haber dicho, definitivamente no esperaba esto. Yo solo… —hizo una pausa—, quiero lo mejor para ambos. —Y aquello pareció tener sentido para ella. No por nada los tres se conocían desde la preparatoria; tiempo donde su única preocupación era asistir a clases, aprobar las materias y ayudarle a Naruto a estudiar.

La herida apareció de repente. Nunca creyó que echaría de menos esos días. Menos ahora estando casada. Su impredecible estado de ánimo volvió a cambiar bruscamente, y una leve opresión en el pecho, una que llevaba demasiado tiempo queriendo controlar, pareció llegar a su límite justo en ese momento.

—Me… duele… —murmuró en voz baja. La primera lágrima cayó, después le siguió otra, y otra más, pero las limpió enseguida—. M-me duele saber que nos hemos distanciado tanto. Yo lo amo, Ino. Lo amo muchísimo —Más de lo que debería.

—¡Él también te ama! —Le respondió imitando su tono—. Sakura, ambos han estado tan ocupados en el último año. Tú con la Universidad, y él tratando de sacar a flote la empresa de una familia a la que apenas conoce. ¡No dejes que esa tonta arruine tu matrimonio! Aún si estuviera interesada en Naruto, tú sigues siendo su esposa, ¿recuerdas? Así que, nada de lo que ella trate de hacer funcionara.

—¿Cómo puedes estar tan segura? Tal vez Naruto ya no… —...no quiere estar conmigo.

—Tú no eres cualquier mujer para la vida de Naruto, Sakura. Hay demasiada historia entre ustedes dos. ¡Tú eres la mujer de su vida! —Fue inevitable no dejarse llevar por las palabras de Ino, y por los recuerdos que comenzaron a surgir por su mente, porque tal vez era lo que tanto necesitaba. Necesitaba que alguien le recordara por qué no debía darse por vencida y porque es que aún valía la pena intentarlo. Aun cuando su orgullo como persona, y sobre todo, como mujer, le susurraban que ya no había nada que ella pudiera hacer para solucionarlo.

“Amarnos el uno al otro aun cuando nos odiemos. Ninguno huirá, no importa lo que pase. Cuidarnos hasta que seamos ancianos, olorosos y seniles… y todo eso para siempre”.

La voz de Naruto recitando sus votos matrimoniales, lejos de hundirla más en la miseria, de pronto le dieron un pequeño rayo de esperanza.

Para siempre…

Entonces, Ino simplemente aconsejó:

—Tengo una idea… —propuso su amiga, haciendo que su atención se volviera hacia ella nuevamente—. ¿Por qué no haces algo para sorprenderlo? —Sus ojos brillaron con una repentina astucia.

—¿A qué te refieres?

—Ya sabes, dicen que a veces solo es necesario volver a revivir la llama de la “pasión” —trató de animarla.

—¿Tú crees?

—Te lo aseguro. Ponte guapa, bueno, más guapa de lo que ya estás —persistió con una sonrisa, logrando que Sakura sonriera también—, aléjate de los pendientes un momento, y saca a esa Sakura modo perra que conozco. Puede que el matrimonio y la vida de adultos nos haya hecho tener que cambiar algunas cosas pero, en el fondo, estoy segura de que ambas seguimos siendo las mismas chicas que adoraban salir y alocarse cada fin de semana. Naruto definitivamente no podrá resistirse. ¿Qué tal si optas por ponerte algo atrevido y lo sorprendes un día de estos en la oficina? —Sugirió con una mirada pícara—. Jamás he tenido sexo en la oficina de Sai, pero por ti, estoy dispuesta a dejarlo para después.

—En serio estás loca de remate… —bromeó sin poder resistirse a soltar una risa antes las ocurrencias de su amiga. De pronto todos sus miedos, sus dudas, incluso su ansiedad, se aplacaron considerablemente. Puede que Ino tuviera razón. Puede que, al final, todo se tratara de un error. Al menos, valía la pena intentarlo. Su matrimonio lo valía. Y su esposo también—. Tú idea me agrada, pero… no tengo lencería —comentó, omitiendo por completo los detalles, como que no se había vuelto en la penuria de usar una nuevamente porque la vida de ambos parecía haberse vuelto abrumadora.

—¡Entonces vamos a comprarla! Es temprano y tengo el resto del día libre —insistió.

—¿Qué hay de Sai? ¿No llegaba hoy de New York?

—Estuvo de viaje durante dos semanas. Sobrevivirá un día más sin mí… —aseguró, luego hizo una señal con la mano queriendo captar la atención del camarero que se encontraba a unos cuantos metros de ambas—. Es lindo, ¿verdad? Yo le calculo unos veinticinco años —murmuró solo para que Sakura pudiera escuchar.

—Los chicos de ahora se ven más grandes—explicó, sin poner mucho empeño.

—Pues el camarero, no es por nada, pero no ha dejado de quitarte la mira de encima —aseguró. Cuando Sakura oyó aquellas palabras, casi se atraganto con el vino.

—¿Estás loca? ¡Claro que no!

—¡Que sí! ¿Quieres ver? —Ella negó.

—Solo digo que estás exagerando —rodó los ojos. La figura del camarero se acercó hasta la mesa—. Yo pagaré… —le hizo saber. A lo que Ino no se opuso.

En cuanto se mantuvo firmando el papel, la voz de su amiga sonó de nuevo:

—Querido —exclamó, refiriéndose al camarero—. ¿Puedo hacerte una pregunta? —El chico la volteó a ver, con un toque de vergüenza. ¿Querido?

—Dígame, señorita…

—Tú crees que mi amiga, aquí presente, ¿es guapa? —El rostro de Sakura se alarmó.

—¡¿Qué estás haciendo?! —habló bajito, sin obtener respuesta.

El muchacho se quedó de piedra, sin saber qué decir o si debía o no decirlo.

—¡Por favor, no le hagas caso! A mi amiga solo le gusta molestar a los demás —corrió a su auxilio.

—No, está bien —respondió él, tan educado—. Y, contestando a su pregunta… —está vez la miró a ella directamente—... espero no incomodarla con mi comentario pero es que usted en serio es muy hermosa. —Los labios de Ino, aunque no articularon ni una palabra, en su rostro tenía escrito un: ¡Te lo dije! de forma triunfal—. Disculpe mi atrevimiento…

—N-no te preocupes —arrugó la frente, mientras fingía con ello una sonrisa. La mano de Sakura se alargó tendiéndole la cuenta, el chico la tomó, sonriendo de oreja a oreja sin disimular. Ino carraspeó en un tono divertido. ¡Jódete, Ino!

—¡¿Por qué hiciste eso?! —Le dirigió una mirada de furia una vez que salieron del lugar.

—Eso —su dedo señaló nuevamente hacia el restaurante—, solo fue una prueba de que sigues siendo tan sexy, hermosa y ardiente hasta para un chico de veinticinco años. Que nadie te haga sentir lo contrario. Ni siquiera Naruto —le recordó.

Ni siquiera Naruto…

2.

Colocó las llaves en el mostrador de la entrada mientras se deshacía de su calzado y lo ponía sobre los demás en el estante. Avanzó descalza hasta dejarse caer en el sillón de la sala.

Creo que está engañándome…

—Debo estar completamente loca… —se dijo a sí misma tras cubrir su rostro con ambas manos en señal de vergüenza.

Ahora Ino sabía todo; sobre sus sospechas, sobre sus locas teorías, sobre el grado al que podía llegar su imaginación, y sobre su clara desesperación por salvar su relación con Naruto. Esperaba, al menos, que después de ponerse en evidencia, sus consejos le ayudaran verdaderamente.

Miró el reloj a su costado para corroborar la hora. 3:45 PM.

Permaneció sentada sin moverse, temiendo como no había temido nunca. Sin saber si debía hacerlo o no. Luego, conforme pasaron los segundos, se atrevió a sacar el celular de su bolsa. No necesitó hacer un esfuerzo sobrehumano para encontrar su número. Seguía justo en el registro de “llamadas recurrentes”. Suspiró varias veces antes de presionar el botón sobre la pantalla. Se quedó así, a la espera de encontrar señales de vida desde el otro lado de la línea.

Su ansiedad fue creciendo a medida que el sonido no parecía cambiar.

¿Qué estarás haciendo ahora? ¿Estarás pensando en mí?

¿Con quién estás ahora? ¿Estarás con ella?

Debes estarlo. Sí. Debes estarlo, ¿cierto?

—Hola, Sakura —la voz de Naruto la sacó de sus pensamientos, parecía sonar más áspera de lo habitual.

—Hola, ¿cómo estás? —mantuvo los ojos fijos en sus manos mientras fingía saludar con normalidad.

—Con bastante trabajo, la verdad… —se quejó su esposo—. ¿Cómo estás tú?

—Bien. Estoy en casa ahora… —miró a su alrededor.

—¿En casa? ¿Por qué? ¿Te sientes mal?

—No. Estoy bien. Yo… vi a Ino esta mañana, y en el camino pasé a comprar unas cosas también. Nada grave. —Le explicó—. Decidí tomarme el resto del día libre.

—¿No tienes problemas en la Universidad por eso?

—Soy la coordinadora ahora, ¿recuerdas? —le señaló lo obvio, con un toque de orgullo.

Sí, pero no debes abusar de tu posición, Sakura. No es correcto.

¡Ay, por favor! Lo dices como si no me conocieras.

—No estoy abusando de nada, Naruto. Deje mis pendientes realizados antes de encontrarme con Ino. Sabes que no soy esa clase de persona.

¿Es que acaso no me conoces?

Desvió la mirada, un tanto herida, pese a que él no se encontraba junto a ella en aquella habitación. Las ganas de seguir hablando con él de pronto parecieron desaparecer, no obstante, Naruto fue el primero en romper el incómodo silencio.

Está bien. Está bien. Y, uhm, ¿qué tipo de cosas compraste? —Era claramente una pregunta cargada de curiosidad, y una que, sobre todo, permitió aliviar la atmósfera repentinamente tensa. Su impredecible estado de ánimo, como era costumbre, volvió a cambiar drásticamente. Sakura permitió que una sonrisa traviesa se mostrara en las facciones de su rostro por un breve momento.

Lencería.

Para mí. Para nosotros. Para nuestro matrimonio. Lo enlistó internamente.

—Solo sé que te van a encantar. Las compré especialmente para ti. —Miró la bolsa negra que se encontraba sobre la mesita de la sala, aquella que contenía un pequeño y descarado conjunto rojo, junto a un par de esposas.

Wow, eso me agrada. —Por primera vez, su esposo parecía interesado, e interesado de verdad. Aquello aplacó ligeramente su irritación—. No puedo esperar a verlas entonces… —Un leve sonrojo cubrió sus mejillas.

Eres tan ridícula, Sakura. Se reprendió a sí misma.

—¿Ya comiste? —Le preguntó, queriendo cambiar de tema.

—No, aún no. De hecho, es en lo que estábamos pensando… —”Pensando”¿Quiénes?

—Tú y… —No lo digas, por favor. Casi imploró.

—Y Hinata —completó él—. La pobre tampoco ha comido nada. —¡¿Y eso a ti qué coño te importa?! Casi estuvo a punto de maldecirlo junto al teléfono, a él, a ella, ¡y a todo el maldito mundo!, sin embargo, una vocecita en el fondo de su mente tuvo que recordarle que ya había elegido hacer lo que estuviera en sus manos para recuperar la armonía de su matrimonio. Y eso significaba también no darle razones a su esposo, ni a su celos, de creer que era una mujer incapaz de autocontrolarse.

Bajo esa nueva perspectiva, ya no podía echarse para atrás.

Sakura meditó sus palabras durante unos instantes, buscando tranquilizarse, antes de continuar hablando:

—P-puedo prepararte algo —propuso—, si quieres…

¿En serio lo harías? —su voz pareció iluminarse. Mierda, Sakura. Tu odias cocinar. Pero, ¿no estás ocupada ahora?

—No hay problema, Naruto. Puedo hacerlo. —Pareció querer convencerse más a sí misma que a él—. No tardaré, ¿vale?

—Te espero, entonces. Gracias, Sakura.

—Naruto… —sintió como su pulso se le aceleraba. ¿Era acaso el momento perfecto para preguntárselo?

—¿Sí?

—Yo… —Se detuvo, cambiando de opinión al segundo de haberlo pensado.—Te amo. —Por favor, solo dime que no me estás engañando. Quiso decir.

También te amo —y colgó.

[…]

Luego de su segundo intento, la figura desarreglada y sucia de Sakura se dejó caer en el piso con evidente derrota. El pollo estaba nuevamente quemado. Sabía mal, muy mal. Su intento de querer lucirse frente a la posible “amante” de su esposo estaba siendo un rotundo fracaso.

—Dios, ¿por qué me habrás dado todo, menos el don y la paciencia para cocinar? —Maldijo con frustración y cansancio. Volteó a ver el reloj nuevamente: 4:25 P.M Era tardísimo. —Bueno, tal parece que tendré que comprar comida… —se resignó, tomando su celular para hacer el pedido en una de las aplicaciones que tanto le gustaban a Naruto. —Quizá no estaría mal entrar a un pequeño curso de cocina… —trató de darse ánimos. Ciertamente, detestaba cocinar, y rara vez lo hacía, pero sí al menos eso le iba poder permitir mejorar la relación con su esposo, estaba dispuesta a intentarlo.

A intentarlo todo.

Comparada con Ino, quien visitaba a Sai de manera muy regular, Sakura era ajena a todo lo que ocurría dentro y fuera de la empresa. Sin mencionar el hecho de que aún no se sentía con la suficiente confianza como para andar de un lado a otro por SocialSEO Uzumaki. No le veía el caso atreverse a presumir un patrimonio que nada tenía que ver con ella, aún cuando su esposo fuera el director.

—Todo saldrá bien… —aseguró, sin detener sus pasos.

Arroz, dos platos de Udon, dos postres de Takoyaki y un ramen instantáneo es lo que se mantenía en las bolsas que Sakura cargaba mientras caminaba hacía la entrada del gran vestíbulo. El interior era aún más sorprendente y menos predecible que el exterior. Muy luminoso, corporativo, espacioso, y grande, demasiado grande.

Tuvo que agradecerse a sí misma por haber decidido cambiarse el atuendo, y por arreglarse más de lo habitual, dado que la situación lo ameritaba. Todo el mundo llevaba trajes elegantes y pulcros, algunas chicas usaban vestidos, otras pantalones de vestir, pero, en general, era inevitable no ver en ellos la finta de un mundo meramente empresarial.

Pese a que le resultó difícil decidir qué ponerse en un inicio, Sakura terminó por elegir un ajustado vestido negro con mangas que incluía un corte en forma de V en la parte del pecho, el cual dejaba entrever solo un poco de su escote, dándole una aire de empoderamiento.

En cuanto atravesó el ala principal, una de las recepcionistas pareció reconocerla seguida:

—¡Señora Uzumaki! —la nombró, haciendo una leve reverencia—. ¿Cómo se encuentra? ¡Que gusto verla por aquí!

—Hola, Shizune. Muy bien, gracias. ¿Cómo está tú madre?

—Está mejor desde la última vez. Gracias por aquel favor, por cierto —agradeció tras recordar el pequeño asesoramiento que tuvo por parte de Sakura cuando ésta aún trabajaba en el bufete de abogados en el centro de Tokyo. Dicho esto, la mujer se percató de las bolsas que Sakura cargaba consigo—. ¡Oh! ¡Permítame llamar a alguien para que le ayude con eso! —tomó el teléfono frente a ella con rapidez, sin embargo, Sakura negó la petición con una sonrisa.

—No. No hace falta que hagas eso. Es solo la comida que traje para Naruto. —Le explicó, señalando las bolsas. —Te prometo que no pesan nada —aseguró, volviendo a caminar hacia el elevador.

—¿Está segura?

—Sí, muchas gracias, Shizune. ¡Nos vemos!

[…]

Contuvo la histeria que amenazaba con estallar en cuanto las puertas del elevador se abrieron simultáneamente frente a sus ojos.

… si aún no estás segura, si aún no existen pruebas que te lo confirmen, pienso que deberías hablar con él.

¿Pero de verdad necesitaba pruebas? ¿De verdad hacía falta herirse y martirizar su alma con detalles en específico? O, por el contrario, ¿existía la pequeña posibilidad de estar, sin querer admitirlo, acusando a Hinata de forma injustificada por el fracaso de su matrimonio?

Respiró hondo, contemplando a través de las ventanas de cristal las espesas nubes en movimiento que se mostraban en el cielo, como si estuviera por llover en cualquier segundo.

Hay un fantasma en el pasillo

Hay un demonio debajo de la cama

Ahora viene a través de las paredes

Ahora está bajando las escaleras

Comenzó a caminar con lentitud, como si la sola acción le pesara en lo más profundo de su mente y de su cuerpo.

¿Qué tal si….? negó.

¿Y si…? negó otra vez.

—Solo a ti se te ocurre pensar esas tonterías, Sakura Haruno…

En cuanto llegó al despacho, Sakura se encontró buscando por los alrededores la presencia de una figura femenina que la recibiera antes de entrar a la oficina principal, no obstante, dicha figura no se encontraba por ningún lado. El lugar de Hinata estaba vacío.

¿Puedes sentirlo en el aire?

Permaneció de pie en la entrada durante un minuto, escuchando el sonido del tráfico exterior, buscando tranquilizarse con eso. Cuando al fin consiguió relajarse lo suficiente, alargó el brazo hasta que su mano tocó parte de la perrilla, logrando abrirla sin esfuerzo, y accediendo por completo al lugar.

Los fantasmas se esconden por todas partes

Un par de risas inundaron sus oídos. Dos figuras se mantenían sentadas, una al lado de la otra en medio de una pila de papeles, formularios y varias tazas de café.

En cuanto Naruto notó su presencia, se levantó para recibirla con un corto beso en la mejilla.

—¡Sakura! —saludó—. ¿Por qué no me llamaste? ¡Habría bajado por ti!

—Quería darte una sorpresa… —le sonrió con la esperanza de ocultar su pequeña mentira. Naruto recibió ambas bolsas, dejándolas en la mesa de cristal frente a ellos—. Sé que te dije que cocinaría pero… tuve que hacer unos pendientes a última hora. —Volvió a mentir. —Así que, encargue comida para… ambos —masculló, arrastrando las palabras para después mirarlos a los dos directamente.

—Sakura, de hecho… —le escuchó hablar, con cierto toque de pena—, acabamos de comer. —¿Qué? Ella pestañeó, sin entenderlo todavía—. Como tardaste mucho, de verdad creí que ya no vendrías. Teníamos hambre. Hinata insistió en ir a comprar algunas cosas al supermercado. Es muy buena cocinando. ¡Deberías verla! De la nada comenzó a preparar varios platillos. ¡Todo al instante! —señaló con emoción. Sakura apretó los puños sin poder evitarlo, sintiendo las palabras de su esposo como un golpe directo en sus tripas.

—Pudiste haberme llamado… —enmudeció, rechinando los dientes con súbita ira.

Eso. Una llamada. Una maldita llamada es todo lo que necesitabas hacer.

¿Por qué parece gustarte verme sufrir? ¿Por qué humillarme frente a ella de esta manera?

Tu sabes perfectamente que yo… no soy buena cocinando.

Ni siquiera intentó disimular cuando decidió observarla con odio y rencor.

La vió levantarse con elegancia del gran sillón de cuero hasta quedar frente a ella, como un pequeño pavo real mostrando sus largas y coloridas plumas.

—Hola, Sakura… —saludó inocentemente, como si ambas se conocieran de toda la vida, como si ambas fueran “amigas”. ¿Con qué derecho? Hinata mantuvo su distancia, sin ofrecerle la mano para que Sakura la estrechara—. Qué agradable sorpresa… —casi pareció verla sonreír con malicia y diversión, como si una parte de ella disfrutara estar en medio de todo el espectáculo.

Y ahí estaba otra vez, esa sensación, esa que le decía: hay algo raro con esta mujer.

Pero Sakura no estaba dispuesta a tragarse sus falsas muestras de amabilidad. Ahora más que nunca estaba segura de que la detestaba.

Ignoró su saludo, ignoró su presencia, ignoró absolutamente todo de ella para volver su mirada hacia Naruto, sin importarle parecer grosera e inmadura.

—¿Entonces? ¿Qué planeas que haga con toda esa comida? —replicó con dureza. Casi estuvo a punto de ahorcar a su marido ahí mismo, pero se contuvo.

Ya fue suficiente humillación, aseguró.

No te voy a dar el gusto de verme perder el control.

Respira, Sakura, respira…

—Puedes llevarla a casa, invita a Ino y—

—Podemos mantenerla refrigerada, Naruto-kun —intervinó ella, al tiempo que la vio colocar discretamente una de sus manos sobre el hombro de su esposo—. Sakura la trajo para nosotros y sería una verdadera lástima que se la llevara de nuevo, ¿no crees? Con lo que le habrá costado traer la comida —comentó ella, mirándola de reojo.

No supo qué le dió más cólera, si ver a Naruto tan despreocupado a sabiendas que ella había hecho lo posible por traerle algo para que comiera, o verlo tan centrado a lo que Hinata le susurraba, como si su opinión fuera lo único importante y valioso para él.

En efecto, pudieron ser las dos.

¿Qué diablos soy para ti entonces…?

—Tienes razón. Por favor dile a Anko que te ayude. —Ella aceptó gustosa, luego tomó las bolsas para después comenzar a caminar hacia la salida. No desapareció del lugar sin antes darle una rápida y fugaz mirada a la chica de cabellos rosas.

—Ah… Un gusto verte de nuevo, Sakur…a… —se despidió, luego se volvió y le sonrió torciendo la boca.

La ira destelló de sus ojos verdes. ¡Maldita mujerzuela!

—Me puedes explicar, ¡¿qué diablos fue todo eso?! —señaló, en cuanto la figura de su secretaría se perdió entre los pasillos.

—¿De qué hablas? —cuestionó su esposo, completamente desentendido del tema.

—¿Desde cuándo acá te llama “Naruto-kun”? —Él la miró, alzando una ceja.

—No lo sé, desde hace unas semanas, quizá —removió su cabello—. ¿Por qué? ¿A qué viene eso?

—No me gusta que se dirija a ti de ese modo —espetó enfurecida—. ¡Eres su jefe! ¡Y ella es tu secretaria!

—¿De qué rayos estás hablando? —Ella lo miró con seriedad—. Sakura, estás exagerando. ¡Entre ella y yo no hay absolutamente nada!

—¡Vi cómo te miró! ¡Vi lo que hizo con su mano! ¡Lo hizo a propósito! —admitió bruscamente—. ¡No soy idiota Naruto! ¡Es eso o evidentemente ella está enamorada de ti! —su voz había subido varios decibeles.

Ya está. Estaba harta. Harta de que minimizara su sentir y sus sentimientos.

¿Hasta cuándo?

—¿Qué dices? ¡No! ¡Ella tiene novio! ¡Nosotros solo somos amigos! —alegó en su defensa. Naruto tomó su mano, buscando calmarla en el proceso. Un gesto inesperado, dado que seguían demasiado acostumbrados a su habitual comportamiento de nulo contacto—. Mira, mejor cuéntame sobre lo que compraste. Tengo curiosidad por saber… —dijo, pero ella la retiró al instante.

—Nada, solo… algunos ramen instantáneos —volvió a mentir—. Los que tanto te gustan comer…

—Pero tú odias que los coma…

—Sí, pero creo también que ya tienes la edad suficiente para saber de lo que te quieres morir —soltó, buscando herirlo con sus palabras. Su esposo la miró perplejo, con el ceño ligeramente fruncido, asimilando el hecho de que ella en verdad se había atrevido a decir una cosa de tal magnitud. Genial, Sakura, acabas de mandar a la mierda todos tus intentos por tener una noche de pasión—. Lo siento, yo… no quise decir eso… —De pronto la rodeó una oleada tremenda de culpabilidad.

—Lo entiendo, solo no puedes evitar ser tú. —¿Qué? ¿Y qué hay de malo con ser yo? Cualquiera que hubiese escuchado a su esposo decir algo como eso habría pensado que se trataba de un elogio. De hecho, ni ella misma sabía cómo debía tomarlo. Lo que sí, es que estaba lejos de ser un cumplido—. Tengo trabajo… —agregó con desinterés; comenzando a ignorarla en el proceso.

No. No. No. No. ¡Haz algo! ¡Maldita sea!

La mano de Sakura sostuvo la suya con rapidez.

—¡Perdón! ¡Lo siento! Sé que digo las cosas sin pensar. ¡Pero es que tú me haces reaccionar así! —se defendió—. Naruto, yo te amo, ¡en serio me importas!

¿Qué debo hacer para que lo entiendas?

¿Qué más necesito darte para que acortes este sentimiento de soledad que me invade?

Se mordió el labio, luchando contra los incontrolables deseos de echarse a llorar ahí mismo.

—Ella es buena en su trabajo, no podría correrla solo porque tienes celos de que trabaje conmigo. —Hizo una pausa—. Creí que tú confiabas en mí.

—No te estoy pidiendo que la despidas, solo… ¡Quiero que me entiendas! —replicó, con la voz quebrada.

—Yo también te amo, Sakura, pero a veces ya… ya no logro entenderte… Si eres incapaz de confiar en mí, entonces, no sé por qué seguimos juntos. —Y aquello se sintió como si la hubieran cortado en mil pedazos.

…no sé por qué seguimos juntos…

Nada. Absolutamente nada se comparó con el dolor que sintió al oír de la persona que más amaba en este mundo, decir que ya no la comprendía, porque quizá ahí se encontraba la respuesta a todos sus problemas, a sus noches de insomnio, al hecho de sobrepensar por qué ambos parecían haber cambiado tanto, y del porque amarlo ya no bastaba para que las cosas se solucionaran entre los dos.

Todo el enojo, la rabia, toda su frustración se desvaneció en un instante.

El dolor fue inevitable, y las lágrimas también.

¿Cómo puedo saber si estoy en la relación correcta?

¿No se supone que realmente debes saber esa mierda?

¿Sentirlo en tus huesos y poseer esa mierda? No lo sé…

—No... no, oye —intervino Naruto, sorprendido de verla mostrar su fragilidad. Ella negó varias veces, apartándose. Qué más daba si la veía en ese estado tan deplorable. Qué más daba si durante todo este tiempo se había tenido que tragar su orgullo y su dolor ella sola. —Oh, Sakura, no llores… —murmuró como un niño mientras limpiaba sus lágrimas incontrolables.

Me pregunto si él también está pensando en eso y sonriendo.

Me pregunto si él sabe que eso es lo que me ha estado inspirando.

Me pregunto si me está juzgando como yo en este momento.

—N-naruto, yo… yo… —pareció imposible poder expresarse correctamente—, me siento tan sola… —Ya no juegues con mi corazón. Te lo ruego…

Su rostro se empapó en lágrimas desmesuradas. Cuando alzó la cabeza para mirarlo, ni siquiera pudo describir lo que vió impregnado en las facciones de su mirada. No había nada. Ninguna maldita señal que le permitiera entender qué debía esperar con exactitud en el futuro, o dentro de los próximos dos segundos con respecto a ellos dos.

¿Acaso era arrepentimiento? ¿Era tristeza? ¿Enojo? ¿Culpa? ¿Qué cosa era?

—Siento que te sientas así. Nosotros no… —suspiró abatido—. Sakura, mírame… —le pidió, acunando su rostro con ambas manos. Sus ojos verdes y llorosos lo miraron con evidente tristeza—. Te amo, ¿me escuchas? Yo… jamás haría algo que pudiera lastimarte; que pudiera lastimarnos. Eres mi esposa. La mujer que amo. Nadie podría amarte como yo te amo, ¿lo entiendes? —exclamó con una sinceridad tal que casi la conmovió.

Aquello fue totalmente inesperado.

Significaba entonces que… ¿había esperanza?

“Dicen que el amor concede a los demás el poder para destruirte.”

Inseguros, se quedaron inmóviles, sin saber qué hacer o cómo sentirse al respecto.

Esta es una historia real sobre todas las mentiras

Que fantaseaste (Fantaseaste) acerca de ti y de mí

No, esto no es lo que necesito (Dame amor, amor, dame amor)

No es lo que quiero (Dame amor, amor, dame amor)

Y luego pasó; la cálida mano de su esposo tocó suavemente su mejilla. Un gesto sencillo que significó tanto en ese momento.

¿Cómo haces eso? pensó.

¿Cuál es la razón de que tengas tanto poder sobre mí?

Debería odiarte. Debería odiarme por no poder odiarte…

Pero es solo que… quizá simplemente soy débil cuando se trata de ti.

Y ahí estaban, observándose, tratando de volver a aquellos tiempos, tratando por un momento de volver a unirse, de entenderse el uno al otro…

… aunque eso sencillamente fuera imposible.

—Mentí —se sinceró por fin. La mirada de Naruto lucía confundido—. Yo no te compré ramen, bueno, sí, pero solo uno, y es para que no te quedes con el estómago vacío en la cena —aclaró, ligeramente avergonzada. Los labios de Naruto esbozaron una radiante y perfecta sonrisa. Casi como si estuviera a punto de echarse a reír por lo inusual de su confesión.

—Gracias por preocuparte por mi estómago… —La miró agradecido, al tiempo que la comenzó a atraer más hacia su pecho.

—Naruto, yo…

—Shhh —Naruto rodeó la cintura de Sakura con delicadeza; delineando el contorno de su cuerpo con la yema de sus dedos. Se limitó a inclinar su rostro sobre el de ella, deslizando sus labios lentamente a lo largo de su mandíbula, desde la oreja al mentón, de un lado a otro. Sakura no pudo evitar estremecerse con el contacto—. Entonces, ¿qué compraste…? —susurró, solo para que ella pudiera escuchar.

—A… algo para los dos. Algo que nos podrá gustar mucho… —tras decirlo, sintió como la mano de su esposo cambió inesperadamente de posición, deslizándose lentamente hasta que rozó ligeramente su trasero, acariciándolo y buscando colarse por debajo de su vestido. Los brazos de Sakura se aferraron a su torso, evitando perder el equilibrio.

—¿Sí? ¿Cómo qué? —Sus ojos brillaron de excitación. Azul desafiando al rosa…

Así es como lo recordaba. Así es como se sentía. Simplemente Sakura no había conocido a otra persona capaz de someterla de esa manera. De hacerla sentir tantas cosas con una simple mirada, con una caricia…

—N-naruto… —La oyó soltar un gemido. Su esposo la apretó contra él, casi empujándola contra el gabinete. Sakura pudo percibir cerca de su vientre la virilidad y el crecimiento del miembro de su esposo, como si la estuviera invitando a entregarse de mil y un formas diferentes mientras se restregaba contra su cuerpo.

—Sa.. kura… —murmuró su nombre a escasos centímetros de su boca.

Tan cerca.. Demasiado cerca… y entonces—

—¡Naruto-kun! ¡Tu próxima junta inicia dentro de veinte minutos! —Interrumpió alguien. Ambos se apartaron con brusquedad. — L-lo siento, yo… no pensé que estaban… —trató de justificarse al tiempo que los vió acomodándose las ropas; Sakura alisando su vestido, y Naruto arreglando su pantalón.

—Señorita Hyuga, le recuerdo que es una regla básica tocar antes de entrar a cualquier oficina —pronunció Naruto, algo molestó—. Espero que no se vuelva a repetir, ¿me escuchó? —Ambas chicas se quedaron perplejas tras oírle decir aquello. ¿Q.. qué diablos? Hinata, un tanto indignada por la forma en cómo se dirigió a ella, continuó excusándose con que no tenía idea de que su esposa siguiera ahí, pero que, sin dudarlo, tomaría en cuenta sus observaciones. Dicho esto, volvió a recordarle sobre la reunión que daría inicio pronto y de la cual era necesario llegar con anticipación.

—¡Lo sé! ¡Ahora voy! —respondió inquieto, volviendo su mirada hacia su esposa, esperando a que esta le terminará por contar sobre el detalle de aquel famoso y misterioso regalo que le estaba colmando la paciencia.

Pero Sakura no quería decirlo, no enfrente de Hinata.

Naruto la vió mover ligeramente la cabeza, negando.

—Después te digo. Ahora ve, ya casi son las cinco. —Naruto mostró una expresión de pesar, no muy convencido de tener que irse.

—Trataré de terminar todo hoy. Podríamos cocinar algo juntos para la cena de esta noche, ¿te parece? —¿Acaso había escuchado bien? El corazón de Sakura comenzó a latir de la emoción.

—Me encantaría —aceptó, con una radiante sonrisa. Naruto se acercó nuevamente, pero está vez aproximando sus labios junto a los de Sakura, estampando en ellos un sorpresivo beso, cargado de pasión y lujuria. La perplejidad en el rostro de las mujeres volvió a repetirse.

Hinata, quien miraba todo con alguna clase de enfado, continuó hablando:

—Naruto-kun, ¡ya debemos irnos! —insistió. El beso duró un poco más de lo esperado antes de separarse.

—Te veré esta noche… —añadió, con una mirada traviesa antes de salir por completo de la oficina junto a su secretaria. Sakura, un tanto anonada, volvió a mover ligeramente la cabeza, después los observó alejarse hasta que ambos desaparecieron por completo, atravesando las grandes puertas.

Puede ser entonces, ¿qué todo sea producto de mi imaginación?

Sintió un sonido chirriante, proveniente de su celular, de una canción muy conocida que ella amaba tanto. Sakura rebuscó entre su bolsa con impaciencia.

—¿Hola?

Te tengo una propuesta fenomenal —chismorreo Ino, desde la otra línea.

—Te escucho. —Sakura miró a su alrededor, comenzando a caminar por la gran y espaciosa oficina. Ahora que se encontraba sola, podía observar mejor los detalles que la conformaban. Aunque, ciertamente, todo parecía haber cambiado mucho a como ella lo recordaba.

A Sai lo acaban de invitar a un evento súper de lujo hoy por la noche, y desde luego pensé en llevarte con nosotros, ¿qué opinas?

—¿Como una fiesta o algo así? —La rubia asintió—. No lo sé Ino, acabo de quedar con Naruto esta noche —dicho esto se incorporó, sentándose en el sillón donde minutos antes había encontrado a su esposo junto a Hinata. Su amiga hizo una pregunta, refiriéndose a que si entonces ya habían tenido la oportunidad de aclarar todo el asunto de la supuesta infidelidad—. No realmente, solo es algo que acordamos hacer, bueno, si lograba terminar con sus pendientes de hoy… —Se limitó a no mencionar demasiado del tema.

Pero igual no es algo seguro, ¿cierto?

—No —cerró los ojos por un momento.

—De cualquier manera, te enviaré la dirección, y puedes ir vestida como tú quieras, yo llevaré un vestido —añadió con cierta emoción, esperando con ello lograr convencerla de asistir—. Espero que te animes. Si hago esto es solo porque sé que podrá ayudarte, ¿de acuerdo? Y porque después no tendremos ni una mierda de tiempo para salir.

—De acuerdo, de acuerdo, lo pensaré. —Se levantó nuevamente, dispuesta a irse a casa, sin embargo, uno de sus tacones resbaló por el piso, logrando que cayera—. ¡Auch! —se quejó.

¡Santa mierda! Eso sí que le había dolido.

—¿Estás bien? ¿Qué pasó?

—N..nada, solo me caí, creó que me resbalé con algo… —Le explicó mientras sobaba ligeramente su trasero con una de sus manos. Sakura observó un raro objeto que colgaba y se sostenía en la punta de su calzado, al parecer, el causante de su caída—. No… puede… s… ser… —La invadió de repente una desesperación tan agónica que le imposibilitó el poder respirar adecuadamente.

No tienes pruebas.

Son solo suposiciones.

Debo estar completamente loca.

Su corazón se detuvo, incapaz de seguir latiendo. Con él pareció desvanecerse también su respiración. El brazo tembloroso de Sakura se alargó tratando de tocarlo pero, al comprobar sus sospechas, retrocedió sin siquiera tomarlo, dejándolo caer, moviendo ligeramente el pie. La voz desesperada de Ino le siguió llamando a través del celular, preguntando una y otra vez si todo estaba bien, pero Sakura no pudo contestar a eso, ni a lo otro, ni a ninguna de sus preguntas. Pensó en Naruto, y en su repentina indiferencia con su secretaria; pensó en Hinata, en la actitud tan déspota que había adoptado con ella apenas la vió atravesar la puerta, y en la manera en cómo pareció disfrutar verla humillada y ridiculizada. Ahora todo parecía encajar perfectamente. Todo era un truco. Un vil y sucio truco para que mantuviera los ojos vendados, para que siguiera tan callada como hasta ahora, tan dócil, tan débil, esperanzada a arreglar las cosas, arrepentida por algo que ella ni siquiera había iniciado, y tratando de solucionar una historia que ya no valía la pena.

—Creí que confiabas en mí.

La irá comenzó a carcomerla por dentro, viajando y transformando cada célula de su cuerpo en una sed incontrolable de venganza; pues ahora, justo ahora Sakura no podía sentir otra cosa más que en el deseo incontrolable de castigar al repugnante y mentiroso de su marido.

En el piso se hallaba la prueba tangible de su realidad y clarividencia; el condón lucía usado y sucio, con una especie de líquido blanco dentro esparciéndose y manchando el suelo, un líquido del que no se necesitaba ser un experto para saber de qué se trataba.

En definitiva, Naruto le estaba poniendo los cuernos.

—Trataré de terminar todo hoy. Podríamos cocinar algo juntos para la cena de esta noche, ¿te parece?

¿Desde hace cuánto te has estado burlando de mí?

—Yo… jamás haría algo que pudiera lastimarte; que pudiera lastimarnos.

¿Desde hace cuánto has fingido amarme?

—Nadie podría amarte como yo te amo, ¿lo entiendes?

Ahogó un grito enternecedor, tapándose la boca con ambas manos.

El dolor era indescriptible… era físico y mental…

Por un momento deseó dejar de existir. Deseó poder detener el tiempo.

¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?!

¡¿Cómo había podido ser capaz de hacerle una cosa así?!

A ella, quien le entregó todo…

A ella, quien siempre le fue leal…

A ella, ¡quien siempre lo amó de forma incondicional…!

Maldito, y mil veces maldito. Y todavía, el muy desgraciado había tenido el descaro de mentirle, de hacerla sentir culpable por desconfiar de él, por sus impulsos, y por su inmadurez al reaccionar de forma inadecuada a las acciones que él mismo había hecho con toda alevosía y conciencia. Luego, casi al instante, desde lo más profundo de su interior pareció llegarle un pensamiento desagradable, esclarecedor, llevándola a una realidad difícil de ignorar.

En esencia, se había equivocado en afirmar conocer como “la palma de su mano” al hombre que la había estado engañando en sus narices, y sobre todo, se había tardado en creer que Naruto Uzumaki…

…. era una verdadera porquería.

Un narcisista se vuelve tu espejo. Te hace creer que has encontrado lo que has anhelado tener: a alguien como él… pero, en realidad, te está robando tu identidad para poder hacer el personaje perfecto a tu medida.

Nada de lo que te diga es verdad, nada… nada con estos seres es verdad. A excepción de un par de cosas: destruirte, utilizarte, y sacar ventaja de tu enamoramiento.

Él te destruirá, Sakura.

Sintió náuseas en la boca del estómago al instante en que los recuerdos comenzaron a golpear su mente. Como si la conmoción del momento hubiese permitido descongelar memorias indeseables en lo más profundo de su subconsciente.

Lee, su antiguo colega, le había hecho saber eso en cuanto se enteró —por boca de otra gente— que ella había tomado la drástica decisión de renunciar a la firma de abogados para trasladarse y comenzar a trabajar en la Universidad. Incluso, tenía que reconocer que parte de ese inesperado arranque de enojo lo había vinculado a que sabía que Lee estaba enamorado de ella, por lo que, no fue difícil suponer para Sakura que él simplemente quería evitar que ella se fuera, aún cuando parte de sus reclamos tuvieran una pizca de veracidad.

—Estás renunciando por él, ¿no es verdad?

—¿Por Naruto? ¡No! Estás equivocado. Me voy porque la Universidad Shinjuku me ofreció un buen puesto. Esto es todo. —Respondió, totalmente apacible.

—¿Cómo docente? ¡Vamos, Sakura! Puedes mentirle a todo el mundo si quieres, pero ambos sabemos que eso no es cierto. ¡Tú amas trabajar aquí! —Protestó enfadado, tomándola por los hombros.

—Lee, no quiero sonar grosera, de verdad, pero lo que haga o deje de hacer con mi vida no es asunto tuyo. Y tampoco tengo porqué darte explicaciones. —Trató de sonar amable pese a que el agarre era demasiado fuerte.

Jamás, en todos los años que llevaban trabajando juntos, lo había visto perder el control de esa manera. ¿Qué rayos le había ocurrido?

—¡Lo sé! Sé que no soy quien para pedirte explicaciones. Lo único que sigo siendo es… el chico tímido que está enamorado de ti. —Le vió mover la cabeza con evidente tristeza—. ¡Y es por esa misma razón que me estoy armando de valor para hacerte saber que te estás equivocando!

—¿Qué?

—Tu esposo… Tú no lo conoces realmente. Él no es la persona que dice ser. —Sakura no pudo evitar sorprenderse con aquella confesión.

Es decir, una cosa es que la gente se atreviera a suponer cosas de ella o de su vida, cosas de las que no valía la pena enojarse en primer lugar, porque no eran ciertas. Sin embargo, una cosa era ella, y otra su esposo. ¿Tanto quería evitar que se fuera como para atreverse a usar a Naruto como señuelo?

—Lee, sé que Naruto no es perfecto, pero yo tampoco lo soy. ¡Nadie en realidad lo es! —pareció decir lo obvio.

—No me refiero a eso, Sakura. Naruto… He visto ese comportamiento muchas veces. Mi padre era uno de ellos. —Le dirigió una mirada elocuente y lo vió reprimir un suspiro. ¿A qué demonios se estaba refiriendo con exactitud?

—No te entiendo…

—Un narcisista. —Pero aquello era demasiado. Una mentira sin límites.

¡¿Cómo se atrevía?!

—Creo que estás exagerando, ¿no te parece? —Lo enfrentó molesta y ligeramente ofendida—. Sé que ambos han tenido roces, pero Naruto jamás ha dicho nada de ti a tus espaldas. Jamás creí… que tú fueras ese tipo de persona. —Resopló con enojo y desvió la mirada.

—Puedes llamarme mentiroso si quieres. Pero solo recuerda esto: —advirtió, dejando un corto suspenso en medio de su silencio—. Él te destruirá, Sakura, y para cuando eso pase y te des cuenta, es posible que sea demasiado tarde para regresar atrás.

[…]

—¿Acaso no me amas lo suficiente? Yo daría todo por ti, Sakura. Jamás dudes de eso.

—¿Me quieres? ¿Cuánto me quieres?

—Tengo que aceptar este trabajo. Tranquila. Todo saldrá bien. Después de todo, no hay nada que yo no pueda hacer, ¿no es cierto?

—¿No crees que es cruel seguir en ese trabajando si Lee sigue enamorado de ti? Confío en ti, pero no confío en él.

—A veces eres demasiado sentimental, mi amor.

—Los demás no necesitan ver lo bella que eres, Sakura. No hay necesidad. No lo hagas otra vez, ¿me lo prometes?

—Estás equivocada…

—Sakura, ¡estás exagerando!

—Solo quiero lo mejor para ti, Sakura. ¿Crees que los demás hombres se tomarían la molestía de ser sinceros contigo? Esto no funciona así. Por favor, deja de ser tan ingenua.

—Nadie podría amarte como yo te amo, ¿lo entiendes?

La cabeza le comenzó a dar vueltas, llenándose de imágenes y recuerdos que parecieron tener sentido ahora más que nunca, aumentando con ello su dolor y su sufrimiento.

Qué día tan terrible y aciago para su alma.

¿Cómo había podido ser tan ciega? Tan tonta, tan estúpida, y llena de… amor…

Amor.

Eso. Su único error había sido amarlo sin límites, aún con sus defectos y virtudes.

A un idiota sin respeto.

A un cobarde que siempre opta por esconderse detrás de una falsa sonrisa.

A un hombre que necesita mentir para manipular y tener completo control sobre los demás.

Bajo esa realidad indiscutible, Sakura se negó a dejar todo este asunto en manos del destino; sobre todo teniendo en cuenta que algo tan simple y desigual como lo es el karma posee su propia manera de hacer las cosas; maneras con las que muchas de las veces resulta imposible mantenerse satisfecho.

Ella no podía solo sentarse y esperar a que el destino se atreviera a castigar a su marido de aquí a un par de años.

No. Lo que Naruto en verdad necesitaba era que alguien le diera una probada de su propio chocolate. Y ella se lo daría.

De todas las mujeres en este mundo, Naruto definitivamente se había equivocado con ella, y sobre todo, se había equivocado en olvidar que el matrimonio no solo te permite conocer los hábitos, sino también las debilidades de la otra persona. Narcisista o no, Sakura sabía exactamente lo que tenía que hacer para hacerlo sufrir.

Lo principal era que Naruto amaba su ego, pero ella su dignidad.

—Te juro que si no me respondes ahora mismo, ¡voy a llamar a la policía!

Los gritos de Ino la volvieron a la realidad.

El estremecimiento y la perturbación del momento siguieron presentes en cada parte de su ser y de su cuerpo.

Sakura fue capaz de moverse solo hasta que volvió a tener un poco de control sobre su propia mente. El shock y la irá habían hecho que perdiera la noción del tiempo por varios minutos tremendamente eternos. Se levantó como pudo, pese a que aún sentía las piernas como gelatina. Tomó el celular del suelo, con torpeza, después su bolsa para encaminarse directamente hacia el pasillo.

Ya no valía la pena llorar. No más de lo que posiblemente ya había llorado.

Y tampoco podía regresar el tiempo.

En este punto en específico, lo único que le quedaba era avanzar sin mirar atrás.

Sobre todo si su verdadero deseo era hacer pagar frente a sus ojos al infame y manipulador de Naruto Uzumaki.

—Ino, voy a ir a esa fiesta —habló por fin, para el alivio de su mejor amiga.

El oscuro vestíbulo estaba vacío, sin nadie vagando por los alrededores. Tampoco se escuchaba nada, más allá del zumbido proveniente del aire acondicionado.

—¡¿Qué?! Pero…, ¿por qué cambiaste de opinión tan rápido?

A medida que avanzó, logró comprender por fin la verdadera razón detrás de que la oficina de su esposo estuviera tan apartada de las demás. La locación era perfecta para hacer cualquier tipo de travesuras, y la oficina era tan cómoda y espaciosa que bien se podía instalar una cama ahí. Una al menos que no estuviera a la vista de los demás.

Naruto y Hinata habían calculado muy bien donde llevar a cabo sus encuentros sin ser vistos, ni escuchados.

—Tú no eres cualquier mujer para la vida de Naruto…

Siguió demasiado aturdida como para atreverse a llorar, en su lugar, una risa infame se le escapó de los labios, sin poder evitarlo.

Probablemente nunca signifiqué nada para él después de todo.

—Sakura… —está vez, Ino pareció preocuparse de verdad—. ¿Qué fue lo que viste?

En el exterior, tal y como lo había previsto, una lluvia silenciosa se encontraba humedeciéndolo todo. Como si de alguna manera el cielo se hubiese apiadado de su sufrimiento, decidiendo llorar en su lugar.

Seré la chica mala si necesitas que lo sea

Si eso te hace sentir mejor

Seré la que amas odiar

Esta noche quedaría marcada de por vida, lo sabía. Principalmente porque estaba a punto de dejar salir a esa Sakura que juró mantener retenida de aquí hasta que la muerte los separara. Solo que esa muerte, había llegado antes de lo esperado.

Porque la debilidad de Sakura quizás era amar…

…pero no olvidar.

Vislumbró con tal claridad su rostro frente a uno de los cristales; el aspecto de un fantasma pálido y depresivo antes de responder:

—Naruto está engañándome…

Está vez ya no hubo dudas.

Está vez era una realidad.

“Temed el amor de la mujer más que el odio del hombre.”

—Sócrates



Chapters
1. Fue mejor. Parte 1.
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Good Writing

1

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Compelling Plot

1

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Great Character

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Strong Dialog

2

Strong Dialog

author

Tuve la suerte de conocer esta historia desde que su nacimiento, el cual te atrapa desde el inicio. Para mí fue raro encontrar un fic que hiciera que odiara a Naruto por su comportamiento de infiel.
La relación entre Naruto y Sakura desde el inicio no muestra una relación tensa y la cual genera desconcierto por la forma de proceder de Naruto y que él es quien dicta la forma de llevar la relación, sin embargo, Sakura toma el control sobre su situación y le da a Naruto un giro inesperado con Sasuke, quien siempre misterioso; lo cual simplemente me encantó.
Sin duda, es un fic que da para más y que espero con ansias poderlo leer lo que sigue.

2 years

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