Chapter 1
El repiqueteo de mis zapatos en el suelo de marmol hace un gran eco por el vacío pasillo.
Mis zapatos con un diminuto tacón y unos pasos longevos que me acompañan, detrás de mí, como siempre, desde siempre.
La idea de salir del infierno de este castillo me llena de ansiedad, una ansiedad muda que se esconde muy adentro, tan adentro que mas nadie la nota, solo yo.
Siempre fue un sueño, no mas que eso, un sueño que me permitía de pequeña, escapar de aquí y hacer la vida que deseaba, tener amigos, que me quisieran.
Es muy triste saber lo poco que duraron esos estériles sueños, bueno, hasta ahora.
Se que lo que me aguarda no es mucho mejor, pero es una posibilidad, tanto las cosas salgan bien como si no, no volveré a este horrible lugar. Jamás.
Mantengo mi postura regia, recta, casi orgullosa y mi cara inexpresiva, es lo que se espera de mi, una actitud y "dignidad" que camufle la impureza de mi sangre.
Camino hasta el final del pasillo y al salir del castillo veo a mi "familia" esperándome para despedirme. Bien, que sea rapido, estoy ansiosa por no volver a ver sus caras nunca más.
Al salir, el frío aire azota mis mejillas, y al mirar el cielo, noto que se ha oscurecido, normal, siempre se espera hasta que el dios sol entre en su casa al horizonte para viajar, para augurar un buen viaje y una llegada a salvo al destino esperado.
Mis ojos regresan a las personas que esperan cerca del gran carruaje, que será mi transporte.
Veo a mi padre, tan alto e inflexible, como un eucalipto viejo, veo los años en su expresión, que deben ser varios cientos y aún así, no logro sentir nada mas que una fría cordialidad y un caliente resentimiento que corta mi piel con sus oxidadas garras.
Pero aún asi, mi expresión no muestra mas que la suya, recibo un rígido asentimiento de su parte, que devuelvo de la misma forma.
Veo a la esposa de mi padre y esta se limita a alzar la barbilla cuando mi mirada se encuentra con la suya, bien, no es como que esperara mas nada de ella. Jamás lo hice.
Veo a la hija de la esposa de mi padre, mi hermana, que me da una sonrisa aceitosa, casi tan desagradable como su existencia misma y yo hago una leve mueca en su dirección, no merece mas que eso, bueno, quizá merezca la muerte y todo el odio que le profeso, pero, lamentablemente, no está en mis manos darle el castigo que se merece.
Finalmente mis ojos se encuentran con los de mi hermano y este asiente en mi dirección, solemne como siempre y yo inclino levemente la cabeza en su dirección, una señal de respeto, la unica persona en este horrible castillo que merece una onza de respeto y la tiene, al menos de mi parte.
Escucho un resoplido, que asumo viene de la hija de la esposa de mi padre, no lo sé con exactitud, no vuelvo la mirada.
— Padre, madre, hermano, hermana, me despido de ustedes –.
Educadamente me despido, y sin mirar atrás me subo al carruaje, seguida de Magda, mi niñera, la humana que estuvo toda su vida a mi lado, que creció conmigo y que, mientras yo estoy empezando la primavera de mi vida, es casi el final para sus marchitas estaciones.
Veo su viejo rostro, un poco apenada por lo corta de su vida y el hecho de saber que mas pronto que tarde, veré su final también.
El carruaje, conducido por el cochero del castillo, se pone en movimiento, tirado por seis de los mejores corceles. Tanta hipocresía arruga mi nariz.
— Rayssa —. Reprende suavemente la cascada voz de Magda, que está sentada frente a mi.
Al parecer el gesto no solo había sido mental.
Le doy una leve sonrisa de labios apretado en disculpa y ella ríe, sonando casi tan traviesa como una jovenzuela.
Si, quizá no tuve una familia, pero tengo a Magda, una amiga.
— Siento que tengas que acompañarme en esto Magda, insistí en que te quedaras en casa ahora que tu marido está enfermo y que tus hijos y nietos vinieron a verte, pero ya sabes lo flexible y comprensivo que es mi padre –. Me disculpo una vez mas, con una mueca.
Ella vuelve a reír y agita la mano, restandole importancia mientras niega con la cabeza.
— No tienes que disculparte, sé como es su excelencia el Duque —. Remarca sutilmente el título de mi padre, en evidencia de que a escuchado el tono insulso en mi voz y yo ruedo los ojos. — además –. Continúa ella, ignorando mi gesto. – ya me urgía salir de casa, ahora que Iván se rompió la pierna, ha estado mas molesto y cascarrabias que nunca, no le soporto –. Se queja y yo me río, no me sorprende que hable así de su marido, su matrimonio ha sido mi novela favorita desde que tengo memoria y la razón suficiente como para comprender sus desvaríos. – además, con mis hijos en casa y mis nietos ahí, de suerte hay lugar para sentarse, asi que ni lo menciones, quizá para ti sea una molestia, pero para mi son vacaciones.
Termina de quejarse y yo la observo, la persona que me vió crecer y a la que vi envejecer. El solo pensamiento de su tan corta vida me llena de amargura, pero lo disimulo, si ella supiera la cantidad de veces que me lamento por su corta esperanza de vida y lo poco de vida que le queda, ya me habría zurrado.
– En dado caso, me alegra entonces de que esto no suponga un inconveniente para ti, aunque lo lamento por tu esposos, pobre Iván, mira que venir a fijarse en la chiflada Magda –. Niego con fingida lastima y ella boquea, indignada y me tira un cojín que yo atrapo mientras nos reímos.
Si, esto es lo mas parecido a una vida cotidiana y normal para mi, es lo mas cerca que he estado nunca de un ser normal, un ser libre.
La observo con cariño, sabiendo que he estado mas en su vida que su propio esposo, vi crecer a sus hijos en su vientre, algunos fueron mis compañeros de juego por cortos periodos de tiempo, he compartido casi todos los dias de su vida en los pasados 50 años.
El trabajo era muy bien pagado pero demasiado esclavizado, ya que se requería su presencia a mi lado todo el día, dejando a su disposición solo las noches.
Su marido, Iván, el Jardinero del anexo del casitillo en el que solía vivir, la conoció ahí mismo.
– Duerme un poco Rayssa, aún quedan muchos días de viaje –. Suspira, cuando ve que, una vez mas, me he perdido en mis pensamientos.
Miro por la ventana del carruaje y todo lo que está a la vista es la árida y muerta vegetación deo bosque y a lo lejos, la gigantesca diosa luna, que brilla etérea desde su lugar.
– duerme tu Magda, yo me quedaré mirando a la diosa luna un poco más –. Le digo, observando que cabecea en su lugar, la enérgica e incansable Magda ya no es la misma, pero supongo que eso le hace los años a los humanos, a ellos y a sus cortas y efímeras vidas.
Ella asiente y desplega un poco el asiento, que se convierte en un mullido cojín, tan largo como para recostar a uno de los míos sin problemas, cosa que hace ver diminuta a Magda, casi como una niña.
La veo recostarse y taparse con la gruesa y suave manta blanca y a los pocos minutos escucho sus suaves resoplidos.
Desvío mi mirada de ella a la ventana y apoyo mi codo en el marco y mi rostro en la palma de mi mamo, observando el estéril paisaje, pensando, recordando.
El repiqueteo de mis pequeños tacones contra el duro mármol es lo único que logra escucharse por el vacío pasillo, tan temprano por la mañana mientras me dirijo a la oficina de mi padre.
Inspiro profundo una vez que estoy en su puerta y me mentalizo de que no debo esperar nada de lo que vendrá de esa reunión mas que fría presión y su total desprecio, nada nuevo, claramente.
Toco tres veces con suavidad y espero, asegurándome mentalmente de que mi rostro muestre solo la fría vaciedad que se me ha enseñado desde siempre.
Escucho su fuerte e imponente "adelante" y sin vacilar empujo la puerta e ingreso a su estudio, una gran habitación repleta de libros viejos y muebles de color caoba oscuro, y ahí estaba él, detrás de un gran escritorio, siempre regio, imponente y frío, la misma imagen siempre.
– Padre –. Lo saludo cortésmente con un asentimiento.
El solo señala la silla de madera en frente del gran escritorio y me siento, rígida en una posición recta y espero a que suelte toda la mierda inimaginable que aguarda en las profundidades de su boca.
– Hoy es el día del viaje Rayssa, sé que te has estado preparando para este momento desde hace varias lunas, cuando se nos fue notificado el requerimiento de tu presencia en Goldpast –. Dice en tono solemne, a lo que yo asiento, impasible, todo lo dicho ya lo sabía, desde el primer momento. – sabes que lo que se te ha encargado es una tarea muy importante, aún mas grande que tú, tus sentimientos o decisiones, es todo un futuro mejor el que está en tus manos –. Continúa escupiendo cosas sin sentidos, como si el ser elegida o no dependiera de mi o algo por el estilo, como si yo hubiese puesto resistencia en algún momento desde que me enteré hace varias lunas, como si se me hubiese ocurrido anteponer mis sentimientos siquiera, claramente no lo dije, porque la verdad es que lo último que quería era discutir en un día tan esperado como éste, por lo que me limité a asentir nuevamente.
– Recuerda que todo un futuro mejor depende de que seas elegida, así que no falles por ningún motivo, no seas aún mas el símbolo de risas de nuestra gran y noble casa, enorgullece el apellido que se te ha regalado y trae honor a la casa Silverstone –. Termina su deplorable monólogo con lo que cree que serán palabras dignas inspirar algo, algo mas que odio hacia su persona, claramente no lo consigue. Ya que lo único que me genera es ganas de ser rechazada frente a todo el mundo solo para herir aún mas su orgullo y ver cómo baja su rostro con vergüenza.
Es casi gracioso como todo el mundo me culpa por ser una impura y todo lo que sea cuando yo no fui la culpable de nada, no fue mi culpa que él le fuera infiel a su amada esposa, no fue mi culpa que fuese un irresponsable y que mi madre quedase embarazada, no fue mi culpa nacer y aún así todos parecen culparme de todo por existir, cuando ni siquiera están apuntando a la persona correcta, él debería ser el objeto de vergüenza, no yo.
Pero como es costumbre de décadas y décadas, no digo nada y me limito a asentir, al parecer mi ecuesta respuesta le complace, por lo que asiente y vuelve con su papeleo, dando por finalizada nuestra "charla" de despedida.
Miro por última vez su deslumbrante rostro tan parecido al mío y me entran ganas de reír, la sangre si que es fuerte.
Entre todos sus hijos, soy la única que heredó sus rasgos, ya que los demás se parecen a la zorra de su madre.
Ninguno heredó su rizado cabello negro, ni sus ojos azules, ni la forma de sus cejas o el corte recto de su mandíbula, pero yo sí y aún así me desprecia con fervor, que irónico.
Vuelvo a asentir en su dirección y en silencio me marcho, con suerte, esa será la última vez que lo vea dirigirse a mi.
El resto de la mañana y la hora del almuerzo pasan sin problemas en lo que yo termino últimos detalles de mi viaje, en mi habitación.
No mucho despues tocan la puerta y sin esperar demasiado, entra una criada humana, tan altanera y desubicada como su dueña, la zorra esposa de mi padre.
– la señora la busca –. Informa, de una manera irrespetuosa, sin saludar u ofrecer disculpas por su arrogante comportamiento.
Supongo que es normal que los empleados traten de pisar o humillar a los que se encuentran por sobre ellos a la más mínima de las oportunidades, pero son tan insignificantes.. como si representara una amenaza real, el solo pensamiento me provoca gracia, me levanto y paso por su lado, la pequeña e insignificante humana con suerte me llega al pecho, tan gracioso.
En silencio me dirijo al castillo principal, al ala este, donde comparte aposentos con mi padre. La verdad es que no me sorprende que me llamara, es más, lo esperaba, era imposible que me dejara ir sin inyectarme antes un poco de su veneno.
Llego y me reciben mas criadas humanas, todas vestidas identicamente, verlas me causa repelus, asi que las ignoro y me posiciono cerca de la puerta, en caso de que se le ocurra 'jugar'.
La veo beber su té tranquilamente mientras una criada la peina, la imagen parece de lo más pacífica, pero yo sé que no lo es, probablemente está eligiendo el repertorio de la mierda que va a escupir su boca, asi que me quedo en silencio, esperando, parada cerca de la puerta, ni siquiera voy a intentar sentarme, ella jamás tuvo la autoridad suficiente como para obligarme a hacer tales cosas. Detalles que aprendí muy tarde, lamentablemente.
Deja su taza de té -que claramente no es té- vacía sobre una pequeña mesa y hace una señal para que las criadas abandonen la habitación y todas lo hacen, sin rechistar.
Es bueno ser el jefe, eh.
Ella se para y camina hacia mi y se detiene cuando me estudió de pies a cabeza.
– sabes lo mucho que te odio, ¿Verdad?. Apuesto a que si, siempre te lo he dicho, demostrado y más. Te odio con cada fibra de mi ser –. Sisea, entornando sus vacíos y marrones ojos en mi dirección. – te he odiado desde que supe de tu existencia, odié a tu madre y odié lo que significabas para mi, para mi matrimonio y mi familia, la prueba viviente y latente del desliz de mi esposo, de su pequeño accidente. – la veo presionar los dedos en sus palmas y como la sangre gotea por las heridas que ella misma se hizo, extrañamente me hizo sentir mejor, saber que me odiaba tanto como yo a ella.
– le dije mil veces a mi marido que yo le perdonaba, que haría la vista gorda de su pequeño error si te abandonaba para que te comieran los insectos o te vendía como esclava, que te matara, le imploré de rodillas que lo hiciera, que no me hiciera pasar por la vergüenza de tener que mantener bajo mi techo la hija de una ramera con la que me había fallado, pero no –. Continúa, con sus ojos llenos de lagrimas de odios, probablemente quiera herirme con su monólogo deplorable de mujer que se queda con un hombre que le es infiel y que culpa al niño por actos del padre, cuanta hipocresía reunida en una sola casa, la idea me da ganas de blanquear los ojos, la verdad es que hasta se siente bien ver como se retuerce en su miseria.– mi marido es tan noble que decidió criar a esa bastarda, criarte a ti y no sabes cuanto lo odié, cuánto intenté matarte, incontables veces en el último medio siglo que no fue mas que un suplicio para mi – gritaba ahora, como si no la escuchara, como si no supiera la cantidad de veces que habían intentado matarme, personas que no conocía y otras que conocía de toda mi vida, muchas de esas situaciones marcaban mi piel ahora. No le di importancia, la estaba pasando tan bien viendola perder el control y ahogarse en amargura.
Pero lamentablemente recuperó la compostura muy rápido, volviendo a su actitud arrogante, se dio la vuelta y tomó el cepillo que antes había tenido la criada y empezó a pasarlo por su largo cabello castaño claro y liso, idéntico al de sus hijos, ambos se parecían a ella, mas su asquerosa hija.
– pero bueno, al fin vas a salir de mi casa y podré respirar aire puro nuevamente, seré feliz si se que eres miserable en tu nueva vida si eres elegida. – una pausa y supe que lo que venía a continuación era la razón por la que me había llamado a su habitación, no para recordarme una historia que me sabía al derecho y al revés. – pero si no eres elegida.. ni sueñes en volver, será mejor que corras y te escondas lejos, muy lejos de mi vista, porque haré que te maten y esta vez no fallaré, no pararé hasta verte morir o hasta que tu vida sea aún peor que la muerte, asi que ni te molestes en volver, no hay un pasaje de regreso, espero que lo sepas. – dijo, aún de espaldas a mi, cepillando su cabello con parsimonia.
– como usted diga, señora –. Digo para saber que he aceptado lo que dice, no es como que haya planeado volver desde un principio a este horrible lugar. Asi que con esas últimas palabras me retiro en silencio de la habitación y me dirijo al campo de entrenamiento, en donde seguro estará mi hermano.
Efectivamente, ahí está, blandiendo su espada contra los caballeros del castillo, cosa que no me sorprende en absoluto, pasa mas tiempo aquí que tomando las clases de sucesor.
Espero hasta que el combate termine y lo veo dirigirse hacia mi, los demás hacen una pronunciada reverencia y se retiran, hasta que quedamos solo nosotros.
– hermana, estás aquí –. Saluda y yo le sonrío levemente.
– si, vine a despedirme, no falta demasiado para que el dios sol vuelva a sus aposentos en el horizonte y para que empiece mi viaje. – una pequeña pausa en la que mi sonrisa se ensancha un poco –. Asumí que no querrías hacer una gran despedida al lado del carruaje –.
Este solo resopla y me da un abrazo, que correspondo timidamente.
– sabes que no puedo decir demasiado mas que el desearte suerte en tu viaje y para cumplir tu meta, recuerda todo lo que te he enseñado y úsalo, sobrevive y eso será suficiente –. Dice solemne, mientras mira mis ojos y asiento, probablemente entre toda la mierda de habitantes de este territorio, de este castillo, el sea una de las pocas personas que se merecían mi respeto.
No porque me amara como a una hermana, que siempre supe que no lo hacía, si no el trato a mi persona, no como la culpable de todo lo que se me acusaba, ni como la miserable víctima llena de amargura que era, si no como a su igual, una amiga, una colega. Y sólo los dioses sabían que eso era suficiente para mi.
Así que me tragué mis palabras con el nudo en mi garganta y asentí, forzando en mi postura una fortaleza que no tenía y le sonreí, solo para ver lo que buscaba en su rostro, una sonrisa orgullosa y sus ojos castaños confiados, no quería mas nada, no necesitaba mas nada, esta era la despedida que yo estaba esperando, la única, y había sido perfecta.
Enredé mis dedos en su cabello y acaricié su rostro, pude ver muchas facciones de su madre en el y algunas pocas de nuestro padre y aún así era tan diferente a los dos.
Memoricé su despampanante rostro y sonreí, iba a extrañarlo, el único ser que no me había mirado con asco, despecio u odio. Mi hermano.
– voy a extrañarte.. – susurre y dejé caer mi mano, que recogió y apretó entre las suyas mas grandes, no era mucho mas alto que yo, pero era fornido y grande, genética de nuestro padre, sin duda.
– yo también voy a echarte de menos pequeña Issa, pero es tu momento, extiende tus alas y vuela, sal de aquí y vive de una vez tu vida –. Susurró y yo asentí, el lo sabia, que era muy probable que esta fuese la última vez que nos viesemos. Le dí una sonrisa y me aparte, dirigiendome hacia mi habitación, dejandolo completamente solo en el campo de entrenamiento.
Tratar de contener las lagrimas era difícil, pero lo había hecho muchas veces antes, por lo que solo era una molestia o eso pensé, hasta que una mano tiro de mi a un cuarto de almacén y me encerró con ella.
Sabía quien era y todo mi cuerpo se quedó rigido, y mi corazón se aceleró con miedo.
– no pensabas irte sin despedirte de mi, ¿verdad, hermanita? – susurro una voz melosa y sentí su lengua recorrer mi mejilla cuando..
Un bache me hace saltar y me despierta, vaya, al parecer estaba soñando, froto mi mejilla con asco y observo la ventana nuevamente, a punto de amanecer y me estiro, sintiendo como mis músculos protestan por la postura incómoda en la que había dormido.
Miro nuevamente por la ventana y veo como la vegetación cambió sutilmente, se ve mas.. vivo. Por ende debiamos estar lejos de Shersbo, la capital del territorio, saber eso es extrañamente liberador.
Corro bien las cortinas y dejo que la luz del dios sol entre a raudales a través del cristal, lo que despierta a Magda, que se estira y se queja mientras se levanta, realmente parece una señora. Yo me río en silencio y ella me da una mirada envenenada.
La veo desayunar en un cómodo silencio, casi siempre es así entre nosotras, no necesitamos llenar silencios con conversaciones forzadas, ella siempre fue una criatura muy habladora y yo una de pocas palabras, al menos generalmente. En momentos como estos, en los que el silencio reinaba, el ambiente seguía cómodo, supongo que es normal cuando pasas tanto tiempo junto a una persona, llegas a conocerla en profundidad.
Miro por la ventana nuevamente, observando como el paisaje lentamente se cubre de mas vegetación.
– debemos estar al límite de Whitherbury, a punto de entrar al estado de Duskview –. Dice pensativa Megan, yo solo asiento, a sabiendas de lo que eso significa.
No mucho después mi nariz se contrae por el ofensivo aroma a Vampiro que hay en el aire, debiamos estar en su territorio ya.
Magda se ríe al ver mi expresión y niega con la cabeza. – Nunca entendí el porque ustedes siempre hacen ese gesto cuando entran a Duskview o cuando se topan con un Vampiro, si yo fuese una de ellos, me sentiría ofendida que cada uno de los vuestros hiciera un gesto de asco cada que ve a uno de los míos.
Yo resoplo divertida. – Es que no es que sea desagradable o un aroma asquerosos, es que nos irrita la nariz, como si nos ofendiera que tal ser existiera, en lo personal no tengo nada en contra de ellos, jamás me crucé con uno, pero el efecto de su aroma en nosotros causa un rechazo instantáneo, eso hace bastante difícil las relaciones de cualquier tipo entre ambas especies, aunque aún no sabemos el porqué, ya sabes que existe una leyenda por aquí sobre todo eso que les cuentan a los pichones traviesos para asustarlos, pero de ahí, no hay una razón lógica para esa reacción tan viceral, no es que yo pueda evitarla –. Frunzo aún mas la nariz cuando nos vamos acercando a Midbury.
Miro a Magda y niego con la cabeza – Dile al cochero que evite pasar por la capital del territorio, hay mas caminos que conducen a Goldpast, caminos que evitan que mi nariz sufra.
Arrugo mi nariz con asco y Magda vuelve a reir mientras tira de la campanilla para que se abra el buzón de ordenes, ella escribe mis palabras en un papel y lo deja en el buzón y en menos de un minuto el carruaje toma otra dirección.
– Tienes que estar tranquila Rayssa, sabes que los Vampiros no salen de día, manten la calma, llegaremos pronto, en uno o dos días.
Dice mientras empieza a tejer un jerceycito pequeño, asumo que para su nueva bisnieta, la imagen se me antoja del todo apasible, asi que nos sumimos en un agradable silencio, yo cerrando mis ojos y disfrutando de la brisa y el sol y ella tejiendo ropita para la nueva integrante de su familia.
Y así pasan dos dias, en los que viajamos a través de Duskview hasta llegar a la capital del país, Goldpast.
– Ya estamos a un buen par de horas del castillo Rayssa, es hora de empezar a prepararte.
Dice Magda solemne, a lo que asiento.
Así que cambio mi modesto vestido de color vino por uno nuevo de color negro, igualmente discreto con largas mangas de encaje y cerrado hasta el cuello, de encaje también.
Dejo que Magda recoja mi cabello en un delicado rodete trenzado, dejando solo dos mechones de mi cabello ondulado, enmarcando mi rostro.
Asumía que el el peinado ni el vestido destacarían demasiado, pero estaba bien, no necesitaba destacar por mi apariencia, si de todas formas íbamos a ser escogidas al azar, no iba a mentir en las primeras impresiones, tampoco es como que esperara realmente ser elegida.
Asi que terminé de arreglarme y empecé a prepararme mentalmente.
Si me elegían tendría que casarme con una persona que jamás había visto en mi vida y si no me elegían, la esposa de mi padre iba a perseguirme hasta matarme, bien, que alentador futuro.
Pero no importaba, sobreviviría de cualquier forma, dentro de otra prisión con grilletes de oro o escapando para empezar una nueva vida, aunque terminara como una mendiga, yo viviría.
Así que cuando el carruaje finalmente paró, supe que tendría que enfrentarme a mi destino y ya no había escapatoria, ni lugar en donde esconderse, este era el momento crucial en mi vida que definía el resto de mi historia, el resto de mi interminable vida y estaba aterrada, pero ya no podía esconderme, no cuando no había mas elección que salir del carruaje y enfrentar lo que sea que estuviese esperando ahí afuera.
Le di una larga mirada a Magda, que la sostuvo hasta que estuve segura de que no vomitaría ahí mismo y asintió, sabiendo lo que sucedía, pude sentir el apoyo y quizá eso fue lo que hizo que casi riera ahí mismo, eso o la creciente histeria.
– quédate aquí Magda, o sigue al cochero, vendré por ti, sea cual sea el resultado de esto. – susurré tomando sus viejas manos, tan diferentes a las mías, y acaricié el dorso de esta con mis dedos.
– aquí te esperaré yo, quédate tranquila, se que todo saldrá bien. – Afirmó.
Yo le dí una pequeña sonrisa y abrí la puerta del carruaje, bajandome y retomando mi postura regia, firme e impecable, practicada hasta el hartazgo y vacié mi cara de toda emoción visible, dejando solo un cascarón a la vista, yo estaba a salvo en un pequeño baúl muy dentro de mí.
– Issa... Suerte.. –.
Fueron las últimas palabras que escuché provenir del carruaje y luego la puerta se cerró y el cochero puso en marcha el carruaje, llevandoselo.
Caminé hasta el inicio de las escaleras, donde me esperaba un hombre, una Lamia, asumí, por sus ojos tan peculiares.
– acompañeme por aquí, señorita – indicó, y empezó a subir las escaleras que llevaban a la puerta del gigantesco e imponente castillo, uno tan hermoso que arrebataba el aliento y a su vez tan misterioso que te hacía reacio a entrar, de un brillante color dorado y marfil, representación de la riqueza y un símbolo de poder, el castillo real.
Pude ver cada pocos escalones a muchos guardias de diferentes especies, arrugué la nariz mentalmente, cuanto derroche de poder en guardias comunes.
Entramos por las gigantescas puertas principales y me guío en silencio en linea recta por un largo pasillo de mármol, mientras admiraba discretamente el exquisito tallado y la ostentosa decoración, todo parecía gritar poder, poder y dinero, puaj.
El hombre se detuvo delante de mi y me indicó que continuara hasta la siguiente puerta de madera, en la que esperaba otro hombre con varios pergaminos en sus manos, me miro un segundo y luego buscó entre sus pergaminos, hasta encontrar lo que buscaba, al parecer era un vocero.
Yo me acerqué hasta la puerta, cerré mis ojos un segundo e inspiré profundamente.
Entonces las puertas se abrieron de par en par silenciosamente.
– ¡La señorita Rayssa, segunda hija de la casa Silverstone de Whitherbury, representante de las Arpías, está entrando! – anunció gritando y yo hice justamente eso.
Entré a la gran habitación.