Prólogo: 00
El mundo arde.
No hay que ser un genio para saber lo hundida que está nuestra sociedad, ni siquiera yo, Damien Thorn, hijo de Satanás, está aislado de los comportamientos que nos rodean, inclusive al ser un ente con alma demoníaca en su interior; en pensar lo despiadados y apáticos cuando no se trata de nuestro propio bienestar. Dios, el completo opuesto de mi padre; su hijo Jesús, y todos aquellos discípulos, velaban por la ayuda al prójimo, la humildad y el amor. Cosas de las que la humanidad parece haberse olvidado.
La condición humana era lo único que nos diferenciaba, tú y yo éramos iguales, almas impolutas tomadas de las manos en un mundo que tan sólo quería verte sufrir. Te acompañé en todo momento, cuando me permitiste estarlo, con cada palabra, cada roce, cada mirada que acariciaba mi ser. Philip, tu vida era tan tensa como las cuerdas de un hermoso arpa, amenazantes de romperse al entrar en contacto con cualquiera que se atreviera a tocarlas. Como una bella melodía que jamás sería escuchada, empujada y llevada entre el viento de la vida.
Philip, amado mío, tú que veías a todo aquel como tu igual sin importar que, en donde el amor que desprendían de tu dulce aroma a lavanda; el resplandor de tu sonrisa comparada el hermoso alba en el que nos conocimos...