Oportunidad Anhelada (John Constantin X King Shark) by Kitsune L.M & M.L at Inkitt
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Oportunidad Anhelada (John Constantin x King Shark)

Summary

¿Que pasa cuando la adversidad une almas solitarias e inestables? Generalmente nada bueno. Pero hoy no es el caso. Veremos una historia de amor trágica entre opuestos que no sabían cuanto se necesitaban. ¿Podrán dejar de lado sus prejuicios y darse una Oportunidad Anhelada?

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La Oportunidad Anhelda


















-Pues, me iba bastante bien hasta que entraste como bola de demolición a mi bar favorito…

-Uh, pues lo siento, doradito, pero estoy resolviendo asuntos importantes.

El estúpido mote lo hizo fruncir el seño mientras torcía los ojos. De verdad odiaba encontrarse con el…

-¡Nanaue! -Otra voz se manifestó en el lugar. Para aquel entonces, todos menos Frank, que se había refugiado tras la puerta de la cocina, habían huido. Cuando se fijo en la entrada improvisada, una figura grande y cubierta de músculos escamosos apareció por ella. Era casi tan grande como King Shark, quien se había puesto de pie otra vez- ¡Vamos a resolver esto, aquí y ahora!

Se trataba de Killer Crock, el maldito lucía tan aterrador e imponente como siempre.

-Ya te expliqué que este no es tu asunto -Escupió mostrando sus colmillos el rey tiburón. Diría que es aterrador, pero no fue el caso. Había visto peores cosas-

-¡Perdiste! Y debes cumplir ahora o yo tomare cartas en el asunto -Los gruñidos guturales del hombre cocodrilo llegaron hasta el, y lo hicieron ver lo peligrosa que se ponía la situación-

-¡John! -Frank le lanzó una mirada de ruego y tuvo que tomar todo de si el no mostrar lo desinteresado que estaba-

Se colocó de pie, y luego dibujó un círculo mágico entre sus manos listo para conjurar, lo que sucedió ahora cuando Crock alto sobre King Shark, listo para continuar la pelea.

-¡Somaglas ed iuqa!

En un pestañeo, ya estaban fuera del local. Se encargó de dejarle a Frank unas cuantas joyas y oro para que reparara los daños y entonces se permitió acercarse al tiburón gigante para obtener respuestas.

-Responde esto: ¿Le robaste la presa a la lagartija o algo por el estilo? -King Shark lo miró por el costado y entonces negó con la cabeza-

-Quisiera decir que fue eso. Pero lo cierto, es que no tenemos los mismos gustos en alimentación.

Bufó porque el tipo simplemente no le diría nada, al menos eso pensaba.

Se tuvo que echar para atrás cuando un hidrante golpeó contra King Shark y lo alejó de su lado. La sorpresa lo hizo caer sentado.

Entonces Crock se aproximó a el, con paso lento y depredador.

Mierda.

-John Constantin, justo con quien quería hablar -Mostro una sonrisa casi tan colmilluda como la del tiburón a unos metros de el-

-Este… Si, por favor, deja tu mensaje y se te contestará más tarde -Sonrió con algo de nervios, porque frente a este enorme reptil, era como un niño indefenso-

Cuando el villano con escamas estuvo por hablar, King Shark lo tacleo con fuerza, llevándose a ambos a rodar por el suelo en un forcejeo demasiado agresivo para su gusto.

Eran golpes volando por todas partes y la disputa era muy pareja. Pero en algún punto, Crock se aventajó de su cola y puso a King contra el asfalto, lanzando potentes puñetazos que resonaban contra los fuertes antebrazos del de piel azul.

A la final se cansó.

-¡Habla-de-una-jodida-vez…! -Los fuertes golpes se cortaron cuando John disparó un rayo de su mano y lo alejó del Rey tiburón-

-Lo siento Crockie, pero esto ya es fastidioso y no me interesa lo que pase entre ustedes. Así que… -Puso su mano sobre el pecho de King Shark, aun estando en el suelo- Bye.

Y así como así, se marchó con un destello lejos de la ciudad y de Miller Crock

-¿Dónde me trajiste? -Preguntó King Shark, arqueando su ceja inexistente- Y ¿Por qué me salvaste?

Apretó sus labios en una fina línea mientras le daba la espalda. Los había llevado a un lote abandonado donde solo habían un par de autos descompuesto. No tenía ni la menor idea de porque lo ayudó, pero tal parecía que su cuerpo no escuchaba la poca cordura que le quedaba y por eso se movió al rescate del asesino tiburón del mar.

Maldita fuera la hora en la que decidió convertirse en un héroe.

-Mejor pregunta -Dijo desviándose del tema original- ¿Qué sucede entre lagartija gigante y tu persona, tiburoncin? Creí que pertenecían al mismo equipo o alguna mierda así.

Cuestionó mientras colocaba una de sus manos en su cintura, observándolo desde arriba.

King Shark se puso de pie en un salto repentino y desvío la mirada mientras limpiaba su traje de cuero negro. Ahora no estaba la sonrisa divertida y colmilluda, sólo una mirada seria.

-Lo siento doradito, pero eso no es de tu incumbencia -Sin más que decir, empezó a caminar en busca de la salida. Eso lo enfureció-

No es como si le debiera una explicación. Pero al menos podía darle las gracias por salvar su trasero atlanteano.

-¡Vete a la mierda! ¡Te salvé de que te matara a golpes arriesgando mi propia vida! Porque si me lo preguntas, el tipo también iba tras de mi.

Le empezó a gritar mientras se posicionaba frente a el para detener sus pasos.

El gran pez frunció el seño.

-Yo no te pedí ayuda.

Oh, malditamente no dijo eso.

-Ha, conque esas tenemos -Soltó una carcajada carente de diversión- Muy bien. Mi conciencia esta limpia. Evité que lastimaran a alguien inocente en la ciudad y de paso te ayudé. Mal agradecido. Entonces, no te supondrá un problema hallar tu camino a la cueva de la que sales siempre, sin mi ayuda.

En un arrebato, le mostró el dedo del medio mientras camina lejos de el con pisadas fuerte. Invocó su magia y pronto apareció en su casa. Aliviado de estar muy lejos de el rey de los tiburones.

-Hijo de puta. Espero que se ahogue con plástico la alimaña esa… -Más retajillas después, estaba en este sencillo apartamento, de paredes de un color crema suave. Vivía allí desde hace unos meses- …

Se fue hasta la cocina y encontró un vino barato que no había querido beber, pero es que no había repuesto los suministros y…

-A la mierda -Se empinó la botella ignorando el desagradable sabor. Necesitaba embriagarse de repente y no tenía respuestas del porqué, pero lo haría de todas maneras, aun siendo consciente de que no duraría más de unos minutos, bebió por completo esa botella y las que le quedaban- Maldito pez de agua salada…

Bebió hasta el fondo sin parar, eliminando momentáneamente el rato desagradable con ese estúpido King Shark. Sin saber que, sin importar cuanto bebiera, la desconfianza e indiferencia del odioso pez le causó más daño del que creía…

A él y a su corazón…

•♤•

-¡¿Qué hiciste que?!

Apartó de su oído el celular cuando esa voz estridente y aguda le gritó. Harley era una dramática del mal.

Fue impresionante darse cuenta de que su celular estaba entero aún con la paliza que le había estado propinando Crock. Y luego de ver con algo de tristeza como sus palabras hicieron enfurecer a John y marcharse en ese estado, recibió una llamada de la psicópata rubia que se había quedado preocupada cuando el salió en busca de Crock, quien a su vez, arrancó a buscar a John para “librarlo de sus problemas”

Pero es que Nanaue no necesita que se encargara de nada y mucho menos se interpusiera en su vida, pero…

-¡Nanaue! -Escuchó gritar otra vez a Harley, ahora si le escucharía. Una de las cosas que no le gustaban al rey de los tiburones, era que le reclamaran por sus errores. Es decir, estaba en su derecho. Aunque, últimamente, sólo hacia mal las cosas y no se salía con la suya tal como solía ser. Sobre todo con el rubio hechicero- No te puedo creer que le hallas dicho tal cosa. ¡Es que la cabezota que tienes no da para más!

Frunció el seño y bajó la mirada, como si ella estuviese allí regañándolo. Se sentía estúpido.

Y se lo merecía.

-Ya sabes lo complicado que es… -La oscuridad de la noche le permitió moverse con tranquilidad por la ciudad. Ese lujo no se lo podía dar de otra forma. La Policía lo buscaba, y la Liga de la justicia también-

Silencio por la línea.

-Nanaue, hacer un baile sexi, sujetada en el aire con solo una cuerda común y corriente es difícil. Lo que tú tienes es una cosa que se puede resolver con solo tres palabritas insignificantes… -Ella suspiró desganada- Sólo… Vuelve a la base. Waller anda como neurótica tratando de averiguar a donde fuiste con Crockie. Más tarde termino de darte un sermón…

Y colgó. Genial, ahora no podría estar tranquilo al llegar a casa.

Caminó de forma relajada, mirando hacia el cielo estrellado. Preguntándose una y otra vez, por que no podía ser sincero consigo mismo y con Constantin. No hacía falta complicarle todo.

Sólo ir, buscarlo y decirle… “Me gustas mucho”

Pero por su puesto que su cerebro siempre le trucaba cada intento con una imagen de un posible rechazo, algo que empezaba a odiar de si mismo.

Es el maldito Nanaue, alias King Shark. Un jodido semí-dios salido de los mares al que no le importaba aterrorizar a gente inocente y causar daño a quien se metiera en su camino.

Asesino buscado en todo el país y parte del Escuadrón Suicida… Con todo y eso, todavía le daba pavor hablarle de sus sentimientos al rubio o si quiera darle una carta.

Para no ir demasiado lejos, hace un par de días había preparado una confesión con la ayuda de Harley y el resto del escuadrón, porque si, parece que a los asesinos a sueldos tenían una cosa con querer convertirse en los Cupidos de una historia de amor. El punto es que siguió a John hasta el pub sobrenatural que solía frecuentar los miércoles, y cuando estuvo allí, los guardias le impidieron la entrada y los agarró a golpes en un arrebato.

Lo único que se le ocurrió, fue decir que era una coincidencia y que los bastardos no lo dejaban entrar. Una verdad a medias, pero igual de deprimente.

Se empezaba a cansar de eso, las ganas de estar con el, conocerlo, que fuera suyo y de nadie más eran cada vez mas grandes en cada momento o segundo que pensaba en el. Y eso sólo lograba bajonearlo más, sabiendo que lo rechazaría por su apariencia o el echo de que era un villano ruin.

-Que estupidez… ¡Maldito Crock! -Exclamó enardecido golpeando un contenedor de basura, dejándolo muy abollado-

Esa era otra cosa. La pelea que tuvo esa noche, no fue ni mas ni menos que causada por un momento de estupidez al permitirse apostar con Crock a las cartas; completamente seguro de que podía ganarle y que no confesaría sus sentimientos si así sucedía.

Pero si perdía, que fue el caso, iba a soltar la sopa por completo y lo invitaría a salir.

Dicho y echo el maltrecho, debía cumplir. Pero como la cosa testaruda que era se negó de manera rotunda. Crock, quién se había cansado, arrancó a correr lejos de la base aun cuando Harley trató de detenerlo para que él tuviese la oportunidad de pensar bien las cosas. Y acabó siguiendo al cocodrilo en su lugar y destruyendo parte de la ciudad en el proceso.

Es que… ¡Uhg! Ya ni se soportaba a si mismo.

Por lo menos tenía la certeza de que Hiedra estaría dispuesta a darle su voto a favor y alentaría al resto de no crucificarlo por estupidez.

Porque los creía capaces.

Siguió su camino más inquieto que antes hasta la base del escuadrón, sopesando que tendría que darle una explicación a su jefa al llegar. Pero ninguna preocupación opacó el bello recuerdo de ese rubio hijo del hermoso infierno, quien le ponía en noches de vela y mañanas de confusión.

Esperando como siempre el día en que sus sentimientos se apaciguaran, fueran correspondidos, o en todo caso, él muriera…

Aceptaría cualquiera de las que llegará primero.

•♧•

Con una fuerte exhalación, se deshizo de su cigarrillo. Había ido con la intención de hacer rápido y sin problemas su trabajo. Pero cómo siempre, nada sale tal cual uno planea.

-¡Aléjate! -Gritó soltándose del flojo agarre de uno de esos drogadictos y vagabundos que lo empezaron a seguir-

Por alguna razón aparente que no descubría, ellos debieron de verle cara de rico o así para comenzar a perseguirlo como zombis hambrientos de sesos. Ya les había dicho a los imbéciles que no tenía un centavo encima.

-¡Etatnavel, orum elbartenepmi! -Lanzó un hechizo que elevó una barrera lo bastante resistente para aguantar a todos esos tipejos- ¡Qué no tengo nada, carajo!

Exclamó, luego siguió con su camino.

Habían pasado cerca de unos 15 días desde el encuentro estrepitoso… Bueno, el segundo encuentro estrepitoso con King Shark. Y por fortuna, ya había quedado en el olvido.

Era inútil seguir rememorando cosas que solo le amargaban la vida, y por eso fue que se centró de lleno en trabajos pendientes.

Por ejemplo, ese día había sido llamado por el dueño de una mansión medio abandonada. Esa, en la que precisamente se encontraba.

Sobraba decir que de abandonada no tenía nada. El punto era que debía hallar a un supuesto poseído que se contaba, había huido de prisión al dejarse poseer por un demonio.

La gente podía ser muy estúpida en momentos de desesperación; recurrir a los pactos demoniacos eran el mejor ejemplo de estupidez personificada.

Mejor se concentró en el presente.

Escaneo el área a ver sí encontraba señales de algo, pero la mansión era tan grande, con sus amplios tres pisos principales y uno más sub-terráneo en el que le estaba costando deslizarse a través de los cuartos de manera sigilosa.

Al menos la primera planta donde había estado el ejército de vagabundos no se repetía otra vez, pero no bajaría la guardia.

Un rato después, encontró una serie de escaleras que daban hacia abajo, a la planta bajo tierra, las observó con algo de duda y desconfianza. Sabiendo de antemano lo que podía suceder.

-Claro Constantin, baja por las escaleras del terror a una muerte segura… -Con aburrimiento, hizo aparecer una bola de luz con la que se iluminó cuesta abajo y se mantuvo alerta ante todo-

Cada escalón rechinaba por su desgastada madera, y cada vez que bajaba un poco más, las paredes se veían mas desgastadas, antiguas, sucias y putrefactas. Al final del pasillo descendente, se topó con unas marcas de lo que parecía sangre y manos pintadas con la misma en varias partes. Se estaba acercando…

-… -Se mantuvo en silencio, siempre mirando a todos lados esperando a cualquier cosa. Había demasiada oscuridad para su gusto. Entonces sintió el fétido aroma de la sangre aumentar, cosquilleando en su nariz e indicándole a preparar un hechizo en su mente-

Con cada paso se abría una puerta a las posibilidades donde el miedo impedía ver más allá con claridad. Como una cosa viva que tapaba el sendero a propósito, anhelando verlo vacilar.

Y justo cuando estaba por entrar a otro pasillo, donde una puerta abierta lo esperaba con sus paredes de color verde corrido por el agua que escurría sobre ellas…

-¡…! -Apuntó su brazo al frente en el costado izquierdo, un arma apuntaba a su cabeza, y cuando la iluminación se ajustó, lo vio directo a esos ojos negros con pupilas rojo sangre- Tu…

Su estómago se torció de manera chistosa y extraña cuando presenció a King Shark frente a el. Luciendo todo imponente y amenazante en esa gran altura que podía dejarlo minimizado a nada.

Una vista bastante… Interesante. Sobre todo por ese rifle de asalto en sus enormes manos.

Se abofeteó mentalmente, porque no era normal ver a ese sujeto tan fastidioso como “Interesante”

-¡Jo-John! -Parecía estar tan sorprendido como el. Guardó el rifle de manera nerviosa y miró a todas partes de forma agita- ¿Q-que haces aquí?

-Eso podría preguntártelo yo a ti. Estoy empezando a sospechar que me acosas o algo así -Bromeó con una sonrisa torcida, obvio no pensaba eso, sabía que el destino o las casualidades podían ser una cosa de lo peor por su cuenta. Pero el rostro oscureciendo del gran tiburón y su expresión consternada, lo hicieron darse cuenta de que quizá lo molestó. Como si necesitara que el también tuviese resentimiento en su contra…- Oye, sólo bromeo…

Se relajó notablemente y pronto pudieron continuar el sendero que al parecer ambos habían trazado de forma conveniente.

-Entonces… -Empezó el mas alto y robusto- ¿Qué te trae por estos lados?

Ignoró el echo de que aún le guardaba resentimiento por lo malagradecido que fue en su último encuentro y se concentró en responder de lo más normal su pregunta.

-Trabajo -Se explico mientras abría una puerta a lo que parecía un túnel más bajo tierra que daba hacia el alcantarillado. ¿Pero quien mierda era la familia del tipo que heredó la pocilga está?- Me dijeron que hay un maníaco poseído, con complejo de asesino satánico que supuestamente escapó de prisión.

Rodó los ojos, porqué era imposible no recibir un informe completo sobre la situación que afrontaba alguna vez.

El gran tiburón se detuvo en seco un segundo y después lo miró confundido y algo divertido.

-Yo busco a un prisionero que se escabulló hasta aquí con la supuesta ayuda de un poder demoníaco…

Okey, sólo por está vez se permitió reír a carcajadas con el sujeto porqué, las casualidades que ellos tenían eran únicas en su clase.

-Okey, grandote, entremos, sino me equivoco, los pisos superiores están vacíos -Su nuevo acompañante hizo un ruido de afirmación. Luego estaban descendiendo por las escaleras de tubos que les dejó entrar al alcantarillado. Perfecto, olor a mierda por la tarde. Ni sus cigarrillos eliminaría esa peste tan fácil-

King Shark estornudó y se limpió la nariz con algo parecido al asco. No se veía contento de estar allí.

-¿Alergias, tiburoncin? -Se burló-

-Si… Búrlate cuanto quieras. No estoy acostumbrado a los olores asquerosos. Eso se lo dejo a Crock… -Mencionó inclinando su gran cabeza-

Uh, eso era interesante…

-Entonces, prefieres olores buenos. Inesperado de un asesino que literal se alimenta con carne humana -Ironizó-

-Es que, ser un asesino que hace lo que tu dices no tiene que necesariamente vivir entre la porquería -Expresó caminando a su lado con una mueca de desagrado. Olía como lucía, aguas negras, basura, ratas, óxido y más… Simplemente horrendo- Y por si te interesa, mi aroma favorito es la vainilla.

Sonaba orgulloso, eso lo hizo sonreír.

Ciertamente, conocía muy poco del tiburón a su lado. Sabía que era atlanteano originalmente, tenía un gusto por la sangre humana y los peces, y que estaba formando parte del proyecto x de Waller desde hacia un tiempo. Además, se conocían de… ¿Ocho años? Ya ni se acordaba, era mucho tiempo siendo sólo un desconocido.

De resto, la vida personal de este sujeto era todo un misterio para el, ni se atrevía a llamarlo por su nombre debido a lo impersonal que eran el uno con el otro.

Si hasta parece que le caía mal, temblaba ligeramente a su lado y no dejaba de verlo por el rabillo del ojo, vigilando sus movimientos. Era como si fuese un depredador al tanto de otro. No quería bajar la guardia para evitarse algún problema más adelante. Seguro plantearía la posibilidad de matar a John en cuanto se descuidara.

-Y… ¿Qué tal va todo? -Buscó conversación. Tal vez King Shark pensó en que era un tema neutro y por eso se relajó un poco a su lado. No por completo, pero era algo-

-Mucho trabajo. Harley es una pesadilla… -Como se esperaba de la rubia chica- Y Waller nos esta enloqueciendo. Apenas nos brinda libertad para hacer lo que se nos de la gana.

-Pues, supongo que si están bajo el cargo de esa mujer, obviamente no cedería por nada… -No conocía personalmente a la señora Waller, pero sólo tuvo que verla una vez para saber que la mujer era dura, dura, y dura- Asumo que es duro estar bajo su cargo.

-Ni te imaginas. Pero es mejor que estar encerrado entre cuatro paredes -La sonrisa llena de alegría y libertad en King Shark lo hizo quedársele viendo por demasiado tiempo, siempre lo había visto como alguien innecesariamente sanguinario y malicioso. Sin respeto o sigilo, y carente de la capacidad de sentir algo además de hambre; pero ahora que se fijaba, no era tan vacío como aparentaba, tenía expectativas como John y las buscaba a pesar de lo difícil que lo tenía, y además de eso…-

-Tienes una hermosa sonrisa. Como de verdad, esta sonrisa de ahora fue como… Real… -Sus palabras habían salido antes de medirlas, y cuando vio el rostro del tipo oscurecer, supuso que no le gusto- L-lo siento…

Ahora su rostro estaba ardiendo, seguramente ruborizado. Miró a otra parte muy nervioso, no sabía de dónde salió ese repentino ataque de sinceridad.

-¡N-no te disculpes…! Y-yo…

Lo que sea que iba a decir el gran tiburón se vio interrumpido justo cuando cruzaron y una hilera de sangre y órganos desfilaban frente a ellos. Desagradable.

-Hay gente tan molesta… -Una voz bizarra y glutural, como un murmullo lleno suciedad y cosas venenosas llamaron su atención. Justo adelante se encontraba el tipo que habían estado siguiendo. Recostado contra una de las grandes rendijas que se encargaban de colar el agua y la basura. Lucía esta sonrisa perversa, que además era teñida de rojo por la recientemente bebida sangre de sus victimas- Pero, debo darles las gracias por convertirse en mi cena.

Tenía los ojos oscurecidos y su cuerpo estaba cubierto por unas venas negras. Apariencia inhumana y asquerosa. Obvios signos de posesión.

-Cuenta con eso en otra ocasión. ¡Zul led oiciuj! -La bola de luz iluminó hacia la cosa frente a ellos y esta se quemó como si fuera un vampiro. Un hechizo que servía muy bien para hacer retroceder a los demonios, incluso cuando tenían en su posesión a un humano-

La cosa se retorció y casi calló al suelo derrotado de no ser porque se aferró con fuerza a la pared.

-Eso fue increíble… Y sexi como el infierno -El comentario de King Shark hacia el llegó como una caricia sugerente hasta sus oídos y le dejaron un escalofrío agradable en su columna-

Ese comentario no tuvo que haberle echo sentir tan emocionado, menos viniendo de un tipo como el. Pero allí estaba echo el daño, se había ruborizado de pies hasta la punta de las orejas y no sabía como revertirlo. Ya no entendía que le pasaba.

-Ahora… -Carraspeó un poco cuando su voz salió algo aguda- Dejarás el cuerpo de este sujeto para que venga con nosotros -Le ordenó de forma autoritaria al demonio, quien lo miró con puro desprecio-

-Eso no está pasando… -De pronto todo estaba temblando, las barras en la pared se despegaron y salieron volando en su contra. Hizo un escudo y los protegió a él como a King Shark-

- ¡Debemos regresar arriba! Aquí no tenemos ventaja de nada.

El gran hombre tiburón asintió y dijo que le cubriría la espalda y trataría de dañar al tipo. Corriendo como les daba las piernas, regresaron sobre sus pasos hasta la mansión. Con el demonio pisando sus talones volando como un maldito pájaro de mala muerte.

King Shark le disparó y alcanzó a darle en su hombro, lo detuvo lo suficiente para subir por la escalera fuera del drenaje.

-¿Ahora que? -Preguntó el mas alto cuando estuvieron fuera. Retrocediendo tanto como fuera posible para pensar en algo, pero…-

-¡No lo se! No esperaba llegar tan lejos -Dijo John mientras concentraba energía. King puso una mueca de horror en su rostro, pero luego sonrió de lado con… ¿Diversión?-

-En serio, me encanta tu actitud.

-¡¿Y por que dices eso ahora?! -Exclamó furiosamente rojo. Otro par de risas de King Shark- …

-Niños… -El poseído salió flotando hasta el piso donde se encontraban- Juguemos un rato más. Comienzo a divertirme.

Esa cara de maníaco sediento de sangre no le gustó nada a John.

-¡Muere! -King dio un paso al frente y le disparó en repetidas ocasiones. Nada surtió efecto- Mierda…

Estaban contra la pared, y ni aunque tuvieran una granada podrían acabarlo, como mucho aturdirlo pero…

-¿Qué te parece esto? -King saco una granada y le quitó el seguro, listo para arrojarla. ¿Pero de dónde diablos la sacó?-

La aventó, y como si nada, el bastardo la detuvo en el aire y la aseguró.

-Buen intento, pero con el seguro puesto, no me sucederá nada… -Sonrisa malvada, creyéndose haber ganado-

-Sigue soñando maldito -Disparó de su mano una bola de fuego que impactó con la granada, el estallido fue inminente y apenas si tuvo tiempo de protegerlos a ambos. Pero se cumplió el objetivo- …

-Bien echo, doradito -Felicitó el alto tiburón. Se dedicó a acariciar su cabello. Eso le provocó que frunciera el seño-

-Sigue tocándome el pelo, y serás ceviche -Amenazó-

-Es alentador saber que me querrías comer de alguna forma…

Que… El… ¿Acaso el le coque…?

-¡…!

No tuvo tiempo a reaccionar cuando King se le tiró encima y lo cubrió, acercándolo a su amplio y fuerte pecho. Sentía su calor… Pero se desvanecía…

-¿Ki-King…? -El tiburón se aferró fuertemente a el, abrazándolo con una fuerza perfecta. Y entonces, calló de rodillas junto con el. Perdió su fuerza- ¡King! -Su espalda estaba llena de trozos de madera clavados en varias partes, incluyendo zonas vitales. El pavor lo estaba invadiendo y el miedo le impedía pensar con claridad- ¡Nanaue!

-¡Eso! ¡Grita y solloza por el! ¡Pronto lo acompañarás en el infierno!

El demonio bastardo lucía gravemente herido y aun así, se las arregló para herir de gravedad a Nanaue.

Estaba listo para atacarlo de nuevo, por eso los protegió con una barrera a su alrededor.

-¿Por… Por que… Me protegiste? – Preguntó, sintiendo unas repentinas lágrimas buscando salir de sus ojos. King yacía recostado de lado mientras lo veía con ojos perdidos y una ligera sonrisa- ¡Me odias, pudiste dejarme morir!

Una corta risa flotó de los labios del gran tiburón, la pudo escuchar aun con la estridente risa del bastardo que los atacó.

Entonces…

-¿D-de veras… No lo sabes? -Negó muy agitado y desbordándose en lágrimas de dolor, aún cuando no sabía a que se debían. Nanaue sonrió con diversión a pesar de todo y le colocó una de sus grandes manos en la mejilla- Eres… Más ciego de lo que esperaba… Querido… John…

Los párpados de King se cerraron y eso lo hizo entrar en pánico. No sabía como, ni cuando, o el instante en que su mente divagó tanto. Pero cuando volvió en sus sentidos, estaba siendo agitado por una chica pálida… Era Harley, y Hiedra no estaba muy lejos de ellos, observando a Nanaue con preocupación arrodillada en el piso.

-… ¡Nanaue! -Lo observó, estaba muy herido y su sangre empezaba a manchar todo el piso- Necesito su ayuda. Debo salvarlo.

-¿Cómo piensas hacer eso? Sólo… Míralo -Dijo con cierto pesar la pelirroja, pero eso no le importó. Se quito su saco, y estaba listo para recitar un nuevo conjuro-

-Hay una manera… Por favor, quitenle las estacas…

Ellas acataron su orden. Pronto, las heridas del tiburón estaban expuestas y el prepara su magia para lo que iba a hacer. Cabía la posibilidad de que alguno muriera, en el peor caso, los dos. Pero es que algo en el rogaba porque lo salvara.

-¿Ahora que Johny? -Cuestionó preocupada Harley-

-*Ahora es cuando todo se complica…* -Hacia mucho tiempo que no usaba ese encanto, pero viendo la situación…- ¡Éuq le rolod odiviv, aes oditrapmoc ertne sortoson noc etse ozihceh!

Toda la magia que tenía empezó a brotar entre el y Nanaue, las heridas en el empezaron a regenerar por una velocidad constante y estaban quedando casi selladas.

-¡Funciona, Johny! -Entonces fue que Harley notó lo que hacía cuando unas manchas de sangre aparecieron en su cuerpo- ¡John!

-Tranquila, loquilla… -Trato de guardarse para si mismo el dolor de esas heridas- Ya va a acabar. Esta es la solución que tenía para el…

Por alguna razón en particular, estaba dispuesto a terminar herido por el. Quería salvarlo aún a coste de su vida, y quizás así sería, pero necesitaba asegurarse de que seguiría viviendo, que volvería al océano o una mierda así.

-Lo necesito.

Y cuando esas palabras lo abandonaron, fue como entrar a un huracán, no sabía que hacer consigo y esa nueva información. Porque si bien lo necesitaba, el motivo era desconocido.

La respiración de Nanaue se normaliza y ya parecía menos lastimado, fue cuando se permitió parar y descansar también.

-Eso fue muy noble John -Dijo de repente Hiedra, mientras tomaba la mano de Harley, para calmarla. Un pensamiento sobre que ellas lucían bien juntas lo hizo sonreír. Pero que momentos para pensar tales cosas…- ¿Por qué?

-… -Quisiera el tener la respuesta. Pero esta aún no manifestaba- Ni yo lo se. Sólo… Se que no lo quiero ver morir.

-¡Y eso es lo que va a pasar! ¡Morirá al igual que tu!

El demonio seguía allí con ellos. De repente se sentía muy molesto y avanzó, con paso dudoso pero lo hizo.

Quedó frente a el, Hiedra lo había sujetado con todas su raíces y lo inmovilizó, tenía nuevos golpes en su cara, suponiendo que Harley le golpeó con su pesado martillo.

-¿Por qué no te vas de una buena vez? -Limpió la sangre que escurría de su boca con su dedo y se dibujó una cruz en la mano. La pegó sobre la frente del tipo y está le empezó a quemar por dentro, como un fuego incesante que le derretía hasta las venas. La tortura más sencilla que le permitía su cuerpo en estas condiciones, eso era- Espero con todo mi maldito corazón… ¡Que sufras mucho!

Y con un movimiento ágil de su mano, portando una cuchilla extraña que hizo aparecer, le cortó el vientre al poseído y una masa negra salió de el, quemándose al instante y desapareciendo en cenizas con uno de sus hechizos.

-… -Se sentía muy cansado. Quería dormir… Se acercó con paso lento hasta Nanaue bajo la atenta mirada de las otras dos chicas y les dijo- Llévenlo a un hospital pronto. Llévenme con el, y que venga… Alguien de la Liga…

No se detuvo a pensar de más o esperar respuesta, se dejó caer sobre el brazo de Nanaue, sintiéndose exhausto, estaba por perderse en el mar de la inconsciencia, un camino que era prometedor para olvidarse de las preocupaciones, desconectarse unos segundos.

Pero aún con esa expectativa su subconsciente sabía algo sobre Nanaue que ni el mismo conocía. Allí, con su cabeza recostada sobre el fuerte brazo del Rey de los tiburones, sentía paz, ese era…

Ese era su hogar…

Allí estaba otra vez. Era el, de niño, como siempre, usaba su pijama de rayas azules y blancas. En medio de un vacío al que caía sin freno…

Odiaba la oscuridad desde que era niño. Los cuentos sobre que dentro de ella yacían monstruos que acechan a los pequeños indefensos; esos cuentos que te hacían mirar al armario mas de tres veces antes de pegar los párpados.

Si se puede recordar ese miedo infundado, sólo era cosa de saber las espantosas historias que su padre le relataba con una sonrisa maliciosa, esa que heredó, y que era impulsada por el recurrente alcohol dentro de su sistema.

Era tan ilógico que su propio padre pudiese haberle causado tantos traumas en su vida, siendo precisamente el que debía protegerlo de todo lo posible. Tantos golpes sin justificación, tantas lagrimas derramadas por alguien que aparentemente no lo amo nunca…

Las pesadillas con monstruos horrendos ya no era lo que lo acosaban, se trataba de los recuerdos de su pasado que lo golpeaban sin piedad, hasta despertarse todo sudado y con los ojos anegados por su llanto.

Su respiración se volvía dificultosa, sin control, el pecho le ardía y no tenía voz para pedir ayuda esa vez. El miedo crepitante asomaba su horrenda cabeza y lo hacia torcerse de terror. Anhelando cualquier cosa que lo salvará, incluso la piadosa muerte.

“Basta. Déjame. Ayuda. No quiero esto”

Era lo que pensaba pero sus labios no lo expresaban…

-John… John… Vamos. Tienes que despertar…

Se sentía muy calmado de repente, era como la paz en el ojo del huracán. Una brisa fresca con olor a agua salada del mar. Era la primera vez que…

-John… Despierta, querido…

Otra vez esa voz. Pero tenía más sentido.

Cuando sintió otra mano sujetar la suya, abrió los ojos de golpe por la sorpresa. Era una mano un tanto más grande, familiar, con una tonalidad distinta a la suya. Surgía por medio de una luz blanca que alumbraba su oscuridad.

Cuando se aferró más fuerte a ella, con el deseo de sobrevivir, vio mas allá…

Ahogo una exclamación cuando la luz se expandió. Observando a un niño, con una apariencia peculiar. Estaban debajo del mar, donde una hermosa y brillante ciudad se levantaba ante el y el niño.

Este jugaba sólo, abandonado a la soledad y escondido de los demás. Repudiado hasta por sus padres.

Golpeado, aborrecido, dejado de lado y sin segunda oportunidad…

En el fondo del mar, las lágrimas prácticamente no existen. Y aún de forma improbable, el lloraba. Justo como lo hacia John cada que veía llegar a su padre del trabajo. Justo como el pequeño tiburón que sujetaba su mano se escondía al fondo de la cueva en que vivía para que lo ignoraran, que pasarán de largo y no lo hirieran.

-John… -Cuando observó con cuidado, ya no era un niño. Volvió a ser un adulto, uno sentado en el suelo que todavía sujetaba una mano fantasma… La mano de Nanaue- Es hora de despertar…

Cuando observó al imponente tiburón de nuevo, nuevas imágenes se vislumbraron. El creciendo, siguiendo adelante y por su cuenta en contra del mundo, los mismos dioses.

Nanaue revelándose en contra de sus propios miedos y prejuicios. Abandonando su hogar en busca de libertad. Matando por sobrevivir en un mundo al que le habían dicho nunca le pertenecería sin importar cuando mordiera, gritara y sangrara.

Ambos pertenecían a mundos distintos, con historias distintas, cursos distintos… Pero algo los conectaba al final de todo…

Se observaron en silencio, John colocándose de pie. Observó sus manos entrelazadas como el final de su soledad y el inicio de algo. Donde el miedo por fin terminaba y nacía la belleza de algo inhóspito, distante, desconocido…

-Nanaue… -Estaba llorando, pero ahora lo hacia por una felicidad inexplicable-

-Debes despertar John. Te alcanzare muy pronto… Aún tengo que decirte algo -Sonrió aún con lágrimas en sus ojos profundamente oscuros y rojos como la sangre-

-¡Puedes decirme ahora! -Pidió emocionado acercándose, más el negó-

-Pronto… -Hizo un puchero. Eso le valió una carcajada del gran tiburón, quién se inclinó a besar su frente en un gesto más dulce de lo que nunca habría imaginado. Se quedó sin aliento- Cuídate hasta que sea mi turno de despertar, mi querido Doradito…

Acarició su cabello con ternura, el se recostó contra su toque.

-Despierta.

El despertar no había sido nada bonito como se pintaba en las películas. Sentía su maldito cuerpo adolorido, como si un tren hubiese pasado con todos sus vagones sobre el. Sin reparo ni vergüenza.

Su boca se sentía pastosa y tenia un regusto amargo en el fondo de esta. Una cosa mas que agregar, seguro tenía un aliento de mierda.

Trato de abrir sus ojos e incorporarse, pero fue una mala idea. El brillo de la luz le hizo soltar un gemido ahogado y eso también repercutió en su pecho como un dolor molesto que no tenía allí antes de…

Entonces callo en cuenta de la realidad. Abrió sus ojos de golpe ignorando el sufrimiento que le causó la luz que cruzaba las ventanas a sus párpados. Estaba en un hospital y recostado en una cama con su bata blanca horrible.

-Mierda… -Gimoteo al saber donde estaba. Odiaba los hospitales. Eran tan… Deprimentes-

-¡John! -Giró a tiempo para ver como Hiedra se levantaba de aquella silla aparentemente incomoda y empezó a observarlo, tomándole el rostro buscando algún rastro de daño grave- Estas bien…

Ella suspiro aliviada y le brindó una sonrisa. Se sentía confundido, pero aún así, no dejaría que se siguiera arrollando el cerebro con malos pensamientos.

-Estoy bien. Gracias por preocuparte… ¿Qué sucedió? -Pregunto solo por averiguar que tan desactualizado estaba-

-Bueno, pues… -La posible explicación se cortó antes de empezar cuándo una voz estridente llegó interrumpiendo. La figura femenina responsable daba brincos de emoción, lo que los hizo sonreír. Como siempre, animando las cosas-

-¡Johny! ¡Por fin despiertas bello durmiente! -Ella sonrió ampliamente mientras asomaba su cabeza por la puerta de la habitación… Ahora que lo notaba, ¿Los hospitales normales acaso no les impedirían a ellas y otros crimínales…?- Miren quien vino de visita.

Y entonces la rubia atrajo a la habitación a una peli morena de piel clara y porte elegante…

“Oh diablos” pensó el hechicero. En su rostro se forzó a sonreír, porque había esperado que ese encuentro no llegará nunca.

-Zatana… -La esbelta mujer levantó una mano saludándole, la otra aguardaba a su espalda- …

-Cuanto tiempo, John…

Ella camino lentamente hasta el. El rubio sintió de repente como si el cuarto fuese demasiado pequeño. Aún así realizó su mayor esfuerzo por no demostrar su incomodidad. La última vez que había visto a la pelinegra… No acabaron en buenos términos.

-Bien, los dejamos un momento. Amor, necesito que me acompañes al jardín, debo mostrarte algo… -Dijo Hiedra, tomando a Harley de la mano y arrastrándola fuera de la habitación, mientras ella decía algo como: “Pero si acabo de llegar” agradeció internamente a la pelirroja por eso-

-¿Cómo te encuentras? -Inquirió lentamente ella, mientras lo observaba de forma tranquila. Esos ojos le inquietaban un poco. Siempre fue capaz de leerlo sin esfuerzo. Se removió un poco en su lugar y busco las palabras-

-Digamos que bien. Creo que el queso con agujeros estaría orgulloso de mi -Su mal chiste hizo que ella sonriera… Sólo un poco- Dime, ¿Cómo te enteraste que estaba herido?

-Pues, Batman me envió -Por su puesto que fue el. El murciélago detective de ciudad Gótica era un…- Recibió un llamado de Waller en el que ella le solicitaba que enviasen un miembro de la Liga por petición tuya. Dijeron que estabas herido. Creyó que era una buena opción.

Se encogió de hombros la joven mujer. Era bella como siempre con su aire relajado… Pero ya no tenía ese atractivo que le hizo ir a por ella como en un principio… Y al final arruinarlo.

Ella se sentó en la incomoda silla que había ocupado Hiedra solo segundos antes, colocó una rosa amarilla sobre la mesa que descansaba a un lado de su cama. Observo el presente con detenimiento y agradeció por ello.

-Entonces… ¿Qué tal todo? -Pregunto sintiéndose torpe en su presencia-

Ella sonrió divertida.

-¿De verdad? ¿No tienes algo mejor? -A ella le encantaba bromear con el, pero ahora era capaz de jugar sucio… Quizá se lo merecía- Te seguiré el juego… Me ha ido bien. La Liga nos cuida a mi y a Etrigas. Se divierte mucho. Estaba triste cuando la casa desapareció… De nuevo.

La casa de los misterios, una mansión multifacética y extraña que había sido su hogar, también el de Z y Etri. Hacia más de un año que no ponía un pie en ella. No le sorprendió en lo absoluto que se desvaneciera como antes.

-Bueno, supongo que lo que una vez perdido, debe permanecer así.

Ella arqueo una ceja. Sonrió lentamente. Oh no, algo se avecinaba.

-Sólo lo dices porque Lirio y yo te echamos fuera -Indico-

-Oh claro. Lirio. Esa mujer tenía un complejo de superioridad. Además, eran dos contra uno, no fue justo… -Hizo un puchero infantil-

-Ella estaba tan asqueada como yo cuando te descubrimos en nuestra cama, engañándome -Aclaró. Diablos, esto era lo que quería evitar-

-Lo siento, pero… La carne es débil -Se excusó torpemente, hundiéndose mas-

-Eran un hombre y una mujer… Demonios los dos -Ella le observó de forma fría. Joder, que ya estaba muriendo de vergüenza y de paso debía recordar esa época tan bizarra de su vida. Que asco-

Suspiro derrotado. No había excusa para lo que hizo y lo sabía.

-Lo siento. De verdad -Agachó la cabeza algo culpable- No te merecías eso.

-… Je je… -Su risa le hizo observarla confuso- Tranquilo. No te estoy reclamando. De cierta forma, fue lo mejor separarnos… Pero tengo una pregunta, John -Su mirada callo a un costado bajo. No sabía que miraba, prefirió esperar su pregunta-

Asintió en espera de cualquier cosa.

-Escuche que saliste herido por salvar a alguien más… -Ella deslizó sus ojos una vez más a una esquina. ¿Qué estaba…?- ¿El es esa persona?

Su corazón se saltó un latido cuando giró su mirada hacia la izquierda… Allí, recostado en una cama idéntica a la suya, estaba Nanaue, inconsciente como el estuvo sólo segundos antes.

Pero eso no fue lo que lo impactó. Era su mano… Eso era lo que Zatana estuvo viendo todo este tiempo. Su mano y la de King Shark estaban entrelazadas bajo un apretón fuerte e inconsciente.

Creía que estaba por caer inconsciente en cualquier segundo… Quizá sería lo mejor, pensó.

-Nanaue… -Se quedó sin aliento. Entones fue que recordó el sueño que tuvo y todo se le vino encima como una avalancha. Nanaue… Estuvo cuidándolo hasta en la inconsciencia-

¡No, no, no!

Eso no fue lo único. El nítido recuerdo de Nanaue desmallándose en sus brazos diciéndole… “Querido John”

Eso lo atonto unos segundos porque… ¡No tenía un puto sentido que halla dicho eso! ¿Seria por las heridas que lo hicieron divagar o alucinar? ¿Se burlaba de el? ¿Era algo común en su trato con la gente?

¡¿Pero que mierda significa?!

Entonces recordó que no estaba sólo y que ella esperaba una respuesta. Se le veía tranquila y sus ojos imperturbables.

-Zatana… -Ella inclino su cabeza. Un gesto curioso que hacia a veces- Yo… No se…

De pronto no sabía que decir o como explicar eso. Ese era un agarre inconsciente, pero con todo y eso, no quiso romperlo. Porque no se sentía incorrecto, necesitaba eso para asegurarse de que estaba vivo. Y así era. King estaba vivo… ¿Y por qué eso le llenaba de tanto alivio?

-Voy a realizar una conjetura -Ella lo evaluó detenidamente- El, es importante para ti -Eso lo hizo sobresaltarse, porque… ¿Cómo podía ser así? Apenas y conocía a Nanaue y… De cualquier modo, siendo completos desconocidos, arriesgaron sus vidas por el otro- De todos los hechizos que conoces, un mundo de posibilidades que pudiste considerar; usar un hechizo que compartía el sufrimiento era tu solución. Mi pregunta es ¿Por qué razón harías eso por el? ¿Qué tiene de especial para que quieras sufrir junto a el? ¿Por qué no te permitiste dejarlo morir?

¡Buenas malditas preguntas sin respuestas!

Era tan confuso todo esto. Más aun con esas preguntas certeras y correctas para esa situación. Estaba por tener una revelación si continuaba alucinando de esta forma.

-Yo… No lo sé.

Respondió lo mismo de antes porque, al parecer su capacidad para hablar se había tirado por la ventana… El estaba por hacer lo mismo.

Zatana sonrió hacia el como… ¿Enternecida?

Era como si ella supiera algo que el ignoraba.

-Harley es muy parlanchina ¿Sabes? Pues, una de las cosas que no reparo en decir, fue que cuando los trajeron al ala médica de esta, la base del escuadro suicida, nunca soltaste la mano de King Shark. Ni siquiera cuando los llevaron a operar para curarlos… -Ella sonrió más, observando su mano envuelta en la del fuerte tiburón a su lado- Ni si quiera ahora. Es como si sus cuerpos se negaran a separarse. Como si creyeran que lo correcto es mantenerse unidos…

La mujer se colocó de pie de repente, y se inclina para besar su frente. Ese gesto tan dulce lo dejo sorprendido.

-John, eres la encarnación de uno de los dioses del engaño. Si no logras ver por tu cuenta que es lo que sucede aquí, de verdad que necesitas ayuda urgentemente. Porque el único engañado aquí, eres tu mismo, por tu propia cuenta… -Se empezó a retirar- Volveré pronto a verte.

-¿Pero qué…? -¿Sería posible estar mas confundido que cuando despertó? Puede ser. Zatana tenía razón, algo sucedía en el… frente a el, y no se enteraba de que era. “No hay peor ciego que el que no quiere ver” Ese dicho se ajustaría bien a su caso sino fuera por el echo de que no estaba enterado de que carajos pasaba- ¿Tú sabes que es grandote?

Pregunto hacia Nanaue. Por supuesto, no hubo respuesta. Se le veía cansado y herido… Eso le encogió el corazón.

De forma inesperada llegaron estas desagradables imágenes a su mente. En ellas, había fallado en salvar al rey tiburón y este había muerto. Su sangre por todo el suelo de esa fea mansión, el demonio regocijándose por ello. Reptando y esperando para matarlo también…

Sentía las ganas de vomitar a la vuelta de la esquina y eso le atrajo a darse cuenta de algo importante…

-¿Me aterra verte… Morir? -Pregunta a nadie en particular, pero iba dirigido a Nanaue. Era como si la presencia del tiburón resultase vital para el. Según lo que le dijo Zatana sobre sus manos, sus actos en la mansión y esta nueva actitud recelosa a verlo morir… Pero en nombre del averno, ¿Qué le sucedía?-

Esas dudas se mantuvieron con el, durante 5 largos días estando internado en esa ala médica. De alguna forma, tenía sentido que no hallan encarcelado a las chicas si estaban en su base y no en las calles siendo presas de la Policía o así. Tuvo la oportunidad de ir por aquí y allá y conocer el área, así como a otros sujetos bastante pintorescos de ese escuadrón.

Cabía destacar que odiaba a Capitán Boomerang. El tipo era un irlandés sumamente molesto al que no quería ni ver en pintura.

Por otra parte, se hizo buenas migas con Crokc. El cocodrilo se disculpo de forma sorprendente por su actitud del otro día y este no tardó en tomarlo como un amigo… Sorprendente de verdad.

En fin.

Estando ya recuperado, le dijeron que podía venir cuando deseara a ver a Nanaue. Esa no se la esperaba de la “terrible” Waller como solían llamarla. Parecía amable y todo. Pero estaba seguro que eso era sólo una máscara que ocultaba su naturaleza real. Ya había conocido a mucha gente así.

Así que, con una despedida vaga a todos y una separación renuente del tiburón, se fue…

Dispuesto a volver muy pronto.

•♤•

-Me tengo que marchar… Volveré pronto -Esa voz cautivadora que le había estado hablando desde hace un tiempo que no sabía medir se despedía de el. Su agarre fantasmal aflojándose. Eso le asustó, porque a pesar de todo y el maravilloso sueño que tuvo con cierto rubio, no quería quedarse sólo. Quería ir con el y observar esos ojos hermosos, o el…-

-¡Por favor! No te vallas…

Pero era muy tarde. Se apartó de su mano y de pronto un frío solitario lo recorrió. Se volvió un ovillo abrazando sus piernas contra su pecho por la ansiedad que le causaba estar solo.

-… Por favor… -Su voz resonó en la oscura soledad- No quiero estar…

Cuando creyó que ese horrible ambiente sería para siempre. Una luz atravesó la oscura cortina. Dándole una esperanza.

Se puso de pie y tropezando, llegó hasta ella… Buscando lo que tanto necesitaba.

-¡Ahg! -Respiró bruscamente cuando su conciencia regresó y sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa. Su corazón latiendo a mil en su caja torácica y el monitor de latidos a su lado pitando sin parar. Le dolía la cabeza, pero… Se sentía bien prácticamente. Revisó bajo su camisa extra grande y notó que sus heridas estaban casi prácticamente sanas, casi invisibles e inexistentes- ¿Cuánto… Tiempo pasó?

Preguntó dudoso sobre el tiempo que estuvo fuera de juego. Si sus espantosas heridas ya casi no estaban, calculaba al menos dos meses o…

- ¡Tiburoncin! -Una cabellera rubia saltó sobre el para darle un apretado abrazo, causándole daño cuando sus rodillas golpearon sin intención su entrepierna-

-¡Maldita sea! ¡Harley, me vas a dejar sin putos hijos! -Exclamó sintiendo espasmos en su cuerpo y el sordo dolor en sus partes “Nobles”. Se encorvó un poco sobando esa área cuando la rubia se retiró. Ella sonreía como siempre, y no podía negar lo contagiosa que resultaba- … Joder. Eres mas pesada de lo que aparentas.

Ella soltó una carcajada mientras le daba un abrazo menos peligroso. Correspondió porque se sentía muy bien estar de vuelta. Pero…

-¡John! -Mencionó al rubio recordando la razón de sus heridas. Harley se separo de él un poco para verle al rostro- ¿Qué pasó con el? ¿Está bien? ¿Salió muy herido? O…

Su amiga rubia lo sujetó del rostro para que se detuviera y la mirara. Eso sirvió para apaciguar un segundo sus miedos.

-Cálmate -Pidió la chica seriamente. Luego se sentó en una silla al lado de su cama… La cosa lucía incómoda. Ella saco un celular y empezó a escribir algo en la pantalla de forma ágil y veloz. Luego lo guardó y lo observó- Primero, John está bien. Hace dos semanas que se fue cuándo estuvo completamente recuperado. Segundo, debes comer algo. Así que, no hablaremos de esto hasta que estés alimentado.

-¿Qué? Pero… -Ni bien ella dijo eso, Hiedra y Crock aparecieron por la puerta de esa ala médica que conocía bien, era de la base del escuadrón, lo pusieron en una silla de ruedas y lo llevaron como unos locos hacia el comedor. Riéndose de quien sabe que mientras el se preguntaba que carajo había echo para tener una vida tan confusa-

-Y eso fue lo que sucedió. Te salvó la vida como un maldito Príncipe de cuentos de hadas y estuvo sobre ti todos estos días. Curándote con sus truquillos de magia cada que podía.

-… -Bueno. Mierda. Sabía que tenía mucho de lo que ponerse al tanto, pero no se esperaba nada de lo que le contó Harley-

John lo había salvado… Arriesgándose a el ni mas ni menos. Y después estuvo cuidando de él estas tres semanas que estuvo inconsciente. Su corazón latía con fuerza ante la expectativa de John muy cerca de el, cuidándolo hasta tarde la noche, sujetando su mano. Porque si, gracias al relato detallado de los tres personajes que lo acompañaban en la mesa, logró enterarse de que el siempre sujetaba su mano. Como lo miraba y…

Era imposible no ponerse ansioso. ¿Será que por fin comprendió cuáles eran sus sentimientos por el? O ¿Sería mera lastima y ya?

-No pienses así -Hiedra lo miró con reprobación de repente. Era como si adivinara lo que pensaba- El no lo haría sólo por sentirse culpable… No quiero darte esperanzas falsas, Nanaue… Pero, creo que el… Siente algo por ti.

Ella frunció el seño, pensando profundamente concentrada. Un gesto que sólo hacia en dichos momentos.

Entre tanto, su mente se desvió ante la posibilidad de que fuese así. Eso lo haría tan feliz que…

Entonces recordó su realidad y su mirada fue a dar en la mesa, observó sus manos que jugaban con un hilo invisible de forma nerviosa.

-El… No se fijaría en alguien con mi apariencia… -Dijo con pesar. Desde hace mucho tiempo tenía complejos con su apariencia. Deseaba tener una apariencia humana para no sentirse así. Todos le excluían incluso cuando era sólo un bebé. Sus padres por ejemplo. Quienes estaban asqueados con el. Salió adelante, cierto. Puede que fuese la persona que es porque no se lamentó pero… No por menos era difícil creer que alguien gustara de su persona, gracias a su apariencia. Su rostro se contorsionó gracias a la tristeza. El no podría conquistar a John siendo…-

De pronto unas cálidas manos se sujetaron sobre las suyas. Miró hacia arriba, Harley, Hiedra y Crock también le estaban mirando de forma consoladora. Dándole su apoyo. En momentos como esos quisiera llorar. Pero se había prometido no hacerlo, así que…

-Gracias -Agradeció, sonriendo, luciendo más animado está vez. El resto del tiempo fue tranquilo, otros miembros del escuadrón lo saludaron animadamente dándole la bienvenida a la realidad, se divirtieron y rieron un rato agradable…-

-No me jodas… -Dijo Crock de repente con una sonrisa amplia y llena de colmillos mirando hacia la puerta a su espalda. Siguió sus ojos afilados y como si fuese natural, el aire de sus pulmones escapó… Pero de forma agradable-

-H-Hola… -John estaba parado en la puerta. Lucía agitado, como si hubiese corrido. El no supo que decir ni actuar. Un empujón a su ancha espalda lo hizo reaccionar-

Se colocó de pie y caminó lentamente hasta el. Su boca se abría y cerraba en busca de que decir, pero no fue hasta que estuvo a un metro de distancia del rubio hechicero que pudo decir:

-Hey… Te vez vivo.

Un golpe seco a su espalda llamo su atención. Resultó ser que sus tres acompañantes se golpearon de forma sincronizada su frente. Por amor al dios tiburón, es que sólo el decía esas cosas.

Pero para su sorpresa, John soltó una risa sin reparo. No se burló, era por lo que dijo en si. El sonido de su risa era… Simplemente hermoso, y se perdió en eso y sus hermosos ojos que lo veían de una forma indescriptible.


-Se aseguró de estar despierto cuando sus brazos temblorosos se envolvieron en la pequeña y bien construida figura del rubio. Eso fue… ¡Woa! No tenía palabras. El cuerpo de John era tan cálido, tan perfecto y hermoso. Ahora si se sentía listo para llorar a cántaros-
















-S-si… -Respondió rápido para no llamar su atención- Es muy hermoso…

Pero no lo había dicho realmente a la ciudad. Pues sus ojos permanecía sobre el alto tiburón.

Los ojos de ambos se encontraron de pronto y desviaron la mirada al mismo tiempo sintiéndose torpes y avergonzados. Más él por estarlo viendo fijamente.

-Creo que te debo una por salvarme -El tiburón le sonrió mientras recostaba sus brazos en el pequeño muro que rodeaba la cornisa-

-Para nada -Aseguró- Lo hice porque creí que era lo correcto… -Sus palabras siguieron saliendo sin querer- Y yo…

El rey tiburón lo observó de nuevo con interés y vocalizó.

-¿Tú…?

Trago en seco ante lo que diría.

-P-por algu-na razón… Me… Me… -Era tan difícil decirlo. Seguro estaba rojo como un tomate. Y que King se acercara a el, expectante, no le ayudaba- Me sentí aterrado ante la posibilidad de verte morir… No quería perderte…

Hubo silencio un segundo y hasta creyó que Nanaue se había enfadado y se había ido cuando se dio media vuelta para ocultar su vergüenza. Pero cuando sintió dos fuertes manos con unas garras negras sujetar sus hombros con delicadeza. El estremecimiento que lo invadió lo hizo saber, que no se había marchado, ni lo haría.

Se giró de nuevo sólo para toparse con esos ojos negros con hermosas pupilas de color como rubíes, en los cuales se vio hipnotizado. El rostro del depredador se había oscurecido un poco y… Comprendió que eso no era una señal de molestia. ¿Acaso era su forma de ruborizarse? ¿Significa que en los túneles…?

-Yo tampoco quería perderte -Sus palabras hicieron que sus ojos se expandieran tanto que se veía chistoso- Cuando vi que corrías peligro… Mi cuerpo se movió antes de pensarlo dos veces… John, estaba y estoy dispuesto a morir por ti.

El… No… ¿Qué significa esto?

-No lo entiendo. Dices eso pero… ¿Por qué lo harías? -Ambas manos se apretaron en puños por la confusión y frustración- ¿Acaso necesitas algo de mi? ¿Es eso? O ¿Fue sólo un capricho de alguna clase? De otra forma, no comprendo porque razón querrías morir por mi…

Cerró sus ojos al sentir que las lágrimas picaban por salir. El era una persona lógica que sabía reconocer las cosas sin mucho esfuerzo, y por ello, había librado todas sus batallas.

Pero aquí, al estar frente a este tipo que le causaba cosas extrañas a su corazón… Que lo hacía acelerar con la cercanía o con toques ligeros e inocentes, era como si todo se fuera a la mierda y su lógica desvaneciera. Le aterraba y consolaba el tener la misma mentalidad que el al salvarle la vida. Y aún con todo no hallaba un atavismo de sentido para apaciguar su caótica cabeza.

-Porque estoy enamorado de ti John… Lo he estado desde hacía varios años. Y no supe cómo hacer para decírtelo o confesarme o saber que opinas sobre ello… Porque soy un cobarde que a evitado confrontar sus sentimientos, aun cuando es capaz de pelear contra quien sea que se interponga en su camino…

•♤~♧•

No. No eres un cobarde. No digas eso” Pensaba, pero no hallaba como decirlo, porque…

¿De verdad dijo que estaba enamorado de el?

Eso era… No sabía que pensar al respecto. Su pecho se llenaba con una sensación agradable y su corazón dio una pirueta que lo dejó desconcertado. Miles de preguntas viajan por su mente de aquí a halla. Pero pensamientos como “Esto me hace tan feliz” lograron abrumarlo todavía más.

Se estaba dando cuenta de algo importante…

Mientras la mente de John se devanaba con esa serie de cuestionamientos, Nanaue aguantaba la respiración, cruzaba los dedos y hacia cualquier estupidez que aprendió de los humanos para evocar la suerte. Al fin lo hizo. Derramó su corazón sobre el y debía admitir que se sentía muy bien ser libre de ese peso.

Era desbordado por la alegría y la incertidumbre a partes iguales, pues John seguía mirándolo con una cara de impactado, ahora baja su rostro enrojecido y miraba a todos lados menos a el. Eso lo desalentó un poco.

Seguro estaba pensando en lo difícil que sería rechazarlo por quien era y lo que hacía. Tenía miedo o algo así. Suspiro triste sopesando su cruel y recurrente realidad. Era inaudito que pasara tanto por ello. Entonces dijo de forma adelantada:

-Esta bien. Imagine que no pensarías igual. Era imposible después de todo -Su voz estaba llena de derrota mientras lo soltaba y se apartaba un poco de el. Sonrió falsamente ocultando su dolor- No te hare nada. Ahora, debo irme a descansar. Fue un gustó verte Constantin.

Empezó su retirada mientras sus manos se volvían puños y su mandíbula se tensaba. Necesitaba llegar al ascensor antes de romperse en llanto y evitarse un drama y…

Una mano se envolvió en su muñeca, sorprendiéndolo por completo.

-¡¿Pero qué mierda significa eso? -John lucía enfadado y sus ojos cristalizados- ¡Ni siquiera me has escuchado! ¡No te adelantes a las cosas, tonto!

John no sabía ni como estaba hablando si sólo segundos atrás estaba mudo de la vergüenza. Por fortuna, las palabras egoístas que dijo Nanaue, bastaron para impulsarlo hacia el y detenerlo antes de darle una impresión equivocada.

-¡¿Cómo se te ocurre soltarme esa bomba y luego decir cosas tan horribles?! Eres muy egoísta contigo mismo -Sus reclamos podían ser infundados e impulsados por la rabia. Pero no por menos ciertos. El rey tiburón frunció el seño y dijo casi seguro-

-Es la verdad. Nadie querría meterse con algo como yo -Nanaue quiso soltarse del agarre de John, pero fue casi imposible- Suéltame.

-No. Ahora, tu me vas a escuchar -John poseía una mirada determinada he intensa que lo hizo retroceder ligeramente y que corto con su aliento- Dices que está bien. Que no es nada y que era imposible. ¿Qué se supone que es imposible? ¿Enamorarme de ti? -Soltó una risa desdeñosa- No me conoces Nanaue. No te adelantes a los eventos.

El agarre de John se fortaleció y lo atrajo mas cerca de el, tuvo que inclinar la cabeza para verle a los ojos, los cuales refulgían con una seguridad y convicción sin precedentes.

A estas alturas ya ni sabia lo que decía, pero ahora que estaba, le solitaria la mierda que guardaba.

-Tu no entiendes lo que es estar expectante a algo que sabes lo que es pero que no logras identificar. Sientes miedo por lo que piense de ti pero no te imaginas las dudas que tengo sobre si lo que siento por ti es lo mismo. ¡Maldición, Nanaue! Apenas sí puedo hablar cerca de ti -Eso desconcertó al tiburón- Yo…No puedo separarme de ti… -Ambos miraron sus manos y John las entrelazo de forma temblorosa. El cosquilleo en su cuerpo apareció y le recorrió de forma agradable- Ni siquiera ahora puedo dejarte ir… Me aterra que no formes parte constante de mi vida…

¿Era cierto entonces? ¿Estaba enamorado de Nanaue? Todo lo que decía en si era por el impulso del momento y todo lo que guardaba en el. Pero darse cuenta de ello justo ahora era mas increíble que nada de lo que halla visto en todos sus años luchando contra lo sobrenatural.

John recostó su cabeza contra el firme pecho de Nanaue y se dedicó a escuchar los latidos acelerados de su corazón.

-Creo estar enamorado de ti.

Ahogo una exclamación cuando esa confesión lo alcanzó. Ahora si podía pensar que era un sueño. Pero de alguna forma, no quería despertar de ser así.

-… Me amas… ¿Aún con la horrenda apariencia que poseo? -Pregunto con vergüenza. No le gustaba expresar su desagrado por su rostro-

Y algo increíble sucedió. John lo sujeto del rostro y junto sus frentes, cerraron los ojos y disfrutaron del momento en silencio.

-No se que es “Horrendo” en ti. Lo único que veo es a uno maravilloso hombre. Con defectos. Miedos. Pero que a pesar de todo, sigue adelante sin miedo al mañana o la gente que lo rodea… -Puso una de sus grandes manos en la mejilla del mas bajo. Estaba húmeda por sus lágrimas. A ese punto, el también lloraba por sus hermosas palabras que fueron como un bálsamo para su corazón herido- Desearía ser así de valiente. No tenerle miedo a la gente que se supone me importan… Creo que aunque no tenga una apariencia distinta, así como la tuya, tengo cosas que me hacen peor persona. Y allí nos cuestiono si está bien que sientas lo sientes por mi. Yo…

Abrazo a John ahora. Tratando de calmar sus sollozos con caricias sobre su cabello. Nunca lo había visto tan inseguro sobre si mismo. Y ahora que lo pensaba, ambos poseían mas en común de lo que aparentaban.

Aunque lo supo en ese instante. Los dos estaban rotos. Tuvieron la desdicha de vivir cosas que los hirieron hasta quedar como estaban. Tenían miedo constante a lo que no entendían bien, y cuando no podían destruirlo, resultaba más real que antes y les atemorizaba como el infierno.

En ese pensamiento le dijo.

-No eres perfecto. Eres humano. Al igual que yo no soy nada bueno y creo no merecerte de ningún modo… -Con su dedo índice y pulgar, tomo la barbilla de John y la elevó con delicadeza mientras limpiaba sus lágrimas. Esos ojos eran hermosos hasta anegados en lagrimas- Eres hermoso tal y como eres… Y no necesitamos ser perfectos para ser felices… Sólo nos necesitamos a nosotros.

Noto un brillo de esperanza en esos ojos que lo alentaron a seguir.

-John, por favor. Dame una oportunidad de demostrarte que no soy como...

-Acepto.

Eso lo hizo parpadear sorprendido. Incluso el mismo John lucía impresionado con su respuesta.

Y valla que si, jamás fue tan precipitado como ahora.

-¿Estas seguro de que no quieres…? -El rubio lo interrumpió nuevamente-

-Ya he dudado demasiado en mi vida como para hacerlo ahora. Seré egoísta conmigo mismo de ser necesario. Sin importar lo que opinen los demás, quiero arriesgarme -La convicción en su voz lo hizo sonreír enormemente. Sentía que se le caería la mandíbula- Deseo… Explorar estos sentimientos que tengo por ti. Así que si Nanaue, quiero salir contigo y ver a donde nos lleva esto.

Apenas el terminó de hablar y Nanaue lo levantó del suelo, dando vueltas con el en un emotivo abrazo.

Eso duró hasta que el dolor fue insoportable. No quería cortar con esa alegría, pero no tuvo de otra más que bajar a John.

El tiburón se quejó un poco y eso le preocupo cuando estuvo en el suelo otra vez.

-Estoy bien… Sólo algo débil aún… Je je… -A pesar de todo sonrió, porque Nanaue le resultaba alguien muy animado y… Le gustaba mucho su personalidad y lo que representaba para el-

-Nanaue… -El lo miro cuando hablo un poco bajo y apenado. Quería pedirle algo- ¿Crees que… Podamos repetir el abrazo de hace rato?

Y así como así, Nanaue volvía a enamorarse de John Constantin. El tipo era una dulzura y era imposible negarse a el.

-Claro… -Extendió sus brazos en espera de el y se sonrió a gusto al tenerlo con el. Encajaban perfecto. Y ese pensamiento le gustó más de lo que nunca pensó que fuese posible- Eres tan hermoso luciendo todo avergonzado.

El chico le pellizco las costillas mientras hacia un puchero y eso le saco una risa.

Pero nunca se apartaron. Se dedicaron a disfrutar de cada segundo. De sus cuerpos tan cerca como era posible. La hermosa melodía del silencio que los envolvió.

Era precipitado decirlo, pero entre ellos podría surgir algo muy poderoso. Algo que los haría enormemente felices. Eso que tanto anhelaban y necesitaban desde hacia mucho.

La primera cita sería el primero de los pasos a una vida donde ninguno podría vivir sin el otro…

•♤•

Unos días pasaron desde que hablo con John y le confesó sus sentimientos. Estaba que no se creía nada y se sentía flotando de manera constante sobre una nube.

Es que aun no había podido procesar como se dio todo al final. Cabe destacar que cuando sus amigos del escuadrón se enteraron, prácticamente cayeron de espaldas en su silla.

-Debes tomar en cuenta los gustos de Johny… -Dijo Harley, parloteando a su lado- Además, debes ser detallista y tener estilo…

Ella le aconsejaba como si fuese una experta. Ese era otro tema que trajo su confesión. Que todos empezaron a planificar como los cupidos que querían ser. Se estaba empezando a exasperar pues no llegaban a un acuerdo.

-Diablos, no. Me largo… -Dijo prácticamente corriendo lejos de ellos. La mesa estaba llena de revistas que incluían artículos de “Citas perfectas” y estaba casi seguro de que ellos se traían alguna de bodas cerca-

La idea no le abrumaba para nada, es mas, le interesaba demasiado. Tenía muchos mas años que el resto de las personas comunes, y le constaba que John era el mismo caso. Por ello, la idea de un matrimonio con el rubio resultaba demasiado atractiva.

Claro, era demasiado pronto para pensar en ello…

Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se permitió recostarse en una pared y meditar lo siguiente que haría. Días atrás, quedó con John de probar suerte e ir a una cita, pero ninguno a mencionado el tema por los mensajes que se han estado enviando.

Se habían conocido un poco desde entonces. Averiguo que al chico no le gustaban las cosas muy dulces. Tenía una predilección por el vodka. Su edad rallaba más de los 100 como el. Y gustaba de la lectura. Un pasatiempo que tenían en común.

Pero aun con esos y otros datos, aún ignoraba que podía hacer si en dado caso el organiza la cita.

-Nanaue… -Dio un respingo cuando escucho esa voz. Frente a el, estaba la señora Waller. Su rostro tenía una fuerte expresión como solía ser y su ropa era un traje oscuro con una falda que iba más baja de sus rodillas. Su postura era firme e imponente a pesar de ser más baja que el… Mucho- Me alegra saber que te has recuperado de forma progresiva y rápida.

Ella había estado fuera unos días y cuando ocurrió lo de la mansión, debido a eso, no estuvo disponible. Recibió una carta con su respectivo regaño cabe destacar.

-Gracias… -Fue lo único que alcanzó a decir pues esa mujer le ponía un poco ansioso. Ilógico, pero cierto-

Ella lo observó de forma silenciosa por lo que pareció una eternidad. Y cuando estuvo por hacer una retirada estratégica, ella dijo:

-No dudes tanto sobre lo que planees hacer… -El se congeló al oírla- A pesar de ser un asesinó, y tener toda la mierda que eres y llevas contigo… Mereces ser feliz… Todos lo merecemos.

Esas palabras lo sorprendieron sin duda alguna. Jamás se espero que ella, de entre todas las personas, le daría un consejo.

-Señora… ¿Usted tiene pareja? -Pregunto con autentica curiosidad-

-… Alguna vez la tuve… -Y con eso, ella desvío la mirada y siguió su camino-

A ojos de Nanaue, esa mujer no dejaba de ser despiadada y sin corazón bondadoso… Pero era humana, y como tal, con un corazón herido… Quizá como el suyo y el de John.

-¡…! -Un mensaje llegó a su celular y lo extrajo rápido de su bolsillo, la anticipación lo impulsaba, grande fue la alegría de ver quien era y el contenido del texto-

•♧•

John


Quisiera encargarme de la cena.


¿Qué dices?

Ese fue el mensaje enviado desde su celular. Había decidido afrontar las cosas con otra perspectiva de su parte y tratar de aunar ideas para la cita, puesto que ninguno había tocado el tema desde hace un par de días que se vieron.

Por esta razón, se encontró con Zatana quien fue muy generosa en sugerir ideas… Pero…

-No seas tan dramático- Ella le regaño mientras que el golpeaba su frente contra la mesa en espera de que le causará un traumatismo… Eso sería en vano debido a sus poderes. Pero quería tener las esperanzas puestas en ello luego de que la mujer tomase su teléfono y le enviaste aquel mensaje a Nanaue. Sin su consentimiento- Sino lo hacia, ninguno daría un paso más de donde estaban.

Y puede que fuese verdad. Sólo hace unos segundos veía los pros y contras de tonterías. Era mejor de esta forma. Pero tampoco podía ser de forma tan precipitada. Menos bajo un arrebato como el de ella. Aún no tenía la menor idea de lo que podía hacer.

-El problema, Z, es que no tengo la más mínima y puta idea de cómo organizar una cita -Dijo observándola ahora con una mueca de derrota- Tu, mejor que nadie, sabe lo malo que soy con estas cosas. Jamás he sido detallista y romántico en toda la extensión de la palabra. Ni si quiera se como son las citas de hoy en día. Y por favor, no me sugieras ver una película de romance para hacerme una idea o te juro por el anti-Cristo que voy a…

Ella elevó su mano callándolo. Esto debido a la vibración en su celular. El lo tomo con intriga y luego se lo lanzó a ella diciéndole que era una locura. La vio rodar los ojos y al abrir el mensaje, hizo esta expresión relaja y aprobatoria que lo intrigo más.

-… ¿Y bien? -Estaba expectante-

-Dice que le parece bien… Y te escribió al menos de tres formas que si resulta mucho trabajo el se encarga o que te quiere ayudar… Es muy dulce de su parte…

-Lo sé… -Y muy a su pesar sonrió con el recuerdo del tiburón. Sus mejillas se sonrojaron al pensar en los abrazos que compartieron y las conversaciones graciosas en las que se conocían de a poco. Supo en ese instante que sin importar que, debía ser perfecta esa cita- Z… -Ella lo observó- Por favor. Ayúdame en esto… Se que no lo merezco pero…

-Claro- La respuesta de la mujer le sorprendió. Luego sonrió al saber que ella siempre fue esa clase de persona que te apoyaría sin importa que- ¿Tienes un plan?

-… En realidad… Si.

Una idea se cocinaba en su mente. Por fin tenía avances, pensó. Sólo debía hallar la manera y si todo salía como esperaba, para el final de la noche, habría conquistado de verdad a Nanaue.

-Hagámoslo.

•♤•

-Te vez realmente guapo -Los halagos de Hiedra estaban haciendo un buen trabajo en eso de subirle la autoestima. Le vendría bien para sus nervios. Ella se había puesto de puntitas para poder acomodarle el cuello de la camisa verde oscuro manga larga que llevaba puesta y que estaba perfectamente planchada- Listo.

La mujer sonrió ampliamente mientras le daba camino para observarse en el espejo de cuerpo completo de la habitación del más alto. La camisa era lo suficientemente holgada para que le quedará bien y no se rompiera. Los pantalones jeans negros con rasgaduras en sus muslos se torneaba de manera perfecta a sus ejercitadas piernas. Se había aplicado una loción que le obsequió la pelirroja amiga suya que según, la produjo con ayuda de sus plantas. Olía excelente. Recordaría alimentar luego a esas colmilludas cositas.

La esperada cita había llegado por fin, y hasta ahora se estaba devanando los sesos por cualquier resultado malo que tendría esto.

El cortejo quizá era la parte mas complicada para forjar una relación, y aunque Nanaue no lo pareciera, tenía una predilección por apanicarse en cosas tan sencillas como la primera cita o ser totalmente romántico o meloso.

Demándelo, era un miedoso en potencia.

-Si continuas así, nunca irás con el -Le recordó Hiedra y eso bastó para darse cuenta de que divagaba. No valía la pena pensar en cosas de esa índole-

-¿Hiedra? -Había una duda que no lo dejaba en paz. Y no sabía como quedaría al preguntar pero… Lo necesitaba- Cuando tu y Harley empezaron a salir… Digo… -No hallaba la forma correcta para decirlo- ¿Es normal sentir miedo de la persona con la que se supone, estas enamorada?

La pregunta tuvo que hacer mella en ella, eso debido a que se detuvo de hacer lo suyo en ese momento. Cuando ella se giró y lo evaluó con la mirada, pudo sentir que cualquiera de sus temores empezaban a reflejarse en sus ojos.

La más baja suspiro sonriendo.

-Verás, Nanaue… -Ella camino hasta el ventanal de ese cuarto. Este daba con una vista panorámica hacia la calle. Las tonos de otoño en el árbol frente a la base pintaban parte de la perspectiva. Daba un ambiente relajado. Esto debido a que ya estaban a finales de noviembre- No todas las parejas son iguales. Por lo menos, Harley siempre se me antojó como una chica demasiado ida de este mundo como para pensar en que me enamoraría de ella un día. “Debo estar loca” Pensaba -Ella sonrió. Como si recordará esos tiempos- Pero entonces pensé: “Nena, tu también estas chiflada” -Eso le saco una risa. El curso de la historia era bueno por lo que veía- Tuvimos que pasar por muchas cosas para darnos cuenta. Pero...

-A la final. El resultado valió la pena… -Como si la hubiesen invocado, Harley apareció en la habitación, portando una sonrisa que lucía… Cariñosa. Ella no tardó e desplazarse hacia su novia y besarle la mejilla con el mismo cariño que portaba en sus ojos- Oye, se que puede causarte miedo como el infierno todo esto. Pero piensa en esto cuando esas dudas se manifiesten: “¿Cómo sabré si es un error, sino me arriesgo a averiguarlo?”

Okey, eso era sólo… ¡Wao! Jamás espero que la rubia fuese tan sabía. No lo aparentaba para nada.

-Muy bien, cariño. Danos un abrazo -La broma en la expresión de Harley y la risa de Hiedra le hicieron formar una mueca. Les saco el dedo del medio y las mando a la mierda. Puede que ellas se rieran, pero…-

-Gracias -Ellas abrieron sus bocas de par en par. Estaban atónitas- Por todo esto. De verdad.

La expresión en ambas mujeres paso del desconcierto a la alegría y calidez. Nunca tuvo una verdadera razón para usar esas palabras con nadie. Pero ellas se lo habían ganado con creces.

Eran como dos hermanas mayores locas… Que el apreciaba de verdad.

Un mensaje llegando a su teléfono los saco de la emotiva escena. Era John. Había llegado por el.

-Llegó… -Eso bastó para que ambas se lanzarán sobre el. Ahora si, en un apretado abrazo. Uno que tardó en corresponder pero que al final lo hizo-

-Mucha suerte. Rómpete una pata -Alentó Harley-

-Y usa protección -Ese comentario de Hiedra sobraba…-

Ahora estaba completamente ruborizado… O al menos morado de la vergüenza.

-¿Qué demonios? -El se separó de ellas fingiendo estar escandalizado- ¿No se supone que tu eres la de comentarios inadecuados? -Esa pregunta se la hizo a Harley. Se encogió de hombros como si nada-

-Oye, me debo divertir a veces ¿No crees? -Dijo Hiedra llevándose una mano a la cadera en un gesto altivo-

Nanaue solo agitó la cabeza, negándose a creer el caso que eran esas dos. Formaban una linda pareja y esperaba que perdurarán.

-Aquí vamos… -Se dijo infundiéndose valor, eso al tiempo que iba saliendo de la habitación y encaminándose a la salida. Cuando abrió las puertas principales, se quedó sin aliento por la imagen que vieron sus ojos- Joder...

Mascullo al contemplar a un John Constantin de cabello perfectamente peinado hacia atrás. El hermoso hombre siempre se veía bien con su usual abrigo y ropa de todos los días, pero…

Bendito fuese el dios de los tiburones. Se veía realmente hermoso y ardiente.

Estaba utilizando una camisa negra de botones blancos manga corta. Pantalones sastre del mismo color. Unos zapatos café que le quedaban de forma perfecta. Todo en el gritaba sensualidad y seguridad arrolladora, tal cual como la sonrisa de medio lado que portaba esa sexi boca.

También usaba una bufanda en su cuello de color café. Era como si cualquier cosa combinara con el, en especial si era de ese color.

Se acercó con paso nervioso, pero seguro. Como si gravitara a su alrededor y su cuerpo estuviese programado para ir con el cuando se lo ordenara. Y justo ahora, no le molestaría hacer lo que le pidiera.

Una vez estuvieron frente del otro, el rubio decidió hablar primero.

-Hola tu… -Su voz era como una caricia delicada que lo hacia tararear complacido. Sonrió dándole un nuevo repaso visual a su cuerpo y hablo-

-Hey… Disculpa lo directo -Hablo con un poco de vergüenza mientras lo miraba directo a sus ojos azules- Pero luces como el sueño más anhelado de todo ser viviente sobre la tierra…

El rubio se ruborizo notablemente y su sonrisa confiada se tambaleo. Se descubrió a si mismo adorando esa faceta tan tímida que se empeñaba en ocultar. Cuando pudo recomponerse, el mas bajo se despegó del auto rojo a su espalda y dijo:

-Estamos coquetos y poéticos hoy… -La mano que hasta ahora, había escondido tras de el, paso al frente y reveló una rosa. El bello detalle le hizo sentir emocionado, aún cuando había visto muchas antes, está se sentía única y especial. Y quizá era porque provenía de John- Una flor, para otra bella flor.

-… ¡Pff! -No pudo contener la carcajada que soltó. Jamás pensó que algo como eso, un alago tan sencillo y meloso, podría afectarle tanto y provocarle tanta gracia a la vez. Llegó a pensar que su acompañante malinterpretaría su risa, pero lo descubrió riéndose junto a el. De buena gana, aceptó el detalle y la colocó en el bolsillo de su camisa luego de olerla, deleitándose con el aroma de su esencia- La tendré, muy cerca de mi corazón, el cual sangra por ti.

Podía devolverlo y mejor. John era como una fuente de inspiración… De cosas buenas o ridículas a partes iguales si debía decirlo.

-Entonces… ¿Es tu auto? -El hechicero miro a su espalda y soltó una carcajada, negó con la cabeza luego-

- Nop. Ojalá… -El lo observó unos segundos y luego su mirada se tornó con algo de pesar. Nerviosa- Nanaue, estoy feliz por esto pero… Olvidé algo pendiente para hoy… Y no se. No quiero molestarte ni dejarte plantado, así que, sino te molesta podrías, si quisieras, acompañarme…

Había empezado a hablar tan rápido que apenas si había tenido tiempo para entenderlo. Y ni se detuvo a juzgarle cuando el pensamiento de un John todo nervioso, lucía tremendamente adorable, le agradaba demasiado.

Lo tomo por las mejillas con ambas manos y levantó su rostro para cruzar las miradas. Ese gesto debió sorprender al rubio si sus ojos abiertos de par en par eran una señal.

-Por mi esta bien. Te acompañare donde quieras -Su tono de voz era bajo y pudo haber salido más irregular de lo esperado. Pero transmitió el mensaje-

Y eso como que debió hacer el truco, porque lo sintió como derretirse y luego sonreír medio embobado. De verdad, este hombre era hermoso y sin comparación.

John asintió y marcaron un paso relajado. Eran cerca de las 6 de la tarde y ya el sol pintaba de naranja el cielo. Pronto anochecería. Sentía curiosidad hacia donde lo llevaba su acompañante.

Usualmente no saldría a la calle hasta el anochecer. Pero como esta era una ocasión especial, decidió tomar el riesgo. Hasta ahora, todo había ido bien.

Lanzó una mirada furtiva a su lado y noto su semblante contrariado. Como si le costará hacer o decir algo. Eso activo sus alarmas.

Cuando estuvo por preguntar, John se detuvo frente a una gran reja de color negro. Habían raíces y plantas esparciéndose de manera desordenada. También habían flores. Pero cuando se fijo bien, sus cejas se arquearon por la sorpresa.

Cementerio de New York. Era lo que se leía en la parte superior de la reja. Esa si que no se la esperaba.

John abrió la puerta y le dio paso. Caminaron en medio de las tumbas de forma silenciosa. Como si el silencio sepulcral no fuese suficiente ya. El ambiente de por si le recordaba a esas películas viejas del oeste cuando la chica va a visitar la maltrecha e improvisada tumba de sus padres.

Ridícula comparación. Ya lo sabía…

La curiosidad en el estaba bullendo por salir. Necesitaba averiguar que hacían en un cementerio. Averiguar que era lo que formaba esa preocupación en el rostro de su adorado rubio.

Y fue en el momento en que pararon frente a una tumba, una que lucía bastante descuidada, allí entonces hablo John.

-Han pasado muchos años desde que visitó este lugar… Para ser más precisos, desde el día en el que fue enterrado… -Mirando su rostro, Nanaue descubrió a John, con sus ojos cerrados, el fuerte hechicero que conocía se mantuvo tres pasos alejados de aquella tumba. Como si eso evitará que algo fuese real. Aunque lo observó algo confuso y preocupado, se vio a si mismo inclinándose sobre la desgastada y olvidada zona sepulcral. Retiro las raíces y polvo, y al leer el nombre, todo callo en su lugar, lo que una vez fue difícil de interpretar, ahora estaba claro cuál el agua, y más que nunca, su corazón sangro por otra alma que no fuese la suya-

Aquí, reposan los restos de Constantine. Padre, hijo, y buen hombre”

Esas eran las palabras que se leían sobre la lápida. Nanaue nunca se espero que, de todos los lugares a los que John fuese a acudir, fuera precisamente este. Ni siquiera se esperaba enterarse de esta forma sobre la muerte de su padre.

-¿John, que…? ¡! -Nunca estuvo preparado para la oleada de temor ajeno que lo invadió-

•♧•

Lo que menos quiso en ese precisó momento era terminar llorando y haciendo una escena frente al Rey tiburón. Pero era lo más esperado tomando en cuenta la gran cantidad de cosas que se había estado guardando todos esos años.

No había ido a la tumba de su padre desde que le enterraron allí. Desde eso, pasaron al menos 4 siglos. Y precisamente hoy, era su aniversario luctuoso. Se sentía como una mal hijo, pero sabiendo las cosas que el hombre el cual lo concibió con su madre le hizo a través de los años, creía estar en todo su derecho… Por más egoísta que sonara, claro está.

Años de tortura, insultos, borracheras en las que el sólo debía cuidarlo y luego ser menospreciado como una basura.

Ver como una madre que aparentemente no sentía nada por el, moría de tristeza y lo dejaba sólo con una sensación de rechazo extremo e inmerecida existencia. Una con la que tuvo que luchar durante años el sólo, y tomar decisiones que no le enorgullecían en lo absoluto, pero de cualquier forma, necesarias para subsistir.

Su vida no fue color de rosa en lo absoluto. Ni al inicio, ni en la actualidad.

Abandonar su hogar no era lo que deseaba, pero sabía que si hubiese permanecido allí con su padre, habría muerto también.

-John… -Cuando la gran mano de Nanaue tocó su mejilla con delicadeza, se sobresalto, temiendo haber arruinado todo. Sus ojos… Dios, eran tan hermosos y profundos como una lago bajo el brillo de una luna roja. Sabía cuan preocupado lo estaba poniendo y aún así, no pudo evitar desviar sus ojos a otra parte mientras sus lágrimas acumuladas corrían sin freno fuera de sus ojos-

Frunció el seño y se limpió con rabia sus lágrimas con el torso de sus manos. Odiaba sentirse así, sin control sobre sus emociones. Detestaba profundamente mostrar esta debilidad a la gente, y ya podía imaginar las cosas que le diría Nanaue con respecto a ello. Seguro lo batearía o en todo caso, rechazaría esa tristeza porque… Joder, es que el siempre lucía tan fuerte e independiente. Como una muralla de músculos a la que nadie podía dañar. Y eso sólo elevaba su encanto. Admiraba eso de el…

Pero de nuevo, el imponente Rey de los mares le sorprendió. Cuando sintió como lo atraía hacia el, en un abrazo apretado, cálido y lleno de sentimientos; sumado a sus dulces palabras de aliento que buscaban reconfortarlo, hacían de el aún más perfecto.

Se vio incapaz de no soltarse a llorar de verdad, liberando los sollozos atorados en su garganta mientras escondía su rostro en la curvatura de su cuello.

Disfruto de la cercanía y por un segundo, el miedo constante de su corazón desapareció y sólo quedo… Pura calidez. Una exhalación entrecortada abandonó sus labios y tuvo que respirar hondo, su sistema se inundó con el aroma que despedía Nanaue y su corazón dio un vuelco con la idea de oler a el.

Jamás planeo esto, pero cuando recordó que su fecha para la cita concordaba con la de su padre, el miedo visceral lo atacó y ni si quiera las palabras de Zatana le ayudaron. De una forma extraña y desesperada, solo se le ocurrió acabar con ese esquive de una buena vez, pero con Nanaue a su lado. Lo desconcertante que fue enterarse de esta forma como el tiburón le daba valentía sólo con recordarlo un momento. Le sacaba sonrisas tontas y le volvían todo idiota… De una buena manera.

-No sabía que cargabas con tanto tu sólo… Lo siento tanto… -Dijo Nanaue suavemente. Una risa rota salió de su boca por ello-

-No lo hagas, yo sólo… -Trago el nudo que se había formado en su garganta. En su vida había llegado a encontrarse en esa posición- Lamento traerte aquí en un principio. Esto no es nada convencional ni romántico… Comprenderé si ya no quieres salir…

Y eso lo dijo con todo el miedo y pesar de su corazón.

-¿Por qué habría de hacer tal cosa? -Esa no la esperaba- Aunque no lo creas… Tu y yo no somos muy diferentes. La relación con mis padres era… Difícil. Todos en Atlantis me rechazaban por mi apariencia, incluso quienes me dieron la vida. A vista de todos era un monstruo y debía esconderme… -Eso partió el corazón de John, porque no era justo que alguien con tan buenos sentimientos, hubiese tenido que sufrir sólo por como lucía- Un día simplemente escape, fui a cualquier lugar donde no juzgaran a alguien por como luce. Llegar a tierra firme fue algo increíble… Pero en todas partes, el odio es el mismo, y aquí recibí más de lo mismo.

-Lo siento… -Fue su turno de decir ahora- Ojalá no hubieses tenido que pasar por todo eso tu sólo…

Sentía el dolor en las palabras de Nanaue, como el, seguía sanando esas heridas internas. La imagen de un pequeño Nanaue siendo maltratado lograba apretar su corazón, y una sensación de rabia se asentaba en el, porque nadie se merecía lo que el paso.

-No, John… -El Rey tiburón los separo lentamente para verse a los ojos, cuando el más alto limpió sus lágrimas, pudo ver con claridad como a el también se le habían escapado las suyas. Había olvidado entonces su propio dolor y se concentró en el- Creo que a pesar de todo, era algo necesario. De no haber sido por la gente que me lastimo, jamás habría llegado a tierra firme, nunca habría descubierto mi naturaleza, nunca habría encontrado aliados que comprenderán mi dolor silencioso y que a pesar de todo estarían para mi. Pero por sobre todas las cosas… No habría tenido el enorme placer y fortuna de conocerte, John Constantin.

Su corazón había empezado una marcha apresurada.

-¿Yo…?

El asintió.

-Creo que de todas las cosas buenas que e obtenido en mi inmunda vida, tu has sido la mejor de todas. De no ser porque un día cualquiera nos encontramos y peleamos a muerte, puede que jamás descubriese que un corazón roto podía amar. Que hasta un ser desalmado como yo al que todos odian, podría tener sentimientos tan hermosos y abrumadores por otras persona… -La mano de Nanaue volvió hacia su mejilla, y su cálido toque invocó sus lágrimas de nuevo, pero a diferencia de las anteriores, estas eran de felicidad. Se recostó contra su toque y sonrió-

-Entonces… Dices… ¿Qué me amas de verdad?

-Con todo y tus imperfecciones. Tus miedos. Y tu alma rota… Porque a pesar de todas las cosas, puedo comprender algo… -Lo observó atentamente a ver que diría- Estaría dispuesto a recorrer este camino de dolor, si eso significaba volver a tenerte aquí… -Señaló donde estaban- Y aquí… -Tomo la mano de John y se la llevo al pecho, justo sobre su corazón. La sonrisa amplia que le dio Nanaue le hizo saber que era cierto, sentía lo mismo-

Por esa razón no detuvo la sonrisa que se formó en el, no dudó en tomar ese hermoso rostro que podía ser amable y letal cuando quisiera y juntar sus frentes en un gesto que era todo amor y cariño.

Amor…

Fue sorprendente saber que la idea de amarlo no le asustaba, es más, le emocionaba. Y estaba dispuesto a que ese sentimiento que el rey tiburón le brindaba, fuese recíproco.

-Gracias… Gracias por no dejarme Nanaue… Se que apenas nos conocemos, pero soy sincero al decir que, no importa cuántos años nos pueda tomar, conozcamos el uno al otro. Porque ahora, ya no me veo capaz de querer compartir mis secretos y miedos con otro que no seas tu…

Y valla si esa confesión no era sorprendente.

La exhalación torturada de Nanaue le hizo saber lo inesperado que fue su confesión, pero no lo alejo de el en ningún momento. En cambio, el rey beso su frente y ese gesto le pareció tan dulce que hasta podía sentir derretirse bajo el delicado toque.

-No te defraudare… -Prometió el. Y sin mucho esfuerzo, supo en lo profundo de su ser, que cumpliría a esa promesa toda su vida-

•♤~♧•

Minutos después, salieron del cementerio. Tomados de las manos porque parece que sus capacidades para ser individuales se tiraron por la ventana. John nunca lo diría en voz alta, pero disfrutaba demasiado estar en contacto con Nanaue. Era tan natural, agradable, y correcto.

Un capítulo de su vida se cerró y uno nuevi se abría para el.

Ya está anocheciendo, todo empezaba a oscurecer y las farolas empezaban a iluminar las calles. De alguna forma, eso hacia las cosas algo románticas. Al menos era lo que pensaba Nanaue.

Un silencio confidente y agradable envolvía a ambos. Un acuerdo silencioso entre ellos para organizar sus sentimientos. Querían conocerse, ir despacio y saber a donde podían llegar juntos. Comprendían las complicaciones de que alguien que hacia el bien se involucrara con otra que hacia el mal. No sería la primera vez, pero estaban al tanto de que no era bien visto para las demás personas.

Aunque eso les importaba una mierda. Si un día decidían salir a la calle a presumir su… Amor, entonces los demás debían aceptarlo si o si. Las opiniones de desconocidos los tendrían sin cuidado.

-Creo que arruine la cita… -Se rio nerviosamente John. Jamás planeo que su primera cita acabará con derramamientos de traumas e inseguridades-

-Para nada. Estuve a tu lado en un momento muy personal e importante. Eso es diez mil veces mejor, porque ahora me siento mas cerca de ti.

Las palabras de Nanaue le hicieron ruborizar y mirar a otra parte con una sonrisa emocionada. El apretón en sus manos unidas se intensificó un poco. Cuando giró su rostro, dio con la intensa mirada que su acompañante le brindaba. Eso le robo el aliento.

Nanaue se veía maravillado por todo lo que conformará a John Constantin. Desde sus comentarios que podían ser picaros y maliciosos, a esa faceta tímida en la que el rubor se le subía hasta las orejas y le daban una imagen hermosa y tentadora. Su estómago se retorcía con las supuestas mariposas y sus dedos picaban por tocarlas, cuando los ojos azules del hechicero cayeron sobre el, no pudo contener más la necesidad de tocarlo.

Sus orejas eran cálidas y tan sensibles, la manera en que el rubio se retorció y soltó un gemido ahogado, causó toda clase de cosas en el rey tiburón que lo volvieron mucho mas maravillado que antes.

-Son sensibles… -Dijo de forma baja John. Ese era un detalle que se guardaría para el mismo- … Nanaue…

Fue desconcertante como el tono de su amado John, se volvio necesitado. Casi suplicante. Los ojos de ambos se cruzaron de una forma tan intensa, que se vio incapaz de detener la pregunta que había formulado casi de forma automática.

-¿Puedo besarte, John? -Su voz, salió como un murmullo bajo que a pesar de ser inocente, traía consigo miles de intenciones y promesas. Una petición que resultaba íntima y sensual para los dos-

John a duras penas tuvo tiempo a tensarse antes de que su mente le gritara que era el momento que más había estado esperando desde que descubrió sus sentimientos por Nanaue. Su corazón iba a una milla por hora y sus labios ya tenían la respuesta.

-S-si… Puedes besarme, Nanaue… -Una sonrisa tímida llegó a el mientras inclinaba un poco el rostro. Uno de sus cabellos rubios callo sobre su frente y no perdió detalle en la manera que su rey tiburón le acomodo ese mechón. Le pareció un gesto extremadamente dulce-

Lentamente, acercaron sus rostros cada vez mirándose a los ojos y sus labios. Pausaron su respiración como si en cualquier acción inadecuada, todo se podría desvanecer en la nada.

Y en parte fue así. Sus labios se encontraron en un beso casto y genuinamente amoroso. Todo lo que le impregnaban era tan grande, abrumador, hermoso e indescriptible a la hora de buscarle sentido. Las mentes de ambos se fueron a la derivada porque nunca, y en ningún punto de sus largas vidas, llegaron a sentirse de esta manera.

Los dedos de los pies retorciéndose, calor expandirse por todo su ser, y estar tan plenamente seguros de que al fin…

Estaban donde debían estar.

John siempre considero el tema de las almas gemelas como algo absurdo y demasiado meloso. Jamás alcanzó a concebir ninguna de las historias que a través de los siglos cimentaron nuevas teorías sobre dicho tema.

Pero en este instante, con Nanaue tan cerca de el como nunca nadie estuvo. Con sus deliciosos labios masajeándose sobre los suyos con tanta dedicación. Sus brazo envueltos alrededor de su cuello y las manos del tiburón en torno a su cintura, pudo cambiar sólo un poco de opinión.

Inevitablemente pensó en esa antigua fábula sobre cómo Zeus corto por la mitad a los humanos originales, que eran de dos cabezas, dos pares de brazos y piernas. Como supuestamente representaban antes a la humanidad.

Los creyó una aberración y por eso los dividió con un rayo. Condenados a buscarse por el mundo hasta hallarse algún día. Y ese pensamiento lo hizo reír, aún con los labios de su tiburón sobre los suyos. Porque si, lo consideraba suyo antes de siquiera formularlo.

-¿Y esa risita? -Pregunto Nanaue con un borde cariñoso mientras acariciaba su mejilla. Era simplemente encantador. Y si alguien no estaba de acuerdo, que se lo dijera y le pondría una maldición de traseros por manos-

-Es sólo que… Reconsidere un par de cosas… -Sonrió cálidamente mientras que besaba su nariz. Juro sentir como el tiburón tembló por el toque, y eso lo hizo mas feliz. Porque era el quien provocaba todo eso en Nanaue- Me siento bendecido por tenerte a ti como mi alma gemela… Y ya se que es muy pronto para decirlo, pero así lo siento aquí -Tocó la zona donde está su corazón, y se emocionó por la manera en que Nanaue se ruborizo por esa simple confesión. De verdad, podía amarlo sin problemas-

-Dios… Vas a matarme de ternura, Corazón… -El tiburón cubrió su boca mientras le observaba con adoración total- Pero… -Quitó la mano de su rostro y ahora se acercó a el otra vez, compartiendo el aliento del otro- No me importaría morir por ti.

Y si esas palabras no eran suficientes para demostrarse a cada uno el amor que sentían por el otro, no habría nada que lo comprobará.

Esa noche, sólo hubo caricias, besos cargados de amor, y palabras dulces que seguro causarían diabetes a cualquiera. Pero eran felices así.

Las risas, confidencia, y la necesidad de nunca separarse, siempre estuvo con ellos. Este, era sólo el principio de la historia que los unía. Habrían dificultades por su puesto. Pero estarían firmes en su decisión de jamás abandonarse y amarse con devoción…

Porque a final de cuentas, era lo que se merecían.

Meses después…

•♤•

Navidad.

La época más feliz del año según profesaban algunos. Difería de eso porque en su opinión, la época mas feliz del año para el no tenia limite desde que inició su noviazgo con John.

Todos los días eran una aventura. Todos los días era una nueva sorpresa, porque había que decirlo, John Constantin jamás dejaría de sorprenderlo con todas y cada una de sus cualidades.

Los meses se fueron volando entre una y otra cosa. Besos y abrazos, salidas espontáneas y visitas inesperadas. Puesto que ninguno planeaba nada en realidad, siempre estaban a la par de lo inesperado y hasta la fecha lo habían disfrutado todo. Sino, se escribían o llamaban. Esto era muy seguido en las ocasiones que no podían verse debido a sus trabajos y los viajes constantes que debían realizar.

¿Tuvieron momentos difíciles? Si.

¿Hubo gente en contra? Por supuesto.

Su rubio le había contado lo reprobatorio en el tono de Batman. El caballero de la noche le había expresado lo siguiente “Si los veo juntos en la calle haciendo algo indebido, los encerrare a ambos. De resto, me hare de la vista gorda

Era un alivio de que no se opusiera de manera contundente. No sabría que hacer sin su rubio hechicero.

Por otro lado, jamás pensó en lo bien que se sentiría amar a alguien y que este le devolviera lo mismo, e incluso más. Los meses de relación entre Nanaue y John pasaron de forma natural y era como haber tenido una revelación. Una en la que amarse era lo que necesitaban más que nada en el mundo.

-¿Me concede esta pieza, caballero? -Esa voz profunda y de borde sensual que ya había memorizado y atesorado desde quien sabe cuando resonó a sus espaldas. Se giró levemente sólo para toparse con un John que lucía un traje formal como no podía ser de otra manera, está vez su camisa era negra. Su corbata blanca iba excelente en su hermoso cuello que había mordido suavemente en un par de ocasiones. Y eso pantalones oscuros de gabardina que se amoldaban perfectamente a su hermoso trasero lo hacían ver tan tentador y ardiente como el infierno mismo. No dudo en tomar la mano que le extendía y lo atrajo a su pecho, el colocando sus manos sobre sus hombros y Nanauea las suyas en su estrecha cadera-

-Por su puesto, mi estimado. Sería un placer acompañarlo en esta pieza -Dijo mientras besaba su mejilla, sin perderse detalle en como el rubio se ruborizaba- Luces realmente hermoso.

-Y tu, te vez como el sueño húmedo de cualquiera -Jamás dejaría de apreciar esos inesperados momentos de coquetería que le soltaba su rubio novio. Dios, es que era tan tentador y últimamente era más lanzado que nunca. John había demostrado más confianza y eso le hacia feliz. Además de eso, se habían prometido ir lento, todo con el fin de explorar todo el panorama en esa nueva etapa de sus vidas, pero no hacia mucho casi se olvidaban de eso cuando Nanaue fue a visitarlo a la base de la Liga de la justicia ni más ni menos y por poco se daban el lote en la mesa de reuniones. Pura tentación sin duda alguna- Tan sexi, tan hermoso y por supuesto… -Le regaló un beso que le erizo la piel al rey tiburón- Todo mío… Mi amado, mi todo.

Joder. Es que un John amoroso lo ponía demasiado y más si le decía cosas como aquellas. Si, era un romántico incorregible. Condénenlo.

Aquella noche, era fin de año, los días se fueron volando y ya estaba por terminar este año para dar comienzo a otro. En momentos así, siempre se llenaban de nostalgia.

Justamente, se encontraban en una fiesta de fin de año organizada por la señora Waller. Le sorprendió mucho cuando ella les dijo que organizarían tal cosa y más en la base del escuadrón. Por su puesto, no dudó en invitar a John, y hasta los momentos se habían estado pasadola de lo lindo.

Mientras se movían de forma lenta y romántica con una balada, en medio de todos los cuerpos a su alrededor bien arreglados con sus respectivas parejas, Nanaue se perdió en el duro perfil de su acompañante, John era un hombre tan guapo, con una forma de pensar tan interesante y que le causaba curiosidad. Su alma y sentimientos eran tan genuinos que no le cabía duda que su corazón no se equivocó al elegirlo a el.

-Te vez feliz -Dijo el mas bajo, viéndole directo a los ojos-

-Lo estoy… Y eso, es porque te tengo a ti.

La sonrisa de John era amplia y cálida, jamás se cansaría de ser el objetivo de esa boca. Nunca.

La canción acabo, y el rubio finalizó el baile haciendo una breve reverencia mientras besaba el torso de su mano. Eso le robo una risa confidente.

Regresaron a la mesa donde sus amigos charlaban y pronto fueron objetivo de todos esos ojos. Nanaue estaba agradecido con ellos y la insistencia que tuvieron para que se lanzará a los brazos de su rubio. Y no podía hacer mas que agradecerles y desearles prosperidad a sus vidas.

-Debo decir esto una vez más… -Empezó Hiedra. Ella estaba sentada junto a Harley en la mesa. Todos vestidos lo mejor posible para su mini pasarela en las decoraciones de la fiesta. Waller no escatimo en gastos- Se ven muy bien juntos.

Nanaue sonrió por su comentario. Verse como una pareja a ambos le llenaba de calidez con el simple pensamiento. Jamás espero que sucediera algún día ese sueño o fantasía que tanto rogaba su corazón. Pero a la final, ocurrió.

-Gracias. Lo apreciamos mucho… -En ese momento, John lo sujeto de la mano por encima de la mesa luego de decir aquello. Eso lo hizo sonreír como tonto-

-Debes ser mas sincera cariño… -Interrumpió de repente Harley, una sonrisa maliciosa y torcida apareció en su rostro y Nanaue temió lo peor- También son malditamente ardientes. Cuéntenos, ¿Ya follaron? Seguro debe ser algo digno de ver…

Decir que estaba horrorizado era poco, y sabía que no era el único porque John se atragantó con el baso de agua que había llevado a su boca. Le dio palmadas en la espalda mientras el trataba de disimular su propio rubor sobre su rostro de homicida. Harley podía ser una buena chica a veces, pero en momentos como esos era simplemente… Demasiado.

-¡Maldita sea Queen! Controla tu puta boca -Exigió escandalizado Bommer desde su asiento no muy lejos de el, lo único que los separaba era Crock quien rodaba los ojos más que acostumbrado a la actitud de la rubia- No tengo nada en contra de esa clase de sexo, es más, estaría dispuesto a probar un día; sólo no quiero una jodida imagen mental de estos dos dándose como animales en celo.

El castaño se quejó mientras miraba mal a la chica con poca estabilidad mental. Ella sólo sonreía divertida por el caos que causo, y por su puesto, Hiedra la observaba con cariño.

-Podría ser más fácil si dejarán el tema -Murmuró de forma torturada John. Estaba incómodo con el tema pero no le desagradaba estar allí. Eso le agradaba de el, era capaz de adaptarse a la gente y su entorno-

Antes de poder negar, fueron bombardeados con más preguntas del tipo: “¿Qué tan grande la tiene?” O “¿Cual de los dos es el pasivo?” pero su favorita era la que dijo Harley a continuación.

-¿Lo han hecho en un lugar público? El morbo es una cosa… -Arqueo una ceja cuando la rubio estrambótica se estremeció notablemente con algo parecido al gusto. Sabía porque razón-

-Eso no es lo nuestro… -Se limitó a decir mientras que sus amigos le abucheaban como si fuese algo malo. Aunque no es como si lo hallan echo en realidad. Desvío el tema de forma ágil porque no se quedaría con eso- No todos tenemos la fascinación de hacerlo frente a miles mientras eres grabada y de forma exuberante te retuerces sobre una pila de dólares, Harley.

Sonrió satisfecho cuando todos se rieron y John soltó una de esas carcajadas que eran pura melodía a sus oídos.

-Eso es cierto, querida -Admitió Hiedra a su lado. La rubia sonrió con tal pensamiento y de alguna forma se perdieron en su mundo-

Así como así, la atención sobre ellos paso al olvido, y pronto pudieron enfocarse el uno en el otro.

-Aún no borro esa imagen de mi cabeza -Se quejó John mientras recostada su cabeza sobre su brazo, el tenía la costumbre de hacer eso a veces. Incluso de forma inconsciente- Fue sólo tan… “Tan” -Se llegó a reír entre dientes. Es que tenía la razón, la forma en que sus dos amigas concretaron algo entre ellas fue tan volátil e inesperado, que aquellos quienes tuvieron la desdicha de contemplar tal acto, seguro lo tenían pegado a las retinas- Quisiera bórralo de alguna forma…

Y esas palabras fueron base para algo, John en ese instante descansaba sus manos sobre sus muslos. Y verlo lucir tan provocativo mientras aquello sobrevolaba su mente explosiva, hacia que todo encajara perfecto en sus planes…

Tomo lo oportunidad entonces.

-Creo que puedo ayudar con eso… Solo debo reemplazarlo por algo mejor… -Le susurró discretamente mientras besaba la unión entre su oído y mejilla. El toque causó un estremecimiento notable en el rubio, dándole a entender que comprendió su proposición. Su mano fue a dar sobre una de las de John y las entrelazo la una con la otra. Temblaba ligeramente y percibía el calor en su cuerpo, además de un rubor ligero en sus mejillas-

-Voy al baño… -Informo de forma temblorosa el rubio y sin esperar respuesta, camino hacia la salida de el comedor, donde se había instalado la fiesta-

Sus miradas se cruzaron una última vez antes de comprender de lo que iba su repentina salida y que cruzará las puertas dobles.

De forma disimulada siguió los pasos de su querido rubio, pero antes de perderse por las puertas…

-¡Usen protección! -Lo normal hubiese sido que Harley le dijera tal cosa. Pero la realidad es que fue Hiedra, tomando posición como de hermana mayor o algo así. Saco el dedo del medio sin mirarles saliendo del comedor. Pronto se dejaron de oír sus risas y empezó a buscar al rubio autor de sus deseos-

-… -Deambulo en silencio por los pasillos de las instalaciones y al cruzar a la derecha en uno que daba hacia los baños, lo encontró, fumándose un cigarrillo. El se tomaba las molestias de alejarse para hacer eso, porque sabía que, aún cuando a Nanaue le gustaba su olor, le causaba daño- Hey…

Con paso lento y decidido, así como premeditado, se aproximo hasta el como un depredador a su presa. Mirándolo con un hambre que nunca tuvo por nadie y que podía ocultar bien.

Puede que las posiciones fuesen obvias, pero si le preguntaban, Nanaue se sentía presa de sus sentimientos por John.

Sin duda alguna.

•♧•

Sentirse en las nubes era poco decir, un eufemismo para sus emociones. Estar en una relación junto a Nanaue se había convertido en parte de su rutina, estar con el le hacia sentir seguro y sabía que el sentimiento era mutuo. La naturalidad con la que se daban las cosas eran una prueba irrefutable de ello.

Pero si había algo en lo que no habían ahondando aún, era el tema del sexo.

Le ponía ansioso y causaba miedo no ser capaz de cumplir con las necesidades del tiburón, y a pesar de que King lo alentaría y se aseguraría de cuidarlo, no quería que el se perdiera de disfrutar también.

Por eso no espero mas palabras, porque la anticipación lo estaba matando. El cigarrillo no le calmo en nada. Lo arrojó bruscamente al suelo pisándolo en el proceso. Se lanzó hacia el frente y los unió en un beso que era necesitado, un poco sucio y lleno de peticiones indecentes. Porque sería mentira si dijera que no deseaba aquello.

Las manos de Nanaue se apretaron en torno a su cintura pegándole mas a el, restregando de forma ligera sus entrepiernas. Abrió sus labios cuando la lengua del más alto picoteo en una petición silenciosa de acceso, y se lo concedió. En cuestión de tiempo, Nanaue los tenía a ambos perdiendo el sentido debido a la forma en que enredaba y restregaba sus lenguas como una danza sensual y erótica de roces indecentes.

John casi pierde el equilibrio de no ser porque se sujeto firmemente a los fuertes hombros de su novio, y sólo por un segundo, cuando la necesidad de aire era grande, se separaron con reticencia. Se sentía arder de adentro hacia fuera y los espasmos combinados a la necesidad de su cuerpo lo tenían rogando en un hilo de voz por más.

Nanaue beso su mejilla e hizo un camino de besos a través de su cuello. Inclino la cabeza para darle mas libertad de acceso y soltó un gemido roto cuando el rey de los tiburones poso sus labios en su clavícula.

-Mierda… -Mascullo el hermoso hombre tiburón mientras lo colocaba contra la pared. Estaban a punto de perder el control, y por la forma en como Nanaue le sacaba la camisa de sus pantalones y accedía a la piel cremosa de su pecho para acariciar más y más, le decía que tenían que moverse a un sitio más privado-

-N-Nanaue… Aquí no… ¡A-Ah! -Una exhalación temblorosa combina a un estremecimiento de placer trepo por su garganta cuando esos expertos dedos se envolvieron en sus pezones, atendiéndolos con dedicación. Eso borro por un segundo lo que estaba diciendo-

Voces viniendo del pasillo los alertaron y pronto Nanaue lo llevo consigo a otra parte. Le pidió seguirlo con una seña silenciosa mientras se reía, seguro que pensando que esto era como una de esas películas en donde los protagonistas querían hacer el “Frutifantastico” como le llamaban algunos y tenían que esconderse.

-Vamos a mi habitación… ¿Si? -Pregunto el mayor suavemente. Seguro que preocupándose por el antes que en si mismo. Eso le enternecía, pero…-

-¿Quién? -Su cerebro estaba medio frito justo ahora. No podían culparlo, Nanaue besaba simplemente bien. Era un simple mortal, no había que esperar demasiado. Y si el rey tiburón se reía justo como lo hacía ahora con ese tono mas bajo, profundo y seductor, que le hacia cosas extrañas dentro de si, por supuesto que su cerebro y quien sabe que más le fallará-

Tomados de la mano, Nanaue los guio hacia su habitación. Y cuando lo vio abrir la puerta, su cerebro regresó a la línea con todo su esplendor, recordándole lo que hacía y la anticipación remitiendo sobre todo su cuerpo.

Entraron en silencio, y cuando la puerta se cerró, todo lo que fuese a pasar allí dentro, sería sólo de Nanaue y John.

•♤~♧•

-Así que… Esta es tu habitación… Lindo -Veía desde su lugar junto a la puerta como John se paseaba de forma distraída y nerviosa, quizá tratando de controlarse antes de lo que estaban por hacer-

-No esta muy decorada porque en si no me concentre en ello… -Explicó a su acompañante mientras se acercaba a el por atrás y lo envolvía en sus brazos. Era como si el perteneciera a ese lugar junto a el-

Por otro lado, John sentía todo su cuerpo cosquillear, y sólo entonces las supuestas mariposas del amor aparecieron para joderlo todo. No sabía que hacer ahora.

Y no, no era ningún novato en esto del sexo, pero… Con Nanaue era distinto, jamás tuvo una pareja como el… Una por la que cualquier gesto lo hacía emocionarse todo sin complicaciones y que le causaba tantas cosas a la vez. Alguien que le generaba todo y nada al mismo tiempo. Que con pocas palabras desarmaba toda su muralla de sarcasmo y malicia.

En pocas palabras, le hacia un desastre enamorado.

Cuando el tiburón beso su cuello, parte de la tensión en sus hombros se fue y pudo relajarse contra el toque, más no del todo.

-No tenemos que hacer nada sino quieres… -Y allí estaba eso que amaba de el. En serio, no había ningún hombre en el mundo que no pensará antes con su polla que con su cerebro para con su acompañante. Y el era hombre, eso ya era mucho decir. King sólo quería lo mejor para el, que estuviese cómodo, sentirse seguro y bien. Podía ver a leguas sus buenas intenciones. Por esa razón, negó con la cabeza y se giró hacia el para enfrentarlo-

-No, yo… Quiero esto -Acepto sumamente avergonzado, pero no por menos seguro de ello- Lo he deseado desde que nos besamos por primera vez… Por eso, quiero hacerlo. No sólo porque sea la calentura, es porque estoy seguro que contigo, está será una experiencia que necesito vivir y que no olvidaré jamás… Porque te amo, Nanaue.

-John… -En ese momento, Nanaue sonrió desbordado por la felicidad de tener al hombre mas increíble en tierra y mar de ese mundo a su alcancé. Jamás se cansaría de el, y que lo mataran y echarán sus restos al fuego si llegaba a cambiar de idea en algún momento. Obvio las palabras y beso a su rubio novio, poniendo todos sus sentimientos allí- Si necesitas parar, házmelo a saber. Por favor, no dudes en eso.

Aunque John no creía que eso fuese a ser necesario, porque si se trataba de Nanaue, todo podía llegar a ser perfecto y nada más. De todas formas asintió, y se sumergieron en una nueva ronda de besos.

Cualquiera pensaría que besar a un hombre tiburón como Nanaue era una tarea imposible por sus hileras de colmillos amenazantes; podía desmentir eso pues, a pesar de todo, los labios de Nanaue eran suaves, carnosos, y de vez en cuando le daban una mordida juguetona a los suyos para tentarlo. Sabía usarlos para seducirlo ya sea con esa clase de besos o meras palabras que eran la cosa mas poética que nunca escucho en su vida de mierda, como un maldito experto del camazutra oral.

Colocándose sobre la punta de sus pies se impulsó para profundizar el beso. Cada célula de su cuerpo anhelando con ímpetu que fuese por más, que buscará el premio entre los premios. Y eso era lo que iba a hacer.

Nanaue se tomó el tiempo de acariciar el cabello dorado de John y paseando sus dedos por esa hermosa cabellera, una de sus manos en su cuello mientras la otra lo atraía más cerca, el calor empezaba a agolparse en sus cuerpos y necesitaban más toques. Sin ropa de por medio a preferencia.

John debía estar pensando lo mismo, pues comenzó a desabotonar lentamente su camisa. Mientras lo hacia, le dio un nuevo repaso a su novio. Se veía espectacular todo arreglado y perfecto con esa apariencia. Pero contemplar a este desaliñado hombre con el cabello alborotado y los labios rojizos como las mejillas, con media cordura perdida, era una imagen que le hacia sentir los pantalones más apretados y necesitado por mas de esto.

Una vez su camisa estuvo abierta, sonrió por la forma en como el mas bajo repaso su cuerpo, y se sintió orgulloso por ser el único que atraía esa mirada de el.

-Todo esto es tuyo, Doradito -Dijo, mientras que le permitía explorar lo que quisiera. Y no se decepcionó cuando, con un rubor notable, John extendió su mano sobre sus pectorales, dibujando con sus dedos las líneas de separación entre los músculos. Su mirada fascinada le hacia cosas agradables a su ego-

Mientras pensaba en una forma de profundizar en los toques, un recuerdo lo invadió y entonces se sintió un poco molesto. Dejo caer sus labios sobre el cuerpo de su amante a partir de la línea de su fuerte mandíbula de cazador marítimo, luego descendiendo lentamente por su cuello, dedicándole tiempo a esos pectorales que parecían dos montañas de las cuales quería treparse y tirarse una y otra vez en repetidas ocasiones. Puede que sólo atendió un poco más esa area por los ruidos de placer medio bajos que dejaba escapar Nanaue, pero no lo diría en voz alta. Llegando hasta la zona de su estómago fue deslizándose a sus costillas donde depositó un beso más allí y…

-¡Ouch! -Se quejó al sentir los dientes de John clavarse en su piel, no le hicieron mucho daño, pero lo tomaron por sorpresa- Johny, no me quejo Por esta clase de cosas pero… ¿Por qué? -Pregunto confuso tocando la pequeña morirá en su costado. De pronto el rubio parecía enfurruñado-

-¿Ya olvidaste la marca que me dejaste en el cuello hace un mes? Tuve que usar suéteres de cuello alto una temporada. ¡Me moría asfixiado! -Tales cosas fueron acompañadas de un puchero inconciente mientras se cruzaba de brazos y le daba la espalda. Las quejas del rubio podían ser impulsadas por el momento o no, pero aun así, se lo tomo en serio. Con todo y eso sonrió divertido-

-Johny… -Le llamo, pero este no le miro en lo absoluto. Bueno, si quería hacerse el duro, el haría su movimiento, por lo tanto, se acercaría a el. Camino de forma lenta y premedita, sabiendo que con cada paso el cuerpo de su amado se tensaba una fracción más. Y cuando su pecho tocó su espalda y envolvió sus brazos en ese firme y pequeño cuerpo, suspiro por lo bien que era entrar en contacto con el, y que el susodicho se relajara por el suyo, recostándose contra el- no soy un genio en eso de la magia, pero… Tu pudiste curarte si así lo hubieses querido.

Supo que logró su cometido cuando las orejas de John tomaron un color rojo fuerte. Aunque el rubio no lo fuese a decir jamás en su vida, le gustaba que Nanaue lo marcará como suyo de cualquier forma. Lo que equivalía a permitirle dejarle mordidas pequeñas en su cuerpo. Le gustaban. Lo sabía sin necesidad de preguntar.

Eso era el jaque mate para el hechicero.

-Eres tan… Ugh, te odio.

-Mientes. Me amas con locura -Su voz orgullosa-

-Quítate, eres un meloso de lo peor.

-Y tu un mal mentiroso.

-Nanaue, te voy a… ¡Ah! -Levantó a John por la cintura y lo dejó suavemente sobre la superficie suave de su cama. Le hizo reír en el proceso cortando de una vez con su pequeño momento de obstinación que le ponía tanto. Colocó sus brazos a cada lado de la cabeza del hechicero mientras le veía a los ojos con una sonrisa idéntica a la suya- Nanaue...

Hizo un sonido para indicarle que le escuchaba.

-Yo… -Trago pesado por lo que estaba por decir. Jamás pensó que usaría esas palabras, mucho menos sabiendo lo orgulloso que era y que posiblemente, más tarde se reprocharía por ello- Es que… -El Rey tiburón paseo sus dedos por su rostro delineando sus facciones, y ese sólo gesto era como decir en voz alta “Aquí me tienes. Puedes confiar en mi” y fue lo que hizo- Hazme tuyo… Por favor.

Okey, lo dijo. El mundo no explotó y su dignidad aún estaba intacta. Quizá sobre exagero con el resultado. Estaría incluso mas tranquilo si su acompañante no se hubiera quedado completamente quieto observándolo como si fuera la criatura mística más extraña que jamás vio.

Y de cierta forma, así fue para Nanaue.

El silencio se corto cuando esté le dio un beso que ya no era sólo cariñoso, estaba cargado con tanta pasión que los dedos de sus pies se torcieron y tuvo que sacárselos con sus propios pies antes de que se le olvidará. Las manos de Nanaue se dirigieron a su camisa y la empezó a quitar desesperadamente, en intentos fallidos por lo grande de sus dedos, acabo por desgarrarla.

-L-Lo siento…

-O-oye, cariño, está bien… -Le resto importancia a la prenda mientras le sonreía- ¿Qué pasa?

-Es que… -De repente, estaba completamente oscurecido el rostro del tiburón. Ruborizado para ser exacto. Era una vista preciosa- Quiero demostrarte ahora mismo cuanto te quiero, y… Siento que sino lo hago bien, podría decepcionarte.

La confesión apenada del tiburón le hizo soltar una carcajada. Beso su nariz en un gesto dulce y le dijo:

-Es imposible que eso suceda. Porque a pesar de todo, sino resulta a la primera… -Ahora, saco a relucir ese borde pícaro y malicioso- Podemos repetir, una y otra, y otra, y otra vez…

Y eso debió hacer el truco, porque la inseguridad en su rostro se desvaneció y fue reemplazado por pura y cruda lujuria.

Ahora, las palabras quedarían a segundo plano.

Nanaue le quitó su ropa maltrecha y suya propia en movimientos ágiles y calculados para mayor eficiencia. La manera en como sus dedos encajaba con cualquiera de las curvas en el cuerpo de su amado lo hacían estremecer de forma buena.

Permaneciendo en ropa interior, ambos ese desperdigaron sobre la cama del tiburón mientras que en pequeños roces, sus entre piernas hacían su trabajo casi de forma automática buscando más de esos destellos de placer a través de la fricción; mientras sus lenguas se enredaban y la saliva era compartida en movimientos mas desesperados, el aliento estaba empezando a hacer falta nuevamente. Se separaron unos segundos y tomaron varias bocanadas de aire, Nanaue bajo lentamente al pecho de John y deslizó su larga lengua por esos firmes pectorales que, si bien eran del rubio, también eran suyos.

-Ahh~ -Un gemido de placer huyó de la boca de John cuando esa lengua experta se concentró sobre su pezón izquierdo, la otra mano del Rey se relegó a su pezón restante y con la mano faltante, en pequeños roces bajo por su pecho y ombligo dibujando sobre los cortos bellos rubios que se asomaban por encima de la tela de su ropa interior- Ah…

-¿Quieres esto? -Pregunto con una sonrisa torcida mirándolo desde abajo y jugueteando con la cinturilla de sus bóxer, halándola y dándole un latigazo suave con esta. El movimiento lo hizo estremecer, lo quería allí, estaba tan, pero tan cerca y…-

Asintió vehemente, no pudiendo usar sus palabras como debía. La bruma de la lujuria crecía y nublaba su juicio.

-Tienes que pedírlo, Doradito… -¡Jodeeer! En ese momento, Nanaue deslizó su lengua sobre su erección apenas cubierta por la tela, tentándolo obviamente. Esa simple caricia indecente logró que arqueara su espalda y empujara sus caderas en busca de más. Pero el sexi bastardo apartó la cara- Pídelo, John. ¿Por favor Nanaue…?

No era tonto, sabía lo que estaba haciendo. Quería someterlo a su voluntad. Oh, pero maldita sea sino hubo otros que quisieron eso y salió como el vencedor. Por ello, elevó la barbilla en un gesto que era pura arrogancia y obstinación.

-No… -Lo observó desafiante a esos profundos ojos que parecían ser sangre dentro de un oscuro lago y se retorció de adentro hacia fuera por la mirada reprobatoria y juguetona que obtuvo a cambio. Supo en ese momento que no debía hacer dicho que no. Sus dientes se apretaron por la necesidad- Hazlo de una…

-Esto no es una negociación -Expresó el rey tiburón de forma sería mientras se sentaba- Obedeces, o te quedas así.

La amenaza lo hizo fruncir el seño, no iba a esperar por ello, estaba completamente duro y le dolía por la falta de atención.

Nanaue vio como en un gesto completamente terco, John bajo su mano y de forma brusca acarició su palpitante polla con desesperación. Oh, eso no.

Tomo la corbata que una vez uso su sexi detective, llevando consigo sus manos y levantándolas por enzima de su cabellera rubia para atarlas en el cabezal de la cama.

-¡¿Pero que haces?! ¡Quiero…!

-Si quieres o no, eso no es mi asunto -Empezó con un tono autoritario y demandante que casi nunca usaba. Ese que sólo sacaba a relucir una conducta dominante y controladora de el mismo que contrastaba con su liberalidad. Lo tomo entre sus dedos por la barbilla y lo miro a los ojos azules y tercos que tenía su amado- Si cumples con lo que te ordene, serás recompensado. Desobedece, y el castigo será que no te vas a correr de ninguna forma posible.

Lo veía en el. La forma en como gruño por lo bajo demostrando más de esa terquedad y como su respiración era desigual. No le gustaba esto.

-Quiero tocarte. Quiero que me toques. Y si no me lo das entonces… Er- ¡Mhmm! -Tapó la boca del hechicero en el momento precisó, usando su camisa formal impregnada con su aroma de tiburón para tentarlo aún más. El también estaba excitado, tenía que admitirlo, pero no valdría la pena si iban a lo loco y no disfrutaban de todo eso-

-Podemos pasar así toda la noche… -Aprovechó ese momento para levantarse de la cama y dirigirse al cajón a un costado de la cama, bajo la atenta mirada de Constantin, alcanzó una botellita de lubricante y un par de condones. Pronto regresó a la cama junto a el- Decide John… -Lo ínsito llevando su enorme mano a la erección del mencionado y apretando la cabeza con su pulgar por encima de la ropa, aplicando fuerza allí. Por inercia, el cuerpo de John se estremeció de pies a cabeza mientras empujaba sus caderas hacia arriba. Soltó su miembro y le sonrió malicioso mientras este le devolvía la mirada cargada de molestia y necesidad perversa- Estoy esperando~

Hasta allí llegó el autocontrol de John, su orgullo no era nada comparado al orgasmo tan necesitado que debía alcanzar. En sencillos toques, el tiburon lo había desarmado por completo y su lujuria había alcanzado niveles sin precedentes que jamás había experimentado por ningún otro de sus amantes. Masculinos o femeninos.

Asintiendo una sola vez con su cabeza, le informó a su tiburón que seguiría todas y cada una de sus órdenes. Lo vio sonreír satisfecho, sus ojos tomando ese aire lleno de malicia y malas intenciones que sólo lo excitaba aun más, el era la presa de Nanaue y no le quedaba mas que rendirse a sus colmillos de depredador sin oponerse.

-Lo que vamos a hacer, es que te soltare del nudo en la cama, pero tus manos no podrán moverse, no podrás tocarme en lo absoluto hasta que diga lo contrario. Te quitare la camisa también, pero si dices algo, también te castigare ¿Estamos? -Esperaba más oposición de su parte, pero le sorprendió verlo asentir de forma obediente. Por ello, le quitó la camisa de su boca y le dio un beso en los labios para animarlo más y borrar su ceño fruncido- Buen chico.

Una vez lo tuvo desatado, y con sus manos relegadas a su espalda, contempló esa sexi sexi imagen sobre su cama. John Constantin, el poderoso Hellblazer a sus pies y de rodillas, muy cerca de su entrepierna, mirándolo con altivez y rostro lleno de rubor debido a la excitación. Sus bóxer apenas cubrían su tesoro más preciado y Nanaue no tardaría mucho en ir a por el, por ahora…

-Date el gusto -Se quitó su última prenda y el rostro lleno de confusión en John era una pintura que podría poner en una galería de arte “Confusión pre-sexo” Solto una risa baja por esa idea, John estaba por abrir la boca y levantó un dedo para callarlo- ¿En que quedamos?

Seguía usando ese tono autoritario que hizo encoger a John y a la vez ponerse firme para el.

-Perfecto, ven aquí… -Se acercó a la cama quedando de pie, tomando por la nuca a su hechicero y enterrando sus dedos en esa hermosa cabellera. Toco levemente la hendidura en su entre pierna, que en si, era un delgado anillo de músculos donde aguardaba lo bueno. Era igual de sensible que una vagina en términos sencillos, y John tenía que escarbar allí por su premió- Vas a chupar, lenta y cuidadosa mente, usa tu lengua cuando quieras, seguro esto es fácil para ti ¿No?

Le guiño coqueto y sin mediar aviso, John enterró de lleno su rostro allí casi taladrando en su intimidad con un ímpetu que le hizo temblar las piernas.

-¡Mierda! -Gruño por lo bajo. No se esperaba ese despliegue tan habilidoso de su lengua y la manera en la que chupaba, como si su vida dependiera de ello- ¡Te dije que…! ¡Carajo!

Otra oleada de placer inesperada cuando esa lengua se froto por los bordes de la hendidura y de pronto se clavo como una cuchilla viscosa en el. Estaba teniendo la mejor ronda de sexo oral que recordaba nunca. Esto era debido a que se trataba de John y con el todo era mil veces mejor.

Su mirada y la de John se cruzaron nuevamente y veía toda la pasión desmedida en sus ojos, como dos llamas ardientes que amenazan con abrazar todo y dejar sólo las cenizas. Ese pensamiento le hizo retorcer aún más, tratando de relajar su respiración mientras que sentía en su interior como estaban por llegar. Tomo la cabeza de John y la apretó un poco más contra sí mismo y luego la retiro cuando estás surgieron.

-Ah… Lo haz hecho bien hasta ahora. Veamos que tal te va ahora con estas dos… -Elogió a su rubio mientras sus dos pollas se ergían orgullosas frente a su estupefacto rostro. Muchos de sus amantes jamas se esperaron que su biología afectará directamente a su evolución semi-humana, pero así como los tiburones machos comunes tenían dos miembros reproductivos, el también-

Cualquier otro en su posición hubiera huido inmediatamente de esa situación. Era de locos, siempre se topo con tipos de fetiches raros y toda clase de cosas extrañas. Pero en su vida con más de 100 años conoció a alguien con dos pollas en su cuerpo, y menos que salieran así de repente.

¿¡Que mierda!?

Hasta los momentos disfruto de todo, incluso estuvo por hacerse a la idea de que Nanaue no tenía pene y el sería el activo. Por eso lo tomo tan de sorpresa.

No obstante…

Se vio incapaz de quitar la mirada de esas enormes cosas, que palpitaban y auguraban una montaña de placer en ellas. “El que no arriesga, no gana” ¿Por que pensaría en eso justo ahora? Ni idea.

Pero haciendo uso de sus manos y olvidándose de la posible reprimenda de Nanaue, sujeto ambos miembros con curiosidad plasmada en su rostro, de forma lenta, comenzó a acariciar sobre los ejes de estas. Se turno entre ellas para chupar las puntas, sonriendo al disfrutar del sabor salado y un poquito amargo que tenían. Eran dos pollas a pesar de todo.

Así que volvió con todo, envolvió sus labios en la del lado derecho mientras que con su mano izquierda acariciaba la otra. Nanaue suspiro a gusto mientras un par de palabras sin sentido salían de su boca. Eso le dio más energía he ímpetu a sus mamadas.

Subiendo y bajando, lamiendo y degustando. Llevándose ambas cosas una a una a la parte posterior de su garganta como un campeón y haciendo estremecer más a su amado Rey. Era John quien causaba esas reacciones. El era quien lo tenía dominado con sólo su boca. El tenía el control.

Y saber que Nanaue le prometía toda clase de placeres más, porque lo amaba y sólo con el era así, porque se trataba de John. Le daba más fuerzas y necesidad de continuar y llevarlo a la sima en busca de borrar cualquier rastro de otro amante que halla tenido en el pasado. Que sólo lo viese y sintiese a el.

Una idea medio posesiva, pero le gustaba y la llevaría a cabo.

-Para -Le escucho decir. Lo ignoro; primero, para molestarlo, segundo, porque le estaba gustando esto- John, para. No quiero acabar… ¡Oh Dios!

Sintió como su cuerpo temblaba cuando una risa trepó por su garganta y el sonido reverbero sobre la erección de su amante. El placer que se generaba sobre Nanaue era indiscutible. Por ello, se vio en la necesidad de parar y apartar al rubio para controlarse.

-Te he dicho que pares… -Reprochó con dientes apretados mientras recobraba su control para no acabar con todo allí mismo-

-¿Estas seguro que eso es lo que quieres? -Su sonrisa traviesa y torcida y la lengua afuera querían demostrar rebeldía, pero sólo alcanzó a lucir jodidamente tentador. Nanaue estaba al borde aunque no lo quisiera admitir-

Gruño por lo bajo con una sonrisa mientras fulminaba con la mirada al rubio, y en eso, pensó que debía cumplir con lo antes dicho.

-Bien… -Dijo inspirando aire para llamar a la calma sobre su ardiente cuerpo cubierto de deseo- Te mereces un premio por tu increíble desempeño hasta ahora.

Recostó a John en el centro de la cama, llevando consigo la botellita de lubricante, derramó el líquido en su mano de forma generosa bajo la atenta mirada del hechicero.

-¿Sabes lo que sigue? -Pregunto, acercando lentamente su rostro bajo el estómago del humano. No le dio tiempo a responder, halo con su mano la palpitante erección del rubio fuera de su ropa interior robándole una retahíla de maldiciones en idiomas que no conocía- Ahora es cuando te preparamos.

Deslizó sus dedos humectados con el lubricante sobre la dureza de John para tener un mejor resultado, lo amasó lo suficiente para dejar sin aliento a su compañero y medio vengarse por la última que le jugo, lo tomo entre sus manos, giró en torno al eje y presiono la punta con ímpetu para demostrar que dos podían jugar el mismo juego.

Luego, haciendo uso del lubricante sobre una de sus manos y distrayendo todavía al hechicero que soltaba sin sentidos al aire, acarició lentamente el interior de esos hermosos muslos, sea con su mano o su boca. Dibujo entretenido un camino hasta esa gloriosa entrada, y cuando toco el lugar en cuestión, John se sobresalto por completo. Cerrándose en banda y todo lo demás también.

-Cielo, debes dejarme entrar… Eso si quieres continuar -Y John lo sabía, es que… No había tenido oportunidad antes de ser el pasivo. En resumidas cuentas, está sería su primera vez y le preocupaba que le doliera-

-Nanaue… Yo… -No podía mirarlo al rostro de la vergüenza. Seguro el era todo un experimento don Juan en eso de desflorar la virtud de la gente, no dudaba de sus capacidades ni mucho menos de que sería gentil, es que…- ¿Y si no te gusta?

La mirada de confusión que le brindo y la negación enfática inmediata lo dejaron sin aliento.

-Ya te expliqué que podemos hacer lo que sea juntos. Aprender, amar, todo eso. Jamás me sentiré decepcionado por ti pues se cuán lleno de curiosidad estas… Te amo. Y si no estás seguro de seguir, entenderé.

La sinceridad en sus palabras le quitaron un peso de encima. Suspiro derrotado y feliz de haber oído aquello. El peso de su cabeza le venció y se dejó relajar. Estaba listo.

-Se cuidadoso, por favor -Pidió casi que rogando-

-Siempre -Los fríos dedos volvieron a su entrada, y cuando lo sintió invadir su cuerpo, una exhalación se atoro en su garganta. Había dolor, por su puesto. Los dedos de Nanaue eran más gruesos y largos que lo convencional en los humanos y era como tener un mini miembro adentrándose. Podía sentir como jugaba con las primeras capaz de músculos, buscando relajarlo, pero era difícil- ¡Maldito averno!

De pronto Nanaue lo llevo a su boca, chupando su polla con dedicación. Seguramente buscando que el también disfrutará y a la vez se relajara. Bueno, fusionaba.

En cuestión de segundos un dedo adicional se unió a la ecuación, moviéndose en tijeras acompañado del otro.

-¡Ahh, si! -Los gritos y gemidos de John iban en aumento mientras más maniobraba sus dedos e incorporaba un tercer dedo más, eso hasta que ya parecía estar listo. Por petición del rubio, claro- Nanaue… Por el amor a lo bueno y lo malo. Entra de una maldita vez en mí o no me hare responsable de… ¡!

Saco sus dedos de golpe, John sentía el vacío extraño en su ser y por ello protestó, al menos como su boca le permitía, Nanaue también tuvo suficiente del juego previó. Era hora de pasar al siguiente nivel. Tomo uno de los condones y rompió el envoltorio con sus dientes, de forma experta, deslizó el mismo sobre su erección y se posicionó entre las piernas de su pequeño hombre, su amante, su hechicero del mal y todo lo bueno de su mundo.

-Date la vuelta y ponte sobre tus manos y rodillas -John acató rápidamente la orden y eso le robo una sonrisa. Obedecía cuando le convenía- En esta posición será mucho más fácil para ambos, pero de cualquier forma, sino lo soportas, dímelo y me detendré -Se inclinó sobre su espalda y beso su hombro, buscando calmarlo. De paso mordio un poco su oreja para tentarlo más-

A pesar de estar cayendo también dentro del espiral de la lujuria, no dejaría de cuidar a su rubio. Era lo que más le importaba en el mundo y no se perdonaría si lo lastimara.

Lo escucho hacer un ruido afirmativo y entonces aplico otra generosa cantidad de lubricante sobre su polla protegida por el condón. No estaba enfermo ni nada, sólo quería que John se sintiera seguro. Lubrico un poco más su entrada, y sólo entonces, por fin estaban listos.

-… -Se acercó a el, ya sabía lo que pasaría a continuación, y no se podía creer que estaba anhelando esto como loco. Hasta le asustaba su necesidad por ser follado lo antes posible, pero el anhelo era mucho mas grande que el y todos sus complejos, por lo que se centró en el momento justo donde Nanaue introducía primero la punta de su erección en el. Mierda santa, eso de verdad era complicado y doloroso, no podía comparar dedos con esto- Vamos cariño, relájate un poco más.

-¡No es… Tan fácil! -Nanaue lo tomo por los hombros y le insito a respirar lentamente, de a poco, comenzó a relajarse lo suficiente como para que pudiese entrar hasta la mitad- ¡Es interminable! -Se quejó, casi sintiendo sus ojos ir a la parte posterior de su cabeza. Nunca había experimentado ese dolor en su cuerpo, los destellos de placer de antes ya no remitían sobre su cuerpo y estaba deseando una forma para…- Oh…

Sus jadeos volvieron cuando Nanaue regresó sus manos al trabajo y masajear su miembro, eso era lo que necesitaba. El cosquilleo lleno de placer volviendo y su boca abriéndose en gemidos que se obligaba a callar. El rey tiburón aprovechó ese momento perdido en la nebulosa y acabo de adentrarse en su amado. Con un gruñido se detuvo, no queriendo lastimarlo, debía acostumbrarse primero y cuando estuviese listo, Nanaue lo sabría. Mientras tanto le beso la espalda y acarició su erección y recorrió sus manos por esas estrechas cinturas.

Estar envuelto en John, su calida estrechez y deliciosa esencia le estaban volviendo loco. Era un milagro haberse mantenido quieto y bajo control a estas alturas.

-Tan apretado y perfecto… -Murmuró en su oído. Ahora estaban conectados a un nivel más profundo y gozaría aquello- Te vez tan hermoso puesto en esta posición para mi, cielo.

Besos su mejilla. John hizo un ruido afirmativo y entonces sonrió diciendo:

-Más te vale pensar así. Estoy haciendo un gran esfuerzo aquí abajo.

Se le terminó escapando una carcajada por las ocurrencias de su novio. A pesar de todo, John se mantenía positivo o en todo caso, con su humor sarcástico activo. Amaba esa clase de cosas en el.

-Si. Tan, pero tan bien… -John sintió como apretó su agarre sobre su cintura. El tono de voz de su tiburón se volvió más profundo y rasposo, no sabía decirlo con exactitud, pero el aire se lleno con una tensión electrizante y algo dentro de el pálpito. La anticipación se había convertido en su fiel amiga que le advertía cuando Nanaue planeaba algo, y en esta ocasión, no le fallo- Eso no te exonera de lo rebelde que fuiste hace un momento. Te lo dije, “Nada de manos” ¿Sabes lo que sucede ahora?

No tuvo tiempo a hablar cuando una palmada plincho sobre su glúteo derecho. No fue muy fuerte, claro, pero le dolió lo suficiente para que soltara un gemido luego de escuchar el sonido de la bofetada rebotando por toda la habitación. Una sensación extraña lo invadió, sea lo que sea, eso le gusto a su cuerpo. El golpe en si, removió sus paredes internas y esto repercuto sobre la erección de Nanaue dándole un rebote de placer instantáneo que le robo el aliento. Ahora era puros jadeos…

-¿Aprendiste tu lección? -Sabía que el también disfruto de esa última acción, y cuando negó con la cabeza como la maldita persona arrogante que era, otra bofetada sobre su glúteo izquierda aterrizó, dándole ligeros destellos de placer que le hicieron ergirse y arqueara la espalda, Nanaue le tomó en el movimiento y lo pegó a su amplio pecho- Ah… ¿Qué debo hacer contigo, Constantin?

-Deberías follarme justo ahora -Se sorprendió a si mismo diciendo aquello con tanta urgencia entre dientes, necesidad, un crudo deseo que crepitaba dentro de el. Sus caderas empujándose y su trasero intentando conseguir movimiento en la zona donde ahora se conectaban. Nanaue gruño más que complacido con sus palabras-

-Pero que boca mas sucia -Llegó a reírse expulsando un tono orgulloso en su trabajo de prepararlo- Basta de juegos entonces…

Nanaue salió lentamente del interior de John, y luego volvió a entrar a la misma velocidad. Era tan increíble que todas las sensaciones que justo ahora atacaban a su cerebro, fuesen creadas por John. En su vida tuvo una infinidad de parejas, todo un desfile interminable de cónyuges de toda clase de especies y con perversiones que rallaban la indecencia y la cruzaban también. Pero con John estaba experimentado algo que nunca conoció, lo que ellos estaban haciendo era mil veces distinto a toda su experiencia sexual completa, mil veces mejor que cualquier polvo con criaturas que ni deberían de existir y experiencias que quisiera olvidar. Lo suyo con el hechicero era hacer el amor, unidos en una relación de cuerpo, mente y alma, tan sincronizados entre sus propios cuerpos, entrando y saliendo de el y repitiendo la acción 10 veces más y otras más. Los gemidos de John eran música para sus oídos, su cuerpo respondía con facilidad al suyo propio. Sus manos fueron a su espalda y se juntaron con las de Nanaue antes de siquiera terminar de formular el pensamiento, aumentado el paso de sus embestidas y dándole mas por lo que gemir a su amado hechicero, necesitando dejarle claro en todos sus adentros cuanto lo amaba y lo amaría hasta el final de los tiempos y mucho mas allá.

-¡Oh Dios! -La fuerza de John falló y llego pegar el rostro en la cama cuando Nanaue golpeó su próstata. Ese punto dorado que era la cúspide del placer entre ellos- Vuelve a hacer eso… ¡Ahh!

En un ágil movimiento Nanaue tomo por la cintura a John y los giro para invertir posiciones. El quedando acostado y su rubio cabalgando su miembro. Sonrió al ver como su amado hechicero, captó el mensaje en cuestión de segundos y lo estaba montando con desesperación, como si su vida dependiera de ello.

Aumento la velocidad del empuje notando la cruda necesidad que emergía de John. Una cacofonía de palabras sin sentido que bien empezaban en “Te amo” y podían terminar en nada coherente.

-¿Eres mío John? -Se escuchó preguntar a si mismo mientras ayudaba a su necesitado novio a alcanzar el ansiado orgasmo que se empezaba a forma en el final de sus columnas, una carrera frenética para llegar a esa dulce meta que era como morir, ir al cielo y luego volver a la vida- Responde.

Demandó. Entre borde cariñoso y dominante como antes. De una forma posesiva pero sana en toda la regla de una relación como la que poseían. Necesitaba escuchar aquello, quizá eran sus instintos primitivos.

-Si… Sólo tuyo Nanaue. Eres mi Rey y estoy todo a tu merced… ¡Oh, Joder! -Apenas alcanzó a decir todo eso en medio de sus retumbantes gemidos. En ningún momento había parado para hablar, mantuvo el ritmo de sus caderas cada vez mas cerca a lo que tanto anhelaban-

Nanaue tampoco aguantaría más. En movimientos desesperados, tomo su erección restante y la de John frotándolas juntas. Arriba y abajo, acompasados a las embestidas que daba y perdiendo el aliento en su última carrera frenética.

-Entonces… Córrete para mi, amor.

Y su deseo fue concedido cuando con un último gruñido, John lo halo abrazandolo y enterrando sus uñas en la espalda del Rey tiburón, su mente sumida en todo el placer acumulado y liberándose gloriosamente con la manos de su novio todavía subiendo y bajando entre sus miembros. El líquido perlado de sus esencias escrurría sobre sus cuerpos, y eso no pudo importarles menos.

Cayeron desplomados en la cama y sólo entonces sintió que podía morir en paz.

Estuvieron en silencio un largo rato, con sus respiraciones dificultosas como único sonido de fondo, ni siquiera la fiesta cerca de ellos alcanzó a molestarles con su ruido. En lo que respecta al hechicero, fue la mejor experiencia de su vida, y no sólo por el orgasmo, fue más por el hecho de haberse tratado de Nanaue con quien compartió aquella vivencia que guardaría por siempre en sus memorias.

Volvió en si cuando su tiburón acarició con cariño su mejilla y lo atrajo mas cerca de el para poder abrazarlo y besarle el rostro, con un cariño desbordante que prometía ser así siempre por el. Podía decirlo mil veces y nunca casarse, a su forma de verlo, con Nanaue todo era mejor y hermoso, sin importar de que se tratara. En el instante que se miraron a los ojos, dedujo que su vida sin el no sería lo mismo, que un mundo donde no lo tuviese sería el peor y no tendría motivos de vida sino lo tenía a el, su otra mitad, el único que había robado su corazón roto y rearmado uno nuevo con sus propias piezas. Mas fuerte, valiente y lleno de amor para impartir. Por eso…

-Cásate conmigo…

La propuesta abandonó sus labios sin pensarlo. Pero en ningún momento se arrepintió de ello. En cambio, sostuvo la estupefacta mirada del tiburón.

-Tu… ¿Qué? -Pregunto torpemente Nanaue completamente rojo e impresionado-

-Cásate conmigo -Repitió sin problemas. John buscaba duda en el rostro de su amante, pero esta nunca llegó a el, porque Nanaue estaba complemente enternecido y emocionado por dentro, sólo que no lograba exteriorizarlo por la sorpresa- Desde que estamos juntos no he podido dejar de pensar en un mañana contigo. Me hace tan feliz que estés conmigo en cada oportunidad a pesar de lo pesado que es nuestro sistema de vida. Quisiera poder hacer algo al respecto… -Bajo un poco la mirada, pero luego la levanto con mas decisión que nunca observando aquellos ojos oscuros y sangrientos que eran parte vital de su vida- Pero no pienso rendirme, Nanaue, te amo demasiado como para quedarme de brazos cruzados y no recordártelo por el resto de nuestras…

-Acepto – Dijo de repente. Las imperiosa ganas de llorar se habían apoderado de Nanaue y era imposible ocultarlo. Pues estaba lleno de felicidad justo ahora. Con John en sus brazos y proponiéndole aquello con lo que siempre soñó; al menos desde que había conocido al rubio y se planteó tal posibilidad, por aquel entonces eso sólo parecía un sueño ingenuo y distante, pero ahora…- No necesito mas razones. Te amo y me amas, ese es motivo suficiente, y sin importar cuántos se opongan o si el mundo se nos viene encima, saldremos victoriosos juntos. Ese es mi juramento para ti, John, hacerte feliz mientras mi corazón lata cada día.

Tomo el rostro lleno de lágrimas de John y lo junto con el suyo, sus frentes tocándose mientras sus ojos se cerraban y disfrutaban del momento. Sólo ellos dos, contra el mundo, a partir de ahora y para siempre.

Ellos tendrían que luchar fuertemente por su felicidad, pues muchos no estarían de acuerdo en que un héroe y un villano se junten en una relación como la suya. Los tratarían de dividir, les odiarían. Pero ellos prevalecerán, pues…

-Valla, está si es una sorpresa de fin de año -Dijo a modo de saludo, en verdad sorprendida por quien aparecía en la pantalla de su portátil en la oficina de la base- ¿Qué se te ofrece, Batman?

-No pienso alargarme, Waller. Sólo llamo para decirte que los dejes en paz. Es su decisión lo que harán ahora -Como siempre, directo al punto y siendo tajante, eso la hizo arquear una ceja-

Sabía los motivos por los que el murciélago de ciudad gótica llamaba. El mello del asunto radicaba en por que metería sus manos al fuego por esos dos tontos.

-¿Por qué razón debería? Se convertirán en fugitivos de la ley a partir de mañana cuando presenté mí alegato a los altos cargos. Si hago lo contrario por interesarme en motivos personales…

-Nunca dije algo en concreto sobre eso -Nuevamente, era tajante el rudo hombre de negro- Lo que quiero, es que hagas lo que tengas que hacer, pero que no los detengas o les des caza. Me haré responsable si hace falta y…

-Eso no hace falta -Era su turno de interrumpir. Supuso que esa platica llegaría pronto- Serán fugitivos al inicio del año, pero no pienso mover un dedo al respecto. Sabes los motivos…

Hubo un momento de silencio a través de la comunicación por unos segundos y entonces el murciélago hablo de nuevo.

-Es raro que mezcles cosas personales con trabajo -Señalo-

-Ambos sabemos lo que es hacer estupideces por amor. Que el mundo se ponga en tu contra por amar a alguien supuestamente prohibido… -Sus ojos se deslizaron ligeramente hasta una foto al lado de su escritorio, ella aparecía abrazando a una mujer con mucho cariño. Un leve atavismo de sonrisa apareció en ella, y casi imagino haber visto lo mismo en Batman, pero tuvo que imaginarlo cuando volvió su atención a el- ¿Qué harás ahora?

-Ya veré… Feliz Navidad, Waller…

Y la video llamada finalizó.

-… -Miro a través del ventanal de su oficina como el cielo se iluminaba con fuegos artificiales. En fechas como esas, era mejor pasarlas con sus seres queridos… Quizás de alguna forma, los del escuadrón…- Mierda, no -Soltó una ligera risa por esa idea mientras iba fuera de la oficina, no quería finalizar el año encerrada en ese lugar-

-¿Estas listo? -Pregunto Nanaue a su espalda mientras cargaba sus bolsas de viaje e iba abrigado. El también se vistió con algo caliente, hacía frío esa noche- Si.

Se colocaron uno al lado del otro, observando el luminoso cielo destellante sobre esa azotea solitaria. Era un verdadero espectáculo.

-Harley nos va a matar cuando se entere -Dijo a modo de juego mirando a su novio tiburón, este se llegó a reír por lo bajo-

-Ya le enviaremos una postal -No pudo evitar soltarse a reír por eso-

-Eres un anciano, las postales ya no se usan -Le golpeó levemente con su codo, viéndole con cariño y adoración por su forma de ser-

-No puedes hablar mucho de vejez. Estamos casi en la misma edad -El recordatorio de su novio le hizo rodar los ojos. No era tan incierto eso en realidad-

Una vez más, compartieron un cómodo silencio que apenas era callado por el sonido de los fuegos artificiales. Iba siendo tiempo de marcharse. Habían llegado a la conclusión de que se merecían una vida mejor, lejos de lo que todos llamaban bien o mal. Necesitaban una vida donde ellos decidieran lo que estaba bien bajo sus criterios, y lo harían juntos.

Nanaue busco la mano de John, y la descubrió buscando la suya también. Se sonrieron mutuamente y se acercaron lentamente para besarse, mostrándose todo ese amor, que por mas improbable que fuera, tan distinto o tan extraño para otros, era de ellos. Y como una llama inconmensurable, sería capaz de arder mucho tiempo después, incluso cuando ellos se fueran de ese mundo.

-Nunca me di cuenta de algo… -Dijo John de repente cuando separaron sus labios. Arqueo una ceja poniendo en el aire su duda al respecto- Es que… Estuve buscando toda la vida algo así como… Una oportunidad… En realidad, lo hemos anhelado ambos todo este tiempo. En silencio.

-Mmm… Como… Una oportunidad anhelada -Sonrió ampliamente el rubio hacia el-

-Exacto. La cosa es que… Siempre la tuvimos, éramos nosotros, esperando el día en que nos conociéramos y coincidiéramos en los mismos sentimientos. Siempre fuimos el deseo más grande del otro… Y como los ciegos que fuimos, nos tardamos en saberlo -Se rio levemente por esa idea, pero Nanaue no pudo estar mas de acuerdo-

-El pasado, es el pasado. Ahora estamos juntos, y nadie nos separará- Envolvió los brazos en torno al cuerpo de su amado hechicero, y este no tardó en corresponder. Si, eran el uno para el otro, todo melosos y así-

-Vamos, es hora… -John extendió su mano hacia la nada, invocando sus poderes para conjurar- ¡Eterbá, atreup led orejaiv!

De pronto, una puerta dorada se abría frente a ellos. La luz que está expulsada fuera era brillante y gloriosa. Se miraron con una sonrisa, listos para empezar ese viaje, en busca de la alegría que tanto anhelaban en compañía del otro.

Era lo que se merecían a final de cuentas.

-Te amo, John Constantin.

-Y yo a ti, Nanaue.

Tomados de la mano avanzaron hacia su futuro, uno donde ninguna adversidad era lo bastante grande para dañarlos o separarlos. Donde podrían crecer como personas y fortalecer sus sentimientos por el otro. El como o el lugar, lo verían a su debido tiempo

El destino para ambos era incierto y seguramente nada perfecto. Pero, ¿Cuándo había finales realmente felices o cosas perfectas para los protagonistas de las historias?

Esta historia para John y Nanaue era un punto y seguido, no un final, ellos sabrían cuando acabar la historia de sus vidas. Este, era el cambio de página, el prólogo de su amor…

El final de un comienzo. Porque el amor surge si lo buscas, lo obtienes si lo deseas, pero sólo será real si lo anhelas.

Como una Oportunidad Anhelada.

Fin ❤

●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●

Hola queridos lectores. Agradezco que hallan acompañado a esta parejita en su corta historia. Queríamos más, pero hay cosas que es mejor dejarlas a la imaginación.

Lo admito, este es uno de mi ships culposos, pero que se le va a hacer.

¿Les gusto? ¿Alguna opinión o idea? Mi buzón siempre esta recibiendo mensajes con sus ideas.

Gracias por la lectura y espero que pasen bien todo este año que apenas comienza. Feliz navidad retrasada. Un saludo y cálido abrazo.

😘

Let Kitsune L.M & M.L know what you thought about this chapter!
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