PRÓLOGO.
Siempre fui señalado como el chico débil desde que tengo memoria.
La gente asociaba mi cuerpo delgado y delicado a debilidad.
El resto de los chicos siempre se veían más grande incluso cuando me topaba con chicos de mi estatura ellos se seguían viendo más grandes, pues sus hombros no eran pequeños ni su cintura fina, muchas veces mi cuerpo fue comprado al de las mujeres, lo que era irónico era que las mujeres con cuerpos y estatura similares al mío las veían como mujeres fuerte o atléticas...
Cuando entre a secundaria los chicos cargaban mi mochila y no podía verme cargar libros pesados sin correr a ayudarme, he de admitir que su atención me encantaba... chicos atractivos corriendo a abrir mi botella de jugo con sonrisas coquetas en sus rostros, prácticamente me acostumbre a que hicieran de todo por mi.
El mundo parecía fácil si eras yo.
¿Pero ahora que la humanidad se ha extinguido casi por completo de que me sirve ser un inútil que no puede ayudar en nada y solo estorba?
Hubo tantas personas que me dijeron la belleza era efímera y que no siempre seria mi carta se salvación... cuánta razón tenían, ahora deseaba a ver estado en alguno de esos clubs que rechacé... esgrima, taekwondo, arquería, primeros auxilios, cocina... algo, algo en lo que pudiera ayudar, pero lo único que aprendí es a depender de otros.