Prologo
Nueva York, Estados Unidos. 10 de Enero, 2007. 17:00 PM.
—
¿llegaste bien, Akihiko?
—Sí, "mamá". Me encuentro bien, ya estoy en el departamento. Sin duda fue un gran lugar el que conseguiste, ¿puedo saber cuantos ceros se restaron de mi cuenta?
—
¿Por qué lo dices?
—Bueno, puede ser porque me compraste Penthouse en el centro de Nueva York, sin contar los carros deportivos que me notificaron estaba en mi garaje personal que no sabía qué tenía hace unos minutos.
—
Se lo mucho que te gusta llamar la atención, supuse que te gustaría.
—Je, como sea. Necesito descansar. Quiero conocer Nueva York, bueno, más que querer, necesito hacerlo. No puedo planear algo sin saber los lugares estratégicos por donde debo moverme.
—
Si, si, lo sé. Aunque me sorprende que tu plan no sea dedtruir medio Nueva York y así obligar a aparecer a Nick Fury y por consiguiente a SHIELD.
—A decir verdad, fue lo primero que pensé. Pero estos tipos son expertos en espionaje y en ser discretos. Quiero jugar un poco al gato y al ratón con ellos antes de contactarme con el Kakashi de color.
—
Eso suena un poco racista.
—Yo lo consideraría un halago.
—¿Qué harás cuando te aburras?
—Si no lo he encontrado hasta ese momento, destruir medio Nueva York. En fin, tomaré una duche y dormiré un poco antes de salir, te llamo después.
Akihiko soltó un largo suspiro. Era un joven de 19 años, de piel tan blanca como la leche, cabello blanco, sus ojos cubiertos por unas gafas oscuras redondas. Habia llegado a los Estados Unidos directamente de Japón. El trabajaba para el gobierno, en realidad, ellos le pagaban una gran suma de dinero y el les realizaba ciertos trabajos que las fuerzas armadas de Japón y resto de organizaciones no podían realizar. En otras palabras, era un mercenario.
Su misión era simple, encontrar a los entrometidos estadounidenses que estaban husmeando en su país durante los últimos 6 meses, saber el porqué lo hacían, y darles una pequeña advertencia. Era como matar un pájaro de dos tiros, porque seguramente a quien buscaban los de SHIELD, era él. ¿Cómo lo sabía? Fácil, no cualquier persona tenia el poder suficiente para destruir una nación en un pestañeo.
Desde que tenía memoria había sido huérfano, nunca conoció a sus padres. Se había criado en un orfanato, yendo y viniendo de cada familia que lo quería adoptar. Lo calificaban como un niño problemático y que les era imposible cuidar a alguien así. Cuando cumplió los 7 años, un hombre y una mujer llegaron a por el, alegando que se lo llevarían a un lugar donde su existencia serviría para un gran proposito, y podría tener una numerosa familia.
Le habían mentido.
Bueno, no del todo. Fue utilizado como un sujeto de pruebas del proyecto "Seis Ojos". Buscaban replicar un linaje antiguo en un grupo de niños, un escuadrón letal capaz de destruir cualquier cosa que se atreviera a amenazar la soberanía de Japón sobre el mundo que ellos pensaban obtener. Ese era el "gran propósito" al que se referían aquellas personas que lo sacaron del orfanato, el propósito al que no quería pertenecer.
Había sufrido torturas, noches de insomnio, días enteros en los que su cuerpo tenía que soportar el ardor inconmensurable que le generaban los líquidos que le inyectaban. Noches en las que se lamentaba una y otra vez por la vida de mierda que le había tocado vivir, mientras estaba rodeado de las viceras y excremento de sus "compañeros" fallecidos, todos a causa de los experimentos. Al final de todo, sólo quedó él, el único suficientemente para seguir soportando aquella tortura con la esperanza de algún día lo dejarán salir de ese lugar. Sin embargo, los experimentos siguieron durante años, niños nuevos llegaban al proyecto, pero eran incapaces de aguantarlo si quiera un mes, el único que logró soportarlo, fue él.
Ya se había resignado a seguir así, hasta que su cuerpo ya no aguantara más y por fin muriera, pero al parecer el destino tenía otros planes para él. Para su cumpleaños numero 13, su cuerpo había logrado reaccionar a los experimentos al fin, el proyecto de los "Seis Ojos" habían sido un éxito, todas las personas involucradas estaban extasiadas. La felicidad no les duró mucho. Una explosión de energía proveniente de Akihiko pulverizo todo a su alrededor, quedando solo el donde antes estaba la base del proyecto. El se había desmayado debido al gran ardor que sentia en su cerebro.
Akihiko se dirigió al baño, despojandose de su ropa. Se miró al espejo un rato, mirando sus resplandecientes ojos azules. Eran sencillamente hermosos, como ver el mismo infinito del universo dentro de ellos.
Su técnica hereditaria
[Infinito]
consumía una gran energía, pero gracias a los
[Seis Ojos]
se reducía a un gasto de energía maldita nula prácticamente. Al despertar esta técnica, su cerebro comenzó a sufrir una gran sobrecarga que lo hacía prácticamente freirse, por lo que tuvo que imbuir energía maldita en accesorios como gafas y vendas que lo ayudarán a proteger su cerebro y ojos. Unos meses después de haber destruido la base de operaciones de los "Seis Ojos", habia descubierto la función de
[infinito]
y
[Seis Ojos].
El
[Infinito]
lo convertía en alguien intocable, este de aquí le permitía distorsionar el espacio en el que se encontraba, a base de números infinitos. Al alterar el mismo infinito, lograba volar, teletransportarse, y volverse invulnerable a cualquier ataque, siempre y cuando lo mantuviera activado, ya que el utilizar esta técnica causaba un gran desgaste en su cerebro. Agradecía de cierta manera al tipo que casi lo mata hace un par de años por "ayudarlo" a por fin manejar el ritual inverso. En otras palabras,
[Infinito]
le permitía dividir números y nunca llegar a 0.
Los
[Seis Ojos]
por otra parte, le permitía ver todo: la energía dentro de las personas, la acumulación de esta en lugares, todo como si fuera gráficos térmicos de alta resolución, podía ver más allá de lo que las personas normales solían ver. En términos generales, son un sentido que te permite ver la energía maldita con extremo detalle. Incluso si tiene los ojos vendados, le permitia distinguir esta energía. Incluso podía reconocer el flujo de energía maldita en edificaciones que ni siquiera la poseen. Sin embargo, si no usa la venda o las gafas, incluso a pesar del uso de la Técnica de Maldición Ilimitada para mantener su cerebro tranquilo, solía cansarse. Ver a través de sus gafas, era ver una oscuridad plena.
21:00 horas, Nueva York.
Akihiko caminaba por Times Square, sostenía una pizza en una mano y en la otra una lata de resfresco. Hace una hora había salido de su Penthouse y recorrió Manhattan antes de que el hambre le ganará y se dirigiera a un pequeño puesto de comida rápida.
—"¿Bien, por donde debería de comenzar? Realmente el mejor plan que tengo es destruir Nueva York para hacerlos salir"—pensó, mientras le daba otra mordida al pedazo de pizza—"Tal vez debería divertirme un poco con alguna banda criminal, Kingpin y sus matones podrían ser los ideales, así podria desquitarme un poco por haberme dado complicaciones aquella vez"
Akihiko se terminó la pizza y saco su celular, marco un número y espero pacientemente hasta que escuchó una voz del otro lado del teléfono.
—
Akihiko, ¿qué deseas?
—¿No te enseñaron a saludar?
—
Habla rápido, me encuentro un poco ocupado en estos momentos.
—Necesito un pequeño favor...
• • •
Natasha Romanoff, antes llamada Natalia Romanova salió de su carro, mirando a los agentes que habían alrededor, buscando con la mirada a su jefe. Ella era la mejor black Widow que habia salido del programa del "Cuarto Rojo", con el único fin de crear las espías perfectas bajo el orden de la madre Rusia, aunque actualmente era una de las mejores espías actualmente de SHIELD, experta en asesinato y hurto de información, no había misión que no pudiera realizar. Era una mujer de un metro sesenta de altura, y un cuerpo que simplemente se podría considerar perfecto, tal vez debido al brutal entrenamiento al que se habia sometido en el programa. Su cabello era rojo y sus ojos verdes tal cual una esmeralda. Después de unos cuantos años trabajando para la agencia de inteligencia Rusa, hasta que decidió destruir al "Cuarto Rojo" y convertirse en una mercenaria de gran nivel.
Su nombre había llegado a los oídos de SHIELD y estos hicieron todo lo posible para asegurarse de que se uniera a su organización. Enviaron a Clint Barton, o mejor conocido como Hawkeye. Después de una pequeña organización, el hombre la había logrado detener y habían tenido una charla. Luego de eso, se había unido a SHIELD. Se hizo un nombre dentro de la organización junto a Barton. Se habían vuelto grandes compañeros y habían logrado crear una bonita hermandad.
—Agente Romanoff—una voz saco de sus pensamientos a la mujer.
Era un hombre negro, alto, y calvo. Una barba en su rostro le daba un toque más intimidante a aquel hombre, aparte del parche que cubría su ojo izquierdo. Nicolas Fury, o mejor conocido como Nick Fury, se encaminaba a el, pasando entre medio de varios charcos de sangre y restos humanos, sosteniendo una tablet en una de sus manos.
—Director Fury—saludo Natasha, cuando el hombre se había acercado lo suficiente—. ¿Me podría decir que pasó exactamente en este lugar?
A Natasha no le incomodaba para nada tal escena, para ella, esto era pan de cada día, verdaderamente, muy pocas cosas lograrían revolver su estómago lo suficiente para sentirse asqueada, pero esta no era una de ellas.
—Tenemos una idea—Fury frunció el entrecejo—. No cualquiera podría acabar de tal manera con 100 hombres de Kingpin fuertemente armado, aún más llegar hasta el y mandarlo directo al hospital. El hombre se niega a hablar. Lo único que tenemos es esto. Aunque es suficiente para tener un sospechoso.
Fury le enseñó a Natasha una grabación de 4 segundos: alrededor de 10 hombres de Kingpin custodiaban la entrada, todos en silencio. De un momento a otro, el cerebro de todos exploto, y la grabación acabó.
—Solo he visto que una persona sea capaz de realizar esto—dijo Fury, mirando el video por segunda ocasión—. Al parecer tenemos un visitante proveniente de Japón.