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«Si del lobo te quieres salvar, de la oscuridad debes escapar, porque si el lobo te atrapa, entonces te devorarÑ».
Cualquiera que conociera a Chifuyu Matsuno sabΓa tres cosas sobre Γ©l: la primera, que amaba por sobre todas las cosas a su mascota felina, el pequeΓ±o Peke J; la segunda, que era un chico leal y noble, capaz de hacer cualquier cosa por sus amigos; y la tercera, que le temΓa a la oscuridad.
Para su miedo no habΓa razΓ³n o justificaciΓ³n, se trataba de algo casi tan normal como respirar. DespuΓ©s de todo, cualquiera puede temerle a algo, ΒΏverdad?
Sin embargo, su miedo no sΓ³lo lo acompaΓ±aba dΓa a dΓa, sino que esa oscuridad que erizaba su piel lo acechaba incluso en sus sueΓ±os, convirtiΓ©ndolos en pesadillas desde que tenΓa memoria. Y lo que resultaba peor de todo aquello es que no importaba cuΓ‘l fuera su sueΓ±o, siempre aparecΓa una oscuridad tan misteriosa como aterradora, que crecΓa queriendo atraparlo y que entre mΓ‘s la miraba resultaba ser mΓ‘s enigmΓ‘tica.
PodΓa jurar que era como si el observado fuera Γ©l.
De forma natural y casi instintiva, Chifuyu siempre buscaba la forma de mantenerse cerca de la luz durante el dΓa, y resguardar celosamente linternas, lΓ‘mparas, velas o cualquier cosa que le diera luz durante las noches.
La monotonΓa de mantenerse huyendo de la oscuridad resultaba cansino y fatigante. ΒΏQuΓ© tipo de vida era esa?
Por eso cuando su mejor amigo, Takemichi, lo invitΓ³ a salir esa noche a un club nocturno, Chifuyu se obligΓ³ a sΓ mismo a aceptar, viendo este como el primer paso hacia su tan anhelada libertad.
Deseaba terminar con aquel infantil miedo que lo ataba a vivir esperando la luz del dΓa, y que mejor que hacerlo enfrentΓ‘ndose al velo nocturno con la seguridad que nada malo pasarΓa, o al menos eso creΓa.
Porque si juegas en la oscuridad, de sus criaturas debes escapar o entonces te atraparΓ‘n.
La estridente mΓΊsica resonando y taladrando sus tΓmpanos, las luces neΓ³n iluminando los brillantes y sudados cuerpos jΓ³venes, y el inconfundible sentimiento de euforia que llenaba el ambiente fue suficiente para que el sentimiento de terror se volviera mΓ‘s ligera.
No sabΓa lo que hacΓa, pero el gratificante sentimiento de libertad hacΓa palpitar con fuerza su corazΓ³n.
En el pasado lo intentΓ³ un par de veces, pero los escalofrΓos de estar de frente a la noche lo hicieron escapar. Si embargo, esa noche serΓa distinta y seguirΓa su mejor consejo: coraje.
βSi no te sientes seguro podemos irnos. βEn medio del escΓ‘ndalo de la mΓΊsica, Takemichi alzΓ³ la voz.
βEstΓ‘ bien, quiero quedarme.
Con una sonrisa, Chifuyu quiso darle seguridad a su amigo y asΓ mismo. Esa noche vencerΓa su miedo.
Tal vez era el efecto de la mΓΊsica, los tragos que comenzaban a inhibir sus sentidos o la embriagante sensaciΓ³n de libertad, lo que provocaba en Chifuyu un sentimiento de emociΓ³n y satisfacciΓ³n que ni siquiera se molestΓ³ cuando se quedΓ³ solo en medio de desconocidos porque Takemichi se pegΓ³ a un desconocido chico de cabello Γ©bano, ojos del mismo color y mirada juguetona. DespuΓ©s de todo, tambiΓ©n tenΓa derecho a pasarla bien, ΒΏno?
Chifuyu movΓa su cuerpo al vaivΓ©n del ritmo de la mΓΊsica, agitando sus caderas con sensualidad, y βmandando al carajo su pudorβ disfrutando el momento.
Cuando la sensaciΓ³n de ser observado produjo un escalofrΓo en el rubio, con la mirada buscΓ³ entre la multitud de extraΓ±os al responsable.
Para su suerte βo desgraciaβ no fue necesario buscar demasiado, pues en la barra, un desconocido lo observaba como si de una presa se tratara.
Era un chico joven, de alborotado cabello plateado, una tez morena que brillaba por efecto de las luces, y unos atrapantes ojos Γ³nix.
A primera vista, le gustΓ³, era un chico atractivo y que lo estremecΓa con sΓ³lo mirarlo, asΓ que ΒΏpor quΓ© no jugar un poco?.
Lo mirΓ³ directo y una sonrisa coqueta se asomΓ³ en los labios del Matsuno, siendo correspondido por el desconocido de inmediato.
El corazΓ³n de Chifuyu latiΓ³ con fuerza y la adrenalina recorriΓ³ su cuerpo cuando observΓ³ como el desconocido abandonaba su lugar, y caminaba en su direcciΓ³n, abriΓ©ndose paso en medio de los varios cuerpos danzantes sobre la pista, con tanta facilidad que parecΓa que nadie podΓa cruzarse a su paso.
Se sentΓa perdido y atraΓdo en los profundos abismos enmarcados en aquella mirada que comenzaba a erizarle la piel.
βLindo baile. βLa voz varonil y tono coqueto hizo temblar las piernas del rubio. A pesar del ruido, lo escuchaba tan claro como si susurrara en su oΓdoβ ΒΏTe importa si te acompaΓ±o?
Chifuyu vislumbrΓ³ a detalle el tatuaje en forma de serpiente que decoraba el cuello del peliblanco. QuerΓa tocarlo.
βClaro, quΓ©date. βSonriΓ³.
Intentando calmar los latidos errΓ‘ticos en su pecho, Chifuyu devolviΓ³ su atenciΓ³n a la mΓΊsica, sin embargo, la fragancia del peliblanco, colΓ‘ndose en sus fosas nasales, nublaba sus pensamientos.
βSoy Ryusei SatΕ βsusurrΓ³ en su oΓdo y lo tomΓ³ de la cintura.
Su tacto, aun a travΓ©s de la ropa, se sentΓa gΓ©lido, y eso sΓ³lo lo hacΓa estremecer aΓΊn mΓ‘s. ΒΏDe dΓ³nde habΓa salido semejante ejemplar?
βYo soy Chifuyu Matsuno.
Una sonrisa triunfal se dibujΓ³ en lo labio del SatΕ.
Lo habΓa alcanzado.
El tiempo avanzΓ³ con lentitud para Chifuyu, quiΓ©n no pudo mΓ‘s que sentirse complacido por estar acompaΓ±ado del peliblanco.
Al ritmo de la mΓΊsica, las manos de Ryusei recorrΓan su cuerpo con maestrΓa y un toque tan dulce como delicioso, y ni hablar de la manera pasional con la que lo atraΓa a su cuerpo. Sus caricias eran como el fuego; ardientes, atrapantes y peligrosas
Se sentΓa hipnotizado.
El aura misteriosa que emanaba el peliblanco era atrayente y misteriosa, invitΓ‘ndolo a perderse en Γ©l, y todo esto lo llevaba a una conclusiΓ³n; debΓa alejarse antes de que fuera demasiado tarde.
Si algo era tan bueno para hacerlo perder la razΓ³n, es porque algo muy, pero muy malo debΓa ser. Simple sentido comΓΊn.
Ryusei mirΓ³ con confusiΓ³n al rubio cuando se parΓ³ en seco y se apartΓ³ de su agarrΓ©.
βΒΏPasa algo? ΒΏTe sientes cansado?
βEstoy bien, es sΓ³lo que mi amigoβ¦ βSe excusΓ³β. Debo buscarlo.
βNo deberΓas preocuparte por Γ©l. βAcariciΓ³ sus mejillasβ. Γl estΓ‘ bien, se fue con un amigo.
Los ojos de Chifuyu se abrieron con sorpresa.
βΒΏY tΓΊ cΓ³mo sabes eso?
βPorque a Manjiro le gustΓ³ tu amigo y digamos que querΓaβ¦ conocerlo mejor. Pero si quieres puedo llevarte con Γ©l.
Nunca aceptes la invitaciΓ³n de un extraΓ±o. Eso es lo que decΓan y debΓa ser por algo, ΒΏno?
βNo es necesario, confΓo en sus decisiones. βSe apartΓ³ del morenoβ. Creo que serΓ‘ mejor que me marche, se hace tarde.
De nuevo buscaba huir.
βΒΏTienes miedo de mΓ? βPreguntΓ³ en tono burlΓ³n, como si pudiera leer sus pensamientos.
βΒΏDeberΓa?
Ryusei sonriΓ³ y acortΓ³ la distancia.
βPuedes confiar en mΓ, Chifuyu, no voy a morderte βaclarΓ³ con voz seductoraβ, a menos que quieras.
βEres demasiado engreΓdo.
βMe gustas, Chifuyu βconfesΓ³ y acercΓ³ su rostro peligrosamente al rubio, quiΓ©n no luchΓ³ mΓ‘s por apartarse, estaba totalmente perdido en su miradaβ. Eres un chico lindo. Ven conmigo.
No fue necesario que Chifuyu pronunciara una palabra a la propuesta de Ryusei, bastΓ³ con lanzarse a sus labios para responder. ΒΏCΓ³mo podrΓa decir no?
Apenas pusieron un pie dentro de la habitaciΓ³n, Chifuyu siguiΓ³ besando apasionadamente a Ryusei. Sus bocas se movΓan desesperadas y necesitadas, y sus lenguas exploraban y saboreaban cada rincΓ³n del otro.
El cuerpo del rubio quedΓ³ sobre el SatΕ cuando cayeron sobre la cama, sin apartarse o detener las caricias o roces que cada vez eran mΓ‘s intensos.
Chifuyu observΓ³ la habitaciΓ³n en penumbras, apenas iluminada por la tenue luz de la lΓ‘mpara al lado de la cama. Sus manos sudaron. No le gustaba la oscuridad
CerrΓ³ los ojos y suspiro, no queriendo prestar demasiada atenciΓ³n a ese detalle
Tal vez esa era su prueba definitiva para superar sus miedos.
βHazme caso a mΓ, Chifuyu βordenΓ³ con voz ronca, Ryusei, y mordiΓ³ su labio inferiorβ. Yo estoy aquΓ.
Chifuyu ni siquiera fue consciente de como o en que momento el SatΕ le habΓa arrebatado la ropa y desnudado su pecho, pero tampoco le importaba ya. Los besos hΓΊmedos de Ryusei sobre su torso y la manera ardiente en que mordΓa y jugaba con sus pezones borraba cualquier pensamiento racional o duda de su mente. SΓ³lo querΓa disfrutar de aquel encuentro.
El Matsuno no se quedΓ³ atrΓ‘s y arrancΓ³ con desespero la camisa del SatΕ, botando un par de botones al suelo y dejando al descubierto el bien trabajado abdomen del chico. Sus manos picaron queriendo recorrer la piel y delinear los marcados mΓΊsculos, despertando su propia lujuria.
No desperdicio la oportunidad y delineΓ³ con sus dedos el tatuaje de serpiente en el cuello de Ryusei, repartiendo besos en todo el pecho del moreno mientras restregaba su trasero en la ya dura entrepierna del moreno.
El SatΕ tomΓ³ con sus manos las caderas del ojiverde y aumentΓ³ la fricciΓ³n, simulando embestidas, que mΓ‘s que aliviarlo le dolΓan. Su polla exigΓa atenciΓ³n y fundirse en el trasero del rubio.
La piel de Chifuyu emanaba un calor que, en contraste con la gelidez de su propio cuerpo, parecΓa que quemaba.
El moreno jalΓ³ del rubio y cambiaron lugares, dejando a Chifuyu de espaldas sobre la cama y a Γ©l como el dominante.
Entre besos y mordidas, Ryusei recorriΓ³ el cuello y pecho de Chifuyu, y sonriΓ³ complacido ante los jadeos descarados que escapaban del chico.
Con una lentitud tortuosa terminΓ³ por arrancarle los pantalones y cualquier otra prenda que estorbara del cuerpo de Chifuyu y del suyo.
Se colΓ³ entre sus piernas y mordiΓ³ el interior de sus muslos, dejando la marca de sus dientes y un par de manchas rojas en la nΓvea piel.
Ryusei se detuvo a contemplar su obra, encontrΓ‘ndose con la imagen de Chifuyu con los ojos entrecerrados, las mejillas rosadas, los rosados e hinchados labios entreabiertos, la mirada perdida en deseo y su cuerpo desnudo y expuesto.
Todo para Γ©l.
Chifuyu le gustaba mΓ‘s de lo que habrΓa imaginado. Demasiado puro para un ser profano como Γ©l.
Era una luz tan esplendorosa que atraΓa las tinieblas de su existencia.
DespuΓ©s de tantos aΓ±os esperando y aguardando su oportunidad, por fin lo habΓa atrapado, ahora mancharlo y corromperlo serΓa su victoria.
Y una vez suyo, no podrΓa escapar.
LlevΓ³ un par de sus dedos a la boca del Matsuno, quiΓ©n los chupΓ³ gustoso. Una vez hΓΊmedos, el SatΕ acariciΓ³ la entrada del rubio y uno a uno introdujo sus falanges, estirando lo suficiente y simulando pequeΓ±as embestidas, preparΓ‘ndolo para lo que seguΓa.
Chifuyu echΓ³ su cabeza para atrΓ‘s y curvΓ³ su espalda ante la intromisiΓ³n que a cada segundo dejaba de ser incΓ³moda y se volvΓa mΓ‘s placentera.
Cuando las paredes del rubio se contrajeron alrededor de los dedos del peliblanco, este se detuvo.
βN-noβ¦βSe quejΓ³ Chifuyu y mirΓ³ con reproche a Ryusei.
βSΓ© paciente, Chifuyu. Ahora te harΓ© subir al cielo y bajar al mismo infierno βproclamΓ³ y alineΓ³ su palpitante miembro en la entrada del rubio.
Chifuyu no pudo mΓ‘s que salivar ansioso y apretar sus piernas alrededor de las caderas del moreno al sentir como el glande de Ryusei presionaba contra Γ©l, abriΓ©ndose paso.
El SatΕ entrΓ³ de una estocada, pero se mantuvo quieto unos segundos para darle tiempo a que se amoldara a tu tamaΓ±o.
El interior de Chifuyu se envolvΓa a su alrededor con un calor abrazador, haciΓ©ndole sentir como si su pene se derritiera, y esto lo enloquecΓa tanto que sΓ³lo podΓa pensar en joderlo hasta que no pudiera ponerse en pie.
Sin poder contenerse mΓ‘s, comenzΓ³ a embestirlo con rudeza y profundidad, haciendo lagrimear al rubio y clavar con fuerza las uΓ±as a su espalda.
La habitaciΓ³n pronto se llenΓ³ del sonido de pieles chocar y jadeos obscenos de ambos chicos.
La fuerza con la que Ryusei apretaba las caderas del ojiverde era tanta que comenzaba a tornarse rojo a su alrededor, sin embargo, esto no pudo importarle menos que nada. Tomarlo resultaba mejor de lo que alguna vez habΓa imaginado.
Lo querΓa para Γ©l y lo tendrΓa.
Lo harΓa quedarse a su lado sin que pudiera escapar.
βAcΓ©ptame y cae conmigo. βGirΓ³ al rubio para acostarlo con el pecho pegado a la cama, y lo levantΓ³ de las caderas para seguir penetrΓ‘ndolo.
Ninguna palabra saliΓ³ de la boca del Matsuno.
βAcompÑñame al infierno, Chifuyu βronroneΓ³ cerca de su oΓdo y lo penetrΓ³ con fuerza, golpeando su punto dulce.
El rubio no pudo callar sus gemidos. Sus piernas temblaban, su mente estaba hecha un caos y ningΓΊn pensamiento coherente salΓa de Γ©l.
QuerΓa mΓ‘s de eso.
βS-sΓβ¦ βBalbuceΓ³ con dificultadβ. Ryuseiβ¦
Las palabras de Chifuyu, tan dulces como un afrodisΓaco, desataron la lascivia del SatΕ, quiΓ©n aumento la velocidad de sus embestidas.
Le encendΓa escuchar la voz llorosa y jadeante de Chifuyu, pero no era suficiente para Γ©l, querΓa ver su expresiΓ³n perdida en la lujuria que le provocaba.
Un quejido de reproche escapΓ³ de los labios de ojiverde al sentir como el SatΕ abandonaba su interior, sin embargo, esto durΓ³ sΓ³lo instantes porque instantes el moreno atrajo al rubio y lo hizo sentarse a horcadas sobre Γ©l.
La visiΓ³n erΓ³tica de Chifuyu empalΓ‘ndose en su pene mientras jadeaba pidiendo por mΓ‘s calentΓ³ a Ryusei. AtacΓ³ los labios ajenos, metiendo su lengua, para despuΓ©s pasar al cuello, dejando un rastro de saliva y mordidas.
JugueteΓ³ con el hΓΊmedo glande del miembro de Chifuyu antes de comenzar a masturbarlo e incrementar la profundidad de sus embestidas.
Ante el inminente placer, los ojos de Chifuyu se cerraron con fuerza y un cosquilleo apareciΓ³ en su bajo vientre.
Pronto el interior del rubio comenzΓ³ a contraerse y succionar el pene del moreno
En medio de sonoros gemidos, Chifuyu llegΓ³ a su orgasmo, manchando con su esencia la mano de Ryusei y su propio abdomen.
El SatΕ no pudo reprimir el gutural gemido que saliΓ³ de su garganta cuando, tras un par de estocadas duras y profundas, llegΓ³ a su clΓmax y llenΓ³ con su semen el interior de Chifuyu.
La sensaciΓ³n del lΓquido caliente respaldar de su interior y correr por el interior de sus muslos y nalgas estremeciΓ³ al rubio.
βRyusei. β Se aferrΓ³ al cuello del peliblanco y lo mirΓ³ con los ojos llorosos, tratando de normalizar su respiraciΓ³n.
βDebiste escapar mientras pudiste βmusitΓ³, depositando pequeΓ±os besos en los labios ajenosβ. Ahora me perteneces.
Ryusei era lo que decΓan, una criatura impura y hecha para vagar entre las penumbras, pero hasta alguien como Γ©l necesitaba de un compaΓ±ero.
Y finalmente, despuΓ©s de una larga espera y verlo tratar de escapar de su oscuridad, Chifuyu era suyo en cuerpo y alma por la eternidad.
Porque quien no logra escapar de la oscuridad, atrapado en ella se quedarΓ‘, pero ΒΏquiΓ©n dijo que el infierno no puede ser divertido?








