Sentimientos no permitidos (KageHina/M-preg)

Summary

Una tarde al príncipe, Kageyama Tobio, le ofrecen un regalo: Un joven que le quitará el aliento cuando lo vea. Este, pese a que no suele acceder demasiado a los obsequios de esta clase, termina aceptando con una sutil sonrisa en su rostro, dejando sorprendido a sus padres. Kageyama conocía al chico que le ofrecían, quien era nada más y nada menos que un asesino con el primer puesto en la lista de los más buscados. La persona que podría matarlo si realmente quisiera, y la misma persona que fue enviado a matarlo hace cuatro años. Sin embargo, los dos confían demasiado el uno del otro y jamás se traicionarían entre sí. O eso creía Kageyama hasta que aquel joven estaba intentando cumplir con su misión: Asesinarlo. La pregunta era, ¿por qué? ° [Los personajes no me pertenecen, créditos a su autor: Haruichi Furudate.] [Las imágenes que puedan llegar a encontrar no me pertenecen, créditos a sus respectivos autores.] [La historia sí me pertenece, por lo tanto no acepto copias ni adaptaciones sin mi permiso previo. Sin más que decir, espero que disfruten la historia.]

Genre
Other
Author
lizie001
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo


— Tenemos un regalo para el príncipe, su majestad.


No era extraño aquel presente desde que consideraron que el príncipe, Kageyama Tobio, tenía la edad suficiente para tener amantes. Lo que sí se consideraba fuera de lugar era que el hijo menor de los reyes aceptara lo que se le ofrecía.


Dejó en claro que no le atraían las damas de forma sexual en más de una ocasión y a partir de allí todas las personas con las que compartió cama fueron Donceles. Los reyes, sin embargo, esperaban que uno de esos jóvenes lograra conquistar a su hijo, quien ya tenía veintiún años y no daba indicios de querer contraer matrimonio con ninguna de las personas que se le ofrecía.


— ¿Un regalo? — Interrogó el rey, arqueando una ceja por tan inquietante situación y lo curioso que se veía su hijo con el obsequio — ¿Qué clase de regalo?


Tobio creía saber por dónde iba la conversación al detallar mejor a los dos hombres que estaban en el palacio. Uno no era muy alto, su cabello peinado en punta y un mechón de diferente color cayendo por su frente, entusiasta por la reacción del azabache menor. El otro tenía una estatura promedio, cabeza rapada y una expresión ruda.


— El chico más hermoso que podrá ver — Respondió el más bajo, aún emocionado, dirigiendo su vista al príncipe —, eso se lo aseguro, su alteza.


El hombre de mayor edad miró a su único hijo varón, a la espera de su respuesta.


— ¿Y por qué no trajeron al chico? — Preguntó Tobio, colocando su codo en el posamano de su trono, el cual estaba al lado del asiento de su hermana — ¿Por qué debería de creer en sus palabras?


Sacó una gran sonrisa en el joven con el mechón de cabello diferente, quien alzó los hombros como si no le quedara más opción que aceptar bajo el misterio para descubrir al enigmático chico.


— Puedo prometer que quedará sin palabras cuando lo vea, su alteza.


Tobio también sonrió, entendía la situación.


— En ese caso, acepto el regalo.


°


Era de noche, los pasillos se mostraban menos poblados y solo acompañado por unos caballeros. Tobio caminaba con calma hasta la habitación que usaba cuando le tocaba satisfacer sus necesidades sexuales con un acompañante, por más confianza que tuviera con ellos no dejaba de ser riesgoso meterlos en su propia alcoba personal.


Según le informaron, su regalo estaba esperando por él. Le dijeron que le tenía preparada una sorpresa.


Saludó con un gesto de cabeza a los dos caballeros que cuidaban la entrada de la habitación que usaría esa noche, notando como uno de ellos parecía incluso más ansioso que el mismo azabache.


— ¿Está adentro? — Le preguntó al hombre. Ya sabía la respuesta, pero necesitaba sacarse una duda que le entró a la cabeza desde que miró el rostro de una de las personas que cuidaba la zona.


El caballero pareció enrojecer al recordar el aspecto del regalo del príncipe, tardando un poco en responder a su pregunta. Su compañero temía por la vida de ese hombre, puesto que no podía mostrase interesado en el presente de su príncipe.


Y la expresión en el rostro del último mencionado indicaba su disgusto.


— Así es, su alteza — Respondió finalmente, desviando la mirada. Tobio sabía que tendría que despedirlo por atraverse a quitar sus ojos de él mientra hablaba, era una falta grave de respeto —. Es un joven muy lindo..— Recalcó, al instante, Kageyama arqueó sus cejas hacia abajo —. Ti-tiene usted suerte.


Creyó que no era momento de seguir esa conversación o terminaría fuera de sus casillas más rápido de lo que dura un parpadeo, les indicó a ambos que podían retirarse y que no quería a nadie por los alrededores de la zona.


Llevó su mano hasta la manilla de la elegante pieza de madera que servía como entrada a la alcoba, tomándose su tiempo para abrirla e ingresar a la habitación. Se dio cuenta que esta estaba decorada con unas cuantas velas aromáticas, podía oír una suave música resonar y, justamente en el medio, el famoso obsequio.


Bajo de estatura, llevando pantalones holgados de color azul oscuro con unas delicadas cadenas doradas, camisa corta que dejaba a la vista las simples curvas de su cadera y la mitad de su rostro siendo oculto por una fina tela enganchada a una Diadema que poseía su cabello, aquel que era desordenado y de un naranja brillante.


Este hizo una reverencia al príncipe, conectando sus ojos que eran marrones y brillantes hasta el azabache una vez su cuerpo se enderezó.


Comenzó a mover su cadera de forma lenta, al ritmo de la melodía que llenaba el lugar y dándole contraste con el sonido de las sencillas cadenas en su pantalón. Tobio admitió que bailaba muy bien, cayó hipnotizado al instante. El chico se acercó más a él, siguiendo con su baile y tomando la mano del príncipe para guiarlo a la cama. Hizo que tomara asiento en esta, el pelinaranja frente al azabache mientras sus mano tocaban su propio cuerpo para darle más emoción a lo que hacía; desde la curva de su cadera, hasta su abdomen y su cuello.


Kageyama no le perdió la vista ni un segundo, aceptando fácilmente que el de ojos marrones se subiera a su regazo, su mano hasta el nudo de la bata del príncipe que usaba como camisa.


Ojos azules con ojos marrones.


Entonces, pasó lo que el más alto sabía que iba a pasar desde que entró a la habitación.


Rápidamente el joven sacó una daga de su pantalón, dispuesto a enterrarla en el cuello del príncipe, este en un movimiento veloz detuvo el intento de asesinato agarrando de forma fuerte la muñeca del pelinaranja y forzando que su cuerpo quede en la cama con el suyo arriba. Aprovechó la oportunidad para tomar su otra muñeca, sosteniendo ambas con la misma mano.


— Tardaste más que la vez anterior —Susurró Tobio, acercando su boca hasta la tela que cubría esa misma parte del rostro contrario, rozando al zona —, ¿tanto interés tenías en seducirme?


Los ojos del más bajo brillaron, acaparando toda la atención del azabache.


Allí Kageyama desprendió uno de los ganchos que sostenía la tela en el rostro del joven que se encontraba abajo suyo. Su piel pálida, hacía contraste con su sonrisa cínica.


— ¿Me has extrañado, Kageyama? — Susurró el pelinaranja contra sus labios, ladeando su cabeza para quedar aún más cerca de estos.


— Podría preguntarte lo mismo, Hinata.


Tobio sabía quién era el chico, lo supo desde que vio a Tanaka y a Nishinoya presentarse en el palacio.


— Veo que te gustó mi baile — Habló el más bajo, obviando la pregunta inicial entre ambos, moviendo nuevamente sus caderas de una forma aún más suave;casi imperceptible —, no dejabas de verme.. ¿Tanto quieres follarme?


Kageyama movió su cuerpo para quedar una posición distinta, una donde pudiera molestar a su acompañante de la misma forma y este no tuviera escapatoria o manera de devolver el ataque. Entre sus dos piernas, las cuales estaban totalmente abiertas recibiendo todo lo que el pelinegro podía darle.


De igual modo inició un movimiento con sus caderas, más fuerte que el del más bajo arrancando un gemido algo alto de la garganta del joven de cabellos naranjas, quien se unió al acto al sentir la erección de Kageyama contra la suya.


— Veo que te esforzaste bastante en el baile – Le siguió Tobio, usando el mismo tema que el de cabellos naranjas para molestarlo —, ¿tanto querías que te follara?


Kageyama sentía una atracción profunda por ese chico que ahora estaba abajo suyo. Hinata Shoyo, mayor que él por unos meses, contando ya con veintidós años para la fecha.


Asesino profesional.


La persona que pudiera matarlo si realmente hubiera querido.


Y la persona que fue enviada a matarlo hace cuatro años.






[Historia resubida de Wattpad. Me puedes encontrar con el mismo nombre: Lizie001.]