Le arrancó corazón
- "Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes."
Einstein
Esa mañana Matthew Raynor se encontraba observando por las ventanas de la cafetería donde trabaja, aún no estaba abierta al publico pero le gustaba llegar con casi media hora de anticipación para hacer los preparativos y realizar la apertura de la cafetería.
Hacía un mes que comenzó a trabajar en ese lugar, ya sabía a la perfección la dinámica, el nombre de todas las bebidas y alimentos, así como el uso de cada máquina para preparar el café y sus especialidades.
Incluso la señora Wang le dijo que de seguir así, no tardaría en ascenderlo a encargado y Matthew sería el jefe más joven que la cafetería Trébol haya tenido en muchos años.
Matthew esbozó una pequeña sonrisa y continuó mirando por las ventanas, observar la ciudad del otro lado del cristal, le hacía sentir que formaba parte de algo aunque cada vez se sintiera más y más solo, y la razón es porque para Matthew lo peor era su personalidad, un hombre muy serio con dificultades para relacionarse con otras personas.
Y pese a esa melancolía que lo invadía desde hace unas semanas, le gustó ese momento de tranquilidad y soledad.
Miraba a cada gente que pasaba, cada auto, cada pajarillo que se posaba por la cornisa del establecimiento, tenía la costumbre de mirar todo y si algo llamaba su atención, lo miraba hasta grabarlo en su memoria, tenía que ser muy especial como para observarlo con detenimiento.
Matthew no tenía memoria fotográfica pero casi se acercaba a ese rango y así podía realizar sus esculturas con solo cerrar los ojos y recordar lo que había visto.
Dieron las 9 de la mañana y la cafetería abrió sus puertas. Matthew continuaba viendo por el ventanal hasta que oyó ruido a su espalda. Al girar a su derecha, se encontró con un hombre calvo, muy alto que miraba la carta del café y del otro lado estaba un hombre que hacía gestos graciosos mientras miraba los muffin de las charolas.
—¿Jefe, qué le apetece para tomar hoy? preguntó el calvo y una linda figura cruzó por la puerta.
Matthew no lo supo entender en ese instante pero ver al hombre que recién entró, le hizo incorporarse y correr hacia el mostrador para atenderlo.
—Buenos días ¿qué desea tomar?—preguntó analizando al hombre sin verlo a la cara porque para su mala suerte, también era muy tímido.
Jin por su parte tenía la vista en el rótulo de la pared donde estaban los costos de las bebidas. Miraba a Matthew por encima del hombro sin que se diera cuenta y después de decidir lo que quería, volteó a mirar al castaño.
A Matthew le dió un vuelco en el corazón al mirar los ojos azul de Jin porque fue como observar el mar en esos orbes. Quedó impactado al ver la tersura de su piel, nariz respingada, labios delgados y cejas bien definidas...todo en ese hombre era hermoso.
Y ese fue el momento, ese momento en el que ves a alguien por primera vez y lo sabes; porque es imposible ignorar esa sensación de que por fin, has encontrado lo que llevas buscando toda tu vida.
—Quiero un café americano sin azúcar—dijo Jin sin apartar sus brillantes ojos azul de los de Matthew—y que sea de tamaño grande.
Matthew seguía analizando el bello rostro de marfil que estaba frente a sus ojos, queriendo memorizar cada facción del elegante hombre vestido con traje.
—¿Te encuentras bien?..Oye niño ¿me estás escuchando?
Jin golpeó el mostrador con la suficiente fuerza para sacar a Matthew de su ensoñación, el castaño agarró uno de los vasos de la alacena de forma robótica por los nervios y comenzó a preparar la bebida.
—¿..Gusta algo más?—preguntó Matthew con voz baja porque seguía intimidado con la presencia de Jin.
—Y un par de café machiato para ellos dos.
—¿Cuál es su nombre?
—Mi nombre es Jin—contestó inclinándose hacia adelante en el mostrador—¿Y cuál es el tuyo?
Matthew quedó petrificado con el marcador en mano con el cual escribiría el nombre en el vaso. No sabía si Jin preguntó por su nombre en broma o si estaba tratando de coquetear con él.
No podía ser lo último porque Matthew se consideraba insuficiente para ese atractivo hombre de cabello negro y ojos azul.
—¿De verdad te encuentras bien?
—¡Si!
Matthew giró otra vez a la máquina para preparar los café sin escribir el nombre de Jin en el vaso causándole una sonrisa.
Este era el día mas emocionante en la vida de Matthew al ver un hombre muy hermoso y lo estaba arruinando con su estupidez y nerviosismo.
Jin lo veía desde el mostrador con el rostro recargado en su mano, era una sensación tierna poder observar a ese hombre así de nervioso.
Nunca se había animado entrar a la cafetería porque consumía café del barrio chino que estaba calles atrás y, se asombró demasiado al ver a una belleza de casi dos metros frente a él.
Ese castaño era muy guapo y enorme.
Matthew preparó el resto de la orden casi temblando, no le dijo su nombre a Jin y tampoco fue capaz de escribir "Jin" en el vaso porque no lo recordaba.
¿Por qué no iba a recordar el nombre de ese ser tan hermoso? Simple, los nervios no lo dejaban pensar en otra cosa que no fuera la pregunta ¿Y cuál es el tuyo?
Raynor entregó la orden y Jin se percató de que su nombre no estaba escrito en el vaso, así que en un impulso tomó el marcador que estaba en la camisa del castaño, le cogió la mano y en ella apuntó su nombre y un número telefónico.
Matthew quedó estupefacto y para cuando reaccionó, Jin y sus guardaespaldas ya estaban alejados varias calles del establecimiento.
Jin sonrió de oreja a oreja, Matthew le escribió a la semana siguiente y desde entonces habían conversado por mensajes hasta altas horas de la noche.
A través de la conversación descubrió que Matthew era un joven de 24 años que llegó a Corea hace un par de años para estudiar escultura en la Universidad de Seúl ya que el profesor de ese lugar era uno de los más reconocidos en el mundo y quería aprender de él tanto como pudiera. Que era un prodigio en casi cualquier materia y dominaba 2 idiomas además del coreano.
Que Matthew no tenía amigos por su actitud demasiado introvertida y algunas personas que se le acercaron, resultaron ser malas compañías que lo metieron en problemas.
Que tenía otros dos trabajos aparte de la Cafetería y con los cuales solventaba sus gastos porque Matthew no aceptaba el dinero que sus padres le enviaban desde Inglaterra.
Raynor consideraba que no obtendría nada si no fuera a base de su esfuerzo.
<Alguien me dijo en una ocasión, que si quería algo, debía trabajar hasta obtenerlo, no puedo esperar a que las cosas me caigan del cielo>
Jin asintió al leer el mensaje porque esa frase siempre la decía a Yoonbal y Seongchi.
<Concuerdo contigo Matthew, no hay mayor satisfacción que saber que lo que tienes, te lo has ganado a pulso y disciplina>
<No soy tan disciplinado pero hago mi mejor esfuerzo, solo me pongo muy nervioso cuando algo me resulta fascinante>
Jin esbozó otra sonrisa al recordar a Matthew nervioso e intentando preparar los café de aquella mañana. Hace mucho que sus ojos no veían a un hombre tan apuesto e interesante como Matthew Raynor que, quería probar y saber todo él.
Releyendo los mensajes pasados se percató de que a Matthew le gustaban los hombres y no pudo evitar emocionarse. No era información nueva para él porque siempre tuvo hombres a su disposición para complacerlo sexual y amorosamente pero, el simple hecho de tratarse de Matthew le provocó que su corazón latiera más rápido de lo normal.
—Disculpe por molestarlo jefe Jin—dijo Seongchi con el teléfono en mano—el señor Brandon quiere hablar con usted.
—Tomaré la llamada en mi despacho.
—Como ordene, jefe.
<Lo siento Matthew pero nuestra conversación tiene que ser pausada, debo atender unos negocios. Te escribiré más tarde>
<No tiene de que disculparse, esperaré a que tenga tiempo para mensajearme>
Jin vió el dibujo de un conejito con el cual Matthew se despedía de él y fue atender la llamada.
Las expectativas de Matthew estaban hasta el cielo, nunca creyó que un hombre como Jin podría interesarse en un simple estudiante como él. Ahora ya no eran un par de desconocidos, a través de los mensajes descubrió que Jin CheungWoo era uno de los empresarios más importantes de Seúl en cuanto bienes raíces e inversiones se trataba. Que estudió arquitectura en la misma Universidad que él hace 10 años y que su nombre aparecía en cualquier lugar donde alguna construcción se estuviera realizando.
Jin le había contado que apenas si le quedaban amigos porque en el pasado lo traicionaron pero que gracias a la amistad de Seongchi y Yoonbal, pudo confiar de nuevo. Además de que existía cierto hombre llamado Brandon Lee que le estaba brindando oportunidad en varios negocios en China y que serían bien remunerados en un futuro.
Por un momento Matthew se sintió poca cosa a lado de Jin, alguien con demasiado éxito no voltearía a ver a un escultor que soñaba con tener una exposición de sus obras en el más lujoso museo de Seúl o el mundo.
Esa sensación de no ser suficiente fue desapareciendo cuando Jin comenzó a platicarle de sus aficiones más sencillas, de sus películas y música favorita. De los platillos que consumía a diario y después hablaron de drogas, política, sexo y de AMOR.
Jin fue muy específico al decirle que disfrutaba del sexo casual con quien estuviera a su disposición pero eso no le quitó la esperanza a Matthew de que él, podía hacerle sentir algo nuevo y diferente.
Raynor volvió a sentir las mariposas en su estómago al imaginarse con Jin en plan amoroso y sonrió.
Matthew ya tenía sueño, le dolían los dedos de tanto teclear pero la emoción de que Jin pudiera mandarle otro mensaje lo mantenía despierto, no quería que otra noche terminara y esperar un día completo para conversar con él.
<¿Matthew, sigues despierto? Me entretuvieron mucho con la llamada pero ya estoy libre por si quieres seguir conversando conmigo>
A Raynor se le iluminaron los ojos por el mensaje y por primera vez en todos estos días, tuvo el valor para presionar el botón verde e iniciar una videollamada con Jin, lo había evitado a toda costa porque no quería verse así de tonto como el primer día que se conocieron.
<Buenas noches Matthew, es un gusto ver tu rostro y conversar cara a cara, ya me dolían los dedos por tanto escribir>
<Buenas noches Jin, a mi también me dolían los dedos...>
Ambos sonrieron y su platica se alargó hasta las 8 de la mañana.
Las videollamadas se hicieron más frecuentes y dieron paso a visitas recurrentes por la cafetería y oficina de Jin respectivamente.
Las visitas dieron paso a citas entre ellos dos y de esas citas, nació el AMOR.
Durante 6 meses Matthew y Jin vivieron su noviazgo como una montaña rusa, con altas y bajas pero siempre intentando que el cariño y respeto predominara en la relación.
Ni se diga del sexo apasionado que ocurría cada vez que tenían oportunidad en el estudio de Matthew, donde ambos gemían y gozaban hasta el cansancio.
Jin se preparaba de antemano para cada encuentro, apenas si cruzaba la puerta y ya estaba a horcajadas en Matthew pidiendo que lo penetrara.
El sexo entre ellos creo otro vínculo, uno que ninguno de los dos quería romper porque ambos quedaron atrapados en esa prisión del deseo, en esos días de intimidad.
<Matthew, te amo>
Ese par de palabras fueron la culminación de lo que Matthew deseó en todo este tiempo, ser amado por Jin.
< Y yo te amo a ti Jin, te amo con toda mi alma>
Así, de poco en poco, Jin sopesó la idea de formalizar su relación, de enseñarle al mundo que ya no estaba solo y a su lado caminaba un hombre joven, hermoso y muy inteligente como lo era Matthew Raynor.
La determinación le hizo actuar de inmediato y le propuso al castaño verse mañana por la tarde en un parque del sector 10.
Jin compró un elegante smoking en color negro que hacía juego con la corbata verde y los lujosos zapatos de piel que portaría ese día para pedir a Matthew el compromiso.
Peinó su cabello hacia atrás y por último colocó la loción que a su novio tanto le gustaba.
Condujo hasta el lugar de su cita sin avisarle a Yoonbal y Seongchi porque después les daría la excelente noticia de que Matthew aceptó estar a su lado para siempre.
Al llegar al parque se dió cuenta que llegó con media hora de anticipación así que fue a comprar un enorme ramo de rosas, se recostó por el césped y esperó, esperó por Matthew...
El cielo se caía a cántaros y Seongchi se asomaba por la ventana del auto tratando de divisarlo, no era la primera vez que lo buscaban pero esta ocasión si que se excedió al quitarse el chip con el cual era rastreado desde cualquier punto de Seúl.
—¡Deja de asomarte! ¡No ves ni mierda por la lluvia y estás mojando el auto!
Seongchi ignoró a Yoonbal y el calvo no tuvo más remedio que jalar a su primo y regresarlo a su asiento.
—Esto es tu culpa Yoonbal..se supone que lo vigilabas y de no ser porque en la computadora
no registró movimiento, jamás nos daríamos cuenta que...
—Cállate
—No me voy a callar...todo el tiempo te la pasas regañándolo aun cuando no hace nada malo.
—Eso es mentira, soy el que está más al pendiente de su salud en lo que tú alimentas sus locuras.
—¡Eso no es cierto!
<Jefe Yoonbal, lo encontramos—dijo un guardaespaldas por el radio comunicador—se encuentra en "Luz verde" ¿Quiere que lo traigamos de regreso?>
—No, nosotros nos encargaremos de él.
Yoonbal piso el acelerador sin importarle la lluvia con tal de llegar a su lado.
Jin sonreía viendo hacia un punto fijo de la entrada, la lluvia no mermaba su emoción por ver llegar a Matthew al parque. Al castaño se le formaría una gran sonrisa por verlo así de elegante y con flores para él.
Lo imaginaba eufórico diciendo que si aceptaba casarse mientras él era alzado por los aires y giraban juntos de felicidad. Miró el reloj de su muñeca que dejó de marcar la hora, no le dió importancia porque Matthew tenía retrasos constantes por la Universidad
—¡Jin! ¡¿Qué demonios haces aquí?!
—¿Yoonbal?—preguntó incrédulo y se incorporó un poco, la mano le ardía y descubrió que sangre le brotaba de una herida.
—¡¿Por qué te quitaste el rastreador?! ¡Bien sabes que no puedes andar solo por las calles! ¡Mira como te dejaste la piel!
—Yoonbal, no es necesario que le grites.
—¡Tu cállate Seongchi! también es tu culpa porque siempre lo andas solapando con sus estupideces.
—¿Estupideces? Esto no es una estupidez—aseguró Jin—hoy por fin le pediré a Matthew que sea mi esposo, deberías estar feliz por mi.
Seongchi comenzó a llorar pero sus lágrimas no se percibían por la lluvia, quiso agarrar a Jin para curarle la herida que se hizo con un cuchillo para arrancarse el rastreador de la mano, pero él se alejó de ellos.
—Jin, regresa, ven con nosotros.
—Miren, le compré rosas a Matthew y una bonita sortija con un diamante verde..
—Jin, guarda silencio.
—¿Por qué insistes en molestarme, Yoonbal? No se te olvide que soy tu jefe y puedo partirte la cara si lo deseo.
—Jin...no sigas por favor.
—Se me olvidó hacer una reservación en un lujoso restaurante para ir a celebrar después de esto, así que por favor...
—Cállate Jin.
—¿Crees que a Matthew le guste la comida italiana como cena?
—¡Dije que te callaras!—Yoonbal no soportó el dolor y de un puñetazo tiró a Jin —¡Matthew Raynor no vendrá! ¡Él nunca va a volver! ¡No va a regresar por más que quieras hacer las cosas diferente! ¡Entiéndelo de una maldita vez!
El golpe hizo que Jin cayera sobre el concreto y sus ojos se abrieron con sorpresa al leer que estaban en el cementerio Luz verde y después, un nombre escrito en la lápida lo dejó sin palabras.
Matthew Raynor 1999–2022
El aire comenzó a faltarle mientras los innumerables recuerdos le taladraban la cabeza:
El día que se reencontraron en la cafetería y después en el museo donde ordenó a Seongchi y Yoonbal que amedrentaran a Matthew; después lo llevó al sanitario para tocarlo sin que el castaño estuviera del todo de acuerdo.
Esa tarde que le pidió ser su modelo y como Jin aceptó solo para usarlo como su juguete sexual y al mismo tiempo se divertía con otro sujeto porque según él, Matthew era "nefasto" para el sexo.
Todas esas veces que lo hirió con sus palabras al decirle que era un psicopata, un bastardo, un enfermo por externarle sus pocos pensamientos y como Matthew agachaba la mirada sin refutar nada porque era muy noble y no deseaba iniciar una discusión con Jin.
Las muchas veces que le dijo que estaba obsesionado con él y se burló de los dibujos que tapizaban su estudio cuando lo único que hacía Matthew, era dibujarlo para no sentirse solo porque era un huérfano igual que él.
Todas esas noches de sexo que le hicieron a Jin tocar el cielo y que nunca fue capaz de decirlo a Matthew porque era muy orgulloso como para aceptar que fue dominado por un hombre más joven.
La última vez que estuvieron juntos y que Matthew quiso decirle que lo amaba, que lo amó desde que era un niño y Jin no lo permitío. Esa noche volvió a herirlo al decirle que solo necesitaba su pene y no su corazón.
Esa mañana lo dejó irse después de un beso agridulce, sin una despedida, porque Matthew por muy iluso que fuera, conservó un poco de valentía y dignidad y ya no pidió verse otra vez porque lo único que hacía Jin, era lastimarlo. Herir su corazón.
No hubo una despedida y después de eso, la pelea por la droga y el fraccionamiento.
Jin enfrentándose con muchos hombres para conocer el paradero de Matthew.
—NO...NO ES CIERTO.
Los golpes...disparos que hirieron al castaño.
Atacado por los hombres de Denis Cooper y por órdenes directas de Brandon Lee.
Un asesinato que Jin no pudo impedir, porque llegó tarde.
—NO...MATTHEW...MATTHEW
Todos esos dolorosos recuerdos fue lo único que Matthew obtuvo hasta su último aliento.
Jin no hizo otra cosa más que lastimar al único hombre que lo trató con el amor más puro del mundo, al que no le importó su adicción a las drogas o sus problemas con la mafia, el que lo miraba como una obra de arte, como una joya, como el ser más precioso que haya pisado la tierra.
—MATTHEW, MATTHEW...
El hombre que le entregó su corazón desde niño, que lo amaba por sobre todas las cosas y que con su muerte,
LE ARRANCÓ EL CORAZÓN A JIN.
—¡¡MATTHEW!!
Jin se llevó las manos a la cara y sus rodillas impactaron en el suelo. Sintiendo como el dolor le carcomía por todo el cuerpo, como veneno esparcido por su sangre.
—¡¡MATTHEW!!
Un último grito desgarrador y Jin perdió el conocimiento.
De todas las personas que habitaban en aquel Hospital Psiquiátrico, había una en especial.
Un hombre que destacaba entre la multitud, pero no era por su belleza ya que actualmente su cuerpo eran frágiles huesos, su rostro pálido mostraba ojeras enormes y sus pómulos salidos evidenciaban la falta de alimento.
Su belleza radicaba en el misterio de su caso, en su comportamiento, ya que él mismo se recluyó en ese lugar.
Muchos psiquiatras y psicólogos intentaron hacerlo hablar pero nunca lo consiguieron.
Así que solo se limitaron a observarlo.
Aquel hombre despertaba y a veces consumía alimento, sacaba un cuaderno por debajo de su almohada y hacía trazos en el mientras veía por la ventana.
Le gustaba ver los amaneceres, le gustaba el sol de las 9 de la mañana y lo más curioso es que a su lado siempre estaba un conejito hecho de arcilla de la más económica, el conejito estaba sucio por la manipulación y el paso de los años pero para Jin CheungWoo, era su tesoro más preciado.
No permitía que nadie lo tocara.
Los médicos lo veían con tristeza preguntándose qué fue lo que lo que ocurrió para dejarlo en ese estado, quien le arrancó el corazón de esa manera dejándolo sumido en esa oscuridad o tal vez esa luz que a veces reflejaba en sus ojos.
La noche llegó como de costumbre y CheungWoo abrió una caja que tenía por debajo de su cama.
Hoy era otro año transcurrido y Jin por fin lo consiguió, por fin logró obtener una cápsula de cada cosa. Cada antidepresivo, antipsicótico, antiobsesivo, calmantes, pastillas para el dolor de la cabeza, antibiótico... cualquier medicamento que pudiera mezclar y crear una bomba en su cuerpo.
No fue difícil crearlo, ya tenía práctica en hacerlo y calentar cada cosa en una vieja cuchara y después introducirla en su cuerpo mediante una jeringa.
Jin se quitó la liga del brazo y suspiró profundo, abrazó al conejito de arcilla y se metió a la cama. Sus ojos se cerraron lento cuando la luna estuvo llena y un par de lágrimas descendieron por sus mejillas.
Dicen que el amor es más fuerte que la muerte, la muerte es solo vacío, silencio, oscuridad y que el amor deja un rastro de hermosos recuerdos que nos ayudan a continuar viviendo.
Jin Cheung Woo podría ser el más cobarde en este instante pero, quería seguir el rastro de Matthew Raynor hasta el fin del mundo, hasta el fin del universo si era necesario; seguir al hombre que con solo una mirada, se adueñó de su corazón.
FIN
Lloré un poco al escribir esto pero es algo que quería hacer desde hace mucho tiempo. Espero que al menos la lectura resulte entretenida y me disculpo si la temática les resulta incómoda
Amo a Jin y Matthew y deseo que sean muy felices en el manwha de Jaxx
Oficialmente en Corea es 20 de mayo así que
¡FELIZ CUMPLEAÑOS MATTHEW RAYNOR!
Que te llegue un Jin desnudo dentro de una caja de regalo para que hagas con él lo que más desees ❤️❤️❤️
Gracias por leer.