Todo lo que necesitas es amor (One-Shot)

Summary

Después de pasársela bien en su cita, Christophe y Pocket van a la casa de del pelirrojo anteriormente mencionado. Dónde supuestamente pasarían una noche juntos durmiendo en la recámara de Herbert, pero algo más pasaría esa noche. Un One-shot que se me ocurrió cuando escribía la relación de Christophe y Pocket en mi mente El ship es de Christophe x Pocket. (ChrisPocke) (Es mi primer One-shot. Por favor no me funen 😔) Disfruten mi ship sacado de océano.

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n/a
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18+

Noche de velada

El sol había caído entre las montañas, dejando a relucir una fuerte luz naranja en cada rincón de aquel pueblo montañoso, anunciando que faltaba poco para que diera el anochecer.


La cita había sido divertida para este chico de ojos marrones y piel morena. Había salido a pasar el rato con una persona que conocía desde ya hace mucho, pero que con la que nunca se propuso salir hasta ahora. Durante ese tiempo había estado en la plaza divirtiéndose con aquellos puestos de dulces y juegos, mirando las distintas vistas que les había propuesto el ambiente alegre de aquella tarde en la plaza. Habían hecho una infinidad de cosas durante el día, y ahora sólo deseaban pasar la noche en sus despectivas casas, o al menos ese era el caso del moreno.


— Ouh~ . . . El día se pasó tan rápido. . . —comentó un poco desanimado el chico de dientes pronunciados.


El rostro del pelirrojo desbordó en pequeño gesto, disimulando tristeza y confusión mientras veía el atardecer a la par de un hermosa vista hacia un lago de agua cristalina; recargado en un barandal cruzado los brazos y recargado su cabeza sobre estos. El francés rio levemente, mientras que sostenía en su mano uno de sus cigarrillos y se ponía casi en la misma postura que Pocket, pero con la diferencia de que alzaba su brazo donde sostenía su cigarro.


— Me la pasé bien, a decir verdad. —comentó el castaño viendo aquel paisaje.


— ¿En serio? —preguntó un poco sorprendido el pelirrojo volteandolo a ver de reojo.


— Si. . . —afirmó el chico.


Al voltear a ver al chico otro que conocía perfectamente, enseguida notó una cálida sonrisa en su delicado rostro, mientras que sus ojos aqua azules daban una especie brilló luminoso. Esto hizo que Christophe se sonrojara un poco y retirará la mirada un tanto apenado.


Ahí fue donde el cielo empezó verse más oscuro y a tornarse a colores más fríos. Representado así, que estaba por llegar la noche. Ze'mole se dio cuenta de esto, y sinceramente le entristecia un poco tener que despedirse. Inhalo profundamente, algo desanimado.


— Bueno, supongo que es hora de ir a casa. —agregó el moreno para retirarse del barandal, y tratar de irse caminando.


— Espera un poco, Ze'mole. —dijo el pelirrojo, detuviendolo y tomando su brazo.


El castaño se sorprendió un poco al ver la repentina reacción del chico, pero aún así, prestó un poco de su atención.


— Puedes ir conmigo a mi casa a dormir, sí quieres. . . —dijo desviando un poco su mirada hacia el suelo, poniendo sus manos en los bolsillos de su abrigo.


— O-oh, b-bueno, eso estaría bien. Pero. . . —dijo poniendo su mano en su nuca— ¿Eso no le molestará a Estella o sí?


— Nah~! ¡Tranquilo! Te aseguro que a ella no le molestará demasiado. —dijo con una sonrisa picarona, dándole un ligero codazo en el hombro para despreocuparlo un poco.


— Esta bien. De modos no tengo nada que hacer en casa más que dormir. —dijo dándole una sonrisa amable al pelinaranja.


— Bueno ¿¡qué esperamos!? ¡Vamonos! —exclamó el pelirrojo agarrando la mano de Christophe y guiarlo hacia su dirección, con ánimo tan propio de él.


Por su parte, Ze'mole sólo se dejó guiar por él, amaba verlo tan feliz después de todo, mirándolo encantado por su belleza al sonreír.



Ya caída la noche, ambos chicos llegaron a la casa de Herbert, y lo primero que hizo el pelirrojo al entrar fue avisar que ya había llegado a casa, siendo recibido por una voz femenina la cual sólo le dijo un "hasta que por fin llegas, reverendo hijo de puta" sí. . . No eran las palabras más bonitas para darle la bienvenida a alguien, pero por lo menos eso significaba que la mujer seguía en casa, o que seguía mostrando señales de vida, y eso era suficiente, al menos para Herbert.


Christophe se miró con detenimiento el lugar, era un lugar cálido de lleno colores vivos, parecía un lugar muy acogedor y bastante agradable a su parecer. Mientras tanto, unos ligeros pasos se podían escuchar bajar aquellas escaleras de manera vieja, mientras que se podían escuchar murmullos a modo de queja de parte de una mujer.


La mujer se mostró ante los ojos de los dos jóvenes, mientras sus gestos y expresiones parecía ser de genuina molestia, sólo Pocket la miró con alegría y entusiasmo.


— ¡Hola, Estella! —saludó amable y entusiasta el chico de dientes pronunciados.


Estella sólo miró a Christophe con un poco disgusto.


— Estúpido conejo, no me digas que tu estúpido perro callejero se quedará a dormir esta noche. —dijo un tanto enojada la rubia.


Ella se había referido a su primo con un apodo tan característico de ella, ya que según afirmaba ella, se parecía mucho a un estúpido conejo por sus dientes tan iguales a los de los conejos, o al menos eso es lo que había escuchado Christophe.


— Vaya, Estella. Sí que eres buena deduciendo cosas. Y sí, Christophe se quedará a dormir. —dijo amable y confirmado lo que había dicho su prima.


La británica exhalo pesadamente y mientras que rodaba los ojos molesta.


— Ash, de todos modos la cena ya esta lista, sí gustas comer algo de una maldita vez. —dijo la chica dando la media vuelta y subir nuevamente las escaleras.


— Ah! Se me olvidó decirte ¡No quiero que tu puto perro haga ruidos en la noche! ¿¡Te quedó claro!? —exclamó desde arriba, para luego cerrar de un puertazo la entrada de su habitación.


— ¡Cómo usted ordené! —gritó desde bajo el anaranjado con cierto ánimo.


Pocket volteó a ver a Christophe con una sonrisa alegre y picarona, al mismo que le dijo "ya la oíste" seguido de una pequeña risita divertida.


Vaya, la prima de Pocket sí que era dura con sus palabras, le sorprendía que Herbert pudiera vivir con alguien así dentro de su mismo hogar. Bueno, era una de las más grandes maravillas del universo, por no decir otra cosa.




Después de la cena, Pocket y Christophe se dirigieron a la recámara del pelirrojo donde pasarían la noche. Su habitación tenía un dulce aroma a canela, mientras que estaba perfectamente ordenada y sorprendentemente limpia. El pelirrojo le ofreció asiento en su cama para después decirle que él se cambiaría en su vestidor, mientras que le daba una pijama suya para que se cambiará de prendas de una vez. Y al poco tiempo se retiró de la recámara.


Christophe observó detenidamente la pijama, era una playera blanca de manga corta, mientras que el pantalón era guango y de tela algo delgada y ligera. Sin pensarlo mucho, Ze'mole se desviste y se la pone, aunque le quedó un poco grande eso no le molestaba. Al terminar, el castaño se dejó caer en la cama de Pocket. Era sorprendente cómoda y esponjosa, parecía que estaba recostado sobre una nube. Una nube suave y esponjosa. Estaba en el cielo.


— ¿Qué? ¿Te gusta estar en mi cama? —preguntó una voz del otro lado de la habitación. Era Pocket.


— Estoy en el paraíso. —dijo el francés recostado y cerrando sus ojos.


Ahí pudo oír como alguien se aproximaban a hacia la cama, mientras que esa persona reía levemente. Sintió un peso sobre el colchón mientras que oía el rechinar de aquella recámara, y pudo sentir la presencia de alguien recostado a su lado en ese preciso momento. Al abrir sus ojos, vio el rostro de Pocket mirándolo a un costado; con esa mirada, esa expresión, la que tanto lo hacía estremecer. Lucía con una playera blanca de conejos siendo de talla extra, extra grande, junto con unos shorts cortos de color negro, dejando sus delicadas blancas piernas al descubierto. Debía admitir que tenía complexión física bastante atractiva, y tan. . . Sexy.


Pocket estaba recostado justo lado de Ze'mole, mientras que lo miraba con esa mirada tan provocativa para el francés, haciendo su posee más seductora. Recargado sus piernas sobre la otra, desplazandolas entre sí con cierta lentitud irresistible, mientras recargaba su brazo a un costado hasta la cintura. Se notaba lo mucho que había esperado para obtener esa noche con aquel chico francés.


Sin darse cuenta, el moreno estaba realmente rojo al ver la postura y la mirada de aquel pelirrojo, lo había sacado de sus cabales.


— P-Pocket ¿Q-qué haces con. . . ? —dijo tartamudo e impresionado.


— ¿Qué? ¿Qué no es obvio? Me pongo cómodo. —dijo el chico acercándose un poco más al castaño.


Ze'mole se levantó sobresaltado de la cama, algo confundido y realmente rojo. Esto no estaba pasando.


Pocket, nuevamente, río, pero está vez de forma traviesa y atrevida.


— ¿Qué pasa, mi cachorro? ¿No te gusta como me veo? —preguntó coqueto el pelirrojo.


— B-bueno, yo. . . —dijo poniendo su mano su nuca, algo nervioso.


En ese momento, Herbert se sentó encima de los muslos del moreno de modo de que estuvieran mirandose de frente al uno al otro. El rostro de Chris estaba cubierto de un rojo carmesí; aún que no se notará demasiado por su color de piel. Comenzaba a entrar en pánico. "¿En serio estaba pasando esto? Tenía que ser una broma " ese eran la clase de pensamientos que tenía Christophe en mismo instante.


Sin embargo, Ze'mole en poco en poco comenzaba sucumbir a sus deseos más carnales. Sus manos se deslizaban sobre encima de la playera de Herbert, tocando su espalda con lujuria y con cierto deseo sexual. Poco a poco, comenzaba a recostardose en la cama junto con Pocket, terminando encima de él. Sus manos tocaban el cuerpo de poco en poco en formas que el desconocía, incluso tocaban partes que él ni se imaginaba tocar.


Empezaron a darse besos de lengua que serían interminables sí no fuera por la falta de aire que estos les dejaban. Su último beso, dejó un hilo de saliva entre sus bocas, mientras que Ze'mole comenzaba retirar la playera que Herbert tenía puesta. Dejándose llevar por la calentura. Quería avanzar al siguiente nivel.


Había ignorando tanto tiempo sus sentimientos por el pelirrojo, que la verdad no sabía sí decir que realmente estaba enamorado de él. Pero aún así, sentía que se estaba empezando enamorar, sí eso era, estaba comenzando a enamorarse.


— Creo que me estoy enamorado de ti. —le susurró al oído al pelirrojo.


— ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó con un cara seria, al mismo tiempo que lo alejó empujándolo.


— E-espera, quise decir me gustas, yo. . . —dijo tratando de corregirse a sí mismo.


La había cagado.


— ¿¡Quieres decir que sólo te gustó!? —exclamó algo alterado, levantándose en poco en poco de la cama y alejándose de el francés.


— ¡N-no! Yo. . . No creí que te importaría. —dijo desviando su mirada, y poniendo nuevamente la mano en la nuca.


— ¿Cómo no me va importar? Íbamos a tener sexo. —dijo con molestia y cruzándose de brazos, al mismo tiempo que le daba la espalda.


— Pocket. . . —intentó remediarlo, pero conforme más hablaba más lo iba arruinando.


Ze'mole suspiro y ya no trató de hablar con él, había herido sus sentimientos ¿verdad? Christophe se acercó lentamente al pelirrojo, y lo abrazo por detrás. Esto dejó un poco perplejo al segundo, quién ya había comenzado a dejar caer un par de lágrimas.


Pudo sentir como sensación cálida recorría su espalda, mientras que sentía también un sentimiento de culpa y arrepentido.


— Lo siento, no debí decir tal cosa. . . —dijo con sus ojos algo cristalinos.


Se sentía como un tonto.


Herbert acarició la cabeza de Ze'mole, con ternura y comprensión.


— Esta bien, mi cachorrito. No es nada. —dijo para luego inclinar la cabeza de Christophe hacia la suya, para finalmente plantarle un beso en los labios.


Sabía que tenía que comprenderlo también. No podía culparlo, podía verse como alguien fuerte en el exterior pero en el fondo solo era un pequeño cachorro indefenso que necesitaba cariño. Muy apenas sí identificaba sus propios sentimientos.


— Te amo. . . —murmuró el castaño tímidamente.


Apesar que al principio se sorprendió un poco por las palabras del moreno, al final en su rostro formó una suave sonrisa de alivio y ternura.


— Anda, puedes hacerlo. —dijo volteando a ver a Christophe, mientras lentamente se podía enfrente de él


El chico dejó de lado su tristeza, y acudió a la petición de su amado, tomándolo de la cintura mientras que lo recostaba de nuevo en la recámara. Había dejado salir nuevamente aquellos deseos llenos de lujuria y pasión. Finalmente pudo retirarle la ropa, mientras comenzaba a darle múltiples besos y mordidas en el cuello, en el pecho y en su cuerpo, al mismo tiempo que comenzaba a desvestirse de igual manera. El pelirrojo dejaba escapar unos cuantos gemidos de placer y exitación.





Estella se encontraba en su habitación, con sus audífonos a todo volumen, mientras que reproducían asmrs para poder reconciliar el sueño. Sabía genuinamente que el estúpido de su primo estaba haciendo cosas con el pendejo del francés. Lo supo en cuando vio ese maldito brillo en sus ojos ¿y como no saberlo? Lo conocía como la palma de su mano. Fue por eso que cuando escuchó un golpe proveniente de la pared, no quiso salir a investigar, no quería llevarse otra sorpresa de ésas nunca más.