Quédate conmigo | XiCheng

Summary

Lan XiChen y Jiang Cheng se conocieron accidentalmente en la niñez, ignorando que aquel divertido encuentro sería el inicio de una bella amistad y, posteriormente, una historia de amor. -Los personajes pertenecen a MXTX, MDZS.

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En mis ojos sólo brilla tu sonrisa

Lan XiChen apenas era un dulce niño cuando vio por primera vez a Jiang Cheng.

Con sólo doce años, el tierno heredero del clan Lan era conocido en el mundo del cultivo por su temperamento amable y gentil, siempre acompañando a su tío como representantes de la secta de la nube. Fue en una de esas tediosas conferencias de cultivadores donde conoció a Jiang Cheng.

YunmengJiang abrió sus puertas a las sectas del Jianhu para debatir acerca de los últimos acontecimientos políticos y sociales, brindando la posibilidad de crear alianzas que serían beneficiosas para todos en el mismo evento. Una perspectiva que desapareció en cuanto el primer cultivador despotricó ferozmente sobre injusticias y el bien y el mal que los rodeaba. Los demás presentes, amando el chisme y revoltijo, no tardaron en unirse al griterío.

En silencio y sentado detrás del líder de secta, Lan Huan contaba las diminutas astillas de la mesa para no morir de aburrimiento. Terminando se talló los ojos y comenzó a recitar mentalmente las reglas que decoraban el muro arcaico de GusuLan. Llegó a la regla 879 cuando un sonido extraño llamó su atención. Una risa alegre y vivaz que se alzaba por encima del turbulento ajetreo de los adultos hasta que desapareció con la misma rapidez de emergimiento.

Esperó pacientemente volver a escucharlo, cosa que no sucedió. Sintiéndose curioso, murmuró una disculpa a la espalda recta de su tío y abandonó el salón en busca de la fuente de aquella momentánea risotada.

Sus pies lo llevaron a los embarcaderos de madera dentro del vibrante y colorido Muelle de Loto, el lago turmalina repleto de hermosas flores rosadas extendiéndose frente a sus ojos, tan impresionante como las gencianas que rodeaban la casa de su madre. Lan Huan remangó sus largas mangas blancas antes de acercarse al borde, inclinándose con cuidado para acariciar suavemente el satín de los pétalos de los nenúfares. Sin poder contenerse, saca una de las flores de su hábitat y olisquea su exquisito aroma.

Entonces lo oye.

Como si fuese la refrescante brisa veraniega pululando sobre los brotes rosáceos meciéndose en la superficie del agua cristalina, las carcajadas vuelven a elevarse desde algún lugar entre los muelles. Esta vez Lan Huan no perdió el tiempo y siguió el rumor, encontrando a un pequeño niño de brillantes ojos azules y sonrisa eufórica como el causante de su travesía.

Dicho infante no está solo, hay tres esponjosos perros espirituales moviéndose emocionados a su alrededor mientras le lamían el rostro y le desordenaban las túnicas violetas con sus saltos incesantes. Uno de los diablillos mordía la bota de su maestro con sus dientecillos blanquecinos. Ajeno al espectáculo que regalaba, el niño volvió a reír, poniéndose de pie.

Sabiamente, Lan Huan se esconde detrás de un frondoso arbusto, escuchando maravillado cómo las risas inocentes del niño se escapan con increíble facilidad de sus labios entreabiertos. La melodía era una bonita tonada similar a las armonías que salían de su xiao.

—¿Quieres jugar, Princesa? —el chiquillo enseñó una pelota a los canes de colitas frenéticas y aullidos entusiasmados.

Sin más lanzó la bola al aire y rápidamente los tres canes salieron disparados a su encuentro, volviendo con su trofeo entre las fauces segundos después. Princesa regresó al pequeño con la intención de recibir mimos y cariñitos en su pancita, rascando la tierra con las patas.

Parecía divertido y por un segundo, Lan Huan se imaginó a sí mismo jugando con los tres animalitos y el infante. El deseo fue tan intenso que sus manos picaron, ansiosas por sumergirse en el esponjoso pelaje marrón de los cachorros mientras corría junto a su amo, los cuatro pasando un rato agradable en esa tarde calurosa.

Sonrió inconscientemente, perdido en aquella fantasía distante e irreal (¿Cuándo un Lan podría correr con libertad? ¡Nunca!), sólo dándose cuenta del peligro cuando fue demasiado tarde.

¡Zas! La pelota se estrelló violentamente en su frente, haciéndolo perder el equilibrio y caer sobre su trasero.

—Oh —pronunció, asombrado por el golpe repentino. Luego una serie de pasos apresurados rompieron las ramitas secas en el suelo y un par de manitas alzaron su rostro, los ojos del niño estrechándose severamente.

—¡¿Qué hacías escondido aquí?! —reprochó —. ¡Ahora tu frente está roja! —enfatizó el reclamo haciendo presión en la hinchazón de su frente. Lan Huan emitió un quejido de dolor.

Estando desparramado en el suelo, el trío de bulliciosos canes aprovechó el inconveniente para indagar la identidad del otro niño, sus naricitas húmedas merodeando por todo su cuerpo mientras sus colitas barrían el polvo y las hojas caídas de los árboles. Teniendo la oportunidad perfecta al alcance, Lan Huan simplemente extendió una mano y cumplió su fantasía, clavando sus dedos en el pelaje del más grande. El cachorro ladró contento y trepó a su regazo, ensuciando su prístina túnica con sus patitas cubiertas de tierra.

—¡Abajo Jazmín!

Jazmin no se movió ni un milímetro. Viendo que no hubo castigo alguno, los otros cachorros imitaron la acción y se treparon en el joven heredero. Para quitárselos de encima el niño vestido de púrpura arrojó la pelota lejos de ellos, los tres animalitos echaron a correr detrás de su juguete de inmediato.

Ya sin compañía, el menor se apresuró a cerciorarse de la salud del otro chico.

—¿Cómo te llamas? —demandó una vez acabada la revisión.

—Lan Huan, heredero de la secta Lan —se presentó, inclinándose respetuosamente.

—Bien —dijo, dándole un golpecito en la punta de su nariz con el dedo.

—Auch.

—¡Te lo mereces por espiar a escondidas, Lan Huan, heredero de la secta Lan!

Cohibido por ser descubierto, Lan Huan abrió la boca dispuesto a disculparse cuando sintió el suave roce de los labios del niño en su dolorida frente. Igual de sorprendido que él, el niño retrocedió a pasos tambaleantes, las mejillas de ambos teñidas de un profundo carmín.

—C-cuando me lastimo jugando en el muelle, A-Jie me da un besito para que se quite el dolor. Y-yo te di un besito… ahora no te dolerá.

A-Huan, siendo lo suficientemente grande para saber que así no funcionaban las cosas, se enterneció por la linda reacción del infante y aceptó su ayuda. Ya de pie, admiró la carita infantil cubierta de un adorable sonrojo y luego aplastó con gentileza la nariz del más joven.

—No me dijiste tu nombre.

Los ojos del niño se ampliaron y sus brazos trazaron un arco de cortesía, pronunciando:

—Heredero de la secta Jiang, Jiang Cheng.

En ese momento los perritos volvieron, haciendo la sonrisa de Jiang Cheng más grande y deslumbrante, tirando del dobladillo inferior de su túnica con insistencia.

—¿Quieres jugar con nosotros? ¡Será divertido, Lan Huan!

Un adorable mohín adornó los labios de Jiang Cheng cuando el mayor declinó la oferta.

—Nunca he jugado con perros, joven maestro Jiang. —«O jugado en lo absoluto»

El pequeño Jiang bufó molesto.

—¡Tonterías!

Princesa dejó la pelota cubierta de saliva, barro y pasto a los pies del Primer Jade, frotando su cabecita contra su pierna para invitarlo a jugar con ellos. Jiang Cheng frunció el entrecejo, señalando la bola asquerosa.

—Jugar con un perro no es un examen de formación de núcleo, no seas tonto —las regañina hizo sonreír a Lan Huan. El menor lo ignoró y siguió hablando—. Te agachas, agarras la pelota y dices… ¡Espera, Lan Huan!

Tarde. Muy tarde. Lan Huan sostuvo la pelota con una manita, escuchando los ladridos extasiados de los animales y luego el mundo dio vueltas cuando éstos se abalanzaron sobre él, tumbándolo otra vez. El vendaval de túnicas blancas como la escarcha fue reemplazada por horribles manchas marrones mientras los perros brincoteaban a su alrededor.

«¡Qué divertido y emocionante!» Lan Huan rió a carcajadas, permitiendo que las caricias de los cachorros lo mimaran. Solo el silbido agudo de Jiang Cheng cortó el desenfreno del momento.

—¡Pequeño Amor, es suficiente! —el heredero del Loto tiró del collar violeta del perro para alejarlo.

—¿Se llama Pequeño Amor? —preguntó el joven Lan, rascando la pancita rosada del cuadrúpedo acostado en sus piernas. A-Cheng asintió orgulloso, diciendo sus nombres uno a uno.

—Él es Pequeño Amor, ella es Princesa y esta es Jazmín, son mis mejores amigos. ¡Todos los días los entreno para que seamos poderosos cultivadores y derrotemos al mal cuando seamos grandes! —reforzó su discurso con un chasquido de dedos. Los tres perros espirituales se alzaron con entusiasmo y lo derribaron—. ¡Así no era!

A-Huan escondió una risa detrás de su manga sucia y agarró la olvidada pelota, enviando a Pequeño Amor, Jazmín y Princesa lejos de ellos.

—Joven maestro Lan, ¿dónde está?

La monótona voz del discípulo de más confianza de su tío surgió detrás de ellos. Lan Huan echó un vistazo a sus manos cubiertas de tierra y pelo canino, pasto adherido a sus prendas oscuras y la sagrada del clan torcida debido a los lengüetazos juguetones de los cachorros.

—Lo siento —musitó Jiang Cheng por lo bajo, esperando el reclamo indignado del mayor con los hombros tensos.

Fue la risa escandalosa (¡sendas carcajadas, qué osadía!) del Primer Jade lo que guió al discípulo de Lan hasta donde se encontraban. Lan Huan tenía las mejillas adoloridas por el esfuerzo mientras brindaba un soporte estable a Jiang Cheng para levantarse.

—¿Joven maestro Lan?

Jiang Cheng se unió a las incontrolables risotadas del heredero Lan, temblando y retorciéndose junto a él. El discípulo de la nube encontró a ambos niños intentando detener sus jadeos, llamando a su joven maestro de nuevo. Lan Huan realizó una venía ceremoniosa frente al heredero del clan Jiang, ruborizado y radiante de genuina felicidad.

—Gracias por invitarme a jugar, me divertí mucho contigo y tus mascotas.

—¿Incluso los golpes?

A-Huan esbozó una sonrisa.

—Eso fue lo más divertido.

Fue el turno de A-Cheng de sonreír.

—Yo también me divertí. ¡Tienes que venir a jugar más seguido! —pidió, colgándose de su manga mientras el mayor negaba.

El discípulo principal insistió impacientemente en llevarse a su heredero.

—Joven maestro Lan, el Líder de la Secta nos espera en el pabellón del muelle, tenemos que irnos ahora.

—Sí, un momento más, por favor —miró al pequeño—. Gracias por la invitación, joven maestro Jiang, pero...

—Somos amigos, ¿no? —lo interrumpió bruscamente. A-Huan parpadeo, confundido y asintió.

—Lo somos.

Jiang Cheng alzó su dedo meñique, mirándolo con un brillo esperanzador en esos tiernos orbes azules.

—Prométeme que volverás y jugaremos juntos, Lan Huan.

Ninguno se movió durante segundos, esperando una respuesta.

Finalmente, Lan Huan suspiró y enredó su meñique con el apéndice del niño.

—Lo prometo, Jiang Cheng.

Así dio inicio su historia de amor.



Tres meses después, A-Huan cumplió su promesa.

La familia Jiang no podía estar más incrédula y consternada cuando algunos discípulos avisaron el avistamiento de un barco con banderas celestes de Gusu amarrando en el muelle principal, del navío bajaron ni más ni menos que el Líder de la Secta y su heredero, el Primer Jade.

—¿Lan Qiren? —cuestionó la Araña Violeta, saliendo del pabellón donde almorzaba con sus hijos. Sin embargo, el grito de verdadera alegría y placer del heredero del loto detuvo sus pasos—. ¿Jiang Cheng?

—¡Lan Huan regresó, A-Niang!

El infante corrió por los senderos de madera hasta el chico de blanco, quién lo esperaba con una sonrisa emocionada. Lan Qiren saludó a la señora de Muelle de Loto respetuosamente. A unos pasos de los adultos, los pequeños amigos compartían susurros rápidos y unos cuantos regalos de la nube al loto.

—Las banderas de GusuLan se han mantenido alejadas del territorio de mi clan durante décadas, y ahora en menos de cuatro meses nos han honrado con su presencia. ¿Con qué motivo, Líder de la Secta Lan? —siseó Yu ZiYuan.

—Ofrezco una sincera disculpa a los Líderes de Yunmeng por nuestro arrebato —las cejas del anciano se arquearon, expresando un leve regocijo. Señaló sutilmente a los herederos de ambas sectas, mismos que estaban inmersos en el otro—. ¿Considera nuestra visita meramente política, madam?

Madam Yu observó el encuentro y luego ordenó a los sirvientes que instalaran a las visitas en las habitaciones cercanas al lago.

—Hay mucho de qué hablar, Líder de la Secta Lan.

—Por supuesto, madam Yu.

Lan Qiren dio una palmadita a la cabeza de su sobrino, empujándolo hacia el niño de túnicas púrpuras.

—Diviértete, Lan Huan.

Él lo hizo.

Aquella primera visita al Muelle de Loto como amigo del heredero de la secta fue espectacular, mágica y sin duda divertida, al grado de que su estadía –originalmente de un día– se extendió a una semana completa.

Todos los días, el bullicio de Yunmeng le enseñó a ser feliz ajeno a las reglas de su clan; corrió por los muelles de madera, voló cometas en un día caluroso, comió pasteles a la orilla sentado bajo un frondoso árbol de manzanas y escuchó el cantar de las aves desde el gazebo de la Araña Violeta.

¡Incluso recolectó semillas de loto!

Aquel miércoles Jiang Cheng lo arrastró hasta el lago a petición de la señorita Jiang.

—¡Tendremos muchos pasteles para la cena! —chilló el crío, sumergiéndose en el albufer rebosante de lotos mientras dejaba la canasta de paja al cuidado del mayor.

Lan Huan comía tranquilamente un puñado de semillas confitadas cuando la barca se tambaleó y se volcó, hundiéndose en el agua con un chapoteo.

Jiang Cheng moría de la risa mientras veía cómo el joven luchaba contra sus pesadas túnicas flotantes, eso hasta que cayó al lago también. Rompió la superficie con un grito de guerra, salpicando a su amigo de agua y barro y pronto su pequeña batalla se convirtió en un feroz encontronazo que los dejó cubiertos de suciedad de pies a cabeza.

Cansados de la diversión, ambos se sentaron en la orilla del muelle, disfrutando de los últimos colores del atardecer veraniego. Jiang Cheng peinaba los cabellos oscuros de Lan Huan en una trenza.

—¡Listo! Te ves bonito.

Estando de acuerdo, A-Huan palmeó el lugar a su lado. El sol finalmente se escondió en el horizonte.

—Mañana nos iremos de vuelta a Gusu… ¿Irás a visitarme, Jiang Cheng? —elevó su meñique, esperando.

Jiang Cheng no dudó en entrelazar su delgado dedito con el de su amigo.

—Lo prometo, Lan Huan.

La sonrisa del Primer Jade fue hermosa.



Semanas después, el Receso de las Nubes le dio la bienvenida a Jiang Cheng durante dos días. Pese a la tristeza del corto tiempo para estar juntos, Lan Huan estaba encantado de mostrarle los paisajes más hermosos de su hogar, maravillándose con cada descubrimiento que hacía del más joven; A-Cheng amaba las flores y la naturaleza, el frío de la montaña le gustaba pero aborrecía el agua helada del manantial sagrado. Entonces, descubrió el deseo más profundo del niño.

A-Cheng quería jugar con la nieve.

Decepcionado, Lan Huan tuvo que explicar que faltaba demasiado para que la nieve perlara de blanco inmaculado los Recesos de la Nube. Jiang Cheng simplemente contestó que esperaría por verla, despidiéndose al día siguiente.

El surgimiento de su amistad fue el chismorreo del mundo del cultivo, todos atentos a las visitas mensuales de ambos herederos a la secta ajena. Los que rodeaban a los niños eran fieles testigos de lo inseparables que eran Lan Huan y Jiang Cheng, admirando el inocente amor de niños, iluminando como una linterna en medio de la oscuridad.

Pasaron años en su amistad para que Lan Huan, ahora Lan XiChen de cortesía, pudiera darle el regalo de cumpleaños perfecto a Jiang Cheng.

Lo llevó a Gusu durante el invierno.

Igualando la magia de aquella lejana primera vez, XiChen se deleitó con la dulce melodía de su risa. Jiang Cheng convirtió el crudo invierno del Receso de las Nubes en el más cálido y acogedor que haya visto jamás, cada rincón de la secta inundado de vida y alegría.

—¡A-Huan, mírame!

Lan XiChen sonrió a los muñecos de nieve en el jardín del Hanshi y luego dirigió su visión a los ocelos azules de su mejor amigo.

—A-Cheng.

Dicho mencionado esbozó un adorable mohín. XiChen rió y le dio un tímido golpecito en la nariz.

Un día perfecto.

La nube resguardó al loto en su montaña el resto del invierno. La secta Lan complació a Jiang Cheng con música casi todos los días, despertando el interés en el invitado, pidiendo que le enseñaran a tocar un instrumento. XiChen, completamente débil a sus peticiones, accedió, dejando a Liebing en sus manos.

Durante las tardes descansaban debajo de un árbol o cerca de la Primavera Fría, escuchando las notas melódicas del invitado y su xiao. Como todo un maestro indulgente, Lan XiChen demostró el alcance de su paciencia contra el temperamento voluptuoso de su amigo, jugando cada que tenía la oportunidad.

—Suenas como un gato pariendo, A-Cheng —se burló el Primer Jade, recibiendo al instante un golpe juguetón en el pecho.

—Cállate, A-Huan. ¡Quiero intentarlo otra vez!

Todavía riendo, el Primer Jade lo rodeó con sus brazos, indicando la posición correcta de sus dedos. Jiang Cheng asintió seriamente y se acurrucó cerca del cuerpo del otro, buscando la familiaridad de su calor. XiChen negó y siguió explicando.

Tres meses pasaron rápidamente, casi un parpadeo fugaz. La semana previa al final de su estadía, Jiang Cheng presentó orgullosamente la canción que aprendió a entonar, acogiendo los aplausos y comentarios positivos de Lan Qiren. Celebró su triunfo con una bolsa de dulces en compañía de su mejor amigo.

La última noche juntos, Lan XiChen rompió las reglas por él.

Jiang Cheng se disponía a dormir cuando el mayor lo sacó de su habitación, dirigiendo la caminata a través de los senderos traseros a la parte más alta de la montaña. Ya en la cima, el mundo entero parecía desvanecerse a favor de la hermosa vista frente a sus ojos, el cielo diamantado deslumbrante gracias a las estrellas pintando el óleo a medianoche.

Ahí, Lan Huan le dio una linterna con motivo de nubes y lotos. Los labios de Jiang Cheng esbozaron una sonrisa feliz.

—Pide un deseo, A-Cheng.

Acercándose, posó sus palmas sobre las del heredero del clan Lan.

—¿Un deseo, A-Huan? ¿No importa lo que sea?

—Siempre que lo desees con el corazón, todo se hará realidad. —«lo haré realidad por ti»

—¿Qué hay de ti? ¿Pedirás un deseo conmigo?

Lan Huan envolvió sus manos juntas, susurrando al viento una promesa ilegible a los oídos de Jiang Cheng.

«Mi único deseo es no separarme de ti, A-Cheng»

Ante esto, el loto presionó la unión en su pecho y musitó para sí mismo un deseo.

Los mejores amigos vieron ascender la linterna al cielo noctámbulo, perdiéndose entre las estrellas como si fuese una de ellas. Allá iban sus sueños y esperanzas.

Con los últimos rastros de nieve humedeciendo el pasto, tomaron asiento en un montículo de rocas cercanas. Lan XiChen permaneció inmóvil mientras Jiang Cheng desataba el nudo de su cinta de regulación y peinaba sus cabellos en una trenza.

—No quiero irme —masculló Jiang Cheng en un hilo de voz—. Soy feliz aquí contigo.

—Si no quieres irte, no te vayas —declaró el Primer Jade—. Quédate conmigo, prometo que te haré muy feliz.

Una de los luceros destelló con más intensidad, como si sus palabras la hicieran refulgir hasta casi compararla con una luna diminuta. Jiang Cheng rió y se acurrucó en las túnicas externas de su amigo.

—Fuqin dice que una promesa de felicidad sólo se hace con nuestra pareja frente a los Dioses, ambos vestidos de carmín y oro —sus mofletes se ruborizaron.

Con calma, Lan XiChen lo abrazó por los hombros y buscó el punto de luz amarillento que debía ser su linterna.

—Entonces, yo me casaré contigo A-Cheng, así podré hacerte feliz el resto de nuestras vidas.

Regresaron en silencio hasta sus habitaciones, sin embargo, antes de separarse Jiang Cheng abrazó a Lan XiChen, lágrimas resbalando por su cara.

—Algún día volveré, ¿me esperarás?

—Siempre lo haré.

—¿Lo prometes, A-Huan? —alzó su meñique.

—Lo prometo, A-Cheng. —juró.

El loto de Yunmeng abandonó la gélida montaña con el primer arribo del sol matutino.



Jiang Cheng no volvió al mes siguiente.

Y Lan XiChen no visitó el Muelle de Loto dos meses después.

Pasando el tiempo, los discípulos de Yuneng olvidaron el sonido de sus carcajadas durante esas interminables tardes de juegos en el lago y los músicos de Lan extrañaron la armonía extranjera de un conocido xiao. Ya nadie jugaba en la nieve o volaba cometas en verano.

Después de meses de distanciamiento y sufrimiento pensaron en una solución.

Una muy obvia.

Jiang Cheng fue quien tuvo la idea de enviar una carta al Receso de las Nubes, la pesadez en el pecho de Lan Huan desapareció al verla. La carta decía lo tonto era por no pensar en escribirle y él estuvo de acuerdo.

Así comenzó una nueva etapa en su amistad.

Año tras año, las cartas compartidas entre secta no dejaron de aparecer: sin importar la estación del año o las ocupaciones propias de su título, éstas siempre contenían palabras cariñosas y divertidas para disfrutar.

La importante presencia de Jiang Cheng y Lan XiChen en la vida del otro fue absoluta, celebrando sus triunfos o llorando sus derrotas, transmitiendo amor mediante letras impresas en tinta negra.

Lan Huan admitía que A-Cheng era su preciosa estrella en el firmamento, luminosa como ninguna otra podría serlo jamás, la luz de su vida. Jiang Cheng no se quedó atrás con su propio descubrimiento, sabiendo que sin importar cuán alto estuviera cayendo, los gentiles y amorosos brazos de A-Huan lo atraparían.

Seis años tardaron en reencontrarse, un momento mágico e inolvidable.

ZeWu-Jun desprendía felicidad porque su amor venía a él una vez más.

Lan XiChen estaba irremediablemente enamorado de Jiang Cheng.

La revelación fue todo menos una sorpresa. Según las leyendas el amor de los Lan es el más hermoso de todos; bellos corazones de inmaculado jade que se entregan una sola vez en la vida para un único compañero, para su alma gemela.

Un amor salvaje y devoto, precioso como ser amado por el Cielo mismo. El amor de un Lan era verdadero y puro, incondicional. Ese tan escaso de encontrar y tan renuente de entregar.

Lan XiChen dio la bienvenida a ese sentimiento con alegría y pasión. El corazón del Primer Jade era el único que conocía la profundidad de su cariño hacia Jiang Cheng y lo inevitable que había sido enamorarse de él. Jiang Cheng, que era perfecto y hermoso, intocable y magnífico. Su mayor anhelo era embriagarlo con su amor desbordante y dulce.

Volver a vislumbrar el rostro de su alma gemela después de tanto tiempo fue como ver el amanecer emergiendo luego de una noche de tormenta y devastación. Su pecho ardió debido a la intensidad del sentimiento y sus ojos detallaron embelesados cada pequeño detalle del joven heredero de Jiang; las frías comisuras de su boca curvadas en una sonrisa sarcástica, esa ardiente mirada cubierta de fino azul y la fragancia de lotos que lo acompañaba desde su hogar.

Parado en la entrada del Receso de las Nubes a la espera de Jiang Cheng, el mundo podía derrumbarse y no importaría en lo más mínimo. Cuando estuvieron frente a frente, las primeras palabras del loto hacia su compañero fueron tiernas e infinitamente cariñosas, desconocidas para cualquier otro menos para su A-Huan.

—Cumplí mi promesa, A-Huan —«regresé a ti»—. ¿Todavía me esperas?

Apenas terminó de hablar el cuerpo fornido del más alto se estrelló contra el suyo, una sonrisa enamorada extendiéndose en su rostro. Los discípulos de Jiang jadearon sorprendidos, pero ninguno se atrevió a decir algo acerca de la repentina demostración. Sin embargo, parecía tan familiar y agradable… como si estuviesen destinados a permanecer juntos.

—Nunca dejé de hacerlo, A-Cheng —lo estrechó con más fuerza, escondiendo su rostro anhelante en la curva del cuello del más joven, quién enredó sus brazos alrededor de su cintura.

A unos pasos de los mejores amigos, Wei WuXian se estremecía de ternura, sabiendo de primera mano el lazo que compartía su hermanito con el Primer Jade y cuánto significaba ese abrazo, esa mirada. Silenció los murmullos de sus acompañantes y lideró el camino al interior de la secta, dejando a los tortolitos solos.

Jiang Cheng acunó las mejillas del mayor, acariciando con el pulgar la piel de sus pómulos elegantes. Lan Huan lo dejó hacer, restregándose contra el toque como un gato mimado. De pronto, un tironcito en el lóbulo de su oreja lo hizo reír. Satisfecho, el loto mordió su labio inferior para ocultar una sonrisa victoriosa.

—Sigues teniendo cosquillas en el mismo lugar, A-Huan. No has cambiado nada.

El brazo que rodeaba su cintura apretó el agarre ligeramente mientras la boca carnosa del joven se abría y sus mejillas se ruborizaban. Haciendo un movimiento atrevido, el Primer Jade atrapó la mano que frotaba su rostro y besó delicadamente sus nudillos.

—No. Sin embargo, tú sí lo hiciste. A-Cheng es más hermoso de lo que recordaba.

El mencionado puso los ojos en blanco y enarcó una ceja, apartándolo de un empujón.

—¿Quién diría que ZeWu-Jun en realidad es un mentiroso adulador?

—¿Cual de mis palabras es una mentira? Estoy diciendo la verdad. Eres hermoso.

—También ciego, Dioses —entrelazó sus dedos y tiró del vigoroso hombre hacia adentro—. Vamos, en tu última carta mencionaste que plantaste rosas en el jardín del Hanshi y quiero verlo.

Lan Huan bufó travieso, golpeando la punta de su nariz con un dedo.

—Yo soy un adulador y el joven maestro WanYin es un mandón insoportable.

—Atrévete a llamarme así de nuevo y voy a romperte las piernas.

En el transcurso del trayecto hacia su morada, algunos discípulos se acercaban amablemente a saludar al invitado, expresando alegremente la falta que hacía en el Receso de las Nubes dándole regalos que cohibieron al menor. XiChen los despidió con un ademán, mostrándose orgulloso de caminar tomados de la mano.

Llegando al Hanshi, A-Cheng revoloteó en el jardín delantero ahora cubierto de violetas, gencianas, tulipanes y jacintos, olisqueando los deliciosos aromas del manto colorido que se extendía por la colina. ZeWu-Jun improvisó un lecho de mantas y cojines en el pórtico para más comodidad.

—¿Cumplió tus expectativas, A-Cheng? —preguntó, cortando una genciana.

—Es justo como lo imaginaba… y recordaba: bello y tranquilo, frío —reconoció, nostálgico.

Enfocaron su atención en las flores hasta que Jiang Cheng rompió el silencio, su voz tan armónica como el paisaje que los rodeaba.

—En estos seis años, ¿alguna vez me extrañaste, A-Huan?

Recibió la respuesta cinco segundos después, clara y sincera como el cielo sobre sus cabezas.

—No hubo día en que dejara de pensar en ti, A-Cheng —admitió, mirando la genciana en su posesión—. Construí este jardín cuando el peso de tu ausencia se hizo insoportable, los recuerdos de nuestra infancia impregnados en las flores violetas como tus ojos o blancas como tu sonrisa. Eres mi lugar seguro. —parpadeó en su dirección, indeciso de añadir—. ¿Tú me extrañaste?

Asintió, buscando instintivamente la mirada del joven ZeWu-Jun.

—Te extrañé como no te imaginas. Soñé contigo todas las noches durante seis años, recordando los momentos felices que tuvimos siendo unos niños —se llevó una mano al pecho, justo encima del corazón—. Me he entregado completamente a ti, Lan Huan.

Lan XiChen colocó la genciana en su cabello, las yemas de sus dedos vagando por la mejilla dorada, nunca despegando la vista del otro hombre. Las palabras dichas estaban tan cargadas de afecto que robó el aliento del Primer Jade. Y, no contento con eso, Jiang Cheng dio el siguiente paso.

—¿Qué sientes por mí, XiChen?

Su expresión se volvió soñadora y anhelante, deseosa. Juntos ahí donde rodeados de flores, con unos sencillos ojos amatistas aguardando por él, entendió que era el momento de compartir el tesoro que celosamente guardó en su corazón.

Y sería correspondido.

—Te amo, Jiang Cheng —su respiración vaciló, pero no sus sentimientos—. Te amo demasiado.

Jiang Cheng suavizó sus rasgos, luciendo increíblemente más lindo. Trazó círculos sobre su muñeca mientras un tímido rubor se extendía por su cara.

—No nos hemos visto desde hace años, ¿cómo puedes decir que me amas?

XiChen sonrió y le tomó delicadamente el mentón.

—No necesitaba verte para saber que estoy enamorado de ti. Te he pertenecido desde que somos niños, A-Cheng; mi corazón, cada latido de éste, es tuyo y es algo que nunca cambiará en lo absoluto —se acercó a él hasta que sólo la unión de sus manos los separaba—. ¿Qué sientes por mi, Jiang Cheng?

Si bien el menor había confesado sus sentimientos, tenía que escucharlo de nuevo. Saber que el amor que profesaba le era devuelto de la misma manera lo reconfortaba. Que Jiang Cheng lo amara tan intensamente era una locura.

De imprevisto, los suaves labios como terciopelo y rojos cuán pétalos de rosa besaron delicadamente su mejilla.

—¿A-Cheng?

—Yo también te amo, Lan XiChen.

Una risa de alegría pura sacudió el jardín a las afueras del Hanshi. Una armonía de antaño. Habiendo pasado tantísimos años, finalmente Lan Huan estrechó a su amado entre sus brazos, mientras éste escondía su rostro en la amplitud de su pecho. Sin embargo, cuando el Primer Jade buscó su boca para besarla como tanto deseaba, el loto lo esquivó con rápida maestría.

Por supuesto, Lan Huan se quejó de la injusticia.

—Dices que me amas pero no me dejas besarte, A-Cheng —esbozó un mohín. WanYin frunció las cejas.

—No me besarás tan fácilmente, ZeWu-Jun. Tienes que ganártelo.

—¿Cómo podría ganarme aquel precioso privilegio, joven maestro Jiang? —murmuró con una sonrisa insufrible.

Jiang Cheng rió.

—Sorpréndeme.

Conforme con una lluvia de besos mariposa en la cara, ofreció:

—Lo haré, cariño.



La augurada sorpresa iba dirigida a Lan Qiren y Lan WangJi.

El pabellón privado de la familia era donde los hermanos Lan y el Gran Maestro tomaban el desayuno cada mañana. Una reunión inevitable que XiChen aprovechó para anunciar oficialmente el cortejo que estaba por iniciar. La reacción de su hermano fue una inexpresiva mirada de orbes ambarinos, la de su tío un interrogatorio pensativo.

—¿Y bien? ¿Quién es la afortunada? —frunció el ceño, palmeando la mesa con impaciencia.

—¿Quién es la afortunada? —discutió, dejando la taza de cerámica en la mesa—. ¿Qué secta traerás a GusuLan?

—Considero más apropiado el término afortunado… porque Jiang Cheng es a quién voy a cortejar, shufu. Uniremos lazos con la próspera YunmengJiang.

La noticia pausó el ambiente en la habitación. Entonces, Lan WangJi bebió de su té con extrema tranquilidad y suficiencia, dando una breve palmada al hombro de su hermano. Del lado opuesto, Lan Qiren no se limitó y aplaudió con grandísima satisfacción, rompiendo la preciada regla del silencio en el Receso de las Nubes.

Aparentemente, era una idea bien recibida.

—Los Dioses cumplieron nuestras plegarias, WangJi.

—Mhm, también las oraciones.

—¿Plegarias? —debatió el mayor—. ¿Oraciones?

Lan Zhan confirmó con un movimiento digno, casi estoico, discrepante con la complacencia estampada en su expresión.

—Xiongzhang se enamoró de Jiang WanYin desde hace una década, por lo que shufu y WangJi rogamos a los ancestros del clan para se lo confesaras algún día.

La mandíbula del heredero cayó, escéptico.

—No puede ser. ¡¿Esa era su importante reunión nocturna?!

—Está prohibido gritar en el Receso de las Nubes —reprendió el Segundo Jade.

—¡WangJi!

Lan Qiren le ordenó detener su ataque de histeria.

—Una bendición como esta no debe desperdiciarse, XiChen. El cortejo que presentarás a Jiang WanYin debe ser excepcional para que las demás sectas de cultivo noten su afectuo mutuo.

—¿Nos saltaremos la regla de no presumir, shufu?

Las largas mangas de Lan WangJi aletearon en su regazo mientras ignoraba deliberadamente a su hermano, dirigiéndose a su tío.

—Podemos establecer la primera cita de Xiongzhang con el joven maestro Jiang en el prado de los conejos.

El anciano arrugó la nariz como si hubiera olido algo desagradable, opuesto a la sugerencia.

—Caiyi es una opción más adecuada y romántica para el propósito, WangJi. Una cena es lo ideal para la primera cita. Los jardines serán ideales cuando contraigan matrimonio.

—Caiyi es demasiado concurrido y ruidoso, shufu —agregó el Segundo Jade—. Jiang WanYin no se negará a casarse con mi hermano si tienen una primera cita alimentando a los conejos.

—Es mejor la cita en Caiyi, WangJi.

—Conejos, shufu.

—Caiyi, WangJi.

Ámbar y marrón se enfrentaron hasta que el Segundo Jade se vio obligado a desistir. Una vez terminado el desayuno, el Gran Maestro de Lan abandonó el salón para enviar la carta correspondiente a los líderes de Yunmeng. anunciando la petición. Unas horas después obtuvo la contestación, cuya presencia venía con la mismísima Yu ZiYuan y la aceptación de ZeWu-Jun.

La amistad infantil que fue el chismorreo del Jianhu regresó, esta vez sus nombres revoloteando de secta en secta gracias a los hermanos Nie. Inicialmente, querían que el cortejo fuera un secreto, por lo tanto, todo el mundo debía saberlo.

Jiang Cheng realizó una monstruosa valía de su palabra dorada y casi rompió las piernas de Nie HuaiSang como prometió al enterarse del gallinero que causó. Jin GuangYao y Wei WuXian tuvieron que ser sus rescatistas. Inconforme por haber sido detenido, el heredero del clan Jiang se chivó con el viejo Gran Maestro de Gusu, recordándole las copias de las famosas reglas que le debía el segundo amo de QingHe.

Era una victoria ganada despiadadamente.

La primera cita de Jiang Cheng y Lan XiChen fue en el prado de los conejos.

Los chaperones Lan WangJi y Wei WuXian desaparecieron secretamente lejos de la parejita cuando su tío los dejó a cargo. Una sabia decisión. Pronto el regazo del Jiang se cubrió de bolitas peludas color blanco y gris. La situación era parecida a la de años atrás, solo que aquellos conejitos eran reemplazados por tres canes esponjosos y juguetones.

—Como si fuera la primera vez —rememoró Lan XiChen, sonriendo.

Jiang Cheng acarició las orejas pachoncitas del animalito, dándole la razón.



Como sede anfitriona de numerosos discípulos invitados a estudiar sus arcaicas enseñanzas, GusuLan se encontraba rebosante de energía juvenil, aumentando el éxtasis al comenzar la celebración de las linternas en la montaña.

Wei WuXian hacía volar el pincel entintado sobre el papel amarillento de su lámpara. Junto a él, Lan WangJi veía a su hermano desaparecer por la colina con su prometido.

La nube guió el camino de piedra hasta la cima de la montaña, justo al mismo claro que resguardó sus promesas infantiles. Jiang Cheng jadeó, alucinando el panorama.

—¿Recuerdas este lugar, A-Cheng?

Su ruborizado enamorado asintió afirmativamente.

—Cómo olvidarlo —murmuró, tiritando debido al ligero frío en la montaña.

XiChen sonrió, sosteniendo una linterna similar a la antigua. Los ojos de Jiang Cheng se humedecieron con lágrimas de profundo cariño.

—¿Pedirías un deseo conmigo una vez más, mi amor?

—Qué descarada confabulación tramaste para nuestra última cita —chistó, acercándose a él. Frunció el ceño al percatarse de la mirada del mayor—. ¿Por qué me miras tanto? ¿Tengo algo en la cara?

XiChen le dio un golpecito en la nariz.

—Estoy contemplando a la estrella más refulgente del cielo nocturno, A-Cheng.

Jiang Cheng le dio un manotazo en el pecho, avergonzado.

—No contestaste mi pedimento. Jiang Cheng, ¿pedirías un deseo conmigo?

El heredero del Loto resopló, tiernamente exasperado.

—Haré lo que sea contigo, Lan Huan.

Abajo, las linternas surgieron como una marea de luciérnagas, iluminando el cielo oscuro con su resplandor, llevando los sueños y esperanzas de los mortales que gritaban de alegría.

—¿A-Huan?

—¿Si, A-Cheng?

—¿Cuál fue tu deseo?

Jiang Cheng creía incapaz de acostumbrarse a la forma en que lo miraba Lan Huan. Debajo del océano de luces amarillentas, los irises de su amado lucían una preciosa inocencia que destilaba amor. XiChen desató el nudo de su propia cinta de regulación sagrada, enredando la tela patronada en nubes cuidadosamente en su muñeca, luego la besó y se alejó.

—Deseo vivir el resto de mi vida contigo, mi amor —confesó, presionando un casto beso en la comisura de la boca del loto—. ¿Cual es tu deseo, A-Cheng?

Apresó la parte delantera de la túnica del mayor y tiró, sus pechos colisionando. Acarició los bordes de su rostro con adoración, mimando dulce y encantadoramente la piel de porcelana mientras decía:

—Mi deseo eres tú. Siempre has sido tú, Lan Huan.

El corazón de XiChen se estremeció.

Sus bocas colisionaron lentamente, un contacto torpe y, a la vez, perfecto. Habiendo idealizado su primer beso en la privacidad de sus sueños, encontraron incomparable el tierno roce de sus inexpertos labios, saboreando la textura y el sabor ajeno. Jiang Cheng envolvió sus brazos detrás del cuello de ZeWu-Jun, presionando más y más cerca hasta que no hubo un sólo milímetro libre entre ambos.

Recuperaron el aliento chocando sus frentes, jadeantes y agitados.

—Brillas, mi amor —murmuró cariñosamente.

—Es por tu sonrisa —respondió XiChen—. Dentro de mi corazón, la luz que brilla tan intensamente es por ti. ¿Es suficiente para ti, Jiang Cheng?

Jiang Cheng volvió a besar sus labios una, dos y un millón de veces. Los ojos broncíneos de Lan XiChen atrapando los meteoros diamantados.

—Es suficiente, A-Huan. Te amo.