Safe Place
Esa fría y oscura noche...
Heeseung volvía de sus clases de boxeo y Sunghoon lloraba en la escalera de la entrada de su casa.
Heeseung estaba abrigado, y Sunghoon pasaba frío.
Heeseung tenía su estómago lleno ya que sus amigos del club de boxeo y él habían comido pollo frito antes, Sunghoon no recordaba cuando había sido la última vez que había comido.
Heeseung golpeaba sacos diseñados para ser golpeados, y Sunghoon era ese saco de boxeo personal para otra persona.
La diferencia entre ellos siempre fue notoria. Heeseung era un adolescente normal que disfrutaba su vida, y Sunghoon se hundía cada vez más en un profundo agujero negro, con ganas de acabar con esta.
Heeseung recuerda todo claramente. Recuerda esas noches en donde escuchaba gritos en la casa del frente. El sueño se le escapaba corriendo y la preocupación lo ahogaba.
Al principio, el resto de vecinos se alarmaban, deseosos de llamar a la policía sin saber qué sucedía dentro de esas cuatro paredes. Aunque, más pronto de lo esperado, aquella preocupación se desvaneció y se convirtió en costumbre.
Recuerda todas y cada una de las veces en las que su chico lloró. Recuerda como sus débiles brazos lo rodeaban y entre sollozos le pedía quese quedara con él.
Recuerda los cortes en sus delicadas muñecas y antebrazos. Recuerda su pálido rostro pintado con varias marcas de color púrpura, rojo, algunas incluso se veían casi negras.
Las marcas de dedos en sus brazos. Las marcas rojas que dejaba el cinturón en su espalda. Sus piernas llenas de rasguños causados por él mismo para aliviar el estrés y liberar el dolor emocional en las noches donde la angustia era mayor.
Su cuerpo delgado y desnutrido, tembloroso ante cualquier movimiento brusco e inesperado. Su inestable respiración cada que creía estar cometiendo un error.
Sunghoon se había convertido en un pequeño muñequito de porcelana. Con el único defecto de que este ya estaba roto,tan roto, que poco a poco los pequeños trozos de porcelana se habían convertido en polvo. Polvo que el viento se encargó de desaparecer.
Porque Sunghoon ya no estaba, de él solo quedaba una triste imagen de un chico de diecisiete años en agonía, de alguien quién no fue lo suficientemente fuerte como para seguirlo intentando, de alguien lo suficientemente valiente como para tomar la decisión más difícil que alguien puede tomar.
Porque no importaba cuantas noches llorara, no importaba cuantas veces leyera la carta.
Sunghoonno volvería a la vida. Y Heeseung se odiaba por no haber sido capaz de cuidarlo. Heeseung no había sido capaz de alejarlo de la muerte, no había podido salvarlo.
Oh, querido Sunghoon. Pasaste por tanto para ser tan joven...
...
Sus ojos se encontraron con los de su pequeño ángel. La preocupación lo golpeó en menos de un segundo al notar las lágrimas en las pálidas mejillas del contrario.
Hoon se levantó de el pequeño escalón y corrió hacia él. Los brazos del menor lo rodearon rápidamente y lo estrujaron con toda la fuerza que le quedaba. Tenía miedo de que se fuera de su lado.
ㅡHeeㅡ murmuró,tan roto...ㅡSeunggie...ㅡ se pegó mas a él en busca de su calor, de su amor, de su protección. El pecho del mayor dolía de tan solo verlo así.
Los brazos del pelinegro rodeaban con delicadeza el pequeño cuerpo de Park, con miedo a apretarlo muy fuerte y romperlo. Sunghoon era tan frágil en momentos como esos.
ㅡAmor, vamos adentro, ¿sí? Hace fríoㅡ dijo con el tono de voz más suave que pudo. Se separó en un movimiento lento y lo tomó de la mano, caminando hacia la entrada de su casa y subiendo los escalones hacia el porche.
Pudo sentir como las manos del menor temblaban, todo su cuerpo en general temblaba, y no solo por el frío. Heeseung podía sentirlo, algo andaba mal.
Pero por las malas, había aprendido que era mejor no presionarlo, o se cerraría.
Tomó la llave de su bolsillo y abrió la puerta. Dejó que Sunghoon entrara primero y cuando ambos estuvieron en el recibidor, cerró la puerta tras él.
Se quitó los zapatos rápidamente y se puso las pantuflas para andar entre casa. Tomó el par que tenían para Sunghoon y las colocó al lado de sus pies, esperando que se las pusiera sin soltar su mano.
Recién ahí, Heeseung notó que Sunghoon estaba descalzo. Sintió como se le vaciaba el estómago y como se le estrujaba el pecho.
—Vamos arriba— murmuró, acariciando uno de sus nudillos con el pulgar.
Sunghoon solo asintió sin pronunciar una sola palabra.
Y cuando ambos iban hacia la escalera, el hermano de HeeSeung los interrumpió. Impidiendo que estos subieran.
De pie frente a ellos, los fulminaba con la mirada. Aquella mirada gélida que le dedicaba a Sunghoon cada vez que veía que Heeseung tenía el descaro de llevarlo a su casa.
Jaeyun lo odiaba, y eso solo hacía que el corazón de Sunghoon se agrietara un poco más cada vez. Aunque, bueno... él sabía que se lo merecía, después de todo.
ㅡ¿Qué hacen?ㅡ el tono serio en su voz hizo al menor temblar y encogerse en su lugar. El pelinegro afianzó el agarre de sus manos. Intentando de transmitirle tranquilidad.
ㅡNo es de tu incumbencia, Jaeyunㅡ Lee mayor lo apartó y subió las escaleras rápidamente, tirando suavemente del brazo de Sunghoon para que también subiera.
Sunghoon se encogió ligeramente al pasar junto a Jaeyun, susurrando un “Lo siento” que duda haya sido escuchado por el otro.
Una vez en la habitación de Heeseung, Sunghoon se permitió desarmarse. Sus brazos envolvieron débilmente el torso de Lee y su rostro se hundió en su pecho debido a la diferencia de altura entre ambos.
ㅡTodo está bien, Ángel. No llores, por favorㅡ reconfortó el moreno, dando suaves caricias en la espalda del castaño.
Ante tal acción, este se encogió y soltó un pequeño jadeo. Y recién ahí Lee captó lo que sucedía y detuvo sus acciones, llevando sus manos a la cintura de Park, dejándolas quietas.
ㅡJuro que voy a matarlo apenas tenga la oportunidadㅡ murmuró dirigiéndose a su cama con el más bajito entre sus brazos.
Se sentó en el borde de esta, y Sunghoon no tardó en acomodarse sobre su firme muslo para volver a esconderse contra su cuerpo.
Heeseung con miedo colocó sus manos en la espalda baja del menor, abrazándolo de esta manera para no lastimarlo más.
ㅡT-te extrañé mucho, Hee... es-es por eso que lloro...ㅡ pronunció suavemente, roto.Evidentemente roto.Sunghoon hasta mintiendo lucía tan inocente, tan puro para la asquerosa vida que llevaba.
HeeSeung sonrió triste y asintió. ㅡLo sé, Ángel. Ya estoy aquí, así que no llores másㅡ besó su coronilla. El débil cuerpo de su pequeño aún temblaba y de sus labios escapaban débiles sollozos.
Porque Sunghoon sufría.Sufría tanto que a Heeseung le ardía la garganta, su corazón se encogía, sus manos picaban ansiosas por estrangular al causante de la agonía del pequeño pedacito de cielo que tenía entre sus brazos.
Lee tomó el borde de la fina camisa manga larga que portaba Sung y la levantó. El castaño solo se dejó hacer. Sabía que debía mostrarle al mayor tarde o temprano.
Y Heeseung sintió una vez mas como el vómito amenazaba con salir de su garganta. Dejando de lado el hecho de que SungHoon era un esqueleto en ese momento por su delgadez. Su pequeño se veía tan destruido.
Su pecho y abdomen estaban llenos de grandes manchas de color púrpura con tonalidades de rojo y negro. Sus delgados brazos estaban llenos de nuevos cortes, de algunos de estos aún brotaba un poco de sangre.
Con el corazón en la garganta y los ojos cristalinos hizo que este se levantara y le diera la espalda.
Las lágrimas brotaron rápidamente al verlo. Cerró los ojos con fuerza, prohibiéndole el paso al resto de lágrimas.
Grandes y gruesas marcas rojas se entrecruzaban entre sí por toda su espalda. Tenía algunos cortes también, probablemente la hebilla se había incrustado y rasgado su piel.
Nuevamente lo volteó, viéndose frente a frente. El roto corazón de Park se detuvo al ver a Heeseung llorar. Heeseung nunca dejaba que Sunghoon lo viera llorar. Siempre guardaba las lágrimas para la ducha, o su almohada, intentaba ser fuerte para Hoon.
Pero simplemente se había desbordado. No podía fingir más que era fuerte cuando claramente no lo era.
ㅡHee... n-no llores, por favorㅡ volvió a su lugar en el regazo de su amado, sintiendo los fuertes brazos del boxeador rodear su cintura con firmeza.
Heeseung también estaba asustado. Tenía miedo de que algún día su pequeño Hoon fuera arrebatado de su lado, no lo soportaría, Heeseung lo amaba tanto...
Lo amaba tanto que parecía irreal. Sunghoon siempre lloraba y repetía que no merecía tanto amor, no merecía a Heeseung. Dolía. Dolía porque él siempre le decía que era el muñequito más bonito de la juguetería.
Pero también, Sunghoon sabía que era el más roto, dañado e inservible de todos. Porque para él ya nada tenía sentido. Se sentía como todo un egoísta por querer dejarlo y simplemente terminar todo de la manera mas cobarde posible.
Porque Sunghoon sabía que Heeseung podría sobrellevarlo y ser feliz al lado de alguien digno para él. Sabía que él nunca sería suficiente para alguien como HeeSeung porque estaba roto.
Heeseung se merecía a alguien quien se amase y pudiese amarlo de la misma forma. Heeseung merecía a alguien quien le diera una vida plena y feliz. Descubriendo el mundo, aportándole cosas positivas, contándole anécdotas.
Y Sunghoon no podía darle nada de eso. Lo único que le ofrecía era una triste vida de agonía, escuchar problemas y miedos. Una vida a su lado significaba hacerlo igual de infeliz que él.
Porque no había mundo en el que tener que cuidar todo el tiempo de alguien y vivir preocupado, fuese llevar una vida feliz. Sunghoon solo podía traerle infelicidad y desgracias a su vida. Y Heeseung no merecía ser igual de infeliz que él.
Sabía que no podría superarlo. Estará sirviendo como saco de boxeo de su padre por el resto de su vida, y eso lo pudre. Él solo quiere ser feliz, pero sabe que no saldrá de eso, y lo siente porque Heeseung siempre se ha esforzado en ayudarlo a superarlo, pero siempre vuelve a caer.
No tiene ningún futuro. Su madre murió el día en que le dio vida a su hermana menor de doce años. No terminó sus estudios, su padre decidió sacarlo de la secundaria apenas terminó su primer año. Su padre es un maldito alcohólico y drogadicto que se dedica a descargar toda su rabia en su hijo mayor. Y Heeseung... Heeseung es una persona maravillosa, tan maravillosa que se merece el cielo. Pero lamentablemente Sunghoon no es ni un 1% de lo que él merece.
...
Esa noche durmieron juntos, o eso creyó Heeseung luego de haver vendado las heridas del castaño y haber logrado que se calmara un poco. Sunghoon no pudo pegar un ojo en toda la noche, solo se dedicó a observar el pacífico rostro de Lee con una tonta sonrisa en sus labios y pequeñas lágrimas escapando silenciosamente de sus pequeños ojitos que algún día fueron los mas brillantes del mundo, pero ahora eran unos ojos vacíos, sin brillo.
Sin esperanza...
Recordó la primera vez que había visto a Heeseung...Sunghoon sentía admiración por su, en ese entonces, cuñado. Era el mejor de su clase, era atlético, alto, amable, guapo.
Pero él era incapaz de engañar a Jake, por lo que no miró a HeeSeung con otros ojos, o eso pensó él.
Eventualmente, Jaeyun fue conquistado por un chico mayor que ellos. Él era perfecto, tenía todo de lo que Sunghoon estaba inseguro de si mismo.
No culpó a Jaeyun. Uno no decide de quien enamorarse después de todo. Pero al parecer él no estaba de acuerdo con ese punto de vista.
Jaeyun había enfurecido cuando Heeseung le había dicho que saldría con SungHoon a una cita. Él lo culpaba y juzgaba por haberse enamorado de su hermano mayor.
Recuerda esa cita... habían ido a una cafetería de perritos, luego caminaron por el parque y compraron helado, se dieron tiempo de conocerse a fondo. Nunca se habían tomado el tiempo de hacerlo, Sunghoon se mudó al vecindario, conoció a Jaeyun y comenzó a salir con él. Terminaron, y casi un año después pasó algo con Heeseung.
Hacía dos años ya desde su cita con Lee. Recuerda las risas, las palabras bonitas, las bromas, las caricias delicadas por parte de Heeseung, y el pequeño beso en la mejilla que Sunghoon muy tímidamente le había dado al pelinegro.
Pero también recuerda los golpes que recibió esa noche por haberse escapado, recuerda el rostro lleno de furia por parte del hombre que decía ser su padre, recuerda los gritos, los insultos y el florero estrellándose y rompiéndose en su cabeza.
Porque en la vida de Sunghoon, primero había calma, y de repente todo se volvía una tormenta catastrófica. Y esto se repetía en bucle una y otra vez.
Miró el reloj en la pequeña mesa de noche, ‘03:47’. Soltó un pequeño suspiro y se animó a sí mismo. Era hora.
Dejó un delicado beso en la punta de la nariz de HeeSeung, y otro en sus rosados belfos, con las traicioneras gotas saladas deslizando desde su rostro hasta caer sobre las mejillas del moreno, el cual estaba tan agotado que ni se inmutó.
Con la mayor delicadeza que pudo, quitó el brazo que rodeaba su cintura, deslizando una almohada para sustituir el agarre. Cuando vio que Heeseung se convenció de eso y continuó durmiendo, se deslizó afuera de la cama.
De su pantalón desgastado sacó dos arrugados sobres, dejando uno sobre la mesa de noche del mayor, al lado de su reloj digital y su vaso con agua. Y también dejó la píldora de vitamina que Heeseung debía tomar a las 7:00 a.m sobre el papel.
Dando pequeños pasos hasta la puerta, abrió cuidando que la bisagra no chillara. Se volteó a mirar al amor de su vida por última vez, sonriendo con lágrimas empapando sus mejillas.
Se mordió el labio inferior con fuerza antes de darse la vuelta y salir de la habitación, cerrando con un pequeño click que esperó no fuera notado por el mayor.
Dudó antes de entrar en la habitación de al lado, la de Jaeyun. Por lo que simplemente deslizó el sobre por la rendija bajo la puerta y esperó que la leyera en algún momento.
Su labio temblaba inseguro de lo que iba a hacer, pero ya no había vuelta atrás. Entre la nubosidad en su visión, producto de las lágrimas, distinguió a Layla, la perrita de los Lee, quien dormía tranquila al lado de la puerta de Jaeyun.
Tragó saliva y bajó las escaleras en la punta de sus pies, apoyando el menor peso posible para que nada crujiera.
Salió por la puerta principal luego de dejar las pantuflas en su lugar original, cerrando con suavidad.
Admiró su vecinario vacío y silencioso, como siempre lo había sido. El problema siempre estuvo tras las paredes de su casa, siendo la única bulliciosa y llena de gritos.
Soltó un suspiro tembloroso, bajando los escalones del porche de la casa de Heeseung y cruzando la calle helada bajo sus pies descalzos, corriendo a abrir la puerta de su casa y entrando con el mismo sigilo con el que había salido de la casa del frente.
Se encontró con su padre dormido en el sillón, la televisión estaba encendida. Él tenía a su lado al menos seis botellas vacías de Soju, completamente ebrio. Tomó el mando de la televisión y apagó esta, conteniendo su respiración por el asqueroso hedor a licor que abundaba en la planta baja de la casa.
Subió las escaleras y se encontró con la puerta de la habitación de su hermana abierta. Entró y se encontró con su menor profundamente dormida, se acercó a esta y se sentó en el borde de la cama.
Acarició el suave y largo cabello castaño de la niña. Sus largas pestañas descansaban sobre sus mejillas y su pecho subía y bajaba lentamente.
A diferencia de él, ella era feliz. A diferencia de él, su padre nunca se había metido con ella.
Pero después de todo, igualmente se sentía culpable por el trauma psicológico que el maltrato hacia él le había causado a ella.
Porque puede que nunca la agrediera física o verbalmente, pero creció viendo como él era abusado una y otra vez.
¿Qué dejaba eso de positivo en la vida de una niña?
Se inclinó y dejó un dulce beso en su frente. Sin pensar demasiado, salió, cerrando la puerta tras él.
...
Jaeyun despertó por causas naturales a las 6:56 a.m para ir al baño. Gruñó cuando trató de ignorarlo dándose la vuelta en su cama y falló, sintiendo la vejiga apretada.
Se levantó de la cama a regañadientes, con el cabello revuelto y los ojos entrecerrados. El frío del piso a sus pies le devolvió algo de cordura para apurarse en ir al baño y seguir durmiendo cuanto antes.
El cambio de temperatura y textura bajo la planta de su pie derecho lo hizo fruncir el ceño y mirar hacia abajo. Él no solía dejar sus exámenes sobre el suelo, directamente los tiraba a la basura para que su madre no viera sus calificaciones cuando llegaba del turno en el hospital durante la madrugada.
Negó con la cabeza, yendo al baño a hacer sus necesidades con la luz apagada y la puerta abierta.
Cuando volvió a su habitación sin siquiera haberse tomado la molestia de lavarse las manos, ya estaba lo suficientemente despierto como para darle algo de atención al extraño papel en su puerta.
Lo recogió con el pie, tomándolo sin mucho interés con su mano para dejarlo sobre el escritorio y seguir durmiendo.
Hasta que leyó el exterior con esa delicada caligrafía que hizo que frunciera el ceño y abriera el sobre rápidamente, sacando la carta de dentro.
“Adiós, Jaeyun” ¿Qué? ¿Sunghoon se iba? Siguió leyendo apresurado, y al llegar casi al final de la carta, con los ojos lagrimosos, escuchó el estruendo de algo rompiéndose en la habitación de Heeseung. Miró hacia la puerta confundido, devolviéndose a leer de vuelta el contenido de la carta.
Pensando que tal vez su cerebro dormido le estaba jugando una mala pasada.
...
Sunghoon miró a su alrededor todos los frascos vacíos de pastillas de distintos tipos. Con una sonrisa triste se tomó el tiempo de admirar todos los cortes en sus brazos. Y cuando menos lo esperó, la cuchilla volvía a enterrarse en su delicada piel de porcelana.
Una infinidad de nuevos cortes adornaban su lindo cuerpo. La sangre escurría de estos por montones, faltaba poco...
Cortes en sus mejillas, abundancia de cortes en sus brazos, cortes en su abdomen, en sus lindas y tonificadas piernas.
Los últimos minutos de su vida, Sunghoon se dedicó a llorar, tanto que sentía que se deshidrataría en cualquier momento. Se arrepentía, justo en ese punto, se arrepentía.
No pensaba en nada más que no fuera Lee Heeseung. Pudo intentarlo una vez más, pero no quiso hacerlo porque sabía que fallaría. Por eso había preparado las cartas para los únicos dos chicos que le habían dado un poco de alegría a su vida. Sunghoon había planeado su suicidio con anticipación, y en sus últimos suspiros se arrepintió infinitamente por ello.
Porque ya había llegado demasiado lejos y los problemas de su vida estaban al limite. Ya no había forma de salvar a Sunghoon.
En sus últimas respiraciones solo pudo susurrar un débil: ㅡLo siento...
Y murió, a las seis y cuarenta y ocho de la mañana, Park Sunghoon había muerto en el suelo de su habitación.
Dio fin a su corta trayectoria de 17 años sufriendo de la peor manera. Solo,completamente solo y arrepentido.
...
Heeseung, casi como si fuese un robot programado, despertó cuando su despertador sonó a las siete de la mañana. Miró la habitación con confusión, buscando a Sunghoon. ¿Estará en el baño?
Tomó el vaso con agua que estaba en la mesa de noche al igual que la capsula de vitamina y la tomó. Dejó el vaso en el borde de la mesa al momento en que su atención fue robada por el sobre blanco y arrugado al lado de su reloj.
Tomó este rápidamente y de solo ver la parte de fuera su corazón se detuvo.
Para: Hee.
De: Sunghoonie. <3
¿En dónde mierda estaba Sunghoon y por qué había dejado una carta? Comenzaba a sentir la respiración pesada.
Rasgó el sobre casi con rabia y sacó la hoja que estaba repleta de palabras sin descanso.
Leyó el contenido escrito en aquella hoja de papel, sintiendo sus ojos humedecerse con cada palabra que leía.
Ya cuando llegó a la mitad no pudo contener las lágrimas. Su corazón pesaba, sus pulmones se comprimían y no le permitían respirar correctamente. Sus manos temblaban como si fuera el motor de un automóvil.
No, no, no, no...por favor no.
“Estarás bien, Hee...” No, sin ti no soy tan fuerte.
“Mi tiempo aquí se terminó” No, Ángel. Solo un poco más por favor.
“No llores por mi, podrás salir adelante” No, Sunghoon... tú lo eres todo para mí, por favor.
Se levantó abruptamente de su cama, escuchando el ruidoso estruendo del vaso rompiéndose. Desconcertado, miró los trozos de cristal en el suelo.
¿Qué?
La puerta de su habitación se abrió, dejando ver a un asustado y lagrimoso Jaeyun. —Hyung, Sunghoon...
HeeSeung captó y miró por su ventana hacia la casa del frente... la ventana de la habitación de Sunghoon frente a la suya...
ㅡ¡SungHoon!ㅡ gritó, asustando a Jaeyun. Empujó a este y salió corriendo de su habitación. Bajó los escalones dando pasos tan largos como sus piernas se lo permitían, de dos en dos, ¿a quién le importaba eso?
Layla ladró con fuerza y se movió de un lado a otro ansiosa, poniéndole los pelos de punta a los hermanos Lee.
Heeseung no pensaba en nada, solo necesitaba a su pequeño... Ver que estaba bien, llevarlo al hospital, llamar a servicios sociales.
Lo que tuvo que haber hecho desde un iicio antes de que la situación fuese imposible de contener con sus manos y empezara a filtrarse entre sus dedos.
Salió de su casa y cruzó al otro lado de la calle con Jaeyun detrás, poniéndose sus zapatos rápidamente. No escuchaba nada que no fuera el golpeteo fuerte y acelerado de su corazón contra su pecho.
Trepó por la ventana de Sunghoon hasta lograr meterse en su habitación. Su corazón latía a mil por hora, sus ojos inyectados en sangre escanearon la habitación...
Entonces lo vio. Al lado de su cama, tendido en el suelo con su delicada piel llena de cortes, la sangre lo rodeaba, las decenas de frascos de pastillas vacíos a su alrededor, la cuchilla entre su pálida y fría mano, cortando un poco más.
Fue suficiente para que sus rodillas impactaran fuertemente contra el frío piso. Gateó hasta el cuerpo y tomó su rostro entre sus manos.
ㅡHoon, por favor quédate conmigo.Prometimos superar esto juntos,¡Cumple la maldita promesa, joder!ㅡ gritó, moviendo con violencia el cuerpo inerte de su novio.
Heeseung jalaba aire con fuerza, dando palmaditas en las mejillas frías del menor para despertarlo.
Aquellas mehillas que tanto le gustaban, rosaditas y tibias cada vez que le hacía un cumplido, ahora no eran más que trozos de carne fríos y pálidos, como el resto de su cuerpo.
—¡Despiértate, maldita sea!— tiró de sus propios cabellos, sintiendo su garganta desgarrándose en sollozos. —Po-por favor, Hoonie...
JaeYoon no tardó mucho en aparecer por la ventana. Sus ojos aterrizaron en el cuerpo de SungHoon en los brazos de HeeSeung.
El Lee mayor se mecía, con su cabeza sobre el pecho de Park. Murmurando cosas inentendibles y acariciando el cuerpo sin vida de este.
—Tranquilo, tranquilo. Todo va a estar bien, bebé. Aguanta un poco más, por favor...
Jaeyun sintió náuseas, acercándose a su hermano mayor y poniéndole una mano sobre el hombro. —Heeseung...
—¡No! Él va a estar bien, solo... solo está durmiendo—dejó un delicado beso sobre la frente del menor y sonrió entre lágrimas, intentando convencerse de ello.
Sus dedos apartaron suavemente el cabello de su rostro y acarició este.
—Él no puede haberse ido... ¿verdad?— susurró, pegado el rostro de Sunghoon a su pecho.
Sunghoon había terminado con su ciclo en la tierra, y no había forma de volver el tiempo atrás e impedirlo.
Lo último que decían las cartas de ambos era:
-“Cuiden a mi hermana y sáquenla de esa casa. Hagan con ella lo que yo no pude hacer mientras estuve y alejenla de ahí y de ese hombre...Cuiden aYoonAhpor mí“.
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lo leo y no falló en romperme una vez más TT