Safe Place

Summary

𝑯𝒆𝒆𝑯𝒐𝒐𝒏 𝒐.𝒔 → Donde Lee HeeSeung es el lugar seguro de Park SungHoon. Eso hasta que Park decide acabar con su vida. ?. Historia Homosexual de mi autoría. !. Suicidio, violencia doméstica. %. Historia ficticia. Los hechos narrados no representan a los artistas mencionados. @TWILIGHT_YOUNG2021

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Safe Place

Esa fría y oscura noche...

HeeSeung volvía de sus clases de boxeo y SungHoon lloraba en la escalera de la entrada de su casa. HeeSeung estaba abrigado, y SungHoon pasaba frío. HeeSeung tenía su estómago lleno ya que sus amigos del club de boxeo y él habían comido pollo frito antes, SungHoon no recordaba cuando había sido la última vez que había comido. HeeSeung golpeaba sacos diseñados para ser golpeados, y SungHoon era ese saco de boxeo personal para otra persona.

La diferencia entre ellos siempre fue notoria. HeeSeung era un adolescente normal que disfrutaba su vida, y SungHoon se hundía cada vez mas en un profundo agujero negro con ganas de acabar con esta.

HeeSeung recuerda todo claramente, recuerda esas noches en donde escuchaba gritos en la casa del frente. El sueño se le iba y la preocupación lo ahogaba.

Al inicio, el resto de vecinos se alarmaban, deseosos de llamar a la policía sin saber que sucedía detrás de esa puerta. Poco a poco, aquella preocupación se desvaneció y se convirtió en costumbre.

Recuerda todas y cada una de las veces en las que su chico lloró. Recuerda como sus débiles brazos lo rodeaban y entre sollozos le pedía que se quedara con él.

Recuerda los cortes en sus delicadas muñecas y antebrazos. Recuerda su pálido rostro pintado con varias marcas de color púrpura, rojo, algunas incluso se veían casi negras.

Las marcas de dedos en sus brazos. Las marcas rojas de golpes de cinturón en su espalda. Sus piernas llenas de rasguños causados por él mismo para aliviar el estrés y liberar el dolor emocional.

Su cuerpo delgado y desnutrido tembloroso ante cualquier movimiento brusco. Su inestable respiración cada que creía estar cometiendo un error.

SungHoon se había convertido en un pequeño muñequito de porcelana. Con el único defecto de que este ya estaba roto, tan roto, que poco a poco los pequeños trozos de porcelana se habían convertido en polvo. Polvo que el viento se encargó de desaparecer.

Porque SungHoon ya no estaba, de él solo quedaba la triste imagen de un chico de diecisiete años en agonía, de alguien quien no fue lo suficientemente fuerte como para seguirlo intentando. Porque no importaba cuantas noches llorara, no importaba cuantas veces leyera la carta.

SungHoon no volvería a la vida. Y HeeSeung se odiaba por no haber sido capaz de cuidarlo. HeeSeung no había sido capaz de alejarlo de la muerte, no había podido salvarlo.

Oh, querido SungHoon. Pasaste por tanto para ser tan joven...

☁️

Sus ojos se encontraron con los de su pequeño ángel. La preocupación lo golpeó en menos de un segundo al notar las lágrimas en las pálidas mejillas del contrario.

Hoon se levantó de el pequeño escalón y corrió hacia él. Los brazos del menor lo rodearon rápidamente, tenía miedo de que se fuera de su lado.

ㅡHeeㅡ Murmuró, tan roto...ㅡSeunggie...ㅡ Se pegó mas a él en busca de su calor, de su amor, de su protección. El pecho del mayor dolía de tan solo verlo así.

Los brazos del pelinegro rodeaban con delicadeza el pequeño cuerpo de Park, con miedo a apretarlo muy fuerte y romperlo. SungHoon era tan frágil.

ㅡAmor, vamos adentro, ¿sí? Hace frío.ㅡ Se separó y lo tomó de la mano, caminando hacia la entrada de su casa y subiendo los escalones hacia el marco de la puerta.

Pudo sentir como las manos del menor temblaban, todo su cuerpo en general temblaba, y no solo por el frío. HeeSeung podía sentirlo, algo andaba mal.

Tomó la llave de su bolsillo y abrió la puerta. Dejó que SungHoon entrara primero y cerró la puerta tras él. Se quitó sus zapatos rápidamente y se puso sus pantuflas para andar entre casa. SungHoon se puso las que HeeSeung tenía para él, sin soltar su mano.

Recién ahí, HeeSeung notó que SungHoon estaba descalzo.

Y cuando ambos iban hacia la escalera, el hermano de HeeSeung los interrumpió. Impidiendo que estos subieran.

De pie frente a ellos, los fulminaba con la mirada. Aquella mirada gélida que le dedicaba a SungHoon cada que HeeSeung lo llevaba a su casa.

JaeYun lo odiaba, y eso solo hacía que el corazón de SungHoon se agrietara un poco más.

ㅡ¿Qué hacen?ㅡ El tono serio en su voz hizo al menor temblar y encogerse en su lugar. El pelinegro afianzó el agarre de sus manos. Todo está bien, pequeño, no temas.

ㅡNo es de tu incumbencia, JaeYun.ㅡ Lee mayor lo apartó y subió las escaleras rápidamente, tirando suavemente pero con seguridad del brazo de SungHoon para que también subiera.

Una vez en la habitación de HeeSeung, SungHoon se permitió desarmarse. Sus brazos envolvieron débilmente el torso de Lee y su rostro se hundió en su pecho debido a la diferencia de altura.

ㅡTodo está bien, Ángel. No llores, por favor.ㅡ Reconfortó, dando suaves caricias en la espalda del castaño.

Ante tal acción, este se encogió y soltó un pequeño jadeo. Y recién ahí Lee captó lo que sucedía y detuvo sus acciones, llevando sus manos a la cintura de Park.

ㅡJuro que voy a matarlo apenas tenga la oportunidad.ㅡ Murmuró dirigiéndose a su cama con el mas bajito entre sus brazos.

Se sentó en el borde de esta, y SungHoon no tardó en acomodarse sobre su firme muslo para volver a esconderse contra su cuerpo.

HeeSeung con miedo colocó sus manos en la espalda baja del menor, abrazándolo de esta manera para no lastimarlo más.

ㅡT-te extrañé mucho, Hee... es-es por eso que lloro...ㅡ Pronunció suavemente, roto. Evidentemente roto. SungHoon hasta mintiendo lucía tan inocente, tan puro para la asquerosa vida que llevaba.

HeeSeung sonrió triste y asintió. ㅡLo sé, Ángel. Ya estoy aquí, así que no llores más.ㅡ Besó su cabeza, el débil cuerpo de su pequeño aún temblaba y de sus labios escapaban débiles sollozos.

Porque SungHoon sufría. Sufría tanto que a HeeSeung le ardía la garganta, su corazón se encogía, sus manos picaban ansiosas por estrangular al causante de la agonía del pequeño pedacito de cielo que tenía entre sus brazos.

Lee tomó el borde de la fina camisa manga larga que portaba Sung y la levantó. El castaño solo se dejó hacer. Sabía que debía mostrarle al mayor tarde o temprano.

Y HeeSeung sintió una vez mas como el vómito amenazaba con salir de su garganta. Dejando de lado el hecho de que SungHoon era un esqueleto en ese momento por su delgadez. Su pequeño se veía tan destruido.

Su pecho y abdomen estaban llenos de grandes manchas de color púrpura con tonalidades de rojo y negro. Sus delgados brazos estaban llenos de nuevos cortes, de algunos de estos aún brotaba un poco de sangre.

Con el corazón en la garganta y los ojos cristalinos hizo que este se levantara y le diera la espalda.

Las lágrimas brotaron rápidamente de sus ojos al verlo. Cerró sus ojos con fuerza, prohibiéndole el paso al resto de lágrimas.

Grandes y gruesas marcas rojas se entrecruzaban entre sí por toda su espalda. Tenía algunos cortes también, probablemente la hebilla se había incrustado y rasgado su piel. Tan vulnerable...

Nuevamente lo volteó, viéndose frente a frente. El roto corazón de Park se detuvo al ver a HeeSeung llorar. HeeSeung nunca dejaba que SungHoon lo viera llorar. Siempre guardaba las lágrimas para la ducha, o su almohada. Intentaba ser fuerte para Hoon.

Pero simplemente se había desbordado. No podía fingir más que era fuerte cuando claramente no lo era.

ㅡHee... n-no llores, por favor.ㅡ Volvió a su lugar en el regazo de su amado, sintiendo los fuertes brazos del boxeador rodear su cintura con firmeza.

HeeSeung también estaba asustado. Tenía miedo de que algún día su pequeño Hoon fuera arrebatado de su lado, no lo soportaría, HeeSeung lo amaba tanto...

Lo amaba tanto que parecía irreal. SungHoon siempre lloraba y repetía que no merecía tanto amor, no merecía a HeeSeung. Dolía. Dolía porque él siempre le decía que era el muñequito más bonito de la juguetería.

Pero también el mas roto, dañado e inservible de todos. Porque para SungHoon ya nada tenía sentido. Se sentía como todo un egoísta por querer dejarlo y simplemente terminar todo de la manera mas cobarde posible.

Porque SungHoon sabía que HeeSeung podría sobrellevarlo y ser feliz al lado de alguien digno para él. Sabía que él nunca sería suficiente para alguien como HeeSeung porque estaba roto.

HeeSeung se merecía a alguien quien se amase y pudiese amarlo de la misma forma. HeeSeung merecía a alguien quien le diera una vida plena y feliz, descubriendo el mundo, aportándole cosas positivas, contándole anécdotas divertidas.

Y SungHoon no podía darle nada de eso. Lo único que le ofrecía era una triste vida de agonía, escuchar problemas y miedos. Una vida a su lado significaba hacerlo igual de infeliz que él.

Porque no había mundo en el que tener que cuidar todo el tiempo y vivir preocupado por una persona fuese llevar una vida feliz. SungHoon solo podía traerle infelicidad y desgracias a su vida. Y HeeSeung no merecía ser igual de infeliz que él.

Sabía que no podría superarlo. Estará sirviendo como saco de boxeo de su padre por el resto de su vida, y eso lo pudre. Él solo quiere ser feliz, pero sabe que no saldrá de eso, y lo siente porque HeeSeung siempre se ha esforzado en ayudarlo a superarlo, pero siempre vuelve a caer.

No tiene ningún futuro. Su madre murió el día en que nació su hermana menor de doce años. No terminó sus estudios, su padre decidió sacarlo de la secundaria apenas terminó su primer año. Su padre es un maldito alcohólico y drogadicto que se dedica a descargar toda su rabia en su hijo mayor. Y HeeSeung... HeeSeung es una persona maravillosa, tan maravillosa que se merece el cielo, pero lamentablemente SungHoon no es ni un 1% de lo que él merece.

Esa noche durmieron juntos, o eso creyó HeeSeung luego de haber vendado las heridas del castaño y haber logrado que este se calmara. SungHoon no pudo pegar un ojo en toda la noche, solo se dedicó a observar el pacífico rostro de Lee con una tonta sonrisa en sus labios y pequeñas lágrimas escapando silenciosamente de sus pequeños ojitos que algún día fueron los mas brillantes del mundo, pero ahora eran unos ojos vacíos, sin brillo.

Sin esperanza...

Recordó la primera vez que había visto a HeeSeung... SungHoon sentía admiración por su, en ese entonces, cuñado. Era el mejor de su clase, era atlético, alto, amable, guapo.

Pero él era incapaz de engañar a Jake, por lo que no miró a HeeSeung con otros ojos, o eso fue lo que pensó él.

Eventualmente, JaeYun fue conquistado por un chico mayor que ellos. Él era perfecto, tenía todo de lo que SungHoon estaba inseguro de si mismo. No culpó a JaeYun, uno no decide de quien enamorarse... pero al parecer él no lo veía de la misma manera.

JaeYun había enfurecido cuando HeeSeung le había dicho que saldría con SungHoon a una cita. Él lo culpaba y juzgaba por haberse enamorado de su hermano mayor.

Recuerda esa cita... habían ido a una cafetería de perritos, luego caminaron por el parque y compraron helado, se dieron tiempo de conocerse a fondo. Nunca se habían tomado el tiempo de hacerlo, SungHoon se mudó al vecindario, conoció a Jake y comenzó a salir con él. Terminaron, y casi un año después pasó algo con HeeSeung.

Hacía dos años ya desde su cita con Lee. Recuerda las risas, las palabras bonitas, las bromas, las caricias delicadas por parte de HeeSeung, y el pequeño beso en la mejilla que SungHoon muy tímidamente le había dado al pelinegro.

Pero también recuerda los golpes que recibió esa noche por haberse escapado, recuerda el rostro lleno de furia por parte del hombre que decía ser su padre, recuerda los gritos, los insultos y el florero fragmentándose sobre su cabeza.

Porque en la vida de SungHoon, primero había calma, y de repente todo se volvía una tormenta catastrófica. Y esto se repetía en bucle una y otra vez.

Miró el reloj en la pequeña mesa de noche, ‘03:47’. Soltó un pequeño suspiro y se animó a si mismo. Era hora.

Dejó un delicado beso en la punta de la nariz de HeeSeung, y otro en sus rosados belfos, con las traicioneras gotas saladas deslizando desde su rostro hasta caer sobre las mejillas del moreno. Con cuidado de no despertarlo quitó el brazo que rodeaba su cintura y se levantó.

De su pantalón sacó dos arrugados sobres, dejando uno sobre la mesa de noche del mayor, al lado de su reloj y su vaso con agua. Y también dejó la píldora que HeeSeung debía tomar a las 7:00 a.m. sobre el papel.

Dando pequeños pasos hasta la puerta salió, y entró a la habitación de al lado, la de JaeYun.

Dejó el segundo sobre en la cama del mayor, justo al lado de su almohada. Cubrió bien al contrario con la manta y sonrió, saliendo de la habitación.

Su labio temblaba inseguro de lo que iba a hacer, pero ya no había vuelta atrás. Entre la nubosidad en su visión distinguió a la perrita de los Lee, Layla, quien dormía tranquila al lado de la puerta de JaeYun.

Bajó las escaleras en la punta de sus pies y salió por la puerta principal, cerrando esta con suavidad tras él.

Admiró su vecindario vacío y silencioso, como siempre lo había sido. El problema siempre estuvo tras las paredes de su casa, siendo la única bulliciosa y llena de gritos.

Soltó un suspiro tembloroso, bajando los escalones de la entrada a la casa de HeeSeung y cruzando la calle, entrando a la suya propia.

Se encontró con su padre dormido en el sillón, la televisión estaba encendida, y él tenía a su lado al menos seis botellas de Soju, completamente ebrio. Tomó el mando de la televisión y apagó esta, conteniendo su respiración por el asqueroso olor a licor que abundaba en la planta baja de la casa.

Subió las escaleras y se encontró con la puerta de la habitación de su hermana abierta. Entró y se encontró con su menor profundamente dormida. Sus largas pestañas descansaban sobre sus mejillas y su pecho subía y bajaba lentamente.

A diferencia de él, ella era feliz. A diferencia de él, su padre nunca se había metido con ella.

Pero después de todo, igualmente se sentía culpable por el trauma psicológico que el maltrato hacia él le había dejado.

Porque puede que nunca la agredieran física o verbalmente. Pero creció viendo como él era abusado una y otra y otra vez.

Se acercó a esta y se sentó en el borde de la cama. Acarició el suave y largo cabello castaño de la niña, se inclinó y dejó un dulce beso en su frente. Al salir dejó la puerta cerrada.

...

JaeYun despertó a las 6:56 a.m. para ir al baño. Se levantó, hizo sus necesidades y al volver se lanzó a su cama, el sonido de un papel bajo su almohada lo extrañó, pero decidió ignorarlo.

Se dio la vuelta para encontrar una posición cómoda, nuevamente aquel nuevo y desconocido sonido. Así que se volteó hacia su mesa de noche y encendió la lámpara. Levantó su almohada, encontrando con la mitad de un sobre bajo esta.

Lo tomó entre sus dedos, sin recordar haberlo puesto ahí.

Iba a dejarlo sobre su mesa para continuar con durmiendo, pero al leer la parte de fuera de este y esa delicada caligrafía, su ceño se frunció y abrió el sobre rápidamente, sacando la carta de dentro.

“Adiós, JaeYoon” ¿Qué? Siguió leyendo apresurado, y al llegar casi al final de la carta, con sus ojos lagrimosos, escuchó como algo se rompía en el cuarto de HeeSeung. Se levantó y corrió con su hermano.

...

SungHoon miró a su alrededor todos los frascos vacíos de pastillas de distintos tipos, con una sonrisa triste se tomó el tiempo de admirar todos los cortes en sus brazos. Y cuando menos lo esperó, la cuchilla volvía a enterrarse en su delicada piel de porcelana.

Una infinidad de nuevos cortes adornaban su lindo cuerpo. La sangre escurría de estos por montones, faltaba poco...

Cortes en sus mejillas, abundancia de cortes en sus brazos, cortes en su abdomen, en sus lindas y tonificadas piernas.

Los últimos minutos de su vida, SungHoon se dedicó a llorar, tanto que sentía que se deshidrataría en cualquier momento. Se arrepentía, justo en ese punto, se arrepentía.

No pensaba en nada más que no fuera Lee HeeSeung. Pudo intentarlo una vez más, pero no quiso hacerlo porque sabía que fallaría. Por eso había preparado las cartas para los únicos dos chicos que le habían dado un poco de alegría a su vida. SungHoon había planeado su suicidio con anticipación, y en sus últimos suspiros se arrepintió infinitamente por ello.

Porque ya había llegado demasiado lejos y los problemas de su vida estaban al limite. Ya no había forma de salvar a SungHoon.

En sus últimas respiraciones solo pudo susurrar un débil: ㅡLo siento...

Y murió, a las 5:59 de la mañana, Park SungHoon había muerto en el suelo de su habitación.

Dio fin a su corta trayectoria de 17 años sufriendo de la peor manera. Solo, completamente solo y arrepentido.

...

HeeSeung casi que como un robot programado despertó cuando su despertador sonó a las seis de la mañana. Miró la habitación con confusión, buscando a SungHoon. ¿Estaría en el baño?

Tomó el vaso con agua que estaba en la mesa de noche al igual que la capsula con su medicación y la tomó. Dejó el vaso en el borde de la mesa al momento en que su atención fue robada por el sobre blanco y arrugado al lado de su reloj.

Tomó este rápidamente y tan solo ver la parte de fuera su corazón se detuvo.

Para: Hee.

De: SungHoonie <3

¿En dónde mierda estaba SungHoon y por qué había dejado una carta? Comenzaba a hiperventilarse.

Leyó el contenido escrito en aquella hoja de papel, sintiendo sus ojos humedecerse con cada palabra que leía.

Ya cuando llegó a la mitad no pudo contener las lágrimas, su corazón pesaba, sus pulmones se comprimían y no le permitían respirar correctamente, sus manos temblaban como si fuera el motor de un automóvil.

No, no, no, no... por favor no.

“Estarás bien, Hee...” No, sin ti no soy tan fuerte. “Mi tiempo aquí se terminó” No, Ángel. Solo un poco más por favor. “No llores por mi, podrás salir adelante” No, SungHoon... tú lo eres todo para mí, por favor.

Se levantó abruptamente de su cama, escuchando el ruidoso estruendo del vaso rompiéndose. Desconcertado, miró los trozos de cristal en el suelo. ¿Qué?

La puerta de su habitación se abrió, dejando ver a un asustado y lagrimoso JaeYun. —Hyung, SungHoon...—

HeeSeung captó y miró por su ventana la casa del frente... la ventana de la habitación de SungHoon frente a la suya...

ㅡ¡SungHoon!ㅡ Gritó, asustando a Jake. Empujó a este y salió corriendo de su habitación, bajó las escaleras dando pasos tan largos como sus piernas se lo permitían.

Layla ladró con fuerza y se movió de un lado a otro ansiosa, poniéndole los pelos de punta a los hermanos Lee.

HeeSeung no pensaba en nada, solo necesitaba a su pequeño... Ver que estaba bien, llevarlo al hospital, llamar a servicios sociales.

Lo que tuvo que haber hecho desde un inicio antes de que la situación fuese imposible de contener con sus manos y empezara a filtrarse entre sus dedos.

Salió de su casa y cruzó al otro lado de la calle con JaeYun detrás, poniéndose sus zapatos rápidamente.

Trepó por la ventana de SungHoon hasta lograr meterse en su habitación. Su corazón latía a mil por hora, sus ojos inyectados en sangre escanearon la habitación...

Entonces lo vio. Al lado de su cama, tendido en el suelo con su delicada piel llena de cortes, la sangre lo rodeaba, las decenas de frascos de pastillas vacíos a su alrededor, la cuchilla entre su pálida y fría mano, cortando un poco más.

Fue suficiente para que sus rodillas impactaran fuertemente contra el frío piso de madera con fuerza. Gateó hasta el cuerpo del castaño y tomó su rostro entre sus manos.

ㅡHoon, por favor quédate conmigo. Prometimos superar esto juntos, ¡Cumple la maldita promesa, joder!ㅡ Gritó, moviendo con violencia el cuerpo inerte de su novio.

HeeSeung jalaba aire con fuerza, dando palmaditas en las mejillas del menor para despertarlo.

Aquellas mejillas que tanto le gustaban, rosaditas y tibias, ahora no eran más que trozos de carne fríos y pálidos, como el resto de su cuerpo.

—¡Despiértate, maldita sea!— Tiró de sus propios cabellos, sintiendo su garganta desgarrándose. —Po-por favor...—

JaeYun no tardó mucho en aparecer por la ventana. Sus ojos aterrizaron en el cuerpo de SungHoon en los brazos de HeeSeung.

El Lee mayor se mecía, con su cabeza sobre el pecho de Park. Murmurando cosas inentendibles y acariciando el cuerpo sin vida de este.

—Tranquilo, tranquilo. Todo va a estar bien, aguanta un poco más. Por favor...—

Jake se acercó a su hermano mayor y puso una de sus manos sobre el hombro de este. —HeeSeung...—

—¡No! Él va a estar bien, solo... solo está durmiendo.— Dejó un delicado beso sobre la frente del menor y sonrió, convenciéndose de ello.

Sus dedos apartaron suavemente el cabello de su rostro y acarició este.

SungHoon había terminado con su ciclo en la tierra, y no había forma de volver el tiempo atrás e impedirlo.

Lo último que decían las cartas de ambos era:

-“Cuiden a mi hermana y sáquenla de esa casa. Hagan con ella lo que yo no pude hacer mientras estuve y aléjenla de ahí y de ese hombre... Cuiden a YoonAh por mí“.