Like the Sunshine | ChengXi

Summary

Todas las noches, un invitado especial ilumina la severa reclusión de Lan XiChen. Una mariposa espiritual. Una mariposa que le recuerda al Primer Jade que no está solo.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Estrella más brillante del cielo nocturno, ¿puedes escucharme?

«Tú, que sonreías tan brillantemente, ahora te apagas lentamente (...)

Mientras te pierdes en el fondo de tu corazón para no cansarte más (...)

Tu llanto silencioso que has ocultado todo el tiempo»

—Silent Cry, Stray Kids.



Las noches son melancólicas. Y cálidas. Muy cálidas, pero solitarias.

ZeWu-Jun lo descubrió al comienzo de aquel desamparado encierro. La monotonía de su vida a la luz del sol caía al olvido una vez que la luna de plata brillaba en el cielo nocturno, arrastrando consigo una sensación de silenciosa confusión y desesperación solitaria. Lo odiaba. ¿Cómo no hacerlo, si no había más que oscura soledad para consolarlo en su lamento?

El Primer Jade derramó amargas y dolorosas lágrimas al recordar los rostros fantasmagóricos de aquellos a los que perdió, escuchando sus voces como un eco estrepitoso a través de las ráfagas de gelidez invernal. Así, con el pasar del tiempo, Liebing se convirtió en un objeto aislado en un rincón de la habitación, y el halo azulado de Shuoyue le parecía insoportable siquiera de contemplar, la sangre del hombre que lo traicionó todavía manchando la hoja afilada.

La brecha que lo separaba de la superficie parecía interminable. Imposible. Hubo momentos en donde estuvo tan profundamente perdido que temió no ser lo suficientemente fuerte para enfrentarse a la crueldad de la tristeza que lo embargaba y amenazaba con asfixiarlo en un bucle de remordimiento. Una caída libre y perpetua, cuyo reclamo pagaría con su vida misma.

XiChen le temía a la muerte, y aún más, al olvido.

¿Qué pasaría si su corazón no resistía otra oleada de recuerdos, y decidía que ese sería el fin? ¿WangJi lloraría, o estaría decepcionado? ¿Su tío, a quién debía tanto, cómo reaccionaría? ¿Los discípulos encenderían linternas por él, o celebrarían junto al mundo del cultivo?

Muchas preguntas, sin nada de respuestas.

Sin embargo, la última noche donde creyó que su existencia terminaría entre esas cuatro paredes de madera fría, Lan Huan halló la salvación.

Encontró un refugio en las estrellas salpicando el firmamento noctámbulo. Fueron los fulgores dorados de aquellos meteoros los que le recordaron que no estaba completamente solo, iluminando su camino con un millón de luceros resplandecientes. Con esa guía, ZeWu-Jun se dedicó durante horas a buscar los errores a través del tiempo guardado en sus remembranzas, para así poder comprenderlas.

Tal vez no fue lo que quería, pero sí lo que necesitaba.

Compañía.

Una razón para vivir.

Fue así que la venda cayó de sus broncíneos ojos. XiChen volvió a llorar, pero esta vez no por quién fuera un viejo y querido amigo que lo engañó sin piedad alguna, sino por él. Por su bondadoso corazón maltratado y la felicidad que le fue arrebatada. Ahí comprendió que las terribles acciones de Jin GuangYao no habían sido culpa suya, y no tenía por qué cargar con un tormento ajeno. ¿De qué servía hacerlo, si eso no cambiaría el pasado? Era mejor detenerse a reconocer sus propias equivocaciones. Sí, los tuvo. Infinidades de ellos. Sin embargo, no se arrepentía de poseer un corazón amable. Sus intenciones fueron las mejores, pero ignoró que algunas personas no están dispuestas a dar sinceramiento de la misma forma que uno hace. Muchos no son capaces de atesorar a los demás por encima de su egoísmo.

La herida de una traición no desaparecería con el tiempo, sólo disminuiría su agonía. Los años pasarían con normalidad, pero para quienes han sufrido de una puñalada de esa índole, los recuerdos se volverán sus enemigos acérrimos. Y las dudas, sus peores pesadillas. La certeza de que el hubiera no existe lo hacía más trágico. Más cruel. Porque es inevitable imaginar lo que habría sucedido si las decisiones de esa persona en la que confiamos hubieran sido otras. El hubiera es la última esperanza a la que nos aferramos desesperadamente, intentando salvar algo que murió mucho antes del caos final.

Quizás, lo peor de todo, es que todavía insistimos en sofocarnos en aquel martirio autoimpuesto. Elegimos castigarnos como si realmente tuviéramos la culpa, porque esa persona nos hizo creer que la tuvimos. Pero no es así. Cada quién es responsable de sus actos, no los demás. Muchos menos, cuando es nuestro corazón el que sufrirá las desastrosas consecuencias. Y, lamentablemente, aquellos fragmentos de cristal permanecerán frágiles y devastados durante el resto de nuestras vidas. Dolió saber que se castigó y escondió de la pena, volviéndose loco con el pasar de los días, por alguien que no lo merecía. Un desconocido cuya alma envenenada no dudó en herir hasta el último momento.

Un año más tarde, la primavera llenó de mágicos colores y alegría el Receso de las Nubes; los discípulos reemplazando la tranquilidad de los pasillos con música armoniosa y la naturaleza pintó de magníficos paisajes la montaña. Los murmullos de asombro ante tal belleza llegaron a oídos de Lan Huan, por lo que, el deseo de vislumbrarla en persona creció en su pecho. Quería aventurarse más allá de la ventana del Hanshi, así que luchó contra el miedo paralizante que mantenía arraigado en su ser y salió brevemente del confinamiento.

Cuando el mundo no se derrumbó como se imaginó que haría, XiChen dio una calmada exhalación y se enfrentó a su secta con una sonrisa de lo más cautivadora.

Una mañana particularmente fresca, el líder de secta decidió encargarse del pequeño jardín a las afueras de su morada, importándole poco eludir las responsabilidades que dicho título conllevaba.

Mientras regaba las gencianas y cortaba los tallos de las rosas, acogió a una de las personas más inesperadas y queridas dentro de su familia.

—¡ZeWu-Jun!

La mano de Wei WuXian se agitó en el aire a la distancia, un movimiento rebosante de energía e inconfundible. En un abrir y cerrar de ojos, el hombrecito saltó animadamente en su dirección, igualándose a uno de los conejitos de su hermano menor. Una vez cerca, el cultivador demoníaco esbozó una sonrisa tímida y realizó una educada inclinación de reconocimiento para el mayor.

—¡Hola, XiChen-ge! —saludó, repasando la prístina figura del recatado líder un par de veces, sus grandes ojos primero mostrando desconcierto y luego un regocijo chispeante—. ¡Ahora entiendo por qué Lan Zhan sonríe tantísimo cada vez que dice tu nombre! Estás resplandeciente.

Uhm… ¿Cómo se supone que debía reaccionar el mayor?

Uno de los chismorreos favoritos y frecuentes dentro del mundo del cultivo era la monstruosa capacidad de Wei WuXian para dejar sin palabras a cualquier ser humano. Era una costumbre hilarante según muchos (los más fanáticos a pasar tardes enteras sumergidos en criticar a otros cultivadores en lugar de enfocarse en sus deberes como dirigentes de una secta). Lo cierto es que XiChen había perdido la destreza al hablar cara a cara con su caótico cuñado, estando con la guardia baja ante aquella nueva información.

—¿WangJi… habla de mi? —dudó en voz baja, genuinamente sorprendido. Tanto que omitió la respuesta al saludo previo, pero a Wei WuXian no pareció interesarle, exclamando:

—En cada oportunidad que encuentra. ¡Ayer, no paró de parlotear con el tío sobre tí! —XiChen simplemente no podía creerlo, ya que su querido hermano no era precisamente un parlanchín. Wei Ying seguía y seguía—. Lan Zhan te ama demasiado, hermano mayor, y está radiante gracias a tu mejoría —dijo con diligencia, procurando no incomodar al Jade, quién lo animó a continuar—. Una vez llegó del Hanshi y me explicó las historias que inspiraron cada una de tus pinturas. ¡Fue tan lindo verlo sonrojarse! ¡Estoy feliz por ustedes!

Recibió los comentarios con una sonrisa encantada, aunque por dentro todavía se encontrara aturdido por la velocidad en que las palabras abandonaban la efusiva boca del temible Patriarca YiLing, mismo que se ofreció voluntario para ayudarlo en su tarea de jardinería. Él aceptó, ya que la idea de hacer algo tan común como regar las plantas junto a su cuñado le parecía genial, considerando su reciente temporada de aislamiento.

La ruidosa y animada charla de WuXian animó a XiChen, quién además de reírse de las ocurrencias que los juniors hacían durante las cacerías, también aprovechó para agradecerle su arduo trabajo con el futuro del clan Lan.

Por supuesto, WuXian lo desestimó con una sacudida de hombros.

—No te preocupes, XiChen-ge. Me gusta ser útil. ¡Además, es divertido cuidar a los niños! Hace una semana, JingYi y Sizhui hicieron papilla a un monstruo arácnido con una técnica de guqin que les enseñó mi Lan Zhan… ¡Fue increíble! Y triste. ¿Sabes por qué? ¡Ni siquiera lo celebraron! Que desperdicio, en serio. ¡Los chicos de ahora ya no se asustan con nada! Bah, ¡Esa cosa tenía patas y colmillos y era repugnante!

Lan XiChen asintió, totalmente de acuerdo con la descripción del monstruo mientras se estremecía como si el arácnido estuviera trepando su mano.

Guácala.

—La hazaña de nuestros polluelos llegó al Consejo de Ancianos super rápido. ¡El Gran Maestro Qiren está muy orgulloso de ellos, tanto que les dio la apertura del recital a los dos! Ahh~, JingYi ha estado pavoneándose como no te imaginas.

—¿Recital?

—Sí. Se ha estado organizando un recital musical para fin de mes en el Salón de las Orquídeas y todos los chicos están inquietos por participar… —la boca de WuXian se abrió en una perfecta o—... ¡Deberías venir, XiChen-ge!

La regadera resbaló de los elegantes dedos del Primer Jade, su expresión siendo una cómica imitación del perplejo inicial del joven cultivador. Definitivamente no iría. Una cosa era convivir con su familia en la comodidad de su guarida escondida en medio de los bosques de bambúes, y otra muy distinta caminar libremente entre los discípulos y maestro del Receso de las Nubes como si nada.

Su resquebrajada salud emocional no estaba preparada para tanto, aún.

—Agradezco la invitación, maestro Wei, pero no creo que sea conveniente mi presencia en la presentación —el mero pensamiento le cercenaba la garganta con un nudo de absoluto terror. Afortunadamente su cuñado comprendió el trasfondo de la negativa y no insistió en el tema, yéndose por el lado festivo del evento. Cuando Lan Huan pregunto qué canción interpretarían el par de esposos, Wei WuXian se ruborizó.

Extraño.

—Pretendía intentar algo diferente a lo de siempre, pero los resultados no están siendo los que esperaba. Las expectativas que le he puesto al proyecto, han hecho que las críticas sean duras y que ninguna de las canciones parezca adecuada. El plazo se agota y yo sigo en el mismo lío.

—¿La ayuda de WangJi no es suficiente?

Wei WuXian rió nerviosamente.

—En realidad, es un regalo sorpresa para Lan Zhan.

Como un aficionado empedernido de las historias románticas, XiChen se conmovió con la tierna intención del esposo de su hermano, ofreciéndole su apoyo sin dudarlo. Wei Ying accedió al ofrecimiento, soltando audibles suspiros de alivio mientras rápidamente organizaban sus respectivos horarios, haciéndole espacio a su nueva cita antes de la hora de la cena.

Dos horas después, cuando el ruidoso chico se había marchado, Lan XiChen se preguntó cómo se sentiría tener a alguien capaz de amarte más allá de todo y de todos. Alguien dispuesto a compartir su corazón contigo por el resto de sus vidas.

Aquel era, quizás, uno de sus sueños más anhelados y la fantasía que deseaba tener algún día.

Sin más, el líder de la secta Lan regresó al interior del Hanshi y cerró la puerta. A su espalda, los rayos del sol pintaban cálidos tonos en las nubes: purpura, amarillo y naranja, el astro ocultándose tras el horizonte.



Al final del mes, Wei WuXian contó una historia en el Salón de las Orquídeas.

Con la tenue luminiscencia de las lámparas iluminando los rostros del público presente, el temido Patriarca de YiLing se paró en mitad del escenario y saludó a todos con una sonrisa. Pronto, la melodía comenzó, un suave y lírico sonido de terciopelo que los hechizó al instante, invitándolos a escuchar lo que la flauta fantasma tenía por contar. Luego las notas tomaron impulso, una tras otra, hasta que nada fue capaz de interrumpirlas o detenerlas.

En una de las mesas elevadas, el caos se desató dentro de un alma torturada. Un joven que alguna vez soñó una vida tranquila, contrario a lo que la guerra le arrebató a diestra y siniestra. Sentado en su respectivo asiento, Jiang Cheng sintió que el mundo se tambaleaba mientras una mezcla de melancolía y añoranza brotaba desde el agujero perpetuamente sangrante en su corazón. Sin aliento y con lágrimas empañando su visión cansada, alzó la vista hacia su hermano.

Esa no era una canción de amor.

De todas las personas en la sala, era Jiang Cheng quizás el más familiarizado con la pérdida repentina. Por lo tanto, quedó atrapado en los sentimientos ocultos en la armonía, dejándose llevar por ellos. Cerró los ojos, e inexplicablemente regresó en el tiempo, viendo el recuerdo del Muelle de Loto dieciséis años atrás; desérticos laberintos de tierra quemada y figuras púrpuras envueltas en un río de sangre, una masacre envuelta en sudario de guerra y declaración de enfrentamiento. Una pesadilla atada a sus hombros que lo devastó en más de un sentido y debió haberlo vuelto loco, pero no lo hizo. La esperanza no se lo permitió, encontrándola en los pequeños capullos renacientes dentro de los amplios estanques de flores de loto rosáceas y en la risa de los jóvenes discípulos que encontraron un hogar bajo su ala.

Parpadeó en un intento de disipar la incómoda humedad en sus ojos, y al hacerlo, la memoria de su amada hermana apareció frente a él. Jiang YanLi, hermosa como cada día que pasó a su lado, pero borrosa debido a las décadas que los separaban. Jiang Cheng resopló, tragando el nudo en su garganta mientras ella sonreía, un gesto que transmitía calidez y gentileza, pero que desconocía desde hace tanto.

«Mi A-Ling sonríe como tú, A-Jie»

Wei WuXian acabó la canción entonando una nota aguda y penetrante que dejó detrás de sí un silencio mortificante. Sandu Shengshou, cuya expresión pacífica opuesta a su legendario ceño fruncido, quedó en conflicto debido a la avalancha de sofocantes emociones crepitando en su interior.

¿Qué diablos fue eso?

La conmoción rompió la pesada atmósfera, siendo los discípulos Nie quienes ayudaban a un tembloroso Nie HuaiSang a abandonar la habitación, su cara hinchada y manchada de gruesas gotas saladas perfectamente visible a los invitados. Jiang Cheng chasqueó la lengua, reprobando las habladurías que surgieron después de que su ex-amigo se hubiera retirado. Francamente, él no lo culpaba por sucumbir a la ruptura. Lo entendía.

Él no sólo perdió un hermano, sino dos.

Rápidamente buscó a Wei WuXian a través de la conmoción del salón abarrotado, no escatimando en esfuerzos para arrastrarlo hacia la parte más remota que tuvieran al alcance.

—¿Quién es? —exigió el líder de secta, más no obtuvo oración alguna de su hermano. —¿Quién es? —repitió.

—¿Por qué quieres saberlo? —cuestionó Wei WuXian—. ¿Por qué te interesa?

La respuesta de Jiang Cheng fue simple pero desgarradora.

—Sentenciar a un alma destrozada a la soledad es someterla a la muerte —confesó sinceramente—. Ser vulnerables teniéndonos a nosotros mismos como compañía es mortífero, ya que no hay mayor enemigo que nuestros pensamientos.

Paralizado ante el matiz de angustia en la voz del líder de Yunmeng, quién fuera su querido hermano contempló como éste se abrazaba a sí mismo, perdido y a punto de colapsar.

—Si a nadie le importas lo suficiente para quedarse a tu lado… ¿realmente te amaron alguna vez?

Wei WuXian retrocedió con un jadeo de suplicio, presionando firmemente el dizi contra su pecho.

Jiang Cheng no pretendía ser cruel, pero era la verdad. Las personas que realmente te aman no te abandonan cuando caes al abismo de tus propias pesadillas. No es una cuestión de idealismos, más bien se trata de sentido común. Quienes están en una relación (romántica, amorosa o fraternal), deben entender que es un compromiso donde se supera las adversidades para que sean felices juntos, no se regodea del calvario ajeno.

También se trata de límites. El amor tiene límites. Dar demasiado a quién no da muy poco deja un vacío en el corazón que será imposible llenar en mucho tiempo. En cambio, amar desmesuradamente nos vuelve ciegos y autoritarios, tomando decisiones por los dos que, algunas veces, carecen de acuerdo mutuo. Eso es un mal que nadie toma en cuenta, ignorado al haberse disfrazado de afecto. Tomar decisiones que no nos corresponden creyendo que es por el bien de alguien más es una atribución que no nos pertenece, mucho menos porque no se piensa en las consecuencias de dichos actos.

Dichas consecuencias son estúpidamente cataclísmicas, rompiendo más de lo que protegen.

—Lo siento —pronunció Jiang, pero la disculpa no se debía a sus palabras. Wei Ying, inteligente como era, lo intuyó, esbozando una especie de mueca juguetona.

—No te disculpes, A-Chen- digo, maestro Jiang… ¿En serio quieres saber su identidad?

—Sí.

—Está bien. Dentro de dos días iremos a la montaña HuiHen —su hermano señaló el cielo—. Cuando la luna esté en su punto más alto, encuéntrame a la orilla del río.

Ninguno dijo más, dejando al otro marchar con la promesa de volver a verse.

Al vencer el plazo acordado, Jiang Cheng se apresuró al espacio de encuentro. Esperó de pie entre los frondosos arbustos, la luna menguante dibujando patrones en la piedra grisácea alrededor. Una corriente de aire gélido lo hizo estremecerse y acurrucarse entre los pliegues de la mullida capa sobre sus hombros anchos. ¿Cómo rayos hacía tanto frío en plena primavera?

El distintivo emblema de la nube celeste bordado en los costados níveos de una túnica lo sacó de sus cavilaciones, el espectro visible aun cobijado por las sombras. HanGuang-Jun pasó por delante de él sin percatarse de su presencia, adentrándose a través del camino de guijarros que conducían a HuiHen, la montaña más remota de Gusu Lan.

¿Cual era el motivo para que Lan WangJi fuera hacia allá?

Medio incienso después de la desaparición del Segundo Jade, los nada elegantes pasos de Wei WuXian avisaron de su llegada… o huida, lo que sea. Al estar cara a cara con el líder de secta, se dejó caer sobre sus rodillas, doblando su cuerpo entre violentos resuellos para recuperar el aliento. Unos minutos más tarde, lo tomó de la mano y salió disparado en la misma dirección que su esposo.

—¡¿Qué…?!

—¡Shhh! ¡Date prisa!

Sin otra explicación, los Orgullos de Yunmeng ascendieron por el complicado trayecto boscoso hasta uno de los pasajes más bonitos que Jiang Cheng vio jamás.

Rodeada de unas salvaguardas de bambúes y una alfombra de gencianas, jacintos, jazmines y azahares, una tímida casita de madera se alzaba encima de un párvulo reservorio de agua cristalina que reflejaba la plata lunar del cielo nocturno. Jiang Cheng encontró extraordinaria la belleza oculta del paisaje. Sin embargo, cualquier admiración que sintió al primer vistazo, se apagó al vislumbrar dos figuras gemelas vestidas de blanco inmaculado, sentadas en un montículo de rocas en posturas similares debajo de un árbol de cerezos.

El oxígeno en los pulmones de WanYin se oprimió dolorosamente.

… No era posible que fuese él.

Absolutamente no.

¿Cómo podría ser él, si es una de las criaturas más bondadosas y hermosa de todas? Incluso Jiang WanYin, con su rabia asesina y temperamento volátil, era completamente incompetente ante la dulzura de aquel hombre. No obstante, la composición nostálgica del xiao y el guqin quebrantó la esperanza resquebrajada del espectador.

Que inhumano había sido Jin GuangYao al mancillar esa inocencia con su codicia.

Sandu Shengshou deseaba que se pudriera en el infierno.

Los pétalos de cerezo cayeron melifluas mientras el jade de Liebing y la cantarina voz de Lan XiChen emitían las aflicciones que lo mantenían atado.

—Desde hace un año se negaba a sostener su Liebing —susurró Wei Ying—. Él… se creía indigno y no podía siquiera mirarla. Estaba devastado.

A veces, Jiang Cheng maldecía cómo la vida siempre es injusta con las personas equivocadas. ¿Qué sentido tenía hacer sufrir indebidamente a los corazones más benevolentes? He ahí otra cuestión de sentido común, igualmente ignorada: los malos deberían recibir a mierda del mundo, no aquellos ajenos a la malicia que los rodea, acechando como un león a su presa.

Sin embargo, nadie comprendía esa lógica. Mucho menos la tortura que implicaba ser testigo del lento eclipsamiento de una estrella refulgente. Cómo poco a poco perdían su brillo.

Jiang Cheng exhaló profundamente mientras una lágrima caía de su mejilla.

ZeWu-Jun no merecía aquello.



Cuando el crepúsculo noctámbulo emergió, Lan XiChen recibió una insólita visita.

Una mariposa espiritual.

Su aparición le pareció extraña, mas no intervino cuando la vio aletear hacia el alféizar de su ventana. La admiró unos segundos, indagando el motivo de su arribo. Consideró alguna reunión de jóvenes, o tal vez el amado de alguna discípula se equivocó de residencia. Indudablemente, la idea lo hizo reír, fascinado con el encanto del romance. Ordenó a la criatura desaparecer para buscar a su legítimo destinatario, regresando a la mesita de té donde preparaba las partituras musicales de Liebing.

Lan XiChen contempló el valle de flores que se extendía frente a su visión mientras tocaba una de sus melodías favoritas. Al terminar, se sorprendió al encontrarse con la misma criatura de delicadas alas liláceas parada tranquilamente en su rodilla.

—¿Sigues aquí, uhm? —curoseó a la criatura, repitiendo la disposición a retirarse. La suposición de que pertenecía a alguien más dentro del Receso de las Nubes quedó descartada en el momento en que la mariposa revoloteó hacia su dedo, flotando encima del frío jade del xiao.

Teniéndola tan cerca, Lan XiChen fue capaz de sentir el dulce candor del toque de energía violeta del animalito, excesivamente dócil y amistosa como para rechazarla. Al no ejercer daño, la dejó disfrutar del musical, deleitando al asistente anónimo con canciones, cosa que llenó de dicha al Primer Jade. Una vez la noche espesó su manto azulado, dio por culminada la actividad. Sonriendo, caminó hacia la ventana abierta, sus labios a centímetros de la maravillosa alevilla.

—Gracias por su compañía —estimó, mirando como el destello púrpura se perdía en el oscuro vacío del bosque.

Desde entonces, la vio regresar cada noche a la misma hora, y poco después “conoció” al cultivador que la invocaba. Aunque “conocer” significaba más de lo que en realidad ocurrió, ya que XiChen sólo escuchó su voz. Un acústico apacible y azucarado, impregnado en la luminiscencia del ente. Fue una charla amena, incógnita y secreta, pero cordial. Oír acerca de la comida de otra persona nunca había sido tan vigorizante, mucho menos relatar su aburrida rutina. Las noches siguientes le habló de una obra de teatro callejera, la suavidad del pelaje de un cachorro y un montón de disparates que llenaron la soledad del Hanshi.

Los meses pasaron y, pese a conversar durante horas de todo y nada, la barrera entre ambos aún existía, lo que les impedía ser completamente abiertos el uno al otro. En Muelle de Loto, Jiang Cheng esperaba la oportunidad idónea para revelarse. Contrario a los planes del líder de secta, ZeWu-Jun se negó a ser la marioneta de alguien otra vez, así que lo confrontó directamente.

—Dime cuál es el motivo de tu presencia y lo que esperas de mí… o vete.

«—¿Qué respuesta quiere oír el estimado ZeWu-Jun?»

—La verdad.

Lan Huan no creyó obtener una confesión verídica, abriendo la ventana para que la mariposa se fuera de sus aposentos.

Pero, una vez más, lo sorprendió.

«—Sé que estás a la deriva, encerrado en una montaña inhóspita para expiar pecados que no son tuyos. Y lo entiendo. Los sentimientos que resguardas celosamente en tu corazón; miedo, angustia y remordimiento, son los mismos que me han envenenado durante años y sé cuán jodidamente difícil es no rendirse. Más cuando, algunas veces, te pierdes y ahogas en elecciones impropias, pero que aun así te quebrantan. Es impensable que no lo hagan —rió—. Pero te diré algo, ZeWu-Jun. Lo que nos duele no es descubrir que fuimos utilizados, sino que confiamos en la persona errónea»

«—Es el peso de nuestras expectativas lo que produce dicho abatimiento, no la gente. Esperamos demasiado de quienes no estamos seguros podrán darnos aquello que merecemos, cegándonos a los sucesos que demuestran la autenticidad de sus intenciones hacia nosotros. Sin embargo, no podemos desconfiar de todo el mundo, porque no todos son malos. La traición es complicada y deja una huella de desconfianza, manteniéndonos en guardia lo que resta de nuestras cortar vidas. Pero yo no pienso hacerlo. Me acerqué a ti porque no permitiré que la tristeza te consuma como trató de hacerlo conmigo»

—¿Y qué harás al respecto?

«—Mostrarte dónde está la felicidad»

Lan XiChen lo meditó un rato hasta que finalmente murmuró:

—Si vamos a ser cercanos, deseo conocer tu nombre.

«—A-Yin»

El Primer Jade de Lan le brindó el voto de confianza, ofreciendo su corazón sin barreras para el remitente de las mariposas liláceas. Un regalo. XiChen manifestó sus emociones autodestructivas que escondía en su mente, sus sueños ahora lejanos y la libertad que echaba en falta. A-Yin lo aconsejó con franca honestidad, celebrando con él cada uno de sus logros, por mínimos que estos fueran. Pronto, la soledad de ZeWu-Jun se desvaneció.

Una medianoche de otoño, la amistad tomó un rumbo distinto ocasionado por el misterioso remitente.

«—Soñé contigo»

—¿Realmente?

«—Sí. Fue inexplicable, pero trataré de describirlo para ti lo mejor posible»

XiChen lo alentó. Luego de una exhalación, la melódica voz del hombre hizo eco a través de las paredes del Hanshi. Un susurro amoroso, repleto de anhelo.

«—Supe que era un sueño en el instante en que tu dulce mirada cruzó con la mía, cuando aquellos ojos que brillan con el fulgor de un dulce amanecer se posaron sobre mí. Sentí mi cuerpo vibrar incluso estando dormido. La luz que desprendían desbordó en mi corazón, repiqueteando de placer. Fue hermoso, y ni hablar del cálido tacto de tu mano sobre la mía. Esa sonrisa abrasadora que arrolló cada fibra de mi ser. Magnífico, a pesar de que no puedo poner todo en palabras, sé con certeza que quiero más. Mucho más.»

—¿Más de mí? —bromeó él, con el alma pendiendo de un hilo.

La risa nasal y enternecedora de A-Yin explotó del otro lado, desbaratando las paredes de su corazón lastimado.

«—Más de ti. Más de nosotros»

—Nosotros. Eso suena fantástico.

«—Yo lo calificaría de lindo»

—Y pretencioso.

«—Nunca dije lo contrario. Además, mis ilusiones no terminan ahí»

—¿Ah, no? —XiChen arqueó una ceja, aunque su acompañante no pudiese apreciar el gesto—. Parece que disfrutas soñando, A-Yin.

«—Es mi pasatiempo favorito —dijo—. Me hace querer cosas que nunca antes había querido. Cosas extraordinarias.»

—Como yo, aparentemente.

«—Como tú —coincidió él—. Una hermosa flor escondida en la montaña nevada, el dueño de mi deseo más hermoso»

—¿Y ese es…? —arrulló el Jade sedosamente.

«—Deseo una vida junto a ti, Lan Huan»

Por una vez, XiChen derramó lágrimas de felicidad.

—… Tu deseo es maravilloso…

Aquella plática derribó las distancias en su relación, ya que desde entonces, A-Yin halagó a XiChen con palabrería cursi en cada momento. Nunca escatimando, se dió cuenta después el Primer Jade. Como si exponer sus sentimientos y emociones no fuesen una carga en su relación. Al contrario. Los hacía públicos para no provocar disturbios y malos entendidos.

Dichos testimonios eliminaron la distancia que los mantenía alejados. Las raíces de su confianza mutua se volvieron inquebrantables, alimentadas con las numerosas mariposas que volaban dentro de la cabaña del Primer Jade. Los mensajes que anteriormente eran graciosos y entretenidos se volvieron íntimos y desbordantes de afecto. Un cambio encantador y estimulante que suprimió las intrigantes acusaciones arraigadas en sus memorias, cambio que XiChen agradeció infinitamente.

La felicidad que A-Yin le brindó a manos llenas dió como resultado que, inevitablemente, se enamoraran perdidamente del otro. Apenas un año había transcurrido desde el primer encuentro, la fecha exacta del inicio de su historia de amor marcada especialmente para celebrar.

La reclusión de XiChen ya no parecía la opción correcta, mucho menos ahora que le había entregado su corazón al hombre más maravilloso del mundo, alegre con la paz que encontró al fin.

Mientras pintaba un cuadro para su tío, una centella liliácea llamó su atención. Esbozando una sonrisa amorosa, extendió el dedo para que el bichito se posara encima.

—Hola, A-Yin.

«—Hola, A-Huan»

—¿Qué tienes para mí hoy?

«—¿Desde cuándo eres tan impaciente, uhm? ¡Tsk, adiós a una de tus tantas virtudes, señor perfecto!»

XiChen se rió del dramatismo de su futuro compañero de cultivo.

—Esa es una especulación de las personas basándose en mi comportamiento público, no el mío. Ahora, ¿Me dirás lo que tienes para mí o no?

«—Lo haré. ¡Deja de intimidarme!»

—¿Quién te está intimidando? ¡Yo no lo hice!

«—¡Claro que sí! —insistió—. Te aprovechas de mi débil voluntad para hacer que me enamore más de ti. ¡Eso es ser un matón!»

—No. No lo es. De hecho, se trata de un embrujo diabólico. Buh~

Hubo un suspiro exasperado, seguido de la perorata interminable de A-Yin.

«—Sabía que un hombre tan perfecto como tú no debía ser de este planeta. Pero descuida, te amaré incluso si eres un marciano»

Las manos de Lan Huan picaron con las ganas de abrazar a aquel entrañable sujeto. Sus labios hormigueando en la necesidad de unirse con los suyos en un beso.

—¿Lo prometes?

«—Lo prometo, mi corazón»

—Me gusta ese sobrenombre. Es dulce.

«—A mi me gustas tú. Y también eres dulce»

Qué agradable es ser valorado, pensó Lan Huan cariñosamente. Estar con alguien que desea nuestra compañía, que la prefiere y goza, es un tipo distinto de felicidad. Saberse querido es un sentimiento gratificante. Más cuando descubres que la reciprocidad es indiscutible e inquebrantable.

XiChen había superado el miedo al rechazo gracias a ese grandioso hombre, cuyo amor transmitía sensaciones inexplicables, inexpugnables. Una montaña fortificada para resistir hasta el peor de los cataclismos. Firmeza y franqueza encapsulada. Ningún temor podía invadirlo mientras estuviese a su lado.

Por eso mismo, no desperdició ni un segundo más y se atrevió a pronunciar un pedimento:

—¿A-Yin?

«—¿Sí?»

—Tengo algo que pedirte.

«—¿Qué es? Nómbralo, y haré todo lo posible e imposible para dártelo, mi corazón. Te quiero. Eres lo más importante para mí, por lo que quiero hacerte feliz»

—¿Lo que yo quiera, en serio?

«—Sí. Sólo tienes que pedírmelo»

Hubo una exhalación temblorosa seguido de un susurro quedo:

—De ser así… ¿Cuándo podré verte?

El ensordecedor mutismo fue la contestación a su pedido.



La luz del día iluminaba el Hanshi y realzaba el aroma floral del jardín a sus afueras. XiChen decidió que ese sería un buen día para salir a dar una vuelta, luego de terminar la pequeña tarea que su tío le encargó unas horas antes.

Recibir a los discípulos invitados a las famosas clases de estudio era un evento pequeño. Casi nada. Sin embargo, le emocionaba ser de ayuda nuevamente para la secta.

Suspirando, dejó las ventanas abiertas de su morada, pese a no haber recibido mensaje alguno de su amado en varios días. Quizás estaba ocupado. O la última charla lo había asustado. XiChen procuraba no sobrepensar para no hacerse daño innecesario, prefiriendo confiar en sus juramentos previos. Sin embargo, el aguijón enterrado en su pecho le molestaba, envenenándolo con su indecisión.

Siguió uno de los caminos rocosos del Receso de las Nubes hasta la entrada donde ya había un montoncito de adolescentes murmurando entre sí. Reconoció a Sizhui y JingYi hablando con el joven líder de la secta Jin, Jin RuLan.

—Es un placer saludarlo, ZeWu-Jun —reverencio el chico de amarillo una vez se percató de su presencia.

XiChen le devolvió la cortesía, sonriendo mientras le daba la bienvenida a él y los aprendices de Yunmeng Jiang que lo acompañaban. Sus amigos Lan se ofrecieron a mostrarle el edificio donde se hospedarían, dejándolo solo en menos de lo que canta un gallo.

La juventud~

—Pensé que estarías en tu habitación silenciosa.

La respiración de XiChen se cortó.

«Estás aquí. Conmigo»

Jiang WanYin avanzó a grandes zancadas por la escalinata principal. Su etérea figura envuelta en túnicas moradas realzando su belleza afilada, espectacular. Los halos matutinos abrazándolo suavemente.

—Y yo pensé que no vendrías.

Una ceja perfilada se disparó hacía arriba frívolamente.

—¿Qué te hizo pensar eso?

—No te comunicaste durante días.

Sonriendo, Jiang Cheng descartó el espacio que los separaba y tomó la mano del Primer Jade. Un contacto cálido y amoroso, febril.

—Siento eso. Estuve demasiado ocupado gritando en mi cama luego de que el hombre más hermoso del planeta confesara querer conocerme, así que no respondí correspondencia alguna.

—¿El hombre más hermoso del planeta? —XiChen sonrió—. Vaya exageración.

—No seas envidioso, ZeWu-Jun —le regañó, imitando su sonrisa soleada.

—En absoluto, líder de secta Jiang. Solo estoy fascinado con su enamoramiento furtivo, sin duda cautivante y sorpresivo.

—¿Desde cuándo el amor no es cautivante y sorpresivo? —exclamó Jiang Cheng—. Honestamente, es un poco ridículo cómo enamorarnos es una elección que está fuera de nuestro alcance. Simplemente sucede y ya, así de fácil. La cuestión está en quién es la persona a la que entregamos nuestros sentimientos en bandeja de plata.

—Supongo que el misterioso receptor de sus afectos está a la altura de tal fanfarronería.

—Mi fanfarronería queda corta en comparación. Él es mi pequeña estrella; apolínea y centelleante como ninguna otra. Con una belleza semejante a las flores del jardín más exquisito. Su risa derrite mis neuronas en un charco incomprensible. Desde que lo conocí, se ha vuelto mi todo. Le pertenezco, y esa es una promesa que durará para siempre.

Tímidamente, Lan XiChen acunó el rostro de Jiang Cheng en sus manos, bebiendo del cariño chispeando en sus ojos tormentosos.

—Te besaré ahora mismo.

El loto rió, afianzándose de la cintura esbelta del Primer Jade.

—Hazlo, mi corazón.

Lan XiChen acercó su rostro al contrario y sus labios chocaron entre sí en una caricia tierna y tentativa. Jiang Cheng jadeó, asombrado y rápidamente lo envolvió en un apretado abrazo. Sus labios eran suaves, acaramelados y esponjosos. Un sueño hecho realidad.

Cada roce de sus bocas creaba una corriente eléctrica que chisporroteaba en sus venas, bombeando emoción a toda velocidad. Las manos de Jiang Cheng lo sostenían con la misma delicadeza que se trata algo precioso. Divino. La vehemente sensación de pertenencia se instaló en XiChen hasta que el oxígeno les faltó y tuvieron que separarse.

Jiang Cheng le dió otro beso cariñoso en la coronilla. XiChen lo devolvió en la punta de su nariz.

—Te amo, A-Cheng.

—También te amo, A-Huan.

El Primer Jade suspiró aliviado, sabiendo que ahora habría una vida a su lado... y eso era lo que más quería.