capítulo 1
3 de febrero de 2019
Dos cuerpos sudados, cama desordenada, respiraciones aceleradas después de otro orgasmo arrebatador, mentes embriagadas de tanto placer. Los corazones batieron casi en sincronía de tan rápidos, y Valentina todavía se sentía extasiada cuando hacía círculos aleatorios con las puntas de los dedos, en el brazo de Juliana cubierto por tatuajes, mientras la misma tenía la cara en su cuello, arrojó rufadas de aire caliente que hacían el cuerpo de la latina estremecerse.
Valentina sabía, no debería estar haciendo eso aquí, en su cama, la cama donde ella utiliza para dormir con su marido, pero ya es tarde, por tercera vez en la semana que estaba en la misma situación. Acostada en la cama, exhausta, después de haber cogido por toda la casa con la sexy chica de ojos cafés. Sinceramente ella ya había perdido la cuenta, nunca pensó que su libido pudiera ser tan grande al punto de tener sexo tantas veces al día. Pero allí estaba ella, con Juliana dentro de sí, tomando como ni siquiera su marido un día podría hacer.
Ah su marido... Luis Flores, el hombre con quien se casó hace 6 años, ahora sólo vivía viaja por trabajo. Podría culparle cuanto quisiera por su matrimonio sin gracia, pero ese no era y nunca sería un motivo plausible para justificar su traición, Valentía sabía que en realidad, sólo una persona podría ser la culpable por sus traiciones. Y que sólo era ella misma, por haberse dejado caer el encanto de los bellos ojos cafés jóvenes esa noche donde todo comenzó.
16 de enero de 2019
Valentina no lo podía creer, como su marido, el hombre con quien se había casado y había dedicado tantos años de su vida, simplemente no quería tener hijos con ella. “Mira Valentina, estoy atascado de trabajo, ¿crees que quiero un niño aburrido que se queje en mi oído? No insistas más con eso, yo no quiero hijos contigo, ni con nadie”. Y esas fueron sus últimas palabras antes de hacer sus maletas y partir para otro de sus viajes de negocios. ¡Malditos viajes!
Podría no ser nada demasiado para cualquier otra persona, pero esas palabras gruesas y estúpidas de Luis eran lo que él realmente pensaba y todo lo demás rondaban la cabeza de Valentina. Es decir, ella era mujer, una mujer de 25 años para ser más exacta, ¿cómo no iba a tener hijos? ella que siempre soñó con niños rondando su casa, haciendo desorden, quien sabe hasta un perrito para alegrar aún más aquel lugar que era tan... vacío. Nunca pensó que su casa sería un lugar vacío. Pero lo era. Y como era. De unos 5 meses para aquí Luis sólo viajaba, y cuando volvía quedaba encerrado en aquella mierda de oficina. ¿Desde cuándo su vida se puso tan monótona? No había una buena follada ni siquiera, ni recordaba la última vez que llego a un orgasmo intensamente, todo porque su marido era un gran banano que ahora había dado una de evitar sexo, siempre con una excusa aquí, otra allí. No era que él fuera el rey de los orgasmos, pero era mejor que nada.
No quería, pero las lágrimas ya estaban bajando por su cara y dejando su visión borrosa, entonces decidió parar el coche. Gran error, fue como si el pecado la llamara. Al otro lado de la calle, un pub.
“¿Por qué no?” Valentina pensó después de limpiar las lágrimas. Beber una bebida no mataría a nadie, tanto tiempo que ella no hacía eso. Siempre evitaba salir con sus amigas, Soledad vivía diciendo lo tedioso que era su vida. Y bueno, ella tenía toda la razón. Valentina era el aburrimiento en persona. Se había alejado de la mayoría de sus amigos y ahora quien se alejaba de ella era su marido, como la vida es irónica, ni siquiera sus padres llamaban más con tanta frecuencia. Valentina se rio de sí misma al constatar que no le falta a nadie, realmente.
Salió del auto y atravesó la calle. Podría decir que se sentía extraña en aquel lugar, la última vez que pisó en un lugar parecido fue a más o menos un año atrás, en el aniversario de Sofía. Pero, aunque se sentía un pez fuera de agua, resolvió quedarse. Otro error. Valentina caminó hasta el bar más cercano y analizó las bebidas en el menú. Se sintió tan ridícula que casi se rio de sí misma de nuevo. Nunca experimentó esas bebidas, había olvidado que las únicas bebidas alcohólicas que tomó en la vida fueron vino y cerveza. Decidió tomar entonces un whisky. ¿Sería muy fuerte? No importaba, ella no pasaría de un vaso de cualquier forma.
- ¡Manda un tequila aquí, hermano!
Valentina sintió un cuerpo sentarse a su lado. Sentía que dos ojos le quemaron enseguida, pero no se giró para identificar quién era. No importaba, después de todo.
- ¿Profesora? Wow... - Las últimas palabras no pasaron de un susurro, pero Valentina oyó perfectamente.
Cuando arqueó su cabeza un poco hacia el lado, su tercer error aquella noche había concluido con éxito.
- ¿Ju...Juliana?
Se mordió internamente, aquellos ojos Cafés estaban demasiado oscuros y recorrían por el cuerpo de la maestra como un animal hambriento. Juliana vestía un pantalón negro y una blusa gris, corta en las mangas para ver sus tatuajes en el brazo izquierdo. Valentina se puso nerviosa. Su alumna. Seguro. ¿Quién más estaría un jueves por la noche bebiendo tequila, si no Juliana Valdez, la única maldita alumna que no hacía su deber de casa?.
- Con todo respeto profesora, pero usted está jodidamente sexy en ese vestido. - Sus palabras fueron susurradas en un tono muy ronco, ese cambio drástico en la voz de Juliana hizo que Valentina quedara asustada.
Juliana parpadeó lentamente esas dos esferas cafés y volvió a mirar el culo de Valentina de forma descarada. ¡Ella estaba mirando su culo, ella realmente estaba mirando su culo descaradamente! Pensó Valentina, he incluso irritada con ese pensamiento, no pudo dejar de estar completamente avergonzada con el comentario de su alumna.
Entonces su whisky llegó, decidió ignorar a Juliana bebiendo del rápidamente. Demasiado rápido. Otro error.
- ¡Otro whisky, por favor! - Lo pidió. Sin darse cuenta de lo que hacía o decía. Ella estaba apenas nerviosa. Nerviosa demasiado con la presencia de Juliana.
- Nunca pensé que usted señorita era el tipo de persona que...
- ¡Señora, por favor! Soy casada. – Valentina no sabía por qué, pero creyó que debía dejarlo bien claro.
- Oh... Lo sé profesora, pero todavía creo que señorita es más adecuado para usted, creo yo. - Juliana dijo con una sonrisa de esquina, deslizándose la lengua por los labios lentamente. Valentina se estremeció.
¿Realmente sintió esa contracción en su vagina o era sólo cosa de su cabeza?
- ¿Es la primera vez que viene aquí? - Juliana estaba tratando de tirar de asunto, pero Valentina no podía quitar sus ojos.
- ¡Ahm... sí! Sí... sólo... una pasada, no pretendo quedarme mucho tiempo. - Dejó un largo suspiro, mirando hacia adelante rápidamente y se movió incómodo en la banqueta del bar. Por fin, esos ojos eran tan bonitos, ella se sentía perdida.
- ¿Usted... parece cansada, algo le sucedió? - preguntó. El barman pronto llegó con su whisky y el tequila de Juliana.
- Sólo algunos dolores de cabeza que ando teniendo... - Valentina habló sin pensar en lo que estaba haciendo, mientras llevaba su bebida hasta los labios.
- ¿Problemas en el paraíso? – Juliana bromeó, tomando de una sola vez su tequila. Valentina tuvo ganas de reír, habría sido una risa histérica, pero ella se perdió completamente en los labios ligeramente mojados de Juliana. Tuvo que desviar su mirada rápidamente, antes de que la misma percibiera. Pero Juliana no era idiota y estaba allí justamente para seducirla.
- No puedo decir que es un paraíso. - Murmuró Valentina, soltando una risa sin humor.
- ¿Su marido no le ha dado un orgasmo delicioso? – Valentina abrió los ojos, cortando ligeramente. Juliana sólo se rio de su cara de espanto. - ¿Qué? ¡Es, como mínimo, la obligación de todo marido! - Dijo riendo y encogiéndose de hombros. Valentina estaba asustada con la forma natural de Juliana en hablar esas cosas, como si fueran amigas de largas fechas.
Valentina no conseguía continuar, tenía que desahogarse con alguien, y dijo, dijo todo lo que le faltaba en el matrimonio, que desde siempre nunca ha sido bueno de la manera que creyó que sería algún día. Estaba harta de la falta de atención de Luis con relación a sus deseos de mujer. Juliana, a pesar de sus bromas, oía seriamente todo el desahogo de su profesora, e incluso siendo tan joven, intentó dar algunos buenos consejos para la mujer mayor. Pero, por supuesto, Valentina no escuchó ninguno. Ella no se hallaba capaz de nada, ni al menos sabía lo que hacía allí.
En aquella noche, Juliana le invitó a quedarse en una mesa más alejada, se sentaron una al lado de la otra, y Valentina desasió una conversación tan relajada con su alumna, que ni siquiera vio la hora pasar, y principalmente ni percibió cómo el alcohol era como agua en aquel lugar.
- Entonces, ¿puedo ofrecerle una bebida más? - Los labios de Juliana se curvó en una sonrisa seductora. Valentina se sintió realmente encantada con su espontaneidad.
- ¿Por qué no? - Valentina le ofreció una sonrisa tímida. - Gracias.
Juliana asintió tirando del menú, y Valentina se permitió experimentar una bebida nueva, caipirinha. Según era de origen brasileño y sin lugar a duda, la mejor.
1
Juliana era de hecho encantadora y muy atractiva, Valentina pensó. La piel de ella no parecía tan blanca como pensaba, estaba levemente rosada, el cabello corto y castaño. La hacía ver extremadamente sexy.
- Yo... sólo hablé, hablé y en ningún momento tú me contaste sobre ti..., ¿qué te trae aquí un jueves por la noche? - Juliana arqueó sus cejas. Valentina no sabía por qué, pero estaba muy interesada en lo que fuera que le contara.
- Mi banda me trae aquí un jueves por la noche. - Juliana dijo con una sonrisa de esquina. Valentina arqueó las cejas con sorpresa.
Pero antes de que Valentina pudiera preguntarle, el barman llegó con las bebidas y Juliana empujó el vaso en su dirección. Valentina llevó el delicado canudo a los labios, sorprendiéndose. El alcohol, limón, azúcar, era una mezcla perfecta.
Juliana la miraba con expectación, haciendo que Valentina pronto tratase de responderle, aun completamente sin palabras.
- ¡Esto es maravilloso! Gracias... - Sus ojos tenían un brillo alegre y eso aumentó el ego de Juliana.
- Me alegro de que te haya gustado. - Las miradas se encontraron. Era una pelea de ojos cafés. Lucía suspiró nerviosa, desviando rápidamente su mirada.
- Me cuente sobre usted Juliana...- Valentina se disgustó, había vuelto a ponerse nerviosa, hablando nuevamente la primera cosa que le vino a la cabeza. No quería demostrar interesante en la vida de su alumna, pero por dentro ella se sentía extremadamente atraída.
Valentina no sabía lo que despertaba el interés de Juliana, pero de hecho, ella no disimulaba ese interés. Algo extraño para ella, Valentina no estaba ni un poco acostumbrada a ese tipo de cosas. ¿Por qué diablos una chica tan joven estaba coqueteando con una mujer tan mayor?
- No tengo mucho que contar, profesora. - Habló, girándose para mirarla mejor. – jueves y sábado mi banda toca aquí, ganamos buen dinero. – Juliana se encogió de hombros. - Es divertido también.
- ¿Usted... Canta? - Valentina no se dio cuenta, pero ya había bebido casi toda la bebida en pocos tragos.
- Sí. Toco guitarra y canto. - Sus ojos se encontraron de nuevo. – Tocamos a las diez de la noche, Rock alternativo, cuando puedas... ven a ver una presentación de mi banda, “Pussy”
Valentina casi se ahogó con la bebida.
- ¿Pussy? ¿E-Ese es el nombre de su banda? - Juliana asintió tranquilamente, pero luego no consiguió sostener la risa que prendía.
- ¡Ok, tu cara fue horrible! - Valentina Odiaba pasar vergüenza, pero había perdido la total forma para toda esa cosa. - La gente normalmente se ríe cuando digo eso, fue sólo una broma, el nombre de verdad es The Dark Moon.
- Ustedes son jóvenes... Creo que estoy muy vieja para eso. - Valentina comentó, sus dedos nerviosos jugaban con el canudo de su bebida.
- ¿Vieja? ¡quita lo que has dicho ahora! - Juliana la miraba incrédula. - No eres vieja, Valentina.
- ¿Ah no? – Valentina arqueó las cejas.
- ¡Claro que no! Yo andaría encantada con una mujer tan sexy como tú. - Juliana le lanzó una mirada seductora, junto con una sonrisa maliciosa.
Es claro que Valentina estaba tratando de ignorar los intentos de ligar de ella, pero no consiguió evitar las olas de calor que su cuerpo transmitía al toque sutil de ella en su muslo. Casi dejó caer su bebida cuando Juliana le acarició, subiendo las manos bien discretamente. Valentina sentía su cuerpo completamente blando y al mirarlos en los ojos, sólo conseguía ver el deseo estampando en aquellos hermosos ojos, y el miedo se apoderó de su cuerpo.
Juliana era sí muy linda, ¡pero ella tenía 18 años! Era su alumna, Valentina no podía creer que Juliana estaba interesada en ella, era surrealista, de hecho, no era el tipo de mujer que puede atraer a alguien como Juliana.
- Mejor me voy, es tarde y no puedo...
- ¡Puedo llevarte! - Juliana la interrumpió, aún con la mano en su muslo. Valentina la miró confusa. - ¿Crees que voy a dejarte conducir en ese estado? - Juliana cruzó los brazos y la miró con una sonrisa de esquina.
- ¡Eh! Soy una buena conductora, ok? Y.… yo sólo bebí un poquito también y.… y tu bebiste tequila, ¡es mucho peor! Creo que... - Juliana no dejó de reír con ese comentario.
- Ok, pero eso no importa, todavía estoy mucho más sobria que tú y te voy a llevar a casa... – Juliana sonrió, fijando su mirada en la suya.
Ella quería preguntar cómo Juliana volvería a casa después, pero no se manifestó, estaba demasiado tonta con esos ojos cafés. Entonces sólo dejó que Juliana la condujera hasta la salida de aquel lugar.
- ¡Eh, Mariana, puedes dejar todo en mi cuenta! - Juliana gritó a alguien, pero Valentina no le prestó mucha atención.
5 minutos después, ya estaban dentro de su auto, en dirección a la casa de Valentina. Al principio, Juliana no sabía lo que estaba haciendo. Su idea era sólo dar encima de la profesora que ella siempre encontró tan jodidamente hermosa y sexy, pero ahora la estaba ayudando a llegar a casa, como si fueran amigas. Casi bufó, pero encontró mal estar enojada, por lo que Valentina sólo necesitaba un hombro amigo y ella no era tan sin corazón.
Valentina nunca había parado para fijarse en Juliana en las clases, no de esa manera. Es claro que Valentina sabía de su condición, todos sabían en aquella escuela. Pero ella nunca... nunca tuvo tanta curiosidad como estaba teniendo en aquel momento. Era curioso al final, una chica con un pene. Ella era profesora de biología, claro que ella tendría curiosidad. “Sí, claro que eso es, sólo eso.” Pensó la maestra. Tal vez fuera la bebida, pero ella estaba extremadamente atraída por la chica más joven.
El camino hacia su casa fuera en un total silencio. Cuando llegaron, Juliana trató de bajar del coche antes de Valentina y abrirle la puerta, aprovechando para acompañarla hasta la puerta de entrada de la casa.
- Yo... quería agradecer por la noche... quiero decir... – Valentina comenzó, al mismo tiempo que buscaba la llave de su casa, demasiado nerviosa para mirar directamente aquellos ojos que quemaban su cuerpo entero. - Tu... bueno, me atendiste toda la noche y yo sólo... quería agradecer. - Cuando encontró sus llaves, finalmente encaró el rostro de Juliana. Sus ojos cafés estaban hermosos.
- Fue un placer. – Juliana sonrió. Percibiendo que Valentina temblaba un poco, sacó la llave de la mano derecha de ella y abrió la puerta a la misma.
- Gracias. - Dijo tímida, giró la manija y entró en casa, volviéndose para encarar por última vez a su alumna. - Hasta luego, Juliana... - Juliana vio en esos hermosos ojos azules, un brillo incierto.
- Hasta luego Valentina... - Susurró Juliana con la voz completamente ronca. Valentina casi gimió con eso, casi. En vez de eso, cometió uno de sus errores, agarró el cuello de Juliana y juntó sus labios en un beso desesperado y enloquecedor.
3
Esa noche, Luis fue un nombre completamente desconocido para Valentina. Juliana la tuvo por completo, ¡la hizo gozar como nunca!
A la mañana siguiente, encontró a Juliana durmiendo a su lado, completamente desnuda en la cama que era de ella y de su marido. Si se sentaba inmediatamente en la cama, su corazón se disparó y sus manos empezaron a sudar.
Las memorias de la noche de lujuria habían llegado rápidamente. Vinieron como un huracán, listo para destruirlo todo.
¿Cómo pudo haber hecho eso?
Valentina no podía creer que se dejó llevar por el deseo y la carencia. Ella no era ese tipo de mujer. Se comportó de un modo totalmente irresponsable e imprudente, y ese comportamiento huía de los patrones y del carácter de ella. Luis no lo merecía. Él nunca podría saber. ¡Dios! Valentina no quería que 6 años de dedicación fueran tirados a la basura.
- Buen día. - La voz sonó bajita, pero Valentina pudo percibir un pico de animación.
Ella estaba tan perdida en los pensamientos, que ni se dio cuenta que una cierta ojicafé ya estaba despierta, sus ojos estaban en un café clarito y ella le miraba con una sonrisa maliciosa.
- B-Buenos días.
Valentina tragó seco cuando su mirada inmediatamente siguió una secuencia de movimientos debajo del edredón. Dios... ese era su...
-J...Juliana, yo creo es mejor vayas a casa... – Valentina apenas respiraba cuando lo dijo. Ella ya estaba sudando frío, ¿o era de calor?
- ¿Ir a dónde? - Con una sonrisa, Juliana aumentó los movimientos.
Valentina no se dio cuenta que veía fijamente el edredón, que se movía constantemente. Pues, como ella quería ver aquello, no es que no lo hubiera visto la noche pasada.
- ¿Por qué no mejores ayudas a mi polla? Esta erección matinal siempre me folla, pero con alguien para ayudar es mucho mejor.
- E-Yo todavía creo que es mejor que te vayas. Valentina susurró, pero su voz era un completo fracaso. Ella mordió el labio inferior, aun mirando fijamente los movimientos.
¿Por qué aquel plátano de su marido nunca la despertó de esa manera extraordinariamente excitante?
Sin mucha paciencia, Juliana se sentó mejor en la cama y la tiró para un besó, invadiendo su boca con voracidad, en un beso caliente y completo de segundas intenciones. Juliana no tardó mucho y la traía a su regazo. Valentina no hizo nada para impedirla, apenas pasó los brazos detrás de su cuello y se sentó sobre sus muslos.
- Tú realmente pareces querer que me vaya. - Juliana susurró, dando una leve risa. Valentina sintió que llevaba dos dedos hasta su vagina caliente y húmeda, haciéndola gemir bajito.
Juliana pronto trajo los dedos hasta su boca, chupándolos de la forma más erótica posible. Valentina se estremeció de deseo, necesitaba urgentemente la polla de la ojicafé llenándole.
Cuando Juliana tomó uno de sus senos con la boca, Valentina dejó la cabeza caer hacia atrás, clavando sus uñas en el hombro de su alumna. Dejó salir un largo gemido escapar de su garganta en ese momento ella ya no le importa una mierda. Sólo quería ser bien cogida y enloquecerse en los brazos de Juliana
- ¡Hija de puta! - dijo Valentina, en medio de un gemido débil. - ¡Follame ahora, Juliana! - Sin poder contenerse más, con las manos trémulas agarró la base de la polla de Juliana, y se levantó para que ella pudiera penetrarla. Juliana gimió, mientras deslizaba su polla hacia dentro de los pliegues mojados de su profesora, muy despacio, tomando cuidado para no lastimarla, ya que Valentina era extremadamente apretada.
Valentina arfó y abrió los ojos, encarando a Juliana. Mordió el labio inferior para evitar un gemido de satisfacción, ella se sentía completamente llena de nuevo. Juliana pronto ayudó a Valentina a acostumbrarse a su tamaño, forzando su cuerpo hacia arriba y hacia abajo, muy lentamente.
Valentina gimió de nuevo, se sentía perdida, mientras miraba al coño de la latina subir y bajar por su polla. Valentina lo percibió.
- Mira cómo vas a fondo... - Provocó completamente jadeante, embistiendo esta vez más rápido. Juliana apenas respiraba, pero eso no la impidió de golpear su polla en el interior del coño de Valentina.
Juliana la levantó y agarró su culo, sacando toda su longitud de dentro de la profesora, quedando sólo con el glande dentro de ella, y Valentina por sí misma se arrojó hacia abajo con brutalidad, sintiendo a Juliana acertar el fondo de su coño. Gritó, de placer. Repitiendo el proceso varias veces, de nuevo y de nuevo. Era su nueva adicción.
Valentina era muy apretada, dando una fricción demasiado buena. Juliana no era capaz de aguantar sujetar los gemidos. Ella no podía quitar sus ojos de aquella mujer. ¡Estaba maravillada! Nunca trepó tan bien en la vida, no podía creer que ella se estaba follando a su profesora, aquella profesora que tenía fantaseando a todos en la escuela, si, Juliana sabía que Valentina era deseada por todos en aquella escuela, hasta por sus profesores, especialmente el de educación física quien siempre miraba el trasero de su profesora.
- Eres muy apretada. ¡Dios, Valentina - Juliana agarró su culo con fuerza.
Valentina soltó gemidos al pie del oído de Juliana, mientras la misma forzaba su cuerpo hacia abajo, llenándola.
- Te siento... P-Suerte, s siento todo, Juliana - sentía cada pedazo de aquella carne dentro de sí, y carajo, era como encontrar las nubes a cada metida que le daba. Valentina no controlaba sus gemidos, ahora gritos, de placer.
Juliana no aguantaba más, estaba demasiado cerca de llegar al orgasmo, entonces volvió a golpear su polla dentro y fondo de Valentina. Ella metió con toda su fuerza, gruñendo y ceñiendo a su maestra.
Eso fue la gota de agua para que Valentina llegara, pero obvio que eso no fue suficiente para que Juliana se detuviera con las embestidas, firmes y fuertes, llevando a su profesora a experimentar enseguida un nuevo orgasmo. Ella nunca pensó que era capaz de tener orgasmos múltiples. Y claro que la noche pasada pensó haber sido cosa de su cabeza, pero ahora, allí en aquel momento, completamente sobria, percibió que Juliana le dio por segunda vez más una fosa maravillosa de orgasmos, que nunca, en un millón de años, su marido le daría.
Juliana era buena, podría convencerla para rendirse fácilmente, era sexy y atractiva, tenía la mano dura, gruesa, era sabrosa, era muy sabrosa.
¿Cómo Valentina podría soltar a esa chica?
Valentina no se acordó de la última vez que disfruto así con su marido. Ah, y lo mismo estaba en Japón, según él, tenía una reunión de negocios muy importante. ¿Quién diría que aquella empresa un día iría adelante?, pero por la forma que iban los negocios según su marido, él estaba realmente consiguiendo lo que siempre quiso.
3 de Febrero 2019
- ¿Val? - La voz de Juls trajo a Valentina de vuelta al presente. Parpadeó algunas veces antes de responder.
- Hola. - Los ojos cafés le miraban con tanto cariño, que ella no pudo dejar de sonreír.
- ¿... Luis vuelve hoy? – Juls preguntó. Valentina suspiró y asintió, ya sabiendo qué sucedería. Miró el reloj y el mismo marcaba 3 de la mañana.
- Tienes que irte. - Juls apenas asintió confirmando y Valentina gruñó al sentir el calor del cuerpo de la ojicafé alejarse. Juliana buscó su ropa, pero se dio cuenta que estaban todas en la sala, donde la noche de ellas apenas había comenzado.
Valentina se levantó, colocándose ropa cualquiera y siguió a Juliana hasta la sala principal, donde se encontraba la ropa completamente tirada en el suelo. Soltó una risa bajita, era siempre así, parecían dos desesperadas.
Juliana se vistió y lentamente caminaron hasta la puerta de entrada.
- Hasta pronto, profesora Carvajal. - Juliana dijo, con una sonrisa cínica.
“Idiota” Valentina pensó, pero sonrió.
- ¡Hasta pronto, Valdez! - Riendo, Valentina agarró su cara y le dio un beso de despedida.
Espera esta historia sea de su agrado.


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uyyyyy empezando por aquí. Saludos Escritora 🤭🤗