Stolitz week 2024

Summary

Stolitz week 2024💖

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
13+

Día 1: La mañana después

El mayordomo golpeó dos veces la elegante puerta de madera de la habitación principal del príncipe Goetia. Escuchó los ruidos durante toda la noche y sabía que a primera hora de la mañana, debía pasarse por el cuarto y activar el protocolo habitual. No fue una regla establecida entre él y su jefe, pero el pequeño imp se preocupaba por el hombre, ya que lo cuidó desde que era un pichón.



Blitz abrió la puerta con apenas ropa interior y su chaqueta negra puesta, básicamente semi desnudo y sin vergüenza ante el criado. Con un rostro aburrido y desconfiado, miró a los ojos al mayordomo mayor de Stolas y entrecerró sus ojos crueles hacia el tipo. Blitz sabía sobre la rutina del sujeto, venía cada mañana después de coger durante toda la noche para saber si todo estaba bien y si su señor necesitaba algún tipo de cuidado particular.


—Tú, enano —Blitz señaló al sujeto, quien arqueó una ceja con hartazgo hacia el contrario—. ¿Dónde consigo algo fresco? Hielo, agua, lo que sea.


—Lo traeré para usted —respondió el mayordomo imp con una expresión de pocos amigos, ya que el hombre de su señor Stolas era un cínico irrespetuoso—. Es una rutina después de todo. Una rutina ruidosa.


Murmuró sus últimas palabras. Realmente no tenía idea de qué carajos sucedía dentro de esas cuatro paredes durante toda la noche, no sabía si era sexo o una masacre. A juzgar por los gritos de pasión de su príncipe, de sus gemidos interminables y de sus ruegos, no estaba seguro de si era una rutina de placer o una tortura sadomasoquista del siglo diez. Lo único que sabía aquel simple mayordomo... Era que aquella cosa que su jefe estaba haciendo con ese imp rebelde y mal hablador, lo hacía feliz.


Y no podía luchar contra eso, ni él ni nadie, porque Stolas estaba ciego de amor por el delincuente que tenía en frente.


—No me mires como si fuera un gran problema o algo terrible —le reclamó Blitz por la forma retadora en la que lo estaba contemplando el criado, ya que siempre lo juzgaba como si fuera muy poca cosa para el búho—. A Stolas le gusta lo que le doy, Sebastian.


—Ese no es mi... —el mayordomo iba a reclamar, pero decidió suspirar resignado y acatar órdenes—. Olvídalo. De cualquier forma... Le agradezco.


Blitz cambió su expresión al escuchar al tipo, quien se dio la vuelta para buscar en la enorme cocina real todo lo que requería en ese momento. Blitz no entendió a lo que se refería al agradecerle, ya que aunque los dos eran imps, estaban en escalas muy diferentes en referencia a Stolas.


El mayordomo llegó hacia la puerta, le entregó una bandeja con agua y una cubeta de hielo. Aunque no supiera precisamente lo que sucedía entre ellos, quería proteger al príncipe desde su lugar. Blitz tomó la bandeja, lo miró a los ojos con incomodidad. En realidad, quería decirle... que todo lo que pasaba con Stolas era bajo el consentimiento de ambos.


Sin embargo, a esa altura jodida de las cosas, todo estaba tan mezclado y roto que no estaba seguro de si podía afirmar algo así y mantener su consciencia tranquila.


—Usted no tiene idea de cómo eran las cosas antes —le dijo el criado con una mirada fuerte de procesar. Ambos se quedaron en silencio, ya que fue una indirecta que Blitz no pudo comprender.


El mayordomo le ofreció una última reverencia, luego se retiró de allí porque ya no tenía más nada que hacer. Probablemente, aquel imp grosero y altanero no tenía idea de que su sola existencia hacía que la vida de Stolas fuera diferente. Y que él era el único que podía hacerlo sentirse pleno.


Efectivamente, Blitz entró a la habitación sin comprender de qué hablaba. Llegó con la bandeja al costado de la cama y dejó las cosas sobre la mesa de luz.


—Tu mayordomo es raro.


Le comentó a Stolas con una expresión desinteresada. El búho se cubrió el rostro con sus manos, acurrucado debajo de sus delgadas sábanas. Estaba bastante afectado, se sentía débil y afiebrado, incluso aún sintiendo el semen cubriendo sus muslos, vientre y escurriéndose por su entrada. Aunque a veces percibía que su cuerpo no podía resistir bien el ardiente ritmo de Blitz, no podía decir nada. Solo dejarse llevar, cerrar la boca y ser sumiso.


No quería alejar a Blitz. Le asustaba alejar a Blitz, todo el tiempo.


Su cuerpo afiebrado y herido tembló, Blitz nunca se quedaba mucho al día siguiente. Tenía que verse del asco, como un total desastre roto como para que el imp quisiera enmendar un poco todo lo que destrozó de su cuerpo. Y fue algo así, porque Blitz acercó un pañuelo húmedo y frío hacia su mejilla y lo retuvo, todavía con una expresión distante.


—¿De verdad estás bien? —preguntó al verlo de esa forma.


Blitz no sabía cuidarse a sí mismo, tampoco a las personas a su alrededor. No sabía cómo tener tacto, mucho menos con Stolas. No sabía que más ofrecer, además de su tiempo y un cuidado que no debía significar nada para alguien como él.


—Si, estoy bien —Stolas le respondió en voz baja. No miró a Blitz a los ojos, se relajó ante su manera de refrescarlo y se recostó de lado en la cama—. Fue un poco más rudo de lo normal... es todo.


Lo fue. Blitz solo perdió el control. Y Stolas no merecía ver esa parte. ¿No lo merecía, verdad? No, no tenía la culpa de que su interior fuera oscuro y que a veces su juego masoquista le dominara el cerebro y lo dejara absolutamente ciego. Palabras de seguridad, precaución... ¿Todo eso era necesario para alguien poderoso como Stolas? No lo entendía. No lo sabía.


Pero... Al verlo así, tan frágil y herido, sencillamente agachando la cabeza y aceptando todo lo que proveniese de él. Blitz, en el fondo, no sabía los detalles, pero si sabía que aquel hombre también estaba herido por dentro.


—Sabes... Yo... Pensé que podía ser así, porque... tú eres fuerte —trató de hablarle y ser sincero, a pesar de que empezó a sentirse muy nervioso al mostrar una pequeña parte sensible de él—. Lo que quiero decir, es que... Eh... Si es demasiado, dilo y me detendré.


Solo hubo silencio. No obstante, Stolas alzó sus ojos luminosos hacia el imp y le sonrió.


—Gracias por preocuparte por mi, Blitz.


Y esa sonrisa llena de luz hizo que el mencionado se sonrojara apenado, con su corazón empezando a latir fuerte. No recordaba haber visto una sonrisa tan hermosa departe de Stolas antes. Linda, sincera, sin lujuria. Era tan diferente a todo lo que veía de él normalmente.


—¡No me estoy preocupando, es sentido común en el sexo! —exclamó en pánico porque no sabía cómo reaccionar ante sus caóticas emociones—. No tienes mucho de eso, honestamente. Aunque... —le desvió la mirada con amargura e hizo una pausa de escasos segundos—. Quién soy yo para decir algo así. No me escuches, solo soy un cabrón hijo de puta.


Stolas sabía que no podía decir nada. O pretender algo más. Stolas sabía que Blitz no lo quería de la misma manera y, por eso, estaba bien así. No conocía otra forma de querer, o de hacer que las personas se quedaran. Así que lo aceptaba, aunque eso significara que asumir esa relación era un reflejo del desprecio que sentía hacia si mismo, del poco amor propio que tenía.


—... ¿Cómo eran las cosas antes de que viniera por el libro? —Blitz le preguntó eso porque, cuando su mayordomo vino y le implantó esa clase de dudas en la cabeza, algo se removió dentro de su cuerpo. Nunca se interesó por Stolas o su pasado, nunca le cuestionó que fue lo que pasó por su cabeza al destruir su matrimonio solo por sexo.


A veces, pensaba que él había tomado una decisión que lo hacía una persona horrible. Pero siempre recordaba que él mismo era una persona horrible, entonces no podía juzgar a absolutamente nadie. Lo más seguro era que, aunque solo fuera un entretenimiento, Blitz había provocado que las cosas en ese matrimonio sin amor se terminaran de romper.


No era sorprendente que fuera su culpa. Porque él siempre daba el remate para que las vidas de las personas terminaran arruinándose por completo.


—Tristes —respondió el búho, comenzando a cerrar sus ojos carmesí—. Aún más tristes de lo que ya son.


Entonces, Stolas se acurrucó a un lado del cuerpo de Blitz. Casi como si rogara por su cariño. Cerró sus ojos por completo, pasó su mano por la cintura del imp y se dejó llevar por su agotamiento.


—Cuando estás conmigo o cuando hablamos... Blitz. Tú. Tú eres el que hace que pueda sentir todas las demás emociones —susurró con voz somnolienta—. Y es fascinante que haya tanto color en el mundo... cuando estás junto a mi.


El príncipe se rindió ante su sueño y se quedó dormido. Anheló que de alguna manera, Blitz fuera capaz de ver esos mismos colores cuando compartían algunos minutos juntos. Cuando reían, cuando se miraban a los ojos, cuando se besaban. Cuando Stolas lo amaba en silencio.


Blitz entrecerró sus ojos con una tristeza irremediable. Pasó su mano por la cabeza del búho, entrelazó sus largos dedos por su plumaje y lo acarició, a pesar de que Stolas no podía sentirlo ya que estaba dormido.


—Me gustaría... que fuera diferente para mí. Ver algo más allá... del cielo gris.