Camelias

Summary

Este par de hermanos pasarán por diversas circunstancias con tal de sobrevivir a los fríos y observartes ojos de la clase alta. Argentina, como el hermano mayor y el único omega de la familia, busca una mujer a quien desposar, desea formar su propia descendencia como lo dicta las reglas de la sociedad. Uruguay, el alto y sonriente menor, oculta un inmenso amor y pasión hacia su hermano mayor, tratando de ocultar sus celos y su instinto de protegerlo como el Alfa que es, llegando a espantar a todas las posibles mujeres que se interesen hacia el albiceleste con tal de proteger lo que es "suyo". ¿Podrán ambos hermanos conseguir lo que tanto anhelan o seguirán las rigurosas reglas con la que fueron criados? 🌺 Incesto 🌺 +18 🌺Ambientado en la Época Victoriana

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Cap.1 Feliz y enojado

Caminó y caminó, paso tras paso con su nariz levemente hacia arriba, buscando en aquella gran casa ese dulce aroma que le hacía doblegar su cordura.

Cuando notó ese hermoso aroma de vainilla y flores lavanda suspiró aliviado, apurando su paso hasta una de las tantas habitaciones encontrándose con el dueño de aquellas suaves feromonas.

Se acercó lentamente con una sonrisa en su rostro hacia aquel omega que se encontraba viendo hacia la ventana pero...una vez cerca pudo notar las feromonas de tristeza y preocupación que soltaba el mayor, junto a sus facción triste, como si estuviera mirando a la nada pensando en una variedad de situaciones.


Hermano...


Soltó el uruguayo tocando delicadamente el hombro de su pariente, acercándose poco a poco, incluso más de lo debería, pero no podía evitarlo...su lobo se lo pedía de manera insistente estar cerca del mayor.


—Oh..que..¿Que pasa?


Atinó a decir el albiceleste, parpadeando varias veces para salir de sus pensamientos, girando su cabeza hacia el más alto, abrió levemente su boca a punto de hablarle pero solo se pudo quedar callado al sentir los fuertes brazos de su hermanito abrazándolo.

Argentina sólo pudo suspirar levemente, a veces el uruguayo parecía nunca haber madurado, siempre tan infantil y coqueto que le llegaba a preocupar lo que podría hacer en su ausencia.


Otra vez te haz escondido en la casa...¿Estás aflijo por lo mismo? Ya hemos hablado de esto hermano, me preocupa verte así, mírate, apenas y comes últimamente.


Aquel alfa abrazó un poco más fuerte al de baja estatura, realmente le consternaba la situación de aquel omega por lo que, de manera casi instintiva fue soltando suavemente sus feromonas para rodearlo, tratando de protegerlo de todo aquel que pudiera hacer sentir mal al mayor.

Tal vez aquello fuera visto de manera incorrecta ante los demás pero aquellos hermanos estaban acostumbrados a ese cariño y afecto tan íntimo y unido que tenían el uno con el otro.


— Uruguay, no es para menos, ya estoy en edad de casarme, y desde la muerte de nuestra madre ha caído el peso de la responsabilidad en mis hombros, como el mayor, debo conseguir una esposa antes de que el tiempo se desvanezca entre los dedos de mis manos...


Susurraba el albiceleste mientras le daba suaves palmaditas en la espalda al menor, ciertamente estaba preocupado, tenía mucho que hacer, por más que Uruguay fuera ya un adulto, debía mantener el legado de la familia, traer una mujer a casa antes de que las personas comiencen a señalarlos por “insuficientes”.

Claro que, a aquel alfa le molestaba bastante esa idea, él solo pensar en tener el aroma de una mujer en la casa le fastidiaba, y más al solo imaginar esos ruidosos tacones yendo de un lado al otro mientras se escuchaban los llantos de un bebé por toda la casa, ugh...solo pensarlo le daban nauseas.


Si tanto quieres a un niño ¿Por que no engendras uno?.


Respondió entre dientes, separándose poco a poco del mayor mientras fruncía el ceño.


Digo, tienes los genes para hacerlo, solo buscamos a un alfa, lo noqueamos y le sacamos lo “necesario”...aunque claro, yo también me ofrezco como candidato.


Llegó a sonreír llevando una de sus manos hacia su pecho en un suave movimiento, alardeando soltando más de sus feromonas para dejar en claro al mayor que era un alfa totalmente apto para traerle un hijo fuerte y sano, y si, cambiaba bastante rápido de humor y era consciente de ello pero..si habían llantos de bebés en la casa mínimamente le encantaría que fueran de sus propios hijos.

Argentina, en cambio, tras ver aquella escena, empezó a soltar unas suaves carcajadas negando con la cabeza, dejó su mano sobre su frente, como si estuviera recuperándose de lo que acababa de oír.


—Otra vez tu y tus bromas, solo recuerda que también es tiempo de que madures, estaría más feliz y aliviado una vez conozca a mi nuera y a mi sobrino, hermano.


Respondió con tranquilidad, ya acostumbrado a ese tipo de bromas del menor, le dio una leve palmada en el hombro al albi azul como despedida mientras se encaminaba a salir de aquella gran y amplia habitación para seguir con sus deberes.

Uruguay, por su parte, se quedó en su sitio, sintiendo un pequeño movimiento repetitivo en su ojo izquierdo. ¿Estar con una mujer omega y tener un cachorro?...no, era un rotundo no.

Su ser se negaba a vivir algo así, solo pensarlo hacia que su estómago sea un revoltijo, él no quería a una mujer omega...Él quería a su hermano omega, tan hermoso y fino, delicado y con una leve llama en sus ojos que atraería a cualquiera.

Si, él si era para el, y no iba a permitir que trajera a una mujer a esa casa, ya se había asegurado en llenar cada rincón de su hogar con sus feromonas, las cuales, eran una clara advertencia de pelea y dominio, marcando aquel lugar como su territorio.

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Al atardecer se quedó con su hermano en la bien decorada y amplia sala de estar que tenía una vista hacia el patio delantero, aunque...Él no veía aquel paisaje tan hermoso y lleno de flores que tenía en la casa, él observaba con admiración al argentino, quién, estaba sentado en un sillón individual, bebiendo cada tanto de una taza de té mientras leía unos papeles que seguramente eran importantes.


—Señor Argentina, el cartero trajo una carta de Sr. España el día de hoy.


Avisó aquella sirvienta, la cual, era una beta, acercándose al argentino con aquella bandeja de plata con el sobre perfectamente centrada en esta.

Argentina, dejó su taza delicadamente sobre la mesita que tenía a un lado para así, tomar aquella carta, agradeciéndole gentilmente a la chica para luego, abrir y leer lo que había en esta, siendo perfectamente observado con disimulo por su hermano sin saberlo.


—¿Sr. España otra vez? ¿Estás haciendo un tratado con el, hermano?.


Preguntó escondiendo toda la curiosidad que tenía, no le agradaba para nada que aquel alfa estuviera intercambiando tantas cartas con el omega, ¿De que tanto tenían que hablar?.


—Algo...algo así, ¡Por Dios, Uruguay, nuestra suerte acaba de cambiar!.


Respondió el más bajo aún sin poder contener su amplia sonrisa, estaba feliz, muy feliz, todo su esfuerzo habían dado frutos con aquel hombre codicioso.

Se levantó de inmediato y caminó hacia el alfa, entregándole aquellas hojas mientras caminaba de un lado al otro en la habitación, intentando ordenar sus ideas.


—Sr. España cuenta con varias hijas, ¡Y aceptó que pudiera acortejar a una! ¿Entiendes lo que cambia eso? Si Dios quiere al final de la temporada ya podría estar arreglando los planes de una boda, y tu también podrías elegir a una de ellas, son de muy buena casta, y su padre tiene buenos contactos con el exterior, ¡Podríamos incluso expandir el comercio de muestra madre!.


Argentina mantenía su sonrisa, estaba completamente feliz, muy diferente a como se encontraba ésta mañana, ahora podía ver un claro futuro para el y su hermano menor, pero...el uruguayo sólo miraba con terror las palabras escritas en aquella carta, sintiendo como sus manos temblaban levemente en una mezcla de ira y celos.

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“Para concluir, os estaré esperando a la hora del té en los siguientes días, vengáis a mi casa como si fuera vuestra, mis hijas estarán encantadas de conoceros.

Atte.: Sr. España”

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