Prólogo - Caos
A veces la vida nos golpea para volver a levantarnos.
Katsuki Bakugou había tenido que hacerlo muchas veces en su trabajo, su vida y la de otros dependía de que lo hiciera. Pero ¿Qué sucede cuando el golpe es tan fuerte que ya no puedes hacerlo, incluso aunque quieras?
Esa mañana habían recibido un llamado de emergencia quince minutos antes del cambio de turno, katsuki, quien ya incluso se había cambiado su uniforme soltó un gruñido con hastío antes de volver a desvestirse. Ni siquiera había podido beber su taza de café.
-Vamos, Bakubro –Comentó Kirishima dándole una palmada en su espalda desnuda.-. Será rápido y luego iremos a desayunar Waffles. –El buen humor y entusiasmo de su compañero y mejor amigo solo lo hicieron soltar otro gruñido de fastidio.
-Como sea, pero tu invitas. –Comentó colocándose ya su camiseta, dándole un empujón antes de salir corriendo al camión, donde se colocaron el resto de su equipo de rescate.
Hacía ya algunos años que él y Eijirou Kirishima habían salido de la academia de bomberosy habían terminado en la misma estación, donde ambos habían obtenido su certificado del Escuadrón de Rescate. Habían pasado por muchas cosas y habían visto muchas cosas juntos, más que compañeros, eran casi hermanos. Lo cual sorprendía a más de uno ya que sus personalidades eran totalmente opuestas.
Al llegar al lugar, fueron rodeados por el caos. Un edificio en llamas de alguna especie de empresa se alzaba sobre ellos, los edificios superiores estaban consumidos casi por completo por el fuego. Lo más probable es que si había personas allí, ya no había nada que hacer por ellas.Katsuki inspeccionó rápidamente a su alrededor, personas con quemaduras, golpes e incluso victimas llorando y corriendo. Los paramédicos atendían a los que podían mientras etiquetaban a las víctimas con tarjetas amarillas, rojas y… muchas negras.
Ese vistazo bastó para Katsuki hiciera a un lado su cansancio y su molestia para esperar órdenes.
Revisar los pisos que aún no eran tragados por las llamas, buscar víctimas y salir de allí. Algo que había hecho cientos de veces.
Y así lo hizo, entró y salió varias veces hasta que ya no vio más víctimas. Se quitó su mascarilla de oxígeno para respirar algo de aire fresco, cuando notó que no había una mata de cabello rojo a su lado ni a su alrededor, incluso cuando ya casi todos sus compañeros de escuadrón estaban fuera, a excepción del pelirrojo y Sero Hanta, un novato de cabello negro. Tratando de no preocuparse, tomó su radio, preguntando por ambos en el canal abierto. Nada.
Los minutos pasaron hasta que uno de los mencionados salió corriendo cargando a una mujer rubia con quemaduras en sus brazos.
-¡Hanta! –Corrió hacia él luego de que entregó a la mujer a los paramédicos- ¿Dónde carajos está el pelos de mierda? –Gruñó conteniendo su preocupación.
El chico se quitó el casco y su mascarilla, dio dos bocanadas de aire antes de responderle. Katsuki contó hasta diez para no tomarlo del cuello y apurarlo a hablar, después de todo no era su culpa que su tanque de oxígeno se hubiese vaciado casi por completo.
-Estaba conmigo hace un momento, me ayudó a sacar a la chica de una habitación en llamas al final del pasillo en la planta baja y tardamos un rato en sacarla –Pasó una mano enguantada por su frente sudorosa-. Cuando veníamos de regreso dijo haber escuchado algo y…
-Y el muy idiota volvió a revisar seguramente con su tanque casi en cero –Terminó por él en un gruñido. –Teniente, aquí Bakugou. Kirishima aún no regresa, pido permiso para entrar de nuevo. –Habló por su radio.
-Negativo, Bakugou, no hay más tanques de oxígeno. –Respondió este con voz neutra.
-Señor, aún me queda el suficiente oxígeno para entrar y salir, aún puedo…
-La estructura es muy inestable, caerá en cualquier momento. – Interrumpió el Teniente Shota Aizawa.
-Es mi amigo, por favor… -Dijo con los dientes apretados, la desesperación ganándole a su muy conocido orgullo.
-Ya no se puede hacer nada, Bakugou –Respondió esta vez con algo de pesar.
-A la mierda todo. –Dijo con ira colocándose nuevamente su máscara y su casco antes de correr nuevamente dentro del edificio antes de que alguien pudiese detenerlo. Para ese punto el edificio bien podría compararse con el infierno.
Caminó lo más rápido que pudo hacia donde Hanta le había indicado que habían estado, llegó al corredor y se quedó inmóvilcasi sin respirar, tratando de escuchar más allá del crepitar del fuego y partes pequeñas del techo cayendo.
Hasta que lo escuchó, fue débil pero pudo escucharlo, la alarma de emergencia del traje de Kirishima. Siguió el sonido hasta llegar a una amplia sala, donde un gran bulto se divisaba entre las llamas y las ruinas. Allí boca abajo, se encontraba su mejor amigo, con la mitad de su cuerpo aplastado por partes del techo de concreto que se habían desprendido. Eijirou, su mejor amigo, casi su hermano, apenas se movía.
Katsuki, sin pensarlo dos veces, corrió hacia él justo cuando el resto del techo empezaba a ceder de nuevo.
Lo último que recordaba era la voz de su Teniente en la radio portátil gritándole que saliera de ese edificio.