🌹 AMANTE 🌹
Nueva York
6:10 p.m.
Un día cansado, incluso más que de costumbre al tener que lidiar con gente -según sus propias palabras- incompetente. Detestaba estar a cargo de los recién egresados a la empresa de su padre.
Pero no tenía muchas opciones, Toga fue claro al respecto;
"Algún día estarás al frente, Sesshomaru, tienes que saber cómo se maneja cada área desde la más sencilla como puede ser de recepcionista hasta la presidencia. Esto será temporal y tienes que demostrar que Tenseiga quedará en las mejores manos una vez que yo me retire."
El trabajo extra de capacitar a los nuevos, más el estrés de la fuerte discusión con su esposa que tuvo en la mañana respecto al poco tiempo dedicado a ella, su falta de interés para convertirse en padre y el horrible incidente con su Audi R8 por el que tuvo que irse en Uber al trabajo. Hacían que sintiera que la cabeza le explotaría si no tomaba rápidamente algo para la migraña.
De camino a la salida de la empresa se aflojó el nudo de la corbata, buscaba una liberación con desespero. Abrió los ojos un poco descolocado al ver un coche demasiado familiar aparcado en la entrada, se quedó de pie tratando de asimilar qué hacía ella ahí.
La ventanilla se abrió y la vio sonreir coqueta haciendo una señal de que subiera al coche.
¿Ya qué más daba? De todas maneras no podía irse en su propio carro así que subió en el Volvo de aquella mujer de cabello negro y de exquisito trasero que lograban ponerlo duro de solo verla caminar de espaldas.
Sí, la conocía y demasiado bien, conocía su cuerpo y su alocada forma de ser y a ambas cosas las amaba por igual. Había veces que lo sacaba de quicio y su altanería no ayudaba en lo absoluto, pero lo había atrapado con su ternura y su forma de arriesgarlo todo por él sin importar consecuencias. Ella incluso había salido de su casa dejando a su familia porque se rehusaban a su relación.
-¿Qué haces aquí, Kagome? - Preguntó una vez adentro del coche. La vio alzar los hombros en un gesto despreocupado y le dedicó una mirada cómplice mientras se ponía en marcha.
-Supe que peleaste con tu esposa, no podía interrumpir tu trabajo pero si puedo ayudarte a bajar el enojo antes de que regreses a casa. - Sesshomaru frunció el ceño al recibir tan estúpida y confusa respuesta.
-¿A qué estás jugando? - Preguntó con la misma seriedad.
-¿Jugar? A nada. - soltó la palanca de velocidades solamente para acariciar la entrepierna del hombre. - Pero muero porque juguemos. - Dijo con ese delicado y sensual tono que lo excitaba fácilmente.
Kagome sonrió al sentir como el miembro tomaba rigidez con unas simples caricias por encima de la ropa y un comentario con doble sentido.
Muy a su pesar lo soltó para volver a tomar la palanca de velocidades y acelerar el carro hacia su destino.
Él se tomó el tiempo para analizarla, se veía tan linda y coqueta con ese corto vestido rosa que dejaba al descubierto su espalda y que gracias al moño despeinado podía deleitarse observando el tatuaje de luna menguante igual al que él tenía, ambos a media espalda.
Un tatuaje con tanto significado que solamente ellos conocían y los unían de una forma única ya que esa era la luna de aquella noche cuando se dijeron esas dos cortas palabras salidas directamente desde el corazón; "Te Amo", la misma noche en la que ella se entregó a él, dándole el privilegio de ser el primero y él egoístamente se encargó de ser el último. Sabía que era egoísta porque Sesshomaru antes de Kagome ya contaba con un número considerable de parejas sexuales, pero podía asegurar y jurar que ninguna como ella.
-No me mires así, me pones nerviosa. - dijo ella sonriendo sin apartar la vista de la carretera, cortando el hilo de sus pensamientos.
-Me agrada saber que aún consigo ponerte nerviosa. - Respondió él con una media sonrisa sintiendo como la simple presencia de esa mujer lograba bajarle el mal humor.
-Ya llegamos. - Canturreo al entrar al estacionamiento del hotel que aunque no era el más lujoso, estaba a las orillas de la ciudad en donde era poco probable que los reconocieran y levantaran habladurías.
Sesshomaru frunció el ceño y bajó del coche cuando ella también lo hizo.
-¿Qué diablos hacemos aquí, Kagome? - Preguntó tomando su mano deteniendo su andar hacia el ascensor que los llevaba a la recepción.
-Relájate, Sesshomaru, prometo no robarte tanto tiempo. A menos de que tú al final decidas quedarte conmigo toda la noche. - Contestó con tono meloso. - Intento hacer mi buena obra del día y regresarte de buen humor con la mujer esa que tienes por esposa.
Sesshomaru marcó más el ceño fruncido achicando los ojos mirándola tanto confundido como molesto por esa respuesta tan absurda.
-A veces se me olvida que te hace falta un tornillo. - Contestó él después de suspirar con resignación dejándose guiar al fin por ella.
-Oh, no te quejes, esa fue una de las razones por las que te fijaste en mí y no me puedes dejar. - Respondió jocosa. - La suite, por favor. - Pidió a la recepcionista.
Sesshomaru la dejó pedir pero al momento de pagar la quitó con delicadeza, nunca en su vida permitiría que una mujer le pagara la habitación de un hotel aunque haya llegado a él casi contra su voluntad.
Una vez les fue entregada la llave de su cuarto y fueron los únicos que entraron al ascensor, él habló continuando con la conversación que ella inició en el estacionamiento.
-Sí, no lo voy a negar, pero más que tu locura es esto lo que me tiene como un imbécil pensando en ti sin importar el lugar ni la hora. - Dijo en tono ronco cuando estando detrás de ella la tomó de la cintura y la hizo mover las caderas restregando sus nalgas en su miembro que se ponía firme rápidamente.
La escuchó suspirar y reír satisfecha con la nueva actitud más "accesible" por parte de él. Kagome se levantó el vestido dejando a la vista la tanga negra y siguió refregando las nalgas en la entrepierna de Sesshomaru que soltó un gruñido de excitación.
El ascensor paró y antes de que las puertas se abrieran, Sesshomaru acomodó la ropa de Kagome nuevamente, no se arriesgaría a que otra persona viera de esa manera el cuerpo de su chica.
La escuchó reír bajito y salió jalándolo de la mano hasta llegar a la habitación asignada, ella abrió la puerta y ambos entraron. Apenas se disponía a cerrarla cuando se vió apricionada entre el grande y duro cuerpo de Sesshomaru y la fría puerta de madera.
-No entiendo del todo tu juego y me parece molesto hasta cierto punto, pero esta parte sí me agrada.- dijo él mientras acariciaba con vehemencia el cuerpo femenino y restregaba su miembro de nuevo entre su delicioso trasero.
-Sí, así... Mmhm.- jadeaba ella. - Déjate llevar, Sessh.
Como pudo giró entre sus brazos quedando ahora de frente, lo besó con pasión antes de empujarlo suavemente deteniendo su faena.
-Ve a sentarte, cariño. - Solamente Sesshomaru sabía que detrás de ese tono suave y dulce se ocultaba una orden.
No peleó, no le contradijo a pesar de que lo que menos quería era alejarse de su adictivo cuerpo. Chupó el labio inferior de la dama antes de romper del todo ese rico beso y se fue a sentar en el borde de la cama, tal como ella le había dicho.
-Es tan hermoso verte así.- dijo Kagome con una enorme sonrisa de autosuficiencia y satisfacción, recorriéndolo con la mirada de pies a cabeza. - Perdiendo la imagen que tienes ante el mundo de "señor perfecto, frío y apacible".
Kagome dió un paso al frente dejando un pie delante del otro, modelando a propósito dándole una imagen de su cuerpo estilizado cuando tomó el borde de su vestido y lo sacó por encima de su cabeza, subiendo los brazos y curvando a propósito la espalda solamente un poco para marcar más las curvas de su cintura y sacar lo suficientemente el pecho para que sus senos desnudos captaran la atención de Sesshomaru.
Él ya sabía que Kagome no llevaba sostén, lo supo hacía unos instantes cuando había recorrido su cuerpo con ardientes caricias, sin perder detalle alguno de la provocativa caminata de la pelinegra hacía él, terminó de retirarse la corbata y casi con desesperación desabrochó su camisa aventandola por algún lado de la habitación.
Kagome dió otro paso con tortuosa calma y abrió la pinza que sostenía su melena azabache dejando caer sus suaves ondas con gracia entre su espalda, los hombros y los pechos.
Un paso más y ahora sus manos se dirigieron a cada lado de sus caderas con la clara intención de retirar su tanga hasta que la ronca voz de Sesshomaru la hizo frenar.
-Déjatela puesta.
Kagome sonrió con la petición del platinado y así lo hizo. Con nada más que la tanga de encaje se acercó a Sesshomaru y se arrodilló frente a él, mirándolo a los ojos desabrochó el cinturón y después el pantalón, lo hizo levantar levemente las caderas y retiró toda la ropa incluído el ajustado Calvin Klein. Se mordió el labio inferior cuando el miembro totalmente erecto se balanceó frente a su rostro, ignorando la sonrisa arrogante de Sesshomaru lo tomó con ambas manos y comenzó a masajearlo sintiendo como se le hacía agua la boca. No esperó mucho más y dejó besos húmedos desde la punta hasta los testículos, los lamió y engulló sin dejar de frotar de arriba a abajo el pene que ya destilaba líquido preseminal.
Sesshomaru jadeaba sin perder detalle de la mujer arrodillada frente a él y acariciaba suavemente su cabello negro. Cuando la sintió meterse el miembro hasta el límite de su garganta, sus manos por inercia tomaron con fuerza un puñado de esos cabellos ganándose un gemido por parte de ella. Kagome dirigió sus ojos a los dorados de Sesshomaru y sin dejar de mirarlo comenzó a mamar de arriba a abajo hasta donde su boca le permitía sobre la longitud del hombre que la veía embelesado.
Muy a pesar de Sesshomaru, Kagome se detuvo para tomar su cartera y sacar un preservativo, él la conocía como la palma de su mano y sabía que estaba excitada, lo deseaba tanto como él a ella, pero la conocía tan bien que pudo ver a través del brillo de sus ojos un destello de tristeza cuando deslizó el condón por su pene, ella era consiente de que él no quería ser padre y nada podía hacer para obligarlo. Respetaba su decisión aunque ella sí deseara hijos. La vio cerrar un momento los ojos como deshaciéndose de esos pensamientos y de nuevo se levantó dándole la espalda con toda la intención de hacerlo desearla más -si es que eso era posible-. Sesshomaru la jaló ganando una risita coqueta por parte de Kagome, y mientras besaba la tibia y blanca piel de su espalda. La pelinegra corrió a un lado la tanga que le estorbaba y se dejó deslizar sobre el miembro de Sesshomaru, gimiendo al sentirlo abrirse paso dentro de ella.
-Oh, sí!- Soltó en un suspiro de satisfacción al ser llenada por el hombre.
-Muevete, nena. - incitó dandole una sonora palmada en una nalga dejando la visible marca roja de sus dedos en ella.
Kagome jadeo y así lo hizo, comenzó a moverse despacio pero preciso disfrutando el dolor de tenerlo totalmente adentro de ella.
Sesshomaru se deleitaba con la calidez y estrechez de su interior deslizándose sobre su falo y sin resistirse por demasiado tiempo al tortuoso ritmo tranquilo de la ojiazul, se apresuró a tomarla por la cintura para acelerar el ritmo dándole encuentro alzando sus caderas.
-Sí, Sessh, sí. - Ella gimió complacida y Sesshomaru sin salir de ella ni perder el ritmo se levantó guiándola hasta el gran ventanal que daba al bancón, enredando su mano derecha en la melena azabache haciéndola llevar la cabeza hacia atrás y curvar su espalda aumentó la potencia de las embestidas, Kagome tuvo que sostenerse con ambas manos del cristal para no golpearse.
-¿A eso me trajiste aquí? - Cuestionó con un tono malvado y lujurioso. - Dime, Kagome ¿Estás complacida? -Se acercó a su oído para besarle el lóbulo de la oreja. - ¿Te está gustando? - Kagome no podía hacer más que gemir y Sesshomaru impaciente por recibir una respuesta apretó más el agarre en sus cabellos. -¿Mmm? No te escucho, Kag.
-¡Sí! ¡Dios, sí! - gritó sin poderse contener.- ¡Me encanta! - confesó con los dientes apretados.
Las embestidas no paraban ni disminuían la velocidad casi violenta. Ni siquiera lo hizo cuando Sesshomaru soltó su cabello para tomarla por los pechos, encantado como siempre por la suavidad de ellos los acarició para después abrazarla por la cintura con el brazo izquierdo y dirigir su mano derecha a ese botón hinchando en su entrepierna, frotándolo con experiencia fué cuestión de segundos para que Kagome perdiera las fuerzas en las piernas a causa del avasallador orgasmo que la azotó, provocando así la culminación del hombre que la poseía sin piedad.
Ambos aún con espasmos, Sesshomaru siguió bombeando un poco más hasta vaciarse por completo en el preservativo. Besando con amor la espalda de Kagome antes de salir de su interior y tomarla en brazos para llevarla a la cama en dónde se posicionó sobre ella y la besó con anhelo.
-Eres maravilloso. -Dijo ella satisfecha cuando se recostó sobre sus pechos dando un ligero beso a cada uno.
-Lo sé. - Contestó él sin más.
-¡Dios! Eres un arrogante de lo peor. - Recriminó Kagome entre risas.
-Tambien lo sé.- Volvió a decir él antes de perderse entre su cuello besándolo con deleite. - Pero me amas, y yo te amo más que a mi vida. - Le dijo sincero haciéndola suspirar.
-Estás húmedo. - Le dijo sonriendo mientras acariciaba su ancha espalda.
- Sí, después de tal actividad es normal sudar. ¿Quieres que me de una ducha? - preguntó viéndola a los ojos.
-Creo que es una buena idea. - Respondió con una tierna sonrisa.
Sin perder el tiempo Sesshomaru se puso en pie y le dió la mano para ayudarla a levantar para que lo siguiera al baño, sin embargo Kagome declinó la invitación amablemente.
-Adelántate, en un momento te alcanzo, necesito un par de minutos más para recuperarme. - Sesshomaru no ocultó su sonrisa soberbia y presumiendo su desnudez se dirigió al baño.
Sin embargo Kagome nunca apareció, él incluso demoró su ducha esperando su compañía pero fue en vano. Cuando salió del baño se encontró con el cuarto vacío, la ausencia de la joven lo descolocó un poco. Notó que había tenido la amabilidad de doblar su ropa y sobre ella había una nota con su delicada caligrafía.
Cumplí con mi propósito, es momento de irme y tú de que regreses a casa. Ahora que ayudé a bajar tu mal humor será más fácil tolerar a esa arpía.
Volveré cada que me necesites.
Te ama, tu Kagome.
Sonrió resignado a que jamás terminaría de entender a esa mujer, dobló la nota y una vez vestido la metió en la bolsa de su pantalón, buscó sus zapatos y descubrió que debajo de uno de ellos estaba una pulcera de oro rosa. La reconoció de inmediato por su diseño único, era hecha única y especialmente para Kagome, él mismo la mandó hacer para ella como regalo de su último cumpleaños, con la promesa grabada de Te amaré siempre. La guardó junto a la nota sabiendo que muy probablemente se cayó cuando hicieron el amor y ella no la vió.
Salió de la habitación utilizando su celular para llamar un Uber, bufó con sentimientos mezclados entre diversión y frustración al ver que Kagome solamente lo había dejado y alejado más del camino a su casa.
🌿
Una vez en las puertas de su hogar se encontró con el exquisito aroma de la cena que su esposa terminaba de alistar, mientras tarareaba una canción.
-Haz llegado, cariño. - Celebró ella quitándose los guantes de cocina para acercarse a él y besarlo en los labios ignorando su cabello húmedo. -¿Cómo te fue hoy en el trabajo? - preguntó regresando a lo suyo.
-Bien. - Mintió no queriendo tocar el tema que le provocaba dolor de cabeza solamente de pensarlo.
-Que bueno. Fuí al taller a ver cómo van con la reparación de tu auto, lamento mucho haberlo chocado.
-No hablemos de eso. ¿Qué te dijeron del auto?- Preguntó sentándose en una silla del comedor mientras se masajeaba las cienes.
-Una buena noticia, mañana mismo me lo entregan, si gustas puedo llevártelo a la oficina al salir y podemos venirnos juntos a casa. -Propuso sonriendo y terminando de servirle el plato lleno de comida.
-Está bien, gracias. - Ella se acercó para abrazarlo por la espalda, pasó sus brazos por su pecho y le dió un beso en la mejilla antes de sentarse junto a él para cenar. - Mañana no cocines, te invito a cenar fuera.
La mujer sonrío y asintió feliz por la invitación.
La cena transcurría en silencio y Sesshomaru se dió cuenta de lo vacía y fría que se sentía la casa, comprendiendo el ferviente deseo que su esposa tenía por un hijo.
Su estancia en el hotel había bajado considerablemente su estrés, haciéndolo pensar con la cabeza fría dándose cuenta que el incidente con su Audi no era para tanto, mañana mismo se lo entregarían y sin embargo fue motivo para discutir con la mujer frente a él que tanto se esforzaba por complacerlo. Quizás también era cierto que el trabajo le robaba mucho tiempo que por desgracia le reducía a ella, teniendo razón en estar molesta. Con esa idea taladrando su conciencia la tomó de la mano.
-Perdóname, a partir de mañana saldré más temprano del trabajo y haremos lo que te plazca. - Fue consciente de como se le iluminó el rostro de felicidad. Daba igual si su padre estaba de acuerdo con la decisión o no.
Una vez terminaron de cenar él recogió la mesa y se ofreció a hacerse cargo de la limpieza de los trastes.
Cuando entró a su recamara la encontró ya con su delicada pijama de seda, cepillando su cabello frente al espejo.
Se desvistió y se metió en la cama para esperarla, ella le sonrío en el reflejo del espejo y lo cautivó con su infantil caminar hasta la cama. Apagó la luz de su mesita de noche y se giró para recostarse sobre su pecho como cada noche.
Sesshomaru tomó su mentón obligándola a levantar el rostro y la besó, la besó con el amor que tenía tiempo no le demostraba. Le acarició la espalda y fue arriscando el corto camisón para sacárselo por la cabeza.
-No creí que estuvieras de humor. - Dijo ella con esa boba sonrisa que siempre tenía a su lado.
-Para hacerle el amor a mi esposa siempre estoy de humor. - Respondió besándole el mentón bajando sus besos al blanco cuello de la mujer que suspiraba complacida.
-Pensé que...
-Lamento lo que te haya hecho pensar, fui un idiota. Ahora solamente déjame amarte. - Se retiró el boxer y Kagome se estiró para sacar un preservativo del cajón de su mesita de noche pero antes de que lo llevara a sus dientes para romper el empaque, Sesshomaru se lo arrebató.
-Ya no lo necesitamos. Mañana mismo los tiraré todos. - Prometió y a pesar de la falta de luz fue testigo del brillo en su mirada al saber el significado de sus palabras.
Volvió a besarla y a mimar su cuerpo preparándolo para su encuentro pasional, acariciando y besando cada centímetro de piel, pronto la humedad que goteaba de núcleo entre sus dedos le indicó que su esposa estaba lista para recibirlo.
-Ven, arriba. - Llevó a la mujer totalmente desnuda a posicionarse encima de él y sostuvo su miembro para que ella misma se penetrara.
Sesshomaru no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos del placer que le hacía sentir la textura, el calor y la excelente humedad de su interior sin el látex del condón.
La mujer comenzó con sus movimientos que aunque lentos eran maravillosos porque no solamente se movía de arriba hacia abajo, sino también se meneaba de adelante hacia atrás en cada dulce estocada.
Sesshomaru abrió los ojos porque no quería perderse el espectáculo que era ver a su mujer montándolo como una diosa.
Tomó amobos pechos con las manos cuando no resistió verlos balancearse sin recibir atención alguna. Los apretó levemente y amasó a su gusto.
Su esposa gemía con la boca abierta mientras su cara estaba en dirección al techo con los ojos cerrados, pero él no quería eso.
- Mírame. - Le ordenó bajando una de sus grandes manos a una de sus nalgas. Ella obedeció y bajó la cabeza para mirarlo a los ojos. -Dime que me amas.
-Te amo con locura. - Contestó ella sin dudarlo.
-Dime que estarás siempre a mi lado. - Volvió a ordenar mientras la mano que estaba su pecho subía por su cuello hasta su rostro y acariciaba sus carnosos labios.
-Estaré siempre a tu lado. No te dejaré ir nunca, lo prometo. - Respondió ella antes de meterse a la boca el dedo que acariciaba sus labios, chupándolo morbosamente como si le hiciera una felación.
Sin resistirse a esos tentadores labios se incorporó hasta quedar sentado para abrazarla y acariciarla como si fuera la primera vez explorando las fascinantes curvas de su menudo cuerpo.
Besos húmedos y apasionados que no dejaban lugar a dudas sobre el sentimiento mutuo que compartían. Caricias ardientes y necesitadas por el calor de la piel contraria. Y sus sexos tan unidos que sentían poder tocar el cielo.
Sesshomaru la recostó sin romper su unión, porque sería criminal salir de las cálidas y apretadas paredes de su intimidad que lo estrujaban negándole pensar en otra cosa que no sea el placer adquirido solamente con el cuerpo de la mujer entre sus brazos.
La tomó de la cintura y embistió con más fuerza, moviendo sus afiladas caderas como en una danza erótica que tocaba puntos extremadamente sensibles para la mujer debajo de él.
La mirada masculina viajaba de la unión de ambos cuerpos, excitado al máximo por ver su pene brillando por la miel de su esposa y su coño finamente depilado para subir hasta su rostro deformado de placer, con los labios hinchados por los besos y ligeramente separados soltando provocadores sonidos que solamente lo motivaban a moverse y adentrarse más.
Tomó sus largas piernas y se echó una en cada hombro para lograr una penetración más profunda. Podía sentir sus testículos golpeando los glúteos de la fémina y la vió llevar una mano a su boca intentando inútilmente tapar el grito que brotó de su garganta al sentirlo casi partirla a la mitad.
No pudo ignorar la fuerza que abrazaba su hinchado miembro, ella estaba a punto de terminar.
-Te prohíbo correrte. - Dijo con voz ronca y entrecortada.
Era malvado, él también quería correrse pero estaba haciendo todo lo humanamente posible para no hacerlo.
Pero, ¿qué era el sexo sin un poco de tortura?
Para ellos era como una comida sin sal. Como una competencia en la que el gane estaba comprado, sabían quién sería el ganador pero sin disfrutar el verdadero sabor de la victoria.
La hizo girar sobre la cama y aunque intentó no romper su unión, no lo logró pero fue cuestión de un par de segundos en los que se tomó la verga y se dejó ir de nuevo en el interior del coño de la mujer.
-Levanta el culo.- Ordenó dándole una nalgada y la escuchó gritar.
Con el cuerpo entero temblando, ella hizo lo que se le ordenó. Sesshomaru la tomó apretó ambas nalgas y las separó un poco dejando ver el orificio tracero de su mujer, con la lujuria bailando entre sus ojos dejó caer un poco de saliva y con el pulgar lo esparció por esa entrada, ni siquiera le avisó cuando metió todo el dedo gordo dentro de ella provocando un grito más intenso y que su espalda se arqueara.
-¡Ya no puedo más! Por favor... Sessh... -Rogaba por su liberación.
-¡No! - Respondió con los dientes apretados porque él mismo se estaba conteniendo.
Retiró el dedo de su recto y tomándola por los antebrazos para obligarla a levantarse.
-Mirate. - Dijo viendo el reflejo de ambos en el espejo del tocador que quedó frente a ellos. - Eres tan hermosa, sería un desperdicio no verte mientras de corres para mí.
Las embestidas aumentaron al punto de parecer violentas y la erótica imagen de las expresiones de ambos frente al espejo fue el límite de Sesshomaru.
-Hazlo ya, mi amor, córrete en mí.
No lo pensó dos veces y con un grito ahogado liberó su orgasmo contenido empapando la virilidad que seguía bombeándola y junto a ella Sesshomaru también se dejó ir derramando su semilla en lo más profundo de su esposa, no dejó de penetrarla hasta que la última gota de semen quedó dentro de ella.
Extasiado cayó junto a la mujer sobre la mullida cama y antes de abrazarla contra su pecho, se levantó aún con la respiración irregular y se dirigió a la ropa que recién se había quitado para sacar algo de los bolsillos y regresar a lado de ella.
-Ten más cuidado la próxima vez, tuve suerte de verla antes de salir del hotel. - Dijo extendiéndole la pulcera que había encontrado. Ella sonrió y la tomó.
-Gracias.- Dijo poniéndola en su mesita de noche, él se limitó a asentir y la abrazó colocándola sobre su amplio pecho.
-¿Por qué te comportaste de forma tan extraña el día de hoy, Kagome? La próxima vez que decidas actuar como loca por favor avísame. - Se burló sonriendo y Kagome mordió uno de los dedos que le acariciaba el rostro.
-Saliste muy enojado por la mañana y sabía que un mensaje no bastaría. Creí que sí esperaba en casa a que volvieras, llegarías con el mismo mal humor y no quería volver a pelear. Por eso fui a buscarte, jugué a ser tu amante y parece ser que resultó mucho mejor de lo que esperaba. - Respondió jocosa mientras delineaba con uno de sus finos dedos el pecho marcado de Sesshomaru.
-Juego de roles.
-Mhmm.
-Nunca había pensado en tener una amante, pero podría acostumbrarme a esto. - Dijo él en ese tono bromista que casi nunca utilizaba. Kagome sonrió al ver que su juego había sido aceptado de inmediato.
-Sessh, sobre el tema del bebé... - Levantó el rostro para verlo a los ojos. - No te sientas presionado, sé que es algo que no está en tus pla...- No pudo terminar la frase porque su esposo selló sus labios con un beso.
-Te amo y desde el momento en que te besé por primera vez supe que quería todo contigo, ya te hice mi esposa y si tú te sientes lista para ser mamá, seré el hombre más afortunado por hacer tu deseo realidad.
Kagome sonrió, bajó el rostro recostandose nuevamente sobre su pecho y se mordió el labio inferior intentando contener las lágrimas.
Sesshomaru la apretó un poco más fuerte y besó su cabello negro.
-Habrá que ver cómo reacciona mi amante al saber que embaracé a mi esposa. - Bromeó en un tono bastante serio.
-Maldita rompe hogares. - Contestó Kagome después de soltar una carcajada.
Y así entre bromas y sonrisas Sesshomaru volvió a disfrutar del divino cuerpo de su esposa, gozando de la exquisita sensación de hacerle el amor sin ninguna barrera que le impida sentirla piel con piel, experimentando como la calidez del suave interior de su vagina lo lleva al éxtasis más rápido de lo habitual, arrepintiendose de haberse negado tal placer por tanto tiempo.
Hello! Soy nueva en esta plataforma, habrá quienes ya me conocen por mis historias en Wattpad. Debido a las recientes restricciones de dicha plataforma he decidido traer mi trabajo a Inkitt.
Espero que les haya gustado esta historia que tenía un tiempo entre mis borradores, házmelo saber en los comentarios, será un placer leerlos ❤️
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