Eres mía

Pov Haneul
Había sido transferida a este nuevo instituto, pero al parecer no llegué sola: Reuseok también estaba aquí.
Caminaba por los pasillos de la escuela, distraída, cuando vi a un grupo de estudiantes correr apresuradamente, como si algo extraordinario estuviera pasando.
—¿Qué está pasando? —pregunté, deteniendo a una chica que pasaba a mi lado.
—Son los gemelos —respondió ella, y sin darme más explicaciones, salió corriendo tras los demás.
—¿Los gemelos? ¿Qué quiso decir con eso? —murmuré para mí misma, confundida.
Volteé la mirada y entonces los vi: dos chicos idénticos, caminando con una actitud seria, como si nada ni nadie pudiera importarles. Tenían cara de pocos amigos, y todos a su alrededor se apartaban para dejarles paso. De repente, uno de ellos giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los míos. Podría jurar que, por un segundo, vi cómo una sonrisa se formaba en sus labios. El otro, en cambio, me miró fríamente y siguió de largo sin detenerse.
—¡Haneul! —escuché que me llamaban.
Al girar, vi a Reuseok y sonreí al instante.
Reuseok era una chica alta y delgada, de cabello castaño y ojos oscuros. Era muy amable y sincera; siempre podía contar con ella, y nunca le daba miedo decir lo que pensaba tal cual lo sentía. Compartíamos muchos gustos, aunque a veces teníamos nuestras diferencias, pero la apreciaba muchísimo.
—Llegaste temprano... —le dije.
—Bueno, en realidad acabo de llegar —respondió ella, acercándose—. Oye, ¿por qué había tanto alboroto hace un momento? ¿Acaso llegó un ídol o algo así?
—Pues... al parecer son unos gemelos. Dicen que son los "chicos malos" de esta escuela —le conté, y sin querer, mi mente volvió a la sonrisa de aquel chico—. Todos les tienen miedo.
—¿¡EH?! ¿Acaso ellos mataron a alguien para que todos les teman tanto? —preguntó sorprendida.
—No lo sé... la verdad es que no sé nada más.
Reuseok y yo decidimos quedarnos juntas ese día. Las clases transcurrieron con normalidad. Conocimos a nuestros compañeros, y todos fueron muy amables y atentos con nosotras, lo cual me hizo sentir un poco más tranquila en este lugar nuevo.
Cuando llegó la hora del receso, Reuseok se adelantó hacia el comedor, pero yo me quedé un momento buscando mi celular dentro de la mochila. Cuando por fin lo encontré, sonreí al ver la pantalla: mi foto de fondo era la imagen de un grupo de música muy famoso, mi banda favorita.
Estaba a punto de salir del salón cuando de repente lo vi a él, parado justo en la puerta, bloqueando el paso.
—¿Qué es tan interesante que miras en ese celular? —preguntó con voz tranquila, pero fija en mí.
—¿Quién eres tú? —respondí, sorprendida.
—¿No me conoces? —dijo con una media sonrisa—. Soy Jo Young Min.
—J-Jo Young Min... —repetí, recordando el nombre.
—Eres nueva... ¿cierto?
—Sí, así es.
Se quedó callado un instante, y luego me preguntó de la nada:
—¿Te gustan los animales?
—¿Eh? ¿A qué viene esa pregunta? —dije, confundida por el cambio de tema.
—Que si te gustan o no —insistió, sin perder la calma.
—Sí... claro que me gustan.
—Genial —sonrió con más amplitud—. Ven conmigo.
—Espera... no puedo. No te conozco bien y, además, tienes muy mala fama aquí —me negué, retrocediendo un paso.
—¿Mala fama? ¿Por ser el "chico malo"? —dijo, como si le divirtiera—. ¿Crees que realmente soy malo?
Asentí levemente, pues era lo que todos decían.
—No lo sé... es lo que dicen todos.
—¿Sabes? Es malo juzgar a alguien sin conocerlo —se acercó un poco más, y su sonrisa se volvió misteriosa—. Al final, la mala eres tú por juzgarme.
—¡No es eso! —negué rápidamente—. Es que... no tengo tiempo ahora —intenté pasar a su lado, pero él me detuvo suavemente y me acorraló contra la pared. De cerca, me di cuenta de que era mucho más guapo de lo que había visto antes.
—Vamos, no te haré nada —dijo, y me tomó de la mano con suavidad, llevándome con él.
Caminamos hasta llegar a la parte trasera de la escuela, un lugar tranquilo y alejado de todo el ruido.
—¿Qué hacemos aquí? —pregunté, todavía insegura.
—¡Minsung! —llamó él en voz alta.
De entre unos arbustos salió corriendo un perrito pequeño, de pelaje suave y ojos tiernos; era una hermosura. Young Min se agachó y empezó a jugar con él, acariciándolo con mucho cariño. Cuando se dio cuenta de que lo observaba, levantó la vista hacia mí.
—Lo abandonaron aquí hace unos días... —dijo, y su voz sonó mucho más suave y triste que antes—. No puedo llevármelo a casa, ya tengo una mascota y mi hermano también.
—¿Tu hermano? —pregunté.
—Kwang Min... mi hermano menor —aclaró.
—¿¡EH?! ¿Tu hermano menor? ¿El chico que es tu gemelo? —pregunté totalmente sorprendida.
—Así es. Aunque muchos creen que yo soy el pequeño, por mi forma de ser —añadió con una sonrisa—. Pero no, él es el menor.
—Entonces... tú no eres malo, ¿verdad? —me atreví a preguntar.
En ese momento, su expresión cambió por completo. La sonrisa dulce se transformó en una mirada fría y una sonrisa casi sádica, que me dio un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.
—Que sea bueno contigo no significa que sea bueno con todos, Haneul —dijo con voz grave—. Y sabes... jamás había sentido esto por nadie, pero creo que me gustas.
—¿Qué?! —retrocedí, asustada y confundida—. Espera... apenas me conoces.
—Es amor a primera vista —afirmó con seguridad.
—Eso no existe... mejor me voy —dije, y di media vuelta para alejarme.
Salí corriendo, pero no vi por dónde iba y tropecé con alguien. Al levantar la vista, me encontré con el otro gemelo: Kwang Min.
—Vaya... así que eres la chica que le gusta a mi hermano —dijo él con una sonrisa tranquila—. ¿Estás bien?
—S-sí... gracias —respondí, recuperándome.
—Es la primera vez que veo a alguien llamar su atención de esa forma... eres muy afortunada —comentó, mirándome con curiosidad—. Young Min no suele interesarse tan fácilmente por nadie.
—¿De verdad? ¿Crees que... que de verdad le gusto? —pregunté, empezando a sentir culpa.
—Sí. Eres la primera persona a la que le ha prestado atención así. Él suele ser muy frío y distante con todos.
—Entonces... creo que lo traté muy mal hace un momento —dije, sintiéndome arrepentida.
—Pues él no es de los que se rinden fácilmente. Cuando algo le gusta, va por ello hasta el final —me advirtió con una media sonrisa—. Así que no lo tendrás tan fácil para escapar de él.
—Haneul! —escuché que me llamaban. Era Reuseok, que venía corriendo hacia nosotros.
Cuando Reuseok vio a Kwang Min, se detuvo en seco. Él tampoco podía apartar la mirada de ella, pero rápidamente desvió la vista y se puso serio.
—Young Min suele ser muy celoso... así que no te juntes mucho con otros chicos, o podrías tener problemas —me susurró Kwang Min al oído antes de irse—. Nos vemos, Haneul.
Al pasar al lado de Reuseok, volvió a mirarla un segundo antes de seguir su camino.
—¿Ese es el chico que te sonrió y del que me hablaste? —preguntó ella, con un tono un poco decepcionado.
—No... ese es su hermano. El otro es Young Min —le aclaré.
—Ah... ya entiendo —sonrió, aliviada.
Antes de que se acabara el tiempo del receso, fuimos juntas a comer algo rápido.
~ Más tarde ~
Estaba saliendo de la escuela, cuando vi a Young Min parado cerca de la entrada. Había un grupo de chicas mirándolo desde lejos, susurrando entre ellas. En cuanto él me vio, sonrió y caminó directo hacia mí.
—Te acompaño a casa —dijo, y sin pedir permiso, me quitó la mochila del hombro para llevármela él.
—¡Oye! ¡Devuélvemela! —le reclamé, aunque no con mucha fuerza.
Él simplemente siguió caminando y no tuve más remedio que seguirlo. Por el camino, nos detuvimos y compramos un helado; todo se sentía mucho más tranquilo y natural ahora.
—Oye... discúlpame —le dije de repente, bajando la mirada.
—¿Por qué? —preguntó, dándole una lamida a su helado.
—Por lo que pasó en el receso... fui muy grosera contigo y juzgué sin saber —confesé—. Creo que reaccioné muy rápido.
—Tranquila, yo también me apresuré mucho —respondió con una sonrisa suave—. ¿Me das una oportunidad para empezar de nuevo?
Asentí sin dudar.
—No te arrepentirás —prometió, con esa sonrisa que ya empezaba a gustarme.
Me acompañó hasta la puerta de mi casa.
—No era necesario que vinieras hasta aquí... —le dije.
—Lo sé, pero quería hacerlo —respondió simplemente.
—Oye... sobre el perrito, Minsung... —empecé a decir, nerviosa—. Yo podría adoptarlo si quieres. Tengo espacio y me encantan los animales.
—¿En serio? —sus ojos brillaron de emoción, como los de un niño pequeño.
—Sí, claro que sí —le sonreí.
Young Min se despidió y se marchó caminando alegremente. Yo me quedé parada en la puerta, sintiendo cómo mi corazón latía mucho más rápido de lo normal.
~ Al día siguiente ~
—Haneul, ¿quieres acompañarme a la sala de deportes? —me preguntó Sun Min, una compañera que habíamos conocido el día anterior.
—Claro, vamos —acepté con una sonrisa.
Caminábamos muy animadas, hablando de cosas sin importancia, cuando de repente dos chicos aparecieron frente a nosotras, bloqueando el paso.
Sun Min se encogió de miedo a mi lado.
—¿A quién tenemos por aquí? —dijo uno de ellos con tono burlón.
—Sun Min... ¿qué pasa? —le pregunté en voz baja.
—Así que tú eres la nueva... —dijo el otro, acercándose a mí—. ¿Es cierto que te has convertido en la favorita del mayor de los hermanos Jo?
—¿Eh? ¿De qué están hablando? —pregunté, confundida y molesta.
—Déjenla en paz —intervino Sun Min, con voz temblorosa pero firme—. Ella no tiene nada que ver con ustedes.
—¡Cállate, nadie te preguntó! —le gritaron.
—No le hablen así —me puse delante de ella para protegerla.
Uno de los chicos agarró a Sun Min del brazo con fuerza. Intenté jalarla hacia atrás para que la soltara.
—¡Oye! ¡Suéltala ya! —exigí.
—Cállate, esto no es contigo —me dijo el otro, y sin aviso, me empujó con fuerza.
Caí al suelo y sentí un dolor agudo en la rodilla. Al mirar, vi que la piel se había raspado y salían pequeñas gotas de sangre.
—¡Haneul! —gritó Sun Min, asustada.
—Auch... —me quejé, intentando levantarme.
—¡Haneul! —escuché mi nombre dicho en un susurro lleno de furia.
Levanté la vista y vi a Young Min corriendo hacia nosotros. Sus ojos se fijaron inmediatamente en mi rodilla herida y luego se dirigieron a los dos chicos que todavía tenían agarrada a mi amiga. Su mirada cambió por completo; parecía que había visto al diablo despertar.
—¿¡Cómo se atreven a tratarla así?! —bramó con una voz que heló la sangre de todos.
—Ella... ella se puso en nuestro camino... —balbuceó uno, aterrado.
—Nuestro asunto no es con ella... —intentó explicar el otro, aunque ya no se veía tan valiente.
—¡Me importa una mierda su asunto! —gritó Young Min—. ¡No importa cómo haya pasado esto, no los perdonaré por haberle hecho daño!
Sin pensarlo dos veces, se lanzó sobre ellos y empezó a golpearlos con toda su furia. Sun Min aprovechó para soltarse y correr hacia mí.
—¡Haneul, estás bien?! —me preguntó, muy preocupada.
—Sí... solo fue un golpe —le sonreí, aunque me dolía mucho—. ¡Young Min, basta ya! ¡Por favor, detente!
Young Min dejó de golpearlos, pero su mirada seguía helada y llena de ira. Se acercó a mí rápidamente.
—Estoy bien... en serio... por favor, ya está —le dije, tocando su brazo para calmarlo.
—Tsk... —bufó, frunciendo el ceño—. Necesito llevarte a la enfermería ya.
—No hace falta, estoy bien...
—No seas testaruda —me regañó, pero con dulzura. Luego miró a los otros chicos que estaban en el suelo—. Y ustedes, mejor no se vuelvan a acercar a nadie de mi entorno o les irá mucho peor.
—S-sí... entendido —dijeron ellos, asustados.
Young Min me levantó en brazos, cargándome como si fuera una princesa, y me llevó hasta la enfermería. Allí, con mucho cuidado y paciencia, limpió y curó mi herida, como si fuera lo más delicado del mundo.
—No vuelvas a hacer eso... no vuelvas a meterte en problemas por proteger a alguien, o mejor dicho, no vuelvas a lastimarte —me dijo en un susurro, casi para sí mismo.
—Lo siento... —fue lo único que pude responder.
Pasó su mano suavemente por mi mejilla y, sin decir nada más, se inclinó y me besó. Me quedé totalmente en shock, sin saber qué hacer: Young Min me estaba besando.
Poco a poco, cerré los ojos y me dejé llevar por la suavidad de ese beso. Cuando nos separamos por falta de aire, susurró cerca de mis labios:
—Eres mía. De ahora en adelante... eres mi novia, Haneul.
—Sí... —respondí, completamente sonrojada y feliz.
Él me sonrió, me abrazó fuerte y luego me dio otro beso, esta vez más tranquilo y lleno de cariño.