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¡Cuidado con el gato!

Summary

Muchas personas que tienen mascotas, en su mayoría perros, sabiendo que son violentos, ponen un letrero en sus patios con la característica frase de: "¡Cuidado con el perro, muerde!" Pero al parecer le tocó a Lucifer poner en su patio un: "¡Cuidado con el gato!" porque en realidad sí debían tener cuidado, lo que fuera esa criatura roja de extraños y disparejos ojos rojos... definitivamente mordía, y duro. 🍎...🦌... ¿🐈? CATALASTOR ‼️🗣️ AU Human!

Status
2yrs ago
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

¿Gatito?

El sol brillaba lo más radiante que podía. La hora marcaba exactamente las doce del medio día de un martes, hora donde casi la mayoría de personas y niños salían de sus escuelas, jardines o trabajos. Pues, este no era el caso de Lucifer.


Lucifer caminaba lo más rápido que podía para llegar a tiempo a recoger a su pequeña hija de la escuela, no podía permitirse llegar nuevamente tarde a buscarla. Ser padre soltero era un todo un caso.


Aún recordaba con dolor como su esposa, Lilith, lo había dejado sin explicación alguna, bueno, en realidad sí. La hermosa y esbelta mujer le había dado la excusa que aún no estaba lista para ser mamá, sí, estaba feliz de haber tenido a una hermosa bebita, pero no podía ni siquiera cargarla sin querer llorar arrepentida de lo que hizo. Lucifer se había ofendido gravemente al escuchar a la persona que alguna vez consideró el amor de su vida, hablar tales barbaridades de su más adorada creación. No pasó mucho después para que Lilith se fuera sin dejar rastro dejándolo con una niña de meses en brazos.


Lucifer, destrozado, lloró amargamente por años pensando que había echo mal, pero no existía respuesta. Sus llantos eran callados por él mismo, evitando que el sonido de sus lamentos llagaran a los oídos de su dulce princesa. Tragó su dolor y decidió que no se dejaría llevar por las garras de la depresión y sacaría a su hija adelante cueste lo que cueste. Pasando el tiempo, logró conseguir un empleo estable en una pequeña tiendita donde el dueño era un adorable anciano que lo había acogido como un hijo y a su pequeña como una nieta, sin mencionar que también hacía trabajos de medio tiempo de lo que fuera: pintor, cajero en supermercados, repartidor, lava platos, chófer, etc. Cualquier cosa para darle lo mejor a su adorada Charlie.


Charlie era una niña muy entusiasta pero también muy inteligente. Lucifer estaba agradecido con el cielo entero por tener a una hija tan paciente y linda como ella. La pequeña rubia era una copia idéntica a su padre, no había rastro alguno de su madre, a excepción de sus profundos y brillantes ojos azul.


Ahora, Charlie tenía siete años y medio mientras que su padre, Lucifer, tenía veintisiete. Sí, demasiado joven para ser papá.


Suspiró de alivio al ver que había llegado a tiempo a buscar a su hija, pues algunos niños aún se encontraban ahí esperando a que llegaran sus padres. Se sacudió el polvo y caminó a la entrada de la escuela. Habló con la maestra de Charlie, la señorita Rosie, una amable y carismática mujer que era de lo más dulce con los niños. Después de unos momentos, padre e hija estaban agarrados caminando directo a casa.


— Entonces le dije a Anthony que no podía ser Vaggie la que robó su lápiz de unicornios... ¡A ella ni siquiera le gustan! — Charlie le contaba a su papá su día en la escuela, Lucifer escuchaba atentamente sin perder la mirada en el camino.


— No lo puedo creer, ese niño es un caso — Rió sutilmente recordando al infante de cabello rubio que hablaba sin sesar.


Ambos rubios seguían caminando tranquilamente hasta que pasaron por un callejón oscuro y lleno de cajas de basura, se escuchó un fuerte ruido seco seguido de un agudo maullido. Padre e hija se detuvieron en seco. Charlie lo miró directamente a los ojos diciéndole con la mirada que debían ir a ver que era, mientras que el adulto le rogaba a que por favor no lo hicieran y fueran directamente a su hogar.


— No, Charlie, ni se te ocurra... Charlie... — Murmuró en advertencia el rubio mayor pero cayó en cuenta muy tarde que la pequeña había soltando su mano y estaba caminando directamente dentro del callejón guiandose por los agudos maullidos. — ¡Charlotte! — Lucifer no tuvo más remedio que seguirle el paso apurado.


Charlie había llegado a la esquina del callejón, notando una caja mediana casi aplastada cubierta por una vieja manta de color rojo. Se acercó lo suficiente para retirar la manta y ver el contenido de la caja, lo que encontró la dejó con los ojos bien abiertos y la boca formando una pequeña "O" en símbolo de sorpresa.


Un agitado Lucifer se acercó a ella para inclinarse un poco para ver lo que había encontrado, lo que primero fue sorpresa en su rostro poco a poco fue convertido en horror.


— ¿¡Qué horrible clase de maldición del diablo es esa?! — Señaló a la criatura que se retorcía en la caja.


Lo que había en la caja era lo que parecía ser un gato, un gato rojo mutante. El extraño ser se retorcía adolorido y no dejaba de soltar maullidos agudos. El brillante color rojo en su pelaje se detenía llegando a sus patas que eran pintadas de negro, al igual que sus raras orejas que no parecían ser de un gato común, estas eran muchas más grandes y justo casi detrás de ellas habían crecido lo que parecía ser pequeños cuernos de formas peculiares acompañado de una pequeña cola que era mucho más corta y esponjosa que la de un gato normal. Lo más aterrador del felino era la sonrisa que mantenía, aún adolorido, parecía que sonreía mostrando sus colmillos amarillentos.


Los ojos de Charlie brillaron, sin duda es un gato muy bonito, pensó. Lucifer por su parte tomó a la pequeña y la alejó del animal, haciendo que suelte la caja y esta cayera al piso de golpe.


— ¡Papá, no, suéltame! — Charlie trataba de liberarse de los brazos de su padre que, a pesar de ser delgados, eran muy fuertes. La pequeña rubia pataleó casi desesperada por ir con el lindo gatito, logrando su cometido ya que una de sus patadas había dado directamente en la ingle del mayor.


Lucifer soltó a la niña mientras maldijo entre dientes del dolor y se tapaba con ambas manos la parte golpeada. Sus ojos se abrieron al ver a Charlie que ya tenía al gato en brazos, frunció el ceño cuando notó que este se acurrucaba contra la pequeña.


— ¡Mira, papá, se llama Alastor! — La rubia sacudió al gato feliz y este pareció mareado por el repentino movimiento, sacando un maullido largo.


El rubio sacudió su ropa y se acercó a Charlie, sin tocar al gato.


— ¿Cómo sabes que se llama así? Podría llamarse demonio... — Y no jugaba, el animalito parecía ser sacado de una película de terror para niños.


— ¡Porque aquí dice! — La pequeña le extendió a su padre lo que parecía ser una carte algo vieja y húmeda, escrita con la más fina caligrafía. "Alastor, no debiste jugar." Lucifer releyó extrañado ¿Qué significaba eso? — Aparte, no es un demonio, es un gatito muy lindo — Charlie alzó al gato arriba, haciendo que este maullara y sonriera aterrado por la altura.


Lucifer botó la carta y suspiro frustrado. ¿Qué se supone que haría ahora? Pensó mirando de reojo como su hija parecía contarle al gato todo sobre ella, esperando alguna respuesta por su parte. Se había encariñado muy rápido, pero no podía simplemente quedárselo.


— Charlie, no podemos...


— ¡Papá, por favor! — Rogó abrazando al felino quién movía sus patas en busca de escape pues la niña lo había abrazado muy fuerte. — ¡Por favor, por favor, por favor! Te prometo que voy a cuidarlo en cerio, lo juro. Nunca he tenido mascotas pero prometo ser responsable con él... Por fi. ¿Podemos, sí? — Charlie sacó su arma secreta, sus ojitos de perrito atropellado. Sabía que su padre no podía resistir a ellos.


Lucifer se frotó el rostro cansado, suspiró y sonríe suavemente.


— Si me muerde, se va — Charlie rió y abrazó a su padre con uno de sus brazos mientras el otro aún cargaba el gato, quién miró a Lucifer y ronroneó sin dejar de sonreír. El rubio alzó una ceja confundido y lo dejó pasar, ahora debía llegar a casa y acomodar todo para el nuevo miembro de la familia.


— Te va a encantar nuestra casa, Alastor. Es muy grande, puedes dormir en el patio... ¡O en mi habitación! ¡O con papá! Eso hago yo cuando llueve y hay truenos y... — Charlie parecía que el cualquier momento saltaría de felicidad. Le contaba a su nueva mascota y este parecía entenderle. Lucifer iba a su tras mandando un mensaje a su mejor amigo, preguntando.


"Oye, Stolas"


"Blitz aún conserva esa cama para perros?"



Habían llegado a su hogar hace un buen rato ya. Charlie estaba cargando al felino mostrándole toda habitación y lugar de la casa. Lucifer simplemente la dejó ser.


Había conseguido una almohada vieja que sustituya la cama para el nuevo residente por un tiempo en lo que conseguía una cama para gatos decente. Le puso una funda encima y algunas cobijas que ya no necesitaba, perfecta para un gato raro y extraño. Ahora lo más difícil, la comida.


Estaba seguro que el pobre animal no había comido en mucho tiempo y seguramente estaría cansado por el recorrido lleno de energía de su hija, rió sutilmente ante su imaginación y fue a la cocina revisando gaveteros buscando algo que pareciese comida para gatos, con algo de ayuda de un pequeño banquito, ya que sus metro y cincuenta ocho centímetros no eran lo suficiente para alcanzar. Entre tantos cajones encontró una lata de atún, y aún no vencía, perfecto.

Se bajó del pequeño banco para ir a buscar algo donde servir el atún, topándose con el pequeño ser mirándolo fijamente, moviendo su cola de un lado a otro a cual perro.


— ¡Trikitrakaletas! — Saltó del susto Lucifer, casi botando el atún. Llevó una mano al pecho sintiendo como su corazón latía rápidamente por el susto. — ¡Casi me matas del susto, pequeño cabron! — Ni siquiera llevaba un día dentro de su casa y ya buscaba matarlo, por eso prefería a los perros.


— ¿Papá, qué sucede? — Charlie bajó rápidamente las escaleras cuando escuchó el grito de su papá. Miró la escena y se agachó para tomar al gato en brazos y abrazarlo. — Papi, no seas duro con él, es solo un gatito.


Lucifer parecía tener un tic nervioso en el ojo ante las palabras de su nena. Forzó una sonrisa y siguió con su anterior tarea dándole la espalda.


— Cariño, ve a dejar a... Eso, en su cama que le hice, después le llevaré su comida.

Charlie asintió sin que su padre la vea y se llevó al felino a la almohada y cobijas, listo y calentito para él. Depósito al gato sobre estás y lo acarició suavemente en su pelaje, este era suave a comparación de como se veía y el felino parecía disfrutar los gentiles movimientos de manos de la pequeña. En unos minutos, Lucifer había llegado con el plato de atún dejándolo a un lado observando como la cosa que quería matarlo dormía tranquilamente, tenía que admitir que se vía muy tierno si lo miraba de lejos, muy de lejos.


— Vamos, Char-Char. Ya tienes que comer y hacer tus tareas... — El rubio cargó a la pequeña quien antes se despidió del gato y se aferró al hombro de su papá.


— Hasta luego, gatito


Ambos rubios fueron a la cocina a terminar el almuerzo y pronto cena.


El día había acabado.

Charlie estaba sentada enfrente de la improvisada cama para gatos, mirando al felino aún dormido desde que lo habían dejado hace un par de horas. Estaba empezando a preocuparse ¿Era normal que los gatos duerman tanto? ¿Tenía alguna una enfermedad? ¿¡Moriría?! Ante aquel pensamiento Charlie negó fuertemente con la cabeza y abrazó al gato, despertando lo asustado por los movimientos de la nena.

Lucifer estaba en la cocina terminando de lavar los platos hasta que escuchó los maullidos y la inconfundible voz de su pequeña. Terminó rápido su faena y fue directamente a ver que ocurría.

— Cariño, ¿Qué sucede? — Preguntó acercándose a su hija quien soltaba quejidos parecidos a los de un llanto, aquello lo alertó y volteó a la pequeña rubia que antes se encontraba de espaldas. — ¿Charlie, qué pasa?!

— ¡¿Alastor va a morir?! — Gritó la niña terminando de romper en llanto, abrazando fuertemente al felino, mas este quería escapar de aquellos brazos sofocantes. Lucifer la miró estupefacto por varios segundos hasta que sonrió tiernamente y limpió sutilmente las lágrimas del rostro de su bebé.

— Cielo, nadie va a morir, ¿Bien?


— Pe... Pe... Pero... Él durmió todo el día y... y... y... — Charlie parecía volver a llorar pero Lucifer la detuvo con un pequeño abrazo y dulce beso en la frente.


— Tranquila, princesa. Es normal que duerma casi todo el día, es un gato... Creo. No importa, la cosa es que no tienes que preocuparte, mira, hasta terminó todo el atún que le dejé — Charlie volteó y efectivamente, el pequeño recipiente en que le había dejado la comida estaba completamente vacío. El animalito se había levantado a comer y después se fue nuevamente a dormir, y ninguno de los dos rubios se dió cuenta.


— Ah...


— ¿Ves, princesa? Déjalo dormir, deberías hacer lo mismo tú, mañana tienes escuela — Charlie se obligó a dejar al felino en la camita para ser cargada por su padre. Subiendo las escaleras directamente a su habitación.

— Buenas noches, gatito — Murmuró Charlie lo suficientemente alto, volteando nuevamente a ver su padre. Sin notar que unas de las orejitas del felino se había movido, sin duda había escuchado eso.



El reloj pegado a la pared marcaba las tres de la madrugada, hora perfecta para levantarse por una pastilla para conciliar el sueño.


Lucifer sufría de insomnio, eran contadas las veces que había podido dormir las horas suficiente sin que a la mañana siguiente le aparezcan unas terribles ojeras que arruinaban su hermoso rostro, aunque el mismo no lo reconociera. Se puso su bata estampadas de pequeños dibujos de patos amarillos y bajó las escaleras directamente a la cocina, con cuidado de no hacer mucho ruido para despertar a su pequeña.


Abajo, buscó desperado entre su pastillero la maldita pastilla que no aparecía por ningún sitio.


— Mierda, mierda y más mierda...

Ya se estaba hartando. Si seguía así seguramente iba a tirar el pastillero a la basura, y estaba apunto, pero se detuvo en secó al girar su cabeza y observa a donde se supone que estaría ese horrible ser durmiendo, pero no había nada.


— ¿Se fue?... ¡Se fue! — Lucifer empezó a bailar de un lado, completamente feliz de que lo que sea que fuera esa cosa, se había ido de su casa por ende de su vida. Apunto de agacharse lo suficiente para mover el trasero en un gracioso baile de victoria, recordó algo muy importante. — Charlie...


Se reincorporó y subió para ir a la habitación de su niña, pensando mil formas de decirle que su nueva y querida mascota se había ido... ¿Y si Charlie se fue con el gato? No, imposible. Lucifer suspiró tratando de calmar sus pensamientos y abrió la puerta lentamente, observando una escena que jamás pensó que podría ver.


La dulce rubia estaba acostada durmiendo, sí, pero con la diferencia que abrazaba con cariño al gato de pelaje rojo y lo acurrucaba contra su pecho. El felino ronroneaba feliz frotándose contra los brazos de la niña. Lucifer los analizó por un momento y se quedó recargado en la puerta unos minutos más antes de salir de la habitación.


— Me estoy volviendo loco...


Caminó directamente a su habitación, a la mierda la pastilla, pensó.

El felino abrió los ojos, mirando la puerta que momentos antes estaba Lucifer. La sonrisa dorada se apareció en el rostro del animalito.




n/a: BUENOOOO, no sé XD simplemente se me ocurrió después de ver mucho catalastor en mi fyp y tt

espero terminar esto jahdowndoq tenganme fe ☝🏻

otra historia de mis papás pq nunca es suficiente okk

comenten mmwebos chau

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