∞
Era un atardecer tan hermoso, nada o nadie lo arruinaría todo estaba tranquilo, y por fin llegó a su destino. Su departamento era chiquito pero no había razón para quejarse le encantaba.
Cuando estaba entrando a su departamento, se comió un gran bocado de aire y suspiro profundamente, estaba muy cansado. ¡Sí!, cansado de no hacer casi nada en su día de trabajo y tenía hambre, así que una vez que se hubiera quitado sus zapatos, se fue directo a su cocina buscando qué comer, se dio cuenta que aún le quedaba una lata de cangrejo, soltó un suspiro de tristeza y enojo.
Hubiera sido mejor que aceptara la invitación de su subordinado, en compartir con sus compañeros a la hora del almuerzo, pero tenía flojera de levantarse y bajar al local de la cafetería que estaba en la planta baja. Sí, todo por su flojera.
No esperes más y abrió la lata de cangrejo para comer, estaba muy hambriento. Después de comer, se acostó en el futón, de boca arriba poniendo sus largos brazos debajo de su cabeza y su pierna izquierda encima del otro, vio la ventana que estaba un poco descubierta y pudo ver el claro luz de la luna de color azul claro.
Se puso a pensar en todo lo que ha vivido en toda su vida, de lo que ha visto, como su mejor amigo, o mejor dicho, su primer amor no correspondido, murió en sus brazos, o de lo que ha dicho que no le importaba sacrificar, unas simples vidas que no valían la pena, o de lo que a hecho, si iba a sobrevivir o morir con esas tres balas que disparó hacia su anterior subordinado.
Su cabeza daba vueltas por los recuerdos que se iban y venían hacia él, unos recuerdos de buenos tiempos y otros que eran de terror si le mostraras a las personas inocentes, ignorantes o insolentes que no saben de lo que está pasando a su alrededor. Siendo así que se durmiera poco a poco, finalmente pudo conciliar el sueño, pero esta vez el sueño será pesado.
El sol se abría paso para un nuevo día, el castaño se removía con incomodidad, por los rayos de sol que se entrometían por la ventana hacia su cara, pestañeo unas cuantas veces para poder desviar la mirada, y levantarse, cerrar las cortinas de la ventana no soportaba mucho la luz del sol en su cara y mucho menos sus ojos que son sensibles a ella, miró su teléfono y eran las 8:47 era muy temprano, bueno para él. Ya que se despertó temprano, pensó en aprovechar el tiempo para ir de compras (con la tarjeta de kunikida) o seguir durmiendo en paz. Después de unos minutos decidió ir de compras, ya que no tenía nada de comida.
Ya preparado para salir, se dirige a su puerta sin darse cuenta pisó por accidente un sobre que le llegó, se sorprendió mucho.
— Se habrán equivocado de casa — se preguntó en un susurro. se agacho y agarro aquel sobre para ver a quién le pertenece.
*** — ****
JAPÓN, Tokio,Yokohama
chome*** calle ****** *****,
******* ** *****.
Para: Dazai Osamu.
Dazai se sorprendió, con un poco de rapidez abrió el sobre, se dio cuenta que era una invitación. No se lo esperaba. Comenzó a leer la invitación, cada vez que leía más profundo la invitación su cara cambiaba a uno de asombró.
Una vez que había acabado de leer la invitación su cara estaba neutra, su cuerpo no se movía y sus ojos estaban mirando fijamente en una sección de la invitación. No quería moverse ni un centímetro, pero sus piernas le comenzaron a temblar poco a poco, cayendo al piso arrastrando sus piernas hacia él y aferrándose a ellas, escondiendo así su cabeza, no quería llorar, pero tampoco quería retenerlo.
Ja, que ironía. Se ha hecho ablandar ese corazón de hielo…
.
.
.
Desde que apareció aquel hombre…
.
.
.
Ese hombre que le invitó a su boda.
No pudo más contener esos sentimientos que tenía escondidos dentro de él, ya no más, no…más, solo por hoy…, solo esta hora…,solo este momento…, lo dejaría salir…como en realidad era en toda esa actuación como bufón que fingía ser.
***
Un chico de apenas de 17 años caminaba apresuradamente con pisadas pesadas, que hasta hacían unas leves grietas en el piso que andaba por todo el edificio de la organización de la Port Mafia, en busca de un suicida, no dejaba de refunfuñar y maldecir el nombre del ejecutivo más joven.
Sin previo aviso entró de golpe hacia la oficina de su jefe de la Port Mafa, azotando un poco las puertas, haciendo que el Mayor de los 4 se de un leve saltito de su asiento por el susto y la forma que ha entrado el peli anaranjado.
— ¡Maldito seas Dazai, Eres un hijo de p-
— ¡Chuuya Nakahara! — Kouyou levantó la voz, cortando así el hablar del menor — No permitiré que uno de mis subordinados tenga esa clase de vocabulario enfrente de sus superiores. — Hablo con delicadezas pero firme — Ahora quiere que te disculpes y que te vayas con Dazai a resolver sus problemas.
—¡¿Qué?!, pero y-o — Dazai estuvo a punto de quejarse, pero fue cortado por Kouyou.
— No quiero oír quejas.
refunfuñando el pelinaranja asintió se disculpó, seguido por un perezoso suicida que se acaba de levantar del sofá de la oficina.
Una vez que hayan salido los dos de la oficina de Mori, Dazai corrió a su oficina para esconderse, mientras que Chuuya se dio cuenta. — ¡Maldito Dazai, vuelve aquí!.— le grito mientras lo persiguió para darle una paliza. Se había metido con su preciada chaqueta y sombrero.
.
.
.
Dazai se frotaba su cara, no pudo esquivar ese puñete que le dio el menor de estatura. Chuuya lo veía con orgullo, por fin había dado con su cara por 3 fallidas y al cuarto lo logró. Ya no era como antes que se le fallaba como 12 veces, ya se conocían mucho más que la primera vez que se vieron y trabajaron juntos.
— Ay~ Chuuya…¿Porque siempre recurres a la violencia? — pregunto es castaño — apuesto que así nunca conseguirás una pareja. — afirmó.
— Tú mucho menos, eres una momia andante y tu aspecto de suicida apuesto que asustarias a las mujeres. — Chuuya se sentaba en un asiento que estaba cerca suyo — Además si llegases a conseguir una pareja sería un cadáver.
— Yo apuesto que no consiguieras una pareja por la baja estatura que tienes, e-na-no.
— Que no soy enano, ¡Que sigo en crecimiento!, ca-ba-lla.
— Enano.
— Caballa.
— ¡Enano!
— ¡Caballa!
— ¡ENANO!
— ¡CABALLA!
Se agarraron de los cabellos con fuerza el uno del otro no se soltaran hasta que uno se retractarse. Ya llevaban media hora ahí parados sin moverse de su lugar, no se querían mover pero si se querían arrancar los cabellos.
— Hagamos un trato — habló primero el de mayor estatura de los dos.
— Habla.
— El primero que consiga una pareja y que le invite a la boda al otro, mientras que este se disculpara y le comprara un regalo sumamente caro — dijo el castaño, ya que no aguantaba más con el dolor que sentía en su cabeza y el fuerte agarre que daba hacia los cabellos del contrario.
Se desvanecía poco a poco.
— De acuerdo — dijo el contrario, ya que le pasaba lo mismo como el otro, y porque era un trato jugoso.
— Al contar 3 nos soltamos — Dijo el vendado.
— 1. — dijo el castaño
— 2. — mencionó el peli anaranjado.
— ¡3!. — pronunció fuerte el castaño
los dos se tocaron sus propias cabezas, les dolía un montón, sentía como palpitaba su cuero cabelludo dando un calor infernal, estaban rojos sus coronillas, que hasta podrías compararlo con un tomate.
Chuuya levantó la mirada y vio que el castaño no tenía una venda en su ojo, al notar eso el castaño se dio cuenta que su venda de su ojo se había deslizado al piso, de pronto tocaron la puerta, los dos miraron el a dirección hacia la puerta siendo abierta por Elise.
— Chuuya-kun, Mori-san lo llama — dijo la pequeña sonriendo y cerrando la puerta.
Chuuya se fue con la niña, mientras que Dazai se quedaba solo en su oficina de ejecutivo, miro la puerta ya cerrada y luego miro el vidrio, mostrándole el sol ya en el atardecer, aclarando el leve color carmesí de sus ojos.
***
Ya en la boda, la ceremonia transcurrió con alegría y emoción, pero para Dazai, cada sonrisa de Chuuya era una daga en su corazón. Después de la ceremonia, se celebraba la unión de la feliz pareja recién casada. la felicidad abundaba en aquella fiesta, Dazai se retiró silenciosamente de la fiesta, incapaz de soportar ver a Chuuya unido a otra persona.
Mientras se encontraba solo en el jardín del local, Dazai buscaba en sus bolsillos una caja de fósforos, pero se calló esa piedra azul que siempre llevaba consigo. Tomó la piedra azul mostrando así mismo lo miro fijamente ese color le recordaba a sus ojos, esos ojos que mostraban el mar, lo apretó con fuerza y pequeñas lágrimas saladas salían de los bordes de sus ojos.
Con un susurro cargado de deseo, expresó su anhelo de que todas las cosas fueran diferentes, de que él pudiera ser el verdadero amor de Chuuya. La piedra pareció responder a su súplica, brillando levemente, Dazai perdía su conciencia, se desvanecía. En aquel jardín apareció un silencio que parecía eterno.
.
.
.
***
.
.
.
Dazai recobraba el conocimiento poco a poco. Se encontraba en un hospital. Sintió un apretón en su mano izquierda, ya que estaba siendo agarrada por alguien.
— No puede ser — dijo en un susurro, le dolía su cabeza y le ardía sus ojos, con la mano desocupada se tocó la coronilla de su cabeza.
Sintió como el cuerpo de la otra persona se le aferraba hacia él en un abrazaba un poco fuerte para no dañar al castaño.
El castaño reaccionó después de un tiempo — Lo sien-
— Pensé que no despertarías. — fue cortado por la anterior persona. — Qué haría sin ti, cuidando yo solo al bebé — Le mencionó con un poco de enojo y tristeza.
Dazai se quedó atónito. Qué demonios estaba pasando, no entendía nada, Porque estaba en el Hospital, porque Chuuya y él tenían unos anillos de casados, y porque la repentina mención de un bebé. Todo estaba de cabeza.
— ¿Dazai? — preguntó Chuuya, ya que su pareja no se movía ni le respondía.
El castaño tenía una mirada perdida, mirando hacia la nada. Chuuya comenzó a preocuparse por su pareja, haciendo que agite levemente a su pareja hasta que este reaccionara.
— ¡Dazai! — Grito levemente, no tenía mucha paciencia que digamos.
— ¡Caballa! — esta vez aumentó la voz, ya que no estaba permitido gritar en el hospital.
— ¿Chuuya, qué pasó con tu boda?.
— . . . ¿De qué boda hablas?... Yo solo he tenido una boda… y la tuve con la persona que más amo. — Chuuya agarró con su mano izquierda los dedos de la mano izquierda de Dazai y le mostró. Se veía con claridad, esos dos anillos de oro puro y del mismo diseño único que tenían, brillando en cada dedo de la mano de sus dueños.
Las mejillas de Dazai se tornaron en un rojo vivo. No podía más, no quería caer en ese sueño de deseo tan hermoso que era disfrazado de una vil pesadilla.
Alguien tocó la puerta de la habitación, era una enfermera que estaba haciendo el diagnóstico de Dazai. La enfermera le explicó que ya se le dio de alta para que se fuera junto con su bebé.
Por fin la “familia” estaba reunida en su casa, Dazai miraba fijamente al niño dentro de la cuna. Ese cabello revoltoso de color castaño anaranjado, su piel media palida, su cuerpo un poco regordete y ojos medio turquesa. Es un niño hermoso ¿verdad?.
El bebe buscaba con sus manos la presencia de sus padres, Dazai se dio cuenta de aquello y puso su meñique al altura del bebé, el bebé no tardó en encontrar aquel meñique y no dudo en agarrarlo con fuerza, lo quería cerca de él.
Dazai miraba con ternura y amor aquel bebé, de lo que le hayan dicho que era un doncel y que lo tuvo dentro durante 9 meses. Esa noticia no se lo esperaba ni en mil sueños.
Desvió la mirada por la vergüenza y se topó con el anillo que portaba en su dedo anular, su mejillas nuevamente se pusieron rojas. por fin ha logrado lo que tanto anhelaba, metiendo su mano en uno de sus bolsillos de su abrigo, sintió un pequeño pinchazo, al parecer algo estaba quebrado. Lo sacó cuidadosamente sin quebrarlo más de lo que estaba, era su piedra azul quebrada desde el centro.
Dazai miraba aquella piedra que siempre llevaba y se puso a analizaba todo lo que ha pasado en estos momentos, como de la nada estaba casado con chuuya, como era un doncel y que tuvieran un hijo junto con él, esto no tendría ningún sentido, todo esto podría ser una ilusión o un sueño. No, no podría serlo, . . . ¿Será un mudo paralelo?. No le importaba lo que sea que sea. No se quería ir de ahí.
.
.
.
No te mentiría, TÚ sabes bien que no siempre es así…
Un Cuento de rosas.
.
.
.
Los deseos se pueden volver realidad, pero siempre cuestan caro. El deseo que pidió Dazai era tener una vida feliz y tranquila con la persona que ama, pero se había creado un desequilibrio en espacio tiempo y el tejido del universo.
.
.
.
No todo siempre estará bien. Los obstáculos que siempre te trae la misma vida, siempre te obligarán a recibirlos aunque no quieras.
.
.
.
Ya pasaron unos cuantos días desde que Dazai llegó a ese mundo, él y Chuuya estaban juntos, viviendo la vida que siempre había deseado, aunque con un bebé en manos, pero no le importaba, amaba ese mundo tal como era. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, Dazai comenzó a darse cuenta de que retener este universo solo por su propio capricho y deseo era un acto de egoísmo así mismo, . . . ¿Qué pasó con el Dazai que vivía en este universo?.
.
.
.
— No puedo…
.
.
.
Aunque anhelaba quedarse en ese mundo donde Chuuya era suyo, comprendió que no era correcto interferir con la vida y la felicidad de los demás. Sabía que debía renunciar a su propio deseo y regresar al mundo donde pertenecía, aunque eso significaba enfrentarse nuevamente a la realidad de que Chuuya estaba casado con otra persona.
Con un corazón pesado, pero con una determinación firme, Dazai tomó una decisión. Utilizando la piedra azul una vez más, pero esta vez invocó su poder para regresar al universo original. A medida que su conciencia se desvanecía de ese mundo de ensueño, Dazai se despidió de la ilusión de felicidad que había encontrado y obtenido, recordando con nostalgia lo que podría haber sido.
.
.
.
***
.
.
.
De vuelta en su propio mundo, Dazai se aferró a la esperanza de que algún día, en algún lugar del tiempo y el espacio, su deseo se hiciera realidad. Aunque sabía que era solo una ilusión, esa esperanza lo mantuvo vivo, alimentando su alma con la posibilidad de un futuro donde él y Chuuya podrían estar juntos.
Y así, Dazai continuó su camino, llevando consigo el recuerdo de ese breve momento de felicidad y el sueño de que algún día se convertiría en realidad.
.
.
.
¿REALIDAD?
.
.
.