La princesa de las mareas
— Ay, duele.
— Deja de moverte o no podré curarte los raspones -le dijo su madre con tacto.
— Si que pecas de idiota, hermano.
— ¡Cállate, Liebe! -chillo el pequeño Asta-. Hoy parecía ser el día.
— ¿Qué día? -preguntó su madre observando los grandes ojos de su hijo gemelos a los suyos.
— ¡El día en que logre derribar a Yuno! -dijo alzando el puño en alto y sonriendo.
— Bah, solo lograste tocarle la frente con una rama y eso fue porque tuvo lástima de ti -soltó Liebe con expresión aburrida.
— ¡Fue un avance! -gritó Asta.
Su madre rió bajito. Sus hijos siempre eran así: Asta era enérgico y entusiasta, mientras que Liebe permanecía sosegado y denotaba una personalidad analítica. Aunque tenía el defecto de ser muy directo en ocasiones. Suspiró, por más que parecieran pelear sabía lo unidos que eran. Si bien no pudo darle un hermano a Asta (debido a la muerte de su esposo), Liebe llegó a sus vidas para ocupar ese lugar. “No importa que sea un demonio chibi, tiene sentimientos como cualquiera de nosotros, siente apego y afecto, pero no mucha empatía”. Lichita salió de sus pensamientos para dar un fuerte aplauso.
— ¡A cenar! -declaró con gran ánimo.
— ¡Sí! -exclamaron al unísono sus hijos.
Era muy extraño que el pequeño Asta permaneciera callado durante las comidas. Por ello, su madre detecto su expresión reflexiva y gesto desanimado.
— Bien, dilo, cocino mal -dijo fingiéndose dolida.
— Cabrón -soltó Liebe por lo bajo mirando acusadoramente a su hermano-. Trágatelo todo ahora.
— ¡No! ¡Mamá! no es lo que piensas -dijo agitando las manos por delante de él.
— ¿En serio? -Lichita sonrió-. Entonces... ¡La hermana Lily te volvió a rechazar!
Asta se puso rojo como un tomate.
— ¡No es eso!
— Pero si te volvió a rechazar -acotó Liebe indolente.
— ¡Hermano!
— Entonces, ¿A qué se debe tu silencio? -preguntó Lichita.
Asta agachó un poco la cabeza pensativo. Luego de unos momentos decidió hablar.
— Yuno usa magia desde hace mucho -contó-. Puede hacer muchas cosas con su magia de viento. En cambio, yo... -el niño se miró las pequeñas manos-. No puedo usar magia como los demás, ni siquiera un poco.
Había cierto tono de frustración en la voz de su hijo. Cabiló por un momento como abordar el tema, tenía que ser sincera con su hijo por dura que fuera. Sin embargo, una cruda verdad no tenía porque decirse como un ultimátum. Con esto en mente la mujer de cabellos cenizos sonrió enormemente.
— Asta -llamó haciendo contacto visual con el pequeño-. Tu amigo Yuno te gano con magia de viento ¿Verdad?
— Sí, yo quiero derribarlo pero su viento siempre me empuja hacia atrás y caigo... si tan solo pudiera usar ma...
— ¡Entonces necesitas piernas más fuertes! -dijo Lichita como si fuera la mejor de las ideas. Su hijo se quedo con los ojos muy abiertos-. Piénsalo, es solo una corriente de aire, ¡Hay personas que avanzan hacia adelante a pesar de estar en medio de una tormenta o ventarrón! ¡Por eso te caes! ¡Necesitas entrenar más!
— ¿Más?
— No puedes usar magia por el momento, quizá no puedas hasta que cumplas los quince y obtengas un grimorio, pero eso no quiere decir que vas a ponerte esperar como un holgazán ¡Entrena! ¡Hasta fuerte! ¡Resistente como una roca! ¡Así el viento no podrá moverte!
Asta no lo pensó mucho. La fuerza en las palabras de su madre hicieron que sus ánimos se elevaran a límites insospechados.
— ¡Cierto! ¡Si quiero ser un caballero mágico debo ser más fuerte! ¡No dejaré que Yuno me venza!
— ¡Bien! -apoyó su madre señalándole con el índice-. ¡Mañana despertarás con la primera luz e irás a correr al campo!
— ¡De acuerdo! -el niño sentía que podría correr una maratón.
— Solo no hagas mucho ruido, quiero dormir largo y tendido -habló Liebe.
El dedo de Lichita paso de Asta a Liebe.
— ¡Tú también irás!
— ¡¿Qué?!
Con la primera luz, Asta y Liebe salieron a correr al campo abierto. Fue así como comenzaron los días de entrenamiento de su pequeño. Asta se había propuesto entrenar duramente, realizaba todo tipo de ejercicios y cuando agotaba sus energías decía “madada” y se forzaba a hacer aunque sea una flexión más, una sentadilla o correr unos metros más. Liebe era arrastrado a todo aquel trajín, y aunque parecía desanimado, intentaba igualar o superar a su hermano. Lichita observaba todo admirada de la perseverancia de sus hijos. Optó por apoyarlos como una buena madre.
— ¡Vegetales otra vez! -exclamó Liebe.
— Es necesario que coman sano para tener energía -les dijo a ambos guiñándoles un ojo.
Los días trascurrían así. Una mañana, Asta se levantó para iniciar su rutina, fue a la cama de su hermano (compartían habitación) y se sorprendió de no dar con Liebe. Supuso que se le había adelantado. Se alisto, aseo y bajo a la primera planta horrorizándose al ver a su madre sentada en uno de los sillones, sangrando de un costado e intentando vendarse por sí misma mientras tenía una mueca de dolor en el rostro.
— ¡Mamá!
— Ya despertaste, vaya que cumples con tu rutina -sonrió con cierta debilidad.
— ¿Qué te paso?
Asta estaba preocupado y con los ojos cristalizados. Su madre le acarició la cabeza y le aseguro que todo estaba bien.
— Calma, mi pequeño, estoy bien. Solo es un rasguño, vez -Asta observó la herida, parecía que una zarpa le hubiera rosado pues se notaban franjas sangrantes-. Vez, es solo un rasguño.
— ¿Cómo te lo hiciste? -preguntó el niño-. ¿Saliste a cazar y un animal te hizo eso?
— Eso no importa, amor, lo importante es que tu madre es buena esquivando -sonrió de sus propias palabras, Asta no entendía-. Pero si te interesa saber, solo diré que quien me lastimo fue un feo, apestoso e ignorante con delirios de grandeza que se atreve a meterse con niños pequeños.
— ¿Tú le hiciste algo madre?
— Lo mande al infierno -dijo con simpleza.
Asta se quedó atónito por unos momentos. Luego recordó a su hermano.
— ¿Has visto a Liebe? -preguntó-. No estaba en su cama.
— Por el momento no te preocupes. Liebe esta en su nueva habitación -ante la mirada desconcertada de su hijo, Lichita tomó un libro negro algo desgastado que estaba a un lado-. Aquí.
— ¿Eh?
— No te preocupes. Se esta adaptando, pronto saldrá. Ahora ve a entrenar.
Le dio un beso en la frente y le prometió un desayuno saludable.
Por su parte, Liebe observaba todo. Lucifer había intentado poseerlo, pero su madre lo había evitado. Aunque salió lastimada en el proceso. “Uso mi brazo para lastimar a mi madre” pensaba con odio. Nunca se lo perdonaría, los demonios lo habían torturado por mucho por no tener poder mágico. “La magia les da esa arrogancia y soberbia”. Apretó los dientes en ese espacio en blanco donde su madre lo había puesto. Sus pensamientos se repetían y recordaba como hirió a su madre. Su odio e impotencia empezaron a cubrir aquel blanco con una energía oscura. Un rencor contra la magia y la arrogancia de los demonios que la empuñan.
Pasaron los años. Cuando Asta cumplió los quince años, fue a Hage, la aldea cercana a donde vivía. Esperando recibir su grimorio. Lamentablemente, ninguno lo eligió. Por otro lado, su amigo de la infancia, Yuno, fue bendecido con un grimorio de cuatro hojas. ¡Un grimorio de leyenda! Para darle el golpe de gracia, declaró que sería el próximo rey mago. Asta lo desafió adoptando el objetivo del pelinegro como propio. Y él le dio la espalda. Dejándolo con un vacío interior pues su amigo y ahora rival no lo aceptaba como tal.
Ni siquiera la hermana Lily, la mujer más hermosa del mundo en opinión de Asta, le pudo levantar el animo. Caminó a su casa. Siempre se preguntó porque no vivían en el interior de la Hage en lugar de permanecer a “una distancia prudente” como decía su madre. Encontró a su madre en la puerta mirándolo con su eterna sonrisa. Asta se sentía derrotado por lo que le sostuvo la mirada a su madre y negó con la cabeza.
— ¿No traes un grimorio?
— Me dijeron que lo intente el próximo año -dijo el pelicenizo derramando lágrimas sin cambiar de expresión-. Mamá, quizá yo... nunca tenga un grimorio... no tengo magia y...
El puño de su madre le dio en la cabeza arrancándole un “Ouch”. Lichita sonrió al ver que sus las lastimeras lágrimas habían cesado.
— ¿Cuándo te he enseñado a bajar la mirada y agachar la cabeza? -le reclamó la mujer.
— Pero...
— ¡Pero nada! -le dijo con firmeza-. ¡Como piensas alcanzar la cima si mantienes la mirada en el piso! ¡Deja de sentir lastima por ti mismo y céntrate en seguir adelante!
Asta vio tal fuerza en la mirada de su madre que su reciente pena se fue por el caño. Se secó la cara rápidamente y se puso firme como un soldado.
— Sí, madre -Lichita se sorprendió que la llamara así en lugar de “mamá“, sonrió. “Esta creciendo”-. Me esforzaré más en mi entrenamiento. Y quizá el próximo año obtenga un...
— No -lo cortó su madre-. Tendrás tu grimorio hoy.
Lichita le extendió el libro desgastado que hasta donde él sabía era el lugar privado de su hermano.
— Es el cuarto de Liebe.
— Es un grimorio de cinco hojas -le aclaro su madre-. Como ya sabes, tu hermano no puede salir por mucho tiempo de este grimorio, y tu no puedes usar magia. Por su cuenta tienen sus carencias, sin embargo... -Asta tomó el grimorio oscuro-. ¡Juntos pueden contra lo que sea!
“Estoy contigo hermano”
“Lo sé, Liebe”.
“He esperado mucho para enseñarte algo que tengo aquí guardado”.
“¿Qué es?”
“Primero busca al cara de aburrido de Yuno, rétalo, quiero que él lo vea”.
Asta se despidió de su madre y corrió de regreso a la aldea, conversando con su hermano por el camino. Estaba tan emocionado que tardo unos momentos en comprender la escena que tenía frente a él. Yuno estaba encadenado y un tipejo con toda la pinta de un maleante tenía el grimorio de cuatro hojas en su mano.
— ¡Eso le pertenece a Yuno! -gritó corriendo hacia el hombre.
Cadenas mágicas surgieron de quien sabe donde, le dieron de lleno y lo estamparon contra la pared.
“Eso dolió... no puedo hacer mucho dependiendo únicamente de mi fortaleza”.
“Creo que es hora de mostrarte”.
El grimorio oscuro de cinco hojas levitó frente al pelicenizo y se abrió por la mitad. Emergiendo de el una empuñadura negra. Asta la tomó y al tirar de ella se reveló un espadón de hoja negra, increíblemente ancha. Era pesada pero gracias a su duro entrenamiento podía blandirla.
— ¿Qué es eso? -el tipejo sentía un escalofrió en su espina dorsal-. ¡No te pases de listo mocoso!
Las cadenas fueron disparadas. Asta blandió su nueva arma y se deshicieron dejando atónito al ladrón.
— ¿Pero cómo?
“Veamos los resultados de años corriendo sin parar, Ge, ge, ge”.
Los músculos del pelicenizo crujieron, se ensancharon levemente y las venas sobresalieron. Un físico impresionante y una fuerza emergente pulida a base de perseverancia dieron como resultado una arremetida con la velocidad de un meteoro. La pesada hoja golpeó al hombre que gimió de dolor y salió disparado. Rodo por el suelo dejando un regadero de sangre sobre la calle donde se encontraban.
Yuno se vio libre. Observó con los ojos abiertos como platos como el cuerpo del ladrón yacía desangrándose. Rápidamente corrió a verificar su estado, arrodillándose a su lado.
— ¡Eso fue genial! -exclamó Asta emocionado por su primera victoria.
“A que Danma es lo más, hermano. Nosotros juntos podemos lograr cualquier cosa”.
— ¡Tienes razón, Liebe! -Asta apuntó con su espadón al cielo-. ¡Aun sin magia me convertiré en rey mago! ¡Y entonces...!
— ¡Asta! -llamó Yuno con el ceño fruncido, deteniendo la emoción del pelicenizo en seco-. ¡Pudiste haberlo matado! -le reclamo-. Tienes suerte que este vivo, aunque muy mal herido -el pelinegro dirigió su vista a la descomunal arma que su amigo sostenía con una sola mano-. Esa cosa es peligrosa -sentenció.
— ¡Te salve! -reclamó Asta.
— No necesitaba tu ayuda -aclaro el joven pelinegro, luego cerró los ojos por un momento-. Aun así, te lo agradezco -Asta sonrió-. Pero... lo que sostienes no es un juguete, puede ser peligroso si no aprendes a manejarlo.
— Supongo que tendré que practicar. Eh, ¿A dónde vas?
Yuno pasaba un hombro del malherido hombre sobre sus hombros.
— Debo llevarlo con las autoridades, para que lo encierren y de paso le curen ya que por poco lo partes en dos.
Asta observó la línea de sangre que iniciaba a sus pies y terminaba cinco metros más allá, donde Yuno levantaba al ladrón. “Yo... casi mato a alguien”. Por un momento fue consciente. Su emoción inicial quedo en el olvido. Miro a Danma... “Yuno tiene razón, debo aprender a dominarla”.
— Las pruebas para caballero mágico se realizan en un mes -le dijo Yuno-. Usa ese tiempo para hacer tuyo ese extraño poder.
— ¿Extraño? -Asta no comprendía.
— No cortaste las cadenas que iban a por ti -explicó Yuno-. Las deshiciste. No sé cómo, pero lo hiciste.
“Es a causa de mi antimagia, hermano, no debes temer” -Yuno se fue con el ladrón-. “Deja que te explique”.
Asta regreso a su casa llevándose una sorpresa. Algo que nunca espero ver. Liebe apretó los dientes dentro del grimorio cuando vio a aquel hombre pelirrojo y desnudo sentado en uno de los sofás.
— Hola -saludó el desconocido.
— ¡Quién rayos eres tú! -gritó Asta sacando a Danma de su grimorio sorprendiendo al indeseable con semejante arma-. ¡¿Qué le hiciste a mi madre?!
“Matemos primero, preguntemos después... AGGG... ¡Acaba con ese degenerado!”
— ¡Un momento! ¡Cálmate, chico! -el pelirrojo puso las manos por delante en un gesto de defensa.
— ¡Qué es todo ese escandalo!
La voz de su madre hizo que girara el cuello. Ella estaba bien descendiendo de las escaleras, traía un fajo de ropa en las manos.
— Madre, estás bien.
— Claro que estoy bien, ¿Por qué no lo estaría?
— Es tu hijo -dijo el pelirrojo suspirando de alivio.
— Sí, a que se parece -Lichita sonrió.
— ¡No lo mires, madre! -Asta se puso delante del pelirrojo para bloquear la vista de su madre de las partes nobles del hombre.
— Y a ti que te pasa, hijo.
— ¡¿No ves que esta desnudo?!
— No tiene nada que no haya visto antes -dijo restándole importancia al hecho con una mano-. No me embarace por arte de magia ¿Sabes?
— ¡Por dios, madre! -Asta estaba exasperado-. Solo deja que le de algo que ponerse.
— Oh, cierto -Lichita le arrojó el fajo al hombre-. Puedes usar esto Fanzell. No se si te quede del todo bien, pero al menos iras cubierto.
— ¿De tu esposo? -preguntó con cautela. La mujer de cabello corto asintió-. Te lo agradezco. Y me disculpo, tengo esa costumbre de desnudarme inconscientemente.
— ¡Cómo eso puede ser costumbre! -reclamó Asta.
— Ya, ya, cálmate hijo y vamos a cenar. Ah, Fanzell, espero no te importe comer en la sala, como sabes no puedes estar a dos metros de mí.
— Comprendo, no quiero volver a desmayarme.
— Asta te traerá tu plato.
— Gracias. Un momento, a tu hijo no le afecta tú...
— No, el no tiene magia, así que no le ocurre nada.
Durante la cena, Su madre le contó que encontró al pelirrojo llamado Fanzell tirado en pleno campo abierto, le arrojó unas pequeñas rocas para hacerlo reaccionar y se percató que estaba falto de fuerza. Al parecer había huido del reino vecino. Le ofreció refugio pero le advirtió que no se acercara a ella. El hombre había pensado que era por desconfianza y dispuesto a demostrar que era inofensivo se acercó y se desmayó cuando su magia fue succionada. Lichita rápidamente lo acomodó en el sillón y subió a buscarle ropa. al parecer el tipo había reaccionado antes de que volviera a bajar.
Asta le contó a ambos adultos sobre su nuevo poder, la antimagia. Le mostró su arma a su madre que sonrió complacida y le pidió a Liebe salir del grimorio para abrazarlo como se debe. Fanzell pareció asombrado y un poco aterrado por la aparición física de Liebe. Sin embargo, se percató inmediatamente que no había nada que temer. Aunque cuando estaba relativamente cerca o posaba sus ojos en la atractiva mujer, el peliblanco le arrojaba una mirada digna de un psicópata con tendencia al asesinato.
Asta conversando con Fanzell se enteró que era un espadachín mágico y le pidió que le enseñara a blandir la espada. Lichita también se lo pidió pues su hijo iría en un mes a realizar las pruebas. Fue así como el pelirrojo se volvió huésped en aquella casa por veintisiete días. Después, se despidió de la familia.
— ¡Cuídate mucho, Fanzell! ¡Vuelve a visitarnos! -le dijo Lichita toda sonrisas.
Fanzell al ver aquello pensó que si se quedaba más tiempo terminaría por enamorarse de aquella intocable mujer.
— Gracias por todo -Asta le dio la mano-. Espero verte en otra ocasión.
— Si mi esposa no me mata antes -dijo avergonzado-. Al huir nos separamos, así que debo ir en su búsqueda -aceptó la mano de Asta-. Cuídate y sigue entrenando.
— Ojala te capturen y te torturen por días antes de destriparte definitivamente por degenerado. ¡Och! ¡Mamá!
— Jajaja, gracias por tus buenos deseos, Liebe. ¡Gracias a todos nuevamente! Adíos.
Unos días después, Asta se despedía de su madre prometiéndole que le escribiría y visitaría a la primera oportunidad. Liebe se despidió prometiendo que cuidaría de su hermano idiota. También, expresó que no temía por su madre, pues literalmente podía matar a cualquier indeseable hombre con solo acercarse.
Yuno y Asta se encontraron en el punto acordado y emprendieron su viaje. Lamentablemente para el pelinegro, su rival estaba tan emocionado que decidió correr sin parar hasta la capital. Gracias a aquellos ánimos, llegaron en dos días y medio.
— ¿Qué haces aquí, hija?
— Madre -la peliblanca que permanecía de brazos cruzados observó su viva imagen aunque con facciones más maduras-. Vengo a dar el examen de ingreso.
— Eso no es necesario, te ofrecí una vacante en mi orden.
— Lo sé, madre, pero muchos ineptos de las águilas plateadas dudarían de mi talento si ingreso por invitación -negó levemente con la cabeza-. Soy una Silva, hay una reputación que mantener. Si al finalizar el examen levantas la mano, con gusto aceptaré.
— Noelle.
— No pierdas tu tiempo madre.
Aquella voz masculina pertenecía al vicecapitán de las águilas plateadas, el hijo de la capitana Acier Silva.
— Oni-sama -dijo Noelle encarándolo-. ¿Vienes a ver como todas las ordenes se ofrecerán a acogerme?
El peliblanco sonrió y puso una mano sobre la cabeza de la joven.
— Sé que lo harás bien hermanita, solo recuerda dejar el nombre de los Silva en por todo lo alto.
— No lo dudes -dijo Noelle emocionada.
— Capitana.
— Dime mamá -le pidió Acier.
Nozel carraspeo incomodo.
— Capitana -repitió con seriedad-. Debe ir al palco junto a los demás de su rango.
— Esta bien, hijo. Te estaré observando, Noelle.
La peliblanca se posicionó en el centro del coliseo con todos los demás, sonrió satisfecha al ver que ningún pájaro osaba acercársele. Sin embargo, unos murmullos hicieron que le prestara atención a un pelinegro de expresión tranquila que estaba en las mismas. “Uhm, es guapo y tiene poder mágico. ¿De qué familia noble será?“. El escándalo provocado por un joven un poco más bajo que el pelinegro llamó su atención. El chico pelicenizo iba de un lado a otro pues los pájaros lo cubrían en su totalidad. “Pobre inútil, se puede ver a leguas que no tiene talento. ¿Por qué algunos vienen para hacer el ridículo? Este tipo de eventos deben ser tomados en serio”. La verdad no soportaba ese escándalo. El tipo era muy ruidoso.
Las pruebas comenzaron. Noelle logró elevarse con facilidad en la escoba, y en un alarde de dominio mágico se puso de pie sobre ella. Hizo una mueca al ver que el pelinegro logró la misma hazaña. También, aguanto la risa al ver que el pelicenizo intentaba elevarse sin existo. Las pruebas continuaron. Se había tomado a reto personal hacerlo mejor que el chico de cabello oscuro. Frustrándose un poco al verse igualada. “Definitivamente, esto se puso interesante”. Sonrió al pensar que podría enfrentarlo directamente en la última prueba. El grito del chico inútil volvió a oírse al fracasar nuevamente. Noelle estaba harta de esos gritos. El muy terco no entendía que no tenía cabida en aquella selección, para colmo repetía constantemente: “Madada”. Como si la magia se fortaleciera con simple fuerza de voluntad. “Idiota, el talento viene de nacimiento”.
Por fin, llegó la última prueba. El capitán Fuegoleón dio las indicaciones. Debía buscar una pareja para realizar un duelo. Noelle no lo pensó dos veces y se acercó a paso seguro al pelinegro que había osado igualársele en todas las pruebas. Cuando estaba por dirigirle la palabra el ruidoso pelicenizo se puso por delante de ella.
— Yuno, ¡enfréntame! -lo retó.
“En serio este idiota quiere desafiarlo”. Aquel atrevimiento irritó a Noelle, llevaba todo el maldito evento escuchando sus gritos.
— Hey, tú -Asta se giró para verla, Noelle era ligeramente más alta por lo que alzó el mentón para mirarlo hacia abajo como la cucaracha que era-. Deja tus absurdos gritos y lárgate, deja que los talentos se midan entre sí.
— ¿Quién eres tú?
“En serio se lo preguntaba”.
— Soy Noelle Silva, de la realeza -dijo con tono soberbio-. Ahora quítate, quiero desafiar a este hombre.
Le dirigió una mirada desafiante a yuno. Este por su parte parecía haber recibido el reto.
— De acuer...
— ¡Yuno es mi rival! -soltó Asta encarando a la prepotente peliblanca-. Quiero enfrentarlo para...
— ¿Qué no lo entiendes? -Noelle lo cortó-. No te has dado cuenta a lo largo del evento -Asta arrugó la frente-. Tú no puedes ser su rival, eres débil y hasta donde he visto tu magia es inexistente.
— Mi magia es nunca rendirme.
— Ridículo. Esas son ideas de aquellos que no comprenden su lugar. Los perdedores e inútiles que no se toman enserio eventos importantes como este. Por suerte, en esta última competencia muchos regresaran a casa y solo quedarán aquellos que puedan servir fielmente al reino.
Asta apretó el puño. Percibía la ira emanar de su grimorio. Quizá la peliblanca no lo había hecho intencionalmente, pero había insultado los ideales de su madre. Y eso es algo que no estaba dispuesto a permitir.
— Hazte a un lado.
— Bien, no desafiaré a Yuno.
— Veo que lo has comprendido, ahora...
— ¡Te desafió a ti! ¡¡¡Noelle Silva!!!
El grito de Asta fue tan fuerte que paró todas las conversaciones del estadio y capto la atención de prácticamente todos. Desde el palco, Acier observaba con los ojos muy abiertos como un joven señalaba con el índice a su hija mientras mantenía una expresión de furia.
Noelle era consciente que había sido un desafió directo. No podía negarse, si lo hacía mancharía el prestigio de los Silva. “Pero pasaría lo mismo si lucho contra él y se evidencia la diferencia abismal de fuerza”. Sea como fuere, aquel idiota la haría quedar mal. Molesta por lo sucedido le arrojó una mirada acerada.
— Acepto -dijo severamente-. Más te vale dar lo mejor de ti. Tsk.
Giró cabeza con molestia pasando una de sus coletas a su espalda. Algunos combates se libraron antes, incluido el de Yuno con un noble que se paso de fanfarrón. Cuando llegó el turno de Noelle y Asta ambos se veía con ganas de querer matarse. El referi les dijo las reglas que fueron desoídas.
— Tu hija la tendrá fácil -comentó el capitán de las mantis a Acier.
— Desearía que Noelle aprendiera un poco de humildad.
— Los hijos no siempre adoptan las actitudes de sus padres -dijo Yami-. Las aprenden.
“No podemos perder, Liebe”.
“Lo sé, hermano”.
Asta reveló a Danma y adoptó una postura de combate.
— Vaya juguete, ¿Seguro que puedes blandir algo tan pesado? -Noelle no parecía tan asombrada.
Sin embargo su expresión cambió cuando en un parpadeó tenía a su contrincante delante de ella dejando caer la enorme hoja. La cual golpeó una barrera de agua que la chica había convocado rápidamente, la espada la atravesó sin complicación alguna pero ese milisegundo de retraso fue suficiente para que Noelle diera un salto hacia atrás y se alejara.
— Con que tenías un truco ¿eh? -soltó la peliblanca juntando las manos por delante de ella-. ¡Dragón de agua!
Un enorme torrente de agua surgió de sus manos formando un dragón serpiente. Asta al verlo se cubrió con Danma, el impacto fue duro. “Debo resistir” se repetía mientras sus pies resbalaban sobre las baldosas. Si bien su espada estaba eliminando la magia del ataque el torrente era tan potente que lo empujaba hacia atrás. Cuando paro sintió un alivio, un poco más y se hubiera visto aprisionado contra la pared.
Noelle estaba con los ojos muy abiertos “¿Lo resistió? ¡Ese inútil lo resistió!“. Componiendo una mueca volvió a juntar las manos pero en esta ocasión arrojó una bola de agua. “Esto si lo puedo cortar” pensó el pelicenizo. Blandiendo su arma lo partió por la mitad.
“Eso no es posible” Noelle no creía lo que estaba sucediendo. Asta aprovechó ese momento para dar un enorme salto y atacar desde el aire. La peliblanca juntos las manos esta vez de manera distinta y una ola emergió a sus pies desplazándola a gran velocidad alrededor del patio. “Es muy rápida” Asta giraba la vista pues la chica podía incluso elevarse con esa ola.
— Eres un insecto -dijo Noelle deteniéndose-. Y te ahogaré como tal.
Noelle parada sobre su ola extendió ambas manos adoptando la forma de una cruz con su cuerpo. Asta se puso en guardia.
— Noelle, no irás a... -Acier se llevó una mano a la boca.
— Creo que se viene algo grande -dijo Fuegoleón.
— Es toda una princesa de las mareas -comentó Yami.
“Mis ataques convencionales son cortados por esa espada negra -caviló Noelle-. ¿Magia de corte? Es posible, pero no podrá cortar una inundación, la presión de agua lo ahogará y lo dejará inconsciente”.
Asta se sorprendió al ver que la ola sobre la cual estaba parada su rival se agrando y alzó convirtiéndose en un enorme muro de agua. Tan grande que le hacia sobra a gran parte del estadio.
“No puede ser”
— ¡Aquí se termina todo! ¡Aprende tu lugar insecto!
Noelle dejo caer todo el muro de agua cual ola de sunami sobre Asta, quien en ese momento recordaba las palabras de su madre: “¡Resistente como una roca! ¡Así el viento no podrá moverte!“.
“Si el viento no puede mover las rocas -susurró Asta”.
“¡El agua tampoco! -concluyó Liebe”.
El pelicenizo tomó una enorme bocanada de aire y clavó a Danma frente a él. La espada se hundió en el suelo poco antes que las furiosas aguas lo cubrieran completo. La corriente era muy potente pero Asta no soltó la empuñadura de Danma. Sentía que su cuerpo podría cortarse pero resistía como si de una roca de río se tratase.
Noelle Observó con satisfacción como el patio estaba inundado al menos en unos tres metros. “¿Tres metros? Juraría que había utilizado una mayor cantidad de agua, la suficiente para...“. Su marea se evaporó de pronto, perdiendo su soporte Noelle se vio precipitándose a tierra desde gran altura. El grito del pelicenizo captó la tención de todos. La peliblanca en plena caída libre lo observó yendo hacia ella como un meteoro negro con el espadón en una mano. “¡No puede ser!” Intentó juntar magia pero había gastado demasiado, necesitaba unos momentos. Su mirada violeta observó a su atacante ya demasiado cerca para hacer algo. Cerró los ojos con fuerza.
Un grito de asombro llegó a sus oídos. Noelle no había sentido el ataque. “¿Habré quedado inconsciente al recibirlo?“. Lentamente abrió los ojos. Al instante se percató que no estaba tendida sobre el suelo, sino en los brazos de su rival, cargada cual princesa. La mirada verdusca del chico dio con sus ojos violetas.
— ¿Te encuentras, bien? -le preguntó.
Noelle solo asintió despacio aun impactada al suponer lo que había sucedido. ¡La había atrapado en el aire en lugar de atacarla!
— ¿Cómo...?
— No te preocupes, tengo un físico resistente, mis piernas pueden amortiguar una caída de esa altura.
Asta la bajo y casi al instante se hizo a un lado para expulsar algo de agua por la boca.
— Eres de temer, mujer.
Noelle seguía observándolo con curiosidad. Acier miraba la escena desde el palco. Sonrió discretamente.
— ¡El combate a terminado! -declaró Fuegoleón.
— ¡Un momento! ¡¿Quién gano?! -preguntó a gritos alguien del público.
— Los combates son para demostrar habilidades, no para elegir al ganador -respondió cortante Fuegoleón-. Despejen el patio para el siguiente combate.
— ¡Ah! -suspiró Asta-. Se terminó.
Comenzó a retirarse guardando su grimorio oscuro en su portalibros.
— ¡Un momento! -ante la llamada de Noelle, el pelicenizo se detuvo y la observó de soslayo-. ¿Cuál es tu nombre?
— Asta.
— Y tu ape...
— ¡Gracias por combatir contra mí! -le dijo rápidamente-. Pensé que eras solo palabras, pero me has demostrado que sabes lo que vales, ahora entiendo porque a tus ojos soy un insecto. Bueno, ¡Adiós!
Noelle observó como el pelicenizo se iba con una sonrisa en los labios después de todo lo acontecido. En verdad, era alguien poco común. “Adiós, Asta”.