Embotellando mi vida

Summary

Después de la derrota del señor tenebroso, Severus Snape moribundo decide cerrar los ojos para siempre. ¡Despertando en su habitación de prefecto! al verse en un espejo un joven Severus Snape le devolverá la mirada. ¡Nuevamente en su quinto año! ¡Y con toda su mentalidad, conocimientos y experiencia de adulto! Sin pensarlo dos veces, decide cambiar su segunda vida, aprovechado sus talentos y viviendo. Dejando de seguir a Lily y frenando sus problemas con los merodeadores... amoríos, revelaciones, malentendidos, fama, prestigio, cambios... ¿Quieres saber más? Lee unos cuantos capítulos y luego decide si deseas continuar. El mundo de Harry Potter pertenece a J.K Rowling. Lo único mío es la trama. Mis agradecimientos a "Eli_Crowley" por la excelente portada.

Status
Complete
Chapters
28
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

Iniciando el cambio

Despertó.

Parpadeó varias veces hasta ser consciente que ya no sentía dolor en donde Nagini le había asestado letales mordeduras. Se levantó de golpe y se llevó una mano a donde se suponía debían haber marcas sanguinolentas. Nada. Observó su entorno y un flash de sus recuerdos le dijo que era su habitación de prefecto en las mazmorras de Hogwarts. Estaba procesando la información cuando observó sus manos, pálidas y... ¿Será posible?

De un salto abandonó la cama donde había despertado y entrando al baño se vio al espejo. Un joven pelinegro de quince años le devolvía la mirada. Su mente racional intentó buscar una explicación. ¿Un sueño? no es posible ¿Retrocedió en el tiempo? quizá ¿Esta muerto y esto posiblemente es el infierno? no parecía ser una gran revelación de una vida después de una muerte violenta.

Toc - toc.

El sonido de la puerta lo sobresalto. Buscó con la mirada encontrando su varita a un lado de la cama sobre un velador. La tomó, no sabía que estaba pasando por lo que debía ser precavido. Abrió la puerta con la varita en mano. Se quedó sorprendido al ver a Lucius Malfoy joven, el rostro anguloso y el cabello platinado era inconfundible, en ese entonces no lo tenía tan largo, por lo que su imagen le recordó a Draco Malfoy en sus últimos años.

— Lucius.

— ¿Te pasa algo? -preguntó el rubio arrugando el entrecejo-. ¿Todavía estás en pijama?... Severus, vas a ayunar forzosamente si no te das prisa.

— Voy en un momento, deja que me aliste.

— No tardes, iré avanzando con Cissy.

¿Había regresado en realidad? por el momento decidió cambiarse, era curioso, su mente recordaba donde estaban sus cosas. Se cambió con premura, ya se daría un baño al terminar el día. Se revisó en el espejo, era su típica apariencia juvenil... ummm... ¿Y si se hacía un cambio? bueno, no uno grande, pero al menos haría su cabello menos grasoso, y quizá con unos detalles más. Pensaría en ello después, en su pasado fue reservado y no le importaba lo que pensarán de él, ¿por qué no cambiar un poco esta vez?

La clase de pociones estaba por iniciar. Durante el desayuno había reconocido a varios de sus compañeros, algunos le habían saludado. Gracias a un pequeño intercambio con Lucius Malfoy, que estaba en séptimo año, supo que se encontraba casi en la mitad de su quinto año. El año en que Lily Evans comenzó a tratarse mejor con James Potter y los merodeadores que eran sus enemigos declarados. Pero esta era una nueva oportunidad y no desperdiciaría su juventud con amarguras, tenía toda una experiencia de vida y conocimientos que aprovechar, quizá en el pasado (que curiosamente ahora era su futuro) nunca supero a Lily pues se culpó por su muerte y apoyó a Dumbledore solo para redimirse. En este momento Lily estaba con vida, nada lo ataba, era completamente libre.

El profesor Slughorn abrió la puerta de lo que sería su futuro laboratorio. O quizás no puesto que tenía otros planes. Le sonrió al maestro que frunció el ceño ante el gesto y lo felicitó por ser el primero. (Había logrado llegar primero después de batir el récord en de gustación de alimentos). Los estudiantes d Slytherin y Gryffindor ingresaron en masa un minuto después. Lily se sentó a su lado como solía hacerlo. Severus la saludo con una radiante sonrisa. La verdad, esos ojos esmeraldas aún lo ponían de buen humor.

— ¿Paso algo? -preguntó sonriente Evans-. Te veo, no sé, algo distinto.

— Hoy aprenderemos algo nuevo -contestó-. Motivo suficiente para estar contento.

— Sevie -achinó los ojos-. ¿Eres tú? Siempre te quejas en esta clase.

— Los métodos no son adecuados, cuando algo no es adecuado, hay que cambiar.

— En la elaboración de pociones solo se deben seguir las instrucciones -acotó Evans-. Soy buena en el curso no por tener talento, sino porque hago lo que muchos no: leer las instrucciones, entenderlas y seguirlas como se deben -Severus anchó su sonrisa-. ¿Estas...?

— Te veo feliz Snivellus -soltó James desde la mesa contigua con una sonrisa burlona, Sirius Black a su lado compartía su humor-. ¿Qué paso? lograste...

— Te veo en buena forma Potter -interrumpió Severus con una amplia sonrisa, era una segunda oportunidad y no pensaba sufrir amarguras, ya era muy maduro mentalmente para ello-. Espero des un buen espectáculo en el torneo de Quiddicth.

El salón estaba en completo silencio, ya acostumbrados a las discusiones entre James y Severus no sabían bien que pensar de lo que acababan de presenciar ¿Severus, un Slytherin, apoyando a James, un Gryffindor?

— Creo que debes revisar tu escoba, quizá la haya hechizado -le susurró Sirius a su amigo.

— Buenos días, estudiantes -la voz del profesor, ahora con su bata blanca, lo hizo mirar al pizarrón-. Sobre la mesa encontraran todos los ingredientes a utilizar, hoy haremos una poción avanzada, muy complicada para los que no dominen lo básico. En su libro de pociones avanzadas, página 86, encontrarán los ingredientes, en cuanto a la preparación -movió su varita y el método de preparación apareció en la pizarra-. Deben seguir los pasos al pie de la letra, de lo contrario... -Severus levantó la mano-. Sí, señor Snape.

— Señor, el libro tiene errores, el método de preparación no es efectivo -el silencio se hizo más profundo, los estudiantes de ambas casas lo miraban expectantes y con los ojos abiertos por lo que acababa de decir, incluso Evans lo miraba incrédula.

— Señor Snape -el profesor parecía contrariado-. Este libro contiene los mejores métodos de los más reconocidos pocionistas. ¡Usted prácticamente los esta cuestionando! la verdad no se en que se basa para...

— Si me permite, profesor -interrumpió con una voz llena de confianza-. Puedo demostrar que hay un método que hace más sencilla la preparación y mejora el efecto de la pócima.

— Creo, señor Snape, que como profesor debo darle una lección de humildad -Slughorn realmente lucía disgustado por la interrupción en su clase-. Si es capaz de pararse al frente y demostrar lo que dice ante todos nosotros, le tomaré la palabra.

Severus esbozó una sonrisa de suficiencia y abandonó su lugar con el libro de pociones avanzadas en su mano. Mientras caminaba y estando a unos pasos de su maestro arrojó el libro de pociones al tacho de basura que estaba en una esquina del aula. Ese acto sorprendió tanto al profesor como a los estudiantes de ambas casas.

— Presten atención -por extraño que parezca, la voz de Severus sonaba ligeramente distinta, nada acomplejada ni baja como solía hablar, sino en tono modulado. Sacó su varita y con un movimiento cambio las instrucciones de 12 a 7-. Primero, dejemos el caldero calentando con el agua del río Nilo, mientras tanto, aplastemos los dedos de Grindilows...

— ¡Los dedos se cortan, señor Snape! -intervino el profesor-. ¡Es obvio que por muy bueno que sea en mi materia esta poción pertenece a un nivel que todavía no ha alcanzado!

— Esta juzgando sin ver el resultado -respondió calmadamente Severus-. Además, es complicado cortar dichos dedos, mejor es aplastarlos -Slughorn abrió la boca para decir algo-. Sigamos, ahora...

La clase de Severus continuo, algunos estudiantes siguieron sus instrucciones solo por curiosidad pero la gran mayoría solo se quedaron escuchando la cátedra sin saber que hacer. Slughorn solo esperaba que el Slytherin terminara para dar su sermón de humildad y demostrarle que un joven por impetuoso que sea no puede aires de grandeza sin tener el conocimiento y la preparación necesaria. Aunque el profesor debía admitir que la cátedra que daba el joven Snape no estaba nada mal, explicaba cada proceso con lujo de detalle y sí, para que negarlo, su “método” facilitaba mucho el proceso de elaboración. Aunque era evidente que no daría resultado, la poción debía ser azul en su totalidad y el de su improvisado reemplazo como maestro era naranja. Aunque el olor era parecido a lo que debía ser el resultado.

Lily Evans había seguido las indicaciones de Severus paso por paso, lo cierto era que el nuevo método que se presentaba ante ella tenía algo de lógica y quería comprobarlo. Sin embargo, llegando al paso 6 se desilusionó al ver que el color de su poción era distinto al indicado en el libro. Resignada siguió la última indicación de su mejor amigo y agregó el ingrediente final. Su sorpresa fue mayúscula cuando el naranja se convirtió en azul. El profesor también se había quedado pasmado al ver el cambio en el último paso, incluso el olor había cambiado al que debía ser.

— ... y así, tenemos lista la poción del sueño, muy útil cuando uno no puede dormir por su propia voluntad, pero, esta versión es más potente, una gota tendría el mismo efecto que beber un frasco completo de la misma poción hecha con el método que tienen en su libro -informó Severus.

— Eso... no es posible -dijo Slughorn quitándole el pequeño frasco a Severus y alzándolo a la altura de su rostro para examinarlo.

— Para ser exactos, profesor, una gota proporciona seis horas de sueño ininterrumpidos.

— Mi abuela tiene problemas para dormir -habló Sirius burlón-. Al menos tu poción le ahorrará un par de galeones. Si funcionara, claro. Gracias por nada, Snivellus.

El grupo de merodeadores rió seguidos de algunos a quienes les hizo gracia. Lily se dio cuenta que Sirius ni siquiera había revisado su libro. De lo contrario sabría que la poción estaba bien hecha. ¿Pero? ¿en verdad había sido potenciada?

— Prueba una gota -le dijo Severus sin perder la calma, esto asombró a más de uno, pues cuando era blanco de burlas tendía a quedarse callado con la cabeza gacha o contestaba tratando de ganar un debate verbal en las que no se le daban bien las respuestas ingeniosas-. Quizá te haga bien un descanso de seis horas.

— ¿Crees que tengo miedo? -respondió retador Black.

— Señor Black -soltó Slughorn que parecía más calmado-. Acérquese, por favor.

— Seré el conejillo de indias -dijo Black mientras avanzaba al frente sonriendo arrebatadoramente a las chicas lindas con las que hacía contacto visual-. Aquí estoy, listo para arriesgar mi deseable pellejo.

Risitas de chicas se escucharon.

— Una gota -comenzó el profesor mientras cargaba un gotero-. No debería tener efecto alguno, ningún ingrediente es tóxico por lo que no corre peligro algunos, señor Black. Abra la boca.

— Le quita la emoción al momento, señor -dijo obedeciendo.

Slughorn presionó el gotero, una gotita emergió de la punta y cayó sobre la lengua de Black.

— ¿Cómo se siente? -preguntó el profesor.

— Mejor que...

Severus disfrutó ver como Sirius Black caía como tabla hacia atrás, causando un grito de asombro y susto a partes iguales.

— ¿Esta muerto? -saltó James a intentar levantar a su amigo.

— Muy a mi pesar, no -respondió Severus sonriendo.

Albus Dumbledore revisaba unos papeles cuando Minerva Mc.Gonagall entró junto con el profesor de pociones.

— Amigo mío -saludo Dumbledore-. ¿Has venido a tomar el té?

— Albus -Slughorn le extendió un frasco pequeño que contenía un líquido azul.

— No tengo problemas para dormir, pero acepto tu ofrecimiento -revisó el contenido-. Sí, es poción del sueño.

— No es uno normal -dijo el profesor-. Ese lo hizo un estudiante de Slytherin siguiente su propio “método” de preparación.

— Interesante. ¿De quién se trata?

Slughorn le mostró el libro de pociones avanzadas que utilizaban los estudiantes de quinto grado y la puso sobre el escritorio. El director con curiosidad lo abrió encontrando partes tachadas y anotaciones a mano en los lados, el ochenta por ciento del libro había sido garabateado.

— ¿Has estado mejorando métodos o algo?

— El libro es del estudiante del que quiero hablarte.

Albus juntó las cejas en un gesto de extrañeza.

Dos días después Severus caminaba por los pasillos con sus libros bajo el brazo. Algunas chicas volteaban a verlo con cierta curiosidad, tal y como se había decidido había tomado medidas para cambiar el aspecto de su cabello, antes grasoso y ahora lacio y fino, incluso un poco mejor acomodado gracias a un hechizo práctico. Sin esa mata gruesa sobre su rostro eran más apreciables sus finos rasgos heredados de los Prince, aunque no podía hacer nada con su nariz ganchuda. Decidió vestir también con pulcritud y, quizá sin percatarse, se movía de la manera elegante y refinada a la que estaba acostumbrado de adulto, y en su joven yo, lo hacía ver como un joven príncipe vestido de negro con su túnica ondeando elegantemente tras él.

Para colmo, lo sucedido en clase había sido causa de rumores y algunas tergiversaciones. Se había expandido en todo Hogwarts lo que acrecentaba la curiosidad sobre su persona.

— ¡Severus! -Lily le dio alcance-. ¿Vas a la biblioteca?

— Tu predicción es correcta -respondió aminorando el paso y sonriendo levemente.

Lily había notado cambios drásticos en su mejor amigo. Desde el hecho que cuidara su apariencia cuando hace solo unos días no parecía importarle la opinión de los demás, hasta el que los puntos de Slytherin salieran disparados gracias a sus incesantes participaciones en las clases. Sin embargo, lo que más le había causado curiosidad eran aquellos ojos negros llenos de vida. Severus no era así, era más taciturno y reservado pero ahora lo veía... ¿Más normal? Incluso dejo de acompañarla a todos lados, pues iba de un lado a otro metido en sus asuntos.

— ¿Haz hecho el trabajo de transformaciones? -consultó la pelirroja.

— La misma tarde que nos la encargaron -respondió calmado.

— ¿Tienes otros deberes?

— No.

— Entonces ¿por qué ir a la biblioteca? -cuestionó extrañada.

— Mi querida Lily, existen magos y brujas que tienen por afición la lectura.

— Pero tú solo lees libros académicos -repuso.

— Así como hay quienes gustan de los deportes rudos, a mi me gustan las lecturas pesadas, libros tan gordos que podrían romper un cráneo humano si se usara como arma.

— Al menos podrías ayudarme con mi trabajo, Sevie -Lily puso ojitos encantadores dignos de un gato abandonado.

— No hay problema -dijo mientras tomaban asiento-. Pero... -tomó el libro que llevaba su compañera y lo puso a un lado-. El autor de este libro es pésimo -escribió una ficha de pedido-. Dale esto a la bibliotecaria, es el libro que acabará con todos tus problemas.

Lily supuso que era el libro que el había utilizado así que se encogió de hombros y fue a pedirlo. Después de unos minutos, la bibliotecaria le entregó el libro... era tal y como le gustaban a Severus. La pelirroja soltó un suspiró, lo tomó y dio media vuelta para volver a su sitio cuando se quedo estática al ver a una joven rubia de Ravenclaw conversando animadamente con su mejor amigo, hecho que la extraño puesto que Severus no interáctuaba con chicas, salvo ella y una que otra Slytherin, este último caso por sus obligaciones de prefecto. Cuando tomó asiento la rubia le sonrió.

— Entonces, te veo mañana a las cinco, Sevy -dijo la rubia de manera encantadora-. No hagas esperar a una dama.

— Tienes mi palabra, mi lady -dijo con una voz modulada muy extraña en él.

La Ravenclaw abandonó la estancia.

— ¿Mi lady? -Lily tenía curiosidad.

— Una forma elegante hablar ¿tienes el libro?

— ¿La conoces? -cuestionó Lily ignorando la pregunta.

— Desde hace cinco minutos.

— ¿Qué quería?

— ¿La respuesta ayudará a que comiences con tus quehaceres?

— Quizás... Soy tu amiga, puedes confiar en mí.

— He intercambiado palabras con la chica durante unos minutos ¿y se supone que debo ocultar algo? -sonrió burlón.

— ¿Quién eres y que has hecho con mi mejor amigo?

— Tu mejor amigo está mejor que nunca -nuevamente ese chispazo de vitalidad en sus profundos ojos negros-. ¿Comenzamos con tu tormento?

— Claro, lista para el martirio.

Cuando iban saliendo de la biblioteca el director Albus Dumbledore los intercepto, escrutando a Severus.

— Señor Snape -dijo después de que ambos jóvenes lo saludaron-. Sería tan amable de asistir mañana a mi oficina.

— Por supuesto, Director -respondió Severus-. ¿Motivo?

— Algunos pocionistas altamente capacitados quieren “dialogar” contigo, entre ellos, el autor del libro de pociones avanzadas.

— Estaré a la hora que me indique.

Esa noche Severus se fue a dormir con una sonrisa en el rostro, sus planes estaban poniéndose en marcha.