¡Los príncipes no llevan paraguas feos!

Summary

Donde llueve a cántaros y Jeon Wonwoo puede haber perdido su trabajo. Aún así, la vida no se pone ni un poquitito de su lado y le manda al extraño más persistente y con el paraguas más feo que alguna vez podría haber visto. Incluso si no lo menciona, el amarillo, las zapatillas deportivas y un flequillo mojado, podría ser la pesadilla en el mundo de los príncipes azules. Además ¿quién cree todavía en ellos? Wonwoo no.

Genre
Romance
Author
woo_ppy
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Hay momentos en la vida en los que sientes que no tienes nada, que tu mera presencia en este mundo ha sido un desperdicio de tiempo. Ningún logro, nada que comentar en las cenas familiares, nada de lo que sentirse orgulloso de sí mismo.


Poco a poco se había sumido en un mar de desesperación reprimida. Estaba solo, a penas podía ayudar a su madre a subsistir.


Bufó para sus adentros, a punto de arribar a sus treinta años y continuaba viviendo con su madre, claro, tampoco pensaba dejarla sola con su ceguera. No tenía pareja y con suerte podía hallar satisfacción de una noche. En su vida no había niños propios, ni un gatito siquiera. Ahora, posiblemente despedido del periódico para el que trabajaba por haber lanzado café caliente sobre uno de sus compañeros, además de causar un desastre en su oficina. Desastre que retrasaría la impresión, si es que se lograba solucionar el problema en las próximas horas. A causa de su estado de nervios terminaron mandándolo fuera, puesto que solo contribuía a empeorar la situación.


Prendió un cigarrillo y, tras una extensísima calada que llenó sus pulmones de toxinas, partió. Caminó y caminó, sin ser consciente de su rumbo o el lugar en el que se encontraba, se vio sentado en una pequeña jardinera al cabo de un tiempo, pero no más que eso.


¿Qué haría ahora? ¿Qué sería de su vida? ¿Por qué era ella tan injusta?

Un millón de interrogantes le atormentaban, ni siquiera había notado la lluvia que caía sobre él y que le impedía ver con claridad algo situado a poco más de un palmo de distancia. Su cigarrillo había perecido minutos atrás, aunque lo mantenía entre sus dedos, en busca de la sensación de poseer algo de lo que aferrarse, de tener algo que le proporcionara sostén en medio de su desesperación.


En tanto, un par de zapatillas se posaron delante y la lluvia cesó de caer sobre él. Por inercia levantó su rostro, topándose con unos ojos relucientes, tan cercanos que, si se esforzaba un poco, podría verse en ellos. Poseían, además, el vestigio de la inocencia característica de los primeros momentos de la juventud. Ojos protegidos, al igual que su dueño, por un reluciente paraguas amarillo.


Wonwoo ladeó su cabeza sin entender la situación aún y el extraño le imitó. Sin embargo, la sonrisa cautivadora que le regalaría el muchacho establecería las diferencias con mayor claridad. Parecía un cachorro llamando a su dueño a jugar con él, a saltar en los charcos, a ensuciarse con barro sin importar los regaños venideros.


—Hola ¿Un mal día? —pronunció el dueño de los luceros pardos. Aunque él se negó a responderle, no tenía paciencia para entablar una conversación banal con alguien salido de quién sabe dónde; pero el muchacho no parecía entender las indirectas, incluso si Wonwoo había decidido girar su rostro en dirección contraria y tales "indirectas" representaban el elefante rosa en la habitación.


—¡Oh cierto! Mi nombre es Mingyu, ¿un mal día? —repitió otra vez la misma pregunta ¡como si saber su nombre cambiara algo! Wonwoo suspiró poniendo más distancia entre sus rostros repentinamente cercanos, al inclinarse hacia atrás y saliendo así de la protección del paraguas, el cual podría ser comparado con las viejas señales para las aeronaves.


—Si te contara... de los peores, diría. —respondió sin dar más detalles, esperando que con ello lo dejara en paz, sumergido en las ruinas que representaban su vida día a día.


Aunque claro, ya había notado lo persistente que aquel chico podía llegar a ser. Muy al contrario de sus súplicas internas Mingyu permaneció a su lado, tan estático que dudaba acerca de su naturaleza humana. Quién sabe, quizás podría ser resultado de la escultura de algún material rocoso, ahora iluminado por una nueva determinación, que suponía la atención de Wonwoo. Ahí pudo percatarse de su error, este chico no se marcharía ahora que había logrado "una muestra de confianza".


El silencio, era adornado por las gotas que tamborileaban en la superficie del paraguas y por los autos que salpicaban agua llena de barro, a unos metros de donde se encontraban porque, decir que el tiempo se había detenido era bastante estúpido para su edad, solo sería la repetición del cliché que tanto criticaba desde sus años de adolescencia. Ese en el cual el sol creaba suaves matices sobre los rasgos de ambos individuos, el aleteo de las mariposas a su alrededor se volvía una película en cámara lenta, los pajarillos cantaban melodías que replicaban el sentimiento floreciente en los corazones jóvenes. Sí, puras mentiras para engañar niñas hormonales en su búsqueda por el "príncipe azul". Además, unas zapatillas deportivas, un flequillo húmedo y desordenado y un pésimo gusto en la elección de colores de paraguas, eran, al menos, todo lo contrario al atuendo oficial de algún príncipe conocido en la historia de los pueblos. De eso estaba seguro... Pero ¿qué estaba diciendo?


—Una vez escuché que era más confiable contarle tus penas a un extraño en lugar de a la persona que más creas conocer. —las palabras fueron tan suaves que dudó haberlas escuchado en realidad o quizás se debió a su ensimismado estado, si no fuera porque, al mirarle, Mingyu le regalara otra de sus sonrisas afirmaría a todas voces su error y su posible locura.


El que permanecía en pie se agachó los pocos centímetros que necesitaba para quitar el cigarrillo húmedo de los dedos contrarios aunque, debido a su habitual torpeza, al cambiar de mano para lanzarlo en una basurera, su paraguas quedó sin que alguien lo sostuviera pues el espacio entre el cuello y el hombro del moreno no era suficiente para soportar su peso y eventualmente cayó varios metros lejos de ambos, empujado por la ventisca propia de la tormenta. En un intento por alcanzar a aquel objeto, que parecía haber tomado vida propia, Mingyu corrió tras él, pero bastó un cambio ligero en la dirección del viento para que el muchacho terminara aplastando su feo paraguas. Wonwoo no pudo contener una carcajada sonora al ver el rostro consternado del joven, el cual pasó por varios cambios: molestia, asombro y, finalmente, humor; como si su paraguas no hubiese quedado dañado y ahora los dos se encontraran empapados.


—Te parece muy gracioso que mi paraguas se rompiera ¡acabo de comprarlo! —trató de sonar enfurecido, incluso puso las manos en sus caderas, pero al ver a su acompañante negar sin detener sus risas, quedó confirmado su fracaso en la tarea.


—Wonwoo, me llamo Wonwoo ¿insinúas que debo pagar por tu torpeza? —dijo por fin, levantándose de la jardinera y encarando a Mingyu.


—Puedo aceptar un café, en compensación por mi pérdida, persona desconsiderada. —fue la respuesta del muchacho.


Con eso, ambos, apretados en el paraguas casi inservible, se dirigieron a la cafetería más cercana, aun si no les permitieran el paso por la humedad en sus ropas. Cada uno con una promesa nueva formulándose bajo la fina protección de un paraguas casi tan desaliñado como ellos mismos.


Tal vez el destino a de mejorar si se trata más fuerte y muy posiblemente hacer reír a alguien podría ser la mejor y más antigua cura. Porque reír en compañía aliviaba hasta los dolores más profundos del alma, incluso si esa persona era un extraño con zapatillas deportivas y un feo paraguas amarillo.