Alakran

All Rights Reserved ©

Summary

Briana ha pasado toda su vida sumergida dentro de una burbuja que no ha sido capaz de hacer estallar. Cuando Simón desaparece y Teo regresa, el pueblo en donde vive es alertado por una seguidilla de homicidios en los que jamás hubiese imaginado se vería involucrada. Un asesino con un sello muy particular, un alacrán negro que esparcirá su veneno y la única capaz de detenerlo es ella, pero su corazón roto está pudriendo todo a su paso y no sabe cómo lidiar con los fantasmas de un viejo amor que no quiere soltarla.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1




Aquella noche soñé recuerdos que creí haber olvidado. Hacía años no volvía a experimentar aquella sensación de nostalgia y soledad. Fue solo un instante, pero eso bastó para que la profunda pena que acababa de florecer me hiciera llorar como hacía mucho tiempo no lo hacía. A veces me preguntaba cómo había tenido la fuerza para sobrellevar mi dolor, incluso cuando ahora lo sentía tan lejano, casi como una mentira, como si nunca hubiese pasado. Había ocasiones en que me arrepentía de las decisiones que había tomado durante mi adolescencia, otras veces me reía, porque pese a que eso ya no importaba, todavía me seguía preguntando qué hubiese pasado si las cosas hubiesen salido de forma diferente.

En medio de la penumbra me di media vuelta y lo miré directamente a la cara. Sus ojos eran oscuros, su cabello castaño y su sonrisa radiante.

Le sonreí y extendí mis brazos para recibir su apretado abrazo.

Él estaba tan feliz, parecía tan ilusionado que intenté corresponderle con una sonrisa de vuelta. Sin embargo, pese a los esfuerzos que hice no lograba comprender mis profundos deseos de llorar. Era muy frágil, y el día de mi cumpleaños era especialmente triste. Soñaba cada noche antes de despertar, volvía atrás en el tiempo y eran sueños felices pero que dolían en lo más profundo de mi corazón, tanto que a veces cuando me despertaba deseaba olvidar esos pequeños recuerdos que no merecía avivar porque nunca había sido capaz de hacerles justicia.

—Feliz cumpleaños —murmuró.

Hice un poco más apretado nuestro abrazo.

—Gracias, te amo —mentí.

—También te amo.

Me aferré con tantas fuerzas a su cuerpo, simplemente queriendo que aquellas lágrimas traicioneras desaparecieran rápido para volver a respirar. Era mi segundo cumpleaños a su lado, pero también era mi cuarto cumpleaños sin él.

Por unos instantes los aplausos se escucharon como ecos en mi mente. Rebusqué en mi bolsillo cuando mi celular comenzó a vibrar. No tuve tiempo de revisarlo porque recibí entonces un enorme y fogoso beso en la boca.

Sentí la mirada de mi madre sobre la nuca, así que de inmediato me di media vuelta para decirle con tan solo un gesto que efectivamente era lo que más temía. Ella era tan consciente de lo que estaba pasando que a toda costa vi cómo intentaba distraer al los demás para que no notaran mi angustia.

—¿Todo bien? —preguntó ella, leyéndome el pensamiento.

—Sí.

Oculté mi celular en mi bolsillo.

Cada año, durante cuatro largos años, cada cumpleaños sucedía lo mismo. Yo lo sabía, todos lo sabían. Una parte de mí rogaba porque el próximo año fuese diferente, pero también había otra parte que lo esperaba con tantas ansias que sabía que el día que dejase de suceder sería tan terrible como el último día que supe de él. Ya no me atrevía ni a decir su nombre.

—¿Realmente estás bien?

—Por supuesto —dije con escaso convencimiento—. Está todo muy delicioso, muchas gracias.

Simón, quien se acercó lentamente hacia mí, me extendió la mano y me dijo tan solo con sus ojos que no creía ni una sola palabra de lo que yo estaba diciendo.

Vi como mamá decidía dar un paso atrás para entregarnos algo de privacidad. Yo deseé gritarle con todas mis fuerzas que no me dejase sola.

—Dame tu celular.

—No es necesario —dije en un susurro.

—Es él otra vez, yo lo sé —murmuró—. Siempre es lo mismo, odio que arruine cada fecha especial. Estoy harto de que estés lidiando con ese fantasma todo el tiempo. No es justo para ti —carraspeó—, y tampoco es justo para mí.

De cierta manera él tenía mucha razón. Llevaba dos años de relación con Simón y sabía perfectamente todo acerca de mí, de mi vida y todo acerca de Teo.

Cerré los ojos y suspiré.

Sin embargo, en aquellos momentos de mi vida eso ya no me importaba. Ni siquiera era relevante dentro de nuestra relación. Yo realmente estaba enamorada de Simón, el problema había sido el costo que él había tenido que pagar por mi culpa.

Era como si hubiese una pequeña fuga dentro de mi pecho, la que cada cierto tiempo quedaba al descubierto y me hacía doler profundamente la herida. Pese a que habían pasado los años yo todavía estaba luchando contra eso, pero lo que más perturbaba mi dolor era el hecho de saber que de cierta manera también le estaba afectando a él.

—Perdón —dije—. Nunca he respondido y hoy no será la excepción.

Escondí mi mano en mi bolsillo y sentí como la llegada de un nuevo mensaje volvía a vibrar entre mis dedos. Tenía tanto miedo de revisarlo y de demostrar ese temor al resto que traté de contenerme haciendo un esfuerzo sobrehumano. Pero el no saber, ni siquiera poder imaginar cuál era su contenido, provocaba tantas ansias en mí que quería que todos se marcharan pronto y estar a solas para poder leerlo.

Sentía que cada vez que me escribía me daba una pista diferente acerca de algo que estaba por ocurrir. Eso me estaba volviendo loca.

Él no quería que lo dejara de pensar.

“Espero que nos encontremos pronto. Feliz cumpleaños”

En un momento de distracción leí el mensaje y me arrepentí al instante. Cuando vi sus palabras mis manos comenzaron a temblar a tal punto que dejé caer mi celular al piso.

Simón me estaba mirando de reojo y pude notar su enorme molestia. Traté de evitar su mirada y en el proceso mamá puso frente a mí un vaso de vino. Lo llevé hasta mis labios y bebí en seco todo su contenido.

Volví a cuestionar todo lo que entendía hasta ese momento como estabilidad. A ratos sentía que lo tenía todo, otras veces sabía con real certeza que en realidad no tenía nada. Teo me escribía cada año sin falta, sin embargo, como nunca había pasado nada supuse entonces que eso se mantendría así. Quizás simplemente él no quería dejar el pasado, y pese a que sabía que yo ya lo había dejado atrás, él haría todo lo posible por interponerse en mi decisión.

—¡Buenas noches a todos! —Sacudí mi mano en modo de despedida—. Gracias por venir.

Cerré la puerta y suspiré con alivio.

Pese a todo lo que había pasado durante la tarde había sido un gran día. Me había acompañado mi familia y amigos. Había sido una gran celebración con mucha comida y obsequios.

Cumplir veintinueve no había sido tan terrible como lo había pensado.

La casa estaba hecha un desastre, pero estaba cansada. La intensidad de todos me hacía sentir un poco pequeña. Entre el trabajo y los problemas que estaba teniendo con Simón, ya no quería nada más que cerrar los ojos y descansar.

Caminé lentamente hasta mi habitación, y como lo supuse ahí estaba él.

Sentí un poco de nervios. Su mirada me decía que estaba dolido.

—Briana.

—Estoy cansada —dije en voz baja—. ¿Tú no?

—Briana, que está pasando contigo...

—¿Por qué dices eso?

Me senté en el borde de la cama y comencé a quitarme la ropa lentamente. Anhelaba con todas mis fuerzas no tener una discusión, mucho menos por culpa de él.

—Ya basta —dijo alzando un poco la voz—. Se hace cada vez más frecuente. ¿Qué está pasando? ¿Volvió?

La mera insinuación de algo así me provocó náuseas.

—No, Simón, de qué hablas.

—¡Es que estoy harto! No nos deja hacer nuestra vida en paz. Siento que cada vez que te escribe es para pedirte que vuelvas con él, y siento que cada vez que eso pasa te convence un poco más.

—Claro que no —lo paré—. He sido muy tajante con respecto a este tema. A Teo no lo he visto desde hace años y no mantengo ningún tipo de contacto con él. Nunca —suspiré—, nunca he respondido a ninguno de sus mensajes y él sabe por qué. Sabe perfectamente que estoy contigo, sabe que estoy enamorada de ti, sabe que yo ya no lo quiero más.

Bajé la mirada hacia mis manos temblorosas y sentí nuevamente deseos de llorar.

—Pero... —dijo Simón, como si pudiese sentir en mis palabras que había algo más que estaba atorado en mi garganta.

—No hay peros —le aseguré—. Simplemente hay cosas que no puedes controlar.

—Sabes algo, creo que de cierta forma eso lo comprendo. Sé que ha pasado tiempo y también sé que tú me quieres —dijo con certeza—. Pero puedo notarlo.

Él bajó su mirada con tristeza. Estaba ya en la cama y lo vi levantarse para comenzar a vestirse nuevamente. Me quedé perpleja por su actitud.

—Qué haces.

—Lo veo en tus ojos —me ignoró. Su voz se escuchaba apagada—. No ha cambiado ni un poco. Tu ojos me dicen que lo extrañas, que todavía te mueres por él, que estás esperando el día que vuelva por ti. Él día que eso pase me vas a dejar, y yo no sabré qué hacer.

—Simón...

Se me hizo un nudo en la garganta. No pude contestar nada.

—Y ni siquiera lo conocí. No puedo hacerme ni la más mínima idea de lo que es él. ¿Qué tiene que yo no? ¿En qué es mejor? No entiendo por qué no me puedes querer de la misma forma.

—Yo te amo —susurré.

—Te apoyaste en mí desde que nos conocimos, trataste de engañarte a ti misma forzándote a enamorarte de mí para sacarlo a él de tu cabeza. Sabías que esto me haría daño y no te importó ni un poco. Quisiste demostrarle a él que podrías superarlo porque estaba herido tu orgullo. Nunca te han importado mis sentimientos.

—Eso es mentira.

Él se terminó de vestir y lo vi tomar un bolso para empacar sus cosas.

Me dejaría sola y yo nuevamente no sabría qué hacer. No podía creer como después de tanto tiempo Teo seguía influenciando en mi vida, incluso cuando ya no estaba en ella. No era justo, pero Simón tenía razón.

—Necesito un tiempo.

—¿Me estás dejando?

—Tengo mucho en qué pensar —dijo—. Me iré unos días al norte. No estoy terminando contigo, pero me siento herido y necesito entender mejor las cosas.

—¿Qué cosas? —Traté de arrebatarle su ropa para que no empacara. No quería que me dejara—. No te vayas, por favor —lloré—. Yo no he hecho nada, yo te quiero a ti. Es verdad, he estado lidiando con él últimamente, pero nada más. Nunca he respondido sus llamadas, nunca he respondido sus mensajes. Yo te respeto, te quiero aquí conmigo. No tengo dudas sobre mis sentimientos pero esto me supera. Teo fue y sigue siendo parte importante de mi vida y mi pasado. Estaba enamorada de él y pese a que ha pasado mucho tiempo no puedo olvidar su existencia. Eso no significa que todavía lo ame...

—Yo sé —dijo Simón y se acercó para secar mis lagrimas—. Yo sé que haces un esfuerzo, sé que es verdad y nunca has hablado con él desde que nos conocemos. Esto es algo más complicado. Tus sentimientos están comenzando a desbordarse por cada uno de tus poros.

—Yo te amo.

—Yo también te amo. Pero anoche, mientras estábamos abrazados —sonrió débilmente—, estabas quedándote dormida y me llamaste por su nombre.

Cerré los ojos y dejé de sentir su mano cálida en mi cara. No me atreví a mirarlo durante los próximos minutos y finalmente escuché como cerró la puerta.

Me había vuelto a quedar sola.

Feliz cumpleaños para mí.

Habían transcurrido cerca de dos semanas en que no supe nada de él. Simón estaba desaparecido y yo estaba sumamente preocupada. Lo extrañaba más que nunca. Me sentía perdida y tenía miedo de lo que iba a pasar. Dos años llevábamos y nunca me había dejado sola tanto tiempo.

Finalmente había decidido tomar unas vacaciones. Necesitaba estar en casa y con toda la presión no me sentía capaz de volver a trabajar. Había una tormenta en mi cabeza, sentía que volvía a tener veinte años otra vez. Recordar aquellos días era como detenerme en el tiempo y rememorar emociones que pensé que había sepultado. No conseguía comprender qué era esa carga invisible que aplastaba mis hombros y que no me permitía erguirme y caminar.

En parte sentía algo de vergüenza conmigo misma por permitirme vivir así, bajo las sombras de algo que realmente no existía, una fantasía de mi juventud que de cierta forma me ayudó a construir mi vida desde ahí en adelante.

Nosotros dos nunca existimos, siempre estuvimos juntos en mi cabeza, es por eso que cuando él se marchó sin que pudiésemos despedirnos, enloquecí.

Me había enamorado locamente por primera vez en mi vida. Había sido un amor tan profundo y sincero que hasta el día de hoy nunca he querido a nadie como lo quise a él.

Cerraba los ojos todas las noches y fingía dormirme antes que Simón, solo porque ese era mi único instante del día en que podía sentir que estaba sola, únicamente con el silencio y la oscuridad de la noche. Era cuando podía olvidarme del presente y recordar momentos que hubiese deseado que fueran eternos.

Teo y yo nos conocimos cuando todavía era una niña. Crecimos y vivimos juntos nuestra adolescencia como amigos, aunque yo siempre estuve enamorada de él.

Siempre supe que él sentía lo mismo que yo, pero jamás entendí porqué nunca quiso escuchar a sus impulsos y se negó rotundamente a la posibilidad de quererme abiertamente.

Cuando se marchó creí comprender porqué había hecho lo que había hecho, pero nunca pude perdonarlo por haberme besado antes de irse. Fue una despedida rápida y triste. Durante todo ese año me obligué a mi misma a borrarlo de mi cabeza, y cuando por un segundo creí que lo estaba consiguiendo, él regresó.

Recuerdo claramente cuando tocó mi puerta y me abrazó. Lloramos tres días seguidos y nos besamos como queriendo comernos. Teo había cambiado, y yo también.

Cumplí los veinte a los días de su regreso. Decidimos en ese momento que lo mejor era cerrar aquel ciclo y dos semanas después de eso, me dejó otra vez.

Creamos una especie de rutina. Nos veíamos un par de veces al año y nos llamábamos todos los días. Casi parecía que Teo estaba aquí, pero después de un par de años comencé a necesitar más.

Me suplicó que siguiera esperando. Había comenzado una carrera afuera por lo que todavía le quedaba mucho tiempo. Yo sentí que estaba desperdiciando mi vida.

Nuestras llamadas diarias se convirtieron en un mensaje al mes, y sus visitas cada tres meses se convirtieron en una visita al año.

Nuestro último encuentro fue seis años después de que se marchara por primera vez. Teo me sorprendió en una fecha poco usual, después de una fuerte discusión en la cual yo ya estaba preparada para dejarlo ir para siempre.

He recordado ese día durante los siguientes cuatro años y lo he vivido más de mil veces en mi cabeza cada noche. Fue una tarde de abril en que Teo golpeó a mi puerta y cuando lo vi pensé que iba a morir. Yo estaba sola, triste y esperando a volver a verlo. Hizo mi sueño realidad y volví a llorar como lo hacía cada vez que él llegaba. Nunca era suficiente de él, cada vez que lo abrazaba quería nunca más soltarlo y sentía que no bastaba con el calor de su abrazo, era como si cada partícula de mi ser deseara absorberlo y hacerlo una parte de mí por siempre.

En esa ocasión me di cuenta que Teo sentía lo mismo. Recuerdo cómo cerramos la puerta y corrimos hasta mi habitación. Mi boca estaba hinchada de tantos besos y mi cuerpo sudaba como si hubiesen cincuenta grados bajo mi ropa. Me desnudé y él se desnudó, y sobre mi cama hicimos el amor como si fuésemos unos expertos, cuando en realidad no sabíamos nada.

Esa fue la última vez que lo vi.

Todavía tenía latente esa sensación, como si esa noche hubiese sido tan solo ayer. Atesoré cada caricia como si hubiese sabido que nunca más sabría de él. Lo sentía presente cada día de mi vida, y a veces cuando cerraba los ojos, me engañaba a mi misma haciéndome creer que el cuerpo de Simón era en realidad el de él.

Por eso Simón me odiaba. Yo lo quería, pero no lo amaba ni nunca lo amaría cómo había amado a Teo. Él nunca lo iba a comprender, y yo no lo obligaría a que lo hiciera, pero aunque me doliera profundamente el corazón por eso, Teo ya era parte de mi pasado y nunca iba a volver con él.