Te Perdí

Summary

"Mi vida se fue al carajo cuando me di cuenta que la había perdido y al mismo tiempo, descubrí que la amaba demasiado."

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1: Perdido


"TE PERDÍ"

Por Light of Moon



Este fic publicado originalmente en fecha 14 DE DICIEMBRE DE 2015 en la plataforma de Fanfiction.Net por la que suscribe 



DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: RESIDENT EVIL Y SUS PERSONAJES LE PERTENECEN A CAPCOM, SÓLO LAS IDEAS Y TRAMA ORIGINALES DE ESTA HISTORIA SON DE MI AUTORIA.



"How I wish, how I wish you were here.

We're just two lost souls swimming in a fish bowl,

year after year, running over the same old ground.

What have we found?

The same old fears,

wish you were here…"

—Pink Floyd, Wish you were here.


CAPÍTULO 1: PERDIDO


En la mejilla siento el frío metal de la barra principal, en ese bar del que apenas recuerdo el nombre. Un escalofrío me recorre la espalda al sentir el contraste de mi piel tibia con la baja temperatura y aunque me molesta un poco, no me muevo ni un centímetro, esperando a que mi piel se aclimate con la frialdad.

Después de un rato comienzo a sentir un cosquilleo en el pómulo en señal de que está empezando a adormecerse y sin poder ignorar esa irritante sensación, de mala gana cruzo mis brazos frente a la mesa y recargo allí mi cabeza. El leve movimiento logra marearme, pero rápidamente me estabilizo y estirando una de mis manos, tomo mi vaso vacío y hablo con voz rasposa.


—Quiero otro trago.


El cantinero se queda mirándome por un momento, no sé si con lástima o desaprobación, y francamente, no me importa. En silencio llena mi vaso con whisky y yo por inercia lo bebo sin sentir nada ante el sabor fuerte en mi boca.

No tengo idea de cuánto tiempo ha pasado desde que llegué a esta cantina; pueden haber sido minutos, horas o incluso días y yo no podía siquiera notarlo, estaba muy borracho como para medir el paso del tiempo, o incluso recordar el cómo regresar a mi casa, pero no estaba lo suficientemente ebrio como para olvidarla a ella.


Miro fijamente el cristal del trago entre mis manos y empiezo a imaginar allí su reflejo. Recuerdo su cara, sus ojos hermosos, los labios sensuales, esos que besé tantas veces hasta quedarme dormido. ¿Cuándo cambió todo? Todos y cada uno de los momentos que pase junto a ella, ya fueran felices o desgraciados se repetían una y otra vez en mi mente, como si fuesen una película monótona en la que las imágenes dolían cual estocada al corazón. Por más que bebo no logro sacar su recuerdo de mi corazón y mis pensamientos, el dolor es demasiado y me sofoca, me ahoga, tanto que me cuesta trabajo respirar sin sentir el estupor rodeándome. Ni siquiera una herida de bala dolía tanto como este sufrimiento que me oprimía el pecho y perforaba el corazón.

Ni un solo momento dejaba de pensar en ella, al borde la locura, en el delirio de la obsesión, en cuánto la amaba y lo arrepentido que estaba por haberla perdido. Y para mi desgracia ya no era mía, ahora le pertenecía a otro hombre.

Este último pensamiento me enfurecía, me hacía enloquecer de celos. El tan sólo pensar que otro estaba besándola, haciéndola reír, durmiendo con ella... Me cabreaba y me hervía la sangre. Nunca había conocido antes el odio, hasta que supe que tenía un rival que pretendía llevarse a lo más valioso de mi vida; lo odiaba, lo detestaba hasta el extremo y más aún porque en el fondo sabía que él no me había robado a mi amada, yo la perdí por imbécil. Por imbécil, por estúpido, por vanidoso… Este era el momento preciso de mi existencia en que me sentía menos que una mierda.

Entre la maraña de mis recuerdos y lamentaciones, distingo la voz de David Gilmour e identifico rápidamente la letra de "Wish you were here" de Pink Floyd sonando en la rockola de la cantina, y con el corazón en un puño tarareo con voz ronca y bastante desentonada la melodía de la canción.


"Do you think you can tell?

And did they get you trade your heroes for ghosts?

Hot ashes for trees?

Hot air for a cold breeze?

Cold comfort for change?

And did you exchange a walk on part in the war

for a lead role in a cage?..."


Y justo en la mejor parte de la pieza musical, la música se detiene. Un cliente del lugar se acerca al aparato musical y depositando una moneda quita mi melodía para poner una estúpida canción de Madonna. ¿Madonna en una cantina?

¡Vaya maricón!


El cambio de música me hace enfurecer más de lo debido y levantándome hecho una fiera me dirijo hacia el sujeto que silenció a Pink Floyd y lleno de cólera le doy un empujón por la espalda.


—¡¿Qué te pasa, imbécil?! —Me grita alterado un hombre alto de barba prominente y muy mala pinta.

Y sin decir nada, le suelto un puñetazo al sujeto frente a mí que cae de espaldas hacia el suelo con un ruido sordo.

Los demás clientes se quedan mirando el disturbio que acabo de ocasionar y unos hombres que estaban en una mesa contigua se levantan enfurecidos y dos de ellos se adelantan para ayudar a su colega que yacía en el suelo. Al parecer todos ellos eran amigos del tipo al que acabo de golpear y que ahora me miran como una jauría de perros rabiosos.

—Elegiste un mal día para pelar, niño bonito. —Me amenaza el hombretón con los dientes apretados.

—Ven aquí, hijo de puta. —Digo mientras lo atraigo hacia mí burlándome con los puños.

El hombre mayor que yo intenta golpearme en la mandíbula usando mucha de su fuerza y que yo a pesar de estar muy ebrio, logro esquivar con facilidad. Tantos años de luchar contra monstruos que me triplicaban en tamaño y fuerza dieron sus frutos y, un bravucón de cantina no me iba a vencer, por más alcoholizado que estuviera.

—¿Es todo lo que tienes, gorila sin cerebro? —Comento entre risas mientras ridiculizo la tosca fisionomía de mi adversario.

Mi enemigo se cabrea y con violencia trata de embestirme cuando yo vuelvo a esquivar su ataque, burlándome constantemente de sus estúpidos intentos por hacerme daño. De repente, alguien me ataca por detrás y sujeta mis brazos por la espalda, dejándome totalmente inmóvil ante mi agresor.

—¿Necesitas de tus amigos para pelear conmigo, niñita? —Vuelvo a mofarme de mi enemigo que se dispone a darme un buen puñetazo en la cara.

Y adivinando su ataque, tomo impulso usando de soporte los brazos de quien me sujetaba por la espalda para darle a mi rival una patada en el dorso, lanzándolo lejos y haciéndolo chocar contra unas mesas. Usando más fuerza estiro mi cuello hacia atrás propinándole un cabezazo en la frente al hombre que me sujeta por la espalda, logrando que me suelte de inmediato.

Enseguida un bando de seis matones me rodea y se disponen a atacarme todos al mismo tiempo. Cualquier hombre común hubiese recibido la paliza de su vida sin tener ninguna posibilidad al enfrentarse a tantos enemigos juntos, pero lo que ellos ignoran es que yo no soy un hombre común. Para un agente entrenado y con tanta experiencia como yo, una riña de ebrios es un juego de niños, y a pesar de mi mal estado causado por el alcohol, al contrario de afectarme, me inyectó una dosis de adrenalina que me impulsó a pelear con más entusiasmo. El efecto placebo de descargar mi ira con unos desconocidos no se podía comparar con nada.

Una lluvia de puñetazos y patadas comienzan a caer sobre mí, pero afortunadamente logro contraatacar con facilidad, devolviéndole una buena serie de golpes a mis contrarios a los que fui noqueando poco a poco, a pesar de haber recibido uno que otro ataque y un porrazo indiscriminado con una silla.


Finalmente, mis enemigos se rindieron y desaparecieron del lugar, ante las miradas sorprendidas de los demás clientes que me miraron salir victorioso de ese altercado. Me dirigí de nuevo a la barra de la cantina desplazándome con un poco de dificultad a causa del daño que me habían hecho con la silla y mi espalda estaba sufriendo las consecuencias.

Con cuidado, volví a sentarme en el taburete de la barra y le pedí otra bebida al cantinero, mientras me limpiaba con el dorso de la mano un hilo de sangre que escurría de la comisura mi labio.


—¿Cuánto tiempo más seguirás así, Leon?—Preguntó mientras volvía a rellenar mi copa de un licor corriente, el cual había elegido solo señalando con mis manos.

Estuve a punto de beber mi trago cuando la voz del hombre que tenía frente a mí me cuestionó. No sé si en verdad le agradaba o simplemente me tenía compasión, pero en este tiempo de ebriedad había entablado una especie de "amistad", si es que así podía llamársele, con el cantinero que ya sea por mi necesidad de hablar con alguien o por mis desvaríos de borracho en voz alta, ya conocía perfectamente la historia de la tragedia que me tenía aquí, sumido en el alcohol e involucrado constantemente en riñas callejeras. Y bueno, simpatizarle al dueño de la cantina me daba ciertos privilegios; como por ejemplo, que no te echen a patadas del bar cuando provocas destrozos y peleas con los demás clientes.

—No lo sé. Pero si lo que te preocupa es el dinero, te diré que en mi billetera tengo lo suficiente para pagarte los daños y el consumo. —Contesté secamente sacando de mi cartera un par de billetes de alta denominación.

El sujeto se quedó callado pensando seguramente que no era una buena idea seguir una conversación con un impertinente como yo y continuó limpiando los vasos que utilizaban en el bar.

Muy a pesar de mi mal estado y mi constante necedad por permanecer perdido en la bebida, una pequeña parte de mí reprochaba mi comportamiento, sabiendo perfectamente que a este paso nunca lograría olvidarla o mucho menos recuperarla. Estaba sumamente avergonzado conmigo mismo, no me reconocía, esta persona no era yo ni mis principios, pero en este momento de mi vida, yo ya no tenía moral, ni principios, amor propio, ni mucho menos dignidad. Era sólo un cascarón, una fachada, el caparazón de lo que antes era.

¿En qué momento pase de ser un agente especializado de la D.S.O. a un borracho agresivo? ¿Cuándo me convertí en este despojo de ser humano que soy ahora? Y lo más doloroso de todo es que conocía la respuesta a todas estas incógnitas. Mi vida se fue al carajo cuando me di cuenta que la había perdido y al mismo tiempo, descubrí que la amaba demasiado.

—Claire…