Capítulo único
Todos tenemos recuerdos de algo pasado o de que ya se habló, a las cuales también solemos llamarlas ″Memorias”, aquellas que nos provocan sentimientos diversos; como la nostalgia, la alegría, la tristeza, odio e incluso otros nombres aún mas complicados que los que acabo de nombrar. O los que me esmeré en entender a lo largo de mi vida, pues nunca fui una persona considerada ″emocional″.
He meditado sobre ello desde que lo recuerdo, para llegar a mi simple conclusión de que era una pérdida de tiempo. Un gasto innecesario a mi vida aburrida, la cual abandoné de la misma manera que a mí mismo. Donde ni siquiera llegó a importarme una pizca de lo que yo era, fui o seré. Limitándome a encerrarme en mi trabajo y mi solitaria casa a la edad de veinticinco años.
Me adentré en aquella etapa de mi vida donde solo me sumergía en mi depresión y soledad. La frustración comenzaba a reflejarse en mi ceño fruncido, las pequeñas arrugas reflejando el estrés profundo en el que poco a poco me iba sumergiendo sin darme cuenta. Comenzando a creer que mi vida no tenía sentido alguno, y ya no encontraba refugio en lo que más amaba: La escritura.
Y entonces llegó él.
En aquella florería, donde iba una vez al mes compraba azucenas para mi difunta madre, más no pensé encontrarme al joven sobrino de la florista.
Todas esas palabras que eran inútiles para mi, cobraron sentido desde el primer día. Mi corazón sin vida volvía a latir con desenfreno, sintiéndolo como un tambor en mis oídos. Nunca me imaginé inventando excusas para verlo casi todos los días, en un acto cobarde por no saber cómo invitarlo a salir sin sonar como un acosador o pervertido.
Hasta que un día, lo logré.
-Hola, Yoongi- Saludó amablemente el de cabellos naranjas, sonriéndome. Dios, mataría por ver esa sonrisa y sus mofletes elevarse todos los días.-¿Las de siempre? Ya es primero del mes.
-Sí, aunque también vine por otro motivo- Admití, acomodando mi chaqueta algo mojada por la escarcha de invierno. Sintiendo mis mejillas acalorarse mientras lo veía danzar entre tantas flores.
-¿Otro motivo? Me imagino que vas a decirme.- Rió, mientras armaba el ramo de azucenas con sus pequeñas manos regordetas. Acercándose más a mi, pues estaba frente al escritorio. Asentí en respuesta, tomando un lirio en secreto. En una de nuestras tantas conversaciones, me había confesado que eran sus favoritos.
-El motivo es sobre tí.- Sonreí divertido, encontrándome con su mirada sobre mí y una sonrisa. Oculté los lirios tras mi espalda, disimuladamente.
-¿Yo?
-Uhum.-Aclaré mi garganta, mirando un poco al suelo por la verguenza. Dios, se supone que estamos en invierno ¿Por qué carajo hacía tanto calor?- Llevamos un tiempo intercambiando unas palabras. Y estaba pensando que quizás podíamos hablar un poco más de lo que hacemos comúnmente. Así que quería preguntarte...-Saqué el ramo de lirios tras mi espalda, mirando hacia arriba y encontrarme con sus orbes perfectos, adornados por sus mejillas coloreadas de rosa.
-¿Me concedes el honor de salir contigo, Park Jimin?
Lo meditó un segundo, para luego responderme con sus ojos pequeños y gran sonrisa. Teniendo el ramo de lirios en su pequeña nariz.
-Claro que sí, Min Yoongi.
Nunca pensé que ese chico de veintitrés años cambiaría mi vida de forma tan repentina. Y sin darme cuenta tampoco, me encontraba de rodillas frente a él, en la orilla de nuestro río favorito.
Aún puedo recordar sus ojitos llenos de lágrimas, y su voz emocionada pronunciando un suave ″Sí″. Y entonces, me sentí el hombre más afortunado del universo.
Recuerdo esa noche con extremo detalle. El peli naranja había trasladado muchas de sus cosas a lo que era nuestra casa ahora, incluidas miles de flores por todos lados. Pero fue lo que menos miré, estando muy concentrado besando sus labios carnosos. Estaba desesperado por sentir su piel, por hacerlo mío una vez más.
Mí amigo, mí prometido, mí salvador, mí amor.
Mí Jimin.
Mientras lo llevaba a la habitación, él enredaba sus dedos en mi cabello color menta. Según él, era uno de sus colores favoritos. Pero estoy seguro que era solo porque yo lo tenía.
Y esa noche, lo amé de la mejor forma carnal posible. Apreciando su piel tan suave como la primera vez. Y sus pequeños lunares adornándola, pareciéndome un mismísimo ángel ante mí. Mi parte favorita siendo escuchar mi nombre de sus labios.
Terminamos en la madrugada, estando él sobre mi pecho. Dormitaba sobre mí, siendo iluminado por la luz de la luna que se colaba tras la ventana. Y allí me aseguré, que daría todo de mí para hacerlo feliz. Para verlo brillar como siempre. No entendía cómo lidió conmigo, pero si supe que sacó un brillo en mí que jamás supe que tenía.
-″Te voy a amar siempre. No hay Min sin un Park, y no hay Park sin un Min″.-
Prometí tantas veces, que mi cielo me regañaba por ello. Según él, siempre lograba hacerlo llorar con mis palabras.
Memorias...
Comencé a adorarlas cuando se llenaron del sonido de su voz, de su risa, de sus promesas y de su amor hacia mi. Hacia lo nuestro. Mi memoria se llenó de su rostro en distintas situaciones, y puedo asegurar que Jimin es perfecto incluso enfadado. Solía hacerlo cuando trabajaba demasiado sin descansar, y recibía miles de regaños.
¿Ésto era amar? ¿Me perdí de ser tan feliz todo este tiempo?
Me coloqué mi chaqueta al sentir el frío helado de invierno. Amaba dicha prenda porque mi prometido me la regaló por nuestro tercer aniversario. Había comprado unos regalos prematrimoniales, y estaba seguro de que los iba a amar.
Entusiasmado, abrí la puerta de mi coche y me metí en él, sintiendo casi inmediatamente vibrar mi celular.
″Taehyung″
Se trataba del mejor amigo de mi esposo. Con quien había estado planeando una sorpresa para él. Supuse que quería hablar de ello, por lo que contesté.
Su voz congestionada me lo hizo suponer. Y pronto mi felicidad se fue al carajo cuando recibí la noticia.
No mi amor, no él. Prefería mil veces haber sido él y nunca haber sentido lo que yo sí, que me arrancaban al amor de mi vida en un segundo.
Incluso cuando lo vi en esa camilla con una probabilidad nula de sobrevivir, tenía la esperanza de que todo pudiera solucionarse. Sollocé, temiendo el abandono. Aun escuchaba su débil corazón seguir latiendo, y sabía que ocurría solo por mí. Mi mente no lo procesaba, y peor fue cuando los médicos me dijeron que el accidente había sido demasiado para su cuerpo, yo rogaba por un milagro. Si existía un Dios, que lo salvara.
Pero no hubo ningún Dios, y se fue entre mis brazos en la madrugada. Y casi pude ver su media sonrisa, hasta que dejé de escuchar su hermoso corazón.
Mi cielo, mi Jimin se había ido sin mí.
Incluso en su funeral, jamás me quité el anillo. Ni siquiera había podido salir de nuestro hogar por no querer abandonar lo que aún quedaba de el amor de mi vida allí. Su ropa todavía olía a él, sus flores seguían peleando por seguir vivas, más la mayoría se secaron.
Caí de rodillas al suelo, sintiendo el frio sentimiento carcomer en mis huesos. Y por primera vez, rompí la promesa que me hice a mi mismo. Lloré, lloré como jamás lo había hecho. La soledad apoderandose de mi otra vez, y ni siquiera el consuelo de nuestros amigos cercanos me ayudó.
Y odié tanto mi buena memoria. En mi mente se reproducía su voz una y otra vez. Su fantasma vagando por nuestra casa.
″Te amo tanto″
″Tonto, Yoongi″
″Si, acepto casarme contigo″
Pasaron cuatro años y la herida se sigue manteniendo abierta. Aún podía sentir el fantasma de su abrazo por la espalda, su calor. Arrastraba mis pies por la habtación, sintiendo que había muerto desde el día que él se marchó.
El olor a combustible llenó mi nariz, mientras lo arrojaba por todos lados. Luego lancé el cerillo al suelo, inmediatamente vi todo arder. Me arriesgo a decir que el color de las llamas solo me recordó sus hebras hermosas.
Me rendí en nuestra cama, sintiendo el casi nulo aroma de él. Su lado de la cama, intacto desde la última vez.
Solo deseaba verlo otra vez, y tener esa paz que me generaba.
Solo un poco más.
Y el fuego terminó consumiéndome, llevándome donde sea que estés tú.
Mi amor... Te prometí perseguir mi futuro aunque no estés en él. Pero me dí cuenta que tú eras mi futuro, y tras de tí voy.








