One shot
“…En la Edad Media a todos aquellos niños que estaban pálidos y delgados se les consideraba que eran hijos de las hadas y habían ocupado el lugar del verdadero hijo. Otras veces engatusaban a un hombre de noble estirpe transformándose en mujeres de belleza inigualable para quedarse embarazadas de estos y dar a luz un ser mitad humano y mitad feérico. Para que el ser sobreviviera el marido no debía de rezar nunca y jamás deberían ver a las hadas desnudas por completo…”
Amaba esos ojos cafés llenos de inocencia, cabello castaño claro y piel blanquecina. Le gustaban demasiado esas facciones infantiles aun sin madurar, un rostro con facciones redondas y suaves que la hacían desear poder verlo mejor.
Johanna ahora sabia mejor que nadie, que lo que sentía en la boca del estómago al ver al amigo de su hija la metería en problemas de los que solo saldría muerta o teniendo una nueva identidad, sin embargo, no era algo que pudiera evitar.
(Estar en Tofoten con la tía Astrid siempre era la mejor parte de su tiempo con ella, estaba corriendo sobre aquellas masetas de las muchas casas que había en ese momento. Haciendo equilibrio se rio al ver que pudo pasar de ellas sin dificultad alguna sintiéndolo como un logro.
Cuando llegaron al parque una Johanna de 6 años corría sobre el pasamanos que había en este, era el más alto de los tres que tenía el parque. Por lo que estaba muy por sobre el suelo, algo que no le importo mucho.
Llegando al borde de este se sentó sobre uno de los barrotes y sonrió con orgullo, su sonrisa no duro mucho al ver que era observada. Eran un grupo de niños, parecían apenas más jóvenes que ella en ese momento, saludándolos sintió en su estomagó cosquillas al ver al pelirojo del grupo.
-Adiós, mamá. ¡Te quiero!- Se despidió con un beso en la mejilla de su madre, y con eso la peliazul se fue a la escuela usando ese uniforme.
-También te quiero, Hilda…- Tragando saliva hizo su camino al departamento, allí estaba otra vez. El cosquilleo en su estomagó. Podía sentir su corazón acelerarse, apretando el volante de su auto solo rezo para que el motor no se detuviera, no se sentía tan estable como para eso ahora.
Fue un milagro que él no estaba a la vista.
Cuando llegó a casa fue recibida por el ciervo-zorro mascota de su hija, acariciándolo solo suspiro cuando vio la mirada de desconfianza que le daba. Comprendía porque se la daba, sin embargo, eso solo la hacía sentir peor.
-No me veas así, Twig.- Dijo con firmeza solo recibiendo en aquellos ojos animales, el rechazo. El animal híbrido le dio la espalda y se fue, probablemente al cuarto de su hija donde le negaría la entrada.
Así se llamaba, y tenía 4 años.
Los otros niños eran amigos del hermano mayor de Charlie, quien tenía 7 años y parecía tener una obsesión rara con ella.
-¡JoJo! ¡Vamos!- Peter, el hermano de Charlie tenía el cabello rubio fresa. Y a diferencia de los ojos azul griceaseos de su hermano menor, sus ojos eran de un color marrón que muchas niñas mencionaban como lindo.
Era divertido estar con él, podía admitir. Aunque era demasiado pegajoso, demasiado amable con ella. Tomando su pequeña capucha se la coloco sobre su cabeza y comenzó a caminar hacia el pequeño grupo.
La actividad en si trataba de ir a explorar en el bosque, lugar que Johanna conocía mejor que nadie. Estaba pensando seriamente en empujar a Peter cuando la tomo de la mano mientras caminaban, hasta que Charlie llego corriendo.
Su rostro lleno de pecas y su cabello fuego se pegaba a su frente por el sudor, todos se detuvieron para dejar que los alcanzara, cosa que la pelicastaña notó fue ver a Peter fruncir el ceño molesto al ver a su hermano menor.
-¡Aaahh! ¡Aahh!- Cuando llego tenía el rostro rojo y estaba cubierto de sudor. La en aquel entonces joven Johanna pensaba lo lindo que se veía de esa manera.
-¿Mamá te dijo que vinieras?- La molestia era evidente, lo que aprovecho para soltarse de su mano.
-¡S~Si! Ella dijo que… que fuera contigo.- La sonrisa de dientes torcidos e infantiles estaban en su rostro pecoso. Si la castaña tuviera que admitir algo, era que le recordaba a un cachorro.
-Ugh… Bien, ven con nosotros, pero no te alejes demasiado, Charlie!-
-¡Claro!- Tomando la mano de Johanna y sacándole la lengua a su hermano mayor, siguieron su camino.
Johanna solo podía pensar en lo pequeña que era su mano y en lo cálida que era. Sonriéndole a Charlie se sintió de mejor humor y más que lista para tener un buen día en el bosque.)
Tontu estaba en el espacio Nisse la mayor parte del tiempo, algo que agradecía justo en esos momentos.
Tomando la cesta de ropa sucia comenzó a hacer camino a la lavandería del edificio, luego de un incidente con duendes la lavandería se volvió un lugar más cerrado con horarios ahora para lavar la ropa.
Curiosamente, no fue su hija quien participo con lo ocurrido aquel día con aquellos duendes, ella mejor que nadie lo sabe. Estuvo con ella jugando juegos de mesa cuando paso.
Click…
Abriendo la puerta y bajando las escaleras vio aliviada de que no había nadie lavando en esos momentos, lo cual era lógico ya que era un día de jornada laboral normal y escolar. Ni siquiera el señor Ostenfeld estaba allí, lo cual era un alivio. El hombre mayor era incómodamente hablador.
(Tenía ahora 10 años, vivía con la tía Astrid; y mami y papi ya no estaban.
Estaba divirtiéndose con Peter y sus amigos, Charlie estaba en los columpios balanceándose. Ella sonrió al verlo, él verlo parecía alegrar su día.
Y la hacía sentir mucho mejor, el saber que siempre tenía una sonrisa para ella.
Podía deberse a que ella era la única que nunca lo considero un estorbo o que su presencia le era agradable de forma genuina.
Era uno de esos días que solo jugaban en el bosque, salieron del parque a simplemente caminar por un camino de tierra mientras hablaban, a veces empujándose. Johanna ignoro la sensación de escalofríos al ver las montañas.
Todo fue risas y diversión hasta que decidieron jugar verdad o reto.
Peter se volvió el más alto del grupo siendo ella la segunda, lideraba a todos haciendo camino hacia lo que parecía los restos de una hoguera, a la vez que el pequeño Charlie la seguía como un patito a su madre. Cosa que el rubio mencionaba de vez en cuando con mucha molestia y hasta rabia al ver que ella se llevaba mejor con su hermano menor que con él.
No era como si su opinión le importara.
Los wolfs estaban aullando y viendo hacia arriba los vio volar, sonriendo le señalo al pelirojo el cielo y este sonrió emocionado al verlos.
No era un secreto para nadie cercano a Charlie que amaba los Wolfs, los animales eran en general su criatura favorita y cuando le hablo sobre montar uno casi parecía querer estallar de los celos mientras le rogaba detalles de cómo fue la experiencia.
El juego comenzó cuando se detuvieron justo en los restos de la hoguera, estaba lleno de troncos donde se sentaron, tomando la botella de agua de August comenzaron a jugar.
-Jojo, verdad o reto.- Sabine tenía esa sonrisa que mostraba sus intenciones sobre saber algunos de sus secretos.
-Mmm… verdad.- Su capucha de colores se movió cuando su cabeza se removía ante sus pensamientos, su cabello castaño salió de su lugar, a la vez que, sonreía a la niña de lentes.
-¿Te gusta un chico?-
Los chismes, ah…
Sabine era hija del granjero de Tofoten, su madre estaba en el extranjero trabajando, dejándola a ella y a su padre en el pueblo, entretanto la ausencia de dicha mujer, la pequeña Sabine desarrollo un amor innato a los chismes llegando a ser una de las mayores chismosas a su corta edad de 9 años.
-Nop.- Sonrió la híbrido.
Dijo la verdad, no le gustaba nadie en específico como tal. Su vida estaba pasando por muchas cosas recientemente además se negaba a pensar en algo así por el momento, ella era en esos momentos de su vida un desastre.
La tía Astrid le menciono a su abuelo sobre sus ojeras, así como también estaba teniendo el mal hábito de morderse los dedos de las manos hasta hacerlos sangrar.
Razón de que ella usara curitas en sus dedos y que pareciera más pálida de lo usual.
-Oh vamos, Jojo.- Se quejo Sabine, sus lentes brillaron ante la luz del sol y Johanna se preguntaba cómo podía usar cristales tan grandes en su cara.
-¡A menos que te guste una chica!- August intervino con aquella sonrisa torcida y aquel brillo de emoción en sus ojos cafés, su cabello rizado estaba hecho un desastre y su ropa ya estaba sucia.
-No seas ridículo, August. A las niñas no les gusta las niñas… ¿o si les gusta?- Menciono Charlie pensativo, Johanna se rio al ver la cara pensativa del más joven.
-No, no les gusta y no deberían gustarle.- Dijo serio Peter. Su rostro bronceado tenía una mirada de disgusto en su cara.
-Te recuerdo que Hans, tiene dos mamás.- Les recordó a todos, Hans Müller era un niño de su clase que, tenía la rareza de tener dos madres.
Johanna pensaba que era genial de hecho, eran amigos. Pero para un pueblo supersticioso como Tofoten, eran una rareza que muchos padres religiosos trataban de mantener lejos de ellos.
La propia Astrid siempre terminaba dando sus propias opiniones sobre los “pecados asquerosos” dejando salir mucha información de la gente del lugar. Su propio abuelo se río ante lo ridículo que eran al criticar a las mujeres por su unión, dejando salir sobre el padre del acosador del pueblo Andreas Berger, quien tenía 4 mujeres diferentes mientras dicho bully aún no había nacido.
-Y no, no me gustan ni las chicas ni los chicos, Sabine.-
-Oh…- Peter se miraba pensativo ahora, ignorándolo siguió viendo el turno de August.
-¡Me toca! ¡Me toca! Bien… Peter, ¿verdad o reto?- El rubio sonrió con arrogancia, como si supiera que iba a decir.
-Reto.- Esperaba no fuera algo estúpido, la última vez que retaron al rubio terminaron todos corriendo porque Andreas Berger quería recuperar su cajetilla de cigarros.
-Te reto a… ¡besar a Jojo!- Eso la hizo abrir los ojos, ¿era una broma, verdad?.
-Vamos, Johanna. Un reto es un reto.- Dijo Sabine de forma burlona mientras se acomodaba para ver lo que pasaría. Charlie hizo una mueca de asco y saco su lengua para demostrarlo.
Tenía que ser una broma.
¡Tenía que ser una maldita broma!
Sintió un nudo en el estómago y un escalofrío recorrerle la espalda cuando vio que Peter sonreía y se acercaba a ella, en esos momentos el simple contacto visual le daba una sensación de malestar en el estómago, casi como si quisiera vomitar.
Todo pasaba en cámara lenta, y ella no podía moverse.
No era una broma. No era una broma. ¡No era una puta broma!
Su piel se erizaba y sentía un cosquilleo desagradable en todo el cuerpo, cuando las manos de Peter se posaron sobre sus hombros no pudo evitar temblar, su estómago estaba retorciéndose como si estuviera a toda velocidad sobre un Wolf salvaje, su cara se acerba a ella y solo quería alejarse de él.
Le bajo la capucha para acariciar su cara, como lo hacían los hombres en las películas románticas que pasaban pasada la medianoche en la televisión. Cuando sus dedos tocaron sus mejillas sintió unas inmensas ganas de lavarse la cara, le picaba donde la tocaba como si el contacto del otro le produjera una reacción alérgica.
Como si su piel estuviera siendo contaminada.
Cuando sus labios se juntaron una oleada de repugnancia la recorrió como si le hubiera caído un rayo, el contacto de aquellos labios le dejaron un desagradable sabor metálico y amargo, su vientre tenía tantos nudos que sentía que iba a vomitar.
Fue cuando los labios de Peter se movieron que pensaba seriamente en vomitar de verdad, el roce de los labios ajenos le provocaba un escalofrió en su espalda y le erizaba la piel, simultáneamente sus músculos se contraían involuntariamente en un intento por separarse del contacto no deseado.
Cerrando los ojos deseo con todas sus fuerzas que ese beso terminara pronto, para poder apartarse y liberarse de la repugnancia que le invadía, dejándola con una sensación de suciedad que le costaría quitarse de sí misma.
-¡Uuuuuuuuhhhhh!- Fue lo que escucho, no sabía de quien era ese sonido.
Y como si ese sonido fuera una señal, Peter comenzó a mover su boca con más ahincó contra la suya. El desagrado se volvió peor al sentir como el contacto se profundizaba, esta vez su boca se sentía excesivamente sucia.
Le recordaba a aquel incidente donde cayó de un Wolf y comió tierra.
Estaba temblando llegados a este punto, ya iba a empujar a Peter cuando su lengua se abrió paso hacía ella y comenzó a tocar su propia lengua su estómago ya teniendo suficiente decidió salvarla.
En el momento en el que Peter comenzó a mover su boca sobre la de ella, la había tomado de la cintura para acercarla a él sintiendo su cuerpo tenso y tembloroso bajo sus dedos. El beso se sentía como una victoria por fin, luego de ver como Johanna parecía preferir a otros por sobre él.
“-Oh vamos, Johanna, será divertido.- Intento convencerla.
Estaban saliendo al recreo donde ahora jugaban en los columpios. Deteniéndose intento convencerla de jugar con él a la casita. Teniendo solo 6 y 8 años respectivamente el juego se miraba divertido.
-Mmm…No, Peter. No se ve divertido.- Algunas niñas estaban haciendo de esposas y los niños como buenos esposos las tomaban de las manos, mientras cargaban a sus bebés(siendo solo los suéteres de ambos niños combinados de esa forma).
-¿Por qué no?- Se sentía tan frustrado. Todas las niñas siempre intentaban jugar con él, llegando incluso a ofrecerle dulces por eso.
¿Por qué Johanna, no?
-Es que no quiero jugar eso contigo.- Y con eso se fue a una banca a sentarse. Para estar lejos de él.
Frustrado no la siguió, solo pateo la graba intentando desquitarse. Decidido a no rendirse fue hacia ella donde vio a su hermano menor hablarle.
Para su sorpresa e incredulidad, Johanna le sonrió y asintió con la cabeza. Su hermanito la tenia de la mano y con eso la llevo hacia donde los niños más pequeños jugaban en una especie de circulo.
Johanna Pearson era la niña más bonita que había conocido y la más genial.
Tenía ojos como la miel que su madre le daba para sus panqueques, ojos que brillaban por momentos. Su cabello castaño era largo y era de un rico color chocolate que lo hacía ver muy único, además de que su piel era de un tono pálido rosa que le recordaba a las muñecas de porcelana que su mamá coleccionaba y cuidaba como algo sumamente único.
Tenía una sonrisa de dientes perlados, acompañado de un bonito hoyuelo en su mejilla izquierda. Cuando ella sonreía era como si todo se iluminara a su alrededor.
En cambio, al ver a su tonto hermano menor tener esa sonrisa dedicada solo para él…
El odio que sentía era nuevo para él.”
Había ganado.
Peter Koller, tenía el honor del primer beso de Johanna Pearson.
“-Toma eso, Charlie- Pensó con felicidad el rubio.”
Mientras que Johanna estaba sintiendo tanto asco, que no pudo detener lo que su estómago hizo. Un olor acido y repulsivo se hizo presente en su nariz, la lengua indeseada seguía tocando la suya así que, sin poder dar un aviso siquiera sucedió.
Su desayuno fueron los deliciosos panqueques de la tía Astrid y un fresco jugo de naranja, acompañado con huevos revueltos. Ya que ella había estado en un descontrol a su reloj biológico, la mujer buscaba alimentarla para así evitar, problemas a futuro; Cosa que a Johanna le fascinaba, ella era amante a la buena comida, y su tía cocinaba muy bien.
Lo que resulto muy triste saber que ahora su desayuno era expulsado... mientras aún era besada.
-¡Ew!- Charlie hizo una mueca de asco mientras quitaba sus pies del camino y se alejaba. Se tapo la boca al sentir el olor a vomito.
-¡Que asco!- La niña de lentes hizo arqueadas mientras se volteaba y se tomaba del estómago.
-¡Jajajaja!- August por otro lado no volteo la vista, solo se burló de su amigo rubio de lo que estaba pasando.
Esas fueron las expresiones al ver al rubio tener las mejillas repentinamente llenas antes de apartarse bruscamente de la castaña quien, estaba vomitando ahora en el piso. El rubio escupió lo que tenía en la boca con mucho asco.
-¡Aaahhhh!- Su grito sonaba muy parecido al de una niña, escupiendo y tosiendo, mientras el asco lo estaba ahogando. Sin siquiera intentar evitarlo saco su propio desayuno, estaba a varios metros de la castaña quien estaba de rodillas sosteniéndose solo con sus manos mientras seguía sacando su comida.
La “cosa” que expulsaba la híbrido, era de un color amarillento con algo de marrón. Los restos grumosos de los huevos revueltos que Astrid amorosamente le preparo a su sobrina ahora estaban en el piso, todo en una especie de charco con jugos gástricos con pequeños pedazos de masa junto al olor a cítrico añejo impregnaba el lugar.
-Coff… coff!- Tosiendo temblaba, Johanna sentía aun pequeños pedazos de grumos atrapados en su garganta que, junto el sabor y el ardor la obligaban a toser intentando quitarlos de allí.
Johanna estaba llorando de asco y la afrenta de lo que estaba pasando, estaba encorvada en el piso por lo que su cabello estaba sobre ella, calmándose escupió algo de reflujo para darse cuenta. Que había expulsado su desayuno por la nariz también.
-Que asco…- Murmuro molesta, sus ojos lloraban, al mismo tiempo que, su nariz ardía.
El beso fue… repugnante.)
-¡Achú!- Estornudando por causa del detergente la mujer hizo una mueca, rascándose la nariz dejo que la ropa se lavara. Usando otra lavadora que estaba al lado comenzó a meter la ropa de su hija, al mismo tiempo que metía los suéteres de la peliazul, vio uno en específico que le llamo la atención.
Era un suéter color naranja con café, era de lana y se veían rombos como decoración, además tenía estilo de cuello de tortuga.
Viendo la hora supo que debía apurarse para lavar el resto de la ropa. Intento ignorar la presencia del suéter antes de hacer algo de lo que se arrepintiera, tomando la ropa de color la dejo lavar y vio como había dejado el suéter afuera.
Tenía manchas de comida, probablemente de una comida scout o el almuerzo.
Temblando lo tomo y lo coloco dentro de la lavadora antes de que comenzara el ciclo de lavado, tomando aire solo pudo suspirar al ver como el agua llenaba y mojaba la ropa para lavarla. Viendo la hora pudo ver que aún faltaban horas para el almuerzo siquiera.
Tomando pequeñas respiraciones intento calmar su corazón latiendo, ella mejor que nadie sabía que lo que sentía y pensaba era algo que no debería tener en primer lugar.
Aunque ya era tarde…
Johanna subió y dejo la ropa limpia y recién lavada en la cama de su hija, sus ojos fueron al reloj hueco donde el elfo vivía, sabía que estaba haciendo sus importantes informes o viendo el papeleo del que su especie era tan afanada.
Tontu debía estar en el espacio Nisse, haciendo lo que sea que hacía allí. Los únicos ojos que la juzgaban eran los de Twig, quien estaba en posición de alerta viéndola.
Ignorando al animal fue directamente al cesto de ropa sucia, por mucho que haya lavado la ropa conocía a su hija mejor que nadie. Su corazón estaba latiendo contra sus oídos y sus manos sudaban, tomando la cesta de mimbre la abrió con cuidado de no alertar al elfo.
Vacía…
No iba a rendirse tan fácil, conocía a su hija mejor que nadie. Saliendo del cuarto se fue rápidamente al baño, allí estaba ese cesto.
Desesperada con una necesidad animal, se arrodillo en el piso donde abrió el cesto y tiro la ropa sucia que había allí, escarbó en la ropa que solo era de dos y allí, al final del cesto de mimbre, tomo aquella pequeña panty de motas azules, casi limpia; a no ser por su inclemente olor.
Una de las cosas que poca gente conocía de ella, era su buen sentido del olfato, algo que vino de su familia y que, también le heredo a su hija.
Su nariz pudo captarlo apenas pudo, no era dulce. Al menos no esa mañana, cosas extrañas pasaron por su mente, desde que ese suéter que estuvo machado por comida que simplemente llevaba más de 3 días en el cesto. Lo que era real es que ese toque ácido, le erizo la piel.
Conocía el olor de su hija, tanto tiempo viviendo en el bosque en medio de la nada le dio ese conocimiento. Su olor era dulce siempre, su sudor y olor solo reflejaba su carácter con eso; Muchos años de besarle la frente sudada luego de una aventura afuera le hicieron memorizarlo.
Este olor… era nuevo y desconocido. Y tuvo ganas, escudadas por ese reflejo protector de saber más sobre su hija, de buscar la última ropa interior y saber a qué olía
Se miraba limpia, su hija se bañó luego de ella esa mañana. Pero conocía a Hilda muy bien, ella misma a veces confundía la ropa sucia con la limpia, a pesar de su buen olfato, su deseo de irse a aventurarse al bosque era más fuerte que, solamente dejaba la ropa revuelta entre ella dejando que, ella misma tuviera que adivinar cual era cual.
-N~No sabemos si esta sucia…- Dijo a nadie en particular, intentando escusar sus acciones y su sentir.
Se le hizo agua la boca inconscientemente y una gota de saliva bajo desde su boca a su barbilla, tragando saliva sintió como si una piedra pasara por su garganta, algo de saliva termino cayendo en el suelo del baño al hacerlo. Gotas de sudor estaban bajando por su frente y sien, para perderse en el suéter que ella usaba normalmente.
¿Cómo se comprueba si la ropa estaba sucia o limpia, si esta se mostraba estar bien por fuera?
La respuesta era sencilla.
Un escalofrió estaba subiendo por su espalda, erizándole los bellos de la nuca con tal fuerza que le dolía, lo hizo.
Acercando la panty sin llegar a ponérsela en la cara, inhaló una vez.
Un escalofrió le recorrió todo el cuerpo como si le dieran un latigazo, sus pupilas se dilataron ante el olor. No era a orina, tampoco a suciedad. Era el olor de su hija en crecimiento.
Sin ningún tipo de fuerza de voluntad, pego la prenda directo a su cara e inhalo tan profundo que se sintió desmayarse en medio de la ropa sucia. Sus ojos se iban hasta detrás de su cabeza, su cabeza se hizo hacia atrás mientras una felicidad orgásmica la envolvía, al mismo tiempo que su cuerpo temblaba.
Su mano iba hacia su pantalón donde quito el botón y fue directamente a su intimidad.
Su centro ya estaba húmedo, sus dedos no perdieron el tiempo y fue directamente hacia su interior mientras olía aquella ropa interior.
El olor era acido, salado por el sudor, sin embargo, para ella se sentía tan dulce.
Era el olor de la pureza de su hija. El aroma era tan erogénico que, no comprendía como podía ser tan bueno, había cambiado sin duda, su hija crecía y con eso su aroma se volvió más fuerte, amargo prácticamente.
El solo pensamiento de eso hizo que sus dedos trabajaran más en complacerla, el olor se sentía como el mejor afrodisiaco que alguna vez haya probado.
Sus dedos entraban y salían de ella, ni siquiera tuvo que hacer un juego previo, el olor era tan embriagador que se sentía como una adicta esnifando una dosis de cocaína.
Sus pantalones se sentían pegajosos, ella se sentía tan caliente que solo quería tener a la fuente directa de dicho olor para al menos poder sentirse bien.
Necesitaba tanto a Hilda en esos momentos.
Y con ese pensamiento llego al orgasmo, uno insatisfactorio e incompleto, pero por el momento era suficiente.
-Hilda~-
-¡Adiós, mamá!-
-¡Adiós, David!-
Saliendo del auto se despidió y con eso entro a la escuela, cuando se sentó en su asiento designado suspiro. Su mano estaba en su rostro y solo esperaba en que llegaran sus amigas, los dedos de su mano libre golpeaban sin ritmo alguno.
Cerrando los ojos se permitió en simplemente no pensar en nada.
-¡David!- Abriéndolos pudo ver a Hilda llegando, sonriendo la saludo. Pudo sentir su rostro algo caliente, y ya sabía que estaba algo sonrojado.
Sería un buen día.
.
.
.
Era un día de mierda.
Sus puños picaban y se apretaban en sus pantalones, todo mientras sus ojos veían a Trevor invitar a Hilda a una cita. Los celos lo corroían como si fuera acido y pudo sentir a Frida bufar molesta al ver la interacción.
-Vamos David, sabemos que Hilda nunca querría salir con él.- Solo le dio una mirada a la de piel oscura antes de ver como el chico de gorro, tomaba la mano de la peliazul.
“-Maldito pedazo de mierda.-” Pensó apretando los dientes, era como si lo hiciera apropósito.
Tuvo que tomar respiraciones profundas para al menos calmarse un poco, sabía que lo que decía Frida era cierto. Demonios, Trevor arruino cualquier tipo de amistad con Hilda luego de lo que paso con el gran cuervo.
-… vamos David, tenemos que irnos.- Levantándose apenas escuchó lo que dijo, tomando su mochila fue con Frida por Hilda quien tenía una expresión de asco que lo alivio en lo más profundo de su ser.
Caminando al patio empezaron a hablar, la voz de Hilda era enérgica y parecía que dejo atrás el incidente. Sin embargo, él no podía dejarlo atrás, pudo ver a Trevor en la multitud hablando con sus amigos, apretando los dientes volvió su atención a la peliazul.
-… ¡Nos vemos chicos, adiós!- Saliendo de sus pensamientos se despidió de la híbrida quien les sonrió y se fue al auto de su mamá. Su aliento se entrecorto al verla, se miraba como normalmente lo haría, pero fue cuando aquellos ojos lo notaron que vio el brillo hambriento en ellos.
Tragando saliva, se despidió de Frida y salto al auto de su mamá apenas apareció. Podía sentir manos más grandes que él sobre sus hombros y labios tocándole el pecho.
Cuando llegó a casa, se fue directamente a su cuarto, no iba a salir hoy ya que la señora Hallgrim les dejo un proyecto lo suficientemente importante como para evitarles el salir por una buena semana (cosa que Hilda se estuvo quejando en una parte del almuerzo), tomando sus libros comenzó a hacer su tarea.
Escucho el ruido de voces abajo y suspirando molesto se colocó sus audífonos, la música se reprodujo y comenzó a simplemente ponerse a trabajar.
La tarea era demasiado larga en su opinión.
(El beso era invasivo, aquella lengua estaba jugando con la suya mientras el aire se le escapaba de los pulmones, una mano estaba aferrado fuertemente en su cuero cabelludo para mantenerlo en su lugar, y la otra que estaba libre había bajado sus pantalones y ropa interior para así tocar su aun pequeño miembro.)
-¿David?-
-¡¿Eh?!- Un respingo lo hizo levantar la cabeza, bajando sus audífonos vio a su madre quien le sonreía.
-¿Ocupado, cariño?-
-Eh… oh. Un poco si.- Las cosas eran tensas desde que sus padres anunciaron su divorcio.
Era de esperarse desde perspectiva, a partir de que su madre consiguió un trabajo en la patrulla de seguridad, el matrimonio de sus padres caía en picada, ya sea porque luego de lo ocurrido con el rey de la montaña tenían que reparar o verificar que la reparación del muro fue en medio de todo eso que, las cosas entre sus padres comenzaron a ponerse tensas.
-Bueno, pensaba que deberías venir a cenar.- Dejando el lápiz y apagando su Walkman asintió con la cabeza.
-¿Qué pasa con papá?- Al instante de decir eso se arrepintió, lo más probable es que se haya ido. La mueca en la cara de su madre no se hizo esperar. En silencio solo comenzó a moverse con su madre hacía la mesa de la cocina.
La cena era pastel de carne con pure de papas, cenando decidió solamente concentrarse en su comida. Desde que comenzó el proceso de divorcio, las comidas se volvieron un tema tenso en su casa. Al menos hasta que su padre se mude.
-¿Y cómo va la escuela?-
-Oh, bueno. No hay nada nuevo, solo me dejaron un proyecto largo.- Menciono mientras tomaba un vaso de jugo. Se preguntaba si era necesario comerse toda su cena antes de volver a su cuarto, las cenas eran increíblemente incomodas ahora.
-Si necesitas ayuda, puedes decírmelo. No me molestaría ayudarte.- La sonrisa de su madre era débil, parecía que papá volvió a usar su tiempo en la patrulla de seguridad en contra de ella.
-Seguro, creo que necesitare ayuda de todas maneras.- Eso pareció al menos aliviar a su mamá, lo cual lo hacía sentir algo mejor.
Cerrando la cortina del baño abrió el agua caliente suspiro de gusto al sentirla en su piel, cerrando los ojos solo se dejo llevar por la sensación cálida en su piel. Mojándose la cabeza dejo que el agua se llevara los restos del día.
(Su piel era cálida y cremosa, se miraba tan prístina bajo la luz de la lampara, la forma en la que su pecho subía y bajaba de manera lenta y uniforme lo tenía embelesado.
Una mano adulta abrió la camisa de dormir de botones de forma delicada, su respiración estaba volviéndose entrecortada cuanta más piel se veía.
Los ojos de David se abrieron al ver como luego de abrir los botones, exponía el pecho aun plano de Hilda al mismo tiempo que, esta dormía.
Su corazón late tan fuerte que se sorprende de que nadie lo escuche, temblando se acercó a como la mano lo indicaba. Tragando salía solo pudo sonrojarse al tener un mejor vistazo de los pezones de su amiga.
Su pecho aún estaba plano, sin embargo, sus pezones se volvían duros ante el aire frio del cuarto. Eran de un color pálido, uno que le recordaba a fresas sin madurar.
-¿No se ve deliciosa, David~?- El ronroneo en su voz la hizo verla, Johanna estaba sin camisa dejando a exposición sus pechos maduros. Eran un marcado contraste a su hija.
Eran grandes y redondos, le recordaban al tamaño de un melón y sus pezones a diferencia de su hija eran de un color marrón, pero no menos atractivo. Eran los pechos de una mujer, pero su atención era llamada por los de Hilda.
El sudor bajo por su sien, y tragando saliva toco el estómago de la peliazul quien solo siguió durmiendo sin saber lo que pasaba.
Se sentía horrible, esto estaba tan mal en tantos niveles que no podría siquiera explicarlo. Quería detenerse, despertar a Hilda y rogarle por su perdón.
Un perdón que sabia no merecía.
-Estas siendo muy tímido, ella no va a despertar~.- Las manos de Johanna fueron a los pantalones de dormir de su hija, tomando un pedazo de tela de este comenzó a bajarlo exponiendo la ropa interior que usaba.
David se comenzó a atragantar con su propia saliva al ver el centro de Hilda, cubierto por pantys color blanco.
Frida no estaba en aquella pijamada, ella decidió adelantarse en sus estudios de bruja ya que, mañana tendría una prueba importante y deseaba pasarla con éxito. Por lo que solo eran él y Hilda para divertirse esa noche, cosa que, ahora llego a él tocando y viendo el cuerpo de su amiga mientras esta estaba vulnerable.
El recuerdo de Twig lo hizo voltear a verlo, estaba en el cuarto observándolos a ambos con una mirada demasiado humana para un animal como él. Los veía de forma desaprobatoria y muy molesta ante lo que le hacían al cuerpo dormido de su dueña, observaba sin atacarlos aun al ver que, además de tocar, Hilda seguía sin un rasguño.
-Concéntrate, David.-
Ignorando la mirada del ciervo-zorro, comenzó a mover su mano en camino al pecho aun plano del hada. Nervioso acaricio con mucha delicadeza los pezones, solo recibiendo que Hilda siguiera quieta y dormida.)
Jadeando el castaño comenzó a acariciar su miembro con desespero, las memorias de aquellas primeras veces en conocer el cuerpo de su amiga seguían frescas en su memoria. Tan frescas como la primera vez que ocurrieron.
-Ahhh~- Jadeo al sentir su clímax acercándose, la culpa había desaparecido hacia mucho y solo quedaba el deseo y anhelo que sentía siempre al ver a la peliazul.
-H~Hilda~!- Con los ojos cerrados movía su mano, a la vez que su miembro palpitaba en su mano y el semen comenzaba a salir.
Tomando bocanadas de aire, dejo su mano libre en la pared frente a él para sostenerse.
No era lo mismo…