Primera parte: La creación del mundo.
En un tiempo indefinido, zen o sama, junto con los ángeles, crearon los 18 universos. Sin embargo, los veían muy vacíos. Así que crearon a 2 seres por cada universo para que los llenarán de vida, los kaioshin a quienes les dieron la orden de llenar de vida su respectivo universo. Además, fue asignado un ángel a cada universo. Así, los kaioshin, junto a los ángeles, crearon planetas, en donde con el tiempo habría vida
Los kaioshin notaron que la vida que había surgido en los planetas no poseía un gran grado de raciocinio, por lo que eran incapaces de adorar a los dioses, por lo que decidieron crear a un ser que si lo hiciera. Para ello, crearon a un ser a imagen y semejanza de los dioses, el primer ser humano, a quien llamaron Alnigen. Sin embargo, vieron que estaba muy solo, y crearon a otro ser, esta vez femenino, y la nombraron Zidane. Sin embargo, notaron que estos primeros humanos tenían un poder y una inteligencia equiparable a la de los dioses. Temiendo que se revelarán contra sus creadores, decidieron reducir sus poderes y su sabiduría. Además, nublaron su vista para que no vieran lo prohibido. La descendencia de los primeros hombres cubrió la tierra y otros planetas. Nunca hubo guerras entre estos primeros hombres, por lo que su población aumento rápidamente. Las enfermedades y otros peligros eran los que regulaban su población
Los dioses estaban orgullosos de su creación y constantemente los visitaban para ayudarlos a levantar sus civilizaciones. Una de esas ocasiones, sin embargo, Zamas, uno de los 2 kaioshin del universo 10 vio algo que no le gustó: los humanos adoraban a una mujer como si fuera una diosa. Herido en su orgullo, busco a su compañero, Zamasu, para comentárselo. Se dirigió al templo de madera oscura que los humanos habían construido para ellos , escondido en el bosque, para que nadie más que ellos pudiera encontrarlo. Estaba prohibido que los mortales pisaran aquel lugar sagrado.
-No podemos permitir que eso suceda- dijo molesto- nosotros somos los únicos que merecemos esa adoración- .
-¿Y que piensas hacer al respecto?- dijo su compañero, bajando su taza de té
-Recuerda que no podemos matarlos-
Zamas no dijo nada, pero una mirada de odio se reflejo en sus ojos plateados
A la mañana siguiente, salió sin que Zamasu se enterara y busco a aquella mujer. La encontró en una de las ciudades, llamada Ruthas. Se dirigió a ella, y mediante sus poderes la saco de la ciudad, a un lugar solitario. Sin embargo, no se dio cuenta de que Zamasu y Cus, el ángel de ese universo, lo habían seguido. Hizo una espada de ki con su mano derecha y atravesó el corazón de aquella humana, llamada Sora. Su cuerpo cayó inerte, y al chocar contra el suelo, se deshizo en un humo negro que se esparció por toda la tierra, corrompiendo a todos los hombres, haciéndolos poseer odio y maldad en sus corazones.
-¿Pero por que lo has hecho?- dijo Zamasu, acercándose a el junto con Cus
-Ellos solo pueden alabarnos a nosotros – dijo el
-Sabes que eso esta prohibido por las leyes divinas- dijo Cus- has roto tu juramento de protegerlos, por lo que mereces un castigo. Serás desterrado del cielo y además sufrirás por siempre-
dijo y apunto su báculo hacia el.
Al momento, su brazo derecho, al igual que esa parte de su cara se derritió en una sustancia morada. Además, su brazo se hinchó de manera muy dolorosa, por lo que Zamas no pudo evitar gritar de dolor por eso
-¡DETENLO, POR FAVOR!- gritó de forma desgarradora, sosteniendo su brazo
-Vivirás con ese aspecto hasta el fin de los tiempos – dictaminó Cus
Humillado por su aspecto, Zamas se fue volando, y vivió en el bosque, convirtiéndose en un ser temido por su aspecto. Los humanos, que antes lo respetaban, ahora lo veían con miedo y asco, y lo atacaban por eso. Sin embargo, ya no volvió a atacar a más personas, ya que no sabía que otro castigo podrían ponerle. El dolor no se iba, y ya no podía ir al templo, por que le habían prohibido la entrada.