Chocolates de San valentín

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Él la vio llegar esa noche y supo que ella sería su mejor regalo de San Valentín.

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18+

Cerca de ti

Celeste.

No, espera, celeste no es. Azul claro, azul matutino...eso existe? ¡demonios! No soy un experto en colores, de acuerdo?

Denme un segundo, sé que color es ese. Turquesa o quizás aquamarina. Bien, no importa, de acuerdo?, el color es lo de menos. Solo quería dar una idea de lo que mis ojos vieron esta noche.

La mujer, que vestida con aquel entallado diseño azul, turquesa o celeste, entró y estuvo en la barra largo tiempo, inalcanzable a todos los imbéciles que se le acercaban para seducirla.

Uno a uno los veo retirarse, vencidos ante ella. No puedo evitar esbozar una sonrisa orgullosa cuando pasan a mi lado, derrotados. Aunque, es decir, no puedes culpar a esos tipos por intentarlo con ella.

Ella juguetea con la bebida en su mano y el hecho de estar ahí sola, tan provocativa como ajena al sitio y sus costumbres, es en sí mismo una mezcla imposible e improbable.

Una mujer hermosa, misteriosa y sexy se encontraba sola en una fecha como esta.

Miré al último vencido retroceder con mala cara, pero resignado. Me pregunto qué es lo que les dice que los aleja en un santiamén.

-Ranma, me estás escuchando?-la voz de U-chan me hace desviar mi atención de la sexy mujer por un instante.

-Sabes que siempre te escucho, mi amigo.-le contesto elevando mi cerveza con camaradería.

-oye!-casi grita ella, aunque la música silencia mucho del tono de su voz

Ukyo detesta que la trate aún como a un chico, pero ¿qué puedo decir?, la he conocido comportándose como un chico desde que éramos niños, y el hecho de que en ocasiones se vista como una chica, pues, no cambia la forma en que yo la veo.

U-chan es un amigo, da igual si es un chico o una chica y siempre será así, mi amigo U-chan.

-Qué es lo que tanto miras?-pregunta cruzándose de brazos y mirando en dirección a dónde mis ojos han regresado con impaciencia.-Es en serio? No puedo creerlo.

-Qué?-le devuelvo la pregunta encogiéndome de hombros

Los ojos de Ukyo se abren a más no poder. Luce sorprendida y por alguna razón, incluso indignada.

-U-chan, te molesta si me marcho antes?-digo, ignorándola deliberadamente y me levanto de la mesa en la que nos encontramos.

Desde una perspectiva ajena, yo siendo un patán y es posible que ella se sienta decepcionada de que la deje sola, sobre todo por la fecha y que es una de las pocas ocasiones en que se viste como chica, pero de verdad tengo que ir a la barra ahora mismo.

Además seguro Ukyo encontrará rápido con quién pasar San Valentín.

Nos hemos topado por pura mala suerte en la entrada y no he podido evitar que se siente a esperar en mi mesa. Supongo que aún no se ha dado por vencida conmigo, a pesar de todo.

Me pregunto ahora si será posible que la belleza sentada en la barra también me despache de la misma manera en que lo ha hecho antes con esa partida de cretinos.

Sonrío, porque sé que soy bastante afortunado con las mujeres. Siempre lo he sido. Y ella no sería la excepción.

-Te odio, Ranma!-Ukyo se ha levantado al mismo tiempo y ha salido casi corriendo como una novia traicionada.

A veces no la entiendo. Es mayormente alguien práctico y centrado, pero en ocasiones se comporta de forma impredecible, justo como ahora.

Bien, olvidemos a U-chan por lo pronto, no soy responsable de su molestia, me digo a mí mismo y voy en busca de la dueña de mis deseos.

Cuando estoy casi junto a ella me entra la duda, pero en ese instante en el que mi mente se debate en la estrategia para abordarla, ella voltea hacia mí y hacemos contacto visual. Luego regresa a su posición inicial y, como si su mirada me hubiera hipnotizado, termino de recorrer la distancia que nos separa.

Joder!

Ese vestido, de no tengo idea que maldito color, y la manera en que se ajusta a su figura me tienen a sus pies. Desde donde me encuentro, puedo distinguir sus detalles con mayor claridad.

Su escote me da una visión prometedora de sus pechos, no muy grandes, no muy pequeños y sus deliciosos pezones se ven con claridad dibujándose bajo la suave tela.

Su cabello, de un radiante negro azulado, es corto y no va más allá de la altura de sus orejas. Su cuello es estilizado, su piel es provocativa y sus labios... me lleva el diablo! sus labios están pintados de un apasionado color rojo.

Me apoyo en la barra, a centímetros de ella, y me pido una cerveza.

El bartender me mira como si fuera un idiota. Claro, entiendo la indirecta en sus ojos. Probablemente me ha pillado siendo otro más de los que intenta ganarse la atención de la dama junto a mí.

-No prefieres algo más, amigo?

Métete en tus problemas, idiota, me digo mentalmente. Acaso intentas darle argumentos para rechazarme?. Intentas decir que merece alguien mejor que yo?.

-Solo dale la jodida cerveza.-la mujer se lleva la copa a los labios y su gesto se lleva por completo mi atención y la del tipo tras la barra, que me ha dejado en la mano la botella de cerveza fría sin chistar.

Justo entonces nuestras miradas se cruzan nuevamente. Ella ha girado su asiento hacia mí. Tiene las piernas cruzadas y el material de sus tacones casi roza mi entrepierna, provocándome un escalofrío que me recorre el cuerpo entero y me obligo a sonar relajado antes de hablar.

Lo he hecho muchas veces, de acuerdo, sé cómo funciona esto.

-Vienes seguido?-pregunto intentando dar inicio a la conversación de la forma más estúpida posible

Idiota, idiota, Ranma Saotome eres un imbécil. Ella se reirá en tu cara.

Esa frase puede costarme la noche y no quiero. No está noche.

Sabes a lo que me refiero, no es así?

Esta chica lleva un enorme letrero de advertencia, un anuncio de: si entras en mi juego nunca podrás salir. Y aún así no puedo evitar sentirme atraído, soy como una polilla buscando la luz.

Ella me mira fijamente, con gesto reflexivo. Luego sonríe, una sonrisa que me sabe a aprobación, y lleva el dedo índice a la copa, lo sumerge y lo lleva después hasta su boca, como si degustase algún exquisito manjar.

La sensación eléctrica se concentra en un punto al sur de mi anatomía y no me doy cuenta cuando se ha inclinado para quitarme la botella de la mano, porque estoy inmerso en las sensaciones que me provoca al rozar sutilmente nuestros dedos al hacerlo.

Ella hace parecer cada gesto suyo como el más inocente. Yo sé bien que lo hace de forma calculada y experta.

Es consciente de lo que está causando en mí y aunque reconozco su juego no planeo detenerla, no ahora.

Descruza hábilmente las piernas antes de descender de donde se encuentra sentada. Su cuerpo roza el mío cuando se acerca para decirme algo y yo me inclino hacia ella para demostrarle que tiene por completo mi atención.

Nuestras estaturas difieren por, al menos, unos 20 centímetros. Ella debe estar cerca del 1.60 de estatura y su figura, estilizada y tonificada, solo causa que mi creciente libido aumente cada segundo.

- Sígueme-me susurra apoyándose en mi torso con ambas manos. Luego se separa lentamente de mí, sus preciosos ojos color café agitan las pestañas con inocencia antes de darse la vuelta y avanzar en medio del bar restaurante, que hoy celebra con música más alta de la normal, contoneando elegantemente las caderas.

Obedezco sin dudar, como el más leal de los soldados a su orden, aunque a cierta distancia, disfrutando el excitante paisaje de su cuerpo, con una sensación de incendio acrecentándose dentro de mí.

La veo detenerse frente a una puerta sobre la cual una figura femenina se ilumina de intermitente rosa neón.

No, no es la salida hacia donde me guía.

Ella voltea, me hace un gesto con el dedo índice y me sonríe con picardía antes de entrar. Quiere que la siga.