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Summary

Scarlett Brownie es editora de una revista muy famosa a nivel nacional. Agotada y cansada de trabajar durante más de tres años seguidos, decide tomarse unas relajantes vacaciones en las islas costeras después de que su arduo esfuerzo por fin ha producido dado frutos. Sin embargo, como siempre, en su viaje nada resulta bien: pasa vergüenza frente a un hombre guapo, se entera del fallecimiento de el CEO de la empresa en la que trabaja y debe volver a la ciudad debido al ascenso del nuevo líder que tomará las riendas de la empresa. Todo cambia cuando desata una serie de acontecimientos extraños, pues su nuevo jefe es el hombre que ella conoció en su viaje a una isla costera y está más involucrada con él de lo que parece...

Genre
Romance/Drama
Author
Astro
Status
Excerpt
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Sentada en una de las mesas, con el mentón apoyado en sus brazos cruzados y una taza de capuchino a su lado, Scarlett contempla la vista que se extiende a través de los grandes ventanales de Terrance, su nueva cafetería favorita desde que llegó a Silvercean. En su posición privilegiada, se puede observar las palmeras moverse a la par del soplido del viento y las olas de mar chocar contra la arena de la orilla.


Ella suspira con lentitud y toma entre sus manos el capuchino. En este punto de su vida, viajar a Silvercean ha sido, definitivamente, la mejor decisión que pudo tomar. Scarlett no recuerda la última vez que se tomó unas vacaciones desde que comenzó a trabajar en PearlStylex, la revista número dos en la lista de las más importantes en Estados Unidos, después de la famosa The New York Times.


Scarlett pasa un rato más sentada hasta que decide levantarse. Por más que le guste la vista, no puede quedarse mucho tiempo: debe volver a Nueva York lo antes posible. Ella deja su taza vacía, paga su capuchino y sale de la cafetería a paso lento.


Mientras camina, Scarlett puede sentir una extraña presión formándose en su pecho. No desea irse, pero su trabajo la necesita, sobre todo en este momento, ya que debido a la muerte de Carlos Johnson, él —ahora antiguo— CEO de PearlStylex, la empresa acaba de entrar en caos.


El teléfono de Scarlett vibra en su bolsillo, ella lo saca y sonríe al leer el mensaje de su mejor amiga que aparece en la pantalla: “Con suerte puedes resbalar de las escaleras del hotel y pedir una licencia de dos semanas”. Scarlett no miente al pensar que es una buena opción, peligrosa, pero viable si no quiere regresar a Nueva York en un buen tiempo. Sin embargo, como editora de la revista, no asistir a la bienvenida del nuevo CEO sería de mala educación, incluso por un motivo médico como un “accidente”, en las escaleras.


“Tu oferta suena tentadora, Hadley, pero no deseo quedarme sin puesto, con lo mucho que me costó conseguirlo, no siquiera un resbalón en las escaleras no me va a impedir llegar a la primera reunión” Scarlett envía su respuesta y vuelve a guardar su teléfono. Le toma media hora cruzar las cinco cuadras que debe caminar desde la cafetería hasta el hotel donde se hospeda. Ella termina de guardar los últimos recuerdos que se lleva de Silvercean y vuelve a salir del hotel, esta vez para no regresar en un largo tiempo.


***


Cuando sube al avión, Scarlett se abrocha su cinturón y mira a través de la ventana, por última vez el hermoso paisaje marítimo que le ofrece Silvercean. Ella no tiene nada en contra de las grandes ciudades, pero en esta temporada, Nueva York es demasiado gris y opaco para su gusto. Sus ojos marrones brillan con lágrimas no derramadas de solo pensar en que ahora está tomando un vuelo para volver a trabajar otra vez, pero con un nuevo jefe del cual se ha esparcido el chisme de que es más estricto que Carlos Johnson.


Cualquiera pensaría que, siendo el hijo de Carlos y ahora el nuevo presidente que toma las riendas de PearlStylex, sería considerado en tomarse, al menos, un tiempo para sobrellevar el luto y, para sus empleados, adaptarse a la idea del cambio de mando; pero, siendo todo lo contrario a las expectativas, mandó a llamar a todos los directivos de PearlStylex, incluido los diseñadores, investigadores y —claramente—, a Scarlett, como editora, a pesar de estar en vacaciones.


¿Acaso él estaba demente? Scarlett no lo conoce todavía, pero sin duda alguna, le da mala espina.


Después de tres horas de viaje, Scarlett llega a su destino. Ella baja del avión y se encuentra con su mejor amiga, Hadley, esperándola en los asientos de espera mientras revisa su teléfono. Scarlett envía un “ya estoy aquí”, por mensaje de texto a Hadley, esperando ver su reacción desde su lugar, que no está muy lejos del asiento de ella.


Al leer la notificación que acaba de llegar por parte de Scarlett, Hadley eleva la mirada, en busca de cualquier rastro que pueda haber de una melena roja por toda la sala. Cuando los ojos de ella por fin lograr dar con Scarlett, que está al otro extremo del lugar, con su equipaje siendo arrastrado por su mano izquierda y su teléfono ocupando la derecha, Hadley se levanta y corre en su dirección a toda velocidad. Scarlett apenas tiene tiempo de reaccionar cuando los delgados brazos de Hadley la rodean en un cálido abrazo de bienvenida.


Tal vez Scarlett no extrañaba Nueva York, pero no puede negar que sí echaba de menos el calor de Hadley, que es, por decir así, su todo.


—¡Sinvergüenza! —Hadley la reprende sin soltarla—. La próxima vez debes llamarme más a menudo, estaba preocupada de que algo te pasara en Silvercean. —ella habla con un suave susurro.


Scarlett inevitablemente ríe por las palabras de Hadley, ella siempre se preocupaba por todo, aunque Scarlett fuera una mujer hecha de pasta dura, Hadley siempre es quien la abriga cuando llueve antes de salir al trabajo, o la que le presta su sombrilla para que el sol no lastime su piel en la temporada de verano.


—Pareces una madre sobre protectora. —Scarlett se burla de Hadley.


En respuesta, Hadley pellizca la mejilla de su mejor amiga y luego la suelta. Scarlett protesta con quejidos al mismo tiempo que frota con su mano el lugar donde Hadley la pellizcó, pero no dice nada más, sabe que esa es la magia de ser Hadley.


—No sería protectora si no fueras tan tonta —Hadley se cruza de brazos y mira a su alrededor, como si pensara en algo para después volver a enfocarse en Scarlett—. Ahora volvamos a casa y cuéntame bien lo que te pasó en el baño de hombres en Silvercean, un recordatorio de que no puedes estar sola ni por dos segundos.


Scarlett deja de frotar su mejilla y señala a Hadley con su dedo índice, en una seña que grita “ni lo menciones”, sin ser expresado por palabras de forma oral. Aquel suceso en Silvercean ha sido, en otras palabras, lo más vergonzoso por lo que Scarlett ha pasado hasta ahora, o como dicen popularmente, su momento más humilde.


Hadley se burla de ella al notar la advertencia que Scarlett le lanza sin decir nada al señalarla de manera acusadora, no obstante, obedece, guardando silencio. Después de un rato más, Hadley decide ayudar a Scarlett con su equipaje, ya que son dos maletas grandes y pesadas, que van a llevar —probablemente arrastrando—, hasta el auto.


—¿Qué llevas ahí dentro? ¿Un elefante de piedra? —pregunta Hadley una vez logra meter el equipaje dentro del baúl del coche.


Scarlett, que está jadeando por aire después de haber ejercido demasiada fuerza para poder levantar las maletas y acomodarlas en el coche de Hadley, se limpia el sudor de la frente con la manga de su abrigo y toma fuerzas para recomponerse antes de responder.


—No podía irme sin mis cosas. —Scarlett, contesta una vez, inhala suficiente aire.


Hadley levanta una ceja y le da un suave empujón a Scarlett que le hace perder el equilibrio.


—En un viaje se lleva solo lo necesario, no todo el closet —Hadley dice con un tono de voz apático antes de continuar—. Ahora, no te quejes y sube al coche o te dejaré tirada.



Sin más remedio que aceptar su derrota, Scarlett se sienta en el asiento trasero y Hadley enciende el coche, haciendo rugir el morro y conduciendo hasta el departamento que ambas comparten. Incluso si en ocasiones discuten por cosas estúpidas —como su equipaje de viaje exageradamente pesado—, Scarlett sabe que cuenta con Hadley para todo. Ella sonríe ante su pensamiento y apoya su cabeza contra el vidrio de la ventanilla del auto, tranquila.


***


Al día siguiente, de pie, frente a la entrada de PearlStylex, Scarlett contiene el aire en sus pulmones y cuenta hasta tres para armarse de valor para poder cruzar. Entonces, ella finalmente atraviesa la puerta principal, un enorme arco de cristal, rodeado por un adorno dorado con formas redondeadas, que le da acceso al gran vestíbulo bien iluminado.


Todo sigue en su lugar: en la pared del fondo, frente a la entrada, cuelga un enorme retrato la modelo del mes, una mujer hermosa y radiante de piel morena que se erige entre dos columnas de mármol macizo. Por otro lado, a lo largo de las paredes, hay una serie de diferentes revistas —ordenadas según su edición—, que la compañía ha publicado durante cuarenta años. Cada una de ellas está colocada en un estante que está diseñado para parecer un libro abierto en su portada.


Scarlett atraviesa la alfombra gris de patrón geométrico que se extiende hasta la parte más honda del vestíbulo, donde está la recepcionista, a paso rápido.


—Buenos días, Katherine —Scarlett saluda a la mujer que se encuentra centrada en la computadora.


La recepcionista, al escuchar una voz llamándola, deja de mirar la computadora para ver a Scarlett. Ella le sonríe amigablemente.


—Señorita Brownie, espero que haya disfrutado lo poco que duraron sus vacaciones —Ella dice cortésmente—. Me enteré de que le enviaron un comunicado a usted y a los otros ejecutivos para que volviera a Nueva York.


Scarlett suspira mientras mueve su cabeza afirmativamente, se siente desolada de solo recordar su estadía en Silvercean. Ella opta dejar de lado sus pensamientos, ahora no es un buen momento para recordar sus días felices—o al menos la gran parte—, durante sus vacaciones.


—Sobre eso... Sí, tuve que volver —Scarlett responde, hay un destello de tristeza en su tono de voz—. Pero, esta situación amerita de cualquier manera mi presencia, Katherine.


La recepcionista asiente, de acuerdo con sus palabras. El fallecimiento del señor Carlos Johnson tomó, no solamente a los empleados de PearlStylex por sorpresa, además, todos los medios de comunicación nacionales también se vieron afectados, puesto que la noticia se extendió rápidamente por todo el país.


—Tiene razón —Katherine apoya su mentón sobre sus manos y luego mira la pantalla de su computadora—. Por cierto, me gustaría charlar más con usted, pero la reunión con el nuevo presidente será en quince minutos y supongo que no desea llegar tarde.


Ah, es cierto. Scarlett arruga la nariz al recordar ese diminuto detalle. Sin decir nada más, ella se da media vuelta y camina a zancadas hasta el ascensor, con suerte no llegará tarde si acelera el paso, no desea quedar mal ante el nuevo presidente de la empresa ¿Qué pensará si ve llegar tarde a la “ejemplar” editora de la gran revista PearlStylex? Estará muerta para entonces.


Ella se mira a través de su reflejo en las paredes metálicas del elevador y cepilla con sus dedos su cabello rojizo, en un intento de tener un aspecto presentable, antes de que las puertas se abran. Scarlett, esta vez, corre por el pasillo, y una vez llega a su destino, con los pies doliendo gracias a sus tacones, ella alisa su pantalón de tela beige con sus manos y luego toca dos veces la puerta, esperando que alguien le abra.


Scarlett puede sentir sus muñecas temblar cuando, minutos después, una de las investigadoras, abre la puerta, provocando un chirrido espeluznante que le pone los nervios de punta. Elly, que es una de sus compañeras de trabajo y la encargada de hacer parte de las investigaciones y redactar algunos artículos para la revista, se aclara la garganta para indicarle que entre a la sala de reuniones.


—Adelante —Elly susurra en un tono de voz muy bajo, para que los demás no escuchen sus palabras.


Scarlett traga saliva antes de dar un paso para entrar en la sala donde están reunidos los ejecutivos, o en otras palabras, la crema y nata de PearlStylex. Elly cierra la puerta detrás de Scarlett y vuelve a sentarse en su lugar, uno de los lados de la gran mesa que se extiende de un lado a otro en la habitación.


Ella aprieta con fuerza la correa de su bolso al notar más de seis pares de ojos observándola. Guardando silencio para no interrumpir al, ahora nuevo presidente, que está de espaldas y del cual ella no ha podido ver su rostro, se sienta en un extremo de la mesa.


—Señorita —Él finalmente habla, llamando la atención de Scarlett—. La reunión empezó hace cinco minutos.


En ese momento, Scarlett piensa en algo que pueda decir sin parecer patética, como editora, aunque tiene cierto poder, no está en la posición para protestar contra el presidente.


—Me disculpo, no tengo excusa por haber llegado tarde, no volverá a suceder de nuevo. —Scarlett dijo.


Ella intenta mostrar en su tono de voz mucho más que una simple disculpa de su parte. Si bien solo han sido cinco minutos, la puntualidad es un factor importante para trabajar en PearlStylex y Scarlett acaba de fallar en ese aspecto justamente frente al nuevo líder de la revista.


El presidente, que ha estado espaldas hasta ahora, se da la vuelta, para mirar de manera dura a la persona que acaba de llegar. Scarlett se queda petrificada en su lugar, una vez puede verlo a los ojos. Ella solamente lo ha visto una vez, pero no necesita hacerlo dos veces para darse cuenta de quién se trata.


—Usted me acaba de dar una impresión poco profesional de su parte ¿Es consciente de eso? ¿Señorita...? —Él deja la pregunta al aire, esperando que ella pueda responder con su nombre.


Las palabras se quedan atascadas en la garganta de Scarlett, ella puede sentir un nudo en el estómago formándose ¿Es en serio? No sabe si solamente es el destino jugándose una mala pasada, pero sin importar la causa, hay algo de lo que Scarlett sí está segura, y es que no esperaba encontrarse de nuevo con el hombre que la había encontrado en una situación tan incómoda y humillante en Silvercean.