Feel | Lee MinHo; Stray Kids

Summary

Sonie sabe lo que le hace mal. Sonie no sabe porqué sigue ahí. Sonie sabe lo que quiere, siempre lo supo. - Fanfic De Lee MinHo, Stray Kids. - ©jnshtt - No copias ni adaptaciones - Abril 2024

Genre
Romance/Other
Author
shoot
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO UNO

Sin antes haber golpeado la puerta, entré. A primera instancia parece que el orden es lo que gobierna dentro por el silencio y el como todos se mantienen quietos y callados en sus respectivos lugares, pero cayendo en cuenta de que no soy un profesor, comenzó un alboroto. El típico.


Con mis ojos busco mi lugar, así diviso de igual manera a Yena saludándome con la mano. Una sonrisa se me forma en rostro al ver a mi amiga.


—Estás de suerte ya que el profesor llega tarde —menciona en cuanto tomo asiento. Ahora siento como si me hubiera caído un balde lleno de agua con hielo. Un alivio me invadió rápidamente.


—Es verdad —cierro mis ojos fuerte—. Estaba tan ocupada en llegar temprano que lo olvidé —dejo caer mi maleta al suelo; Pronto una sonrisa cuadrada se le forma a mi mejor amiga, no una de burla, sino una muy alegre—. ¿Por qué tan feliz siendo un Lunes por la mañana?


—¡Hoy practicamos! ¿Lo olvidaste?


—Por supuesto que no. —Sí, lo olvidé.


—Se supone que desde hoy jugamos un partido de prueba —deja caer los brazos a mi mesa con tal de tenerlos estirados; Me enseña un puchero de pronto—. El acuerdo entre WooJin y Ann fue un partido amistoso, así que tenemos trabajo doble. ¡Pero estoy tan emocionada de empezar a trabajar con ellas! ¿Tú no?


No digo nada, solo asiento para darle apresuro a la plática de Yena. No es que no quisiera seguir escuchándola hablar, igual volley también es uno de los deportes que dan en la escuela que más disfruto, pero no me gusta la palabra "WooJin" en cada oración que Yena escupe.


—¿Cuándo fue que llegaste? —reparo en Jisung en cuanto habló. Antes de responderle Yena le lanza un lápiz.


—¿A penas te das cuenta?


—Lamento no haberte visto llegar —dice en lo que su mano se encarga de sobar su brazo picoteado por el arma de Yena, y aunque sus ojos sigan viéndola con molestia su cuerpo apunta directo al mío—. Olvidé que tenía que terminar este trabajo.


—Y luego dicen que la olvidadiza soy yo —menciona Yena.


—Tú eres la más olvidadiza de los tres —admito enmarcando una de mis cejas—. Por algo te llevas ese puesto.


Yena me saca la lengua, pero yo le respondo con la misma acción.


—¡Listo! —deja el paquete de galletas y la botella de agua en la mesa. Le agradezco con una sonrisa mientras trato de abrir el empaque con mis manos. Como no puede, le pido ayuda a Jisung.  Consigue abrirlo con los dientes.


Decidimos comer durante el corto periodo de descanso entre las dos primeras clases de la mañana. No he desayunado como tampoco Han. Yena siempre desayuna muy bien, pero también siempre le gana el hambre.


—Terminando este semestre es la fogata de Otoño —hablo mientras mastico.


—¡Ya lo sé! —inquiere Jisung con una sonrisa en rostro—,  solo por la fogata me emociona sacar buenas notas.


—Creo que no iré.


—¡¿Hablas en serio?! —asiento. Mi intención es no verlos, pero tuve que hacerlo para que cayeran en la broma—. ¡No puedo creerlo! Es algo que llevamos planeando desde que inició el año.


—¿Es por el trabajo de tu padre? —Ahora ataca Jisung con ternura. Sus ojos grandes y esperanzados acaban de hacerme sentir mal—. ¿Tiene que volver a viajar?


—Te diría que sí... Si fuera verdad.


—¡Tonta! —suelto una carcajada, por eso Yena me ataca golpeando mi hombro repetidas veces. Jisung aparenta molestia al principio, luego ríe.


—Claro que iré —digo cuando mi burla se calma, pero ahora me duele el estómago y el brazo—. ¿Cómo voy a perderme la fogata de invierno? Esperamos mucho tiempo como para no ir.


—Sí y casi lo arruinas por esa broma pedorra —escupe molesta.


—Ya, ya, no pasó de ahí. Juramos ir los tres y así será. Nada lo va a impedir.


Pasaron unos minutos dedicados a comer para mí y mi amigo, pero para Yena el ver muy atenta a lo que había detrás del chico. Me doy cuenta de ello cuando se inclina un poco y deja caer sus ojos a nosotros dos, y aunque ya sé lo que va a soltar, aún así muestro una ligera intriga.


—¿Ya vieron a WooJin y MinHo? —Jisung gira su torso para ver a la pareja detrás suyo, pero Yena pegó un grito, por eso el chico regresa a su posición inicial del susto.


—¿Se supone que acabas de darte cuenta? —señala el mismo a manera de ataque—. Todos ya lo saben.


—Llama mucho la atención lo unidos que se volvieron después de las vacaciones de verano, ¿no lo creen? ¿no se les hace interesante?


No, en realidad no. No me interesa MinHo como a Yena. Lamentablemente, una Yena enamorada no es algo sencillo de tratar, y ahora menos que su "amor" se trata justo de él. Su gusto empezó desde hace dos semanas que notó su persona cuando se comenzó a rumorar que él salía con WooJin, y la verdad no es algo que me extrañe viniendo de Yena. La conozco, rápidamente me di cuenta de su no leve gusto hacia Lee. 


Me da a la vista su perfil perfecto mientras que la chica de nombre WooJin no tiene intenciones de cerrar su boca, y Lee Min no parece muy entretenido con lo que dice la muchacha ya que sus ojos se mantienen ocupados en ver algún punto de la cafetería. Sí, se ve amargado, tiene cara de serlo.


Mamá me deja en el estacionamiento y además me entrega dinero para el almuerzo. Aún faltan bastantes minutos para que la clase empiece, entonces voy sin mucha prisa. Pienso que Jisung y Yena ya han llegado por los mensajes que no he revisado de nuestro grupo, siempre hablan por ahí cuando están en la escuela, entonces subo las escaleras hasta el único piso de altura y me adentro al salón de clases medio vacío. A excepción mía, solo se encuentra habitado por Park SungHoon, Park Jiwoo y Shin RyuJin. 


—¡Hola, Min! —saluda Jiwoo desde su lugar, solo girando de su torso para verme a la cara al igual que sus otros dos amigos. El amigo de chaqueta negra de su costado se nota igual de sonriente que la que me saluda, pero la muchacha que le sigue a SungHoon es un poco más inexpresiva que aquel par.


—Buen día —saludo en general, apresurándome a tomar asiento.


—¿Ya sabes a cuál club inscribirte este año? —ataca otra vez.


—No.


—Oh, bueno... —Se mantiene pensando, y cuando le llega una idea, su semblante cambia a uno emocionado de nuevo— RyuJin, SungHoon y yo nos uniremos al de artes. Jisung aun estará con nosotros, ¿no?


—Quizás, sí —hundí mis hombros.


—Excelente. En todo caso espero que te unas con nosotros. He visto tu letra y es muy bonita, y RyuJin también piensa lo mismo, ¿verdad que sí?


La única mujer que permanece con la mirada seria, asiente con la cabeza. SungHoon se me queda viendo como yo a él, pero solo fueron unos escasos segundos. He de mencionar que su presencia no es molesta, solo que no me animo a hablarles con tal confianza como ellos lo hacen conmigo. Me da... Miedo.


—No sé que tanto le ves a WooJin para charlar con ella —miro a mis alrededores bañados de sol. No hay ningún lugar en la cancha que tenga un mínimo pedazo de sombra en donde acostarme—. ¿Así de interesante es para ti?


—Pues, sí.


—Oh no, espera un segundo —detengo mi caminata, y Yena lo hace para mirarme—. No me digas que esa razón tiene de nombre MinHo y apellido Lee.


—¡No! —exclama nerviosa, aunque sabe ocultar bien eso de no soltarse riendo o golpear mi hombro del nervio, lo admito—. No, ¿cómo vas a creer que..? ¡No! eso no es verdad. WooJIn me agrada y Ann también. No es por lo que piensas.


—Sí, claro.


—¡Digo la verdad! —achico mis ojos, claro que no le creo—. Créeme.


—Lo hago.


—No, no es verdad —suelta mi mano. Yo paso a cruzar mis brazos y en ella la preocupación invade. Lo sé por su cambio tan drástico de expresión—. Tus ojos me lo dicen todo.


—¿Así de predecible soy?


—No es que seas predecible, es que puedo leer tu lenguaje corporal.


—Hola chicas. —Jisung me barre con la mirada en cuanto se nos une. Viene de con el equipo de americano que justo ahora está entrenando. ¿Mencioné que estamos en la cancha grande?— ¿Qué tienes?


—¡¿Lo ves?! —exclama Yena, alentando la observación de hace unos momentos.


—Nada, larga historia —localizo a WooJin saludando hacia nosotros desde las bancas del campo, obviamente a mi amiga. Perdería el tiempo si trato de explicar porqué no a Jisung ni a mí—. Ya te vieron, corre a por ellas.


—Si, los veo saliendo. —Nos despide con una sonrisa mientras camina de espaldas— ¡Ahora nos vemos!.


—¿Ocurre algo? —pregunta de nuevo Jisung. Lo volteo a ver con una sonrisa forzada, una misma que desaparece al dejar caer la pierna que estaba estirando detrás de mi espalda. No planeo responderle con palabras, así que niego con la cabeza.


—Muy bien clase, todos al centro. Recuerden que el primer parcial se encuentra muy cerca, y si no quieren reprobar, saben muy bien cómo funciona la clase de deportes —señala el grupo en donde se encuentra Yena—. Las chicas de volley de por sí ya tienen su diez con tal de asistir a la clase, pero ustedes no obtienen ese mérito con su sola presencia —saca un silbato de su cuello y sopla—. ¡Denme diez trotes por toda la cancha de pasto! ¡ya!


—Creí que hoy entrenarías con Yena.


—No, me siento mal-


—¿De?, ¿qué pasa?


—¿Umh? —niego al caer mis ojos en el camino, en vez de él—. Ya sabes, cosas de mujeres y sangrados.


—Ya no sigas —suplica, a lo que me río— Ahora me arrepiento de no haber ido al gimnasio contigo —dijo entre jadeos—. ¡No hemos dado ni una vuelta y ya tengo mucha sed! Ya no tolero más esta clase, ya quiero entrar a fútbol.


—Yo también estoy cansada ,¿crees que no?


—¿En serio? Tú eres la segunda más deportiva de los tres —suelto una risa incrédula—. Entonces no exagero.


—Sí lo haces... un poco.


—¡Lee, al centro! —grita el coach en la cancha donde Jisung y yo nos detuvimos a ver el entrenamiento del equipo de fútbol americano. A Jisung por el momento además de interesarle el arte como de costumbre, le fascina ver a los muchachos entrenar desde muy a lo lejos. No es malo jugando, y lo comprobé hace un par de años atrás que se me ocurrió retarlo al saber que era dueño de un balón de fútbol americano


Salí con un brazo roto, pero me divertí.


Se supone que paramos a descansar, pero en realidad es más para que el rubio viera el entrenamiento. El chico opaco (quiero decir, Lee MinHo) obedece a su entrenador y se posiciona en el punto medio de la cancha. El entrenador mantiene el balón a la altura de su talón y después del silbatazo, corre lo que lo alejaba de aquel y lo patea con fuerza el peine de su pie. Yo digo que fue por emoción que termina por sobrepasar lo que debía cruzar la pelota, y por ello recibe un regaño de su entrenador.


—¡Lee, no es una competencia muchacho! —señala el señor que lo entrena—. Ve por la pelota y da tres vueltas a la cancha trotando.


—¿No fue bueno lo que hice? —reta al entrenador, pero solo con mirarle le hace callar la boca.


Se me hace imposible no reírme del muchacho cuando manda todo por una borda. Para rematar su berrinche, se va a sentar en las bancas.


—¿Qué es lo que tanta gracia te da? —susurra Jisung un poco asustado.


—Lee MinHo, ¿quién más?