𝐖𝐀𝐑 𝐎𝐅 𝐇𝐄𝐀𝐑𝐓𝐒 ; Aemond Targaryen

Summary

Cuándo su padre le dijo que ya estaba en edad para casarse, Cerys no se mostró entusiasmada en lo más mínimo, pensó que sería prometida a algún Lord viejo o recién enviudado. Pero cuándo le dijeron que su principal prospecto era el segundo hijo del rey, el príncipe Aemond Targaryen una luz de esperanza se encendió.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Engagement ; the prince and the lady


Las mañanas en Bastión de tormentas solían ser en extremo monótonas, los días que llegaban acompañados por el brillante calor del sol eran en extremo raros, fue por eso que cuando despertó aquella mañana y observó como los rayos del sol cubrían su hogar tuvo la sensación de que algo sucedería.

Las puertas de sus aposentos fueron abiertas y una figura se abrió paso hasta ella, Cerys esbozó una sonrisa mientras la observaba detenerse a pocos centímetros de ella. La mujer de porte intimidante le correspondió la bienvenida con otra ligera sonrisa.

— Madre. — Elenda terminó de acercarse a su hija, suavemente apartó uno de sus mechones azabaches de su rostro y sostuvo sus mejillas entre sus manos. — Mi dulce Cerys, tu padre espera por ti, tiene algo que decirte.

El semblante feliz de su rostro cambió a uno de preocupación ante la mención de su padre, sintió las manos de su madre apartarse de ella y aquello sólo le dejó una mala sensación. Mentiría si dijera que no tenía una idea de que era lo que su padre quería decirle, Cassandra lo había mencionado antes en una ocasión mientras ella y Maris la molestaba.

“Matrimonio”

Era una conversación recurrente entre sus dos hermanas mayores, Cassandra solía expresar su deseo de casarse con algún Lord que cumpliera con sus propios estándares y caprichos, como de costumbre Maris compartía la misma opinión que su hermana. Cerys solía permanecer en silencio cuando aquellas conversaciones se llevaban a cabo ¿porqué fantaseaban sobre la idea de tener un esposo? Sería su padre quién elegiría, no ellas.

Le dio a su madre una última sonrisa, esta vez más pequeña y fingida antes de finalmente abandonar sus aposentos para ir a encontrarse con su padre. Bastión de tormentas solía ser frío y sombrío, sin importar la hora del día o la estación del año, pero le sorprendió lo heladas que se le estaban poniendo las manos a medida que se acercaba al salón redondo.

Una vez dentro del gran salón fue recibida por la imagen de su padre sentado en el trono de piedra correspondiente a la casa Baratheon. Quedando frente a él, Lord Borros Baratheon observó atentamente a su hija, la tercera de sus seis vástagos, más intelectual y con mejores modales que los de sus dos hermanas mayores.

— Cerys. Te llamé para darte una maravillosa noticia, hemos concretado un compromiso para ti, uno realmente beneficioso para nuestra casa. — Podía escuchar como los latidos de su propio corazón retumbaban fuertemente como ecos.

No reaccionó ante las noticias dadas por su padre, sus ojos azules competían contra los de su padre, ninguno apartaba la vista del otro. Estrujó ligeramente la falda de su vestido y terminó cediendo, acomodó su postura y con la frente en alto se atrevió a preguntar.

— ¿Quién será el Lord que se convertirá en mí esposo? — Sus palabras habían salido fuertes y confiadas, pero el malestar que se asentaba en la boca de su estómago reflejaba la verdad, se encontraba sumamente nerviosa.

Algo en sus palabras debió causarle algún tipo de diversión a su padre pues lo vio sonreír ampliamente mientras se ponía de pie y caminaba hasta su lugar. Colocó ambas manos sobre su hombros y le habló en un tono suave y claro.

— Cerys, mi ciervo dorado. — Se sorprendió ante la mención de aquel apodo con el que era reconocida en la infancia. — Eres demasiado valiosa como para terminar siendo la esposa de un Lord cualquiera, pero lo suficientemente perfecta para ser la esposa de un príncipe.

El nerviosismo que anteriormente la atormentaba se transformó en sorpresa inmediatamente después de escuchar las palabras de su padre ¿Había escuchado bien? ¿Se casaría con un príncipe?

— Padre yo... — No pudo terminar la oración, fue interrumpida por otra revelación aún más grande. — Se trata del príncipe Aemond, él será tu prometido.

Su corazón volvió a latir de manera acelerada, había escuchado rumores sobre el príncipe; aficionado a las espadas y libros, jinete del último dragón de la conquista, admirado por las personas de la corte y el hijo favorito de la reina Alicent. Si el príncipe resultaba ser tal y cómo lo describían los rumores entonces no pondría resistencia al compromiso y futuro matrimonio.

— ¿Cómo consiguieron el compromiso? — Lord Borros sonrió altanero por la pregunta de su hija. — El rey ha estado buscando un matrimonio adecuado para el príncipe, aparentemente fue la mano del rey quién sugirió buscar un compromiso con nuestra casa y la reina estuvo de acuerdo.

Cerys asintió levemente al escuchar la respuesta, no esperaba que el compromiso llegara por sí solo, la habría sorprendido menos el que su padre la hubiese ofrecido como prometida para el príncipe. Entonces, su mirada del color de los zafiros se posó una vez más en su padre, vaciló un poco pero finalmente se animó a preguntar.

— ¿Qué pasará con Cassandra y Maris? — El hombre le sonrió dulcemente mientras pasaba su pulgar por su mejilla, acariciando la tersa piel.

— Tus hermanas encontrarán esposos adecuados, eventualmente. Por ahora mi absoluta atención está puesta en ti, partirás a Desembarco del Rey pronto, tu madre te ayudará con lo necesario así que escúchala con atención. — Cerys asintió con un ligero movimiento de cabeza, pronto fue despedida por su padre y se encaminó nuevamente hasta sus habitaciones, sonrió tontamente ante la idea de que pronto se convertiría en la esposa del príncipe Aemond.



Sus movimientos con la espada eran precisos y salvajes, buscaba descargar toda su frustración en los ataques dirigidos a su habitual oponente, Sir Criston Cole. El caballero de la guardia real evitaba sus ataques y los respondía con menor intensidad que la del príncipe, era fácil notar que no estaba de buen humor.

En un rápido ataque el príncipe logró desarmar al caballero, colocando el filo de su espada en su cuello convirtiéndolo en el ganador de aquel encuentro. Sir Criston se veía notablemente agotado, pero estaba satisfecho con el nivel que el príncipe Aemond demostraba tener.

— Buen trabajo, mi príncipe. Ha sido un entrenamiento excepcional, cómo siempre. — Los halagos del Sir para el príncipe eran frecuentes en cada sesión, podían ser repetitivos pero no se quejaba al recibirlos.

Aemond caminó hasta una banca de madera cercana a ellos y tomó un paño para secar el sudor de su frente, se sentó y dejó caer la espada junto a él. Su mente seguía divagando a la última conversación que tuvo con su madre días atrás, una conversación que no hizo más que enfurecerlo.

— ¿Sigue pensando en la boda? — Con el pasar de los años su relación con Sir Criston había evolucionado a una amistad cercana, así que en muchas ocasiones solían hablarse sin la necesidad de usar títulos.

— Día y noche, es en lo único que pienso. Entiendo que es mi obligación el tener que casarme con una Lady adecuada, pero me molesta mucho el hecho de que jamás me consultaran nada. — El día que su madre le informó sobre su compromiso pensó que lo dejarían elegir a su futura esposa, pero fue todo lo contrario. Antes de que pudiera decir alguna otra cosa sobre el asunto, la mano del rey pronunció un nombre.

“Cerys Baratheon”

— Si me permite decirlo, tal vez logre llevarse bien con Lady Baratheon, la Reina nunca permitiría que usted se casara con alguien indigna. — El ojo de Aemond se mantuvo fijo en el caballero, supuso que podría tener razón en alguna de sus palabras.

— Espero que tenga razón, Sir. — Dicho aquello se puso de pie y salió del campo de entrenamiento, debía apresurarse a tomar una ducha antes de la hora de la cena.

Tan pronto como ingresó a sus aposentos le ordenó a una de las sirvientas que le preparara el baño. Una vez que su cuerpo desnudo estuvo cubierto por la agradable sensación del agua tibia pudo sentir sus músculos relajarse, echó su cabeza hacia atrás y suspiró agotado.

Sus pensamientos volvían una y otra vez a lo mismo, Cerys Baratheon. Estaba harto de sentir curiosidad por ella, todo el asunto lo tenía nervioso y le avergonzaba el tener que admitirlo.

— Esto es una mierda. — Respondió para si mismo, decidió que ya había sido suficiente del baño y salió de ahí cubriendo la parte inferior de su cuerpo. Cuando llamó de nueva cuenta a la sirvienta pudo notar lo sonrojada que estaba al ver que tenía la parte superior de su cuerpo expuesta, sonrió con diversión al ver como los ojos de la chica luchaban por no permanecer fijos en su abdomen marcado. — Prepara mis ropas y sal de aquí.

Su voz liberó de aquella ensoñación a la pobre chica que rápidamente se apresuró a cumplir con la orden, cuando su ropa para la cena estuvo lista la sirvienta se despidió con una pequeña reverencia y abandonó los aposentos con rapidez.

Caminó hasta la cama y comenzó a vestirse con tranquilidad, aún tenía algo de tiempo para la cena, así que no había prisa. Observó con cuidado su reflejo en el espejo y se preguntó que tan hermosa sería su prometida, aún no la conocía en persona y tampoco tenía descripciones de ella, pero sí era una Baratheon ya podía hacerse una idea de cómo luciría.

— Bien, Cerys. Me estoy poniendo ansioso por conocerte. — Abrochó el último botón de su atuendo y después de un último vistazo a su imagen en el espejo salió de sus aposentos tomando camino hasta el comedor real, en donde su familia ya estaría reuniéndose para cenar.