La corona de los malditos

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Summary

Ayla, una hada, está obligada por el penúltimo hijo del Rey fallecido, Eiran, a ser su consejera real para que la corona pueda elegirlo a él como futuro Rey, formando parte de la corte real. Pero como toda corte real, todos guardan secretos que ponen en riesgo al propio reino, incluso a la corona... Siendo la única misión de Ayla: Hacer que la corona elija al rebelde príncipe Eiran y, por supuesto, que nadie en la corte. descubre su secreto.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

01

Una carta para Ayla.


Como de costumbre salude al gigante de piedra que se encuentra a mitad de camino para ir a la Escuela de Criaturas de la Luz, a la que asisten todos los infantes y jóvenes del reino. Palmee suavemente la parte baja de su pierna cuando escuche el grito de una de mis hermanas a los lejos y retome el paso detrás de ellas. De nuevo.

— ¡Ayla!—Me gritó Zhepyrine para que apresurara mis pasos—No puedo creer que siempre lleguemos tarde por tu culpa.

—Yo no te pedí que me esperaras—Me queje ya estando a su lado.

—Nos vemos luego…—Se despidió Fantine, nuestra hermana mayor, mientras se alejaba de nosotras para ir a la Villa del Saber.

La mire por última vez y le sonreí para seguir caminando junto con Zhepyrine, que estaba a nada de arrastrarme en lo que quedaba de camino para llegar más rápido.

Las mañanas en el reino siempre estaban llenas de fuertes brisas y como hoy abrí los ojos más tarde de lo normal no tuve tiempo de recoger mi cabello, así que, no tuve más opción que sostenerlo, con un lazo mal hecho, a mitad de camino hasta llegara la academia. Y recordé, una vez más, en lo que iba de mañana, las palabras de mi hermano: “El cabello largo no es ni un poco práctico y menos desde tu posición, Ayla”

—No pienses entrar a clases así—Detrás de mí, Zhepyrine me toma del hombro para detenerme y con sus manos peina mi cabello rápidamente antes de entrar a clases y por suerte todavía no había llegado el maestro así que entramos tranquilamente— ¿Tomaste tus pociones, Ayla?—Murmura muy bajito mientras nos sentábamos una al lado de la otra.

—No todas.

—Ayla…—Me miró preocupada y antes de que dijera otra cosa abrí mi boca.

—Si me hubieras dado dos instantes lo habría hecho.

—Te despertaste muy tarde, Ayla… ¿Qué hacías ayer por la noche?—Me pregunta y yo le sonrío mostrando mis dientes.

Y justo antes de que pudiera formular alguna cosa, algo cayó en mi cabeza o mejor dicho… alguien me lanzó algo a la cabeza. Rápidamente lleve una de mis mano a la parte trasera de mi cabeza para agarrar lo que me habían lanzado, eran pequeñas semillitas rojas de alguna fruta llenas de saliva y gire la cabeza sobre mi hombro para mirar al dueño de las semillas.

Mis ojos dieron con ellos y tuve intenciones de levantarme y gritarles en las caras al pequeño grupo de hadas que se encontraban al final del salón pero me contuve cuando vi al príncipe en medio de ellos, riéndose de mí.

—Pensé que el príncipe estaba en sus actividades reales…—Formule entre dientes tratando de reponer mi postura.

—Hoy es martes. No tiene actividades hoy.

Gire mi cabeza de nuevo para verlo por encima de mi hombro. Todavía seguía mirándome con esa sonrisa burlona que tanto odiaba y note que esta vez llevaba su largo cabello recogido en una coleta baja <<¿Cuándo se lo cortaría?>> Sacudí la cabeza y volví a mirar hacía el frente.

—Ayla…—Escuche la voz preocupada de mi hermana a mi lado pero ni siquiera la mire—No pierdas los estribos.

¿Perder los estribos?

Oh, por las luciérnagas, apenas salga de este salón sabrá que serán perder los estribos.


— ¿En dónde estabas, Ayla?—Me pregunta la hada Fay el sentarme en la mesa.

—Oh, tuve que hacer una pequeña cosa antes de venir a comer.

— ¿Qué cosa?—Esta vez la que habla es mi hermana con un tono amenazante y yo me encojo de hombros sacando la comida de mi bolsa.

Comencé a comer con tranquilidad mientras escuchaba las conversaciones de las hadas con mi hermana. Sin dejar de mirar discretamente la mesa que estaba diagonal a nosotras.

— ¿Qué opinas de eso, Ayla?—Mire hacia el frente rápidamente para ver a Aura, una hada de piel verdosa y hermoso cabello color violeta.

Antes de que pudiera contestar alguna cosa (ni siquiera sabía de qué estaban hablando) escuche murmullos detrás de mí y rápidamente gire mi cabeza para verlos sentados en la mesa que se encontraba diagonal a nosotras. Luego de algunas miradas confusas e incomodas entre ellos sin dejar de formular palabras incoherentes pero que parecían quejas se levantaron y salieron corriendo del comedortodos con una mano en su abdomen.

Suspire victoriosa echando un mechón blanco de mi cabello detrás de mi oreja mientras escuchaba murmullos de las demás criaturas en todo el comedor.

— ¿Qué les habrá sucedido?—Pregunte fingiendo confusión.

—Sí, me pregunto lo mismo…—Le di una mirada rápida a mi furiosa hermana y luego volví a mirar a la mesa donde estaban sentadas mis victimas anteriormente.

Pero para mí mala suerte no todos habían salido corriendo del comedor.

Los oscuros ojos del príncipe Eiran estaban puestos en mí. Y su comida estaba entera.

Antes de que pudiera apartar la mirada de él, sus labios se curvean ligeramente y al instante supe que él ya se había dado cuenta de quien había sido la causante del incidente de sus amigos. Realmente no me importaba si sabía que había sido yo, si llegaba a castigarme o si llegaba acusarme con los maestros, haría una poción y con eso resolvería el problema.

Nos seguimos mirando durante unos escasos instantes y fui yo la que apartó la mirada primero. Ya mi hermana ni siquiera me miraba pero sabía que me diría algo de camino a nuestra casa, no importaba, ellos me molestaban la mayoría del tiempo y sería como una cucharada de su propia medicina.

De hecho, molestaban al que se les cruzará por la frente y eran aún más insoportables cuando estaban con ellos el príncipe Eiran. Porque sí, el príncipe Eiran no era el príncipe de los cuentos o de las baladas o de las historias banales… el príncipe Eiran es un tonto, ingrato y engreído… y un desvergonzado, entre muchas otras cosas más.

Nunca había entablado una conversación con él pero la mayoría del tiempo lo veía y no solo hablo de verlo en la escuela. Mis padres trabajan para el reino (hechizando una gran parte de las joyas y diamantes que pertenecen a la realeza Shallow) por lo tanto siempre asistimos a algunas fiestas de la realeza y… para culminar mi hermano mayor, Ayran, es un caballero real y un volador de la división diamante. Así que además de vernos en las celebraciones reales también nos veíamos en presentaciones de vuelo o en las de los caballeros reales pero nunca nos habíamos dirigido la palabra. Nuestra relación no pasaba de reverencias, ni siquiera se acerca a los saludos.

Regreso a la realidad cuando la flecha del maestro Stoutleaf da justo en el blanco. Todos en el patio se quedaron callados esperando el siguiente turno mientras el búho del maestro Stoutleaf sacaba la flecha del blanco.

—Es tu turno, Zhepyrine—Indica el maestro dándole el arco a mi hermana—. Tómalo.

Mi hermana lo mira con disgusto y luego agarra el arco para voltear a mirarme y le doy una de mis flechas.

—Soy pésima en esto—Murmura mientras acomoda su postura.

—Lo eres—Admito y doy unos pasos hacia atrás por si ocurre algún accidente—. Adelante, vamos—Le sonrío y ella suspira, preparándose para disparar la flecha.

Me cruzo de brazos expectante. Tiene buena postura pero odia esta clase así que siempre termina disparando a cualquier dirección menos al blanco. Una vez mató a una ardilla y lloró durante tres semanas completas y en un pestañear la flecha de Zhepyrine estaba incrustada en el blanco, no estaba en el centro pero ese era un avance. Mi hermana voltea a mirarme sorprendida por lo que ella misma había hecho y yo le sonreí mientras aplaudo silenciosamente.

—Espero que eso haya sido suficiente para el maestro Stoutleaf—Me extiende el arco y yo lo tomo rápidamente—Hice demasiado por el día de hoy, es tu turno.

Doy unos pasos hasta llegar a la X que esta dibujada en el césped y agarro una flecha del suelo mientras el búho vuela y toma la flecha que había lanzado mi hermana hace unos segundos atrás.Acomodo mi espalda, separo las piernas y levanto mis brazos hasta la altura de mis hombros, preparándome para disparar la flecha, cuando de la nada escucho el sonido de la cuerda de un arco y al instante una flecha cae justo al lado de mi pie izquierdo, muy, muy, muy cerca de mi pie izquierdo. Levanto la vista rápidamente para saber quién había disparado esa flecha. Y tuve que suponer que él era quien la había hecho.

El príncipe Eiran me sonreía de forma maliciosa mientras bajaba el arco y sus compañeros se reían a carcajadas de mi y sentí la mirada silenciosa de todos, incluso del maestro Stoutleaf y su búho y, por supuesto, la mirada amenazante de Zhepyrine porque sabía que a comparación de ella yo carecía de paciencia y sin pensarlo una vez tome una de las flechas del suelo, la ubique en medio del arco y estire la cuerda más de lo que debería de estirarla.

La flecha viajo unos pocos metros hasta llegar a donde estaba el príncipe Eiran específicamente y rozo su mejilla creándose un pequeño hilo de sangre un poco más debajo de su pómulo, y por supuesto, a pesar de que mi sangre hervía en ira sabía que mi flecha no quedaría incrustada en la piel del príncipe.

Un silencio sepulcral llenó toda el área de arquería, todos estaban sorprendidos de como reaccione pero igual nadie me miraba. Todos miraban al príncipe, que tenía una mano en su mejilla lastimada, y él era quien me miraba igual o más sorprendido que todas las hadas juntas.

—Ayla Flare, estas metida en serios problemas—Me regañó el maestro mientras me arrebata el arco de las manos—. Joven Koa, por favor lleve al príncipe al área de cuidados y los demás dejen de hablar y sigan con sus actividades—Les ordenó señalándolos con el arco en su mano y luego volvió a bajar la mirada para verme con desaprobación.

—Él me lanzó la flecha primero, maestro Stoutleaf—Señale la flecha con mi dedo índice—Tengo el derecho de defenderme… y lo sabe.

—Solo tienes el derecho cuando no se trata del príncipe.

—Pero… no es justo—Me cruce brazos sintiendo como comenzaba a ponerme más furiosa de lo que ya estaba—Él comenzó primero, si quiere pregúntele al búho, él lo vio—El maestro Stoutleaf giro la cabeza para mirar a su búho y este simplemente le devolvió la mirada con sus enormes ojos y se dio la vuelta para buscar mi flecha, que había acabado en algún lugar de los árboles, a lo lejos del área de arquería.

—Escucha, Ayla—Dice el maestro con un tono más calmado volviéndome a mirar—… Me temo que como se trata del príncipe no te salvaras de un castigo pero tratare que sea la más mínima cosa—Suspire poniendo los ojos en blancos y él se inclina un poco hacía mi para susurrarme—: Te daré unos puntos extras por eso, fue un buen tiro—Me extendió el arco de nuevo y lo tome sin decir otra palabra más.

Aunque eso no me salvaba del regaño que me daría mi padre y tampoco del castigo del Gran Maestro al menos me sentí un poco aliviada por eso.


— ¡Se lo dije!—Escuche la exaltada voz de mi hermana dándole la razón a nuestro padre detrás de mi y por acción propia solté la fruta que estaba cortando para levantarme de la silla y girarme encontrándome con la mirada asustadiza y nerviosa de mi padre y hermana… mi otra hermana, Fantine, estaba sentada en un sillón de la esquina mientras disfrutaba la situación.

—Lo hice inconscientemente, no lo sé. Lo lamento, ¿sí?—Me justifique tratando de sonar calmada— Igual todo está en orden.

— ¿En orden?... ¿Todo está en orden?—Preguntó con ironía mi padre, casi llevándose las manos a la cabeza del nerviosismo—Es la familia real, Ayla… estamos hablando de la familia real.

—Fue un pequeño rasguño, en serio.

—Ayla, vuelve a sentarte—Me ordena mi madre detrás de mí.

—Se lo merecía—Comentó Fantine y todos giramos a mirarla.

— ¿Qué?—Preguntaron confusos mi padre y hermana al mismo tiempo. Y antes de que pudiera protestar mi madre añadió:

—Fantine tiene razón, Vincent—Todos nos giramos hacía ella—Solo se estaba defendiendo y mientras no mate al príncipe todo está bajo control en esta casa.

—Pero lo hirió—Soltó mi padre acercándose a la mesa donde mi madre y yo estábamos sentadas.

—Oh, por las luciérnagas, apenas y se veía la cortada—Respondí volviéndome a sentar en la silla, tomando la fruta que tenía en mis manos hace algunos minutos y escuche el suspiro de mi padre mientras pasaba su mano amarillenta por su rostro.

—Que no vuelva a suceder algo así, Ayla—Me señaló mi padre con un tono amenazante—. El príncipe Eiran NO forma parte de la arquería.

<<Y ojala lo fuera>>

—Lo prometo.

—Que la próxima vez sea en el corazón—Bromeó Fantine desde su asiento y mi padre casi fallece ante el comentario mientras que Zhepyrine la mira con desaprobación.

—Corvina, ya puedes preparar los hongos para la cena—Le ordenó mi madre a la ostra, una de las sirvientas, que se encontraba en la cocina.

Ya con la túnica para dormir y con el estómago lleno, me tire a mi cama boca abajo cerrando los ojos mientras recordaba que tenía pendiente algunos deberes y lecciones pero podía hacerlo después… o tomar prestados los de Zhepyrine, ya daba igual. Ya daba igual cuando estaba comenzando a sentir la cama más cómoda y reconfortante que antes. Y cuando estuve a punto de dar mi última respiración despierta, escuche que tocaron cinco veces la puerta de mi habitación.

<<Corvina>>

Apoye las manos en el colchón y me senté en la cama mientras le daba mi permiso a Corvina para que entrara a mi habitación.

— Ayla…—Acomode un poco mi túnica para dormir mientras la veía entrar con algunas cartas en una de sus manos—Llegaron estas cartas.

—Gracias, Corvina, pero las leeré mañana, estoy muy cansada—Me excuse pero ella ignoró lo que le dije y su rostro dejo de estar relajado a mirarme con suma preocupación mientras que con su mano restante tomaba un carta en específico y me la extendió. Apenas vi el sello de la carta supe la razón por la que Corvina había tocado la puerta cinco veces y el porqué de su mirada—El exilio—Murmure tomando la carta con inseguridad.

—Está escrita por el capitán—Especificó casi en silencio.

Abrí el sobre y tal como había dicho Corvina, la carta estaba escrita por el capitán Sangre Sucia, cosa que él nunca hacía y eso hizo que todo mi cuerpo se convirtiera en roca vieja.



“Querida Ayla,

espero tu visita lo más pronto posible.

C.S.S


Arrugue la carta y se la di a Corvina antes de levantarme de la cama para dirigirme a mi vestidor.

— ¿Todavía tienes la poción para los caballos, cierto?—Pregunte mirando a la ostra y ella asiente rápidamente para salir de mi habitación.



02/02/2024