JiCheol ♡ Crazy in love.

Summary

No te confíes, ese pequeño cuerpo, esos ojitos dulces que no muestran maldad, esa sonrisa inocente y esa voz que los ángeles deben envidiar, te pueden robar el alma. SeungCheol es el líder de uno de los grupos más famosos de Corea. Mientras que JiHoon es un chico que traspasa todas las barreras de un fanático.

Status
Complete
Chapters
41
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Lee JiHoon era un chico común de quince años, hijo único de un pescador y una profesora de primaria que no ejercía su profesión, iba a una escuela decente aunque su situación económica no era la mejor, todos los días había comida en la mesa pero eso no significaba que podían pasar cierto presupuesto al llegar fin de mes.

Mucho menos darse lujos.

Por eso aprovechaba tanto el tiempo que pasaba en su escuela, en la sala de música donde podía tocar el piano y la guitarra sin necesidad de pagarle a alguien clases particulares.

Sabía que no eran suyos y que probablemente jamás tendría ningún tipo de instrumento, su padre se lo recalcó desde que comenzó su curiosidad e interés por la música.

Lo único que amaba, que podía llevar siempre con él y que disfrutaba de su melodía, era su voz, amaba cantar, participaba en el coro de la escuela desde que se creó ese taller y por la misma razón salía más tarde de clases, recibía elogios por su magnífica técnica aún sin haber estudiado nada referente al canto.

—Le pediré a mi papá una flauta para mi cumpleaños —Habló uno de sus compañeros, SeungKwan.

—Yo quiero pedirle una batería —Comentó SeokMin escribiendo en su cuaderno.

Y JiHoon guardó silencio.

No habría cumpleaños dónde él pudiera pedir un regalo, en ninguna festividad ocurriría algo así.

Colgó la mochila en sus hombros cuando salió de la escuela y agitó su mano despidiéndose de sus compañeros porque si bien a ellos los estaban esperando los automóviles de sus padres, JiHoon tenía que atravesar la mitad de la ciudad para llegar a casa.

Suspiró y comenzó a caminar cuando la tarde comenzaba a caer sobre él.

Esta era su parte favorita del día, su imaginación no tenía límites y mientras caminaba podía soñar con otras vidas, vidas que veía por las calles.

Miró a un pequeño tomando helado con un señor que supuso que era su papá y él ocupó su lugar, podía saborear el helado e imaginar que estaba sentado en esa silla verde, escuchando las historias divertidas de su padre, que al llegar a casa lo estaría esperando su mamá con comida caliente, o quizás la ayudaría a prepararla, se sentaría en la mesa y podría sentir ese calor de hogar.

En la noche llegó a su casa, las luces estaban encendidas y la manilla de la puerta casi se cae de nuevo, su padre no la arreglaba por la simple razón de que jamás le robarían, a pesar de vivir en un sector peligroso, el señor Lee era conocido y respetado, uno más del montón, uno al que no le harían nada y tampoco a su familia.

Miró los platos vacíos en la mesa y suspiró derrotado porque eso significaba que ya no iba a poder cenar.

En dirección a su habitación escuchó los gritos de su madre, se quedó quieto cuando la vio salir del cuarto con la camisa abierta, su padre venía atrás de ella y la sujetó del cabello para que no arrancara, terminó en el suelo sollozando, pudo ver el maquillaje corriéndose ensuciando sus mejillas.

JiHoon vio la sangre en su rostro y los golpes en sus ojos, ladeó su cabeza y miró a su padre.

—Has llegado JiHoonie —Le sonrió el señor sin soltar los cabellos de su esposa —Sé buen chico y ve a dormir.

—Buenas noches —JiHoon levantó sus pies para pasar por encima de las piernas de su madre y entrar a su habitación.

Los llantos continuaron hasta la madrugada, escuchó cosas romperse y los gritos de su papá.

La primera vez que vio algo así tenía doce años, le preguntó a su padre por qué mamá estaba llorando, por qué la estaba golpeando.

Él le contestó que cuando el amor era verdadero dolía.

Su padre estaba enamorado de ella, la amaba tanto que a ella le debía doler.

O al menos con esa mentalidad creció JiHoon.

Pero su mamá parecía no amarlo lo suficiente.

En conclusión, a los ojos del pequeño ella era la mala de la historia.