Parte 1
Estaba sentado en el gran autobús junto a mis compañeros de clase, éste avanzaba a paso lento, era parte del proyecto que debíamos de entregarle a la maestra "un ensayo del paisaje durante el viaje de la excursión" según ella este trabajo tendría un gran número de puntos para la calificación final del año.
La escuela había preparado un viaje para nosotros el cual era ir a un gran y bonito lago cerca de las afueras del estado pero al estar en ese lugar era nada más y menos que un pequeño río a punto de secarse rodeado de un montón de hojas secas que el frío otoño pasado había desechado de los inmensos arboles del lugar.
Fue una gran decepción para todos los que veníamos en el autobús.
De regreso no les preste atención a mis compañeros ni a mis amigos, solamente me quede mirando por aquella ventana que me separaba de la naturaleza de aquella carretera, había mucho que comentar sobre los paisajes que veía y al paso del autobús podía ver más a detalle el alrededor.
A la edad de 13 años cualquier chico quedaría embobado cerca de una ventana ya sea de un auto o algún otro transporte.
El autobús se acerco a unos campos repletos de girasoles y yo junto a otros compañeros quedamos encantados por la vista que se empezó a hablar de dicha imagen.
Todos hablaban de lo bonito que sería estar ahí, pero yo seguía mirando y más a lo lejos vi a un muchacho que caminaba entre los girasoles y el viento sopló pude notarlo por el movimiento de su cabello en el cual recargado de su oreja se adornaba un pequeño girasol.
Me quede súper embobadisímo de ese joven, lucia tan hermoso y tan encantador y aún más porque parecía feliz. Cuando el autobús se alejo de ese lugar yo me sentía extraño, era el único que había visto a ese joven ahí.
Después de recuperar el control en mí, muchas preguntas llenaron mi cabeza.
¿Quién era ese chico? ¿Qué hacía allí? ¿Cómo se llamaría? Y tantas preguntas más.
Me acomode en mi asiento y trate de olvidar lo visto, ya no miré más por la ventana.
. . . .
Cuando llegamos a la ciudad y el autobús nos dejo en la escuela, me baje y me dirigí a la biblioteca para empezar a hacer mi proyecto, quería tener la mejor calificación posible.
. . . .
Los días pasaron y después de que la maestra me entregara mi proyecto y me felicitará para mi calificación, me senté en mi lugar y mire por la ventana pude ver que entre las flores del jardín de la escuela estaba creciendo un pequeño girasol y el recuerdo de aquel chico regresó a mí.
Sonreí y me sonroje.
No te conozco ni tu a mí pero un nombre te pondré, ya que nada más hermoso como tu había visto antes, te llamarás Akiro.
Ese día salí de la escuela muy contento.
Al llegar a casa, en mi habitación empecé a hacer dibujos de Akiro rodeado de girasoles y muchos otros de él, hasta que mi madre me llamó para cenar.
Yo quería seguir dibujando tu rostro y tu majestuosidad.
-Arima estudia mucho y todos los años saca buenas calificaciones, tengo fe en que dentro de unos años más él ira a una buena universidad- oí decir a mi madre.
-Deja que crezca otro poco más y veremos si realmente llegará a tener un buen futuro- mí padre le respondió a mi madre.
Al bajar de mi habitación dejaron de hablar
. . . .
Estaba en medio de unos campos verdes y la brisa golpeaba mi rostro, miré a mi alrededor y vi aquellos campos repletos de girasoles, me alegre muchísimo y empecé a correr entre miles de girasoles pero me detuve y empecé a buscarte y a gritar tu nombre ¡Akiro! ¡Akiro! Pero no aparecías.
Seguí caminando y te pusiste de pie, estabas escondido entre tanto girasol y ahora estabas en frente de mi con tu gran sonrisa y un girasol sobre tu oreja.
Me tomaste de la mano y ambos caminamos juntos.
-Akiro, ¿a donde vamos?- hable tratando de volver a ver tu rostro.
-Mi nombre no es Akiro- seguiste caminando.
-Entonces ¿cuál es?- busque tu mirada.
Reíste y soltaste mi mano y empezaste a correr lejos de mí.
Ya no me pude mover, ni pude decir nada, me dejaste atrás sin tan siquiera voltear a verme.
. . . .
Desperté y me di cuenta que ya estabas dentro de mi cabeza mi querido amigo Akiro.
Continuará..








