Capítulo 1: La sombra
Un joven de cabello azul y piel pálida vestido con ropa sencilla pero de buena calidad huye del palacio portando una espada. Aunque los guardias reales, vestidos con ropa oscura pero fresca lo persiguen, el no se detiene. Conoce el camino, y aunque va llorando, no se tropieza, hasta llegar al final del camino, donde le abren la puerta, que es de hierro negro, aunque ahora sea un traidor.
-No puedes huir después de matarlo, joven príncipe- grito uno de los guardias
-Esto no le pertenece, hubiera roto el equilibrio- contestó aferrándose a la espada que no podía desenvainar, cuidando de no tocarla con toda la mano para no activar su magia por error. El miedo incrementa su poder.
-¿Mataste a tu propio padre, y esa es tu excusa?- le apuntaban con una espada, y el chico se hizo pequeño cubriéndose la cabeza, preparado para el golpe
-Déjenlo- grito otro más- no pido piedad por el, pero que el desierto se encargue de matarlo-
-Es lo mejor- el primer guardia enfunda su arma y le pega una patada al chico en las costillas.- Shigaraki Tomura, huye y no vuelvas-
El joven Shigaraki se levanta y sigue corriendo, aunque no tiene a donde ir. Se detiene frente a un enorme casco de barco que está misteriosamente en medio del desierto. Según las leyendas, es el arca del hombre brillante que navego por un año durante el gran diluvio que convirtió a todos en peces, y que se quedó allí cuando el agua bajo y el sol ardió sin descanso, buscando una nueva vida para las personas con dones especiales. No importa eso ahora, solo busca un lugar donde quedarse, pero recordó la historia
-Debo encontrar quien pueda desenvainarte- dijo- pero, ¿Cómo? ¡Dímelo!-
Podría parecer un loco hablando con esa espada, pero juraba que a veces podía oír voces salir de allí, pidiéndole que lo llevarán con su amo, y por ello le robo el arma a su padre, el rey. No había necesidad de matarlo, pero ocurrió un “accidente” que lo ocasionó.
-Dile tu verdadero nombre- hablo alguien más. Era una sombra con ojos amarillos, que no había visto venir.
Shigaraki se escondió con miedo. Había escuchado de historias de sombras que cambiaban de forma y provocaban la locura al no saber quien era real, habiendo casos donde se mataba a la persona por error.
-No, y menos si estas aquí- le respondí.
-Te daré mi nombre, para que veas que no soy malo- hablo la sombra- soy Kurogiri-
-Tomura Shigaraki- contesté – ahora puedes matarme.
-Te llevare a un lugar mejor- le dijo Kurogiri. Se alejo rápidamente, y decidí seguirlo. La tierra se levantaba bajo mis pies, ensuciandome, pero a la sombra esto no le afectaba, pues ni siquiera tocaba la tierra
Fue una caminata de media hora .en el desierto, y cada vez que le preguntaba a donde íbamos, solo me decía que íbamos a ver a un mago que cumpliría todos mis deseos, y el podría saber a quien darle la espada. No estaba acostumbrado a caminar en el sol por mucho tiempo, y tenía sed.
-¿Por qué no dices simplemente que te la de a ti?- Le pregunté una vez.
-Soy una sombra, no puedo desenvainarla por mi propia mano- me explicó
-¿De donde saliste?- le contesté-¿Por qué me ayudas?- cada vez dudaba más de él
-He existido desde siempre, antes que All for One y su conflicto- me tranquilizó- no trabajo para nadie. Solo no puedo estar en paz-
-¿Solo buscas tu nombre?-Le pregunté
-Si, pero ningún mago lo sabe- Note tristeza en su voz- llegamos- señaló una torre de piedra roja, y volteé a verla.
-Gracias- le dije, y vi que había desaparecido.
Era una pequeña torre donde no podía caber más de una persona, y media alrededor de 5 metros de alto. Toqué y me abrieron. Era como esperaba, un lugar donde solo cabía una mesa y una silla. Entre y grité, no respondió nadie. La comida parecía recién hecha, como si fuera obra de un mago. Sin embargo, no sabía si debía comer solo tome agua y fui a recostarse contra la pared, y dormí un rato.
Soñe con mi huida. Corria dentro del gran castillo, pero todas las habitaciones eran iguales. Entonces, cuando veía a mi padre, tocaba el suelo y lo rompía todo, menos a mi. El aire se llevaba las cenizas, y entonces estaba en un lugar vacío, sin cielo ni tierra, donde solo estaba yo, rodeado de ceniza y con las manos llenas de sangre. Entonces, Kurogiri me engullía en su negrura asfixiante, y me llevaba frente All for One. “No puedes escapar de tu destino, aunque intentes hacer lo correcto”, me decía.
Me desperté, y seguía allí, seguro en la torre. La comida seguía allí, y una voz de una persona que no estaba allime invitaba a comer. Le hice caso, y me senté. Dejé la espada a un lado, y comencé a comer mientras lloraba. Tenía miedo que fuera una sombra maligna, pero no aparecio nadie.
Estaba rico todo, y cada vez que comía, aparecía más. Me llené y me sentí agotado de nuevo.
-¿Dónde puedo dormir? - le pedí a la casa. Me picaban los ojos, y me rascaba, haciendo que me irritara aún más la piel
Aparecieron unas escaleras y subí por ellas. Era una habitación muy grande, con muchos juguetes. Deje la espada a un lado y tome un dragón de peluche, y un mago, parecido al desaparecido All might. Me entretuve jugando para olvidar lo que había hecho. Estaba acostumbrado a jugar solo. Cuando vi que había anochecido, baje para cenar. La comida había desaparecido y había pan con leche. Comí y subí a dormir.
-Gracias, casa mágica- le dije.
Las mantas eran calientes y pronto me quedé dormido.




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