CAPÍTULO UNICO: “HATE
—P-Por favor, no me hagas daño...
Una diabólica sonrisa se formó en los labios del de traje blanco, quien caminaba lentamente hacía ella, afilando sus garras en la pared de aquella oscura recámara conforme avanzaba.
Estaba aterrada.
—¿Es que no quieres jugar con tu gatito?— cuestionó con falsa inocencia, provocando un escalofrío en la azabache. —Siempre has jugado conmigo, no veo porque esta sea la excepción.— murmuró con molestia.
Por su parte, la de ojos azules trataba de controlar las ganas de llorar, se sentía tan impotente al no poder transformarse para defenderse.
Estaba totalmente indefensa ante él.
—Y-Yo jamás...
—¡Eso hiciste! ¡Jugaste conmigo! ¡Me viste la cara de idiota todo este tiempo!— exclamó elevando la voz. —No fui más que un pasatiempo para ti... Y no es justo que yo sea el único que sufra...— murmuró acercando su rostro al de la fémina, quién procuró voltear para evitar cualquier contactó. —¿O si?— susurró contra su oído, provocando que ella se estremeciera.
No tenía manera alguna de escapar.
—D-Dejame ayudarte... Dame tu bastón y...
—¿Qué? ¿Quieres purificar mi Akuma?— cuestionó con burla. —Ya quiero ver que lo intentes...— la tomó del mentón con brusquedad, para así mirarla directamente a los ojos. —Ladybug.
La joven pálidecio al escuchar lo último, sintiendo sus piernas flaquear y su corazón acelerarse.
Finalmente su identidad había sido descubierta.
—¿No vas a negarlo?— preguntó ante su mirada horrorizada. —Vaya, eso fue más fácil de lo que pensé.— sonrió.
—C-Chat... Por favor, dejame ayudarte...— suplicó.
El de blanco antifaz suspiró, acariciando con aparente delicadeza su mejilla.
No iba a ceder tan fácil.
—¿En verdad quieres ayudarme?— la joven asintió. —Bien, lo harás... Pero a mi modo.
Una vez dicho lo anterior, procedió a empujarla a la cama, acción que la hizo retroceder hasta topar con pared.
Desconocía totalmente al hombre frente a ella.
—¡B-Basta! No dejes que te controle, eres mejor que esto... No hagas algo de lo que puedas arrepentirte...
El de blanca cabellera sonrió ladinamente, subiendo a la cama para así posicionarse sobre la que alguna vez consideró su líder.
Amaba verla así, temerosa e indefensa.
—Creeme... No voy a arrepentirme de esto y espero que tu tampoco.
Ante esas palabras, trato de alejarlo, sin embargo, él era más fuerte.
Tenía miedo.
Por su parte, el de apariencia felina comenzó a lamer su cuello, ascendiendo en dirección a su mejilla, provocando que la azabache soltara un gemido de miedo ante aquella acción.
—C-Chat... P-Por favor...
El mencionado calló sus súplicas al besarla con brusquedad, sintiendo como las manos de la fémina se posaban sobre su pecho para tratar de empujarlo, sin embargo, sus esfuerzos eran en vano.
El de traje blanco tomó sus manos para así colocarlas arriba, sobre la almohada.
La azabache seguía sin corresponder aquel beso, por lo que mordió levemente su labio inferior, para poder tener acceso a su cavidad bucal, ingresando su lengua en ella para explorar el interior de su boca.
Pero ella seguía sin inmutarse.
Poco después, el aire había comenzado a faltarle, por lo que, el de traje blanco, decidió romper aquel contacto.
Al dirigir su oscura mirada a la joven, esta lo evitó en un intento de ocultar su sonrojo, estaba enojada, temerosa, se sentía inútil.
Él volvió a acercarse a ella, repartiendo cortos besos sobre su cuello, succionando su suave piel para así dejar pequeños moretones grabados en ella.
Quería dejar su marca.
—C-Chat, detente...— susurró. —No quiero hacer esto... No así...
Una sonrisa cargada de ironía se formó en los labios del que fue su compañero.
—Me voy a encargar de que quieras...— murmuró acercándose a su oído. —Sabes que siempre he estado loco por ti... Y es justo que, por tantos años de rechazo, te haga mía de una vez por todas...
Al escuchar sus palabras, no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerla por completo.
Se estaba saliendo de control.
—P-Por favor...
El akumatizado no la dejó hablar más, pues, con su mano libre, rasgo la blusa de su pijama dejándola desnuda de la cintura para arriba, ya que, para su suerte y desgracia, ella no llevaba sostén.
—¡C-Chat, se que tú no quieres hacer esto, reacciona, no cometas un error que nos perjudique a ambos!— exclamó removiéndose debajo de él en un intento de liberarse, pero la tenía completamente inmovilizada. —Gatito...— sollozó. —Tú no eres así...
—Este será sin duda el mejor error de mi vida...
Con sus garras comenzó a acariciar el plano abdomen de la joven, quien no pudo evitar estremecerse ante su contacto.
Por otro lado, el de blanca cabellera acercó su rostro a uno de sus pechos, comenzando a morder y lamer su pezón, repitiendo la acción con el otro, mientras tanto, la azabache gemia por su acción.
—C-Chat...
El mencionado comenzó a descender por su torso, mirando de reojo a su presa, la cual negaba deseando que entrará en razón y se detuviera, sin embargo, este fingió no prestarle atención, procediendo a quitarle el short de pijama junto a la ropa interior, dejandola así completamente desnuda, a su merced.
Y sin saber por qué, estaba comenzando a ceder.
El de azulada mirada separó las piernas de la menor, acercando su rostro a la intimidad de la joven, empezando a lamerla para así comenzar a lubricarla.
—Tu sabor es mejor de lo que imaginé, My Lady...
La mencionada simplemente se sonrojo, tensandose al sentir su lengua volver a recorrer toda su feminidad.
—P-Por favor... D-Detente.— gimió.
Nuevamente sus suplicas fueron ignoradas por el villano, quien se detuvo para posteriormente enderezarse.
El momento había llegado.
Con lentitud, fue despojandose del traje que portaba, dejando a la vista su bien trabajado torso, posteriormente quedando solo en bóxers, a lo que la diseñadora simplemente giró el rostro.
No quería, no de esa manera.
Una aterradora sonrisa se formó en los labios del varón, quien, con su mano libre, término de quitarse la última prenda que le estorbaba, liberando así, su palpitante erección.
—C-Chat... No...
El felino se acercó a su cuello, el cual lamió juguetón para después ascender en dirección a su oído.
—Te voy a disfrutar...— susurró.
La de ojos azules simplemente cerro los ojos, atemorizada al sentir como su miembro rozaba su intimidad.
—T-Te lo suplico...— sollozó.
Sin embargo, él hizo oídos sordos a su petición, entrando en ella de una sola embestida.
La ira y la lujuria lo habían cegado por completo.
—¡A-Ah!— gimió. —¡C-Chat, p-para!
—M-Mierda... Estas tan... Estrecha...— murmuró. —Me encanta...
Por impulso, la diseñadora enredo sus piernas en la cintura del varón, quien aprovechó su acción para llegar más profundo, provocando que ella gimiera de dolor.
Estaba mal y lo sabía, pero tampoco podía evitar que su cuerpo reaccionará ante sus atenciones.
Se sentía tan idiota al permitir aquel abuso.
Pero no podía hacer nada al respecto.
—Y-Yo... N-No...— murmuró entre gemidos. —N-No quiero...
El de hebras blanquecinas hizo oídos sordos a sus palabras, comenzando a embestirla de forma brusca, sin importarle el dolor que causara en ella.
Lo único que deseaba era hacerla completamente suya.
—M-Marinette...— susurró. —Eres una jodida delicia...— gimió.
Por su parte, la azabache no hacía más que corresponder a sus estímulos, mordiendose con fuerza el labio para no gemir.
Se negaba a aceptar que realmente estaba disfrutando aquello.
—¡A-Ah! ¡C-Chat!
El mencionado sonrió al escucharla, sabía que terminaría cediendo.
—My lady...
El de azulada mirada continuo con sus acciones, sintiendo como su orgasmo se aproximaba.
—¡A-Ah! ¡B-Basta!— gritó la menor tratando de soltarse de su agarre sin éxito alguno.
Nuevamente sus suplicas quedaron en el aire, pues, tras un último gemido por parte del varón, este término dentro de ella, provocando que al instante, la azabache igualmente se corriera.
No podía creer lo que acababa de pasar.
—¿P-Por qué?— preguntó llorosa. —¡¿Por qué lo hiciste?!
Por otro lado, el akumatizado no dijo nada, simplemente se levantó, para luego volver a vestirse.
Había obtenido lo que realmente queria.
—Te dije que te disfrutaría... Y eso es exactamente lo que hice... Marinette.— sin más que decir, salió por el traga luz de su habitación, dejando a una desolada azabache sollozando en la oscuridad.
—¿Mari?— cierta criatura rojiza se acercó a ella, regalándole una triste mirada, realmente se sentía culpable por no haber podido hacer nada para evitar lo que había sucedido. —¿Estás bien?
La joven asintió, secando sus lágrimas para después mirar con decisión a su pequeña amiga.
—No puedo dejar que siga haciendo más daño...— murmuró. —Tikki... Motas.
Por más herida que se sintiera no podía dejar las cosas así, no cuando por su culpa, el hombre al que había comenzado amar, se encontraba en peligro.
Se había convertido en un monstruo.