Foolish (Sasusaku)

Summary

Nació dentro de una comunidad católica llamada "Los hijos del rebaño de Jesucristo", retirada del mundo moderno y la equivalencia de una mujer y un hombre. Sakura Haruno, fue criada para ser la hija perfecta de sus padres, hermana ejemplar de su hermano Ruizo, y la nieta gentil de sus abuelos. Todo marchaba normal en su vida, aunque a veces deseaba salir a explorar más allá de donde se le permitan llegar. Dos meses antes de cumplir 18 años, recibió la noticia que debía casarse con un hombre desconocido fuera de la comunidad. No era nada nuevo contraer matrimonio fuera de la comunidad, solía pasar a menudo, las hijas joven se casaban con estos extraños hombre y jamás regresaban a la comunidad. El hombre que la visitó por primera vez se trataba de un extraño llamado Sasuke Uchiha, un hombre adinerado con un tono de ojos peculiares, con luz del sol sus ojos negros como el carbón tenían un tenue color rojizo, y su apariencia externa era como ver a un hombre hermosos con aurora oscura. La boda se agendo después de su cumpleaños, sin embargo, un secreto fue revelado por ella misma provocando que la boda dentro de la comunidad se cancelará para después convertirse en la concubina de ese hombre que la haría visitar el infierno en la isla de su familia Luciferina. Para escapar del infierno que él tenía preparado sería difícilmente lograrlo si se quedaba a pedir ayuda a Jesucristo.

Status
Ongoing
Chapters
33
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

Capitulo 1 El hombre de los ojos oscuro carmesí


Sakura despertó el día de su cumpleaños número dieciocho, el primero de noviembre, en una mañana fría y nublada, como otros días en los cumpleaños pasados. Siempre despertaba de tal forma que era como un ritual, dando las gracias por haber despertado un día más con vida y disculpándose con el señor de antemano, por si en la travesía del día cometía pequeños pecados. Se encontraba ansiosa por saber qué pasaría en su fiesta de cumpleaños a la hora acordada en las invitaciones que se enviaron a los familiares, amigos y conocidos dentro de la comunidad. Se supone que la mayoría de las chicas de su edad se sienten nerviosas que llegue el día en el que completarán los años suficientes para convertirse en un adulto. Sacar su identificación electoral y mostrarle a los demás que te vales por sí misma, sin embargo, eso solo sucede si no formas parte de la comunidad en la que nació.


La situación de Sakura cambió un mes atrás cuando el sol brillaba con todo su esplendor, los pájaros cantaban una deliciosa melodía, y los rayos del sol entraban por la ventana de la sala de estar. En cuanto escuchó los planes de su padre y su madre lo apoyaba, todo apagó instantáneamente dentro de ella, y se convirtió en el peor día jamás.


A la joven hermosa se le dio la peor noticia, una que no esperaba pronto, pero las demás mujeres de la comunidad esperaban con ansias que esto pasara. Sabe que en la comunidad a la cual pertenece estas cosas suelen pasar y que tarde o temprano sería su turno. Medito muchas veces que eso pasaría, más adelante por la edad de veintiún años o más, pero no cuando cumpliera la mayoría de edad, sus dieciocho años. Desde ese día le pidió al señor que las horas en el reloj y los días del calendario pasarán lentos. Ese día sus sueños quedaron por los suelos por la comunidad que su familia sigue por décadas. Normas machistas de la cual solo el hombre opina y toma decisiones por las mujeres de la comunidad católica, Los Hijos del Rebaño de Jesucristo.


Otra vez cerró los ojos, aquellas brillantes gemas jade cada día perdían su brillo. Deseaba dormir diez minutos más y despertar cinco años después, quizá seguir con el plan, el mismo que sus padres y él decidieron por ella. Nunca se imaginó lo que aquel hombre más mayor que ella tenía en mente hacer con la mojigata católica. No imaginaba lo que él tenía preparado lejos de la comunidad en una isla.


Y si lo hubiese sabido, hubiese tratado de escapar como lo hacían los judíos en aquellos campos de concentración de los nazis para evitar el infierno que esperaba por ellos durante años de crueles castigos, pésimas condiciones, esperando la muerte en las cámaras de gases.


Sakura Haruno no estaba preparada para la nueva vida que su marido le daría en sus dominios con sus regalas y demente familia.




Una mes antes...


Acababa de ayudar a sus abuelos con la cosecha de ese mes de octubre. Después de terminar de colocar todo en su respectivo lugar se despidió de sus abuelos y regresó a casa, a dos cuadras de distancia de la de sus abuelos paternos. Corrió por la carretera de terracería sobre un par de sandalias de hule de color pastel rosa. Su vestido blanco de algodón con encaje en formas de flores hasta la rodilla, no seguía teniendo aquel color puro, pues ahora lucía sucio por el duro trabajo en el campo. Cosa que no le importaba en lo absoluto, ella ama ayudar a sus abuelos con la cosecha y respirar el aire libre. Solo de eso modo olvida que toda su vida a sido cautiva dentro de la comunidad.


Siguió corriendo sintiendo el suave viento meterse por sus cabellos largos de un tono peculiar, un rosado brillante como las rosas que crecen en el pateo trasero de casa de los abuelos.


A una cuadra antes de llegar a casa de sus padres, notó una camioneta como las que puedes encontrar en la cuidad, cada cuando su padre le permitía acompañarlo, observaba este tipo de camionetas por todas partes. Claro está que sin separarse de él, o hablar con otras personas fuera de la comunidad. Sus viajes a la cuidad eran de admirar y no perder cada detalle a su paso. Abordó de la camioneta había un hombre desconocido esperando a alguien, en lo suyo, parecía que leía una revista.


La curiosidad se presentó. Sus pasos alentó cada vez más cerca de la camioneta con las ventanas polarizadas. No tenía idea a quién pertenecía, ya que dentro de la comunidad suelen usar automóviles antiguos. Su padre tenía socios adinerados que vivían en la cuidad, pero ellos mandaban a sus empleados a arreglarse con Kizashi. El negocio de los Haruno consistía en el cultivo de frutas y verduras. Los demás miembros de la comunidad hacían casi lo mismo, todo lo que la tierra brote, lo que el ganado puede dar, y lo que la mano humana pueda a hacer con su creatividad y paciencia.


Antes de entrar a casa permaneció frente a la puerta del porche, tratando de escuchar las voces de los invitados, pero nada, silencio total. Se quedó pensativa por unos minutos de qué a hacer a continuación, pues no quería interrumpir a su padre y a los invitados, que de seguro lo visitaron por negocios, menos que la vieran con las fachadas que vestía. Así pues, optó por rodear la casa y entrar por la puerta trasera de la cocina. Hizo lo que pensó que sería mejor para su familia y ella, decisión que se arrepenteria después.


Sus ojos color jade se abrieron por completo al ver que la visita se encontraba en la parte trasera de la casa de dos pisos, tomando limonada con sus padres. Un hombre de tez blanca y cabellera azabache era el invitado. No podía ver su rostro, porque le daba la espalda. Supo del tono de su piel por las orejas, asimismo de su posición por como vestía, ropa a la moda y elegante.


—¡Sakura! —la llamó su madre en voz suave —. Toma asiento con nosotros. Te esperábamos.


Se sobresaltó un poco, ya que supuso que su madre le llamaría la atención por llegar sucia a casa por cuarta vez en una semana. Sin embargo, su madre no le daba aquella expresión seria, sino su padre. El hombre extraño seguía dando la espalda en su asiento delante de los Haruno. En ese momento no entendía lo qué estaba por suceder y cómo su mundo cambiaría en un parpadeo.


—¿Me esperaban? —preguntó curiosa.


Mebuki desde su lugar hizo una mueca que hiciera lo que pedía. Esta mueca solo Sakura la conocía.


—Está bien, regreso en cuando me ponga ropa limpia —replicó, dándose la vuelta para entrar por la puerta de la cocina. La voz de su padre escuchó esta vez desde su lugar.


—Obedece a tu madre, Sakura. Muestra a nuestro invitado los modales que te hemos enseñado desde que tienes uso de razón.


La voz de su padre la hizo estremecer, más cuando hablaba serio frente a los invitados. No dijo más, solo sacudió el vestido sucio que le llegaba por encima de las rodillas, y se acercó a la mesa de exteriores. Cada paso que daba hacia ellos no dejaba de ver al hombre de cabellera azabache peinado hacia atrás. Aquel hombre no se movía en lo absoluto, seguía con la misma postura desde que se presentó. Mebuki con su calida mirada daba a entender que se calmara. Es lo que provocaba la dulce y calida mirada de su madre en la inocente Sakura.


—Joven Uchiha, disculpe en las condiciones que verá a nuestra hija —se disculpó de antemano Mebuki, antes que su adorable hija llegara a ellos.


«Uchiha, ¿dónde he escuchado ese apellido?». En ese momento Sakura se percató que este tipo era importante por la disculpas de su madre sobre su aspecto indeseable.


—No se disculpe, señora Haruno —habló el tal Uchiha por primera vez, su voz sonó neutra, ni así se movió un poco —. Yo no avise que vendría a visitarlos.


—¿Ha venido a verme? —preguntó Sakura de golpe antes de tomar asiento en la silla que restaba en medio de sus padres.


—¡Sakura! ¡¿Dónde están tus modales?! —Kizashi se molestó —. Toma asiento, queremos presentarte a Uchiha Sasuke.


Sakura hizo una mueca de sorpresa por lo que vieron sus ojos, por más que trató esconder lo que causó dicha expresión no pudo ocultarlo. Su corazón aceleró al ver aquellos ojos negros con la luz del medio día se podían ver que no lo eran del todo, más bien eran de un color extraño, un color escarlata tenue. Nunca en su vida había visto ese color de ojos en un ser viviente. Sorpresa es lo que sus ojos expresaban, mas no lo que su corazón e instinto vieron. Se podía decir a simple vista que este sujeto era todo un misterio por el tono de sus ojos oscuro escarlata. La pelirosa tragó saliva y desvió la mirada a otro lado que no fueran esos ojos extrañamente peculiares. Sin embargo, una voz ajena en su interior la obligó a verlo a los ojos por segunda vez. Decía en un grito demandante: «¡Mirame, no me ignores!».


Volvió la vista a él, pero no aguantó la pelea visual. Le aterrorizó perderse en la oscuridad y la sangre de esos ojos. Bajó de inmediato la vista a sus manos, las cuales apoyaba contra sus muslos. Sus manos se pusieron tensas en cuestión de segundos, no entendía qué le pasaba. Sakura estaba conociendo al hijo de Lucifer en persona, mas no lo sabía.


—Es sumisa... —comentó el hombre de ojos escarlatas con un tono extrañamente perturbador.


Ese comentario machista obligó a Sakura levantar la vista desafiante. «¡Cómo se atreve a hablar de tal forma ante mis padres!», pensó esperando que su padre reclamara la ofensa del Uchiha, sin embargo, no fue así. Quedó en desconcierto al escucharlo decir.


—En nuestra comunidad así deben ser las hembras. Sumisas con su marido en todo momento, señor Uchiha.


«¿Marido?». No entendía nada, Sakura estaba confundida por el comentario de su padre. Giró la cabeza para ver a su madre, e ignoró al tal Sasuke frente a ellos. Sus gestos faciales se podían leer, pues Mebuki la conocía más que nadie. La pelirosa mostraba que no entendía nada de lo qué pasaba y quería una explicación antes que perdiera la paciencia.


—Espera, Sakura —dijo Mebuki, llevando su mano a las de su hija. Apretó la mano y supo que tenía que tener paciencia.


—Por eso he venido hasta ustedes por recomendación de mis padres. Si no es mucho molestia, me gustaría que le dijera a su hija en privado la razón del porqué de mi visita. —Sasuke se puso de pie dejando ver su altura y buen físico para un hombre de su edad —. Tengo trabajo que a hacer como para presenciar la reacción de su hija mal educada —estás últimas palabras las mencionó con una pizca de desdén.


La pobre muchacha suspiraba agitada, no se atrevía a verlo después de llamarla mal educada frente a sus padres. Solo quería que se fuera, pues necesitaba una explicación por parte de sus padres.


—Lamentó el mal comportamiento de Sakura, créame, señor Uchiha, que es una hembra con clase y sabe cual es su lugar, es claro que no está pensando con la cabeza —se disculpó Kizashi seriamente, inclinando la cabeza.


«¿Mal educada? ¿Por quién me toma?», otra vez pensó Sakura con un mueca de disgusto bien dibujada en su semblante.


Mebuki seguía sujetando la mano de su hija, para que no perdiera la postura de una buena mujer. El comentario imprudente de Sasuke había sido pesado, a nadie luce molesto, solo a la pobre muchacha. Kizashi se puso de pie y encaminó al invitado hasta su camioneta. Sakura aprovecho a preguntar a su madre qué pasaba. Al voltear a verle pude notar preocupación en su semblante. No le agradó para nada ver a su madre de tal modo.


—Madre, ¿qué hice para que me llamara así? —Su madre seguía perdida en sus pensamientos. —Madre, explique lo qué pasa, no entiendo y no sé a qué diablos vino ese sujeto, según dijo mi padre que vino a verme, ¿por qué lo haría si nunca lo he visto?


Mebuki salió de su trance y antes de responder unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos. Sakura supo que la cosa era grave, ya que su madre no lloraba por nada.


—Hija, se llegó tu gran día. Estoy orgullosa que por fin te convertirás en toda una mujer.


Seguía sin entender, o más bien no quería entenderlo. Kizashi regresó y tomó asiento en el mismo lugar de antes, a un lado de su hija. Mebuki rápidamente enjuaga sus lágrimas con una servilleta que tomó de la mesa. Sakura no quería voltear a ver a su padre por lo que había dicho ese sujeto y no la defendió.


—Sakura, ¿dónde quedaron tus modales? Sabes de sobra que debes presentarte ante la visita en modo de reverencia y no hablar si no te lo he pedido yo u tu madre —reprendió Kizashi.


—Lo sé, me disculpo, no volverá a pasar, pero actúe de tal forma porque no sé qué pasa. Estoy asustada. —Se negaba a ver a su padre.


—¿Tu madre no te explico?


—No, querido esposo, pensé que usted como el hombre de esta casa, me haría el favor de decirle a nuestra hija mayor a qué se debió la visita de Uchiha Sasuke —respondió Mebuki, cuando hablaba de tal forma se sabía que estaba molesta con su esposo.


—Está bien, yo seré quien le diga a nuestra hija que ese hombre llamado Uchiha Sasuke a venido a pedir su mano —informó de lo más natural, acomodándose en la silla de exteriores.


La noticia le pegó como ni otra notícia lo hubiese hecho. Sabía que este día llegaría, mas no hoy, o en los siguientes cinco años. Seguía sin entender cómo diablos ese sujeto dio con ella, ya que sabía que las mujeres de la comunidad se casaban con otros hombres que seguían las misma normas machistas y mujer sumisa. Ella nunca ha visto a ese hombre en toda su vida. ¿Acaso su padre la puso a la venta como lo hacían en aquellos tiempos en donde se les vendía por una suma dependiendo cuánto valían por edad y belleza? Algo no encajaba y quería saberlo todo.


—¡Padre, ¿por qué él?! ¡¿De dónde salió u cómo dio conmigo?! ¡Yo nunca lo he visto! —exclamó con coraje, que ni le importo recibir una buena bofetada de su padre. Sus lágrimas no tardaron en salir. La mano de su madre soltaron sus manos para abrazarla. Ambas mujeres quedaron de frente.


—Hija, sabías que este día llegaría. Deja esas preguntas para el día de la cita antes de que se casen.


La pobre muchacha instantáneamente replicó:


—¿Cómo qué cuándo me case? ¿No digan que ya pusieron fecha para casarme sin mi consentimiento?


El Haruno tuvo suficiente. Era de los pocos hombres de la comunidad que toleraba un poco la rebeldía de su hija mayor, pero hoy no estaba para aguantar.


—¡No hables así! ¡¿En dónde quedaron tus principios de buena hija católica?! Sabes que en ello no tienes voz o voto, te casaras a mitad de diciembre con Uchiha Sasuke, es lo único que debes saber —espetó Kizashi, dando un golpe contra la mesa. Después se incorporó y entró a casa. Si se quedaba un poco más su dura mano con callos terminaría en el frágil rostro de Sakura.


Mebuki permaneció abrazando a su hija, sin embargo, esta seguía alterada removiendo los cálidas brazos de su madre.


—Hija, tú sabías que se llegaría este día, no hagas las cosas más difíciles. ¡Nos tomó mucho arreglar este matrimonio!


—¿Cómo, no fue él quien vino a pedir mi mano? —preguntó molesta e incrédula, caminando hacia la puerta de la cocina.


—Sí; pero tu padre no quería acceder a sus reglas —contestó Mebuki desde su lugar.


Sakura se detuvo de golpe y volvió a ver a su madre.


—¿De cuáles reglas habla?


Mebuki estuvo a punto de contestar sobre aquellas reglas que pedía el Uchiha, pero Kizashi intervino saliendo por la puerta de la cocina. Prohibió a su esposa mencionar las reglas a su hija, aconsejando que ella misma preguntara personalmente a Uchiha Sasuke en una semana en la primera cita.


Ese misma noche Sakura no cenó con la familia, prefirió dormir después de llorar en silencio en su habitación. Un mes después despertó sobre su cama el día de su cumpleaños dieciocho.


Apenas florecía como una hermosa flor de cerezo, y ya cortaban su tallo para ser entregada como decoración al hombre de ojos negros escarlatas...










Fanfic by Velbeth Castro

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