Mi Hoja De Otoño

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Summary

Greg, omega lindo y cariñoso. Omega lleno de inocencia. Todo el mundo se aprovecha de la inocencia y algunos se arrepienten mientras que otros pagan las consecuencias de diferentes formas. Greg sufre de el verano. Su peor epoca podria decirse. Mi hoja de otoño. °[Historia corta] SINGAMATI.

Genre
Horror/Other
Author
Lev
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

37°sin mamá

-Escucha atentamente, Greg- Greg asintió- vendré en un ratito, tú no te muevas de aquí por nada del mundo.


Greg un cachorrito de tan solo cuatro años asintió, no podía hablar bien y su madre usualmente se enojaba y se frustraba si no le entendía.


Greg no se movió ni un milímetro de donde su madre le había indicado que esperará, sentado en la vereda frente a una panadería en pleno verano con treinta y siete grados. Tranquilamente una persona corriente estaría sudando como si hubiese corrido una maratón de quinientos kilómetros, pero Greg no. Greg no sudaba por dos razones, la primera es que no había esforzado para nada su cuerpo por órdenes de su madre de que se quedara quieto, y la segunda es porque a su edad los niños no transpiran.


Habían pasado tres horas desde que su madre lo dejó frente a la panadería. A Greg le ganó la curiosidad y se puso a mirar las vidrieras de la cuadra donde su madre lo dejó. Ella no notaría la diferencia, seria fácil verlo y más por la cantidad de gente que había, no debían ser más de siete personas allí.


Ya habían pasado cinco horas desde que su madre lo dejó. La temperatura subió a cuarenta grados. Para su suerte-y extrañamente-su madre le dio para que lleve consigo un bolso con un par de prendas y una cobija.


-Niño- Llamó una mujer a su espalda y Greg se dio la vuelta a encararla-,¿Estas perdido?.


Greg meditó por unos segundos si debía de responder porque él recuerda claramente las palabras de su madre; no hables con extraños. Greg como todo niño bueno le dio la espalda y no le habló, eso hasta que sintió como la mujer le apoyó la mano en el hombro, en ese momento Greg no dijo nada aún siguiendo las instrucciones de su madre, solamente negó con la cabeza y apunto dentro de la panadería donde se encontraba un muchacho comprando.


La mujer se fue sin nada más que decir y Greg consumido por el calor decidido a beber agua entró a la panadería. Greg pidió agua y la niña que se encontraba allí haciéndole compañía a su padre o lo que sea se encargó de dársela en una botella reciclable.


Ya estaba oscureciendo, la temperatura se redujo a treinta según lo que Greg entendió en la televisión de la panadería.


Greg estaba sentado en el banquito de la otra calle enfrentada a la panadería, de allí apreciaba perfectamente gracias a su espléndida vista lo que se veía en la televisión, mentiría si dijera que Greg no estaba aburrido en todo ese tiempo esperando a su madre de regreso, pero con la televisión previamente descubierta se entretuvo bastante. La televisión se apagó. Las cortinas taparon todo lo que se pudiera ver por las ventanas. La puerta de vidrio fue cerrada y continuamente una reja la protegió. Un hombre robusto que Greg reconoció como el panadero y la niña que hace unas horas le había entregado agua salieron y se dirigieron a una camioneta blanca, él adelante de piloto y ella de copiloto.


Para el pequeño, frágil y de seguro omega-por genética- cuerpo de Greg, ya hacia frío. Lo suficiente como para atreverse a abrir el bolso donde un día antes había visto a su madre guardar prendas y ropa. Al abrir el bolso encontró un teléfono-el que siempre su padre le prestaba cada que lo iba a visitar-, un topper con abundante comida, dos cobijas-las chiquitas que usaba cuando aún era una criatura recién nacida-, y ropa, era poca ropa, pero al fin descubrió porque ese bolso infernalmente pesado pesaba tanto. Al menos para él.


Se dedicó a comer lo que había allí, pero de bocaditos para no gastarlo todo. Quizás su mami también quería. Hacia mucho que ella no comía.


Y así pasó cuatro días tratando de sobrevivir hasta que su madre regresara. El panadero a veces le daba algo y la niña todos los días le daba una botella con agua. Una tarde hasta merendo con ella, pero terminó vomitando todo ya que la leche le hacía mal.


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Uno tacones resonaban apresuradamente y inquietante como la mujer que los llevaba puestos buscando a su cachorro desesperadamente. Su falda cortita le retrasaba ya que varios alfas y betas se le intentaban llevar a la cama. Su frente bien alta con una mirada de preocupación, terror y arrepentimiento miraban la panadería.


Él ya no estaba. Había cometido un error al dejarlo allí.


Greg se encontraba en el asiento de atrás en una camioneta. Una señora con ropa negra, blanca y extraña le había dicho que vaya con ella. También dijo algo que a Greg hirió; tu mami no va a regresar. Greg sintió en ese momento que la señora mentía, pero la señora también dijo que lo llevaría con el padre Mcadams y las otras hermanas. Greg no tenía hermanas, pero si un padre, así que, la siguió.


Pasaron dos horas y media en el auto y en todo el trascurso ninguno de los dos trató de entablar una conversación.


-¿Cuantos años tienes, corazón?- Preguntó mientras aparcaba la camioneta negra frente a un edificio muy bonito y grande.


- Ten-tengo ¿tres?-Dijo inseguro mientras buscaba la billetera que estaba en el bolso.


Sacó la billetera y se la entregó a la mujer de piel pálida-cuatro- le afirmó cuando vio su documentación.


-Salgamos. Él padre Mcadams estará maravillado cuando lo vea señorito Dossiers Gregori.


La señora le abrió la puerta y le ayudo a bajar debido a la altura, Greg era un poquito gordito, pero nada fuera de lo natural, no como para sufrir bullyngs por ello. Greg si era bajo, para su edad la mamá trataba de tranquilizarse diciendo que aún era pequeño, ella no quería que Greg fuera Omega, pero era demasiado obvio.


Al bajarse de la camioneta una brisa placentera le revolvió su hermosa y esponjosa cabellera rubia. Al entrar al edificio y ser el centro de atención de casi todos los niños allí los regordetes cachetes de Greg se tiñeron de rosa. Frunció el ceño al sentir a su lobo angustiado y triste, no sabía porque.


Se adentraron a un pasillo con varios cuadros con fotos de personas vestidas como la señora que lo trajo o otros vestidos blancos. Al final del pasillo se hallaban tres puertas. Ellos ingresaron en la que se originaba en el centro de las otras dos.


Dentro en la habitación en el centro de esta se encontraba un hombre bajo, casi como un anciano, calvo, excedido en peso con lentes.-Oh, ¿Que tenemos aquí hermana Raquel?- Dijo mientras se acomodaba en su asiento y se relamia sus finos y casi inexistentes labios secos.


-Es un niño de cuatro años que salve de la calle, se llama Dossiers Gregori. Tiene su documentación en esta billetera, padre. Abría que comunicarnos con derechos humanos, la ley, algún abogado y prepararnos para el posible juicio que tendríamos contra sus padres. Si es que tiene.


-Para. Para. Para, tranquilízate hermana Raquel. Usted dígame ¿para qué tanto alboroto cuando simplemente podemos quedarnos con la criatura? Sus padres no lo quisieron por eso lo botaron a la calle, se lo dieron de comer a los lobos, pero nosotros hijos del señor, hormigas trabajadoras y bondadosas lo ayudaremos- habló el padre Mcadams. A Greg le dolió bastante sus palabras. Su mami SI lo quería, y su papi no hablar. Aveces lo veía nada más, pero con eso bastó para demostrarle que si le quería.


-Podríamos tener futuros problemas legales si no lo hacemos ahora.


-No seria lo único por lo que podríamos tener futuros problemas hermana Raquel. Usted quédese inerte y esta noche tendrá al señorito Alexander para usted solita-. Dijo con una sonrisa maquiavélica que la hermana Raquel le devolvió con una risilla cómplice-Ahora lleve al niño a dar una vuelta por la catedral.


Greg el cual se encontraba un poco confundido y afectado por las palabras de los dos adultos se hecho hacia atras, al lado de la hermana Raquel.


-Ven conmigo, niño- Dijo la hermana Raquel muy dulce y amable extendiéndole la mano para que la tomase. Greg muy tímidamente y temeroso la agarró. La mujer le hizo un tour por toda la catedral a excepción de las dos habitaciones que se encontraban a los lados de la oficina del padre Mcadams. Al pasar y ver a los niños se podía notar tristeza y dolor en ellos. No en todos, pero había un grupo de niños que se encontraba así, a pesar de la tristeza que reflejaban en sus ojos ellos intimidaban. Greg se escondió atrás de la hermana Raquel al estar cerca suyo


-Buenos días señorito Felipe- La hermana Raquel saludó con un extraña sonrisa de oreja a oreja a un niño de tez blanca como la harina y pelo marrón como el café, sus ojos eran tan negros y opacos como el carbón. Su cara no tenía expresión alguna como si de un maniquí se tratase.


-No me hables.


-No me faltes el respeto de esa manera niñato. Esta noche tendrás que ir a pedirle a Dios perdón por tu falta-


-..No..- murmuró desesperado con terror y pánico en sus ojos.


-Si. Si. Ya han pasado semanas desde que no vas- Dicho eso Raquel se alejó mientras Greg no entendía absolutamente nada. Era muy pequeño para entender.


Luego de unas horas-porque si. La catedral era enorme-terminaron el recorrido en un salón gigantesco donde habían al rededor de cincuenta camas. Raquel se fue por su camino llevando consigo al niño Alexander y a tres niños más.


Una muchacha llegó, leyó la Biblia, ayudó a algunos a rezar, les ordenó a todos a dormir y se marchó.

Greg había prestado atención a la lectura y fingió que sabía cómo orar para que la chica no se le acercase. No le gustaba la idea de que otra mujer que no sea su mami le hablará al oído y luego lo arropará.


Al cabo de unos minutos Greg pudo relajarse y dormir, pero pasadas unas horas o minutos la verdad no sabía ni contar mucho menos medir el tiempo en el que pudo haber estado durmiendo. Se escucharon algunos gritos, fueron pocos gritos. Luego de un tiempo largo en el que Greg no pudo volver a dormir por el miedo que le causaron esos gritos y que su pequeño lobito no podía bajar la guardia y estaba muy alerta la puerta fue abierta y de ahí entraron unos niños. Solo reconoció a uno que si no recordaba mal se llamaba alexander así que supuso que los otros niños también eran los que se llevó la señora Raquel.


Esa noche Greg no pudo dormir para nada.


Al día siguiente Greg se levantó de la cama cuando una señora entró a inspeccionar si aún seguían dormidos. Greg al verla decidió seguirla. La señora era una anciana por lo que le había contado de cincuenta años y era la que preparaba la comida en ese lugar.


La señora era muy amable por lo que Greg no se quiso despegar de ella en ninguna ocasión.














SINGAMATI.