Uno.
Amity POV
El despertador comenzó a sonar interrumpiendo mi sueño, con flojera y aún sin abrir mis ojos lo tiré al piso para que dejara de sonar, pero no funcionó.
—Agh, estúpida cosa —abrí los ojos y, con el cuerpo aún llenó de flojera, me levanté. Junté el despertador para apagarlo y colocarlo en su lugar nuevamente.
Eran las 6:30 a.m.
Estando descalza comencé a caminar por mi habitación, lista para dirigirme a mi armario. Saqué una camisa, unos shorts deportivos y mis zapatillas para correr como siempre. Me vestí y salí de mi habitación para ir hacía la calle. Como capitana del equipo de fútbol tengo que mantenerme en forma y para lograrlo hago una rutina diaria que consiste en trotar cinco kilómetros, regresar a casa y trabajar una parte de mi cuerpo. Cada día es algo diferente y hoy me toca el abdomen.
Acomodé mis auriculares para escuchar música mientras me ejercitaba y sin perder tiempo salí a trotar. El sendero que seguía siempre era por el bosque que rodeaba la mansión en la que vivía. De tantas veces que he pasado por aquí me sé el camino al derecho y al revés.
Es un recinto privado el lugar en el que vivo, la casa que queda más cerca es la de Skara; mi amiga y compañera de equipo. Decidí cruzar todo el sendero hasta la casa de ella y saludarla, aunque conociendola seguramente seguiría dormida aún.
Cómo aún no estamos en temporada de juego, las chicas del equipo suelen dejar de entrenar, cosa que yo deseaba también. Desgraciadamente, a mi madre eso no le agradaban y me exigía dar siempre mi 110% todos los días.
Se lo agradezco a veces, gracias a esas enseñanzas tan "anticuadas" es que soy lo que soy ahora. Una increíble y persistente chica. Siempre supe que sería digna del apellido Blight al completar las enseñanzas que me daban, y de entre toda mi familia, me considero la mejor portadora del apellido.
Al fin llegué a la casa de Skara, para mi sorpresa ella estaba en el patio delantero.
—Hey, Skara —saludé, deteniendo mi paso y quedando enfrente de su patio. Lo que nos separaba era una pequeña cerca de madera, me apoyé en ella para descansar un poco de mi exhaustivo recorrido.
—¡Amity, hola! —dejó de hacer planchas y me miró con una sonrisa, siempre era así de alegre con la mayoría.
—¿Trabajando duro?
—Como siempre, Blight. Pero no tanto como tú, seguro —me dió otra sonrisa, pero esta parecía ser una más burlona.
—Por algo soy la capitana, idiota —la miré con aires de superioridad, me enorgullecía tanto tener ese mando que era imposible no sentirme la mejor.
—Cómo sea —giró los ojos—. Te veré en la escuela, capitana —lo último lo dijo cómo una broma.
Solo le di una pequeña mirada y seguí mi camino. Comenzando a sudar por el calor que sentía dentro de mí, además de que los rayos del sol comenzaban a calentar más la ciudad.
Decidí ir por otras calles, la zona de por aquí me parecía bastante tranquila y era algo que me agradaba. No se escuchaban los autos, solo el sonido de las aves y el movimiento de los árboles gracias a más refrescantes corrientes de viento.
Llegué a mi casa y mire el marca pasos de mi reloj, sin darme cuenta, había recorrido 7 kilómetros, dos más que lo acordado, pero no me importó ya que había mejorado mi resistencia; cosa que es importante para los partidos. Sin esperar más me dirigí al pequeño gimnasio de la casa, tomé una botella de agua que estaba en la mini nevera de la habitación y tomé grandes tragos, acabándola solo en segundos.
Me miré en el espejo del gimnasio y levanté mis brazos, forcé mi cuerpo para elevar los músculos que había y tonificarlos. Sonreí con orgullo al ver el resultado del entrenamiento que hacía siempre. Hice lo mismo con mis piernas y sentí ganas de besarlas por lo perfectas que eran.
—Podría partir una sandía si lo quisiera —dije para mí misma como una broma.
Dejé de jugar y continué con mis ejercicios. Mi alarma comenzó a sonar, ya había pasado una hora desde que comencé en el gimnasio. La apagué y caminé hasta mi habitación.
No podía ir apestando a sudor, así que entré al baño, me di una ducha como siempre, aunque está vez tardé un poco más de lo que debería por estar cantando. Apresurada, salí del baño y me encaminé hasta mi clóset.
Cuando al fin estuve lista, tomé mi chaqueta del equipo de fútbol y me la puse con orgullo. Me puse mi mochila en los hombros y salí de mi habitación, bajando con prisa las escaleras. Me dirigí a la salida, no sin antes tomar las llaves de mi moto.
Abrí el garaje y ahí estaba, mi preciada motocicleta que fue un regalo de mis padres al entrar a la universidad. Mi madre quería que tuviera un auto por cuestiones de seguridad, pero mi padre apoyó mi idea de una motocicleta porque él tuvo una igual en sus días de universidad. Por suerte mi madre se resignó a la idea de un auto y me dejó utilizar la moto.
Me subí a la motocicleta y la encendí, sintiendo el hermoso rugir del motor, con una sonrisa me coloqué el casco y salí a toda velocidad de mi casa. No me preocupaba dejar el garaje abierto ya que mis hermanos podían cerrarlo en cuanto despierten.
Además, ¿quién se atrevería a entrar a la mansión Blight?
Llegué a la universidad y me estacioné enfrente del enorme edificio cómo siempre. En cuanto me quité el casco recibí varias miradas de otros estudiantes, no me desagradaba en lo absoluto tener la atención de todos. En realidad era algo que disfrutaba, esta era la atención y poder que merecía un Blight.
En la entrada me encontré con algunas chicas de mi equipo. Las saludé y todas entramos, no tardaron en preguntar sobre mi día y que planes tenía hoy. Estar rodeada de gente que me admiraba simplemente inflaba mi ego de manera exorbitante. Cualquiera de estas personas haría lo que fuera con tal de tenerme satisfecha.
Todas excepto una.
—Quítate del camino, me estorbas para pasar —dije con un poco de irritación en mi voz al verla, siempre era lo mismo.
—Buenos días para ti también, Amity —me miró con su típica sonrisa de niña buena, esa sonrisa que hacía que la odiara.
—Lo que sea, apártate.
—Si me dices por favor —cerró su casillero y me miró. Sus ojos marrones me atormentaban.
—Ugh. Ni en sueños, Noceda —la rodee y seguí mi camino. Si hubiera sido otra persona la habría empujado para dejar en claro quién mandaba, pero estoy segura que aunque hiciera eso con ella jamás entendería.
Sólo seguí caminando con notable enfado en mi mirada y, apretando un poco mis puños, me resigné a dejar ese sentimiento para no tratar mal a alguien.
Sí, sé que es una estupidez por lo que me acabo de enojar, pero mierda, el solo verle esa cara sonriente me arruinaba el día.
—Así que, Luz de nuevo ¿eh? —alguien se puso a mi lado y me tomo del hombro, ya sabía de quién se trataba, pues solo una persona puede tocarme con tanta confianza.
—Cierra la boca, Boscha, no quiero amargar mi día pensando en esa chica —solté un bufido.
—Podemos hacerle una broma a su estúpido club, después de todo ¿qué podría pasar? —Boscha me susurró con malicia.
—No lo sé, la última vez le puso un candado a mi mochila cuando fui al baño en venganza. ¡Y yo solo le puse el pie para que tropieze!
—Bueno, no creo que te haga nada está vez. Confía en mí, dudo que se atreva a retarte siquiera si destruimos algo.
Lo pensé por unos minutos, incluso llegué a mi salón de clases y seguí sin respuesta. Realmente no estaba segura de romper algo de ese club, podría haber problemas serios.
Antes de entrar al salón ví a Luz caminando tranquilamente por el pasillo mientras saludaba a unos chicos, luego me miró a mí y simplemente giro su cabeza con una mueca.
—Que se joda Noceda y su estúpido club —dije antes de entrar al salón—. Te veo ahí acabando las clases, lleva a Skara y Amelia.