Capitulo I
Narrador omnisciente
Hace 12 años
En una de las calles para nada concurridas, se desataba una tormenta eléctrica; mala suerte si te tocaba cruzar por las calles. Deberías ser demasiado idiota e ingenuo si crees que puedes esquivar las violentas gotas de lluvia, o estar desesperado que no piensas en otra salida.
Las gotas de agua, aunque no lo crean, se consideran de buena fortuna, de buena vida, y quien se atreva a contradecirlo, sería gratificante que cayeran gotas de ácido, que también sería bien visto si estás llegarán a caer sobre la basura humana que desdicha la vida no solo de su misma raza; desafortunado el inocente quien se encuentre en la calle junto a ellos. Mencionaría una lluvia de sangre, pero es con la que convivimos día a día, ya sea para la basura, o para un inocente.
Retomando el curso, desesperada quien se encontraba corriendo en las calles en medio del tormentón era tan solo una chiquilla de unos 10 años, que como único refugio eran tan solo un viejo árbol, descuidado en medio de un parque.
—Ojalá los partiera un rayo, y sus cuerp*os quemados se los llevarán unos lobos, y sus cad*áveres fueran arrojados al mar —Susurraba a la lluvia, mientras era abrazada por la espada por el árbol; difícil pensar que se trataba de la mente de una niña.
Su paradero no dura mucho tiempo, pues seguidamente se detiene un carro blindado a manos de un par de sujetos sospechosos, para entonces el copiloto baja del carro.
—¡Apúrate, que la maldita lluvia está de nuestro lado!
—¡Alejense de mi! AYUDA —Protestaba sin mucho éxito.
Si bien el sujeto no se le complico mucho el dormirla, tan solo debió de aguantar los movimientos bruscos y el jalón de orejas por parte de la niña, seguidamente posicionándola en la parte trasera del carro, retirándose de esa calle tan sola, que solo la lluvia fue testigo de la terrible situación.
Unas horas antes
—¿¡Eres idiota o qué!? ¿¡No te cansas de dejarnos en ridículo!? —Exclamaba una mujer, que dejando de lado su mal carácter, se considera una mujer bella y esbelta.
—¡Pinche vieja ridícula! Eres igual de escandalosa que tú madre, que necesidad tuya para golpear a Esteban —Gritaba un viejo gordo rabo verde, furioso y preocupado de que el hijo de su socio sufriera cualquier daño que volcara todos sus planes.
Con lágrimas corriendo por sus mejillas y apretando el suéter, o lo que quedaba de su uniforme —¡El fue quien inicio todo, el puso la pintura verde en mi silla! Y la perra de la maestra se hizo la ciega snif-
—¡No nos contestes que no entiendes niña!.
Harto de la insolencia de su hija procede a corregirla con el 'metodo' antigüo. Si no fuera por la estatura de la criatura, no se habría librado de tremendo manotazo.
Descuidando su posición y la rapidez en la que lanzó el golpe, su equilibro falló —¡Ugh! —Azotando la res contra el suelo.
—¡ABRAHAM! —Va en socorro a auxiliar a su marido.
—PAPÁ —Preocupada la niña, olvidándose por un momento el horror del que la sometían.
—¡Alejate escuincla! —Le grita acompañado de un empujón.
Scarlett
Con ese simple movimiento mi equilibrio también falló, chocando en el proceso con el jarros de las flores; cuidando mi cabeza de un posible daño, pero logrando crearme una herida un tanto regular en la muñeca derecha —Estúpidos e insolentes, si tanto adoran al tonto de Esteban mejor comprometanse con el, par de sabandijas —Pensé, sin ningún valor para decírselo en sus j*etas.
Aprovechando la distracción de mis padres, me escabullí por la puerta de la casa, lamentándome por el clima que tampoco estaba de mi lado y echándome a correr sin un destino fijo.
Narrador omnisciente
Cerca de la residencial se encontraban unos sujetos conversando naturalmente.
—Está es una de mis partes favoritas, no hay mejor compañía del clima que no sea la comida, me siento como el consentido del jefe.
—Las revistas porno le ganan a la comida, tienes que admitirlo —Debatía el piloto.
Hasta entonces se les cruza por su campo de visión una pequeña corriendo en medio de la brutal llovizna.
—Pareciera que el clima está de nuestro lado, rápido, acabemos con la tarea que nos encomendó el patrón —Comenta quitándole la revista a su compañero y este encendiendo el auto, siguiendo el rastro de la niña.