El Diario de Rasalas M. Black (Hermione Granger)

Summary

Hermione Granger, una chica Gryffindor de 18 años, junto a sus dos amigos buscaban algún rastro del Guardapelo en la habitación de los mellizos Black. No imaginó que al entrar a aquella habitación empolvada y abrir un diario que llamó su atención, iba a salir una persona y menos que se tratase de la menor de los Black de 19 años. #1 parte: en curso #1.0 parte: próximamente #2 parte: próximamente

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. Rasalas Merope Black


En una de las esplendorosas ventanas del número 12 de Grimmauld place, se encontraba una joven de piel pálida, ojos grises y cabello rizado azabache. Se trataba de la joven Rasalas Merope Black, melliza de Regulus Black y heredera de la Noble casa de los Black.


La menor no quitaba su vista de la ventana, de la carta que tenía en manos y de su cuervo que posaba en su hombro. No sabía si enviarla o no a su hermano mayor, Sirius.


Estaba segura que él aún estaría molesto por la discusión anterior y la trataría de mentirosa por decir el asunto de su amigo, el cobarde de pettigrew.


Sirius no confiaría en ella, no en mortífagos.


—Sé que Sirius es un completo idiota—Rasalas volteó a ver a su hermano al escuchar su voz—. Hay que mandársela y allá él que hace, si creernos o no. Nosotros cumplimos en avisarle


—Avisemos al idiota de nuestro hermano entonces—Regulus asintió dandole una media sonrisa.


Rasalas prosiguió abrir la ventana y darle la carta para Sirius a su cuervo, que este solo bastó con un par de caricias en su cabeza para salir volando. Aún no estaba convencida que Sirius le creería.


—Nos Creerá—aseguró Regulus, que se acostaba en su cama con una Snitch dorada en el aire.


Rasalas lo miró con incredulidad.


—Si claro, y yo soy cero atractiva.


—Diría que sí, pero te pareces a mi, entonces no lo eres—el pelinegro le guiñó el ojo y Rasalas negó con una media sonrisa.


La menor vió de reojo la ventana dando un leve suspiro, decidió no prestarle tanta importancia al asunto, tenía asuntos más importantes que ese. Saco su reloj de bolsillo para ver que ya era hora de la medicina de su padre.


Caminó hasta su escritorio, que este estaba lleno de libros, frascos de pociones, plantas y varias otras rarezas. Buscó en uno de sus cajones la poción que había hecho su hermano y ella por casi toda la noche para poder curar a su padre.


Tomó en manos el franco largo que poseía un liquido verde y para nada apetitoso, miró a su hermano que miraba atento al frasco con temor a que no funcionará. Ya lo habían hecho y no pasaba nada con la salud de su padre, este tenía que funcionar.


Ambos asintieron y la ojigris salió de su habitación para ir directo a la habitación de sus padres, sin antes de saludar al retrato de su tatara-tatara-abuelo Phineas. Rasalas entró al cuarto semi-oscuro dónde ya se hacía costumbre ver a su padre postrado en una cama.


—Padre—llamó casi en susurro mientras arrodillaba una pierna.


El hombre con barba recortada abrió los ojos con pesadez y vió a su hija a su lado.


—Hija mía...


—Shh, tranquilo—evitó que se esforzara tanto al hablar—. Es hora de tú medicamento.


—¿Es la... misma?


—No, padre. La otra no nos dió los resultados que queríamos, esperamos que esta si los dé.


—Solo espero... que sepa mejor.


—Pues no se mirá de buen aspecto—la joven mostró el frasco.


Orión hizo una cara de asco haciéndola sonreír y el reír con debilidad.


—Dame eso de una buena vez.


Rasalas asintió con una leve sonrisa. Se acomodó mejor para sostener la cabeza de su padre y así poder darle la poción, con esperanzas a que hiciera efecto. Al terminar, dejó un beso en la frente de su padre y salió cerrando la puerta a sus espaldas.


Recostó su espalda en la puerta y alzó su cabeza con los ojos cerrados, dando unos leves golpes en la puerta, susurraba pidiendo que funcionará:


—Tiene que funcionar, por favor, tiene que hacerlo.


—Mis dos hijos son sorprendentes, claro que funcionará—Rasalas abrió aquellos ojos grises encontrándose con los de su madre.


—Estubimos trabajando toda la noche en la...


—Eso explica esas ojeras—interrumpió Walburga—. Y el porqué estás en esas fechas, ¿Que diría la familia Rosier si te viera así?


Rasalas no veía nada de malo en su vestimenta, llevaba su botas negras muy bien lustradas y una camisa blanca manga larga... talvez el problema sería que no la llevaba dentro del todo en su pantalón negro. No quería llevarle la contraria a su madre, no era como Sirius que le encantaba hacer eso, así que solo sonrió.


—Iré a descansar un poco y me arreglaré adecuadamente—habló suavemente.


—Muy bien—walburga, estando satisfecha acarició la mejilla de su hija—. No quiero ver ojeras en ese lindo rostro que tienes, este sábado con los Rosier debe salir impecable


—Lo sé, madre—Rasalas dejó un beso en el dorso de la mano de su madre para retirarse a su habitación con su hermano.


Iba caminando cuando sintió como le fajaban la camisa y le subían el pantalón algo brusco. Miró a su madre que la apuntaba con su varita.


—No soporto verte en fachas—comentó Walburga antes de entrar a su habitación.


Rasalas soltó una pequeña risa negando por lo ocurrido y el complejo de perfección de su madre. Retomó su camino hacia su habitación y al entrar en esta se encontró a su hermano trabajando en su escritorio. Supuso que estaba experimentando con pociones.


Sin decir nada, Rasalas se sentó en su cama y tomó su diario para anotar los apuntes de la poción que le había dado a su padre; en ese diario anotaba y guardaba lo más importante como los hechizos que inventaron ella y su amigo Severus Snape, pociones creadas por ella, etcétera.


—Kreacher—llamó regulus al pequeño elfo que apareció con un «crac» en la habitación de inmediato.


—A sus órdenes, amo Regulus.


—Amigo, llévale esto a Bella—pidió el pelinegro con la acostumbrada amabilidad que trataba al elfo.


Rasalas, viendo de reojo, pudo ver como su hermano le daba una libreta al elfo y le susurraba algo al oído, pudo deducir de que se trataba. El elfo desapareció a los pocos segundos. La jóven se aclaró la garganta para hablar:


—No estarás pasando tus hechizos creados a Bella para que después ella se lleve la mitad del mérito con el señor tenebroso, ¿O si?


—Tú no te estarás escondiendo de los Rosier por tu compromiso con su hija este sábado, ¿O si?


La jóven Black dejó de escribir en su diario y alzó la mirada hacia su hermano. Este le sonreía burlándose, pues él sabía perfectamente que su hermanita no se quería casar, pero ambas familias ya estaban preparando todo. Regulus usaba eso para defenderse de las cosas que lo acusaba Rasalas.


—Te equívocas—Rasalas volvió a su escritura y Regulus rodó los ojos.


—Sabes que no puedes mentirme a mi.


—Cierra la boca, Regulus—gruñó la ojigris.


—Rasy—el pelinegro se colocó a un lado de las columnas de la cama de su hermana. A él también no le gustaba la idea de matrimonio pero, no tenían otra opción—. De verdad lamento esto, sé que tú..


—¿No quiero casarme?—interrumpió sin apartar la mirada de su diario—. Tal vez estés en lo correcto y tal vez Isabelle sea la correcta, además, es una de la mejores candidatas que pudo escoger madre—Rasalas se encogió de hombros, no era algo de darle importancia, o eso era lo que ella creía.


—Es muy hermosa—comentó Regulus.


Rasalas lo miró divertida.


—Estas hablando de mi futura esposa—ambos soltaron una risa negando con la cabeza.


A decir verdad, Isabelle Rosier, era una de las jóvenes más hermosas; tenía un largo cabello rubio, tenía ojos azules que parecían dos bellos luceros. Walburga desde que noto que su hija le apareció la peculiar intimidad de un hombre entre las piernas, se encargó de conseguir una buena candidata sangre pura para su hija, sintiéndose orgullosa que seguiría el apellido Black.


—¿Por qué no te casas tú con ella?—sugirió a su hermano divertida y este negó de inmediato.


—No, no, no, gracias. Yo no la estuve cortejando todo este tiempo, y además, yo seré el tío soltero buena honda.


—Así que, ¿quieres sobrinos?


—¡Claro que quiero!—exclamó Regulus haciendo reir a su hermana.


—Mejor cállate, idiota—Rasalas le aventó un cojín a la cara haciendo que rieran los dos.


Claro que las risas pararon cuando Cetus, el cuervo de Rasalas, había llegado con una carta en el pico de Sirius seguramente. Regulus miró a su hermana, esta la tomó rápido y con rapidez la destapó y leyó:


Rasalas


No sé hasta dónde eres capas de llegar para inventar tal vil mentira.

¿Como te atreves de acusar a Peter de mortífago?


No trates de llenarme la cabeza de mentiras absurdas y menos con esos tontos sermones de "te lo digo porque somos familia". Yo conozco a mis amigos y te aseguro que son más familia que tú y regulus juntos.


Ustedes dos y yo ya no tenemos nada que ver. Me lo dejaste muy en claro con nuestra discusión. Desde que los abandoné y abandoné esa maldita casa nuestros caminos se separaron completamente.


No vuelvas a escribirme otra mentira sobre mi familia, y sino me mientes, dame hechos, no simples palabras. No creeré en alguien que tomó el mal camino al tomar la marca.


Sirius Black



—Estas dejando entrar al enemigo en tus narices, idiota...




El primer cap para darse una idea de como era la relación de Rasalas con la familia Black ;)


¡Si les gustó, voten!


Tomen cerveza de mantequilla y cuidense 🍺🤙🏻.